viernes, 28 de mayo de 2010

Faunas


Espinas, medusas, trampas y escaramuzas.


Nieve o llueva, todo al fin es una entelequia de la naturaleza que sientes en tus osarios internos. Tenemos la suerte de poder abarcar más de lo que quisiéramos, para mezclarnos con los dientes de león incinerados en chispas de la zarza ardiente, evaporándonos ante las dudas que se ciernen como uñas de águila.

Espinas, medusas, trampas y escaramuzas. De la mente.

Simientes.

Dudas, hechos, fechorías.

Entrégame un mundo y te haré reina por un día.

jueves, 27 de mayo de 2010

Ella


Un nuevo día se aventaja y yo apenas puedo seguirle los pasos. Estoy tan cansada que tengo náuseas, los ojos me duelen y, sin embargo, los recuerdos de la sonrisa de la bebé y el niño hacen sonar cascabeles en mi memoria.


Ella, tras un mes de vida, tiene esta manera de ver el mundo: o le molesta algo, o está tranquila. Cuando está tranquila su piel mullidita respira, su boquita se estira, su mirada se queda fija en ti. Deja relevo a las funciones fisiológicas de su cuerpo que a veces la hacen potar, o hacer caquita o coger peso poco a poco. Ella ha llegado a esta vida después de crecer milagrosamente y crearse a sí misma.

Es un pequeño gran milagro. Ella ya está aquí, con una vitalidad floreciente, pero sin avasallar, a pasos agigantados que sin embargo de día en día se sumergen en el sueño más profundo. Mientras duerme se agita. ¿Qué tendrá en su cabecita? ¿En qué se convertirá el mundo para ella? Sonidos, olores, gestos protectores, voces tiernas, manipulaciones invasivas, mimos, caricias, brazos protectores, besos.

Ella nos mira sin vernos, no sabemos si nos quiere todavía. Simplemente estamos aquí. Y ella ya está aquí. La estamos acompañando.

martes, 25 de mayo de 2010

Gambiarra


Precipitación intensa, relatividad en la (de) construcción absoluta. Repetición y un ancho debate que se localiza en el canal entre la laringe y el tórax y su chaqueta metálica con sus mecanismos de fuelle manual. Rescatar piezas desaparecidas del puzzle inmediato en aquellos momentos de vida. Y eso tiene un precio.


Inspiración y clasificación: aire libre y restricción en vacíos estancos, polisémicos. Revelaciones claras y vidriosas que no acuden en momentos bajos, aunque fueran necesarias; precisan de clarividencias intuitivas, réplicas rabiosas de bioquímicas de gas con recidivas de gloria.

Las intromisiones manuales y sus técnicas de manipulación intuyen la desaparición de los ritos atávicos imaginarios. Se transmite la energía con ánimos telúricos, con organicidades paralelas y anclajes soñadores. Sueñas porque el hambre y la humedad no te dejan dormir. Las alimañas de la nocturnidad te sumen en un estupor vigilante. No te dejas hechizar por el opio de las sirenas luciérnagas ni por el peligro y sus susurros. Los destellos de luz de las noches más cerradas en la vastedad sin asfaltar, sin tendidos eléctricos, son en realidad las huestes del frescor de veneno, las miradas de reptiles y depredadores imaginados o reales. Pero el miedo no le roba la belleza a la noche sumida en los rumores tranquilos, a pesar de la inquietante cercanía del apocalipsis. Tienes que refinar tu gusto por lo extremo para posicionarte en el radio de la supervivencia. Tienes la suerte que desde que fuiste concebida has vivido para satisfacer tus pasiones, has sido tránsfuga en cientos de hogares diferentes, has amado y te has extasiado sin agotar tu capacidad de asombro, sin dejarte despiezar por la mediocridad de los nuevos amaneceres.

Siembras procesos manufacturados para inyectar anticuerpos de pequeña artesanía. Soldar, trenzar, reinventar, biodinamizar, recuperar técnicas y especies desaparecidas con ADNs nonatos de cepas ignotas. Reflujos comunitarios de amplias aldeas globales que saben moverse rápido hacia la eternidad.

Materiales impresionables como una película de estaño y cobre con aspiraciones fotográficas. Éxodos primarios de universos unicelulares abrazados a árboles árabes de pura sangre y fibra. Huidas callejeras, domesticadas, moleculares. Simpatías derrochadas y fluctuantes, excesos de miserias sublimadas, anegadas en prisas, publicadas en diarios reflectantes por sus platonismos siderales.

Quiero adentrarme en el taller de mi bisabuelo, el pintor, y respirar la amalgama de sustancias suspendidas en los atriles del aire. Quiero observar la realidad rota desde los cristales de los amplios y ágiles ventanales. Necesito reivindicar las hechuras de la tierra y ciénaga arcillosa de mis marismas internas, de los juncos de mi pensamiento, con su verdor brillante cosido a las infibraciones musculares de mi ventrículo cardíaco.

Gambiarra improvisada e inalterable, porque sí, sin identidades lavadas por la lluvia amazónica, resguardadas en roca de las cuevas inexistentes. Con su desorden vivo, inabarcable, sin rencillas, enarbolado en nudos gordianos de yedras de mimbre petrificado. Sus jardines zen esculpidos desde dentro, como erizos marinos y mártires desafían las fronteras creadas entre piezas descuadradas, inciertas y violentas. Con sus varas de apuí entremezcladas en la sofocante dependencia e inviolabilidad de la persistencia de su memoria. Con sus gritos imbricados en salvias fogosas y rémoras de nervio atesorado. Continentes nuevos y desabridos, inasequibles y magnéticamente atractivos para precipitarte en las barreras de la perdición y tus yóes oscuros, con sus Dorian Grays particulares, sus espejos deformantes sin damas de Shangai ni excentricidades iluminarias.

Vastas mesetas de territorio, de poblaciones jóvenes sin nada que perder, ni aunque perdieran su vida. Las oportunidades no existen, tan sólo el don de la oportunidad. Las poblaciones se lideran para alimentarse de ilusiones pioneras que no necesitan copiar los continentes viejos y mortecinos en sus ignorancias históricas. Su emergencia la ha sido siempre; la improvisación es una palabra aviesa debido a la insólita precariedad. Las acciones son iconos de futuro donde los pasados avergonzantes no cuentan: tan sólo la intuición atávica, reimaginada, diseñada tras múltiples exterminios y extinciones fenixianas, resurgimientos en los márgenes de la imposibilidad, pérdidas esenciales a las que hay que dar la espalda y olvidaser la cuenta atrás. El inmovilismo se reserva a los paisajes que sin embargo se comportan como dunas móviles. Es la invención de la vida o la nada.

Son las fuerzas centrífugas de las direcciones bicéfalas que no saben si vienen o vuelven o se retiran como mareas nocturnas de lunas enajenadas, y remover las imprecisiones de la vuelta. Retornos sin solitudes cursadas, sin añoranzas, sin esperas. Cambios ágiles por obligación, sin las equivocaciones del pasado, sin las aglomeraciones del futuro que hay que planear con décadas de antelación, porque hasta el día a día es escaso, y la memoria no dura lo suficiente para impresionar las finas capas de minerales fósiles, porque la vida no dura lo suficiente y se reboza y embarra con la desventaja.

Gambiarra, donde lo local es un milagro y lo familiar la domesticación de lo añorado. Saber moverse rápido para no caer y yacer en el minimalismo de una muerte inútil y anunciada. Escabullirse de la guadaña sin rendirle la menor veneración. Manipulando empalizadas para encararse con valentía a los minutos restantes.

Y, sin embargo, crear eternidad y ser lo más grande.



Para Haití y Brasil




viernes, 21 de mayo de 2010

Sueño ...


... sin precedentes.

Z z z z z z z z

Travesías


He estado fastidiada últimamente porque no escribía. Y no escribía porque estaba fastidiada. Siempre que dejas de escribir durante más de 24 horas es como si te faltara algo: la falta de fe, por supuesto. De que vuelvas a escribir. Cognitivamente hablando claro.

Esta noche he hecho parapente, quiero decir que la noche ha sido un puente con el día siguiente: no he dormido. Bueno, sólo media hora donde noté cómo me hundía, me hundía, me hundía en un brillo marrón que me engullía .... En parte porque pensaba que me iba a venir bien: la ausencia del sueño nocturno, así a granel, te quita la distimia y le dice a la depresión que vuelva a la mañana siguiente. Pero no me ha resultado fácil, y no he tomado café para facilitar la travesía nocturna, simplemente porque con tanta taquicardia y tanto notrópico estoy harta de sentirme malabarista sobre un alambre, con un pecho a rebosar de ansia, de aire, de ondas supersónicas, de frecuencias sucias y distorsionadas. Te mueves, haces, corres, pero te sigues sintiendo mortalmente cansada. Ese sucio cansancio que nunca desaparece del todo. Sigue ahí, como el black dog de Churchill, no consigues darle esquinazo.

A veces me doy cuenta del cachondeo que supone esto de sentirte mal. Cómo el cerebro se regodea en historias de terror. Intento ignorarlas, pero no es posible si no tienes algo decente que hacer. Y yo últimamente no consigo dejar de rebajarme ante la indecencia. La indecencia de la apatía, del odio y el resquemor, del miedo al vacío, del miedo a pisar en falso. Miedo de recién nacida, el calambre de no hacer pie, el repelús, el escalofrío.

La verdad es que pillar la bici ha sido maravilloso. MARAVILLOSO. He seguido mi instinto y me he tirado a la piscina .... de asfalto. Ese asfalto que te tritura los ojos con sus capas de frecuencias caloríficas diurnas. Ese asfalto que te hace sudar, endiosada, con miedo pero con osadía por ese sudor orgánico que te quitas de encima con una preciosa ducha. Que cuando te lavas la cara te cepillas el barro del aire, la luz, el calor, la grasa del pavimento marcial sembrado por las llantas de los coches. Es una gran sensación sentir los músculos en los muslos, ver cómo mis muñecas alfeñiques se retuercen de dolor al subir la bici en andas, ver cómo mis rodillas se fortalecen con esos ligamentos otrora condenados al ostracismo. No pain, no gain.

Todo me supone sobresaltarme al miedo, retrotraerme a la vida, la juventud enmarañada entre mis patas de gallo incipientes, esas que no quieren salir tampoco, por miedo, miedo a la vejez o a no vivir lo suficiente antes de decaer. Esa juventud que presenta mi cara y mi cuerpo al exterior, ese retrato de Dorian Gray internalizado que nadie ve a menos que restriegue mis ojos tristes en el aire, en el silencio.

Pero detrás tengo la risa, los dientes brillantes y blancos, los músculos que son potencialmente puro nervio. Ese pura sangre que ha estado desbocado durante mucho tiempo y que ahora tiene una pata rota, pero que por desidia la vida no se ha decidido a pegarle un tiro para ahorrarle su miseria. Ese fénix, ese potro recién nacido que se levanta en su largueza para sorpresa del mundo, arrancándose a trepidar, a (re) volver.

Incipientes travesías.

Pills


La pastilla me daba energía y motivación, pero preferiría sentir fuerza y movilidad sin necesidad de tomarla. Prefiero sentir que puedo respirar, que no me estoy ahogando, que me siento libre dentro de mi cuerpo. Que no me están triturando la cabeza.

jueves, 20 de mayo de 2010

Ir


Al final he sucumbido al café para dotarme de energía dopamínica. Pero lo mejor es tener a I.B. tranquila y sonriente, aventurarme de nuevo al trabajo. La bici me está dando mucha energía. Es esa sensación de no tener que esperar a llegar a ningún sitio, porque cuando vas ya llegas, si espero me lleno la mente de información inútil y lo que quiero es relajarme, ir, ir ...

domingo, 16 de mayo de 2010

Aislamiento


Ni hoy ni ayer me siento cómoda en el trabajo. Me inhibo de las dinámicas y conversaciones del grupo de mañana porque no me identifico en absoluto con el ruido, los temas de encuentro, las actitudes, la ironía, el filo de sus insinuaciones, la estrechez de miras. Es mi percepción; distorsionada o no es como me siento. Es mi intuición la que habla, una intuición que a veces me expulsa del grupo, que a veces me aisla, que a veces me impulsa a resguardarme y pensar por mí misma. Que a menudo provoca incomprensión.

Por la tarde tiendo a relacionarme bastante más. Pero no noto esa fuerza bruta de la dinámica de grupo, de las conversaciones para tapar el tiempo. Es una existencia solitaria, y me había propuesto no hacer esto más en un ambiente de trabajo, pero poco a poco he ido sobreviviendo esta trabajo rutinario y alimenticio con la lectura. Parece que si no estás presente soportando sobre la coronilla de la cabeza el ruido ajeno, los aguaceros de voces, no te aceptan, no te identifican. Los procesos de reconocimiento del grupo tienen sus propias reglas, pero no me gustan. Todo esto contrasta con mis contactos por mail con mi mundo de Alicia, mis descubrimientos, mis compras, mis investigaciones. Es como si aquí me disolviera y no pudiera respirar.

Por la tarde me encuentro con gente que tal vez, por no tener que madrugar, está más relajada, menos vampira, más integrada en su propio espacio y sin tamaña ansia por invadir el tuyo.

Cambios


Estoy reflexionando sobre los cambios que acontecen en la vida y en cómo cambian tu carácter. No es fácil apreciar sus sutilezas. Es posible notar la falta de energía o de espíritu combativo con algunos asuntos. Pero las modificaciones en el carácter las noto con el transcurrir del tiempo y una vez compruebo mis propias reacciones ante los acontecimientos.

Por ejemplo: antes encontraba una respuesta para todo. Tal vez en casos de desesperación esas soluciones sí las sentía trágicamente fuera de mi alcance, pero siempre he apuntado alto, tal vez sin sopesar correctamente los pasos intermedios y básicos para llegar hasta allí. He buscado atajos por esa sensación de potestad, por creer que tenía derecho al algo y prisa por alcanzarlo, tal vez acomplejada por ver pasar el tiempo en remolinos de inseguridad.

Por eso ahora, tras las últimas tragedias familiares y mi estupor, mi silencio, mi arduo trabajo piedra a piedra, mi necesidad de protección, me mantengo callada, expectante, a veces paciente, más paciente que nunca, pero al mismo tiempo crispada. La crispación da paso a la resignación y en último término a la observación alejada del dolor.

Veo el dolor y lo siento. Quiero ayudar, quiero participar, quiero adelantarme, quiero ser indispensable, quiero que puedan contar conmigo y sentir que arropo su pesar, su necesidad de cariño y comprensión. Quiero hacerlo todo aunque a veces me quede con tan poco que ofrecer. Intento valerme con intenciones nobles, pero a veces a corto plazo soy incomprendida. Más adelante confío en que se me entienda, se esclarezcan las dudas sobre mí. Que pueda trasmitir mi fuerza a la otra persona, aunque ella no pueda utilizarla hasta más adelante. Que nuestra relación sea entre iguales, sin victimismos, donde ambas personas podamos identificarnos.

No me importa ser válvula de escape, por supuesto quiero ser un hombro donde resida el consuelo, pero no puedo evitar reaccionar como lo hago ante ciertas situaciones de crisis donde hago lo que puedo o digo lo que puedo. A pesar de las críticas siento que hago lo imposible, o me siento impotente, o simplemente no puedo reaccionar en el momento. Se me acusa de poca flexibilidad, de egoísmo, de egocentrismo, pero ¿qué puedo hacer? Me siento desmembrada, explotada, agotada, limitada.

No quiero perder el norte, mi orientación porque luego causo más problemas realmente que los que pudiera mitigar.

Pero intento entenderlo para comprender lo que está sucediendo, tengo que alejarme. A pesar del caos creo que entiendo cada vez mejor cómo se desarrollan los acontecimientos, su significado, su trascendencia. Por lo menos, y a pesar del tsunami de puñales y tonelaje arrollador, consigo sacar la cabeza de vez en cuando para tomar aire. Muy a menudo mi única respuesta es el silencio; es muy difícil responder a una pregunta mediatizada por una cadena distorsionada de suposiciones y acusaciones. En todo caso, muchas preguntas y comentarios a gritos no son sino retóricas.

Otras veces el alud de dolor, forzando la reacción, destruyendo el tejido mismo del derecho a réplica sin acritud, se vuelve ácido y corroe la comunicación misma. Y también es duro expresar tus verdaderos sentimientos cuando los impactos y esquirlas de los daños colaterales te rodean por doquier. Es muy difícil conservar la integridad de pensamiento sin flaquear con confusión.

Sigo con pesadillas y gran inquietud, tengo que tener cuidado con lo que hago antes de dormir. En algunos casos no se puede dormir si te tomas un café. Mis sueños son agotadores, intensos, movidos, agobiantes. No consigo descansar correctamente. Esto es una constante. Ojalá pudiera romper este círculo que me acorrala. La actividad encauzada me ayudaría mucho, lo sé.

sábado, 15 de mayo de 2010

Monstruos


Escritores y escritoras hablan de sus monstruos. Hay que enfrentarse a ellos, dicen, o si no te destruirán. Sí ... ¿CÓMO??

La verdad es que ahora no encuentro respuestas porque los monstruos están vivos. Ayer a mí misma me subyugaron y se apoderaron de mí por la noche: el miedo a la alienación, a la violencia de mis seres cercanos hacia mí, la incomprensión ... Hay muchos miedos que nos martillean la cabeza, que nos impiden comunicarnos, que destruyen el tejido mismo de nuestros placeres cotidianos. Miedos que no se disipan del todo, que ralentizan nuestra capacidad de actuación, de querer, de respetar.

Y mis grandes miedos son a no estar, a no ser.

Voy a tomar café sólo como rescate y voy a intentar valerme por mis propios medios con ayuda del aceite de pescado, onagra, ácido fólico metabolizado. En fin, mis remedios contra la degradación cognitiva de mis tendencias auto destructivas bipolares.

Me cuesta mucho la relación, me duele y quiero salir adelante. Salir adelante.

viernes, 14 de mayo de 2010

Normalidad permitida


Los primeros pensamientos de la mañana se traducen con celeridad en mi mente y mi intelecto. Sin embargo cuando llega el momento de llegar al papel/soporte digital la latencia es mayor. Parece que tanto la escritura como la transcripción se resisten al registro, incluso a la captura y la calificación, el rescate.

Ayer recurrí a la libreta de nuevo tras unas semanas de silencio de papel. Fue una necesidad, ahora que he desistido temporalmente de encontrar pequeños dispositivos digitales para escribir en movimiento. Ahora que tengo la bici y la utilizo para pequeños trayectos ya no voy tanto en metro, y mi cuerpo evidencia esa sensación corporal de ligereza y de no formar parte del ambiente estático.

En realidad quería escribir otra vez sobre esta sensación de no estar estando, de formar parte de otro espacio, que es lo que me pasa cuando tengo un proyecto en mente, y que es necesariamente la única manera que tengo de estar en el mundo, y soportarlo.

Lo que pasa es que esa sensación de libertad y de ocupar el espacio vital aberrantemente desaparece de mi memoria sin dejar rastro, y se convierte en un convencimiento de inútil vacío, de desmerecer, de no tener posibilidades o poder actualizarme. Es cruel, es vil, es humillante. Pero es real, y cuanto antes me dé cuenta mejor podrían emprenderse nuevos viajes, recorridos mentales, la vuelta a la normalidad, que no es más que alejarse del estupor, de sentirse desplazada, apátrida, de sufrir un sopor constante y la falta de motivación.

Soy capaz de obsesionarme con la instalación de la tuerca goteante del radiador de la calefacción durante semanas hasta que consigo solucionar el entuerto, porque tengo y necesito desplegar mi vitalidad, mi instinto constructivo. Pero no consigo canalizarlo mediante el impulso creativo de la misma manera que solía hacer en el pasado. ¿Por qué? Es la pregunta que continúo haciéndome. Sé que es debido a las frustraciones, traumas, colisiones que he experimentado, debido a la parálisis de un cerebro limitado por su propia química y vaivenes de frenesíes sangrantes. Podría hacerlo, siempre y cuando pueda acercarme lo suficiente a una cierta normalidad permitida.

Prensibles


Irrepetible, sarmientos de estaño entre la hierba, sensación de ilimitados sueños estancos. Reprimidos.

Noches


La noche se desvela y no sabe de carruseles interiores.

miércoles, 12 de mayo de 2010

Gasóleo


Hoy no he conseguido engancharme del todo a la realidad. Me ha vuelto a fallar el combustible. Espero que sea por los antibióticos nada más, o en su mayoría. Me doy cuenta de que todo en la vida son sensaciones y reacciones. Como empezar un tramo de la vida y al adentrarse en él dejar otro.

Como he estado mucho tiempo montando en bicicleta ahora que voy en metro se me hace extraño. Es como ir de vacaciones y encontrar otro aire, exponerte a otro aire. Así es como son los cambios. Sentirte en tu cuerpo de forma diferente, que tu cuerpo sea otro aún dentro del mismo bastidor. Si consiguiera enderezar mi vida para que mi cuerpo se encontrara en otra bocanada de aire aspirado, que mis movimientos fueran salpicados por otro dinamismo, sentiría tal vez esa sincronía, esa sensación de poder respirar, de disfrutar de la vida.

Son momentos rellenos que deslizan el oxígeno.

lunes, 10 de mayo de 2010

Fluidez


Estoy parca en palabras y fluida en acciones. No sé cómo tomarlo. Qué fácil no sentirse escritora cuando falla el arranque, la pulsión, cuando las fuerzas de expresarte son centrípetas y se rebelan contra la inmediatez de la escritura automática.

Si no escribo no me pienso con tanta inmensidad. Y me duele, preocupa, distancia de mí, aunque yo me encuentre tan cerca. Si el análisis no se verbaliza se pierde la ocasión, que quizá se renueve, pero no es seguro a ciencia cierta.

Y yo sigo y prosigo mis brazadas por la eternidad. No quiero perder de vista la inmensidad de la expresión. A veces si no tienes fe debes fabricarla. La fe de renovarte, de sentir, de emocionar, de revisar.

Quiero seguir hablándome para no perderme.

Oportunidades


Hoy me siento mal. No he conseguido emerger de la cama y estoy embotada, con un ámbito reducido de respuesta, y el hecho me agobia. Siento que voy a terminar el día peor, y prácticamente me gustaría el traspaso al siguiente día de manera inmediata para tener una nueva oportunidad.

jueves, 6 de mayo de 2010

Vida subcardiana

Me transfugo los días como virutas de goma de borrar blanda. Pasan rápido pero los exprimo y saldo cuentas con la noche sin rechistar.

Hoy de nuevo estoy reventada y casi me voy a la cama dando tumbos y sin escribir. Pero no quiero dejar de hacerlo porque de esta manera me refriego y me restriego y termino hablando de lo que me pasa dentro de la cabeza, aunque no sea siempre poesía. Es más, me estoy rebelando contra la poesía en estos momentos.

Tengo el sueño cambiado, pero espero normalizarlo mañana. Tanto hoy como ayer creí que no podía con mi alma, y sin embargo terminé haciendo millones de cosas. Eso sí, supongo que en el fondo hacer cosas cansada tal vez te lleve muchísimo más tiempo. Pero ahora no voy a pensar en ello, aunque intento salvarme a cada intento y decirme a mí misma que no es necesario convertirme en un rompe huesos sólo por tener una miaja de energía. Parece que hay tantas cosas pendientes que si me paso este mes haciéndolas a partir del siguiente podré respirar un poco y levantarme sin la sensación de "ah, esto queda por hacer ...".

He diseñado mi vida por lo menos para terminar algún día sintiéndome que ya no me escondo de lo que quiero hacer, porque simplemente empiezo a hacerlo ya que todo lo demás ya está, y no se me caerá encima la culpa y la angustia. A base de tenerlo todo planchado y arreglado terminaré trabajando en la serie de internet y en mi guión, sin sentirme forzada, simplemente aliviada de tener algo que hacer sin preocupaciones.

miércoles, 5 de mayo de 2010

Siempre me resisto al catálogo


Investigando cargas de SAR en los teléfonos para alejarme de la radiación. Tiene sentido.