Estoy hecha polvo. Estoy mal. Terriblemente mal. No encuentro la manera de salir de aquí. Y no quiero que sea tomando Lamictal ni ninguna otra medicina. En eso por lo menos puedo ser yo misma. Llevo dos años dando tumbos, sin dirección, sin pasión. Y me duele mucho. Estoy intentando calmarme, estar un poco tranquila.
Quiero salir de esta situación, de este estado, de esta ratonera. Estoy harta de tomar medicinas y de probar cosas nuevas. Estoy harta de esta enfermedad. Quiero salir. Quiero vivir tranquila. Quiero vivir sin dolor, sin miedo.
Estoy luchando sola, y fingiendo para que no me hagan más daño, para no preocupar a nadie. I.B. sabe un poco lo que está sucediendo, es la única persona a quien he abierto mi corazón.
He sacado todo aquello que estaba escondido y lo he mirado a la cara. Mis miedos, mis fracasos, los riesgos que corro, y los estoy mirando y examinando en profundidad. Es suficiente.
Si pudiera levantarme un día y darme cuenta de que todo aquello que me preocupa no importa. De que nunca estaré sola. Sé que siempre voy a tener a Olga. Es mi pareja, y, quiera o no, mi salvación.
Estoy en un momento muy agrio, muy duro, muy difícil. Creo que uno de los más difíciles. Espero que todo vaya bien. Realmente lo espero. No habría futuro para mí si no fueran a mejorar las cosas.
Las cosas tienen que mejorar. Tengo que trabajar en un plan de acción. Un plan en el que no se tenga miedo a nada. Vivo en el filo del miedo, es fundamental aprender a perderlo. Si me deshago del miedo tal vez pueda vivir. Tal vez sea ése mi mayor problema. El miedo. El miedo. Pero tengo que perderlo. Perder el miedo, extraviarlo, abandonarlo a su suerte. Pensar que todo lo malo ya ha pasado, o ya lo he imaginado. Es el miedo. Hay que perderlo. Luchar contra él.
Y después del miedo está el silencio. Contra el que también luchar. El silencio del gris, de la falta de luz y tonalidad. El silencio que te quema. Que te impide respirar hondo. Que desconecta la vista de la alegría.
Contra el silencio y el miedo se tiene la memoria. La capacidad de imaginarte las cosas como debieran ser, y luchar para que sean así. Porque vale la pena luchar. Aunque lo parezca, la ilusión no se ha perdido. Estoy luchando contra la ilusión. Ése es el problema. La ilusión de hacer cosas a mi manera.
Voy a encontrar nuevas maneras de hacer las cosas aplicando mayor flexibilidad. Tal vez estar en Madrid me pueda enseñar esto.