jueves, 24 de febrero de 2011

Aquí

No quiero escribir porque tengo miedo de poner cosas tristes y depresivas, y eso no va a ayudar.


No tengo comida, pero no quiero ir a comprar nada. Voy a ver alguna película. Me llamará I.B. para decirme cuándo tiene tiempo libre y probablemente me tome algo con ella y esté con mami un rato. No sé. Ya veremos.


Quiero cambiar las cosas pero no voy a tomar pastillas. Estoy luchando contra un nivel medio de ansiedad. Voy a intentar no sufrir por ello. 

miércoles, 23 de febrero de 2011

Hoy


Otro día con un diseño parecido. Sin saber muy bien cómo he llegado hasta aquí. No quiero que nadie lea esto, me avergüenzo profundamente. Pero necesito hablarme para entender lo que está pasando.

Parte de lo que sucede no es real. Es una distorsión de la mente, aunque se siente de forma muy real. Eso es súper extraño. Y luego hay elementos dispersos que sí tienen significado y que conforman la creación de un marco. Son los miedos y las incógnitas.

No tengo muchas ganas de escribir hoy, aunque me gustaría poder hacerlo. Estoy sumida en el sickness behaviour, y me gustaría saber cuánto tiempo va a durar. Por ahora son más de dos meses, es una barbaridad.

Noto cómo lo que he leído y pensado llena mi mente de colorido. Lo visual y lo intelectual me impresionan mucho. Tengo una mente volátil. Hoy no puedo pensar mucho. De repente se me ha levantado dolor de cabeza. Voy a intentar seguir luego. 

jueves, 17 de febrero de 2011

Ligera

Me gustaría sentirme ligera, liviana. Saltar ligera, moverme liviana. Olvidarme de los objetos que se acumulan alrededor de mis costillas, que me atormentan por haberles dejado de lado con sus exigencias y sus mandatos en suspenso. 


Me gustaría sentirme ligera con la ropa puesta, ligera por dentro y por fuera, para moverme con mis pies descalzos en mis vaqueros pegados a mi cuerpo pero sin aplastarme. Ligera con la cara mía, sin que me martirice su peso. Ligera con mi boca con sabor a agua fresca. Ligera entrando y saliendo, llevando ideas y más ideas entre manos. 


Ligera aquí dentro respirando recovecos y viendo sus posibilidades. Ligera al soñar el futuro, sin miedo ni angustia.


Ligera y libre. 


Ligera de una vez, de forma continua. Hacia adelante, ligera. Con las manos y la cabeza, y el cuerpo ligeros. sin pedir perdón ni disculpas, ligera. Respirando cientos de miles de ideas y llamadas de atención. 


Ligera sin frío y sin miedo. Avistando imágenes de la realidad escondida tras las sombras. 


Son ráfagas de aire fresco que no congela. Son llamadas de atención. Son fuerzas imperecederas que a veces se mantienen al margen. Son empujones, trasquilones, incendios en receptores milimétricos. 


Son ciertos olores que te reciben impertérritos y te desbrozan, desbaratan, te inhalan y cierran puertas. De ellos me retiro. No sé de cuánto tiempo dispongo para enfrentarme a ellos y ganar la batalla. 


Los primeros enemigos son relativamente pequeños, se recogen y asientan en sus propias sombras. Pero había decidido a movilizarme sin miedo. 


Vuelvo a pensar en sentirme libre y ligera. Con el poder de respirar sabiendo que cuanto más profundo respire más podré luchar contra la tensión. 

Adelante



Me levanto con el motor de la ansiedad virando mi ritmo cardíaco. Decido tener un día tranquilo, y no voy a tomarme ningún estimulante. Voy a dejar el SAMe, aunque hace apenas unos días que he comenzado a tomarlo. Seguramente el mío es un comportamiento errático y no le estoy dando suficiente tiempo para que funcione, pero creo que el que asome la pezuña la ansiedad no es bueno. 


Así que de nuevo estoy sin tratamiento de ningún tipo. Me he comprado el aceite de pescado, eso sí, y no cabe duda de que es bueno para mí. También tengo el cromo, pero no me acuerdo ni de desenroscar el botecillo. Estoy viviendo la noche oscura del alma y no tengo ayuda. 


Voy a intentar simplemente estar tranquila, reposar y no darle mucha importancia a las cosas duras. 


Ya se me ocurrirá algo. 

miércoles, 16 de febrero de 2011

El miedo



Estoy hecha polvo. Estoy mal. Terriblemente mal. No encuentro la manera de salir de aquí. Y no quiero que sea tomando Lamictal ni ninguna otra medicina. En eso por lo menos puedo ser yo misma. Llevo dos años dando tumbos, sin dirección, sin pasión. Y me duele mucho. Estoy intentando calmarme, estar un poco tranquila. 

Quiero salir de esta situación, de este estado, de esta ratonera. Estoy harta de tomar medicinas y de probar cosas nuevas. Estoy harta de esta enfermedad. Quiero salir. Quiero vivir tranquila. Quiero vivir sin dolor, sin miedo. 

Estoy luchando sola, y fingiendo para que no me hagan más daño, para no preocupar a nadie. I.B. sabe un poco lo que está sucediendo, es la única persona a quien he abierto mi corazón. 

He sacado todo aquello que estaba escondido y lo he mirado a la cara. Mis miedos, mis fracasos, los riesgos que corro, y los estoy mirando y examinando en profundidad. Es suficiente. 

Si pudiera levantarme un día y darme cuenta de que todo aquello que me preocupa no importa. De que nunca estaré sola. Sé que siempre voy a tener a Olga. Es mi pareja, y, quiera o no, mi salvación. 

Estoy en un momento muy agrio, muy duro, muy difícil. Creo que uno de los más difíciles. Espero que todo vaya bien. Realmente lo espero. No habría futuro para mí si no fueran a mejorar las cosas. 

Las cosas tienen que mejorar. Tengo que trabajar en un plan de acción. Un plan en el que no se tenga miedo a nada. Vivo en el filo del miedo, es fundamental aprender a perderlo. Si me deshago del miedo tal vez pueda vivir. Tal vez sea ése mi mayor problema. El miedo. El miedo. Pero tengo que perderlo. Perder el miedo, extraviarlo, abandonarlo a su suerte. Pensar que todo lo malo ya ha pasado, o ya lo he imaginado. Es el miedo. Hay que perderlo. Luchar contra él. 

Y después del miedo está el silencio. Contra el que también luchar. El silencio del gris, de la falta de luz y tonalidad. El silencio que te quema. Que te impide respirar hondo. Que desconecta la vista de la alegría. 

Contra el silencio y el miedo se tiene la memoria. La capacidad de imaginarte las cosas como debieran ser, y luchar para que sean así. Porque vale la pena luchar. Aunque lo parezca, la ilusión no se ha perdido. Estoy luchando contra la ilusión. Ése es el problema. La ilusión de hacer cosas a mi manera. 

Voy a encontrar nuevas maneras de hacer las cosas aplicando mayor flexibilidad. Tal vez estar en Madrid me pueda enseñar esto.