miércoles, 27 de agosto de 2008

Me falta papel

La falta de papel se le haría intolerable y inaguantable al presidiario. Lo mismo que a mí en estos momentos (salvando las distancias y las jaurías del sufrimiento sin libertad, arrastrando las cadenas de la falta de perdón de sus víctimas).

Es difícil pernoctar con la escritura en aquellas cosas que se nos aparecen tan a menudo en los sueños y en los planes de futuro. Vale la pena viajar aunque sólo sea para escribir sobre algo diferente con la misma plataforma de tinta. Quiero hacer algo más que escribir sobre escribir, aunque todo al final tiene un recorrido circular por todo tipo de temas vitales. También quiero arrinconar los ánimos de narrar sufrimientos.

Leo a Charles Dickens en su viaje a la niñez mediante David Copperfield y recojo sus vivencias con fruicción. Muestra tanta sensibilidad que me enternece y me ayuda a entender el eterno humanismo.

Noches de encefalograma plano, y tanto por hacer

Odas recias al cielo inanimado y plomizo. Valores de desfase. Curvas retorcidas para frenar los impulsos acomodatorios. Noche cálida aplatanada que ha sido arrebatada a las luciérnagas vespertinas. Estúpidos reflejos de color mayonesa en las farolas. Cúmulos de ecos y sombras, se puede escribir a oscuras y se puede hablar a oscuras.

El rastro auditivo del impertinente tubo de escape de una moto se extiende en el aire como un reguero de agua sucia y enjabonada. Coches silenciosos como ánimas en busca de descanso recorren veloces las calles vacías, éstos son símbolos pueriles de la despensa del visceral superávit económico. Solares vacíos y luminosos sin sentido emanando una luz chillona desde lo alto de las tiendas cerradas. Desatendidos menús de cenas de restaurantes vacíos cuelgan de los tablones de anuncios que se desplegan a lo largo de la acera.

Pasión por escribir sin respirar ni parar en los semáforos. Noches dicharacheras repletas de solitarias e irreverentes gentes que raudamente penetran los portales que se abren y cierran. Edificios de bancos forjados a golpe de solidez presupuestaria pululan por doquier, pero yo estoy con cinco euros hasta fin de mes.

Hombres e hijos ambos embutidas las piernas en bermudas y cogidos de la mano hacia la eternidad. Razas compartiendo juntas los andenes de metro. Miradas enigmáticamente sostenidas en el aire y yo con miedo de dejar caer mi abono transportes y no poder viajar en metro ni en autobús en lo que queda de mes.

Rugidos y resoplidos de los trenes como vacas mugiendo al unísono. Mis ojos no pueden respirar tan enrojecidos. Dudo que cerrarlos me proporcione el alivio suficiente. Noticias en la tele-metro hablando de los usuarios de ADSL.

Un hombre destornillando un panel de anuncio publicitario me saluda jovialmente con la mano. No tengo ni idea de lo que significa.

Otro hombre con el brazo sangrando en una gasa expectora residuos de nicotina, arsénico y células cenicientas de los disecados bronquios de sus pulmones.

No me molesto en quitarme la mochila de puro agotamiento y parezco una tortuga Ninja nocturna, encorvada en su peregrinación a lo largo de los túneles subterráneos de la ciudad. El coche del metro navega raudo y veloz por este averno urbano pero como no es viernes la gente mira al suelo con la mirada perdida sin expectativas de salvamento. Las cabezas de tres kilos de peso se descuelgan y se doblan acrecentando el cansancio de la gente. La capacidad pulmonar de los viajeros se reduce a una tercera parte excepto cuando hinchan el pecho para levantarse en su parada.

No puedo responder a la marabunta de ideas rescindidas que pueblan mi mente, me lo niega el agotamiento. El vagón del metro en mi parada, Bilbao, tiembla y retrocede tras un avance indeciso como haciendo un amago de humor para que el pasajero se pregunte si de verdad parará.

Descubro que los bolis Bic de toda la vida escriben mejor en mi Moleskine que los Pilot que llevo utilizando todo el verano.

Esquirlas de agua del aire acondicionado que me esperan a la vuelta de la esquina de mi calle me duchan encima como el agua de dispersión del césped, pero nunca me molesto de no pasar porque me olvido cada vez y me gusta la frescura (pero no los gérmenes).

Mi calle tiene vados para los contenedores de la obra que nadie respeta.

Estoy exhausta pero sé que podría activarme si tú, quien quiera que seas, estuvieras esperando en mi portal.

Buzón con carta del banco que llevo ignorando todo el día.

Calor en el piso, ordenadores encendidos todo el día subiendo los archivos de seguridad de mi corto, bajándose pelis. Mañana probaré Samba para compartir archivos entre el Mac y el Pc tanto con MacOs 9 como Macos X. Me he pasado toda la mañana haciéndolo en vez de montar la peli pero necesito copias de seguridad de los archivos de montaje tutiplén.

No tengo hambre y no ceno, lo que me viene bien para comer el desayuno de mañana con ganas.

Duermo y espero sueños dinámicos adrenalíticos y no espejos de algún lugar del alma donde la mediocridad se aloja conjuntamente con la paranoia.

martes, 26 de agosto de 2008

"Anam Cara" de John O'Donohue

Where before there was anonymity, now there is intimacy

Where before there was fear, now there is courage

Where before in your life there was awkwardness, now there is a rhythm of grace and gracefulness

La vida en resumidas cuentas

Las mañanas temprano saben a baldosa fregada. Los sueños trillados recién salidos del pajar amortizándose en un ambiente entre suave y rugoso, tonos a media luz y lentitud acelerada. La luz diurna se coloca en columnas verticales y beatíficas que desde arriba iluminan como un foco las cuerdas de la ropa dormidas del patio interior de mi casa.

Multiplicidad envolvente abortada por la falta de papel. Trazos que se desdicen con tinta deshilachada. Refrenar los impulsos, tañer la intuición, retomar los malos hábitos que chillaban de angustia, refrendar el oscurantismo de la alegría. Corresponder al valor que no te aniquila, que te personifica y que representa tus brotes de confianza.

Atenta me sumo transida en la alborada del pensamiento y el alma en paz que refrenda todos los olvidos y requiebros. Tanto trasiego apenas para respirar plenamente. Suspiros inhalados por falta de tiempo.

Las necesidades alborotadas exudan remolinos artificiales en búsqueda desesperada por encontrar la salida de la gruta. Tanto trasiego y tan poco alimento. Entiendo muy bien la frase partida, el juego del malestar, su arboretum fruncido, piezas destartaladas y aromas encallados, pócimas de deseo y verdades a medias. Brillos deslucidos por la poca luz que entra. Amarillos pálidos, exuberantes, inciertos, pérdidas irrecuperables, transformaciones inéditas.

Raudos pesares que recorren el desamor. La fragua de Vulcano, vive Dios, escondido o extinguido por su justa penitencia. El castigo de no tener más experiencias malditas per sí un círculo vicioso anodino y ausente.

Compulsiones diarias, corazones cerrados, precisos golpes por el cinturón paterno. Sendos sones de alaridos auténticos y ayunos infiltrados, palos de santo de azúcar hilado.

La vida en resumidas cuentas.

Listas

Cansancio supremo y brumoso. Intentos repetidos de saltarse las convenciones y las formalidades. Sería genial el abaratar los brotes de la conmiseración. Indignos principios de un molde reencontrado. Miedo de sopetón sin fuerza para revolverse.

Madrid está hecho a mi altura. Si fuera la típica holandesa, por ejemplo, mi viaje por el metro consistiría en una pesadilla turística no apta para el Lonely Planet: una ensalada de chichones, encontronazos con techos bajos y dolores cervicales de tanto agacharse. Mi altura me permite evitar bordes reforzados, esquivarlos aunque me aúpe en el último peldaño de las escaleras para conseguir fuerza motriz.

Sin estar convencida del todo pruebo fortuna con el autobús supletorio de la línea 10. Se acaba de inclinar a casi dos palmos de mí una chica con una espalda perfecta y descubierta. Plana, morena, musculosa, casi contorneada y minúsculo vello oxigenado por el sol. Menos mal que estoy soltera (¿qué quiere decir eso?) y que ,aunque estoy ansiosa ni me haya convertido en una mirona a la caza, disfruto de poder observar a las mujeres que ocasionalmente me resultan atractivas sin sentirme súper culpable y traicionera por ello.

Desde que he vuelto a la tan esperada y esperanzadora eutimia soy capaz de utilizar adjetivos verbales. Esa capacidad de asociación cotidiana ha reaparecido en mí al igual que el deseo por cocinarme comida orgánica rica rica, comprar aquello que es bueno para mí, trabajar en el corto, cambiarme de ropa, arreglar armarios, fregar los platos, saborearme los sentidos. Escuchar podcasts de filosofía y literatura, ¡y un largo etcétera de cosas maravillosas!

Algunos profesionales de la psiquiatría debería dejar la interminable conversación sobre la pastillería y hacer listas de este tipo para animar a la gente. Presentarles algún tipo de señal esperanzadora de lo que les espera si tienen la suerte de conquistar su tranquilidad

Hombres que trabajan en mi oficina de misterios sublimes



Tras el distorsionante ojo de un anormal carácter, observo cómo el eterno masculino puede crear clones de tamaño cambiante. Estos hombres subsisten en una atmósfera de mayor complicidad cortada como el caujo de queso por cigarrillos Nobel, visitas al estanco y periódicos pero sin frecuentes visitas al lavabo para no deformarse en el cuerpo a cuerpo con espacios abiertos. La
fuerza omnipresente del primer macho alfa percusiona la sinfonía de trabajo diario de cuchitril sin posible salida al exterior en nuestro horario de noche. La disparidad de caracteres se amolda a la necesaria colectividad que existe en un conglomerado minimalista con personas encerradas por pegamento de aire y rodeadas de revistas inútiles por sus contenidos pornográficos.

Jóvenes y viejos, todos rinden culto a la tendinitis cerebral de un grupo de hombres encerrados en un antrillo con un trabajo por hacer y rodeados de botellas de agua de litro y medio. Los monitores desmarcados y las carcasas esquilmadas de PCs ex-renting se acumulan con obvias intenciones de reciclarse algún día en centros de acogida de objetos perdidos e inutilizados.

Finamente la suciedad permeable que planea en el ambiente intenta oxigenarse con el invertido aire acondicionado de una máquina excesivamente potente, como es de esperar en un mundo de hombres. La máquina paleolítica de aire persiste con sus alientos de edificio enfermo y nicotínico en sus intentos por desdibujar las líneas que componen la escena a golpe de borrón grueso y tridimensional.

Sigo buscando despierta en esta realidad virtual en la que descodificar los movimientos de las fuerzas sociales, los cambios de temperatura entre la calle y los establecimientos, las conversaciones envolventes y generosamente filtradas para no revelar el trasfondo masculino pergeñado en infancias intensas.

Intento encontrarle recovecos a la soledad, enfrentarme de cara a ella y ser creativa para ahondar en la inspiración entre sus mallas de peto metálico. Pretendo abandonar el pensamiento concreto y las explicaciones sintéticas inmediatas entre la perturbadora cacofonía del ambiente que me rodea.

Las líneas fluyen y las líneas se cruzan, los egos confluyen, se chocan y se amenazan para mantener su poderío. Intento sumirme en mi universo desfasante hasta el punto de olvidar la mátrix que me atenaza y me columpia. Yo creo que la mayoría de los artistas se sienten como yo y tratan de encontrar puentes entre su percepción y lo que les rodea. A veces tienen la suerte de connectar con el público que les espera entre bastidores.

Pienso en mi película que es como la película sibilante que envuelve el tejido de los húmedos ganglios basales de mi cerebro. Es un trabajo que debe adquirir todo el sentido para mí. Tal vez pueda convertirse en una pieza que por sí tenga sentido. Puedo probarlo para sorprenderme, articularme y recuperar la memoria perdida que insufló la creatividad cuando escribía el guión basada en mi percepción de la realidad.


Hoy me encuentro en una situación ambigua. Como siempre corro al encuentro en los círculos concéntricos de una mejoría anímica y espiritual. Espero que la medicación me sitúe esta vez en mejores coordenadas para morder y prender la aguja en aquéllo que puede realmente rehacerme y devolverme la ilusión.

He vuelto a escribir y eso tiene una importancia fundamental, defectuosa, imprescindible.

A veces cuando miro veo un vaivén de gentes en espacios permeables pero disolutos para mí, por lo que que mi principales objetivos son o evadir el ambiente y desdibujarlo, o ignorarlo. Si la rabia es un sentimiento interno tiene que ser posibledesmontarla y desestructurarla internamente. Sí, sigo en mi regreso de trabajo concienzudo en el montaje de mi película y descubriré su desarrollo agonizante hasta pasar de crisálida a mariposa. Si trabajo duro estos dos meses podría realmente avanzar, aunque a veces pienso que es una pila de basura malísima.

Regodeándose
estremeciéndose
repitiéndote

sinceramente
precisamente
visceralmente
en fluido roce
en frío
visionariamente

Jaque mate

domingo, 24 de agosto de 2008

VI. Mi vida sin mí. Vuelta a Madrid, julio 2008

Incomprensión
Alienación
Inveterada lucha contra el vacía escénico - mi vida sin mí.

Sueños caídos como una muñeca de de trapo, improntas débiles y mórbidas como regadas en sal marina, imposibilidades infinitas al intentar actuar, activarse sin resuello, habitarse sin refugio, movilizarse sin red.

Este cuerpo inane, sin el confort de huesos asidos en poleas enredadas, múltiples dolores, el cuerpo vencido e inválido, el alma a flor de piel. Suspendida en el aire sin oxígeno. Sueños taladrados en su centro neurálgico, cercenados en un picadillo de materia cerebral sin musculatura mental.

Futuro robado, escamoteado, reciclado en un vacío de dolor reumático. Funciones cerebrales pasadas por el túrmix, el ácimo oxidado, con el ánimo desvaído por una sustancia oxigenada al parecer inocua pero sin etiqueta.

Paz perturbadora, remolino turgente, susodichos reflejos de pared envolvelnte. Tu aroma me abandona, tu reflejo, y evitas correr hacia un punto muerto.

Rábidas escapadas sin rastro de escapatorias. Repetición constante de razonamientos alejados por mi puño y letra. Prestaciones escasas de saber vivir y la vuelta sin duda al minutado excesivo que ronda la mente donde no suenan las argucias ni se esculpen en su justa medida.

Por todo y sin nada. Esencias inmunes al desaliento. Partidas ejemplificantes de futuros desabridos e ilusionantes. Una nada comedida que ronda el alma sin revuelo para nadar en carreras contenidas y esplendorosas. Mi dulce cielo amaestrado, sinceridades amontonadas sin órdenes de deshaucio. Habitamos graves las enlazadas y preciosas ánimas que pueblan la melancolía. Luces sin mecha, sones sin niña que las rondara, bebidas sin burbujas, coros de cientos.

Vislumbro un futuro ceniciento de sueños cervicales olvidades en el oxidado muelle espiritual. Próxima parada : Esperanza.

En esta ávida reseña no tiene cabida el temblor arrebatado, la necesidad de representar la realidad con cauces desenfrenados, escanciarla y refrescarla.

Desénfrenos vivaces y vueltas con tenacidad, no puedo pretender el mantenimiento del paisaje inalterable para siempre. Muy pronto comenzaré a reciclarme la prisa escondida para mantener en su navío los mástiles desangelados. Es una colección de historias mínimas que resurge con tamaña imprecisión.

La leve lejanía insufla el espíritu del saberse impertérritos. Es un vínculo de pasiones nocturnas encontradas. El goce es feroz. Intrépidas sensaciones que sacian el espíritu más recio.

V. Mi vida sin mí. Vuelta a Madrid, julio 2008



Tristeza cobarde.

Cobarde porque me apresa, me secuestra y me maldice.

Me atraviesa, me abrasa y me destroza.

Me vuelve inservible y en el fondo me detesta. La cura se me antoja sencilla: una pócima dulce de amor; amor anhelante, anhelado y sincero. Amor que perdona y enmudece las sombras, reconforta ante los mordiscos de la gélida melancolía. Amor que consuela al ángel caído, amor que no se confunde, que espera, subyace, se transmite y se propaga. Amor que sabe detener tormentas de hielo y estalactitas hirientes en el corazón, que calienta el apresar de la muerte que parece besarme con su tristeza cobarde para convertirme en algo que ondea al viento inane, fácil presa de su espuria y fuerza inmortal. La muerte, la dama de negro que se empeña en silenciar mi vida, en acallar el suave, roto e inaudible latir de mis anhelos.

Tristeza cobarde que me atraviesa y me desangra, me contiene y me mantiene prisionera entre sus garras venenosas e inalterables.

Herida de muerte, acallada en vida presiento ese dulce amor que descifre el hechizo y renueve el verdor malaquita de la esperanza en mi exiguo cuerpo, hasta permitir una bocanada de aire fresco y revelador.

Un gramo de amor inconmensurable e incondicional, una lágrima que se abra paso entre los espinos de la escarcha y me permita liberarme temporalmente de las tormentas lúgubres de nieve límbica y desnaturalizada que empapan mi capacidad de acariciar, de sonreír, de soñar un mañana mejor.

Dulce sueño de amor trasnochado, silvestre, acertado, suave, mullido y reconfortante. Una palabra amable que deslice las pareces de mi prisión, del jalear hilarante de sus yermas poleas. Un suave murmurar que diga: "¡Adelante! ¡Ánimo!". Un te quiero dichoso que no busca nada a cambio, tan sólo la incondicional promesa de felicidad fiel.

Secretos del corazón, que sólo se conocen cuando tres siglos de soledad rejuvenecen con la llamada suave y delicada de quien te rescata, tan sólo al sentirse cerca.

Tristeza cobarde que me amordaza, me asesina, me tortura y me acuchilla. Tengo el alma herida por cien mil navajazos pasados, presentes y futuros. Me escuecen los cortes como golpes monstruosos de aristas de cristal de cuarzo amargado.

Esta tristeza cobarde me arrebata la salvia misma del vivir y el deseo, y me absorbe todo el gozo hasta que ya mi sangre no cruce mis venas. Tengo hiel recorriendo los canales de mi cuerpo y ácido efervescente rebajándome a la existencia de un temblor.

Tristeza cobarde. Tristeza cobarde. Tristeza cobarde. Tristeza cobarde. Tristeza cobarde. Tristeza cobarde.

Me arrancas de mí, me impides respirar a fondo, renovar mis votos y mis instantes de paz, no me das tregua, me escondes los destrozos, me machacas, me vacías, me desollas, me atenazas, me estrangulas, me ahogas, me pegas, me lastimas, me cortas, me clavas, me asesinas. TRISTEZA COBARDE, TRISTEZA COBARDE.

Eres una miserable, te escondes como una maldita plaga, me inundas como una metástasis y confías en poseerme por el resto de mis días, aniquilando los tallos de vida y los brotes verdes que pudieran encontrar una impronta dentro de mí. Voy a llorar cientos de lágrimas, miles, millones hasta que elabore mi llanto catalismos de sodio que obturen la pena.

Tristeza cobarde que se ceba en los desvelos, el desconsuelo y los deseosos nidos vacíos. Hábil escamoteador de sueños, perversa dueña y señora de la invalidez.

Tristeza cobarde que te escondes en los pliegues de mi desconsuelo y que brotas como un virus mortal que aborta mi luz y el recorrido de oxígeno por mis venas.

Renuncio a vivirte así, quiero escaparme, quiero huir de tu presencia, hundirte y desmontarte del jinete apocalíptico.

Tristeza cobarde, quiero hallar solución; me fuerzas a sentirme tu sierva, tu esclava endemoniada. Me siento sola, inservible, inmoral, detestable, insegura, inútil, muerta. Me has quitado mis intereses, mis ilusiones, mis ganas. Me obligas a rendirme, a aislarme, a perderme, a prenderme fuego. Entraste por la fuerza en mi hogar y vaciaste con tu fuego abrasador la luz, la riqueza, las formas y ahora entro en él para que me absorba la oscuridad.

Repuestas tiendes como hilos de araña nocturnas y apáticas. En resumidas cuentas un desbaratado reajuste de cuentas con la realidad soñada. Orquesta septentrional, claros de luna, dolores encontrados, maldad forjada entre las rejas de tu cobardía.

Llamas de valor apagadas por la lluvia persistente, eres un anteayer y hoy ya no tienes ganas. Apenas un perfil inaudito, desdibujado, pensando entre aviesos descalabros. Repites el mantra de un destino entre inmutables innegables imágenes tridimensionales, un San Jorge atravesado por lanzas traidoras.

Saber cuánto queda es casi tan difícil como jurar en arameo. Las hormigas del tiempo se reúnen sus cientos de suspiros trasnochados, vueltas impecables de acompañante de baile, dedos sensibles de pianista, inmemorables abrazos, suspiros en el aire y lanzas de seriegrafías tornadas en orondas sierpes magnetizadas.

Preferimos todo el silencio empapado de las Flores del Corán; es más sencillo que contar con los dedos las horas que se ciernen. No es suficiente con contar el dinero y separa la simiente del céntimo y del centavo articulado en sendos disparates existenciales.

Repetida inconsciente, bárbara y sádica tristeza cobarde y tus ejércitos. No estimo interesante su lugarteniente ni el cruel almirante de una armada esquelética. Ha huido prácticamente todo el mundo en busca de tierras más fértiles y protegidas. No puedo abrir la ventana sin que me invada el humo del tabaco dotado con arsénico que exhalan mis vecinos, siempre horadando mi malestar. Enrabietada y ensangrentada, deslucida y acalorada por un preciado sinsabor, errante y prácticamente cegada por su nívea blancura.

Eres tan torpe como tu hermana solitaria y distante, no surge fácil la necesidad de dejarte en prenda mi aorta. Es simple, está vacía, no alimenta tu codicia en un despilfarro de vacuidad y no quiere decirte nada. no cura las heridas, no surge entre tus bambalinas, forma parte de una simple vida normal, mi simple vida normal, y entre tanto se entretiene con los restos de la boca, y presiente las próximas ataduras.

Tristezas cobardes. Rampantes ecos y descansos que quieren recorrer las plantas de tergiversadas noticias ciudadanas de dudoso interés. Están grandilocuentes, se sienten imponentes ante sus palabras vacías y son lazos bisiestos de dudosa vistosidad por su vacío en ciernes.

Recorro los meridianos del placer y albergo dudas maliciosas en tanto en cuanto no arruinen la velada del señor embajador; tome una parte, se la entrego en mano, cuando quiera el andino duque le estornudará encima. No, por favor, no transmute el conocimiento del tiempo, el tiempo es irremediablemente oro, para que nadie estimule el crecimiento cero por encima de los límites desafiantes.

Es fundamental inquirir el significado del terraplén y sufro con varias variedades de cuadros y esplendores, siempre y cuando lluevan cenizas en las canastillas. Nadie quiere encontrarse fuera de una posible malversación de síncopes y notas adiestradas en fiasco. Es fundamental que entre tanto caiga la tierra y se organice suntuosamente en un carrito de bebé con hielos. Es suficiente recomponer el lirismo reconcentrado para no servir de nada al expectante público rapaz y trapichero.

Es como una ventosidad tan grande como una comarca; amiga, no vaya a ser que nos lo están contando y nadie cuida la compostura. No sé lo que estoy escribiendo; todo empezó con el pánico de que se trivializara la tinta. Luces y trabajo. El lugar de hoy era un nicho de sueños sexuados atrapados en cubiertas inalcanzables que resisten.

IV. Mi vida sin mí. Vuelta a Madrid, julio 2008

Qué pena mis novias, aunque no hubiera podido quedarme en las relaciones sin hacerlas daño. La sensación que tengo es que todo lo que hecho en mi vida ha sido un gran lío, una carrera hacia el vacía con ruedas de mala calidad y decisiones poco cuerdas. Por eso es normal que me atormenten los recuerdos de mi vida. Han sido sucesos que describen una personalidad llena de sucesos vacío y dolorosos. En los últimos años he intentado que el dolor sea menor y en realidad no puedo confesarle a nadie mi inutilidad social de la que se siente todavía múltiples permutaciones negativas. Esta última experiencia también está plagada de sensaciones que me reflejan el ácimo y parcamente estimulado ánimo. Pero no debería utilizar estas páginas para describirlas.

Tengo un plan bastante a medida que me provoca el pánico. Un vuelo súper largo tras dos semanas que me han hecho sentir bastante poca cosa. He tenido dos semanas sin el más mínimo toque de cultura queer e incluso menos manifestaciones de feminidad a pesar de haber tenido a mi tía y primas y sobrino prima a mi lado. Me he sentido bastante desprotegida a pesar de la paradoja de estar constantemente rodeada de gente. Y estoy empezando a pensar que tal vez la forma de andar por la vida tenga que ser el hacer las cosas para mí y el cuidar de mí misma para atraer a las personas que gravitan hacia mi compañía sin que yo tenga que hacer nada (I've felt separation anxiety).

Mi estado físico no es muy maravilloso. Creo que el aire brumoso de Montreal no me ha sentado del todo bien. He estado de vacaciones pero lo he sentido como una odiosa y vergonzosa obligación y una tortura psicológica. Debería hacer un esfuerzo para concretarme en los aspecots positivos, yeah. Lo que he ehcho durante tiempo es practicar el ser prácticamente invisible (un sueño de mi niñez y juventud púber) o tal vez no invisible sino desconocida. Creo que estoy buscando mi propio estilo pero me caigo entre las fisuras de la madera.

Estoy un mucho decepcionada de no ser esa persona que creía que era. Siempre he estado convencida de que tenía algo especial que no compartí con los demás y de repente no estoy tan segura y me estoy dando cuenta de que no tengo nada especial sin más bien todo lo contrario: una tremenda ineptitud. Ha sido inquietante. La verdad es que no quiero volver a tomar ninguna pastilla porque quiero encontrar mi mente límpida como forma de subirme la moral.

El problema es que no tengo energía para hacer cosas. Si me pusiera a montar la película me empezarían a entrar las neuras aunque en el fondo sé que comenzarían a pasar cosas. La inactividad desde luego no mejora la situación. Ni dormir ni vegetar. No me tranquiliza nada, todo me neurotiza. Soy consciente de que cuando las situaciones rebasan su barrera física me ralentizan y me obligan a encontrarme frente a frent con el dolor que me causan. Dice Joe que caer en la depresión y la ansiedad es un hábito. Yo estoy buscan el método adecuada para salir de ambas. Lo ideal sería congregar pequeñas soluciones.

Hacer, hacer, hacer, hacer.

III. Mi vida sin mí. Montreal, julio 2008

Me estaba columpiando en la veracidad y la claridad de mis sueños recién dormidos.

Creo que a Cuore le soy bastante indiferente. Es una pena, pero lo mejor es dejarle tranquila. Tiene que haber muchas mujeres atractivas con las que además se pueda hablar. Debo alejarme de ella porque esta chica (o yo) rebaja mi autoestima al mínimo. Se ha perdido la magia para siempre. Bueno, por lo menos sé que soy capaz de sentirme atraída sexualmente por alguien. Creí por un momento que mis instintos estaban bastante dormidos al respecto.

Lo estoy pasando mal estos días, la verdad. Estoy embotada y me siento frágil. Ni siquiera estoy corriendo estos días después de haber empezado muy fuerte con mi tío y haber corrido con increíble vitalidad. Lo que pasa es que me he ido deshinchando. Mi cuerpo terminó padeciendo dolores nunca vistos. Llegó un momento que mis gemelos chillaban de dolor al rasgarse. Menudo desastre. No encuentro a nadie que me quiera. Mi tía y mi tío (y mis primas) me tratan como a la realeza monagesca. Me han mostrado tanto amor que ha llegado a axfisiarme. No me considero obsesiva, la verdad, es más bien un delirante martilleo de emociones negativas que hablan por sí solas y me controlan como a una muñeca de madera de cerillas.

Tengo bastante poco éxito con Cuore, aunque la verdad es que la mayoría de la gente que me conoce disfruta con mi compañía. Tengo que seguir mi camino, me conducirá a conocer a gente que me quiera por mi intelectualidad y también por los escombros de mi deslucida belleza interior.

La sensación que tengo es de vacía actual y miedo al futuro. No sé por qué me ha costado tanto estar aquí. Llevo meses aburridísima con internet. En los últimos días he intentado encontrarme a mí misma, desnuda e inalterada. Tiene que ser posible el tocar la fibra sensible de una misma y redimirse ante su presencia. Ante el reverberado brillo del ansia, el dolor decapitado, el desconocimiento complejo del momento siguiente. El último movimiento de este aria confusa y emasculante me ha incapacitado.

Es como si lo que estoy haciendo es realmente una realidad paralela de lo que realmente quiero hacer. Me gustaría poder vivirla así. Lo que experimento de forma directa no es satisfactorio ni sofisticado. Es como una tela acribillada por agujeros; francamente decepcionante.

A veces me siento, por ejemplo en este preciso instante, como un bolsillo vacío. Como si tuviera hambre vital y salvaje, visceral. Es una sensación que me escuece por dentro, empieza en el doblez de mi pie, asciende, se resguarda en la carne hinchada de mi gemelo derecho, navega de forma trasversal, encoge mi abdomen y aprehende mi garganta. Pero no puedo gritar ni exhorcisarlo para desahogarme.

Si pudiera conseguir residir en el otro lado, en mi subconsciente, por lo menos creativamente, lograría desembarazarme de las plagas neumóticas y los come come físicos que me impiden respirar a pleno pulmón en este momento. Estoy intentando recordar pero cuando estoy en un periodo híper activo el mundo exterior es una realidad virtual acelerada y las ideas se prenden como brillantes alfileres en mi mente: no hay manera de que estos recuerdos se trasladen después a la memoria a largo plazo. Y las etapas depresivas son una mierda que sin duda mi cerebro por ansias de supervivencia animal quiere descartar.

I'm broken hearted
Empty headed
Dull minded
Sick, plagued with pain

Dolor de cabeza
Ardor de estómago
La boca me sabe amarga
La garganta está rasposa
El cuerpo deshidratado ralentizando su ritmo hasta la saciedad
Es como si desconociera el placer: no existe, no ha existido nunca.

El bolígrafo tiene piezas rotatorias azules y la tinta le ha abandonado.

Traspasar los límites
Robar por las villas como un canto descolorido. Tienes una idea que surge de otra idea y decides plasmar un escupitajo de Ventolín. Reprendes al enano que brama entre multitudes de molinos de viento. Supones que el malestar cotdiano que sufres se imbúe en otros antojos. Nos pitidos del pájaro cojo árbitro de la brisa árida se centrifugan en el motor diletante, parsimonioso y absorte en la rutina del motor recalentado e ígeno de la calefacción.

Es necesario retirar las cubiertas de las lanchas del pasado, encender el brillo alpino de las lunas recurrentes. Expresar el olvido, las soledades imbuidas de olor a hiel. Los minutos están siempre en suspenso, el futuro es un mito de nidos abandonados, no se puede esperar, siempre te duele el presente. El presente, el segundo actual, la pesadez, el martirio del avance de nuestra propia existencia que nos ensancha la inercia, pero no nos recupera nunca del cansancio.

La inercia inerte de los pasos en falso, de la negación de nuestra soledad. El repicar de los pájaros y el retorcerse de las dinamos lejanas. Bordes límpidos, trazos suaves e instrascendentes, insectos inperennes, agujeros de malla metálica. Cajas repicadas, bordes de sombra y luz marcada. Extraños matices superficiales, plático blanco, frío y barato. Sensaciones premeditadas, verdes, remolinos de hierba y rastrojos secos.

Incoherencias propias de la edad madura. Inexistentes paredes, azules impropios, avances inexorables e impenitentes de las nubes regias y duo tonales. Interpretaciones vagas de memorias corruptas, el pase del tiempo en travestismo interno de las identidades propias y ajenas. Farolillos rojos que proceden de células culturales, inexistentes y retorcidas. La memoria no existe, tan sólo la experiencia. Ritmos doblados de luces generadoras de entusiasmos sin motivo. Redes deshilachadas incapaces de rastrean los caminos mnemotécnicos por los pensamientos insomnes, vanos, sin destinatario.

La vida de los insomnes es como el pensamiento descaminado, desenfrenado y desencaminado.

LA ALEGRÍA DE VIVIR NO ES TAL, ES TAN SÓLO URGENCIA POR ESCAPAR.

La tramoya mal pensante es una, es hiriente, en una trola que retumba y se pregona por miles de altavoces mediáticos. Basta con que persigas un sueño para que dejes de soñar y que dirijas tu pensamiento a la racionalidad consciente para que remita tu creatividad. Admiro a aquellas personas que pueden corpamentalizar sus ansias con sus quehaceres . Mi creatividad, señores y señoras, no está a la venta por razones de carencia de dueños y de destino. Laberíntica hazaña. El único futuro es auto flagelarse, consumirse en el paroxismos de su aislamiento y retumbar con un sonido monosilábico y trifásico en la soledad de su auto reconocimiento y posterior auto olvido.

No me siento identificada por mi género, mi historia, mi ropa, la imagen que me devuelve el espejo. Mi inconsciencia es tal que casi había renunciado a mantenerme a mí misma con vida. Podría enfrentarme al eco y su negación imaginada en negativo, pero todo lo demás me resulta un esfuerzo vago y sobrehumanamente compensatorio. Es difícil darse cuenta de esto.

No puedo reconocerme ante tamaños cambios de intensidad y modificarme a la carta ni tan a menudo. Es un desencuentro amoroso muy prolífico. A veces sólo se puede encontrar aire seco entre los dos extremos de la incomodidad. Y que la tinta azul dé vida a todo de forma lineal.

Desconcierto fulminante, palabras francesas en este Montreal lanzadas al aire, demudadas, extripadas al cierzo y sin connotaciones emotivas para mí. Frases en forma de acordeón, sin recovecos cálidos, entornadas, ciertas, sin recorrido, cazadas en un vuelo muerto, repleto de esperanzas estériles, sin cómputo de tiempo.

Establecimientos comerciales erráticos, levantados como campamentos que forman soliloquios modernos, nocturnos e inenarrables. El mundo del absurdo, de las percepciones es más fidedigno que es simbolismo de lo correcto.

Hay múltiples narraciones mutantes, sabes honestos y sencillos, trayectorias de insectos prefectamente bien trazadas. Información excelentemente inepta, de gran fragilidad, susceptible y reciente. Transida de las mínimas rotaciones, suplidas por los sueños y agonías. Saben cuáles son sus próximos movimientos: la incoherencia y la multiplicidad de separaciones y oquedades. Son las soledades de la inexperiencia, la falta en vivo y en directo de iniciativa. Lo hemos escuchado todo: insuficiencia, mala voluntad, inutilidad, graves acusaciones que en mi niñez se convirtieron en perdicciones de personalidad.

Y yo voy percibiendo los cambos de las aristas de las nubes, la mínima fatiga que invade el todo. Mi personalidad está entumecida por la variedad de temblores y la falta de tranquilidad. Es algo poco satisfactorio dadas las coordenadas oportunas. Quería analizar este sentimiento de alienación y reencontrarme con la fluidez azulada añil del reencuentro o el alejamiento. No puedo escribir sobre lo ridícula que me parece la historia humana y lo mucho que me aburre la información en los periódicos.

Debería reaccionar ante ello y mi sentido de la moralidad se ofende cuando no me importa nada lo que está pasando porque ya no puedo aprender y localizar nuevas estrategias de futuro. Cada persona se encuentra es su propia y diferente dimensión. La mía es la del escepticismo por no conocer mi propia individualidad. La solución a mi desdibujada personalidad.

Quiero empezar a trazar los nuevos planes par conquistar el centro clave donde reside mi personalidad. El punto neurálgico donde residen las claves y los beneficios de una amplia convicción en que tras grandiosa observación volcada hacia el mundo no propio lo único que no desmerece de esta organización biológica trasgénica es el encuentro con la obviedad de la mente. Estas son varias y tergiversadas, el molde escogido por los publicistas para nivelarse.

¿Qué les ha pasado a los novelistas que se codean con el poder y el orden establecido?

II. Mi vida sin mí. Montreal, julio 2008

Estoy sentada en el jardín de mis tíos en Montreal en busca de unos minutos de tranquilidad a la espera de despertarme un poco con la luz solar. Tengo la esperanza de que esta nueva dieta del grupo sanguíneo me va a sentar muy bien. Me voy a saltar algunas recomendaciones porque es más fácil tener un plan flexible que tener que aplicar todas las reglas al mismo tiempo y así no me obsesiono. Pero espero que entre esto y una actitud vital más estructurada pueda conseguir cierta tranquilidad.

Quiero tener energía para HACER, trabajar por lo que quiero, AVANZAR y TRIUNFAR. Creo que el hecho de haber estado completamente bajo mínimos y aún así haber conseguido empezar y renovarme tiene que hacerme sentir bien.

Estoy leyendo mucho sobre gente deportista (Dean Karnazes, el hombre ultramaratoniano). No se complican la vida y se centran en condensar al máximo el esfuerzo. Eso es lo que yo quiero hacer: no complicarme tanto la vida y encontrar resultados al esforzarme. Es algo que me falta, tal vez: el ver resultados palpables. Creo que volvería a cogerle el gusto a comprar comida si viera cómo me da vitalidad y fuerza.

Las cosas que quiero hacer son muy variadas: leer, escribir, arreglar (influir en) mi entorno, pensar en positivo. Lo que pasa es que tengo que luchar un poco cada día, aunque sea difícil. Cuando estoy con la etapa híperactiva tengo mucha energía. Antes de venir me encontraba bien, tenía muchas ideas, muchas ganas y estaba fortaleciéndome. Lo que pasa es que perdí un poco el rumbo con el jet lag, problemillas de estómago y el cambio de planes. Y por supuesto el principal detonante ha sido la horrible escena que tuve con mi padre.

Hay un tema que todavía me atormenta y es el tema Cuore. ¿Qué haces? (me pregunto a mí misma)

Pd. He tenido un sueño cuyos rastros tuve que levantarme a escribir antes de que se desvaneciera. El mensaje textual era: "No puedes querer a un cuerpo ni un alma que te causa dolor. No puedes querer a alguien que te hace daño", decía la voz de mi subconsciente (ese ángel caído con alas de fénix glorioso).

I. Mi vida sin mí. Montreal, julio 2008

Esa necesidad que impulsa la vida, la sed de experiencias, la ambición por desenvolverse, reciclarse, trabajar, alcanzar cosas nuevas que he visto en la niñez y en algunas personas adultas la ansío para mí. Porque odio la sensación que tengo cuando me rindo, cuando entro en modo supervivencia, cuando mi organismo funciona a un tanto por ciento mínimo. Cuando rechazo la actividad y prácticamente desdeño la vida.

Por eso me atrae tanto el tema del surf, porque imagino a mi cuerpo libre, fuerte, flexible, poderoso, con ganas de saltar, de estirarse, de explayarse, de saltarse las barreras físicas, de juguetear con los elementos a su capricho. Y así es cómo me gustaría que se movilizara mi mente: sin trabas ni necesidades superfluas, sin preguntas que responder, sin trazos a surcar.

Quiero experimentar la vida y respirarla a pleno pulmón, en libertad y si es necesario en agudo silencio. Mi búsqueda por la belleza es una búsqueda desaforada y desesperada por la vitalidad, por la llave de la autosatisfacción, el autoconocimiento, el resurgir de tus cenizas porque te has acordado de ti misma.

Creo que mi vida ha sido un camino largo, muy tortuoso, pero lo más importante es que ha llegado a un punto que realmente puede ser la síntesis de mi búsqueda. Sé que en el próximo giro de 180 grados me veré a mí misma como la que fui y podré reconocerme en la trasversalidad de mis experiencias vitales. A medida que mi cuerpo y mi alma se vayan recuperando de la caza de brujas que ha sido mi vida, las soluciones a los pequeños problemas irán llegando.

Ya me he acostumbrado a vivir con muy poco. En el momento en que mi organismo funcione correctamente y pueda aprovechar la belleza del momento presente, ese instante de felicidad que tanto he visitado en mi memoria del futuro acontecerá y creo que muchas certezas que he albergado en mi corazón durante todo este tiempo se materializarán y además perderé el miedo.

Es cierto que es un miedo existencia, temprano y atávico a extinguirme, pero en el fondo se trata de pánico a la muerte en vida, a no respirar, a no recibir oxígeno. Es un miedo en pleno desfase déjà vu, es pánico a no autorealizarme que me brinda cada segundo de observación, de integrarme con mi propia naturaleza. Es el miedo actual, presente, permanente, pero cuando lo pierda creo que entenderá mi preciado lugar en este mundo y tal vez acudirá a mí el universo de posibilidades de inspirar a otra gente.

Si consigo la homeostasis a la que todos los seres vivos abocan y tienen derecho creo que finalmente comenzaré a entender cada paso, cada bocanada de aire fresco. Ahora mismo tan sólo puedo sentirlo de vez en cuando, como un recuerdo no realizado, como un presentimiento desdibujado.

Si mi cuerpo no actúa como un filtro atascado puedo conseguir una mayor relación y comunicación con el trasfondo espiritual. Cuando el cuerpo se encuentra en paz consigo mismo se produce una sublimación .

Supongo que de un momento a otro tendré que analizar la capacidad de amar y lo que supondría en mi vida el compartir con otro persona la buenaventura de mi transformación.

Este tema es sin duda fascinante y merecerá mi atención estructurada.

viernes, 22 de agosto de 2008

Minuciosidades cotidianas: los mileuristas también piensan (talento indiscriminado)

Las bicicletas son para el verano y agosto en Madrid parece el mes ideal para sacarlas a las calles y rodar por el ardiente asfalto. Percepción plenamente errónea por parte de la personas parapetadas con bicicletas insulsas y ruedas miserablemente hinchadas.

La gente que conduce un coche sigue siendo en su conjunto verdaderamente gilipollas, o por lo menos así lo piensan l@s ciclistas, incluso cuando su ciclismo es ocasional y cuando de hecho suelen desplazarse normalmente en coche.

Conductores: una panda, una plaga caracterizada por una grave majadería incompetente que se dedica (por deporte?) a abrir alegremente las puertas del lado derecho (a veces incluso todas al unísono) para enviarte a volar por los aires tras la colisión para después aterrizar con los piños incrustados por la acera o desviados de sus encías para siempre.

Claro que todo esto sucede después de haberse estacionado de puto culo de molestarse en 'a qué?absoluto en llevar a cabo el vistazo de rigor por el retrovisor derecho, ¿p'a qué? Que es el derecho.... repetimossss; aquél que cubre la fina y estrecha franja en la que se suelen alinearse l@s ciclistas. Esta maniobra agresiva y gilipollesca obliga al ciclista a lanzarse trasversalmente a su lado izquierdo, de forma harta arriesgada, ya que no ha exisitdo suficiente aviso. Creo que lo he explicado bien (lo he recreado en mi mente, porque a mí me ha pasado, aunque el gilipollas en mi caso era londinense -lo que no quiere decir que haya nacido allí; pero esto último es una digresión.

Sin embargo en Madrid el ciclismo no se considera un actividad de riesgo que precisa de un casco (Londres) o una chaqueta reflectante (Londres, repito -obligatoria) o luces (Ámsterdam, pre- chorizos) yonkis.

Me inundan estas reflexiones que ahora escribo (como no, de camino al curris) y me doy cuenta de que escribir es pensar y pensar es escribir, really.

Me he metido en el vagón del tren y he escogido la parte del final porque así salgo directamente a las escaleras. Cuando comes en apenas quince minutos hay que aprovechar los segundos que puedes amontonar hasta arreglarte para NO llegar tarde.

He diseñado y perfeccionado el arte de la ergonomía urbana al caminar, correr y cambiar de dirección como Robocop. En Londres andaba súper rápido, y cuando bailaba siempre me decían mis compis que la cabeza sigue al cuerpo. No es del todo verdad, eso es válido solo para los giros y las vueltas desmelenadas. Creo que al impulsarte al andar las piernas y las zancadas a golpe de muslo son las que me han ayudado para que la columna mantenga el cuello elongado y visible por encima de los hombros. En España la gente pierde el cuello; se agazapa dentro de la chepa a partir de los trece años, y yo siempre he luchado para que no me pasara a mí a pesar de la escoliosis que tengo.

El baloncesto, dormir en futones duros y no utilizar almohada (porque me da la gana) ayudó. Aún así los años (décadas) sentada frente a la pantalla del ordenador han causado estragos en
mi cuello y columna (espero que no rematadamente irreversibles). A pesar de mi delgadez me temo que me han quitado mi cinturita de avispa característica al comprimir brutalmente las lumbares. Pero pienso que si sigo llevando la misma ropa que compré a los veinticuatro años y que gracias a mi devoción y cuidados de artista pobre e impenitente conservo todavía, será porque mi cuerpo no ha cambiado tanto y el cinturón para los Levi's (ze escribe así??) 501 sigue más o menos en el mismo agujero. Aunque he de confesar que ahora prefiero los pantalones más de cadera que de cintura, a pesar de que odio fardar de ombligo. Parezco mucho más joven que la edad que tengo pero no quiero que me confundan siempre con una becaria, como pasó (otra vez
) el otro día en el trabajo. Se preguntarían: ¿Qué hace ésta sentada ahí?. En fin, lo de siempre; agotador.

Al salir escopetada del vagón de metro (me retrotraigo), después de relamer los últimos segundos en terminar una frase que pudiera no volver jamás del subconsciente, emprendo y piloto la quinta marcha del turbo.Ssubo las escaleras de dos en tres, coloco el capuchón de mi boli Pilot en la boca sin pintarrajearme la cara, lo que forma parte de mi súper adaptación al medio.

Vuelvo a meterme en el ascensor de luz mortecina tipo Blade Runner y me bajo las gafas de sol brevemente en el puente de la nariz para acomodar las pupilas a la luz cuando salga a la calle y evitar el deslumbramiento solar.

Me doy cuenta de que he escrito en el vagón con las gafas de sol. Hoy no he dormido bien y por primera vez voy de rockera que nunca muere (o de italiana, si se prefiere) y tras la prueba del algodón de legibilidad veo que puedo emborronar sin mayor problema otro que la incipiente pero inocua y todavía embriónica vista cansada.

Al salir del ascensor me pregunto como de costumbre si debería saludar a la gente que sale o entra como pasa en California. Decido que sí, como siempre (aunque la mayoría de la gente te ignora) pero me sale la típica sonrisa comprometida que no refleja más simpatía que un cívico aunque lacio: "¿qué ha pasao?". Por tanto con las comisuras consigo poner los labios en presión absorbiendo el aire e inflando los belfos superiores, y me pregunto si vale la pena incluso el arqueo consiguiente de cejas y el derivar instantáneamente la vista a otro lado. Después en el semáforo y agazapada en la sombra, porque a estas horas la formidable solana de las cuatro de la tarde puede achicharrarme, espero a que cambie la luz roja . Esta es la solana mediterránea que se ha forjado con la práctica de enrojecer a los guiris con un tizne rosado que conservan como media seis meses después de haberla sufrido y vuelto a sus países de origen. (Los pegotes de Aftersun nunca ganarán la partida a la sombra).

Veo un chico con un dibujo de unas alas en la espalda de la camiseta. Me acuerdo entonces de que mi dulce ex M. llevaba algo parecido aunque creo que sus alas eran más bien un complemento de su cuerpo.

Charlie me envía un mensaje, su amiga de Myspace ha venido de Nueva York y van a grabar esta noche una canción en el flamante G5 de su ático en Lavapiés. Genial; a ver si puedo pasarme por ahí con mi amiga recién llegada de Londres.

Mientras le respondo pienso que me gusta caminar y enviar SMS porque me revienta, ya lo he contado aquí alguna vez, andar y tardar en llegar a cualquier parte. Casi nunca siento la necesidad de andar a menos que termine reventada y atufada de metro, autobuses y olores recocidos del personal. Así que prefiero la multitarea, cuantas más cosas mejor, para olvidarme de que el aquí ahora todavía no es posible. Si llego al teletransporte con una vejez funcional voy a disfrutarlo enormemente.

Lo siguiente que hago antes de no dar golpe en el trabajo estival e hincharme a DVDs es la típica chorradea inane y anodina, sin interés reseñable alguno que consiste en pedir tarjeta de visitante a seguridad en la entrada (los temporales por obra y servicio que trabajamos en informática siempre somos debutantes); subir las escaleras y llegar ahí con un par de holas que no te devuelven porque saben que la empresa te largará pronto.

Lo mejor hasta ahora ha sido escuchar a una periodista quejarse de que le corrigen los textos y le añaden exclamaciones. Y lo mejor mejor el oír pronunciar la siguiente frase, (nunca la había escuchado antes): "¿Quién habrá hecho esto? Yo qué sé: la madre del topo". Puro genio cómico que me inspirará durante meses.

Lo demás serán horas diletantes antes de salir de este trabajo de verano mal follado.

P.D. Me han movido las cosas no sé qué manos misteriosas. ¿Qué derechos naturales tengo yo aquí? (Timbre de no ganar el concurso). Soy como una putilla que nunca está en plantilla corporativa. Mi nombre de usuaria es "algo Madrid", "cosi rara", "esto o lo otro".

Por favor, ¡los marcadores de Firefox del portátil que sobraba y que me he agenciado temporalmente (esta es la palabra clave en todo) no! Joder, dónde está el ratón. Seguro que no tengo derecho a uno tampoco.

Obviamente alguien ha querido poner la pezuña de su orden en este caos por obra y servicio.

Como las exclamaciones

jueves, 21 de agosto de 2008

Madrid de noche

Salgo del trabajo a las doce y veinte de la oche. Tras el accidente aéreo el periódico ha cerrado tarde su primera edición. Dejamos a dos periodistas enganchados a cotejar datos; pasadas las doce ya no importa la hora que terminas, lo único que intentas es proteger la eternidad de los momentos íntimos.

Camino por la calle hacia el metro. Unos jóvenes sentados indistintamente en la falda de un banco y en su respaldo miran a la gente (a mí) con curiosidad entre pausa y pausa de sus inspirados y pasionales debates. No tienen pinta de sumar una semana completa de trabajo entre todos ellos y ellas, pero esta calle llena de oficinas tampoco parece el lugar adecuado para una reunión de pandilla.

Se percibe cierta complicidad inmediata entre la gente, incluso en la lejanía de la acera de la calle de enfrente a una manzana de distancia. No todo el mundo camina de noche como si tal cosa. ¿Qué hacemos a esas horas? Todos los sonidos se escuchan en estéreo y la mínima sombra se percibe. Noche caliente de Madrid en el extremo posterior del verano. Me regocijo ante la cálida temperatura. En unos meses no será posible disfrutar las caricias del aire caliente. Camina detrás mía una pareja; la chica, dicharachera, habla jovialmente sobre temas de los que yo nunca hablaría por ser yo quien soy: familia, amistades, gente del trabajo, vacaciones, todo intercalado como si se conocieran los distintos grupos de gente: Pepe, Sonia, Tamara, Luis, los Guillermos, Terelu.

De repente zas, me inunda, me alcanza certero: es el aroma de una colonia sexy que ella lleva, de las que se ponen en Londres para salir; una esencia de marca, refrescante que me haría darme la vuelta para besar su cuello, todos los cuellos que alumbran el aire con este olor conocido y excitante. Alguien en mi pasado se vestía su atractivo con ella.

Las pompas calientes que algún aparato de aire acondicionado expulsa a bocanadas me llegan a los talones y dedos de los pies tras surcar los lazos de mis sandalias Adidas. En una noche así volvería a casa andando si yo no fuera yo, porque no me gusta volver a casa andando durante una pasada de tiempo, y robarle las medias horas a llegar a donde tengo que llegar y robarle horas a mi periodo de reflexión y a mis rutinas nocturnas.

La luz metálica del ascensor del metro me ciega tras haberme acomodado la vista a la noche. Espero tranquilidad en mi andén, pero la gente en vez de estar sentada como de costumbre de forma desperdigada en los bancos de acero, se encuentra de pie, concentrada en torno a la pantalla de vídeo que transmite noticias recientes sobre el accidente. Las personas están en pie, en silencio, como honrando a las víctimas, a sus familias, asimilando colectivamente la tragedia, inundadas de emocionante solidaridad, impotencia y shock.

Gracias a Dios mi tren llega aceleradamente porque ya me he saturado de la noticia sobre la catástrofe en la redacción. Elijo y me meto presta en el vagón con menos gente e intento escribir esto que he estado narrándome a mí misma en mi fina libreta Moleskin.

Al llegar a Bilbao me tengo que sentar para terminar porque no quiero que el ladrón de sueños me quite estas palabras que escribo. Una mujer se despanzurra en el mismo banco donde estoy sentada. Parece una señora de la limpieza que ha terminado su turno, se ha vestido y arreglado para parecer una mamá joven con hijas en un colegio de monjas. Enfrente mío en el otro andén un grupo de turistas alemanes hablan con acento gutural; es obvio que no saben lo que ha pasado y le otorgan normalidad con su cháchara de guiris emborrachados por esta noche estrellada madrileña.

A la salida, en la Glorieta de Bilbao todo termina de normalizarse porque vivo muy cerca de Malasaña y mi barrio es de veintañeros y treintañeros. Hay mucha gente que habla sobre becas, ayudas, suplencias, viajes y mileurismo como si estuvieran en el salón de su casa. Se sitúan frente a frente, gesticulan con las manos, se roban la palabra mutuamente y se desahogan acaloradamente con total naturalidad. Da igual que sea la entrada del metro, las escaleras, la salida, el semáforo ...

La calle está más repleta de lo normal y no se explica que sea un día de diario a la una menos cuarto de la madrugada. Es como si la madrugada sólo existiera en Madrid a partir de las siete de la mañana y al igual que los cincuenta son los nuevos cuarenta aquí se podría empezar a decir que la noche es en realidad la tarde.

Camino por mi calle que hace casi esquina con el metro y veo como siempre parejas unisex andando por el asfalto que en este barrio no pertenece a los coches; observo a latinos y gente china tomando el aire a la salida de los múltiples locales, bazares y tiendas que todavía están abiertas. A eso de las diez de la noches he visto a las niñas chinas del restaurante de tallarines artesanales y las de mi todo a cien jugando en pareja a la cuerda o a la rayuela hablando en perfecto castellano. Las tiendas cerradas se protegen del graffiti no deseado con creaciones del mismo abigarradas y plásticas, con entretenidos diseños: muchos coches con ojos y ruedas hinchables; un graffiti que parece más californiano o neoyorquino que madrileño.

Como siempre no veo a ningún vecino de mi edificio. Parece que nos escondemos las unas de los otros. Subo las escaleras interiores del edificio y me empapo los pulmones de olor a ropa recién tendida. Me imagino que no tendré mensajes en el contestador porque ya he hablado con mi madre y mi hermana está muy ocupada con poquitos, que está desmadrado porque sus abuelos alemanes le han permitido hacer todo tipo de maldades.

Al entrar en mi piso me recibe un golpe de calor porque he dejado el ordenador encendido pasándole antivirus y antimalwares y puñetas ya que el ratón se atasca, esperando además poder bajarme alguna vez esas películas que están tardando meses en estar disponibles: el diario de Anäis Nin, algún lezmovie y otro indie perdido. Cambio las preferencias del emule y el idioma al inglés porque en castellano no me aclaro. Al final creo que mi hermana sí me ha dejado un mensaje, la verdad es que hoy no hemos hablado, pero mi madre tierna y rica. Me da rabia borrar el mensaje.

Termino de escribir esta entrada porque quiero irme a la cama esta noche para respetar mis ciclos de sueño y poder trabajar mañana por la mañana a una hora decente. Estos días he podido montar la peli por la noche y la verdad he valorado estas jornadas de cuatro horas que he tenido el placer de disfrutar durante las últimas dos semanas. La semana que viene se me acaba el chollo (a medias).

Decido comer algo de lo que me ha quedado de la comida de este mediodía porque finalmente hice el pedido de productos orgánicos y he vuelto a sentir el gozo de presenciar el tamaño normal de una berenjena (pequeño), un pepino (pequeños), zanahorias (finas, cortas), lechugas (enanas) etc, pero dejo la ensalada porque contrario a lo que pensaba los tomates han salido un poco agrios.

miércoles, 20 de agosto de 2008

Seguir escribiendo

No he parado de escribir ... en mi cabeza. Es una lava constante, una forma de reconciliarse con la realidad y la memoria, la eternidad y la frivolidad del vivir. Presiento que esta vez es para siempre. Tengo debilidad por las palabras, el clasicismo cifrado en la conversación contigo misma, la variedad de alientos y gama de colores que arrullan el rasgueo de la pluma contra el papel, o las manos ocupadas en el teclado y la marea del pensamiento.

A veces me pregunto si merece la pena el compartir. Incluso cuando tengo argumentos de películas me planteo una y otra vez si debería sacar el preciado botín y lanzarlo al contacto con el oxígeno. Esto es por supuesto una banalidad producida por la poca templanza de mi carácter, que se ve arrastrado por el vaivén de mis emociones y estados de ánimo.

Tengo la obsesión de mantener mi integridad artística ¿por qué hay que crear? ¿Qué sentido tiene volcar fuera lo que tan férreamente custodias dentro? Siempre he querido sentir mi propio yo, reencontrarme con él. Sentir en lugar de expresar. Juan Gelman dice que escribir tiene el cometido de mostrarle a él mismo lo que de otra manera no descubriría. Este comentario me ha hecho reflexionar y al mismo tiempo me ha angustiado la cantidad inmensa de cosas que no he escrito y que por tanto no me han enseñado a entender y descubrirme ante mí misma.

Hasta los veintiún años escribí más de mil páginas de mi puño y letra. El otro día revisé algunos de los cuentos y relatos y la novela, todo ello escrito a partir de los seis años. Una locura. Reconozco el talento que tenía y que había olvidado por completo, de hecho estaba convencida que yo era una simple plagiadora porque tendía a escribir con la manera de relatar del escritor o escritora que estaba leyendo instantes antes.

No pensaba tener un estilo propio. Pero tras una re-lectura me he dado cuenta de que la opinión de mí que yo tenía estaba completamente desvirtuada. Creo que yo era un talento vírgen explosivo que presentaba signos de cierto autismo social y una vida interior múltiple. Tal vez al escaparme a Londres quería re-inventarme a mí misma, descubrir mi sexualidad y mi personalidad externa en contacto con el mundo mediante una combustión deslumbrante.

Sin embargo volví a España para reencontrame con mi pasado, con mis recuerdos. El otro día leí un relato sobre un niño y su hermana que yo había escrito a los trece o catorce años. Debido al residuo y resquicios infantiles que conformaban mi personalidad extensamente creativa e intelectual, pero socialmente inexplorada, el mundo infantil se refleja increíblemente diáfano. Me sorprendió la tremenda semblanza de los detalles del relato con los recuerdos de mi infancia. De hecho estoy convencida que hay pocas cosas escritas con esa calidad literaria que reflejan tan fielmente el interior de una niña, porque yo estaba muy cercana con mi identidad infantil en el momento de escribir el cuent, hasta el punto de recolectar ahora con alegría todos aquellos aspectos de mi vida de niña que no esperaba recordar hasta la regresión en la memoria que se produce en la vejez.

He descubierto que la mejor manera de ser yo misma y de controlar mis estados de ánimo sigue siendo el abstraerme de la realidad. Tengo que volver a la disciplina que tenía hace cuatro años, antes de venir a España; debo trabajar de forma continuada en mis proyectos artísticos contra viento y marea. Pero tengo que hacerlo por mí y para mí, como antes. La idea de que lo que había hecho estos años no tenía interés real para nadie más me ha frenado la creación.

La primera vez que mostré mi trabajo en festivales de cine y me vino gente a hablar, personas desconocidas y dispares que querían compartir conmigo las impresiones y percepción de mi película que habían tenido sentí humildemente que por fin comenzaba a descubrir quién era mi público.

Estas últimas semanas he mostrado la peli en la que estoy trabajando a mis amigos y amigas y descubrí que la historia, aparentemente de atracción casi única para la comunidad LGBT, podía hacerse eco también de temas clásicos compartidos con todo el mundo. Otto Rank y Jung hablan de los arquetipos literarios y cómo ciertas historias y personajes se han repetido durante el trancurso de los tiempos.

Mis historias son íntimas, fruto de mis observaciones inconscientes, pero aún así creo que hablan de temas comunes y lo verdaderamente local es también universal. Mis amigos y amigas me dijeron que les interesaba mucho el tema porque les enseñaba un mundo con el que no tenían mucho roce, pero al mismo tiempo reaccionaron cálidamente con los espacios comunes de la historia. Siento que la audiencia LGBT puede que no haga la historia suya porque no es SU historia personal. Pero ahora no me da miedo el recibimiento porque he comprobado que no es una historia minoritaria y probablemente me la programen en festivales de temática variada, y no simplemente gay.

He trabajado mucho los últimos días en el montaje y hoy he soñado con la historia, me he levantado con la película y se me han ocurrido cosas fabulosas que lamentablemente no puedo añadir porque la gente no está interesada en seguir filmando, pero no me importa porque eso denota que mi mente creativa fluye y está dispuesta a sorprenderme a mí misma.

Mientras pueda olvidarme del mundo y al mismo tiempo fundirme con él con mi trabajo no me importa la alienación que sienta con el día a día cotidiano, es más: no la siento más, es casi lo contrario porque la realidad se vuelve enajenante y con burbujas. Estoy en el buen camino y el Lamictal me está ayudando a conservar la salud. El trabajo mental de los últimos años y las intuiciones que he ido recordando para que mi vida mejore y luche contra el monstruo de la ciclotimia y la depresión están dando fruto. Espero nunca volver atrás.

Me he dado cuenta de que no es verdad que yo fuera mi peor enemiga: el peor ha sido este trastorno heredado y fomentado por mi traumática existencia, y voy a seguir luchando contra él con todas mis fuerzas. Quiero fulminar a este enemigo, destruirle, narcotizarle, inhibirlo y neutralizarlo, y al mismo tiempo redescubrir cómo me ha forjado, creado y solidificado a lo largo de mi vida.

P.D. Para las víctimas del accidente aéreo de hoy en Madrid, a las que nunca ya podré contar historias.

lunes, 4 de agosto de 2008

Mi lunes

Ha sido mucho menos traumático de lo que me esperaba. Lo principal ha sido darme cuenta de que el motivo por el que me había sentido tan magullada el día que había estado con este grupo de trabajo había sido porque no me habían hecho puto caso.

Ahora entiendo por qué. Los chicos que no estuvieron el otro día y que me están haciendo la formación tienen bastante poca responsabilidad, como yo. Somos la cola de ratón de la cadena alimentaria y por lo tanto inmediatamente se ha establecido un cálido vínculo de solidaridad. Ni ellos ni yo tenemos que hace que los demás se sientan quién es el jefe o sabe más o lleva más tiempo o es contratado directamente por la empresa en vez de ser externalizado.

Así que hoy he sido yo la que no ha hecho ni puto caso a los que tienen más vacaciones que yo, cobran más que yo, trabajan menos que yo y a los que cuando se les caen los marrones encima se quedan completamente chamuscados. Me he montado unas súper risas con las otras colitas de ratón que sí se preocupaban por mí, y de repente los huraños, prepotentes y desgraciados esclavos de la empresa se han quedado mosqueados y sorprendidos de que yo no tuviera ninguna intención de pertenecer a su club de élite y paradójicamente he conseguido ganarme su respeto y curiosidad.

Extraño, pero creo que ha sido así.

Por lo demás, creo que en este trabajo voy a tener amplias posibilidades de escribir y abstraerme. Voy a trabajar largas noches y como es agosto va a ser bastante tranquilo, lo que me va a permitir trabajar en el montaje del korto por el día y escribir y leer en el trabajo. Genial. ¿Cómo he conseguido llegar a este punto? No termino de creérmelo.

Me estoy cayendo de sueño y espero descansar esta noche. Desde que he vuelto a tomar la medicación y a poner en práctica mis teorías neuropsicológicas mi mente navega sin cesar en Atlantis y me mantengo ensoñada de madrugada, y me dedico a examinar Arcadia y transitar por frecuencias creativas de alta tensión y gama variada. Tengo tantos planes, ganas y visiones de futuro que me mantengo despierta con lúcida lozanía mental.

No es exactamente hipomanía porque estoy centrada a pesar de la multiplicidad de paisajes creativos que se despliegan por mis hemisferios cerebrales. Si me surgen neuras intento racionalizarlas, he olvidado la necesidad innata de justificarme ante el resto del planeta y no tengo prisa por explorar mi potencial de espíritu.

Algo de hipomanía sí es porque he adelgazado, me encuentro fuerte pero exhausta al mismo tiempo y estoy manifestando una desconocida confianza en mí.

El Lamictal me ha sacado de la depresión rápidamente y ahora me siento resistente mentalmente para no permitir que la hipomanía me cruce los cables y chisporrotee excesiva electricidad estática. Ya veremos. Pero me voy a la cama ¡ya!

(Estoy leyendo, Resaca (Hank Over) y espero encontrar a mi quinta. Por lo tanto el 67, que fue un año mágico, figura lustrosamente como fecha de nacimiento de muchos de los autores y autoras.

Vuelta, adelante y supuestamente ilesa

He vuelto a escribir, he vuelto a comer, he vuelto a tomar medicación. He vuelto de Montreal y vuelvo a leer con mi third eye.

Mañana tengo un reto imperioso y descomunal. Empiezo a trabajar con un nuevo cliente y la situación me neurotiza por motivos varios y todavía por dilucidar. Voy a utilizar la escritura para esclarecer lo que me sucede en vez de narrarlo después que haya pasado.

Para entender en tiempo real lo está ocurriendo en mi subconsciente utilizando únicamente mi observación en vez de pasarlo fatal intentando justificar y encontrar motivos y explicaciones a algo que ha estallado después de terminado.

Como no tengo capacidad de síntesis más me vale fomentar mi tremenda capacidad de observación. Pero no me lo voy a pensar mucho: voy a producir, forjar, vomitar ideas, percepciones, visiones intuitivas sin volver a la frase anterior. Tengo mis pequeñas Moleskins a mano (he empezado otro paquete de cuatro, y esta vez no voy a regalar ninguna ...)

domingo, 3 de agosto de 2008

Hilvanando salidas

Esta vez el alba estrena colores y te extraña también. Rápida rauda y veloz, se impacienta ante el tránsito tiránico, pero repiquetea lentamente, a veces.

Leo y releo los ápices de retazos de mi pasado en mis escritos de adolescente. Intento encontrar la enorme diferencia entre la palabra escrita, el afán de contar, la visión interna, la memoria visual y olfativa fecunda y monumental de gama tan variada, y mi cálida cercanía con los sentimientos de la niñez, mi tremenda intuición al trasponer mis sentimientos imaginados, la intuición de mi edad adulta.

Y sin embargo mi crecimiento social no se desarrolló, más bien se obturó, se ofuscó, se encanijó y se redujo, y la entrecortada y encontrada relación entre lo vivido y lo imaginado siguieron rutas dispares en frecuencias opuestas.

Parecía que me sentía como dos personas diferentes: la real y la narradora. O que habitaba dos mundos: el mundanal y el literario. Sin embargo, ambos se nutrían mutuamente. El real se componía de miles de horas enfrascada en lecturas e imaginaciones, y el escrito era fiel reflejo de mi memoria en lontananza.

Mis obsesiones principales: el calor, el frío, la infancia, la juventud, protección, figuras paterna y materna fuertes pero algo ausentes. Con pocas miras de una futura intervención. Mechas maternales con vidas entrecruzadas y anhelos de cambio, movimiento, integración, individualismo. Madres que permiten refuerzos y protegen el potencial de sus hijos e hijas.

Nubes que se desplazan empujadas por los cambios de tiempo para abrir paso a los sueños infantiles, los pensamientos lúcidos, el transcurrir de largos tiempos en una descripición encapsulada en un segundo.

Sueños, visiones, relaciones de juventud, soldados desplazados, tierra de tonalidades siena, estilos literarios variables, diálogos fluidos y reveladores, un ego masculino donde las mujeres que aparecen son bellas y misteriosas; surgen en breves momentos y tienen una función dinamizante e integral.

Enamoramientos del saber, de profesoras/es - tiempo estirado hasta el paroxismo. Tiempo literario con la longitud del infantil y la memoria persistente en la retina adulta.

El profesorado - mujeres sabias, hombres confusos. El eterno femenino como una bebida referescante con briznas de aire fresco.

No había aprendido a negociar - pero sí a observar, recordar, apreciar, sentir acrecentado por la fisicalidad de los sentidos.

Influencias evidentes de narrativas europeas, introspectivas, íntimas. Ambientes cerrados pero completos. Fluidez latinoamericana. Despreocupación por el detalle, obsesión por la permanencia del sentimiento en el aire del ambiente.

Y repentinamente Londres, y vuelta completa - enfrentamiento con la vida, ignorando por completo la posibilidad de un trastorno neuropsicológico. la melancolía Dickensiana, solidaria, expresiva, plástica se transforma en una aberrante y abyecta depresión acorralante y de densidad con enorme fuerza G motriz, anímica que me hunde, me ahoga y me sepulta para adentrame en un vacío existencial.

No veo correlación entre el mundo exterio y el literario, y necesito adentrarme en el ensayo, en la mente más que en el aspecto literario y prácito de mi pensamiento.

Me vuelvo más inquisitiva, en constante búsqueda, con un egocentrismo extremo, examinando las posibilidades frustradas de mi vida en un ambiente que ya no recojo ni preservo con mi memoria y almacén literario.

Intento entender las mentes geniales. No entiendo la mía.

Vivo olvidando mis pensamientos - la memoria no resiste el empuje del mundo exterior. Experimento nuevas sensaciones, olores, sabores y sonidos que capturar la imaginación pero no me siento como que los comparto con nadie. Soy muy infeliz pero me enamoro constantemente. no me enamoro de mí sino de ellas.

Busco, descubro y puedo hacer tentativas exitosas y fallidas de alternativas del conocimiento. Me debilito y fortalezco a partes iguales. Me levanto contundentemente y me derrumbo de forma estrepitosa y dolorosa. Descubro la magia del exterior, participo de ella aunque mi interior ruge hambriento.

Mis gustos apreciativos visuales se transforman, experimentan, se desarrollan. Del recuerdo y la experiencia táctil a la borrachera visual y de formas recogidas por el vacío dentro de la coraza del viento. Descubro razas, sonrisas inimaginables y francamente bellas, nuevos sabores, increíbles experiencias, gente con tremenda curiosidad y un sentido de la justicia novel y esperanzador para mí. Más energía, más ansiedad, más velocidad, más híperactividad creativa propulsada por la acción, frustrado todo ello por la logística del proceso.

El inglés con su tremenda riqueza de conceptos y metodología. De hojas sueltas a cuadernos. De ambientes conocidos y cercanos a nuevos pero afines. El inglés: precisión, síntesis, humor, inteligencia brillantes, sonidos articulados sinfónicos y visuales.

El cansancio sin límites, la energía atómica, cine con las manos, con el pecho con el alma.

Ahora: la persona singular. Escribo en femenino. Llena de ideas y ansia por saber y aprender y experimentar. Espero acrecentar mi ansia de experiencias físicas, perceptuales, visuales y afectivas verdaderas. Potenciar mi memoria, mi creatividad, dulcificar mi olfato, tolerar las personas, percibirlas (sigo percibiendo pero no asimilio hasta que no creo). Y necesito reconciliarme con mi ambiente, salir a conquistarlo, perder el miedo al vacío social, salir y escribir lo que veo y sobre lo que veo.

Montreal: nombres y sombras. Antagonistas predominantemente masculinos en busca de ternura. Mujeres y niña bebé que me protegen con un aura nívea y luminosa.

Domingos por la mañana: lápiz en ristre y exposición para pensar. Libros en la mochila. Andar. A partir de hoy: cada cosa en su momento clave.

Palabras como ánforas, sonrisas como luceros, miradas como ráfagas. Verbal y viva. Despierta y reflexiva. Sutilmente vivaz . Hacia adelante pero en lateral. Sobresaliente, despilfarrando fantasía, remontando entradas, hilvanando salidas. Y muchos, muchos, muchísimos besos íntimos y escondidos.

viernes, 1 de agosto de 2008

Me he pasado todo el día ...

Estoy un poco envuelta en sopor, voy a proponerme firmemente trabajar en el corto por las mañanas ahora que tengo turno de tarde. Eso quiere decir ponerme las pilas y hacer avanzar la carraca. Me encanta que se me metan ideas como lechugas en la cabeza e ir trabajando en mi huerta narrativa, pero tengo que empezar a trabajar un poco mucho.

Tengo problemas para el desarrollo sostenido de esfuerzos de larga duración e intensidad. Me despisto con demasiada facilidad, como la niña fantasiosa que se pierde desligándose de la fila escolar. Es que en el fondo sigo buscando con afán el continuar enganchando la cadena de dopamina con novedades y oportunidades intelectuales y evito los tiempos muertos.

Es como si mi mente quisiera hacer listados de cosas que quiero y puedo hacer como el granero de la hormiga trabajadora para que cuando venga la crisis sepa por dónde tirar. Y las crisis han sido mis desfases y descoloques varios. Ahora mi reto es realmente el ponerme en marcha con un único proyecto y ver cómo evoluciona, con sus pasiones, estrecheces y pequeños empujones y despegues.

No me gusta llenarme la mente con un monotema pero no tengo más remedio que hacerlo y confiar que eso va a hacerme reencontrarme con esa maravillosa persona que soy yo misma. Con sus defectos, sus peculiaridades y su vital potencial.

Me he pasado todo el día hablando conmigo misma. Estoy satisfecha de haber pasado algo de tiempo trabajando en el corto, así no tengo que proponerme el hacerlo mañana. Lo mismo voy a irme a correr. Voy a correr y así no me voy a sentir con la culpa de haberlo dejado olvidado tantas semanas.

Mi padre está enfermo y no voy a ir a verlo al hospital. No quiero más rechazos, latigazos e humillaciones. La noticia de su enfermedad y su ingreso me ha enfadado porque una vez más tengo que detener mi vida por su culpa.

Han pasado unas horas y se ha aclarado el ambiente: lo siento por él.

Estas alteraciones del ánimo no me permiten situarme. Intento volver al estado anterior pero siento que he perdido las coordenadas que me asían. Supongo que hay potencial dentro de mí que no ha sido explorado. Tengo que seguir trabajando para detectar una progresión y continuar mi sueño. El sueño aletargado que me alberga es el de tener continuidad, creer en cierta logística de futuro y disfrutar del presente.

No debo perder nunca el contacto conmigo misma porque es lo que me mantiene fuerte y entera. Y depende de mí el hacerlo más verídico y sincero. No tengo que compararme con nadie ya que yo soy mi única medida comparativa.

Ahora que no estoy con nadie me imagino que mi futuro es tan poco imaginable como el hecho de estar algún día juntas. No me puedo imaginar para nada que alguna vez habrá alguien que quiera compartir su vida conmigo, comprenderme y quererme tal como soy. Cuando he estado más imaginativa y llena de alegría esta imagen se ha simplificado y parecía posible.

Lo único que tengo que hacer es confiar en mi capacidad de trabajo y mis facultades imaginativas. Cuando la vida sin mí se despeje debería permitirme gozar de la vida, por lo menos temporalmente . En esos momentos es cuando debería tener la capacidad de ir forjando las pequeñas rutinas cotidianas. Esas rutinas se decantan copiosas como de flor en flor y suspiran viables y tempraneras, son breves.

Me he deprimido un poquito a raíz de encontrarme un poco enferma y luego lo que ha pasado con mi padre. Cuando estoy en el trabajo me amarga escuchar lo activa que está la gente y lo estancada que estoy yo.

Vida a trazos. Limitada y poco hábil. Precintada con cinta pegajos e inane. Vida con los muelles internos destripados. Escenas mínimas, tensiones acumulativas.

Hay que distraerse y permitir que las locuras enquistadas embistan con el cierzo. Aligerar el denso lastre al que se rinde pleitesía y romper las cadenas de las sujeción y el desaliento. No se puede claudicar ante la osadía de las corrosiones mentales. Hay que erradicar la triste melancolía, la fuerza que empuja y te saca de las arenas movedizas.

He conseguido sumergir mis penas en una cortiina de humo y no las he visto delante mío durante unas horas porque he estado muy ocupada con el trabajo.

Echo de menos el verme en un ambiente ilustrado donde aprenda de mí misma un poco todos los días. Pero he decidido no utilizar mi tiempo en lamentar y rebobinando a mi pasado, niso proteger mi futuro.

Claro, no puedo pasarme demasiado tiempo pensando en el futuro: no me da para horas y horas, no soy una escritora futurista. Pero si quiero activarme y embarcarme en algo tnego que pensar en planes y proyectos de futuro que me ilusionen.

Ahora es cuadriculada

Tal vez tenga que tomarme este cambio de formato de Moleskin como un símil de mi nueva etapa en sostenido.

Porque ahora, gracias a la medicación y a una actitud generalizada y un plan de choque con un entendimiento profundo de la fracturación de mi mente, mi vida encuentra más apoyo.

Y lo mismo que mi escritura se apoya en estas cuadrículas mi mente está encontrando una guía pausada, unas líneas de actuación, un apoyo, un recodo para sostenerse mientras se aventura a expresarse en flor, sin la acuciante prensa de los ánimos fluctuantes, del salto y colisión en el vacío, del devorarse en los espacios oscuros de la mente, del resta y no suma, del Juan con miedo y más terrorífico de los abandonos.

Tal vez el miedo, la desolación, la angustia, la aniquilación de los sentidos, el aborto de las ilusiones y el destrozo sistemático de cualquier resto y ápice de creatividad positiva se conviertan en espectros del pasado.

Si fuera así sueño con volar, con expresarme, con estirarme, reflexionar, correr y tirarme sin la inexorable y consecuente decepción y el castigo a tanta osadía. Sin el rutinario empujón hacia arriba, que no hacia adelante, cuyo único fin era el coger impulso para un choque más estrepitoso, feroz y doloroso contra el abismo de la desesperanza y la confusión.

Sueño en sostener el dulce ánimo de la tranquilidad, la renovación, la exploración del potencial personal, la satisfacción del trabajo bien realizado, la chisparrateante felicidad del reencuentro con el ser ileso, la creatividad maravillante y la sorpresa continua que subyace en la motivación.

Entenderé los listados de conceptos, el hilvanar literario, la multiplicidad de sensaciones, ideas y realidades vivas de este mundo, las interpretaciones varias y las melodías entremezcladas en los clamores vitales.

Podré emprender y planear, conseguir, experimentar, maravillarme, transformar e interpretar la realidad, seguir pautas, inventármelas y acrecentar los sentidos amplificando exponencialmente mi capacidad de ver y sentir y crear magia con ello.

Esta mañana estaba con ánimo subido y muy en forma, aunque noto que mi energía estaba algo hinchada artificialmente. Y ahora de repente me ha dado un bajón físico algo fuerte y me he vuelto a quedar con la sensación de que cuando termino de trabajar no tengo dónde ir y me gustaría hacer algo especial. Sin embargo el viaje va a ser al fondo o trasfondo de mi mente, claro.

Hoy he aprendido lo que es el trabajo en equipo y creo que eso es muy importante. Me ha parecido ilusionante imaginar un buen equipo movilizado trabajando en mi peli. Pasará.

También me he dado cuenta de que cuando estoy físicamente agotada hasta mi lengua se resiente; arrastro las palabras y no vocalizo, es una especie de reacción neuro fisiológica.

Después me he pasado horas montando la peli y me he obligado a ordenar, precisar, cuestionar, harmonizar, priorizar durante horas. He estimulado mi memoria visual y ahora me gusta más el trabajo que he hecho. La capacidad de experimentar placer me ha aumentado, lo que es genial y muy importante para la comprensión y la motivación.

El dejar de tomar la medicación y volver a tomarla tras un periodo de crecimiento personal y profundización de mi concavidad cerebral ha tenido un efecto extraordinario e inesperado, ya que me ha hecho ser consciente de aquéllo a lo que puedo aspirar. La medida de mi inteligencia, la importancia de la comprensión, el estar en conexión con el ego, el investigar los sentimientos y sus rodamientos.

Ahora estoy intentando entender el por qué me llevé un disgusto tan fuerte al trabajar en el CAU de este cliente. Por un lado no me interesaba mucho el aprender el funcionamiento de ese sitio, no tenía suficiente motivación para aprenderlo, la energía en ese sitio no permitía efecto de rebote, humor, inteligencia aplicada. Y al no tener estímulo directo no podía experimentar satisfacción.

Lo bueno es que voy a tener dos horas para ir a El Retiro y leer mis libros si trabajo durante el día. Esto me permitirá aventurarme a una buena hora en las posibilidades de mi mente.

Durante estos meses está claro que voy a tener que encerrarme un poco en casa. Podría ir a alguna exhibición y utilizar la audio guía para adentrarme más. Aunque me va a costar salir de casa, con lo súper seta que soy. Pero bueno, lo voy a intentar. Quiero hacer un esfuerzo y entrar en librerías de segunda mano y desensivilizarme del polvo de libro, porque es algo que no me puedo permitir. Al igual (ensoñándome ...) tengo que aprender a pasar tiempo conmigo misma. La verdad es que lo estoy pasando bastante bien últimamente.

El trabajo que tengo me permite utilizar mis dotes de observación en el "mundo real". Y no tiene excesiva responsabilidad, lo que me libera del (posible) estrés. Ha sido una decisión sabia, además me ayuda a extrapolar mi experiencia de tranquilidad a otros ámbitos de la vida.

No me atrevo a aventurar lo que va a pasar con el trabajo en el CAU éste. Creo que voy a estar bien. Vamos a ver qué pasa el lunes.

Podría quedarme leyendo pero voy a dormir. Tengo la increíble motivación de que mañana voy a encontrarme mejor al tomar el Lamictal.