domingo, 30 de junio de 2013
Until now
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lunes, 11 de marzo de 2013
Film
Esta semana tiene una importancia insospechada. Porque no voy a retroceder ni encogerme ante la evidencia del verdor del tránsito, de la rugosidad del transcurrir. Voy a recogerme y transpirar ese ritmo licuado de la escritura transitoria y fértil.
Y no voy a parar tras la primera ni la segunda frase. Reincidiré en la atenencia y la singularidad del negativo impresionado. Intercederé en la narrativa de ese óxido de plata que se revela, ese precursor portátil y hábil del retrato, que sólo puede relatar en sus gránulos suavizados la velocidad de la luz en perspectiva con la emoción, el sentimiento, la fracción de segundo iluminada. Esa química intercadente cuya latitud de exposición depende de la reverberación del oxígeno resuelto, me recorre en itinerancias fluviales por el vocabulario de la imagen.
A pesar que la mayoría de los haluros de la placa fotográfica se oxidan en los gránulos de su imaginario, se sabe de la existencia de haluros cuyos átomos de plata poseen estados de excitabilidad favorable a la irradiación humana.
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martes, 29 de junio de 2010
Incita(ciones)
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viernes, 14 de mayo de 2010
Normalidad permitida

Los primeros pensamientos de la mañana se traducen con celeridad en mi mente y mi intelecto. Sin embargo cuando llega el momento de llegar al papel/soporte digital la latencia es mayor. Parece que tanto la escritura como la transcripción se resisten al registro, incluso a la captura y la calificación, el rescate.
Ayer recurrí a la libreta de nuevo tras unas semanas de silencio de papel. Fue una necesidad, ahora que he desistido temporalmente de encontrar pequeños dispositivos digitales para escribir en movimiento. Ahora que tengo la bici y la utilizo para pequeños trayectos ya no voy tanto en metro, y mi cuerpo evidencia esa sensación corporal de ligereza y de no formar parte del ambiente estático.
En realidad quería escribir otra vez sobre esta sensación de no estar estando, de formar parte de otro espacio, que es lo que me pasa cuando tengo un proyecto en mente, y que es necesariamente la única manera que tengo de estar en el mundo, y soportarlo.
Lo que pasa es que esa sensación de libertad y de ocupar el espacio vital aberrantemente desaparece de mi memoria sin dejar rastro, y se convierte en un convencimiento de inútil vacío, de desmerecer, de no tener posibilidades o poder actualizarme. Es cruel, es vil, es humillante. Pero es real, y cuanto antes me dé cuenta mejor podrían emprenderse nuevos viajes, recorridos mentales, la vuelta a la normalidad, que no es más que alejarse del estupor, de sentirse desplazada, apátrida, de sufrir un sopor constante y la falta de motivación.
Soy capaz de obsesionarme con la instalación de la tuerca goteante del radiador de la calefacción durante semanas hasta que consigo solucionar el entuerto, porque tengo y necesito desplegar mi vitalidad, mi instinto constructivo. Pero no consigo canalizarlo mediante el impulso creativo de la misma manera que solía hacer en el pasado. ¿Por qué? Es la pregunta que continúo haciéndome. Sé que es debido a las frustraciones, traumas, colisiones que he experimentado, debido a la parálisis de un cerebro limitado por su propia química y vaivenes de frenesíes sangrantes. Podría hacerlo, siempre y cuando pueda acercarme lo suficiente a una cierta normalidad permitida.
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martes, 19 de enero de 2010
Wake up
domingo, 27 de diciembre de 2009
Papeles arrugados
Papeles arrugados, cimarrones, y sombras encendidas, , flojas, entéricas como comprimidos de extractos, como sabores amargos en contenedores de cristal de palo de santo, como los fulgores del pelo al viento y las luces del trópico urbano que se extienden más allá, con los rumbos del viento serenos como títeres al final de su jornada de trabajo.
Te escondes en esta agenda porque no tienes otro oficio que el de (d)escribir, y te meces en los lazos de las ideas, soñando con arrancarle palabras a las escaleras mecánicas sobre las que asciendes a un mundo desentrañado, lúcido y cegador.
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jueves, 21 de mayo de 2009
Actividades colinérgicas

Creatividades simples, binarias, trifásicas. Entregadas al mecer del viento y las sinapsis neuronales. Entregas a plazos entre tanto y tanto, rápidas redadas de rebeldías inmediatas. Precisamente reveladoras.
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miércoles, 20 de mayo de 2009
Escribo cada día

Estoy, estoy ... Tengo dos Moleskines apretadas de haber escrito casi todos los días y un rosario de mensajes de texto para publicar.
Lo pasaré todo muy pronto.
Un besito a tod@s
Palis
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sábado, 4 de abril de 2009
Pasión
Ayer me acosté a tiempo de poder levantarme esta mañana pronto para ir al hospital a ver a mi padre, pero cuando estaba en la cama no hacían más que venirme ideas sobre cosas que quería escribir, y terminé encendiendo y apagando la luz constantemente y apuntando las ideas en la Moleskine que guardo arriba, sobre el nivel del agua en mi litera. Tras un buen rato así, me prometí fervientemente no escribir nada más aunque fuese una idea genial porque si no iba a ser la segunda noche que iba a pasar en vela sin descansar, pero en cada ocasión mi impulso era más fuerte que mi voluntad, y forzaba a mi cuerpo a enderezarse y pillar el boli Pilot y la Moleskine una vez más, una última vez, que no era tal.
En estas se me llegó a caer el Pilot al suelo, lo que hubiera sido una excusa perfecta para apaciguarme e intentar dormir, pero a pesar de mi cansancio total, las dos horas que había dormido en las últimas 48 horas, me bajé de la litera y descolgué mi cuerpo para intentar encontrar el Pilot, chocándome con las cosas a pesar de haber dejado todo ordenado y de conocer intuitivamente y al milímetro las dimensiones de mi habitación. La pulsión de pensar, encender la luz, pillar la Moleskine y el Pilot continuó un par de horas más que se me hicieron eternas. De hecho, para quitarme esa sensación, me llegué a levantar y encender el portátil, cuya pantalla lucía reverberaciones azules en la oscuridad, y escribirte una carta cuyo borrador acababa de crear multiplicando la velocidad a la que normalmente escrito en la Moleskine, aprentando la punta del Pilot y tergiversando mi letra por la pulsión creativa hasta el punto de no poder leer muchas de las palabras que había escrito.
Entre estas pulsiones e ideas descabelladas mi mente se hallaba en la más absoluta de las efervescencias. Con los ojos cerrados el cansancio físico y emocional activaban el sueño REM con la velocidad turbo max, y entre los intentos por caer rendida en los brazos de Morfeo yo notaba el movimiento de mis ojos debajo de las pupilas, en un extraño estado de sueño despierto difícil de explicar. En algunos foros de gente que toma Lamictal explican que uno de sus efectos secundarios es el del insomnio y los vívidos sueños. Yo no he sentido insomnio con el Lamictal: mi medio insomnio estaba causado por el cambio forzado de biorritmos que había generado el pasarme casi una noche entera solucionando cachivaches y delitos informáticos en los Macs, el portátil y el router wi-fi, y el cansancio consiguiente tanto físico como mental que a veces no te deja dormir tampoco.
Pero la verdad es que sí que notaba con los ojos cerrados algo así como estrellas fugaces que explotaban y viajaban creando estelas de colores como fuegos artificiales, y enviando con lentitud pero marejadas de ondas de diferentes densidades, gamas de grises y colores pastel que mis ojos enviaban de derecha a izquierda en este sueño inducido por el insomnio y el cansancio.
Una vez estuve casi dos días y medio sin dormir en Londres cuando tuve que exponer mi trabajo de escultura y pintura en la escuela de arte St Martins, en Charing Cross. Creo que es el mayor tiempo sin dormir que he logrado aguantar, no suelo hacer estas barbaridades. Pero la noche anterior y la de antes me la había pasado creando un molde de escayola de los pies de Armel (que salió precioso y perfecto con todos los detalles de sus venas, sus fuertes tendones y su musculado empeine -era la primera que lo hacía), otro molde de cera de sus manos, y una instalación que incluía versos escritos por mí. El molde de escayola era de sus pies y unos diez centímetros por encima del tobillo, y había colocado espigas de trigo seco pintadas de pan de oro saliendo de los ies antes de solidificarse la escayola.
También hice un cuadro con una fotocopia del Cristo de Velázquez y un marco de papier marché tintados de témpera blanca. Completaba la pieza un rojo corazón de Dalí atravesado por las saetas de unas flechas que eran clavos de la cruz del Cristo metidos en una cajita de madera adornada con cuarzos de colores que compré en el mercadillo de antigüedades de detrás de la estación de Angel. El corazón era un nabo con una preciosa forma cardiaca, y lo había pintado de un rojo bermellón encendido, con toques de amarillo en las heridas atravesadas de los profusos y planos clavos de hierro. Un verdadero corazón flameante. Se trataba de una visión muy personal y simbólica de la sangre de Cristo, la pasión, y como siempre de mi vínculo personal con el amor platónico que continúa hasta ahora (esto lo hice a los 23 años)!
La exposición colectiva del alumado de primero, en general fue un éxito pero yo tuve problemas. Estaba con Andrea, mi novieta de entonces, que tenía el mismo color de tez que yo y el pelo muy parecido al mío con sus rizos contorneados, redondos y prietos (tal vez más pequeños que los míos, como la lana gorda al desenrollarse). Su pelo era una melenita longitud corta, unos milímetros por debajo del lóbulo de las orejas. Ella era más alta y más andrógina que yo, una londinense del sur (creo que era de Brixton o Streatham), con sus eternos Levi's 501 y botas Timberland de cuero vuelto amarillo. Yo era más delgada, y ella más fuerte y de huesos más grandes, y la gente falta de imaginación nos preguntaba siempre si éramos hermanas, lo que podía haber sido, aunque mis ojos son marrón miel con unas pintitas que a alguna gente les parecen verdes, y los suyos eran oscuros como el barniz marrón profundo, tan preciosos.
Recuerdo perfectamente que después de hacer el amor se sentaba en la cama y sin perderme de vista suspiraba y se echaba el pelo hacia atrás quitándoselo de la cara, como intentando pillar más oxígeno, o dándose cuenta de la pasión que le había revolucionado todo el cuerpo. Y luego siempre tenía que marcharse porque vivía en casa de sus padres, lo que a mí me chocaba muchísimo entonces en Londres. Mi pelo también se me pone en la cara si no tuviera una banda de punto fino que siempre llevo, aunque en casa lo llevo tal cual me levanto hasta que me pone de los nervios. Por aquel entonces lo llevaba largo y el sol lo había dorado en algunas zonas. Mi madre me ha dicho que desde pequeña cuando me peinaba ella había visto las mismas canas en la parte de detrás de mi cabeza. Al darme el sol tengo donde las sienes unos mechones mucho más claros que el resto de mi pelo moreno, y este efecto contrastaba mucho con el tono miel de mis ojos. Supongo que es el contendiente natural de los highlights que la gente se hace en la peluquería. Ahora como llevo la banda no se me ven tanto.
La mañana de la exposición colectiva de mi año (que yo había encandenado con las dos noches en vela anteriores con sus correspondientes días) perdí la capacidad de enfocar con la vista, y fue crítico porque me faltaba pasar a limpio los versos de la instalación. Una señora del registro de la escuela, ante nuestro pánico una hora antes de que la galería de la escuela abriese sus puertas al público, me dejó usar su máquina de escribir, pero recuerdo que tuve que explicarle que no había dormido y que no veía nada bien: todo se había vuelto gris, el sueño me había invadido el cerebro y mi sensación del espacio y las formas estaba visiblemente alterada. Afortunadamente me creyó, porque me imagino que todos los años habría alumn@s haciendo burradas de ese tipo durante los últimos días antes de la exposición. Esta señora, con una dulzura que todavía recuerdo, pasó ella misma a limpio cuidadosamente y con mucho respeto e interés los versos que le entregué escritos a mano, sin poder yo leerlos, aunque sí que los iba corrigiendo al vuelo. Me alegro de que me creyera y no pensara que estaba drogada o algo por el estilo; en todo caso, su ayuda fue importantísima para mí, porque no concebía mi instalación sin la poesía ni las etiquetas de los objetos,que como un religioso y abigarrado tableaux mexicano representaba los conceptos más pasionales y sacrificados de mi alma.
No tengo ni idea de lo que Andrea pensaba de todo esto. Ella apenas había estudiado y llevaba incorporada al mercado laboral de los 14 años, aunque tenía más o menos mi edad. Me observaba con curiosidad y calma, y me ayudó a caminar y a cruzar las calles y semáforos cuando yo empecé a perder la vista por la falta de sueño, y de forma silenciosa se quedó conmigo todo el día en segundo plano, mientras yo le contaba a mis compañer@s de clase que llevaba cincuenta y pico horas sin dormir (tal vez habría alguna hora perdida por ahí que sí había dormido, no me acuerdo, supongo ...). Cuando le preguntaba que qué le parecía mi trabajo y el de otra gente sonreía incómoda y me decía que a ella ese tipo de cosas no le interesaban mucho.
La exposición fue un éxito, como todas las de St Martins. Los galeristas venían a ver el talento fresco británico y europeo, y, aunque se trataba del alumnado del primer año, los trajes caros, las chaquetas de pana fina y los hombres con pelo engominado peinado hacia atrás con una sonrisa de apreciación e interés abundaban por la sala. De eso si me acuerdo, antes de perder la mayoría de mi percepción visual un par de horas más tarde. Mi instalación no estaba completa hasta encender unas velitas redondas y planas, de las que se ponen flotando en el agua, y la luz dorada que reverberavan sus llamas hacían que mi pieza destacara ligeramente de las demás gracias a ese nuevo elemento: el fuego, que se unía a la sangre, la pasión, el dolor y la vida.
Tuve que salir a hacer algo y cuando volví me encontré conque la gente estaba aplaudiendo y me miraban con interés al acercarme a mi instalación. Del tumulto surgió el conserje con el semblante enardecido y rojo como un tomate. Llevaba un extintor en la mano y tenía cara de malos amigos cuando me reconoció como la alumna que había encendido las velas aparentemente sin permiso, con tan malísima fortuna habían incendiado las espigas de trigo secas y puesto en peligro la seguridad de todo el mundo. Mi instalación se quedó cubierta de algo parecido a las cenizas de Pompeya debido a la espuma oportuna y rápida del extintor que evitó males mayores. Pero curiosamente el cuadro del Cristo de Velázquez con la fotocopia en blanco y negro cubierta de barniz había sobrevivido al fuego y tan sólo mostraba tras la combustión y el sifón de espuma del extintor un ligero reverdecimiento y enrojecimiento de parte del barniz transparente que protegía la imagen. Esto lo atribuí a que el lado mágico y espiritual de mi trabajo había custodiado su protección frente al fuego. Mi Cristo no quiso extinguirse. Y de hecho lo he llevado de país en país y lo he tenido siempre en mi casa desde entonces. El año pasado se lo regalé a mi madre pensando que le haría ilusión como a mí me ha hecho tenerle tan cerca, y creo que lo escondió en algún sitio, como siempre que no quiere decirte directamente que algo no le gusta, y ahora ha desaparecido del mapa. Pero tanto a mis libros como a mi Cristo los recuperaré muy pronto cuando ponga más estanterías en mi casa y diseñe de nuevo el espacio en las paredes.
No estuve mucho más tiempo con Andrea. Nuestra pasión se deshizo como la de mi pieza en St Martins debido a la falta de comunicación entre nosotras a pesar de su ternura, dulzura y belleza. Ella era de otro mundo donde los sentimientos no se expresan más allá de las miradas de deseo de un extremo a otro de un local oscuro donde nos encontramos por primera vez.
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viernes, 3 de abril de 2009
MacOs X: Kernel panic!

Puf, nada, no hay nada que haga que MacOs X empiece con esa resolución que le puse ... pffff
Encima de tanto cambiar el disco del G4 al G5 me estoy volviendo cegata. Dejé la linterna encendida durante horas hace tiempo y se me acabaron las pilas, y claro, no veo nada. Sí, debería mover una luz, el ordenador encendido, los miles de cables, etc. O comprar pilas mañana claro. Mi método consiste en cerrar los ojos para renovar los conos y bastones, como me dijo mi hermana la pequeña que es óptica además de farmacéutica, y además acostumbrar la pupila a menos luz, para luego abrirlos debajo de la mesa y así poder conectar cables IDE a los discos duros y demás sin dejarme la vista y la piel de los dedos en el intento.
He perdido un jumper de uno de los discos duros. Sí, tengo otro, pero era el último, y me da rabia no fijarme dónde pongo las cosas cuando las hago de forma automática. Bueno, es muy pequeño; tal vez me valga la excusa del tamaño.
Son las 2:24 de la madrugada. En M80 (tengo la radio bajita, bajita) y ponen power ballads, mucho años ochenta, y creo que están enamorados de Whitney Huston, lo que a mí me vale más que bien. Estoy escribiendo esto en una de las muchas pausas que tengo entre encendido y encendido de ordenador. Tengo el portátil en una de las sillas, el Mac ahí abajo, y con una mano voy haciendo reinicios seguros y otras cosas. Estoy trabajando con tres ratones, dos Macs y un portátil con Vista. Parece que mi multitarea está funcionando como antaño. Madre mía ¿cuántos reinicios van ya?
Busco en foros ayuda para este peculiar problema de las resoluciones del MacOs X. El mismo programa que me ha salvado la vida con MacOs 9, el SwitchRes, me la ha complicado las últimas cuatro horas con MacOs X, pfffffffff.
A ver, este tema es peliagudo, no es nada fácil, lo estoy probando todo. No quiero reinstalar el MacOs X, tengo programitas de todo tipo que he ido sacando de aquí y allá y es demasiada paliza, a pesar del tiempo que estoy tardando en dar con la clave de esto. Me acabo de hacer un bocadillo de jamón y queso con pan de centeno del arsenal de comida que me trajo mi madre esta tarde, pobrecilla. Y mañana voy a cuidar a mi padre, aunque parece que no está queriendo comer con nadie y yo sé que no me va a dejar darle la comida, porque es su última rebeldía conmigo, aparte de no dejarme tocar, decir ni hacer nada cuando estoy en su compañía. O tal vez sea mi turno de acompañar a mi madre al notario para hacer las famosas compulsas de las fotocopias que tras investigar a fondo (como yo, ella tiene ese afán investigador) ha conseguido enterarse que quién se las compulsa. Ha tenido que hacer más llamadas al 012 y al 010 que nadie. Yo pensé que eso de las compulsas era del año de la ñata; ahora o cualquiera te mira de refilón una fotocopia y el original y te la da por buena, o te hacen dar originales a todo el mundo ... Bueno, mi trabajo de mañana con mi madre sería quedarme en el coche, porque ella no podrá aparcar, y le echaré un ojo al libro de George Steiner, o escribiré en la Moleskine, ya veremos.
Me estoy preguntando últimamente de dónde viene esa compulsión por re-escribir mi vida de forma tan prolija, porque al fin y al cabo escribo para mí. Pues es que me relaja, me hace pasar los ratos muertos, me libera, y además me gusta leerme cuando han sucedido los acontecimientos del día a día; me recuerda lo que pasó, lo que hice, lo que tal vez voy a tener que volver a hacer, porque suelo olvidarme
También porque, aunque resulte extraño, me permite hacer las cosas durante el día con mayor reflexión, concentración, sentido del espacio mental y físico, relacionar temas, ver la cotidianeidad como algo que es narrativo, despegado del mundo en cierto sentido porque proviene de la mente. Me permito estar en ciernes, al acecho de experimentar el mundo con sus cambios y fluctuaciones de frecuencia, porque es casi igual que cuando lo escribo a posteriori. Es como si el futuro y el pasado se fusionaran por virtud de una teorías cuántica.
Me parece que me voy a ir a la cama sin haber solucionado este problema, y no me hace nada de gracia porque mañana vienen a ver el corto unas amigas, y el disco duro éste me va a dar problemas. Hay una posible solución temporal que consiste en pasar el disco al otro Mac y así ver la película, pero no sé, no está nada claro ... Ya veremos. Simplemente no le da la gana de cargar el sistema operativo ... grrrrrrrrrr. Y hace unas horas todo iba de maravilla. Es típico. ¡Típico!
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viernes, 27 de marzo de 2009
Lamictal: ya empezamos

Ya empezamos.
Con los ojos de esparto, sintiendo cuchillas en las palmas de las manos por las mañanas y por las noches, con la sequedad dental, con la piel de la cara tensa y seca como Joan Crawford tras un retoquito más
Ya empezamos
con los lapsus (las bragas sucias van al tonel blanco de Ikea no al WC - aunque eso sólo pasó una vez ;-) pero es preocupante) , con la fotofobia y tener que llevar gafas de sol (no me gusta, ¡que soy italiana! y no quiero perderlas, regalo de mi hermana, son buenas ... bueno si tengo que hacerlo dejaré las Chanel y pillaré unas Rayban Aviador;-), con la pérdida de peso vertiginosa, con el pelo caído a mechones por el desagüe al lavármelo, con los ojos inyectados en sangre tras horas enfrente del ordenador por la sequedad en las mucosas, con el investigar a fondo, empollarme de bioquímica y neurobiología para dar con información que minimice los efectos de la química neuronal, con las ganas de llevar mis anillos romos de planta otra vez, mis muñequeras de tenis, con gastarme una fortuna en la parafarmacia, con conocer a fondo mis neurotransmisores, con querer irme a Barna de fiesta lo antes posible, con sacar la trompeta y practicar, con hacer finalmente el pedido de mi caja de verdura y fruta orgánica por internet y que no me importe que la traigan cuando yo no esté y la dejen en la escalera, sin pensar que un vecin@ me va a robar los huevos de corral
Ya empezamos
con los anglicismos y las dudas con la ortografía y la gramática que antes nunca tuve causados por la medicación, pero espero que contrarrestados pronto con mi nuevo hallazgo del L-metilfolato que ya metabolizado llega inmediatamente a la corriente sanguínea y de ahí al cerebro, de esa forma se mejora el impacto en la función cognitiva y me podría volver lista y todo, con el probar el cardo mariano para la sequedad y la mejora del funcionamiento del hígado, con los pensamientos algo desatados y acelerados, con la rapidez mental, la sumersión en mi mundo, la simpatía y el guapo subido, la impaciencia, la observación y recepción enriquecida del mundo a mi alrededor sin agobiarme por Madrid, los detalles cotidianos, la imaginación sin límites, la capacidad creativa desentumecida, el poder escribir sin forzarme ni trabarme por ser una necesidad vital, el respirar literatura, filosofía, sociología, psicología, ciencias y humanidades y absorber todo a lo bestia y volcarlo luego en mi vida, integrarlo en mis pensamientos, con el bajarme series de internet y películas clásicas de Spencer Tracy y Katherine Hepburn para verlas luego con mi madre, con el comer bolsas enteras de nachos orgánicos de una panzada para matar el gusanillo, con el cocinar con gengibre y tomates secos, con el ponerme ropa diferente del uniforme, sacar mis camisetas de Flat Eric, ponerme unas zapatillas diferentees cada día, con el querer sentirme libre y ansiar correr durante kilómetros y sudar chorros de oro y estirar en el parquecillo de la Plaza de Olavide, con el olerme el sudor retrotrayéndome a mis entrenamientos en el Vallehermoso cuando tenía 14 años
Ya empezamos
con mis actuaciones en plena fluidez, con el volver a escuchar música (recorriendo Radio 3 para levantarme: "Hoy empieza todo", Laura Pausini, Mecano en París, David Bowie), el descargarme todas las pelis bollos que hay en internet, el pasar fines de semanas enteros viendo cinco o seis películas diarias, noches enteras hasta las ocho o diez de la mañana, montando en el Mac mis películas, mis bobinas, mis cortos, mis vídeos de danza, de poesía en escena, con el open mike, con el querer ver a mis amig@s, con el entender mejor a Poquitos (mi sobrino) porque el bebé me recuerda a tod@s nosotr@s en esta bendita familia con sus luces y sus sombras, con la lucidez mental, la descarga de mi inteligencia, con el no saber por qué salida de metro era a pesar de ser la de siempre durante años, con el sudar al calcular las horas de trabajo, el tiempo transcurrido entre las 3:15 y las 19:45 porque me cuesta sumar y restar, ni entender mezclas entre horarios AM y PM y los otros, el llegar tarde a todas partes tras lapsos de tiempo de cinco horas haciendo cosas, leyendo, ensoñada en conceptos intelectuales que no puedo pasar de largo o dejar para luego, imposible parar tiene que ser AHORA, el no darme cuenta del tiempo transcurrido, el volverme más curiosa, dinámica, hiperbólica, despierta e intuitiva, con el trabajar de cachondeo y dejarme querer por las chicas de la oficina, con silbarle a una mánager cuando está buena y se pone el traje de power dressing, con ser híper bollo y reconciliarme con mi lado masculino y mi lado feminino, con el pasar del sexo porque el sexo pasa y el sexo viene y ya me desearán, con mi platonismo en acción, con el pensar antes de actuar o no pensar y sólo actuar, con el ser una mujer de acción, con el querer cortarme el pelo pero sólo hacerlo a la tercera porque a mi madre no le gusta, con convercer a mi madre una vez cortado dejándole pasar la mano por los rizos ensortijados que me salen y que son como en la foto mía en el baño a los seis meses sonriente con el patito y sé que eso la enternece, con alimentarme con algo más que pan con queso y aceite desayuno comida y cena, y tener mono de nueces, tofu, verdura verde y roja, con no sentir yuyu de poner lavadoras o limpiar el baño, es más tener ganas!
Ya empezamos
con el no pensar en cosas raras y en la depresión todo el santo día, con el soltar tacos como jodido esto y puto lo otro otro porque se me suelta la lengua, con el encendido automático, con la impaciencia con la gente perturbada y difícil, la empatía con almas gemelas, el sufrimiento ajeno, mi misticismo, el querer aprender palabras y buscarlas en Wikipedia, en los diccionarios de griego y latín, en María Moliner, con el amar la tos de los bebés, el no cesar en el intento a pesar de las dificultades, el buscar alternativas escondidas y no reseñadas, el comer comida integral y buenos alimentos porque creo en ello, el no importarme tanto lavar los platos, y fregar toda la casa de un tirón, con el hablar cómodamente con gente desconocida, el hombre que limpia el portal y que me devuelve una sonrisa y que me busca cuando está en casa, con el que me ponga el brazo en el hombro con ternura y me enseñe su diente de oro, con el acostarme a las mil y al dormir encender la luz antes de caer para escribir alguna cosilla en mi Moleskine de la mesa de noche, con mi Macintosh a tope y el destornillador en ristre, con el open software y Ubuntu y Linux para este año, con el borrador del guión de mi largo sobre mileuristas, con el llamar a amig@s para que lean mis guiones o vean mis pelis y me den nuevas ideas, con el quedarme después del trabajo en la ofi porque así puedo escribir y estar tranquila con los cuatro gatos, con el gustarme tener cuarenta y algo años que en Europa son los nuevos 30, con el entrar en librerías y centros de arte, con el pensar en ir a NY ya, con el pasear por la oficina con las manos en los bolsillos como un modelo de Calvin Klein
Ya empezamos
con el comprar cosas en internet después de investigar mil historias y no darme por vencida hasta que encuentro lo que busco, a no saber lo que busco pero dar con ello igualmente, con el bollo frikismo - el firmware, el software, mi web 2.0, el vintage, el naturo-frikismo, el médico frikismo, el Apple-frikismo, con el faltarme oxígeno al respirar y notar que me ahogo, con el forzarme a respirar, el intentar relajarme con cds, con mp3s que me bajo de internet, con el estudiar terapia cognitiva, con ser la princesa que lo aprendió todo en los libros, con el enamorarme predeciblemente cada tres meses, con el escribir en foros de internet y comentarios en los blogs y luego responderlos y conocer a gente, con el conectar con la comunidad de bipolares en internet y sentir compañia por lo list@s que son, con el buscar almas gemelas, con el abrir la puerta de la casa de mi madre esta vez con la llave sin llamar para que me abra, con el no poder leer mi letra cuando escribo y al mismo tiempo ando por la calle o subiendo las escaleras del metro, con cepillarme Moleskines de bolsillo en unas semanas con letra apretada, con comprar más bolígrafos Pilot y pensar en micro tamaños de trazo de tinta, con el preferir la tinta fluida a la pegajosa y consistente, con el cuidar de mi pelo con cera de abejas y otros productos afro hair que aprendí de mis novias en Londres y Estados Unidos, con volver a mis productos clásicos de pelo y acordarme cada día de ponérmelos, con dejarme los pelos de punta de vez en cuando por la calle, con reflexionar a menudo que tengo las cejas de mi madre y de mi abuelo, con crear nuevas etiquetas de mi blog y nuevos podcasts con mi voz aunque me dé algo de vergüenza porque me ayudan a clarificar mis sentimientos y apreciar la imagen del espejo
Ya empezamos
A ser yo
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domingo, 22 de marzo de 2009
Valentía

Para escribir con la tinta de la sangre de tus sentimientos tienes que ser valiente y abrir las heridas del alma y aquéllas resguardadas bajo la piel. Ser honesta contigo misma y recrear las aristas y los embistes del dolor en cámara lenta para poder declamar sus cacofonías, los efectos de la crueldad de sus armas arrojadizas en el esternón, sus inconsistencias, sus pérdidas, sus irreversibles.
Busco intersecciones para encajarme dentro y prosperar. Tengo la agenda llena de silencios inválidos, carentes de control. No he escrito lo suficiente. Sus hojas sudan porque a pesar del escaso peso de mi escritura reciente está invadida de sentimientos que he de liberar. Son los trazos invisibles de témperas en los pinceles tibios de mi imaginación, los enredos triviales de mi inconsciencia, los olores reverdecidos que inspiro en el aire y busco desesperadamente, de forma imbatible. La valentía es un haz de sensaciones deshechas de belleza, cuadros enteros arrebolados e inmensos, irresistibles cruces e imprecisiones.
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martes, 27 de enero de 2009
Interlocutores válidos

Ayer saqué la libreta en el metro cuando los trenes iban retrasados. Cuando decidí contra toda lógica multiplicar exponencialmente la duración de mi trayecto añadiéndole un trasbordo a mi viaje sólo para evitar verle la cara al McDonalds de Gran Vía, a la esquina de la calle Montera y a las escaleras mecánicas perennes de la línea azul que parece que te van a tragar en su ignominia facinerosa.
Estaba intentando bajarme del juego de el día tiene 24 horas, sigámosle la pista. No quería encontrarle llaves a los callejones sin salida ni vehículos de fuga a las jugadas de persecuciones en esa película de Tron en la que me había encontrado todo el día. Para empezar me hubiera gustado neutralizar todas las sensaciones físicas que me afligían, descargar la montura (mi mochila) y garabatear el suelo con mis zapatillas durante un rato sin sentir la gravedad.
De repente me di cuenta de que en efecto era lunes, y seguía siendo lunes. Fue muy extraño. Había reflexionado tanto durante el día sobre eso que de repente el efecto lunes ya parecía sublimado. Había estado jugando al ratón y al gato con mis pensamientos: cuando estaba enfrascada en temas de trabajo quería pensar en otra cosa, escribir, trastear, y al intentar escribir me asaltaban las menudencias de mis obligaciones laborales.
"Es como si hubiera perdido mi hilo interior, como si el diálogo estuviera extinto. He salido tarde, tardísimo del trabajo. Parece que cuando sales tarde ya no tienes que enfrentarte a la tarea de evaluar la vida durante el resto del día con ideas fratricidas que cargan contra tu propio tejado. Esa supuesta sensación de satisfacción que otorga el deber cumplido te mece en su regazo, y el mundo, cansado de estar todo el día compitiendo con la grandeza del sol, te trata con benevolencia."
No estaba segura de ir a pasar a limpio las notas de mis viajes en metro. Probablemente iba a optar por no hacerlo. Porque necesitaba descargar mi subconsciente como la fruta recogida en un capacho de paja con total libertad.
"Estoy parada en el andén escribiendo. Me pasa la gente por delante y por detrás. Para mí todo el mundo es desconocido, pero para sí mismas todas estas personas, incluidos los bebés, son viejas conocidas. Han convivido consigo durante el día de hoy y están fundidas en su propia piel, esa piel que ha sido testigo de cientos de intercambios osmóticos con la intemperie. Han cubierto y recubierto su cuerpo con bufandas y chaquetas, como yo. Se han masajeado a sí mismas el tendón de la clavícula, han sufrido indigestiones estomacales con resignación, han flexionado los párpados para vencer al sueño. El día se ha llenado de sucesos, palabras, frases, planes que han rondado sus mentes y han parapetado sus acciones, aunque yo lo ignore todo sobre ellas."
Al final, a falta de interlocutores válidos, he vuelto a volcar el contenido de mi Moleskine sobre mis dedos, estrellándolo en los protones luminosos que se extinguen con muerte súbita frente a mi iris para poder avanzar yo el cursor por la pantalla y mis pensamientos en estas líneas rectas.
viernes, 23 de enero de 2009
Hoy no experimento la vida tan fuerte, tan intensamente, tan desesperadamente como debiera II

Libre de atracciones duraderas y aprehensibles. El cansancio es suave, pero carga las caderas, la espalda y hasta la tez. Tengo cercos de visibilidad impresionables y raudales ingentes de alegrías diminutas. No he sabido reinar en el caos y eso se paga caro.
En cuestión de cien despedidas voy a retirar los pai-pai que ya retiemblan y recibir los idus de junio, aunque parezca rocambolesco. Exudas los espumarajos de bienvenidas mutuas, y si te cayeras no lograrían levantarte. No tengo la más mínima duda. Me mantengo sujeta al pasamanos y la cruenta lucha con el tránsito de un día a otro durante la madrugada me atraviesa como a una moneda. Por toda posesión albergo esta agenda. Es poco menos que nada, pero a mí me basta.
Una visión de cuero se encuentra en el cabo risueño del estío; exhibimos cientos de frecuencias rescatadas de tu ausencia. No puedo reducir mi primer día a la secuencia que te contrapone, no es posible, pero requiero un mínimo de visibilidad, una contraseña de un fusible enmarcado, un crisantemo de aluminio que roto, inerte refleje aire congelado como tantos otros. Se pueden elaborar ecuaciones de mirillas rotas y bastiones salados, pero en medio del Támesis se ahogará una gaviota ciega que se salta los semáforos.
Todos los movimientos circulares están repletos de enojos, y apenas se restriegan las noticias de buena tinta y los molinillos comestibles y vibrantes. No hay que parar nada que ya se haya comenzado: el cerebro en un hogar con los teléfonos pinchados, los acontecimientos rebasados lo pueblan a medida que las imágenes se suceden, los toldos concentran sus colores y el viento se arremolina en bufandas de aire fresco que tiranizan los huecos de calor.
En cuestión de días nada será igual, y las miradas vacantes se perderán entre las huellas. Espero que a medida que ascienda el ánimo me encuentre más entera, más sola para verme en cuadriculado otra vez, en vez de en plisado. Es una posibilidad de incesantes concatenaciones. El sentirse bien es sentirse sola, como una rotonda en un ojal, como una rueca deshilvanándose, que sin embargo lucha por liberarse del sedal que la amordaza como un pescado atemorizado.
No quiero guardar recuerdos de estos momentos, quiero quemar los barcos para no tener que regresar aquí jamás.
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sábado, 27 de diciembre de 2008
Pilot

Dentro de mi fijación elemental y compulsiva por atesorar bolígrafos y rotuladores Pilot en la encimera de cristal de mi mesa estándar de Ikea se encuentra la apreciación del baile fluido y calmante sobre el papel que cualquier otro bolígrafo parece incapaz de hacer tan bien como los de esta marca. Los Pilot acarrean el ritmo de mi apresurada y bordoneante escritura de forma inmediata. Me permiten sostener el punto céntrico gravitatorio de mi pensamiento textual y retienen la punta justo lo suficiente para conjeturar y concebir la palabra antes de que mi muñeca se deslice vertiginosamente y con un golpe innato y neuro-óptico ejecute de forma instintiva un movimiento gestual que me arranque la palabra para verterla en la página.
La viscosidad y secado inmediato de su tinta es también un factor inalienable e inconmensurable para mi preferencia por la escritura con este bolígrafo. La prisa que tengo por rellenar las líneas imaginarias de mi particular grafología en el manto blanco del folio me hacen necesitar un aliciente para volver atrás y bordar y acicalar la palabra con su correspondiente acento o la pajarita de las tes.
Mi escritura se nutre sin duda alguna de los recuerdos imbricados en mis pulgares, la punta callosa del dedo índice por los recorridos del papel y el arrastrado encomiable del dedo anular que hace de acompañante borracho y retrasado. Aprieto el bolígrafo con demasiada ansiedad, premura y sentido de la urgencia, y remato con trastaverada impotencia, como si temiese que las cuerdas del arco de un violín estallaran en pleno giro y brinco radial en el aire. Por eso sujeto el espacio entre la punta móvil del bolígrafo y el papel transversalmente, con el aliento siempre retenido a cada impulso por miedo a detener el empuje de las nociones imaginarias, la marejadilla de pensamientos en flor.
Las patrullas fronterizas imberbes de las columnas mínimas en blanco que permito existir a cada lado de la línea escrita ayudan a mediar entre el espacio preñado de ideas y el primigenio e impoluto. Me permite una pausa para recabar información en la carga de tinta de mi ayudante más fiel y mi consejera más fértil.
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domingo, 14 de diciembre de 2008
Una propensión propulsante
Estaba pensando últimamente que debería volver a tener trayectos largos en el metro a sitios alienantes (ofi) o vuelta a casa (qué alivio) o tal vez otro tipo de planteamiento porque no sé si voy a fluir tecleando, tecla que tecla, sin escribir en mi Moleskine. Supongo que cuando escribo en casa no puedo hacerlo en la Moleskine porque es mi cuadernillo de viaje.
A lo mejor es que quiero viajar, salir, retozar en las visiones borrosas y movidas de un paisaje moviéndose raudo delante de mis ojos (aunque la que se mueve por supuesto eres tú). Pero no soy de las que les gusta no ir, ir a ninguna parte y esta vez es así: no quiero ir a ninguna parte pero sí quiero viajar o moverme o algo.
Hoy he pensado, he tenido una alucinación. Quería verme con un peto de pintora en un espacio enorme cambiándolo, haciéndolo trizas con la imaginación. Estoy echando de menos la brutal actividad que tenía en Londres donde me daba por alterar el sitio y las dimensiones de las cosas (al menos en mi cabeza). Londres me creaba una plasticidad especial, todo lo veía como maleable, cambiable y cambiante, at my fingertips, en la punta de los dedos, de la lengua. Estoy empezando a acordarme del Londres de mis sueños, de mis sensaciones, de cuando creaba, pero aún así sé que ahí está, la mala bestia, y no quiero volver ni quiero volver a verla (por ahora).
En el fondo no quiero moverme pero quiero keep on moving (k.d. lang). Ahora tengo una oportunidad preciosa para hacerlo, para situarme en el fondo azul de la piscina, en un balcón herida por el sol, encima de una hoja de loto ... donde me da la gana. Y voy a hacer buen uso de ello.
Pero es que no quiero salir de mi casa tampoco. Esta semana lo he hecho y he vuelto a sentirme súper cansada, con un cansancio que me acecha y me devora tan sólo para obligarme a ser esclava de mi intimidad, para crear nuevas reglas de gravedad que me mantengan sentada en mi piso para hacer aquéllo que tengo que hacer, leer lo que debería leer, pensar lo que es necesario que piense para salir adelante.
Esta semana he visto a muchas personas pero eso me ha conllevado mucho esfuerzo. Me ha gustado mucho pero al mismo tiempo me ha agotado. Vuelvo a obligarme a hacer un sagaz e inhumano esfuerzo para comunicarme cuando yo lo que quiero es dinamizarme con el ambiente o simplemente dejarme llevar. A lo mejor no soy una persona de dejarme llevar y tan sólo lo puedo hacer sola o cuando la intimidad con alguien me deja permitírmelo. No lo sé.
Y además esta casa no tiene todas las cosas que debería tener. Necesito mis libros, los que leí hasta los 21 años, antes de irme a Londres, los que han acabado en cajas porque mi padre los quitó de en medio y mi madre no se atrevió a volver a posarlos en otro lugar. Mi padre, con sus sempiternas estrategias para hacernos desaparecer, para desahuciarnos de su vida, para hacer hueco, espacio, expulsarte o centrifugarte, hacer de su ambiente un espacio estanco. Darte con la puerta en las narices y dejarte al borde del precipicio sin alas, ni zapatos, ni oxígeno. Menudo cabrón. Y ahora lo ha perdido todo porque no se dejó nada para luego y su mente vaga desnuda por el mundo, su cráneo hueco. Qué pena. Qué extraño. Qué hacer.
Cuando mi padre me deje un par doble de horas para mí y mi madre (digamos cuatro) voy a bajar todas las cajas de los altillos de la casa de mi madre y llevarme los libros de una vez de allí. No sé dónde voy a ponerlos, me da igual si tengo que salir por la ventana de mi casa a coger aire, están presos, cautivos, secuestrados en otro sitio y ahora voy a ir a liberarlos.
Algunos de estos libros son de mi madre, porque yo se los robé. Pero un libro que lees cuando nadie lo hace o lo va a hacer más, cuando nadie lo mira al pasar no es un libro robado: es un libro rescatado de la soledad, del vacío, de la puñetera casa de mi padre donde nada tiene su sitio, donde todo está fuera de contexto, donde su mente ha estado tan derruida antes como ahora, lo que pasa es que antes le hacíamos caso. Qué asco, cuánto tiempo perdido.
Pero nunca es tarde para recuperar el tiempo. Veinte años se pueden recuperar en veinte minutos, lo importante es querer.
Yo esto recuperando(me) y es una sensación extraña. Me da vergüenza que la gente vea atisbos de esta reconstrucción, es como una operación de cirugía estética para quitarme los rasgos que ya no me definen, volver a mi rostro. Estoy volviendo a los años setenta a los ochenta, a mí. Y sólo entonces podré entender lo que he hecho durante todo este tiempo, cómo me dediqué a vivir así mi vida y por qué me causaron impresiones, dolor y curiosidad, gozos y sombras todo lo que he estado haciendo desde aquel entonces.
Recuperar es mejor que tener algo de nuevas. Y por eso soy rica porque puedo recuperar todas las cosas que necesito. Y aunque no estén ahí con que las redescubra o recuerde ya es suficiente. A veces escribo palabras que no he dicho en miles de años, que no he escuchado decir. Es una sensación impresionante.
No sé qué me pasa físicamente. Estoy hecha polvo. Quiero comerme cien barras de pan. Quiero entenderme, quiero que me dejen en paz pero que me comprendan y me acompañen. No quiero salir ni entrar, pero quiero que vengan si me dejan ser. Quiero que me vengan a buscar, que me apetezca ir con ell@s. Quiero alimentarme de oxígeno e imaginarme que es pan con queso. Quiero tomarme otra slice de pizza siciliana en La vita e bella de Malasaña (sé que hay un acento por ahí). Quiero tomarme un café sin que me revuelva el estómago y me deje seca. Quiero descargas eléctricas de dopamina por mis nervios, mi sangre, mis recorridos neuronales. Quiero reírme sin que me digan que no es gracioso. Dónde estoy que me bajo.
Quiero recorrer páramos y sentirlos jardines. Pensar en sueños y soñar en letras y líneas escritas. Quiero descargar sopa de letras de mis Moleskines como quien se baja millones de bytes en su ordenador.
¿Por qué me gustan tanto las mujeres? Quiero mirarlas sin desearlas. Hoy una me ha dedicado una mirada de paso congelada en el movimiento, consolidada por mi reciprocidad. Probablemente no fuera nada y lo es todo. Pero empezó en el principio de la ventana del café y al pasar el muro hacia la otra ventana la mirada continuaba; yo le di a ella un latigazo y ella me lo enchufó a mí. Quiero comunicación no verbal como en el verano cuando disfrutas del sol con otra persona. En invierno todo el mundo quiere hablar, quejarse, rememorar, pero yo sólo quiero hibernar en la intimidad de una pompa de calor, y quien se apunte, vale, pero no me marees, no me dés la tabarra con tus mil historias, quiero dormir contigo, descansar sin que me digas que hay que salir a no sé dónde. Quiero que disfrutes de mi calentadorcito LasTresJotas (termoventilador) con el que me quemo la piel de los pies dentro de los calcetines inútiles. Y que no me digas que te da dolor de cabeza.
Tengo sueño, pero como de costumbre no quiero dormir. No creo que haya nada ahí de interés, en el mundo del subconsciente onírico. Me he cansado de vagar allí como un alma en pena. Quiero quedarme aquí, en este otro mundo, en la otra orilla, un poquito más.
No quiero soñar, quiero vivir. Aunque sé que debo descansar si quiero tener la vista descansada mañana, si quiero tener fuerza suficiente
¿Será mi thalassemia minor? ¿Será mi bipolaridad? ¿Será mi imaginación? ¿Será haber dormido seis, siete horas en vez de ocho? ¿Será que Vodafone me levantó a las nueve con un estúpido mensaje con el importe de mi recibo en vez de dejarme dormir hasta las once como había planeado? ¿Será que he estado soñando con mi padre durante las últimas dos, tres noches? ¿Será que mi hermano salió a cruzar la calle como un espectro una noche cerrada con el semáforo en rojo y casi se produjo una colisión múltiple de coches que le hubieran llevado por delante y que mi hermana con el bebé le vio hablando con el coche policía, y hasta Poquitos alucinó con todo al igual que todo el mundo alucinó con todo? ¿Será que al llover mi cuerpo entra en stand-by y no estoy respirando lo suficiente? ¿Será que llevo dos, tres días comiendo poco o desayunando, comiendo y cenando al mismo tiempo? ¿O que la gente me está hartando con su estrés y machaconería? ¿Que las mujeres que encuentro y me tocan en el trabajo y me sonríen con unos ojos marrones, enormes, mareantes, esplendorosos y mullidos luego se dan media vuelta y se van a hacer sus cosas y yo me quedo clavada en el sitio preguntándome ...?
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martes, 9 de diciembre de 2008
Pasiones autodidactas y desarticuladas
Mi vida, ese principio variable como la meteorología. Mi vida por ser yo bipolar es así. Ese circuito febril, inusitado y breve, borrascoso, sintomático y asimétrico, húmedo y ardiente, ambas a dos.
Simplificado y rebuscado, casualidades sempiternas que te permiten recorrer trayectos sin rumbo, circulares en una fisura continua y sobrellevada por la locura.
Sí, las personas enloquecidas y la infancia expresan sus circunstancias y los demás les seguimos muyyy de cerca. Un golpe de gracia en el vientre de nuestra madre y salimos al mundo con privilegios, con comida que llevarnos a la boca, pero no siempre es así. Que se lo digan a las otras almas que recorren nuestro camino, pero detrás, como en el cuento de Esopo.
Sin embargo nos entregamos al torero marino, a los placeres urbanos, al saber eterno de las mentiras.
Y en este tiempo rellenamos cuadernos cuadriculados.
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sábado, 29 de noviembre de 2008
Perspectiva
Bueno, sí que he estado escribiendo, pero me sentía bastante pusilánime y no he pasado el material de mi Moleskine a Un día en Madrid. El final de la semana me he estresado y se me han apelmazado los músculos como pelotas de tenis y sólo he podido hacer lo que bien sé cuando tengo que lamerme las heridas: ver doscientos dvds de películas hasta que las historias de otr@s me inspiren y me hagan olvidar las mías.
Voy a trascribir parte de lo que he escrito y tal vez lo que he estado elaborando en mi mente cada día pero que no es traspasado siguiera a la Moleskine:
Lunes o Martes??? Ahhhh, no, fue el domingo, sí.
Recorro Babelia y sus clementinas páginas repletas de intelectuales judíos franceses repicando en portátiles Macintosh letras de crónicas y mitomanías, encerrados en sus lofts urbanos o en la campiña europea. Leo:
Antony Beevor, fotografiado a primeros de este mes en su estudio.
A ver, ¿qué tendría que hacer yo para ser Antony Beevor algún día? A pesar de ser 41 o de tener 41 años, sorry, y de ser ya mayor, a lo mejor todavía puedo hacerme adulta de verdad y salir en una foto en un suplemente literario.
Sigo leyendo a pesar de estar en el metro Urgel a seis minutos ... a dos minutos ahora de coger la línea 5, la verde, y dejar territorio comanche para llegar a mi barrio, Alonso Martínez, lleno de perros de vieja y de burguesías encebolladas y progresistas de medio pelo que jamás, jamás han pasado hambre; pero ante todo a mi portátil, mi sofá, mi pan con aceite y mi mundo.
Y siento mucho estar tan tarada con mi mundo, mi barrio, pero no lo he destetado todavía. Ostento muchas imperfecciones.
Estoy muy contenta de no pasar frío en este vagón porque L. y yo nos hemos pasado varias horas divagando sobre lo divino y lo humano en la calle. Yo estaba persiguiendo cielos estrellados, pero no he encontrado todavía ninguno en Madrid desde que volví hace casi cuatro años ya.
Tal vez el cielo de mi litera me entregará los sueños en bandeja de plata esta noche.
Anthony Beevor, entre cajas y cajas de vino francés. Claro, vino francés, tiene que ser vino francés, si no es francés ¿cómo podía beberlo Antony (sin hache) Beevor, por favor?
Ah, acabo de enterarme de que Antony Beevor es inglés. Sigo leyendo sobre su libro y la batalla de Normandía donde él lleva décadas estudiando la evolución de la relación franco-norteamericana desde entonces. Y el tren ha llegado ya a a La Latina y se llena de lo que L. llama gente normal. Yo me alegro de acercarme al centro porque así llego a casa pero siento náuseas porque a pesar de mi plumas he pasado frío y quiero llegar ya, a mi sofá y hacer pis, entronizarme de nuevo en mi mundo y estar tranquila. Es más, no voy a salir en Alonso Martínez, voy a hacer trasbordo e irme directamente a Bilbao para llegar lo antes posible a mi casa.
Me he bebido dos Heineken más y ya se ha estropeado la magia. La segunda la he puesto en una botella de agua para salir del bar y abandonar los homófobos de al lado que hablaban por encima del nivel del fútbol, y ya no me ha sabido a Bizcochito, sino al fracaso de no haber recibido suficientes mensajes respondiendo a los míos. Presiento y sé que ya se está alejando de mí para no volver. Como siempre estropeo las cosas haciendo todo lo que está en mi mano para probar hasta qué punto puedo llegar y para que se estropeen las cosas lo antes posible si tienen que estropearse y no pasarme más tiempo cándida e ingenuamente esperando que prosperen y fructifiquen.
Próxima estación, Chueca, donde la plaza está vacía; yo sé cómo está Chueca un domingo por la noche: desierta, desolada, sucia, porque ahí estuve el fin de semana pasado y terminé vagando por Malasaña para volver corriendo de vuelta a Chamberí.
No espero saber nada de Bizcochito esta noche aunque me debe por lo menos dos mensajes. Borro su número del móvil para no agobiarla más.
sábado, 22 de noviembre de 2008
Heineken
Bajo a comprar una Heineken, aunque no bebo, porque ayer en Chueca tú recorriste tus labios en el cuello de su botella, y yo dejé la mía a medias porque como no bebo no anticipo el sabor de un botellín en mi estómago. Pero ahora es la misma hora de ayer y como te ansío rememoro el momento en que te vi por última vez y salgo a la calle a buscarte, a buscar una Heineken.
Como no bebo no sé comprar. Primero voy a la tienda de mi amiga china, ahora amiga tras muchos meses yendo allí y quedándome unos minutos más hablando, saludando y sintiéndonos barrio. Está a tope a pesar de la hora y le pido una Heineken a su marido, que se sonroja porque sólo tienen Mahou y no sé si es por qué Hk es un artículo de lujo. En Ámsterdam hay Heineken por todas partes, pero esto no es Ámsterdam. A veces me olvido de dónde estoy porque el aire de la noche es el mismo.
Entro en una taberna que exhibe el símbolo sexy del botellín verde y me hago paso entre una verdadera multitud de hombres. Hombres aseados, chaparritos, solitarios, fumadores; algunos viendo el fútbol en una pantalla plasma en un bar de mi barrio que no es para hombres maduros, chaparritos y solitarios. Pero en este Madrid todo el mundo se hace un hueco y algunos quieren vivir la vida de algunas y todo se mezcla. Veo una nevera a lo lejos que anuncia Heineken helado y me decido a pedirlo. La chica de Europa del Este de pelo brillante negro que hace como que está agobiada o que yo no soy mejor que ella finalmente me atiende.
Esto no es Ámsterdam pero los acentos se mezclan con las nacionalidades con los sueños con los grupos de personas que en este sábado noche se entreviven y se contratocan mientras recorren las eternas horas de final de la semana y el principio de una noche que para algunas será larga, ardua o ágil como un corcel y llena de agarraderas.
Como no bebo le pregunto a esta chica si puedo llevarla fuera. No sé a qué hora hay gallardonazos o qué pasa si una persona que no bebe se pasa de la lengua. Se le encienden las mejillas y se ruboriza quizá? sonríe nerviosa y me da un consejo, tal vez en la taberna de la esquina, pero, me la podré llevar?, sonríe con calma, tal vez sí, digo yo, tal vez, dice ella como animándome en la aventura.
Hoy no me he puesto la cinta del pelo, lo tengo cardado al viento, libre como me siento libre, después de haberme amado y haber dejado mi esencia por todos los rincones de mi dormitorio. He y me he impregnado de lubricante orgánico de cacao y los juguetes que cada vez me dan más juego me han ayudado a vislumbrar mi deseo hacia Bizcochito; ya es oficial, no puedo mentirme a mí misma, al pensar en ella se descargan pinchazos eléctricos en mi vientre. Y mi esencia más vital, mi olor más céntrico y salobre se ha mezclado con el de cocoa butter y ha llenado mis sábanas con columnas de amor selladas en silicona, sombras y vapor, que no compartiré con nadie, aunque ahora he salido y estoy rodeada y puedo rodear, y por eso me siento tan fluida cuando hablo con la gente, porque no tengo nada que ocultar aunque nadie sepa tampoco nada.
No hace frío, el aire está crujiente, como debe ser un sábado noche con ruidos enlazados de aviones, pisadas y ausencias. No hay mucha gente en mi calle de estrechas aceras aunque los bares, tabernas y establecimientos de paso a la madrugada ya están rebosantes y la energía de la gente prieta, compartiendo tiempo y soledades eternas se amontona como una marabunta por la acera, se convierte en un tumulto de pompas de palabras que al traspasar las puertas se disipan y silencian y siguen llenando las calles con corriente estática.
Me decido entrar en la taberna que parece suiza o alemana y veo que no hay barra y que la gente se apiña en círculos concéntricos, no hay fútbol sino conversación y muchas muñecas alzadas al aire sujetando cañas con asas esmeriladas. Una chica preciosa se apresura a atender los requerimientos del patio. Cuántos hombres y tal vez mujeres la llamarán para otra ronda simplemente por deleitarse en su joven pelo moreno. Una mujer con aspecto de matrona, chaparrita y canosa aparece de entre la multitud y me pregunta que qué deseo. Lleva un delantal y en su juventud tal vez haya vivido en Alemania, y tal vez mañana vaya a misa, y tal vez su hija es bisexual y se parece a mí o ha tenido un novio como yo. Le pregunto si tiene Heineken y casi me alegro de que me diga que no porque si tiene que decirme que no la puedo sacar fuera no vale la pena.
Me decido al salir a acudir a los mercenarios del Opencor que si no tienen cerveza de lujo nadie la va a tener por aquí disponible y pienso en ti que recorrías con tus labios el cuello del botellín ayer y mecías mi mente nublada con tus palabras rítmicas y sus tonos musicales, y acercabas tu cara como si quisieras que te besara, y acercabas tus labios a mi piel y yo tan sólo lo aproveché para escucharte más de cerca, porque fuiste tú quien decidiste ir a un bar de Chueca y quien quisiste saber de mi vida aunque yo como siempre te preguntaba por la tuya.
Te preocupaba si tomaba medicación y yo te dije que no era medicación era sólo una pastilla por las mañanas, como si ahora voy a tener que preocuparme por la medicación cuando al tomármela la veo como un seguro de vida, como una red para no estrellarme contra los picos de los témpanos de la depresión o la euforia, como si no pudiera emborracharme por la primera vez en dos años o tal vez tres o cuatro y beber de un botellín. Tú querías mojitos, yo te pregunté que qué tenía un mojito porque no tengo ni idea, la idea del ron sonaba mortal y me desmarqué por una Heineken, porque tal vez la noche tenía algo de Ámsterdam, de no haber conocido ahí alguien como tú, de haber compartido tantos años con el amor de mi vida pero no haber tomado ninguna Heineken con ella. Y tú sorprendentemente pides otra, como si quisieras seguirme la pista y no quisieras que me desmarcara nunca, nunca de ti.
El brillo verde sexy del botellín me recordaba a los latidos del timbre de las bicicletas de allí, pero anoche no estaba en Ámsterdam sino en Chueca a unos metros de la plaza y esto no es Nueva York sino Madrid ni San Francisco sino algo cercano a Malasaña y la Glorieta de Bilbao donde vivo y no me tengo que preocupar de pedalear en la bici contra el frío o que el amor de mi vida se estrelle contra un coche porque ha bebido demasiado y está de buen humor pero sus luces no funcionan como deberían porque no le importan y a mí sí.
Y tú quieres pagarlo todo, y yo pienso que un mojito es una bebida para una primera, segunda y tercera cita, en todo caso para las primeras citas, y que el haberme llevado a un restaurante a cenar sushi, tu comida preferida aunque tú eres vegana, es una extravagancia de las primeras citas, pero no digo nada, sólo escucho y observo cómo zarandeas tu cuerpo en la noche cálida, mostrando tu lado masculino al decirme que tú amaste a tu novio por primera vez en el Moulin Rouge y por eso no me importa haberme fijado en la chica japonesa del restaurante y haberte comentado lo bella que era, comentario que te ha desarmado un poco, pero es que esa chica tenía la belleza salvaje de un hombre joven, los ojos andróginos, la sonrisa de pan, unos labios recortados y grandes, y hablaba español perfectamente, y si Bizcochito me dejara por su novio podría volver y escribir en mis Moleskines en su restaurante para verla cada noche si fuera necesario, aunque probablemente eso lo escriba pero no lo haga. Aunque le dije hola y gracias y otra vez gracias y adiós al marcharse y preguntarle a su compañero cuándo le tocaba y es el lunes y el martes o sea que este finde no trabajaba, y Bizcochito me mira y quiere aprender a seducir como yo, pero yo solo lo hago no sé por qué lo hago, tal vez porque esta noche estamos en Chueca y yo quiero hablar de mis amantes porque ella habla de los suyos y quiero sentirme libre y en tablas y ella silenciosamente lo sabe.
Entro en el Opencor y sí tienen Heineken, pero no botellines con el brillo sexy verde pero no importa y no sé cuántas latas coger que me ayuden a seguir sintiéndome como cuando me amaba esta mañana tras haber leído tus mensajes de texto en mi móvil en la cama de mi litera y cuando la noche pasada acercabas tu mirada, tu sonrisa, tus labios y tus dientes a mí mientras me hablabas y me escuchabas pero yo no podía besarte sino sonreír ante tu osadía de querer seducirme, de hacerlo desde que te vi, de hacerlo con tanta intensidad durante toda la noche, tal ve sin ser consciente de ello, porque la intimidad que estamos creando entre nosotras desde que nos conocimos es no ya muy especial sino algo importante que no recuerdo desde hace mucho tiempo y que no sé cuándo va a acabar y no quiero acabarlo de un plumazo con un beso.
Bésame tú si te atreves y tal vez me pregunte entonces el qué habría caído en mis labios, en mis dientes, en mi boca y te mire extrañada y vulnerable porque no sabría cómo acabaría esto y no quiero que acabe, quiero que continúe todo igual, tú seduciéndome y yo seduciéndote y así hasta el infinito, porque cuando me coges la mano siento electricidad y tan sólo mirarte me produce un placer infinito y sé que tu olor pronto quedará sellado en mi memoria.
También sé que anoche te he visto, finalmente te he visto, tienes un lado que no es etéreo, que es casi macarra, que es muy masculino, que tienes escondido en el herbolario, que he descubierto y que también es frágil e inventado y por eso eres tan loquis como yo aunque no tomes medicación o una pastilla o nada que se le parezca.
He descubierto ya varios registros de tu risa y está la risa burlona, la sarcástica, la que quiere emular la mía, y por eso ya me siento más relajada y si quieres hablar de tu chico, pues bueno, yo te seguiré la corriente y veré a dónde nos lleva esto, pero yo no puedo besarte si estás con otra persona, deberías saberlo, prefiero emborracharme o emborracharte y luego llegar a casa y amarme mientras te sueño y recibo tus mensajes de ayer esta mañana, y luego me envías uno más y como si yo estuviera borracha de ayer que no pude porque me dejé tres cuartas partes del sexy botellín verdoso, decido enviarte una avalancha de mensajes ardientes que tú no desperdicias ni calumnias sino que respondes tal vez extasiada, tal vez preocupada, no lo sé, pero no me puedes llevar a tu sushi favorito o a diez metros de la plaza de Chueca cuando yo sugería un Opencor y una humilde ensalada en mi casa después del concierto de cuarzos al que me llevaste, donde yo te cogí la mano y casi me dormí y cuando el chico de los cuarzos lloraba con una voz femenina el sueño me invadía y era como si durmiéramos juntas aunque tú estabas en posición de loto, porque ayer me explicaste que pasaste de diseño gráfico a ser profesora de yoga después de diez años practicando, poco a poco te saco información y no estás acostumbrada.
Creo que una lata de Heineken no es suficiente, aunque no bebo, van a ser dos, pero no me gusta llenarme la barriga con este caldo de cebada, aunque lo haré por ti, porque aunque no fumo alguna vez he fumado en rodajes y en momentos claves y tú dices que no fumas normalmente pero a veces sí y te sacas un cigarrillo reciclado de los sin techo y lo enciendes y apagas constantemente, y no sé si decir que eres sexy porque nuestra relación no es sexual es física y sensual pero no es sexual aunque sí es tremendamente física y sensual y no me decido en absoluto a hacer nada ya que no sé qué hacer ni quiero hacer nada, tan solo seguirte la corriente y pensar horas más tarde en lo que me estás haciendo o lo que yo te estoy haciendo.
No recuerdo haber visto nada en el Lamictal sobre beber Heineken pero perfectamente podría haber una advertencia, aunque cuando haces algo que normalmente no haces sigues sin normalmente hacerlo así que no me preocupa, el tomarlo todas las mañanas también es algo bastante bestia y adictivo y perdona, Lamictal, hoy voy a hacer lo que me dé la gana porque es sábado y ayer estuve con Bizcochito e hicimos el amor en un bar mientras todo el mundo estaba mirándonos.
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viernes, 7 de noviembre de 2008
El plato, el plato, el plato de Duralex
El fuego funcional y periférico de la cobertura fuera de línea. Tus caídas son tus principios del fin y del reinicio tras el fin, sin gobierno despojándome de la cordura. Tus caídas son dolorosas, exhuman tus huesos trashumantes y prefieren los cipreses a los campos verdes y blancos de margaritas cándidas pero infelices. La caída libre sin embargo es heraldo de la conjunción con la energía del astro rey, con el decaimiento de los idus de la luna, de la miseria escalonada por los edificios corporativos de diseño que asemejan ferrocarriles como casas con ojos. Pero la caída libre también te libera, te desatornilla, te propaga, te asesina jubilosamente y acelera tu choque con la tierra cual meteorito. Esa celeridad, esa velocidad no responde a tus anhelos, te obliga a renunciar a la falta de gravedad y te tritura en la tierra, como si te estrellaras contra el agua en el telón de acero de la superficie de una piscina.
El dolor es múltiple, la contusión es brutal, la destrucción un almacén de derrames cerebrales, tus músculos se apilan cual destrozados nervios que ahora parecen un manojo de cables de teléfono arrancados de cuajo. Eres un experimento de espiritismo inconcluso cuando tu alma se desespera y se separa de ti como si se hubiera dado cuenta de que tu cuerpo es el espectro y no ella.
La muerte, la muerte, la muerte te acompaña .... redoblan las canciones infantiles con este leit motif. La muerta, la muerta desprecia la vida y decide saludar, con la mano en un dedal ...
Pero qué tontería más grande, qué despropósito más reducible a un golpe de viento que no es certoro, tan sólo desorientado. Las Nanas de la Cebolla no son una oda a la muerte sino al resplandor y la exaltación de la vida. Porque no hay nada que te propicie más a abandonar las semillas de dudas que se desprenden de los poros de tu piel como hormigas que la desazón, la calma adulterada, el negar el asentimiento, el caminar sin tiento ni ruta para después desplomarte en mitad de tu viaje y disfrutar del polvo que te devora el interior de la boca con su escozor de amoniaco.
Nadie te quiere, nadie te desea, nadie te extraña ni te acompaña, nadie se interesa por ti, nadie se percata de tu ausencia, de tu silencio, de tu retaguardia, de tus deseos y anhelos, de la negrura que se ceba en la superficie de tu piel como tinta china, de tus ojeras azuladas, de la incipientes entradas en tu cuero cabelludo, del doblez de tu cuello y las sensaciones inertes en las extremidades de tu cuello, de tu belleza infinita, sideral, emancipada de lo terrenal, de tu mística claridad mental, de tu impresionante ser y estar, de ti, de ti, de ti, de ti.
Nadie me quiere, nadie me desea, nadie me extraña, nadie se acuerda de mí, nadie sabe quién soy y a dónde voy, nadie, nadie, nadie.
Alguien
Nadie
ALGUIEN
NADIE
ALGUIEN
ALGUIEN
ALGUIEN
Qué extraña palabra metafórica que suena a alien. Alienarse, responder con monosílabos, ALGUIEN, repicar un teclado maldito con tus dedos afilados, ALGUIEN, clamor en el viento de tu voz, ALGUIEN!, exclamaciones perdidas en el estruendo de las virutas y escamas de tu piel herida, quemada, acuchillada, perseverante en su autodestrucción, destrucción, destrucción, destrucción
ELLA
ELLA
ES
ELLA
ES
ES
ELLA
ES
ES
PARA MÍ
ELLA
ES
PARA
MÍ
PARA MÍ??
QUÉ ES PARA
MÍ?
ENTER
ENTER, ENTER
ENTER, ENTER
TAP TAP
TAP TAP
TAPTAP
Estoy cansada, estoy aletargada, mi pelo, mi fibra está aromatizada por ella, de ella. Sinsabores malditos pero ella. Periferias asesinas y groseras, pero ella. Flipantes descoloques, pero ella.
ELLA ME RECOGE DÓNDE EL ÁNGEL CAÍDO QUE SOY YO ELLA ME RECOGE
ELLA ME ACOGE
ELLA ME COGE
ELLA ME CONOCE
ENTER ENTER
ELLA ME RETIRA
ELLA ME SUSPIRA
Ella me suspira al oído palabras remotas de amores insalvables para que los rescatemos, para que la derrota de mis cuarenta y un años no se refleje en el rojez de mis ojos. Para cuando sonría me ceben el alma brotes de flores benditas. Para que mis lágrimas fluyan con felicidad, para reconocer el sabor de su sexo en mi boca mezclado con la rugosidad de la almohada. Para que estos breves momentos sean breves y no se repitan nunca aunque se repitan, para no añorarlos ni anhelarnos por si no vienen nunca, a recogerme, nunca, donde caí, nunca, donde el meteoro, ¿sabes?, donde donde, ¿quieres?, donde chilla el aire un zumbido desgarrador, ¿vienes?, donde mi cabeza se estrella contra un cuchillo de sílex y una
hendidura que ella besa y repara, repara el desgarro en mi corazón atenazado por grapas, porque una vez estalló y no reparó en abandonarme con una violenta sacudida que arrancó mi tórax. Y cuando lo rescaté, el corazón salvaje, entre las ruinas mi sangre palpitaba y lo puede recuperar para saldar mis cuentas con esa muerte ruin que quería acabar conmigo, pero no la dejé. No quise saber nada, y tambaleándome con la migraña retumbante de la conmoción cerebral cuando mi padre me tiró con un golpe certero una contundente bandeja de cristal pardo de Duralex y pudo matarme, y lo hizo cuando no miraba, cuando el filete empanado voló por los aires y protegió los senos de mi cráneo, y me sentí morir y dejé de respirar un segundo interminable, intercalado, ralentizado, sincopado, pero reviví y chillé un gemido atávico que parecía una sirena de un coche de bomberos, como si los dolores de la menstruación acudieran en ráfagas a mi cráneo.
A veces todavía siento la sordera, los nervios inanes, la falta de sensaciones, el frío mortal en ese lado de la cabeza, donde arranca mi cuero cabelludo, mi fuego cabelludo. Pero no es real, es imaginario.
Ella lo detecta como un metal inútil, sobrante, enteramente prescindible, como la anilla indiscutible de una lata de cerveza, me lo extripa como un elemento extraño, un cuarzo, como el trozo de plato Duralex que se aloja en mi cráneo desde entonces, con su dolor pardo y su inconstante transparencia, con su forma de cuadradito de haberse roto en mil pedazos mientras me quedaban colgando trozos de vídrio, como la yedra, sobre mi cara arañada, sobre mis lágrimas descuajadas.
Recuerdo a mi madre y a mi hermano caminando delante de mí de vuelta del hospital, riéndose de algún chiste inoportuno de mi hermano, como siempre. Mi hermana ausente, tal vez por la violencia que se había producido, por el susto que se dio, por no haber estado en la misma habitación en la que me había recluido para evitar la ira de mi padre, pero escuchando desde antes sus pisadas, el temblor del parqué ante su imperiosa necesidad de aniquilarme, de vengarse, de aplastar mi peligrosa y adolescente arrogancia mezclada con impotencia que propició el incidente que le hizo lanzarme una mirada de loco que aún ostenta y reparte horrorosos gritos atávicos convertidos en nervios aún hoy, casi veintisiete años más tarde, por todo mi cuerpo.
Porque se acordaba de sí mísmo se volvió fuera de sí, porque le recordaba a su maldita impotencia, a su juventud clandestina y clausurada, a su desconocimiento de sí mismo hasta cuando era demasiado tarde. Porque me odiaba tanto como se odiaba a sí mismo. Porque hubiera querido no querer tener hijos ni hijas ni mujer, pero éramos su única familia después de haberse olvidado de la suya propia. Lo sé. Pero siento el dolor igual, esa falta de sensaciones en la piel de ese lado de mi cabeza, de mi cráneo, donde hay un callo óseo que a veces me duelo cuando lo toco y lo trituro, porque nunca lo voy a hacer deshacerse ni desaparecer ni replegarse ni nada, ni voy a volver en el tiempo y dejar de caminar sola como la última de la fila donde mi familia ignoraba mi dolor y la humillación sangrante que sentía. Donde todo ha continuado como siempre desde siempre y desde entonces, donde nunca han reconocido mi dolor a pesar de llevar ya tres o cuatro huesos rotos en mi cuerpo, todos ellos en estados de sanación varios pero aturdidos pero revueltos. Donde mi hermana comparte todavía ese estupor inane y relajante que todavía le apresa el pecho si se concentra e intenta recordarlo, aunque lo ha olvidado, como tantos recuerdos hoscos de nuestra niñez.
Pero Gloria ¿no te acuerdas? Pues no. ¿No te acuerdas de los recortables que nos traía mami? Pues no. ¿Ni de las fiestas de cumpleaños jugando al orón con las baratillas. Pues no. ¿No te acuerdas de mí? Pues no. Tú sólo eras mi hermana.
Pero ahora y desde siempre me quiere más que nunca. Y escribo desde mi trabajo mileurista donde doy rienda suelta a mis pensamientos, pero no puedo llorar explicitamente porque escandalizaría o provocaría estupor y volvería a ser la última de la fila, una vez más.
Ella se levanta y me abandona y no la veo nunca más, porque soy una trastornada mental que ha recuperado la cordura, y ahora no hago nada que tenga sentido, y el futuro no es para mí sino para ella. Yo consigo levantarme por mi propio pie, abandono el cráter y no regreso a él jamás.
Publicado por Ssplash a las 13:08 0 impresiones, soliloquios de madrugada ...
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