jueves, 31 de octubre de 2013
Oh, well, yes ... that ...
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Aquí escribo sobre ... English
miércoles, 30 de octubre de 2013
Y él
corre hacia mí y me abraza de forma especial desde entonces.
Y dentro, con mi hermano, estaban los dibujos de mi sobrinita, de mi sobrino, su reloj, uno de los muñequitos preferidos de mi sobrinita bebé (su mapache) que quería dar a mi hermano para la eternidad, aunque tampoco nadie le había dicho nada. Su hermano pequeño le había afeitado la noche anterior en el tanatorio, le había vestido con su amigo alcohólico, le había velado. Volvió a decirme algo horrible mientras recogíamos las cosas en el hospital, cuando nadie escuchaba, le evité como a la peste, porque es como la rabia, está rabioso como el perro endemoniado de las leyendas, pero perdió a su adorado hermano mayor a quien cuidó durante años. Yo le tuve que evitar, y, como con mi padre, mancilló mi experiencia única, arreció en su cizaña, su lengua de víbora ardiente y venenosa, intentó contaminar mi amor por ellos con su basura. Llevé a dos amigos para que me hicieran de escuderos, no se atrevió a acercarse, y ellos no se
separaron de mí con sus cuerpos masculinos de Caballeros de la Mesa Redonda. Todo el mundo pensó que mi querido amigo N., de casi dos metros de altura, era mi novio. Le pedí al cura del responso en el tanatorio que no hablara del regocijo de la vida eterna, le tiré del brazo y le obligué a consolar a mi madre que estaba sentada en una butaquita, hundida, pequeñak,<. Se acercó a ella, le cogió la mano y le dijo que ella estaba más cerca de Dios que él mismo por haber cuidado a mi hermano durante tantos años.
En el entierro el cura era negro, se llamaba Dimitri, tenía la misma tez que mi padre, su acento francés. Me alivió con el calor de vino de su voz.
Cuando mi hermano estaba en el hospital todo el mundo vino a verle, y fue precioso. Mi prima pequeña me sorprendió. Venía por la tarde, a la hora de comer, por la noche de repente aparecía. Me ha abrazado al verme llorar, vio a mi hermano tener alucinaciones, reírse, cantar el Teherán, Teherán de Pepi, Luci, Bom, dar sus grititos al ver las pelis de Almodóvar que le llevé, mariconeando a rebosar con su enfermera A. que era su novia en el hospital, mandarme a la porra de forma que le oía toda la planta. De todo. Dejaba a las tres niñas y venía a ver y a abrazar a su primo. Le dio la comida pacientemente, le sujetó la bacinilla del pis, la limpió cuando yo fui a comer furtivamente al restaurante.
Yo dormía allí por la noche y hacía maratones de catorce, quince horas. Llegaba alucinada a casa después de deambular por trenes de cercanías, metros, calles ajenas, cercanas, y a veces no me dormía hasta la siete de la tarde.
Algunas noches me leía un libro casi entero a la luz del quicio de la puerta, cuando la planta estaba casi a oscuras, pero intentaba aprovecharme de la luz del control de enfermería de enfrente, intentando que no le alcanzara a la cama de mi hermano. Otras veces tenía que recolocarle el oxígeno varias veces por minuto, ha llegado a ser hasta seis horas seguidas, porque se agobiaba tanto que se lo estaba quitando constantemente a manotazos continuos, y cada vez le decía, como un mantra: "Tranquilo. Es necesario. No te la quites, venga, venga." O: "Noooo, ¡no!" Me miraba entre sueños, alucinaciones y borracheras de oxígeno. Tenía noches de espanto en las que se ahogaba y yo movilizaba a todo el control de enfermería de madrugada. La peor hora era las cuatro de la mañana. La Hyène deambulaba traicionera y despierta. Mis noches en el hospital, como con las de mi padre en las que me llevé el pijama y el edredón, aunque con mi hermano no dormí nunca a pesar de darme a veces bajones espectaculares, se convirtieron en algo orgánico, táctil, y los cinco sentidos estaban en ello. Sabía cuando se quitaba la máscara del oxígeno porque escuchaba el matiz del cambio del rugido de la salida, y me he llegado a levantar cientos de veces. Ha sido intenso, agotador, precioso.
Le he olido, le he tocado todas las partes del cuerpo, le he limpiado íntegramente, y él me ha dejado. Le he apoyado en su rebeldía, le he convencido en situaciones durísimas de que aceptara los procedimientos médicos que le aplicaban, he visto gotear durante horas la quimioterapia que le quemaba la piel. He visto cómo le pinchaban seis veces por no encontrar la vena, lo he visto todo. Le he visto morir, le he salvado muchas veces, y él me ha salvado a mí. Mi hermana pequeña también estuvo allí sola y llamó y rescató su vida cuando hubo que reanimarlo en una ocasión tras darse cuenta, entre la ceguera que te inocula la Hyène para narcotizarte, de que algo no iba bien. Lo supe instintivamente. Son cosas mágicas, telúricas, impensables con la mente, transparentes al corazón.
Mi madre ha chillado al teléfono como un grito primario, de tigresa herida, traspasando el umbral de la desesperación, del dolor cuando la he llamado en esas ocasiones que igual que con mi padre en las que también llamaba a mi hermana a cualquier hora de la madrugada, y ellas venían, siempre venían. Mi hermana dejaba a su niña bebé y a mi sobrino durmiendo a cargo de su padre, y venía. Me imaginaba sus trayectos a la carrera por las carreteras vacías de oscuridad brillante. ¿Qué pensaría durante la tensa espera del viaje? He visto la serenidad de madre tanto de mi hermana como de mi madre.
He dormido en la cama de mi madre durante meses, la he visto aparecer a cualquier hora de la madrugada para ver a su hijo, dormir dos horas y estar con él en los otros turnos machacándose la espalda con la horrible silla de visitas, siempre pensativa, siempre dulce, siempre toda manos, caricias, renovando apósitos, cuidando de las mudas de la cama, a veces apocada, otras indignada, siempre luchando una batalla campal con el equipo médico, otras recibiendo el apoyo solidario de enfermería, de algunas auxiliares que adoraban a mi hermano y le cuidaban como a un niño. "No, no te voy a dar tabaco. ¿Cómo está mi niño? ¿Cómo está mi amigo del alma?", decían. La auxiliar de limpieza, una mujer de pelo eléctrico teñido de pelirroja le hablaba como si le conociera de toda la vida, toda poderío de voz despachada, con su cuerpo grueso, sus manos gruesas, su corazón enorme.
He visto a mi tía tratarle con un cariño inimaginable, inimaginable, de los que aprendes porque nunca has visto algo igual. He visto a mi tío mirarle con una ternura infinita. A mi otra tía perdiendo a su amigo que le acompañaba a recitar sus poesías en los centros de mayores, que fue a comer a su casa todos los jueves durante los últimos veinticinco años.
Al oler la piel de mi hermano me encantó que siempre rezumaba a dulce, a masculino, a beldad; la he rozado, la he ansiado, he querido al vello de sus brazos, la melanina que comparto de su piel; he visto cómo a su cara le rondaba la muerte, cómo se alejaba, cómo cuando ya había muerto se convirtió en la estatua más bella que has visto nunca, nunca. He visto a su amiga, una chica sencilla y buena que le adoraba (esquizofrénica también), que le paseaba cuando ya necesitaba la silla de ruedas, cómplice en sus travesuras, sus líos, la he visto llorar de desesperación y pérdida al ver a su amigo tumbado en un banco de piedra liso, muerto, precioso, digno. La he abrazado mientras sollozaba, porque su dolor era el mío pero en ese momento me sorprendió, pero era lógico consolarla a ella; he enlazado su cintura con el brazo mientras sentadas le mirábamos durante largos, largos minutos.
Ella me vio en la calle hacía unos días, después de salir del metro de Islas Filipinas aunque había entrado antes porque iba a ver a mi hermano, pero mi hermana me llamó al móvil para venir a recogerme mientras estaba a punto de comprar el billete, y salí del metro porque habían dicho que mi hermano iba a entrar en paliativos; nos negamos rotundamente, mi madre se revolvió como una leona, el equipo siniestro de paliativos se echó hacia atrás con pánico en los ojos. Mi hermano vivió luego casi una semana más, consciente, despidiéndose. Yo llamé al cura amigo de mi padre del hospital durante más de cincuenta años, donde mi padre era cardiólogo y él, sacerdote residente, porque sabía que mi hermano era religioso aunque ni mi madre ni mi hermana lo somos. Mi hermano le rechazó al principio volviéndole la cara hacia la ventana, reflejando miedo, ahuyentándole, con desprecio, y rechazo a la vez, con un chasquido de la lengua en señal de disgusto. Pero una vez solos él habló de su ángel de la guarda, el que él creía desde pequeño ver a su lado protegiéndole, aunque en esa fase, postrado en la cama, casi no podía pronunciar una palabra; y al volver mi tía y yo a la habitación tras avisarnos el sacerdote, él estaba en paz, y rezó por mi madre, nosotras con él, y su sacerdote suavemente sujetándole la mano; no sé si pensando en su muerte o en su recuperación, supongo que ambas cosas.
Mi hermana corría para recogerme en el coche. Yo estaba ahí, en la calle, esperándola, con la mente galopando, algo vacante, mirando al mundo sin comprender nada, sin querer nada. Y al ver a la amiga de mi hermano, y ella preguntarme por él, rompí a llorar como nunca he llorado, en hipos chirriantes y dolor histérico, desconsolado, disparado por un resorte inequívoco, y ella me abrazó delante de todo el mundo que se paraba sin querer entender qué pasaba, y me consoló. Luego vino mi hermana con el coche casi derrapando y salimos disparadas al hospital.
La Hyène, la muerte, que ha sido también ver cómo me moría yo, cómo se morían en mí tantas cosas que ya no quiero y otras que echaré de menos y que me ha arrancado, ver cómo crecen nuevos sentimientos, nuevos pensamientos, me lleva hacia una Ítaca nueva, deslumbrante, cierta, extraña, ajena y cercana a la vez. Embarcada entre sentimientos de pérdida, a la espera de lucidez, todavía atravesada por el dolor, en busca de esa luz que quiero compartir con mi hermano en mi corazón.
La muerte me ha despertado del sueño de la vida. Como Segismundo, pensaba que la vida era un sueño, y el sueño era esta vida.
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Viajes
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martes, 29 de octubre de 2013
Así
Ahora todavía me quedan horas para escribir, para leer, para acompañar a mi madre. No es mucho tiempo, pero antes de salir de aquí quería escribir un poco. El otro día pensaba que empezaba una nueva era en mi escritura, en mi vida, bueno, todas estas nuevas eras empiezan sin gong y a veces algo deslucidas tras el fuego entusiasmado inicial, pero no dejan de ser los comienzos de nuevas eras. Está bien, no me preocupa.
Escribir con dolor de cabeza no debe ser tan divertido como escribir borracha. No sé lo que es escribir borracha. Como veo que ya van dos semanas y que a lo mejor transcurrirán meses antes de que se me quite, voy a tener que acostumbrarme a tenerlo. No quiero llamarle migraña porque me da miedo esta palabra. Pero es más bien una migraña persistente neurológica sistémica central. Seguro que lo es.
Al teclear puedo sentir el eco del tecleo en mi cráneo. Sé que escribo peor porque no me puedo concentrar. Voy a tener que describir el dolor, pero creo que lo haré luego. Ahora sería demasiado. No me puedo tomar otro café, no dormiría, pero cuando me lo tomé esta tarde tendría que haber escrito, se me pasó bastante, pero no escribí, vaya por Dios. Mañana me aseguraré que así sea. Tengo que escribir también cuando haya un clarete, cuando tenga entendimiento. Los dolores de cabeza te quitan el entendimiento.
Me he puesto gafas de lectura por primera vez, seguro que eso no ayuda. Me acuesto muy tarde, seguro que esto no ayuda. Estoy haciendo cosas que sí ayudan, pero pierdo la esperanza con facilidad y luego vuelvo a encontrarla. Es así.
Hoy las cosas son así.
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lunes, 28 de octubre de 2013
Piensas
Todas las familias infelices son infelices a su manera. Todas las mañanas extrañas son extrañas a su manera.
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domingo, 27 de octubre de 2013
Imágenes
Tengo su gorra de béisbol azul del Chicago. Verla así, sobre mi mesa, no ayuda a recordar lo alto que era él y cómo esta gorra coronaba su fina cabeza rapada. Pienso mucho en él, sobre aquel día que subió para darnos las flores a mi madre y a mí, sonriente como un niño, con la visera cayéndosele casi al nivel de las cejas; se había afeitado la cabeza hacía una semana y los alfileres de pelo recio que habían crecido apenas podían sujetarla en su sitio, parecía. Compartió con nosotras un arranque de frescura, de sensibilidad y de risa. Mi recuerdo se fija en el momento en el que le abrí la puerta y le vi ahí, frágil, luchando contra su enfermedad, rebulléndose, zafándose de ella, con su cuerpo largo y ligero, como siempre encaramándose al suelo desde arriba.
Tengo esa imagen y también la de cuando se convirtió en el hombre elefante con la máscara de oxígeno que llevaba permanentemente en el hospital, y esa noche que se ahogaba y yo llamé al control de enfermería, y nos sentamos los dos en el borde de la cama mientras le hacían el electro y le administraban sueros y aerosoles. Yo le tenía enlazado por la cintura con mi brazo para que se sintiera seguro y no se cayera; estábamos juntos cuerpo con cuerpo, y él, no sé si sorprendido o tierno, me miró durante unos segundos mientras yo le sonreía.
Mi siguiente imagen fue verle muerto cuando después de haberme pasado toda la noche con él, y que mi madre apareciera a las tres de la mañana y me acompañara, volví de haberme comprado una botella de agua de la máquina, y mi madre y mi tía intentando explicarme torpemente lo que había pasado durante esos cuatro minutos escasos. Yo salí corriendo y arranqué a la gente de enfermería del control para que acudieran a su lado y le reanimaran con el equipo del carro que habían subido a planta el día anterior especialmente para él.
Después de eso me acuerdo de cuando nos dijeron que había muerto y que no habían podido hacer nada, y entramos en la habitación como una tromba. Mi tía le puso la sabanita sobre la boca porque la tenía abierta y la barbilla le colgaba sobre el pecho, una boca seca por el oxígeno, ausente, donde no se le veían esos labios preciosos y carnosos de estatua griega, donde un triángulo de oscuridad nos permitía ver el final de su vida dentro de su cuerpo.
Más tarde, en el sótano del hospital estábamos sentadas mi hermana y yo, y él tumbado allí, con su cara preciosísima; tenía la boca cerrada y sus labios habían vuelto a ser como eran. Le acaricié el cuello y todavía lo tenía caliente. Era la mejor manera de decirnos adiós, con sus ojos cerrados y las cejas y pestañas de grafito, sus facciones esculpidas, su barba de dos días férrea dibujando los trazos perfectos de su cara. Era bello.
Era su adiós. Una imagen que se te graba en el alma en tres dimensiones, que te da fortaleza. Saber que él estaba ahí, con nosotras, en esos últimos momentos en los que todavía podíamos estar con él, acariciarle, besarle, despedirnos. Fue un momento que ni la muerte pudo arrebatarnos.
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Día 2
Y si tengo que saber lo que está pasando hoy, soy consciente de que tengo la crónica de ayer para contextualizarlo, y puedo pensar en lo que me gustaría hacer con el resto del día, o tal vez meditar sin irritarme ni culparme lo que me hubiera gustado hacer si hubiera tenido mayor capacidad para decidirlo, más fluidez, más libertad, incluso.
Ahora, teniendo en cuenta todo esto, puedo sopesar con mayor claridad y profundidad lo que siento sobre este día en este preciso momento. Es una sensación blanda, de molicie; como había dicho, desdibujada; con una cierta reprobación y sensación de fracaso por no haber levantado el día desde la primera hora de la mañana, pero también me siento bien por la serenidad que me ofrece el poder situarme con agilidad, con voluntad.
Se me pasan por la cabeza decenas de pensamientos sin paracaídas, proyectiles que se desintegrarán con el contacto con la atmósfera cuando no hayan sido percibidos y salgan fuera de su órbita, pequeños arrepentimientos, fuegos fatuos sin excesiva relevancia.
Mis planes para hoy no están regidos por tanta energía como los pasos que llevé a cabo ayer. Parece que quemo mis cartuchos de dinamismo y al día siguiente me retiro un poco a reciclar mi energía. Quería escribir esto y también quiero leer mucho para apartar la mente del presente, o para prender las historias e ideas de la vida de Virginia Woolf en mis apreciaciones de ahora, mi juicio de lo que pasó entonces con el filtro de mi pensamiento actual. Me gustaría definir esto más en detalle, pero no lo quiero hacer de forma literal. Creo que habrá más oportunidades de hacerlo de manera lírica en un futuro temprano.
A veces no me quiero aventurar a hablar de las cosas cuando no están debidamente cuajadas en el aire o despegadas de la matriz que las genera. Mis últimas lecturas tienen una importancia radical en mi escritura, incluso en mi manera de ver el mundo, y desde luego en la forma en la que me veo a mí misma ahora y en el futuro.
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Mañana
Desde hace algo de tiempo, y no me canso de decírmelo a mí misma y de escribirlo aquí, me siento con la necesidad de escribir más tiempo, y en vez de eso me dedico a leer. Creo que tengo que convertirme en esa escritora que dedica un número de horas decente a escribir diariamente, y ahora recuerdo que ha habido muchas ocasiones y muchos días en los que la mayoría de las horas del día me las he pasado escribiendo. La escritura es el bosque de papel en el que me adentro y me siento cómoda. A veces no sé si es bueno o no el forzarme a escribir, el pensar que debería estar más tiempo, pero algo me dice que tengo que leer lo que estoy leyendo porque ello me va a hacer ver las posibilidades futuras que tengo de escribir como debiera hacerlo. Si sigo leyendo a V. Woolf y a las escritoras clásicas y a esos hombres que tenían la decencia de expresarlo todo y de darlo todo por expresarlo todo, podré encontrar más rápido los límites de mi escritura y sobrepasarlos. Noto que lo que estoy leyendo últimamente va a hacerlos tambalearse muy pronto y dar salida a un nuevo camino de expresión. Todas las semanas creo un ritmo nuevo, un tema nuevo, una veta nueva en mi trabajo, pero ahora la lectura se está convirtiendo en una fuerza dinámica que me está permitiendo encontrar más señas de identidad, más posibilidades, revelaciones, introspecciones.
Últimamente tengo que trabajar duro para entenderme, pero creo que es porque intento ser sincera, honesta conmigo misma, revelar mi potencial, y yo me presiono a mí misma. Por eso tengo que entender que lo mismo que si fuera atleta entrenaría todos los días y parte de ese tiempo sería calentamiento para sentir las piernas, lo que tengo que hacer es escribir, simplemente, para reforzar el instinto. También me estoy traicionando y no estoy escribiendo tanto por las mañanas. La mañana se llena haciendo todo tipo de cosas, y es verdad que a veces no puedo evitarlo, pero otras veces sí debería forzar la situación para dejar lo que haya que dejar para luego y permitir que mis primeros pensamientos y savia de origen se plasmen en mi escritura. Es cierto que ahora no me levanto y estoy sola, y esto me hace difícil el concentrarme y encontrarme, asirme a la identidad que construyo para mí cada día.
Estoy orgullosa del trabajo que pongo en mi escritura, y no me dedico a machacarme la moral pensando en que debería hacer las cosas mejor, pero a veces no sabes si deberías apretar o aflojar el ritmo para finalmente conseguir lo mismo, lo que quieres conseguir.
Hoy estaba pensando que no me extraña que la gente quiera estar enamorada, menudo chute de endorfinas y de inspiración gratis. No quiero ser cínica, pero no quiero ser de esas personas que necesitan estar enamoradas para poder trabajar; aunque creo que no lo soy. Pero tampoco me gustaría pensar que trabajaría mejor de estarlo, porque eso no deja de crear una necesidad.
A veces me sorprende lo prosaica que puedo llegar a ser, la forma en que puedo escribir algo sin el menor estilo ni atractivo, pero el mero hecho de publicar lo que pienso es una manera de darme a mí misma respeto. Porque lo que escribo en mi blog no dejan de ser retales, trozos de mí que alumbro a mi mundo exterior, que me permiten verme al verlos a ellos, y esto que me estoy diciendo es exactamente lo mismo.
Ahora voy a dormir y espero que mañana se haya introducido en mi sueño y en mi futuro un humo fino e inteligente que dote a mi día de mayor sentido, que me organice las ideas, las expectativas de mí misma, que me sitúe mejor en el panorama. Esto es lo que quiero. Creo que tal vez hoy haya llegado al final de un pequeño ciclo, y tengo la impresión de que mañana empieza otro. Pero claro, sólo podré describirlo cuando me ponga a escribir por la mañana.
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sábado, 26 de octubre de 2013
Words
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And yet
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viernes, 25 de octubre de 2013
Passenger of time
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Sueños
Me gustaría acordarme de todos los sueños, apoderarme de todas las ansias. Saber que los contornos de la aurora boreal son míos, el cénit del solsticio, la sensualidad de la luna llena, el trayecto de la noche durante los meses de alboradas acalladas y bocanadas de oscuridad anhelante.
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Stimuli
Barren. Wishing to, wishing well.
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Poetry
The time left in which to poise questions that twinkle at words so utterly thin they contain it all.
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jueves, 24 de octubre de 2013
Influx
The morning is short, as always, and it is a challenge to produce enough material to offload the night spasms. Everything is still forming, like an embryo, and I would love to grasp images with my bare hands and turn them rightfully mine. I know I should throw myself into narrating, but I need more entrainment and less fogginess in my starts.
I have turned some of my childhood memories into song, but I'm not so sure of revisiting now that my anchors are gone. I need to reside in my past recalls again and bare witness of the nights and days, specially the days, and play with the light that once bounced on my cot, and the thin curtains that filtered it through the window panes of my room, and undo the harm done and swill by the joy that still belongs. For now, it will all stay there, still, anxiously wanting, pending into memory like the foam that simmers on top of the waves that ebb and break against the beach's sand. And I don't remember the beach, because I hardly visited it, and I didn't need the beach because I had the balcony, the smell of the iron railings that stopped us from falling down unto the street, the ardent tanned tiles burning under the sun, and the scent in the air of my mother's sunbathing cream, the basket freshness with all her oils and towels and scarves, and her with us spending the summer afternoons absorbing the sun rays as sweet caramel over her skin.
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miércoles, 23 de octubre de 2013
Utterly so
In the echoes of the night you miss those nursery rhymes that were never sung to you. Just three meters ahead the corridor of shallow land. Impervious.
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Wanting
It's a tide of reason, of beautiful leafiness, and your eyes see it all, become all. And it's like beginning everything again because you are (sub)merging in this new language of retractile spaces and pensive stops, and turning the page with your mind in suspension, afloat, delightfully expecting. The breaks are so fertile and powerful that your imagination is doubly fired by this reality already once lived when your young self first apprehended the vocabulary, the poetry, the telling. You do remember that gathering of new feelings, of slants of creased meaning, that time when you first met the blind spots of the intellect and the novel and enticing shades and beams of light in the scenery of your mind.
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Soon
You will find so many fertile fields to carefully caress with your bare feet, as if recollecting musings from the grass dew. You will then run across in ravishing and urgent spells, and then feel that you are free and so wanted.
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martes, 22 de octubre de 2013
Embryo
Chiselling raw matter into a distilled three dimensional uniqueness, part of a whole that keeps morphing. That is a small step towards proper gazing, towards seeking the time when what we thought was true, wild and rapturous.
That's me, completely inwards, only tainted by others' inwardness, and yet not willing to share more than a small part of mine. Sharing as in showing, negotiating, adding salt to others' ruminations. Time is of the essence.
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La playa
Antes dolía y ahora escuece. El dolor no es más potente que el escozor, simplemente te mantiene pendiente y exhibe el precipicio detrás del acantilado del que cuelga ese sentimiento, esa emoción que purga en silencio, que intenta encaramarse de nuevo a tu conciencia, que desde la pérdida intenta tu reconstrucción.
El escozor es la oscuridad, es el sentir de los restos de la presencia, es la ausencia y aquella angustia enmascarada de arena que araña tus sienes y te provoca esta migraña continua. Es la falta de perspectiva y la búsqueda, la redada continua en los parajes desolados del invierno del alma. Es el sentir ausente de la emoción que hay que vivir pero que no se localiza. No puede dolerte lo que no encuentras, lo que parece haberse escabullido por arte de magia, lo que no tiene volumen detectable, lo que te cuesta incluso vislumbrar entre la niebla.
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Locate it
It is an organic process that unravels from a vague chosen shape (without rendering it from a pattern initially) into a method in itself. At the core centre resides a rabid and genuine will to exist and to survive, and as such it creates itself and continues landing in the future layer after layer, until it turns into a complex microorganism that exhibits its own behaviour and teaches you something about yourself that you should know. And that's nothing sort of miraculous.
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A time
There is a time and a place, and this, what I am writing to you, is what I'm doing today. Tomorrow is like an unwritten letter at no time, in no place.
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Anatomía del silencio
El silencio, el ahogo, el escozor del sinsentido. Pero huyo de ello.
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sábado, 19 de octubre de 2013
Suelo
Llevo algunos días en los que mi paisaje interior se ha estado resistiendo a dejarse hilvanar, y eso me ha dejado también desplazada e insegura de mi valía, de mis posibilidades de encontrarme y validarme, y la capacidad de definir mi estado. No consigo describir mis perspectivas internas, pero también sé que esto es debido a que me gustaría tenerlo todo más accesible, que su visibilidad fuera espontánea, y así poder deshacer la amalgama y extraer el mineral precioso de la mena para sacudir el significado de su interior.
Pero tal vez el tener entre mis manos la imperativa de buscarme en el estrato, en el suelo, en la hojarasca que está formada por la acumulación de impresiones de la conciencia, tenga una importancia vital en el proceso de recomposición del ser y su identidad, y por tanto sea necesaria su contemplación desde fuera para darle cobertura y descodificarla. De la misma manera que el árbol caído asegurará la riqueza de nutrientes del suelo para que los bosques futuros continúen la promesa de vida, la naturaleza que vive en tu interior y que ejecuta su causalidad y destino implacables te asegura la supervivencia.
Solamente la reflexión en solitario puede servir a este fin, únicamente el volcado diario de tu magma hace posible tu reconstrucción. No debo huir nunca de mi interior, no puedo esperar a que el mundo me encuentre y me identifique; tampoco puedo confiar en mi reencuentro amistoso conmigo misma. Probablemente esto lo consiga muchas veces de modo furtivo y misterioso, y el resto del tiempo sólo pueda confiar en la hojarasca fértil, en el suelo vinculado a su pasado, en la degradación que supone la transformación inexorable del ser, sus dudas y renuncias, sus pérdidas y balbuceos, y su sintonía inevitable con las leyes de la naturaleza que crean vida, esa vida de la que a menudo nos escondemos y que brilla en la inmensidad de forma propia y lúcida.
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El río
Es el espacio, el territorio, la abundancia y la búsqueda, las fronteras y las visiones. Avanzando inexorablemente, esperando, interpelando. La búsqueda no es en vano: es completamente necesaria.
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Vueltas
Un tránsito sencillo hacia la eternidad.
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jueves, 17 de octubre de 2013
Imágenes
Inexplicables silencios, inexplicables ausencias. Y por eso permanecemos silentes en nuestro estupor, nuestra rabia, nuestra ira. Recogemos y posamos las fotos en la estantería aunque un sentimiento irrefrenable nos quiere forzar a esconderlas para esconder nuestro propio sufrimiento, el que finalmente se vuelca en un gran suspiro que parece infiltrarse por todo nuestro cuerpo y nos sacude y nos calma. Al mirar una foto toda nuestra emoción acude rápidamente a los ojos y queremos contener las lágrimas. Nos sentimos culpables si pasamos de largo las imágenes, si no nos damos cuenta por rutina de que están ahí. Cada una cuenta una historia que te atraviesa el corazón. Y te refugias en las palabras, porque no son como alfileres, no buscan tus debilidades, no te asedian en una esquina de donde no puedes salir. La palabra escrita te rescata durante unas horas, y cuando te devuelve al mundo te sientes más serena, más completa, más fuerte e iluminada
para ver destellos en las imágenes en vez de sombras.
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Comienzos
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Death at the funeral
Death is displacement and bewilderment, the priming of something; you don't know what exactly. At the moment I'm going through the motions and feel everything as distant, foreign as a derelict castle with cunning crows over flying, surveying the terrain, that is, the remnants of memory. I have to forge myself with the armour of love and venture over there, dare to ensnare the shadows whilst they fall over me like wet spider nets, and wait in pain for the time when daylight first begins.
Yesterday we went to my brother's funeral officiated by a friend priest. I felt both vacant and connected, wanting for the moment to pass, to finish the languishing process that has lasted weeks and weeks, to end it all. You are so aware that his end is real and you just can't forget he is also reached the end of the road. I was seeking words which would shook me into emotion, and some certainly did; all throughout feeling exposed when overflown by tears, violated by my other brother being there watching my every mood with dark disdain. Trying to remember those very few happy times with my now dead brother, as most of them were fearful times, pitying times; however those are also times to return to and feel the raw and gushing realness of them as part of his picture reconstruction.
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Sense and sensibility
Me gustaría tener toda la noche. Pero nadie tiene toda la noche. Es esa libertad que te enajena y te pretende, y parece durar, parece durar todo lo sea necesario para que no abandones y no duermas hasta que el recodo del corazón llegue a la hiedra, y de allí se contornee por los rasgos del muro que contiene el esplendor de tu emoción. No es fácil describirlo, hay varias formas que se esconden en los pliegues de tus recuerdos escondidos por el paso de las horas desde entonces. Para imaginarlos, para retenerlos les rondas, les seduces, les intentas contener como al aire los farolillos lucientes que ascienden desde la tierra con el calentamiento del oxígeno. Nada es como era antes, te revelas en silencio; entonces ¿cómo es? ¿Cómo es? ¿Dónde te escondes tú, tú misma? Irremediablemente, es aquí abajo.
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martes, 15 de octubre de 2013
Incendiary
The same way words resort to spread their wings and become a full intense picture after many repetitions of themselves where they have been, caught in context, the new born struggles to survive and thrive in the new and radiant combusting atmosphere in which to expand her lungs and stretch her dazzling laughter.
Self, identity and time, all characters of this narration, all frozen at that precise moment when your story enters that tinsel priming in your mind.
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domingo, 13 de octubre de 2013
Las avispas
No quería hablar de lo que pasó ayer, porque no tiene cadencia, no es poético, no son copos de niebla que al juntarlos se convierten en exhalaciones del alma. Pero supongo que tengo que hacerlo para evitar que se enquiste en las sombras y me tiente el miedo, el pavor, el rechazo a mis propios y languidecientes pensamientos. También he notado que me cuesta escribir, que me estoy sintiendo desubicada entre tanto horror y tantos ecos del pasado sin retribución en el presente y tampoco en el futuro. Mis antídotos no dan siempre resultado. La muerte de mi hermano parece simplemente eso: muerte, y no logro encontrar ningún recoveco donde refugiarme, ningún terreno franco, ni consuelo en el resurgimiento de mis cualidades más humanas. Es increíble como puedes experimentar la muerte de tantas maneras diferentes.
Ayer fuimos al cementerio porque habían terminado de inscribir las letras en su lápida. Al llegar allí un tipejo le robó a mi madre la plaza de aparcamiento delante de sus narices, o debería decir, del borde de los embellecedores de la puerta y el morro. Al reprocharle su actitud, el tío soltó un "que se joda" sin ningún tipo de reflexión sobre el lugar y el momento en el que nos encontrábamos todas las personas que estábamos allí. Esta es la actitud española que más detesto, y veo cómo día a día puede volverse más perversa, más sucia, más hiriente, más desaprensiva, más abyecta.. Mi madre se estresó aún más de lo que suponía la visita a la tumba reciente de mi hermano. La cosa empezó mal.
Al llegar a su tumba vimos que había un error en su nombre y una falta de ortografía en el texto que habíamos redactado para su lápida, y el jarroncito de las flores lo habían puesto torcido. Para más inri había una nube de avispas que volaba alrededor de su piedra, como recordándonos que su cuerpo se estaba descomponiendo allí dentro. Fue horrible. Lo único que yo pude hacer es prometerme mentalmente que el lunes mismo íbamos a ir a ver al marmolista para hablar con él y advertirle que no íbamos a permitir que las letras se volvieran a pegar de mala manera, con rastros de haberse colocado mal y burdamente, y que no queríamos que el espacio de las que quitaran se notara entre su nombre y los apellidos. Todo es una lucha constante. Todo lo relacionado con el entierro de mi hermano ha sido una película de Berlanga.
Así que la verdad es que entre anoche y ayer me siento bastante desanimada, aparte que el revolotear de una gripe que quiere y no puede me tiene baja de remos. Mi madre, claro, está más acostumbrada a la España de Berlanga, y, aunque le duela todo mucho, consigue abstraerse un poco porque sabe que finalmente lograremos solucionar el tema, aunque a menudo las soluciones no son las mejores. Ella ha vivido la muerte mucho más cerca que yo debido a su edad. Yo veo cómo desde hace unos años a esta parte, su generación ha ido cambiando de lugar en las filas del tiempo, y ahora está en primera línea de fallecimientos. Obviamente la muerte de mi hermano ha sido una anomalía, y el resto de la familia ya parece que ha encontrado un hueco a mi hermano dentro de la lógica aplastante de la vida. Ni mi madre ni mi hermana ni yo lo tenemos tan claro, el camino no está tan alisado, tan normalizado, tan aséptico. ¿Cómo va a ser aséptico?
La nube de las avispas son las que me han recordado el dolor sordo que me aqueja, la impotencia, la derrota que siento. Son ellas las que me han mordisqueado asquerosamente la conciencia con su inequívoca relación con la Hyène, aquélla de frialdad, separación y distancia de todo sentimiento o memoria. La realidad, la sucia realidad.
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sábado, 12 de octubre de 2013
This is just
There is a constant and thorough negotiation and entrainment between knowing what you want to say and the way to do it, the hidden and almost secret ways of your mind where nothing is obvious at first sight and life shies away from your storming in and demanding of free dispatches of strings of phrases.
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Autumn best
Meaning believes in intuition, and time is of the essence as autumn leaves fall and settle below the shadow of the tree, fester and mesh becoming iridescent at their deepest, lucid as found dreams, and partly beastly and raw as words that bring your flesh to pain and soreness. Your self, your security, your attachment to the world which is in vain. Leaves that die to be reborn again into nascent life and a new conscience, human in essence and organic in shape: writing.
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Otoño
En este paisaje se sitúa el folio en blanco donde plasmas finas líneas que han de solidificarse y atrapar la imaginación en su rítmico avance, con esa aspiración y necesidad suya de recuperar la intuición injertada en las manchadas hojas de otoño.
Los tonos y melodías estacionales preludian el desprendimiento de las doradas promesas de otoño de los árboles, aquéllas que como bandadas de pájaros disfrazados con cálidos tonos de argán se arremolinan y forman mareas de vida en broches, susurros que mucho más tarde alumbrará de fertilidad la primavera.
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viernes, 11 de octubre de 2013
Autumn
Her pleasure in the walk must arise from the exercise and the day, from the view of the last smiles of the year upon the tawny leaves and withered hedges, and from repeating to herself some few of the thousand poetical descriptions extant of autumn, that season of peculiar and inexhaustible influence on the mind of taste and tenderness, that season which has drawn from every poet, worthy of being read, some attempt at description, or some lines of feeing.
Jane Austen (Persuasion)
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miércoles, 9 de octubre de 2013
Love
Love is poison. Perfumed poison.
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Mañana, es tarde ahora
Quisiera seguir escribiendo esta noche, parece que de repente tengo mucho que decirme. No sé de dónde proceden estas palabras que vuelco sin especial convencimiento pero que luego leo y me doy cuenta que expresan todo lo que siento. Me han pillado de sorpresa, no las esperaba ni las estaba persiguiendo. Me gustaría seguir aquí mañana, con este jersey, con esta postura, con esta sensación libre y estable en los dedos, con el mismo nivel de azúcar en la sangre que me sostiene la energía plácidamente, el mismo sueño narcotizante que ahora me va a obligar a dejar la página, el papel que me permite escribirte y dejarme hacer.
Con esa sensación de escribir porque llevas tres días pensando en qué escribirás, sin darte cuenta de que ni siquiera este lienzo es necesario, ni la pregunta que te esquiva te está realmente ignorando. Las cosas son mucho más fácil de lo que parecen.
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¿Recuerdas?
La memoria es fundamental para sonreír, para expandirte, para vivir, para tu futuro, si eres capaz de acordarte de la belleza que te ha rodeado, que te ha sentido, que te ha querido cerca. La memoria también te rellena el espacio henchido, pero te puede robar el hueco y el tiempo. Los recuerdos felices de tu vida y el querer seguir son diferentes a los que se pararon y te hacen quedar en suspenso, porque nada volverá ya a ser como antes. Qué difícil alternar unos recuerdos con otros; el sexo y la muerte, el amor y el deseo.
Es que ya no es suficiente con recordar aquéllos, ahora tienes que rehacerte de nuevos recuerdos. Olvídate de recordar, de la memoria, de coleccionarte; tal vez es hora de que veas la vida como lo que quedó de lo que viene, pero siempre rehaciéndote y creando otra vez.
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Salvias
A veces es muy fácil decirlo porque te duele. Y cuanto más duela más lúcida te encuentras, porque ya no estás aquí, con los pies en su tierra, sino en TU tierra, el mismo pedacito que te corresponde al morir.
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martes, 8 de octubre de 2013
Magia
Así que ahora esta familia se encuentra a la intemperie, en medio de una ventisca que no puede atravesarse con la mirada porque su corriente grisácea se mueve con gran rapidez a nuestro alrededor y nos desorienta. Si mi hermano estuviera aquí tal vez no tendría miedo, y en vez de arenisca volando vería estrellas meciéndose en el aire gracias a la magia.
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Vasos
A mi hermano encantaba la Nocilla. Ahora bebemos agua en los múltiples vasos de cristal que se han ido coleccionando mientras él se cepillaba tarro tras tarro. Yo no sabía que le gustaba tanto hasta que he visto que la mayoría de los vasos de la cocina no son los normales, sino que tienen imágenes esmaltadas con los personajillos esos locuelos y rápidos que aparecen en los dibujos animados.
Cuando estaba en el hospital su nivel de glucosa en sangre se había disparado debido a los corticoides que tenía que tomar para impedir el ahogo del broncoespasmo. El oncólogo le descubrió un bote en su mesilla y se puso lívido; se lo tenía prohibido estrictamente. Mi hermano le había dicho a mi madre con gesto muy dramático que se tiraría por la ventana si le quitaban su Nocilla.
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sábado, 5 de octubre de 2013
Pages
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Ser
Estoy algo perdida, o debería decir, suspendida en este entroncamiento con la inmediatez del momento, la novedad absoluta en este sentimiento de ser una de cuatro, cuando antes éramos seis.
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Blast
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viernes, 4 de octubre de 2013
Momentos
Salgo a la calle para hacer un par de cosas. No me importa mi pelo, que está hecho un desastre; salir de casa es simplemente como moverme a otro lado cualquiera, y no presto atención a que sea en el mundo exterior; tampoco paro a pensar en mi aspecto; y, como hace frío, mi madre me ha sacado rápidamente algo para ponerme antes de que yo desaparezca por la puerta. Es un forro polar de mi padre. Me encanta llevarlo; huele a su colonia, y, por supuesto, me queda grande, con lo que de alguna manera recuerdo su cuerpo, sus espaldas amplias, su porte y personalidad. Por hoy es todo lo que necesito.
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Gravedad
Ya no veo el mundo de la misma manera, y estoy empezando a entender de nuevo a quien encierro yo. El ruido del tráfico no tiene ningún sentido, la prisa de la gente, su atuendo, los pequeños enfados. Parece como si estuviera en una realidad paralela donde soy al mismo tiempo porosa y resbaladiza. Ya no quiero aparentar nada, no quiero explicarle a la gente mi vida; no sabría por dónde empezar, ni terminar. El pasado ha tomado al presente de rehén, y el futuro de repente es una gran incógnita ahora que lo que ha pasado era inimaginable.
Es como llevar un traje de buzo pesado y anclado, encontrarte aislada del mundo, escuchando todo como por un filtro que lo amortigua y lo vuelve más silencioso y lejano. No te apetece creerte el gran teatro del mundo, es una historia vociferada que se repite desde siempre como si la realidad se tratara de un campo de fútbol o una cárcel. Ese mantra constante que te han hecho creer en mundo el que has nacido para tener todo lo bueno, para buscarte la vida, para conseguir cosas. Estoy de acuerdo con este planteamiento en parte, pero no creo que nos hayan preparado para separarnos, para apartar la gente de nuestro lado y cerrar la puerta con llave después de llevársela.
No sé cuánto tiempo estaré en este estado, o si saldré de él completamente. Me pesan los párpados y desde esa pesadez tardo un poco más en distinguir las formas. Mi reacción hacia lo que sucede fuera está ralentizada. Me siento más lúcida, aunque no termino de consolidar verdades ni opiniones que me ayuden a continuar lo que me queda en este trayecto de mi vida. Parece que estoy en un viaje subterráneo al centro de la tierra dentro de mi cabeza.
Hoy he llegado a mi casa y he parado ahí un rato para coger unas cosas; desde que murió mi hermano no he pasado mucho tiempo seguido en ella. Estaba sentada en el suelo arreglando unas cosas del ordenador y sentía como si el techo estuviera muy, muy lejos. Al entrar al baño observé el tenderete con mi ropa colgada y seca. Todas estas cosas parecían residuos de memoria, acciones realizadas en un tiempo pasado por alguien que era yo pero que ahora no me parece la misma persona. Al marcharme eché una última ojeada y cerré la puerta hacia fuera, como si yo fuese la persona que se queda fuera de toda esa vida que he dejado atrás.
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Enorme
Hoy la casa de mi madre me taladraba la cabeza con ecos de nuestro pasado. Es cada vez más extraño darme cuenta del tamaño que tiene la casa cuando estamos solas mi madre y yo.
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miércoles, 2 de octubre de 2013
Márchate
Es como trepar por el tiempo y encontrar asideros.
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Nunca
Para poder afrontar todo esto primero necesitaba recobrar el atuendo contra el frío gélido y penetrante que les asaltaría en aquel lugar lejano e inabarcable. Necesitaría reunir fuerzas, dinero, y recordar el idioma aromatizado que iba a permitirle comunicarse.
Pero cada cosa a su tiempo; no podía precipitarse, lo sabía bien. Era aquel viaje que haces una vez en la vida, y que esta vez irremediablemente, iba a repetirse.
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Placenta
Se podría hablar de ese momento de vida en el que todo el mundo espera que nazcas, y no cunde el pánico, donde la espera se vive con expectación y alegría, y la preocupación no empapa el orgánico sentir, el contacto con el ser amado en el tiempo futuro.
Ayer, sin embargo, me topé con la desesperación de la ausencia. Una amiga ha perdido a su hermano el año pasado y se encuentra exhausta por el sufrimiento, apenas entera, temblando de pie, inmune al recogimiento y apoyo del aliento, incendiada por el tormento continuo por haber presenciado la carrera del dolor hacia la extinción y la huida de su ser amado. Y ella no avistaba en ningún modo el continuar ese amor, o verlo en el tiempo futuro, no podía recordar sonrisas. Su tristeza no tiene fin.
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Saber
No sé si quiero contar una historia, pero en todo caso tendría que ser una narración perfilada y correcta en sus detalles, de inspiración izada e intuición henchida por el viento, moviéndose con soltura, descriptiva hasta la maravilla, inmune a la duda. Aunque si fuera todo lo contrario continuaría siendo una historia bien contada.
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martes, 1 de octubre de 2013
Sientes
Cuando camino por la casa de mi madre, sobre todo por la noche, cuando ella ya se ha acostado, a veces mi cuerpo piensa que mi hermano aparecerá en algún momento por el pasillo llamándome a mí y preguntando con gesto ausente dónde está mi madre. Abro la nevera y veo sus botellas de agua, las vacío en la pila y tengo una sensación extraña de ausencia, me falta una voz cercana suspendida en el aire, el trayecto de mi hermano hacia el sitio donde estoy yo, el sonido de la televisión procedente de su habitación. Cojo una naranja y veo que hay varias, muchas más de las que comeríamos mi madre y yo, se podría hacer un zumo que debería beberse él. Abro un cajón y están sus medicinas. Me tomo una de sus pastillas de paracetamol. Me pregunto si la existencia de otra persona se borra en algún momento de tu piel, de tu espacio, de tu memoria corporal.
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Tiempo
El tiempo ya no se divide en unidades, sino en extensiones de este sentimiento que lo embarga todo.
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Rapidez
Todo el mundo te comenta que hay que pasar a la otra fase. No sé qué fase es ésa. Simplemente me traslado de lugar en lugar con el convencimiento de que necesito abarcar un espacio pequeño, pero seguro.
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Inmediata
Sigo aferrándome a esas impresiones que una mujer pobló en mi vida durante varios años. El tiempo no se define como demasiado cercano, pero, sin embargo, se siente inmediato cuando aparece ella y su impronta como un flecha por mi mente, mi cuerpo, mi pensamiento. Ella no abandona en mí algo que se definiría como un proyecto en suspenso, un territorio, la esencia de la sorpresa y de la inquietud por narrar un futuro mejor. Ahora le sigo la pista de lejos, que es desde más cerca, porque no la puedo abandonar del todo.
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