sábado, 28 de febrero de 2009

Perdón


Acabo de volver de ver a mi ex y me siento destrozada. He tenido frío todo el tiempo que hemos estado juntas, y al final de vagar de sitio en sitio porque no encontrábamos ninguno en el que estar a gusto (completamente sintomático) he ido acumulando frío en el cuerpo y malestar. Creo que no me viene bien vernos porque me siento como si me hubiese tirado a una piscina de cristal y se me hubiesen clavado todos los pedazos en la piel. Ya no estoy enamorada pero me siento completamente perdida con ella. Tal vez es imposible tener una buena relación con una ex, no puedo soportar ser incapaz de hablar con ella con la cercanía íntima que necesito, que solíamos gastar.

Hay una parte de su vida de la que obviamente no me habla, y no quiero probar a hacerlo porque se trata de su relación con una persona con la que empezó a salir cinco minutos después de estar juntas (yo fui quien cortó). Y tampoco parece que podamos hablar del pasado con sinceridad porque es como un inmenso tabú y todavía duele muchísimo. Es como si me hubieran cortado con un cuchillo y me hubieran seccionado un par de trozos del cuerpo, o me hubieran censurado parte del cerebro. Así que sin poder hablar del presente ni del pasado apenas he podido balbucear unas cuantas cosas, algunas interesantes, lo sé, y en general hemos pasado un buen rato, pero al final se me ha ocurrido intentar concretar sobre un par de temas que sin duda estaban en el aire y es cuando finalmente se me ha metido el frío en el cuerpo y me he congelado.

Pero yo necesitaba estar más cerca de ella, aunque fuera porque es alguien con quien he compartido muchas cosas, pero parece que todo lo que tiene que ver conmigo si se lo cuento termina acarreando recuerdos en los que no habría que meterse. Me ha dado mucha pena, llevaba mucho tiempo deseando que nos viéramos y al final ha resultado muy difícil. Echo de menos el nivel de cercanía y de intimidad que parece que sólo puedo conseguir con la persona a quien quiero en ese momento. Me da mucha rabia, sé que no se puede evitar, tal vez sea cuestión de tiempo o tal vez no va a ser posible que sigamos conociéndonos. Creo que busco la validación de sentimientos. Dejando a un lado los recuerdos duros, los momentos en los que nos hemos hecho daño mutuamente, creo que echo de menos la posibilidad de seguir hacia adelante, siendo quienes somos, ofreciéndonos algo ya que hubo una vez que nos cruzamos en el camino. Es la única ex que tengo que Madrid, la única persona que conoce mis debilidades, a la única a la que he intentado abrirme y mostrarme como soy, como fui, y ahora todo parece papel mojado.

Ya sé que lo que estoy buscando en ella ya no es posible entre nosotras. Ella es demasiado joven, muy alejada de mi realidad, vive excesivamente rápido, no tiene tiempo para absorber las emociones en las que se zambulle, está buscando constantemente claves de sí misma en el mundo, prefiere observar a involucrarse. Y cuando le pedí ayuda no conseguía centrarla.

Sé todas estas cosas, las sé muy bien, pero en todo ello está el reflejo de mi incapacidad de comunicación, de relacionarme, de explicarme ante su mundo.

Bueno, no debería castigarme más. Cuando estuve con ella no era ni remotamente tan astuta como lo soy ahora, no tenía las claves de mi recuperación, acababa de empezar, estaba haciendo grandes progresos, di con el principio del camino, lo que me había llevado toda la vida, pero estaba bastante incompleta y me puse en sus manos como un bebé. Pero me dio la sensación de que me dejó caer varias veces. No puede volver a pasarme lo mismo, por eso estoy donde estoy ahora y hago lo que hago. He aprendido muchas lecciones sobre mí misma con estas mujeres maravillosas y sé que no he desaprovechado la ocasión. Pero me duele el significar tan poco para ella ahora.

Con mi ex holandesa es diferente, o por lo menos lo noto diferente. Ella estaba probando muchas estrategias vitales nuevas cuando estábamos juntas, estrategias que construimos juntas, que vivimos juntas, a pesar de que ella también era muy independiente y me excluía muchas veces del proceso (como mi ex madrileña). Creo que mi cara aparece en miles de recuerdos suyos, vivimos muchas cosas juntas, yo le ayudé a tomar decisiones, me involucré en su bienestar. Por supuesto a veces no estaba totalmente en sincronía con sus necesidades. Y la parte más espiritual de nuestra relación, la que todavía continúa, la forjó las múltiples veces que me perdonó. Porque el perdón y la comprensión son la base del amor, cuando te das cuenta de que la persona no te hace daño a ti sino a sí misma es cuando realmente la quieres y puedes perdonarla, puedes ayudarla. Cuando acaba el perdón acaba el amor. Y así ha sido cómo acabaron mis dos últimas relaciones.

Supongo que sufro por eso y porque tampoco me he perdonado yo a mí misma por haber terminado con ellas. Al no haberme perdonado ellas los errores que cometí (y viceversa) la sensación de culpa prosigue su rumbo inalterable y continúa haciéndote daño. No puedes acarrearla a la próxima relación, tienes que haberte liberado de ella. Porque si no es así lo único que voy a buscar en la siguiente pareja va a ser una validación de mi personalidad, de mí, de cómo hago las cosas, un perdón camuflado a mis errores/trampas/heridas pasadas. Y el proceso tiene que llevarse a cabo ahora, antes de todo.

viernes, 27 de febrero de 2009

Hombro con hombro


Me gustaría estar a tu lado. Hombro con hombro, brazo con brazo. Para sentirme atrapada en un espacio cuadrado de ensueño, de perfiles reconocibles, a tu lado, de viaje. A tu lado, en pausa. A tu lado, para no vivir siempre entre espacios vacíos. Tu brazo es el reflejo de tu contención, de tu forma de mantenerte, de recoger a tu alrededor las ideas que se te van ocurriendo. Si no me hubiera sentado en este vagón de metro en este exacto lugar no te habrías decidido a sentarte conmigo.

Podría ir a tu lado mientras nos huyeran los minutos, y se helaran las horas. Tú podrías estar al mío entre tanto abrir y cerrar de las puertas del vagón, con el display electrónico luminoso anunciando estaciones; lo veo de reojo, porque he debido acurrucarme un poco, y aunque no nos conocemos cuando te miro te sonríes mirando al frente, y sabes que estamos encajadas en este vagón, en este espacio, y tu hombro mullido encuadrando el mío. Y eres una perfecta desconocida. Pero esta sensación es también perfecta, es pura serendipity.

Reconocimientos internos


Reconocimientos internos, reconocimientos incondicionales, enriquecedores, plurales, fuertes.

Intento entenderme y cuidarme.

Ahondo hasta tocar el calcio del hueso, me enfrento a las carencias más dolorosas de mi personalidad. Me peleo con la hoja, con la línea manchada de tinta, con el cuajo del viento donde rastreo intenciones adormiladas. Sé lo que quiero, lo he sentido antes. La impaciencia devorada por el riesgo. La conozco, es muy intensa. A veces crees que quieres algo pero en el fondo no es más que un sustituto de otra cosa, qué fácil es engañarse. Voy detrás de quimeras porque es más fácil taparte la cara y olvidarte de ti misma. Reviso presencias llenas de hábitos de silencio y cierres transitorios.

Rauda y veloz, me gustaría ser rápida. Pensar en espacios habitables y dúctiles, abiertos y decorados sobriamente. Busco modificarme en pequeños pasos, resonar en esos espacios con los aspectos de mi personalidad que no estén amañados para el juego de la vida.

Quiero despedir a la tranquilidad, deseo movimientos repletos de vigor, resplandores, destellos nocturnos durante el día apenas contenidos en tandas de salvas repetidas. Esta es una tarde en la que no he podido resguardarme en los paisajes internos de mi soledad porque hay cientos de voces con historias discordantes. Cada una de ellas con sus dotes de comunicación intactas.

Estas son mis conversaciones inconclusas conmigo misma.

Maldita bipolaridad

La verdad es que la depresión bipolar apesta. Es una total y absoluta mierda. Aunque si se analiza desde dentro de la herida, con el corazón en la boca y los colmillos en las entrañas, es de algún modo una herramienta que te enseña la volubilidad de los afectos, te explica el por qué de ciertos comportamientos humanos, te puede ayudar a entender una lección muy dura y es la de lo condicionadas que están las personas por su cerebro, y nos hace ver lo poco que nos queda que podamos llamar personalidad, talento y hasta culpabilidad.

Mi depresión bipolar ha sido para mí un azote de la cólera de Dios, pero ahora que ya no me creo (aunque duelan) los mensajes de terror que reenvía a mi mente, me siento más capacitada para luchar contra ella cuando se manifiesta. Sé que en estos momentos estoy en un momento delicado, porque he identificado los ramales por los que me puedo encaramar para salir de este atolladero. Básicamente tengo que hacer un esfuerzo sobrehumano para soportar el dolor - como si un dolor de muelas se tratase o de estómago. Eso es difícil, porque es un dolor muy especial y siempre tienes la sensación de que no lo tendrías tan duro si tuvieras un poco de ayuda. Sin embargo, es difícil que esa ayuda llegue. Es como esperar que te llame por teléfono alguien de quien estás enamorada, ese alguien que no tiene intención de llamarte.

El dolor de la depresión bipolar es un dolor inducido desde tu cerebro contra tus emociones, tu bienestar, y es muy difícil ignorarlo o paliarlo. Pero es posible porque no es real, es una enorme farsa, una terrible mentira, una gran tomadura de pelo.

En mi caso duranto los últimos años he ido echando por tierra todos los mitos que la bipolaridad me ha endosado, he ido buscando y aclarándome poco a poco quién soy yo, y qué es lo que esta enfermedad me ha hecho. De entre las ruinas has salido alguien escindida, alguien tal vez menos equipada, con menos creencias y menos muletillas. Alguien que todavía está aprendiendo a respirar sin ayuda. El mundo también tiene otro aspecto. Se ha convertido en un atril, en un lienzo. Ya no es una escalera, un túnel de sorpresas, un sitio merendado entre el pasado y el futuro, un enigma global. Es algo más sencillo pero igual de desconocido. Hay muchos menos "debería ser", pero más "no sés". Es también un sitio donde observo, leo, siento a muchísimos seres como yo, dotados con una predisposición especial hacia el dolor de corazón, hacia el desnudo creativo. En un mundo así no puede haber envidias, sólo relevos.

Este fin de semana tengo que hacer un esfuerzo muy fuerte para mandar el bajón bipolar a hacer puñetas. Sé que tengo que trabajar en el corto. No tengo más remedio que ponerme a pelearme de nuevo y enredarme con las rencillas técnicas que han asolado a este proyecto desde sus inicios. Es difícil verme a mí misma fuera de mi personalidad de realizadora. Escribir es importantísimo para mí, vital, pero estoy de parón cinematográfico y tengo que terminar este proyecto antes de imaginarme creando, gestando algún otro. Me va a resultar difícil empezar porque tengo el cerebro secuestrado por esta mierda de enfermedad, pero no le voy a dejar que se salga con la suya. Si por ella fuera no movería un sólo dedo, me volvería un ratón que entregase su vida día tras día, año tras año frenética y desesperadamente en una lucha inútil por salir de una vil ratonera, sin esperanzas, con un dolor inmenso, con un desgaste tremendo. Es una enfermedad que en realidad es un cáncer porque hace todo lo posible por destruirte, por ganarte la batalla, por despreciar tu humanidad, tus desvelos. Es tremenda y cruel, como todas las enfermedades. Y la última persona en comprenderla por supuesto eres tú misma.

Tengo que ponerme y sacar la peli del ordenador y finalizarla entre otras cosas para activarme, entenderme, provocar catálisis químicas en mi cerebro que me hagan el cerebro tutti frutti, que generen las sustancias químicas que nivelan los niveles hormonales, todo para que al final yo vuelva a ser yo: a filmmaker. Tragándome planos, enamorándome de mis actrices, rebobinando mi historia, mis diálogos en mi cabeza una y otra vez, cientos, miles de veces, en busca de un acabado final, de aquéllo que sabes que tienes que hacer para que se pueda ver. Dejar la película terminada lo mejor posible, dentro de la ineptitud que me asola.

Ir a buscar mi ordenador, llevarlo en el metro en una bolsa, ver lo bien, lo mal que se porta tras el viaje. Emprenderla con el software, los reinicios de MacOs, los pantallazos, los errores de sistema, los bugs; volver a masticar la banda sonora que escogí con tanta serendipity, cariño y entusiasmo. Levantarme por la mañana con ideas para mejorar un plano, un problema. Querer saltar de la litera y ponerme frente al ordenador durante todas las horas del mundo, fundida en mi historia, parando para comer tras un acuerdo táctico conmigo misma. Ir a comprar comida sólo porque si no como bien no puedo trabajar. Olvidarme de que el mundo fuera está lleno de parajes inhóspitos porque mientras tanto aquí estoy yo dentro, enredada en mi película. Poner lavadoras entre renders. Planear mi día en base al trabajo que me queda por hacer. Ver a gente sabiendo que lo hago sin prejuicio del trabajo que tengo entre manos. Tener una vida organizada donde todo lo que haces fuera de la peli es un accesorio, es para rellenar huecos con paja. Es lo que es la vida: una pulsión vital, algo que arrolladoramente te motiva y te da excusas para hacer todo lo demás, que te ayuda a hacer todo lo demás sin que tenga excesivo sentido.

No puedo olvidarme de quién soy, de lo que soy, de aquéllo por lo que sacrificado media vida lejos de mi familia, de mi casa, en sitios donde sólo buscaba maximizarme y potenciar esta parte de mí misma. Porque en algún momento tengo que volver a hacer cine, no sé cómo ni qué voy a hacer, pero sí que necesito expresar mi creatividad visual. No quiero que sea a costa de mi salud mental ni física. Tampoco sé cómo voy a organizar la logística sin estresarme a lo bestia. Me gustaría que pudiera ser algo tan natural como escribir. Hay veces que tengo que forzar la escritura, pero me resulta muy doloroso ver película tras película mientras noto todas mis ideas, mi expresión revolverse dentro de mí sin tener salida alguna. Mi próximo proyecto quiero que sea orgánico, personal, necesario. No quiero hacer nada que no brote de forma natural. Debería terminar el guión del largo también, yo creo en la historia que estoy contando, la veo proyectada en mi mente en mi pequeño y particular Cinema Paradiso.

Paisajes


Hay un paisaje nocturno por explorar. Un paraje que visitar despacio porque las llantas de las ruedas son pesadas, la libertad de pensar por ti misma no tendrá barreras y el sueño librará toda suerte de batallas con la vida cotidiana.

Me voy a dormir.

miércoles, 25 de febrero de 2009

Aliteraciones consanguíneas


Miro en mis bolsillos
y se me caen los conceptos más peregrinos:

Galimatías escénicas
plisados intrépidos
miradas galopantes
sabores de estío
prensados automáticos

razones hermeneúticas
sólidas
encerradas en cajas de plata
para destetarse
para regenerarse

firmas de orujo
jardines destituidos
sentimientos flojos
ceniceros de crisantemos
brevedades mínimas

Quiero volver a ser yo misma, o convertirme. Pero ya no parece posible y no sé quién soy. Me he perdido: mi camino es mi búsqueda.

Follow, follow, follow, follow
follow the yellow brick road

martes, 24 de febrero de 2009

Calor


En momentos de gran torpeza y fiebres iconoclastas me gustaría caer, estrellarme en una ola de calor. No busco evaporarme, tan solo vibrar con las radiaciones solares, echarme la manta a la cabeza y acabar en un lugar a mil kilómetros de la civilización. Soportaría torbellinos meridianos, rastrearía inconsciencias en fiebres de dunas, me cardaría el pelo con sueños de arena y dormiría bajo redes de estrellas. Si pudiera.

Hoy he visto una imagen en el anuncio de una farmacia. Era nada ... un cielo azul, límpido, eléctrico, y una chica tumbada en una tabla. Y me trasladé allí. Al malecón.

Y Jane Fonda tirándose en salto mortal desde la tabla para conseguir la aprobación de su padre, bajo la mirada triste y tierna de Katherine Hepburn en El Estanque Dorado ...

Mis ideas no son del todo asumibles, son más bien una descarga de fluidos imprecisos y revelatorios que asumen formas distintas acorde al giro de la rosa de los vientos. Apenas revelo nada porque me asomo a todo; lucho con la grave totalidad de los desperfectos como aparejos, y no es sencillo.

Respiro haces de luces y tropiezos, retengo el aliento cada dos pasos. Emprendo procesos inacabados, utilizo llaves maestras incompletas, contrariadas e inservibles. Me obligas a levantarme y callar diariamente. Me obligas a reaccionar y saltarme los protocolos de la lástima. Me invitas a recorrer constantes embites contra el rompeolas, para ser una corredora de fondo en una línea de playa extranjera.

El tobogán bipolar es una llamarada de fuego injusta sobre mi carne débil. Prefiero las llamaradas solares. El sol me seduce, me hace sentirme bien, me sana, me cuida. Menudo bellezón.

lunes, 23 de febrero de 2009

Viajar


Es un momento incierto de hábiles cegueras donde no confío en mi propia inexactitud. Es un momento de extrañas aperturas hacia lo desconocido. Es un instante en el que me gustaría escaparme a un viaje largo, sin rumbo y ser una simple espectadora. Ir donde mi personalidad no se inquiete ni llame la atención, donde se puedan hacer kilómetros con la mera intención de ir lejos a un lugar correlativo.

Donde el tránsito hacia la lejanía capture mil ritmos estancos y pueda ver a pinceladas retazos de querencias, de intuiciones, y saber lo que quiero, lo que me espera, a lo que tengo derecho propio. Simplemente un viaje para adquirir certezas al vuelo, no rondar momentos específicos, planes ni designios. Para ir estirando el tiempo como una serpentina, situarte en tránsito para desprotegerte de las rutinas diarias, los saltos en falso hacia lo previsto, los constantes saludos en paralelo.

Un viaje con la suficiente comodidad para trasladar el sinsabor en sin saber, para otear la escapada y moverse en esa dirección, para simplificar la salida.

Y dar saltos de precisión hacia el siguiente kilómetro, imbuida en la velocidad y la rapidez. Sentirme acorralada por prisiones de calma, radiantes de incertidumbre suave y negociable. Caer rendida en principios de un trance susurrado, suspiros en blanco y sentimientos que cruzan los pormenores finos del paisaje.

Los tranvías de deseo afloran su pasaje de imprevistos en volubles itinerarios con certeras brumas. El trayecto es visible aunque no haya objetivo a la vista. Cada día es una acumulación de lejanías, un sombrear los bordes de los mapas. Sólo quiero ansiar recorridos, izar cientos de velas al métrico paso de los lindes de las ciudades. Rezumar libertad.

La roca


La roca es esa persona cuya simple presencia te fortalece, te encuentra, te sostiene. Llegas a casa y durante el camino te has olvidado de quién eres. No ha sido un descuido circunstancial sino un olvido orgánico. Estás tan destrozada, tan poco entera que el portal, las llaves todo parece formar parte del mismo juego confuso. Te vas a poner en sus manos aunque haya algo que te advierta de que te queda bastante poco en lo que creer, por lo que apostar en ti. Si estuvieras sola te preocuparía qué hacer para encontrar la calma. Cerrar los ojos no sería una opción, porque el peso, la mancha de tinta que ha encharcado tus pulmones y circula por tus venas te ha invadido y te impediría vislumbrar siquiera unos segundos de paz. Pero ella es la calma. Ella te espera y nada más entrar interpreta tu mirada quebrada, y se hace cargo.

Porque ella sabe quién eres y le gustas. Te pide que te liberes de tus estrecheces prenda a prenda, te ayuda a encontrar un camino trasversal, un refugio donde realmente habéis ahuyentado a las alimañas nocturnas. Te lleva allí con la mirada y te cura las heridas como a una presa herida. Tú has perdido el habla y casi el entendimiento.

La vista se te nubla por un surtidor de lágrimas calientes mientras ella te habla y te reconforta. No le asustan tu mirada perdida, tus músculos encallados, tu soledad, ni que te hayas olvidado de ella durante esos instantes previos. Tu roca ve como tu pecho está horadado, tu mente se ha replegado y no ves salidas ni alternativas, tu energía se ha extinguido, el oxígeno lucha por penetrar tu tráquea. Ella lo ve y lo sabe porque te ha pasado antes y ella también estuvo ahí.

No tiene palabras de consuelo pero intenta hacerte recordar que en otras ocasiones el dolor también fue ahuyentado, la rabia consumida, el miedo difuminado, la ceguera restablecida. A ella no le da miedo y te promete estar ahí la próxima vez mucho antes de que se manifiesten los primeros síntomas. No permitirá que te apresen y te alejen de tu vida. Ella lo impedirá si puede.

No te va a dejar. No te va a dejar. No te va a dejar. No te va a dejar.

sábado, 21 de febrero de 2009

Noche


Hora remendada y bruja. Antes de que se me escape este día crisálido de frentes comunes y anodinos. A partir de ahora no voy a tener grandes sobresaltos, ni llamadas, ni mensajes, ni ansiedad. Hoy he tenido una pequeña posibilidad de volverme normal, pero, claro está, la he desaprovechado como siempre.

Me gustaría cortar las horas como el membrillo, ver su corazón traslúcido y cargarme los minutos de sueños dulces. Escucho música, esa voz que canta y puedo hacerme dueña de su mensaje, pensar que rasguean las guitarras rock sólo para mí. Y me pregunto dónde está mi esencia rock, mi existencia rock, mi perdición rock & roll. Tal vez nunca he querido llegar demasiado lejos por miedo a perderme. No importa.

Me gustaría ser consciente de que estoy disfrutando de los mejores años de mi vida, en el paraíso, porque todo es perfecto. Tal vez algún día tenga la suerte de poder hablar contigo, sólo un día, un momento dedicado y perfecto, sin condicionantes, espaciado y retirado, sin preparativos ni rabietas.

Estoy a punto de brindar por un día casi perfecto e imaginario, simple y ordinario, pero entendible e insuperable. Un día más donde imaginarte que en vez del techo tienes un tragaluz y puedes ver la luna y respirar la noche. Un día en el que olvidarte de ti misma y transpirar simplemente con el tiempo libre y la sinceridad. Un día para recuperar la libertad.

Festivo


Un día pequeño, templado, que se ha mecido entre mis cejas, bordeando un constante dolor de cabeza. Con sus perfiles sorprendentes y mi eterna búsqueda siempre en marcha.

viernes, 20 de febrero de 2009

Masturbaciones


Masturbaciones secas, prendidas, parcas y precisas. Ansiadas y espumosas, con trasfondos breves. Deseos argumentados, revitalizados, sincerados y difusos, horadándote el alma de ramificaciones del cuerpo. Silencios que lo son todo, objeciones que no llegan a nada.

Un charco de arena de playa, un sabor agreste de duna. Una servil humedad en busca del placer, imaginando cambios de dirección, reveses de piel, fuegos fatuos en los nervios, gemidos que recorren el reborde de la carne y acallan las dudas táctiles.

Brindis al sortear soterramientos inalcanzables, sabores colmados de actualidad y presencias. Los dedos son rótulos de movimiento, imágenes en tres dimensiones, sueños establecidos en el filo de las hojas de los libros. Las presiones de las yemas de los dedos crean lesiones de emoción, enardecidas por la búsqueda, impresionables, resonantes al arrancar sensaciones a los poros de la piel desvirgada. El placer se abre paso como una marea abroncada, como unas olas soliviantadas bajo un cielo borrascoso. Te rompes antes de contenerte, te reviertes tras acercarte; tu vientre busca desesperado placentas inexistentes, caudales de sangre que se exhalan en esporas de vapor al salir de tu pecho y respirarlas. Los pinchazos de tu vientre son afilados como la aguja de una brújula, y te avisan entrecortadamente con un ritmo perfecto y acelerado de la inminencia de tu fusión con el dolor.

Te acuerdas de ella y de cómo te gustaría reventar la tensión sexual entre vosotras, pero sabes que no es siquiera suficiente con poseerla una noche. Ya la deseas, y ves claramente cómo te sientes perdida y despreciada por su imaginación. Las explicaciones no bastarían desde el momento en que tú no posees en tu potencial todo aquello imaginable en su mente. Las imágenes de ella te acorralan, te seccionan y te excitan. Piensas en lo fácil y sencilla que es la muerte ahora que notas la vida tan próxima. Te has desmontado, te has dejado seducir por sus palabras, ahora el sufrimiento está muy cerca del éxtasis y es inevitable.

Por fin has dejado de lado la monótona idea del amor, esa sierpe que abandona sus continuas mudas de piel cerca de ti al abandonarte. Te das cuenta de que no vas a ser deseada, tan sólo te recompondrás en cercos de piel, retrocesos de músculos, nociones incomprendidas de deseo, semillas sin germinar. Te atormentas pensando que tus genes del placer están mal diseñados y se dejan llevan por patrones emocionales inútiles. Persistes y te engañas.

Un juego de señales de humo contigo y tu deseo de otras. Preferirías sus brazos, sus codos contra tu cara. Preferirías su empuje y sus cambios de ritmo. No te aventuras a más porque no importa.

Dolor de estómago


Quiero amamantar a mi fosa estomacal para impedir el dolor.

Serendipity


Prenso las hojas mientras las escribo, y te siento perenne. Asomo ligeramente por un lado, disconforme y movilizada. Pierdo las gravitaciones mientras las sorteo a una mano de cartas en una sola jugada. Tengo todo el tiempo del mundo para frustrar mis cavilaciones. Me siento encendida y extraña. Como una candela en una calle de antaño, entre deseos de lumbre.

Pero soy yo quien busca el calor, el ardor, las madreselvas con buenas nuevas. Hoy ha sido un día de entreactos y he pasado de uno a otro con la espera de terminar aquí donde finalmente he llegado. Es un destino perfecto; no me tiraniza, me arropa. A veces necesita vislumbrarse a sí mismo y dejar de estirar corazones.

De nuevo me obligo a arrancarme de este sitio y volcar todos mis deseos tanto satisfechos como insatisfechos en mi cama, en el sueño. Sé que mañana tengo espacio para volver a intentarlo todo de nuevo, pero no va a ser lo mismo. No siento lástima por este día que se aleja abanderado, para unirse con los demás, dejar su hatillo de desplazado, de itinerante en el camino. Mañana vuelve a abrirse la botella de champán, vuelve el misterio, porque siempre me pregunto cuando salgo de casa qué es lo que siento, y siempre, inexorablemente siempre, es algo, tengo respuesta, tengo ambiciones para el día que se acaba de gestar que sólo puedo orientar con el ánimo con el que me he levantado y transito.

Por eso sé que mañana, como hoy, será un día sorprendente al que analizar con fascinación de microbióloga. Hoy me he dedicado un poco más de tiempo y he empezado a trillar el camino para unos días de descanso, con menos estrés, con más sentido en todo. Es difícil, pero me tropiezo todos los días con un ser que es poesía en movimiento.

Presente


He desertado de la idea de patria y he buscado patrias chicas en el perímetro de mi cuerpo y quizá el tuyo. Me doy cuenta de que mis mejores conversaciones son en diferido.

Ya no hablo de ti porque me sobran las palabras.

jueves, 19 de febrero de 2009

Persistencias


Miro a mi alrededor, moviéndome con rapidez durante toda la semana y me pregunto el valor y la duración de la persistencia de las emociones. Creo que mi retina amontona los rastros ceñidos y álgidos, aquellos principios planos en trances estriados, bordeando las seriegrafías emocionales y llamativas. Y mi cerebro guarda filigranas tardías para evocar misivas enviadas por los recuerdos en diminutos ramos de papel incendiario con formas de abanico.

Pero esta semana he ahuyentado las sombras y no he visto las luces. Ha sido una semana de tránsitos demasiado rápidos, poco duraderos, con mínimas persistencias, tan sólo distracciones para percusionar minutos, pero sin improntas. No he podido conservar apenas el cuajo de las imágenes que han transcurrido por mi mente en contacto con el aire, mis sueños nocturnos han lapidado el presente y no han hecho de él un papier marché de pasados. Me siento embarcada en un tremendo cansancio que no se cura con descanso físico, porque tiene antecedentes emocionales forjados en las últimas semanas. Es como si estuviera ya sufriendo la astenia primaveral antes de la evasión del frío en la atmósfera.

Me gustaría narrar mi semana pero ha tenido un envoltorio de papel aceitoso con excesivo predominio de trabajo. Mis neuronas brillaban escasamente como luciérnagas asmáticas y encima las he agotado con procesos que poco tienen que ver con mi bienestar emocional. En los últimos días mi mente ha sido impactada de nuevo y se han estampado cráteres, me he desentrelazado de mí misma; quiero volver a mí.

Algo hay que ha alterado mi zen, tal vez el estar observándome como lo haría una desconocida; me he dispersado demasiado en un momento en el que debería haberme concentrado. Intento poner en acción todos mis mecanismos de recogimiento, echo de menos las horas que paso tumbada en el sofá viendo peliculas, escuchando al tiempo estirarse como un chicle. Tal vez me he acostumbrado a un cierto ritmo personal que he roto durante estos días y necesito volver a él.

No soporto tanta contingencia, precariedad, falta de comunicación, vínculos inestables con la gente, invisibilidad ... Y por otro lado tampoco encuentro nuevas formas de comunicación con la gente, me saturo pronto -lo bueno, si breve ... He notado un cambio radical en mí en mi forma de relacionarme: ya no tengo respuesta para todo. Nunca la he tenido, pero la he buscado y salía una especie de impostora. Ahora mi mente no fuerza tanto las situaciones y me siento un poco estúpida, como lenta o algo. No sé cómo interpretar el estupor que me entra ante ciertas situaciones. No sé si es que finalmente me he dado cuenta de que mantener la unidad personal supone el no buscar siempre soluciones a los problemas de otras personas. Tal vez sea necesario escuchar tu intuición pero no necesariamente comunicar todo lo que se te pase por la cabeza en lenguaje universal. Dar explicaciones es una forma de diluir las buenas ideas. No hay nada mejor que una buena idea en su envoltura inicial, con su fuerza primal, su energía sin comprometer. Tal vez la comunicación sea una farsa y no exista, y lo único que puedas hacer es rasgar el aire con tus uñas, quemar oxígeno con tu voz y crear formas que otras personas perciban como veraces, verdaderas, independientemente de su origen.

Llega un momento en que no puedes siempre bajarte al común denominador, al rasero, a la medida exacta, y puede que esto mismo te despoje de tus virtudes sociales, pero creo que te libera. Yo en la soledad busco entre otras cosas mejores armas para comunicarme con otras personas. Busco el fuego, las vistas, la realidad que yo vivo, una visión única por su originalidad, sin forzarla, sin necesidad de hacerla respirable, tan solo veraz y relevante para mí. La soledad es un desaprender constante.

Tal vez el recordar de forma fiel cada uno de los eventos transcurridos en un día es una forma de kilometraje de la vida que no tiene gran sentido. Por eso para mí es tan importante este tiempo que me otorgo para descargar y reflexionar con mi instinto, sin terciar palabra con mi recuerdos del día, si se quieren inmiscuir, vale, pero no sé nunca qué se esconde tras mi ánimo, mi ingente acumulación de minutos transcurridos.

Pero estoy demasiado involucrada en todo tipo de rebeliones para sentirme libre todavía. Por eso quiero dejar las armas unidad tras unidad. Quiero desertar todas aquellas batallas y guerras que mantengo conmigo misma y el mundo. No puedo reciclar todos los plásticos que utilizo, ni vivir de forma orgánica y ecológica, ni alegrarle el día a nadie, esas cosas. He debido estar luchando toda la semana porque si no no me encontraría tan agotada mentalmente. Sería fácil echarle la culpa a la gripe, a mis dolores de estómago, a lo que sea, pero es una pérdida de tiempo.

Hasta que no vea el tiempo como un proceso circular y no evolutivo, hasta que no sepa reconocer e invocar las persistencias que de mí se funden con todo aquello que me rodea, hasta que no me dé cuenta de algunas cosas que me están pasando y de otras que quiero, voy a seguir confusa y remezclada.

martes, 17 de febrero de 2009

Sueño REM


Prisas confitadas, deseos sin solventar, amaneramientos de la salvia cerebral, procesos incinerados sin lumbre. El cerebro grita ¡basta! y te despiertas a las cinco de la mañana de un estirón, sin precipitación, como si hubieras llegado al final de una vía de tren, sin solución de continuidad pero a la espera tal vez de algo que nunca ocurrió.

lunes, 16 de febrero de 2009

Túneles de metro


Viajo de vuelta a casa esta noche en un vagón de metro retrasado. Percibo en sus túneles presencias ciegas, ciénagas atrofiadas, ensenadas traidoras y rastrojos encendidos. No sé cuáles son sus asideros descalzos ni los entresijos aguerridos, fascinantes e inciertos de su actividad nocturna.

Me tumba, me rinde la evidencia, mi conciencia cargada de trazos irresolutos me imposibilita reaccionar. Estoy parca en palabras y en sentires. Será como todo, la aquiescencia con la noche cerrada.

Un lugar en el cielo


Estoy en el avión volando hacia Madrid. Me he sentado en el lado de la ventana y no sé qué parte de España estamos sobrevolando. En cuenta llegue a Madrid voy derecha al trabajo. Va a ser cansado, porque mi viaje me ha planteado dilemas y encrucijadas, y volver directamente a la oficina no me va a dejar tiempo de notar la ligereza de mi mente; se me va a llenar rápido de cosas inútiles.

La azafata me dijo que me iba a traer una manzanilla, pero se ha olvidado completamente. Está muy estresada, se le ve en la cara que está a punto de estallar; cuando lo haga su cara de porcelana se hará añicos, y el maquillaje de Geisha se pulverizará en el aire. Eso es todo lo que quedará de ella.

Creo que estoy descendiendo, el tapiz soleado se acerca un poco más. Esto no es un avión, es más bien una avioneta. No he viajado mucho en vuelos nacionales y me ha sorprendido mucho el tamaño tan pequeño que tiene. El piloto me acaba de reventar los tímpanos con una megafonía chillona y prescindible.

Creo que estoy buscando un lugar mental pero con geografía, cartografía, tránsitos y caminos. Un lugar que pueda poner en marcha en mis zafarranchos de búsqueda, como el reino de Terabinthia. Un sitio en el que vivir, un lugar en la cumbre de mis deseos, fecundo, recóndito pero accesible. Un lugar que no recrimine, que me inspire, que me suscite dudas y preguntas para seguir investigando y arrancarle conocimiento a la vida. Tal vez un lugar como lo que veo desde aquí: un lugar desde el cielo. Y tal vez estar de viaje sin moverse de casa.

Tránsitos


Cuando estás en tránsito llegar es lo importante. Llegar y esperar que el lugar te acoja, que sea el sitio adecuado, y tal vez incluso el bosquejado en tus sueños mínimos.

El tránsito enmudece tus críticas internas, te despega del entorno en el que vives y te peleas, te impulsa a remodelarte y probar un más lejos todavía, más alto y más arriba, más pausado pero más adelante ... Y te enfrentas a quimeras realizables que ya no se te antojan recolecciones ciegas.

domingo, 15 de febrero de 2009

Rompeolas



Olas precintadas de rumores salados, salpicaderos de sodio y fuerza de acero. Sellas el aire con tu estruendo de cajas precintadas, moléculas impuras, miradores disolutos, enramados minados, candorosos engranajes, encerronas hermanadas y cientos de lechuzas graznando en la noche iluminada por libros volantes y fulgentes con la sabiduría de Minerva.

Cinceles estirados y sublimes, principados descalzos, vislumbrados en rendijas lisas, partículas diminutas encaramadas al aire, bandadas de líneas retorcidas que te asaltan el sueño debajo de la carne, encima de tu colcha, mordiéndote la piel apenas descansada.

Pesadillas circulares y rápidas, escasamente parapetadas tras los rompeolas. Me asustan con su fuerza bruta, ingente, nada acomodaticia. Son muertes en vida, imágenes turbias recelosas, inseguras y desconfiadas. Se reducen a miedos mínimos y abortados en plena gestación. Son como inoperantes llagas del subconsciente, ínsulas mínimas sin fronteras, inútiles sentimientos que no fecundaron. Emociones de colores revueltos y sensaciones inmediatas y falsas, un malestar agobiante que no cesa.

Tengo miedo de que me empujen y caiga para enquistarme en la roca, y que me queme la espuma del mar hasta disgregarme como la arena en la que yazco.

Cuore



Hoy, mirando la estela del mar, sintiendo sus vibraciones electromagnéticas, perdiéndome en la fuerza inmensa y mansa de su gravedad espumosa irrumpiendo en el rompeolas me he dado cuenta de que Cuore, el eterno femenino que ansío, y la mar meciéndome, hipnotizándome, atrayéndome son lo mismo.

Este mar que me trae millones de moléculas africanas cada milisegundo para que no olvide quién soy es mi Cuore, y nunca voy a poder encontrar ninguna mujer que esté a su altura, que tenga la arrogancia para reencarnarse, que quiera compartir su inmensidad conmigo, que se pueda comparar con la energía de la vida. He estado ciega hasta ahora, me he perdido mil veces pero ahora he llegado, estoy frente a ti y me siento inmensamente feliz ... Podría morirme ahora mismo enzarzada en tus olas, abrazando tus babas de espuma, atrapada, ahogada por tus algas ansiosas de sangre y sacrificio ...

Ya he logrado encararme contigo y me llenas completamente.

Good morning, Cuore
Sit down

sábado, 14 de febrero de 2009

Frío



Las emociones son peligrosas, te permites sentirlas, les das salida y se desfonda la válvula mitral. Te desangras.


Que triste es ver como se desangra un sentimiento... porque lo primero que siente uno al desangrarse es frío, un espeluznante y descorazonador frío.


Cartas desde el bosque

Mare Nostrum


Lo adoras

Pero tu destino es ahogarte

6 grados de separación


You and I

Six degrees of separation

jueves, 12 de febrero de 2009

Apprivoise-moi!


Hoy en el metro un músico cantaba:

Es la historia de un amor
como no hay
otro igual
que me hizo comprender
todo el bien
, todo el mal

Que le dio luz a mi vida

apagándola después
Ay que vida tan oscura

sin tu amor no viviré

Y me pregunto yo que tan ocupada estoy con la disección de cómo experimento el amor ... me pregunto por qué tan a menudo el amor a mí me sabe ha sabido a desamparo y a desalojo. Quisiera saber de qué se trata realmente esta vacuidad de vanidades que siento y que yo llamo amor cuando en cierto modo muchas veces seguro que no es más que una concubina suya.

Me enamoro con rapidez, me encapricho con una intensidad excesiva, ¿será verdad que l@s Piscis necesitamos estar enamorad@s para existir? Pero yo creo que mientras sienta el amor de esta manera estaré muy lejos de poder experimentar la verdadera esencia de esa rara avis.

Por lo pronto estoy intentando que el amor no suponga la renuncia del ser, una equivocación refinada, la sobrecarga de tareas externas. También he renunciado al ansia de que mi amante o el amor mismo me complete. Sí, deseo fervientemente que mi amada me explore, me observe, me asesore y me anime, pero desde que rompí con mi ex he tenido claro que yo debo ser en el amor entera pero incompleta, porque no puedo supeditar mi crecimiento personal a los dictados del amor, sus exigencias, a la rendición incondicional promovida por el deseo. Por eso he emprendido desde entonces una búsqueda por el amor verdadero y tangible, que no es más que el que yo puedo extirparme de mí misma.

Al principio me dio miedo que fuera una renuncia a la búsqueda y al posible encuentro con una mujer maravillosa, pero con el tiempo me he dado cuenta de que esta nueva actitud de superación personal y auto-actualización me abre los ojos y la mente a todo un mundo de posibilidades. Porque ahora tendré la oportunidad soñada de observar a la persona amada sin exigencias, sin pedirle explicaciones, sin trampas de seducción. Nos veremos desnudas en el descampado de nuestra mutua intolerancia, sin ataduras y con la única comprensión posible: el sabernos deliciosamente extrañas, separadas, únicas y sin necesidades impuestas.

Ella y yo tendremos oportunidad de conocernos, tendernos puentes, como el zorro observando al Principito; sin especulación, sin cuerdas o ataduras, sin banda sonora acojonante, con total legitimidad, con responsabilidad ante el vértigo del cariño. Sólo así la veré a ella como un sol naciente y emprendedor, con todo su misterio que no intentaré ni abarcar ni descubrir, sino con la seguridad de encontrarnos ambas en constante crecimiento. Cuando ese día llegue creo que estaré preparada. Creo que estoy preparada.

Créeme, de ti no espero nada y no exijo nada. No te examino, no te sueño, no te siento; te deseo, quiero entenderte sin juzgarte. No sé quién eres y por eso te desconozco. No he asumido roles para ti, ni renuncias, ni tareas, ni ansío realmente poseerte. Si estás lejos te querré igualmente. Estimo que mi intuición al prenderme de ti ha sido verdadera, inmensa, y veo cómo crece de día en día. No te tengo ahora porque nunca te he tenido y nunca te tendré.

Tú eres un escorzo del viento, una preciosidad, un privilegio, un saludo en mi diario devenir. Te he elegido porque todo aquello que siento dentro de mí en ti encuentra un eco, un soporte, una inclusión. No me juzgues, no me temas, no me quieras poseer. Estamos en igualdad de condiciones. Sé que tu corazón se ha extraviado: te lo han robado y todavía no te lo han devuelto. Sé que en el transcurrir de los próximos meses lo pedirás de vuelta, te reencontrarás con tus temblores cardíacos, tus reverberaciones emotivas, y la tromba inmensa de necesidades que han quedado al descubierto tras tu último amor-alud, tu amor extranjero que no te permitió medirte de igual a igual, que te expulsó de su lado como una rebelión fallida.

Ese dolor que sientes es tu alma incompleta, es tu ruptura con los dogmas del enamoramiento, de la razón que cayó dormida mientras tú te enamorabas y sufrías. Yo estoy aquí y ahora y seguiré estándolo, no sé por cuánto tiempo, aunque sí sé que no te entregué mi corazón porque tú no lo necesitas. El amor que ya siento por ti es el mismo que presiento. No te conozco lo suficiente para saber lo que tú deseas del amor; tal vez una renuncia absoluta a todas tus facultades racionales o de buen juicio ... tal vez una recaída, la ductilidad de tu persona. No lo sé. Tú has sentido el amor como un arroyo violento y turbio que ha arrancado todo aquello que tú misma pusiste como rehén. No te queda más remedio que volver al paisaje desolado y recobrar una última imagen para borrarlo de tu mente.

Y no te olvides del zorro. El zorro es tuyo.

Páramos


Me rodea una sublime síntesis de precariedades, minimalismos, pobres intenciones que vuelven con las manos vacías a pesar de estar colmadas de premisas múltiples. Tienes que aprender a vagar por los páramos sin reticencias para no arriesgar la perseverancia misma que te caracteriza. Si quieres, recuerdas.

Me definen soledades y preciados desamparos con forma de átomo compitiendo con la obligatoriedad de ser coherente. Salgo fuera a coger aire, a abstraerme y a mi vuelta seguís estando allí con vuestros principios y albores, estratagemas y parsimonias, reyertas de humo y reciclados prefabricados. Tendré que aprender que estos son irremediablemente mis entornos, donde yo me muevo para aprender a resurgir con más fuerza.

No sé lo que deparará el futuro, aunque percibo sucesos enriquecedores, le extraigo y supongo vértigos al viento y estoy dispuesta a rellenar permanencias inoperativas. Es otro nivel entrecortado que despunta, donde yace la salvia que me alimenta el ímpetu, y apenas recoja mi fuerza saldré adelante para continuar el trayecto.

Antes, durante, después



Se acaba esta noche y me apresuro a hacer las últimas reflexiones. Esta semana me ha asediado una gripe y también he conseguido ahuyentarla como a un fantasma. Tengo mi vida y mi ritmo antes de la gripe, durante la gripe y después de la gripe. Básicamente con ella me sentía asediada, lobotomizada, empequeñecida, tierna. Y ahora que está abandonando mi cuerpo y mi cabeza (¿se va? ¿se extingue?) estoy volviendo a sentir un gran impulso vital, una fuerza motriz genuina, tipo géiser que me socorre y me impulsa a querer vivir, a hacer cosas. Pero no estoy lo suficientemente bien para saber qué cosas todavía, no tengo la mente aclarada, como si no hubiera alcanzado el programa de aclarado de la lavadora, y me permito hacer planes sin tener aún la energía para acometerlos.

Tengo el estómago abroncado porque no he dejado de comer ni un minuto. Espero no tener pesadillas esta noche. Estoy saliendo mucho y viendo a mis amistades lo que me llena de gozo, pero siento que entre el trabajo que últimamente arrecia, las obligaciones familiares y el ver a mis amig@s no estoy dedicando suficiente tiempo a escribir y leer, a soñar despierta. No tengo más remedio que resignarme e irme a la cama porque mañana tengo que levantarme pronto, aunque hay un montón de cosas que querría escribir. Tendré que dejarlas en remojo y aventurarme en mi subconsciente mañana para tender la ropa. Lo curioso del tema es que, al igual que con la gripe, no sé lo que voy a querer escribir aunque tengo el impulso de querer hacerlo.

miércoles, 11 de febrero de 2009

Imra (امرأة)

Estoy buscándote en los minutos imberbes, los satélites ciegos, los rosales engallados, las primeras horas de la mañana. Te entreveo desnuda, fresca, secuestrada por la naturalidad de tu belleza.

En tu piel encuentro promesas selladas, en tus labios cárdenos se unge el fuego de tu intelecto, en tus dudas se hallan las mieles de tus futuros triunfos.

Tus besos siempre se apresuran, tus sonrisas son fugaces, tus abandonos breves pero continuos. Es una prerrogativa femenina que me envuelve.

Mi dolor de estómago


Mi dolor de estómago era un día sin huida, un tazón de leche oscura, una palabra en una frase jeroglífica que pugna por salir de mi boca sellada. Es como un cajón volcado en el suelo que irremediablemente no volverá a su posición aunque le lluevan objetos.

Durante décadas este perro sarnoso de Baskerville me ha asediado con su dolor oscuro, imposible de apaciguar, como una tormenta en una noche cerrada o una cerradura de metal que ya no pudiera abrirse nunca. El dolor de estómago te birla el alma del entendimiento, te enmohece la frescura, y tan sólo te sientes un pobre estómago herido. Te precinta la boca con un pespunte y te arruina el paso de las horas con su abandono.

Pero tu mano caliente sobre mi vientre, tus palabras dulces de consuelo me saben a gloria, y seducen mi dolor, que se escabulle para no atormentarme y permitirme disfrutar del deseo hacia ti.

martes, 10 de febrero de 2009

Premeditada


Busco la soledad en mis oquedades, en mis renuncias y mis sinergias íntimas. Me revelo internamente a mí misma y estoy conteniendo una tromba de sentimientos rotos; no sé cómo administrármelos. Intento centrar el fluir de la pasión y el raudal de proyecciones en un diario secreto de arrebolamientos varios, sutiles, preciosos.

Si me miro observo mis caídas pendulares, mis respuestas reflejas, los prismas precintados. Entonces recaigo en balbuceos varios, inoperantes, miméticos, en luchas férreas con la repetición, la fugas y panoplias donde me guarezco, las seminales y pretendidas referencias, y las mentiras, que no son más que copias de iras fraccionadas. Mis ensayos con la prestidigitación no me han llevado tan lejos como pensaba. Debo esperar y creer a pies juntillas las prevaricaciones inmediatas.

Virus de invierno


Este virus malo seduce los cantos de sirena de mis neuronas para desterrarlas sin piedad tras atraparlas en su red de pescado de triglicéridos. Mi cuerpo pierde su equilibrio vaginal con la tierra y me balanceo como una hemafrodita enamorada. Los orificios de mi cabeza jalean aire en el fuelle de Vulcano que se forma entre mis sienes para dar salida a suspiros de fuego que abrasan mi garganta. Este virus malo concatena las escaladas de ideas en mi cerebro y las hipotenusa. Las alimañas portadoras de pesadillas prenden sus uñas en mi subconsciente con prisa, aprovechando la ocasión para emascularme el ánima imaginativa. Es un virus de perdedor.

domingo, 8 de febrero de 2009

Señas de identidad


Llevo una semana un poco despistada pero al mismo tiempo más centrada que nunca. Esta semana ha tenido un ritmo frenético, las horas sólo se han sucedido para atropellarse, avasallarse y entrometerse las unas con las otras, y los minutos duraban menos que el estirón de una goma elástica. Me he dado cuenta de lo fácil que es despistarme y sentir perplejidad por mi propia existencia, un ¿qué hago aquí? me asalta, o un mejor dicho: "¿Qué hacía aquí ... qué era ... exactamente??". Tengo que tomar conciencia de mí misma en esos momentos y devolverme a mi vida; hacer un esfuerzo para reconocer aquellas señas de identidad que son mías, y recuperar el ritmo de los últimos logros antes de que se difuminen y desaparezcan por donde habían aparecido.

A veces inusitados acontecimientos me ayudan a centrarme: hacer un par de coladas de varios colores y recuperar ropa que llevaba semanas sin ponerme; escuchar una canción y ponerme a bailar sola en casa y acordarme de momentos especiales; ver a una amiga que me hace recordar partes de mí que no tengo presente en primera fila mental; hablar inglés con alguien y escuchar expresiones que me llevan a Londres, a Ámsterdam o a algún otro sitio.

Mi cabeza está en constante movimiento y a veces, tras un tiempo de mar bravía y azorada, las olas devuelven a la orilla de mi subconsciente aquellos objetos y recuerdos tragados mar adentro en el azogue. Es en esos momentos que me observo como si todo fuese nuevo, pero notando un sabor extraño en la boca, como de algo añejo y sin embargo un poco olvidado, un algo que tiene que resurgir todavía tras despertar mi mente a su aroma. Y es tras transcurrir unos segundos que de repente reconozco un rasgo de identidad mío propio e intenso que entre las brumas de mis cambios y mis regeneraciones ¡había poco menos que pasado por alto!

Hoy en el tren de Majadahonda a Príncipe Pío me encontraba leyendo las hojas que había impreso sobre el dinámico y fascinante intercambio de pensamiento entre Otto Rank y Arthur Miller. Me enzarcé en una escaramuza como un gato montés con mis bolígrafos Pilot, porque los que he cogido del trabajo o están secos o son de 0.7 de diámetro, lo que no me gusta (demasiado grosor para hilar fino :-) Intentaba escribir notas en las hojas pero no podía hacerlo con la ligereza que necesitaba para cazar mis ideas al vuelo, y un chico árabe que se sentaba enfrente mío me vio luchar contra las puntas de los bolígrafos y dar la vuelta del revés a mi bolsa en busca de alguno que pudiera seguirle el ritmo a mi mente enfebrecida por el excitante partido de tenis entre Otto y Arthur. El chico estaba rezando con su collar de cuentas pero se había percatado de mi percance y amablemente sacó un bolígrafo de su bolsa y me lo ofreció; yo le expliqué que sólo estaba probando los que yo tenía, que no se preocupara, que alguno saldría bueno, y él me sonrió. Pero todo esto lo hizo sin dejar de rezar para sí mismo y de pasar los dedos por las cuentas de su collar mientras las contaba en su oración.

La naturalidad con la que este chico estaba atento a su alrededor y al mismo tiempo concentrado en lo que hacía me hizo pensar en el tipo de actividades que llevamos a cabo para conservar la salud mental, para fomentar la fuerza y la consistencia de nuestra personalidad. Yo necesito trabajar en mi autoconsciencia, mi subconsciente y mi creatividad para tener fuerza en el desenvolverse del día a día. Este chico rezaba todos los días y tenía la costumbre y la necesidad de hacerlo. Durante años ha podido aislar un momento en su día para llevar a cabo sus oraciones y por tanto tiene incontables momentos aislados de tiempo que puede comparar unos con otros, como las personas que durante años hacen una foto en el mismo sitio a la misma hora, como Auggie Wren (Harvey Keitel) en la película de Smoke, de Paul Auster. Pareciera que todo el día no es sino una preparación para volcarlo todo en ese clic de la cámara, en esa contusión mental inducida, en ese respirar hondo, en el escarbar y pensar o no pensar, lo mismo me da. Llegas a ese momento y no sabes qué va a suceder después, o sí lo sabes pero aunque aún así no hay nada que se le parezca, porque es uno más de entre cientos o miles, y cada vez la grandeza de la suma de los otros momentos lo hace más especial.

A veces requiero disciplina para preparme y llegar a buen puerto en ese momento, y me desilusiona lo fácil que hasta entonces me había resultado el hacerlo sin ella, porque lo deseaba tanto como a nada en este mundo y no había necesitado ánimo ni esfuerzo para llevarlo a cabo. Una vez que me enfrento al hecho de que a veces sí necesito esa disciplina, acepto la posibilidad de que tal vez simplemente me he despistado, algo me ha escupido de la órbita de la pasión con la que normalmente trabajo, y entonces lucho como se dice en inglés por encontrar my center, my core, mi centro de gravedad, mi punto centrípeto donde todo lo que hago tiene un único motivo y la misma excusa: yo soy así.

Yo necesito mi momento de lucidez diaria, necesito sentir que he conseguido nadar de forma ágil por mi entereza, percibir la elasticidad de mi mente, entrever las verosimilitudes que se esconden en mi cabeza, en mis actuaciones. Es tan necesario para mí como el sueño diario o la comida. Mi vida no tiene orden sin estos momentos resguardados del fragor diario, y pierdo mi capacidad de maniobra si no me entrego, si no encuentro ese momento de concentración donde los castillos de naipes se colapsan y acabas con la baraja en la mano.

sábado, 7 de febrero de 2009

Planesss


Me voy a ir a la camita, estoy destrozzzzzzzzzzzzzzzzzzadaaaaa. Me están pasando cosas raras; por ejemplo: noto como pequeñas burbujas de cansancio eclosionando en las encías de las muelas como si fueran flemones. ¿Qué diablos es eso? Y al respirar me duele el pecho. Estoy algo jorobada porque hoy con el trabajo y todo no he ido a correr. He salido de la oficina a las 11 de la noche porque quería terminar algo y que la semana que viene no empiece como si me hubiera de poner un cohete en el culo el lunes por la mañana. Esta semana me ha puesto las pilas pero bien, mare mía.

Bueno, lo que quiero hacer este finde es dormir como un cerdo, ver a Poquitos, nuestro bebé, ir a correr sábado y también domingo para gozar en la lluvia dorada de bienestar que siento al hacerlo (espero no estar malita este finde porque entonces no podria y me daría mucha pena no salir a correr) y ver las pelis que me he bajado. Quiero ver a mis amig@s, salir por Malasaña y por Chueca (Chueca siempre lo digo y luego no lo hago), tirarme en el sofá de mi hermana con el bebé y comérmelo a besos y ... bueno, también iré a ver a mami. He comprado un billete para ir a Lanzarote a hacer surf en mi cumple ¡biennnnnnnnnnnn! Ahora es importantísimo comer bien para estar fuerte y empezar a entrenar, porque si sigo con estos bracitos de nada me van a tragar las olas.

No están mal mis planes, teniendo en cuenta de que también quiero meter los doscientos folios que imprimí esta noche sobre Otto Rank y su terapia para sacar la neurois de la psique del/a artista. Otto Rank basa su teoría sobre el psicoanálisis que diseñó para el arte en que cuando una persona es neurótica es porque no expresa su personalidad, está frustrada, se la deja dentro o la enmascara. La persona artística es alguien que se acepta en su totalidad, con sus fobias y sus manías, pero se acepta y se sublima.

Más mañana, porque estoy empezando a ver relámpagos y chirivitas. Estoy tan agotada ...

jueves, 5 de febrero de 2009

Mi lado úber bollo


Llego a casa y me quito los pantalones de la calle como quien se desenfunda un traje de buzo, con muchas, muchas ganas de estar cómoda, venga ya de una vez. Tengo ganas de estar en mi casa. Estoy híper cansada, pero cansada de no haber dormido, lo que se traduce en cansada cabreada, if you know what I mean.

Saco a toda prisa el borrador del IRPF de este año (no he pagado, en paro un año entero y quieren que les pase seiscientos y pico euros? De qué van. Pero tengo que darle los datos a mi madre porque está pidiendo la minusvalía de mi hermano mayor y figuro que vivo con él. Yo ahora estoy viviendo en su casa desde que mi madre le sacara de aquí el año pasado, literalmente antes de que fuera demasiado tarde.

La llamo y le doy los datos. Me cuenta que ha estado en el tanatorio porque se ha muerto la mujer de su tío. Esto me hace pensar que no es alguien con quien ella tuviera tanto trato, pero bueno, al final le consigo sacar que era una tía suya que sí les traía juguetitos a las niñas y demás, pero en fin, tenía noventa años y no, no se veían mucho (yo no la conocía). Como todas las historias de mi madre inmediatamente pasamos al lado surrealista. Al llegar al tanatorio una persona que trabajaba allí se dio cuenta de que las ruedas de mi madre (del coche de mi madre, se entiende) estaban mal, y se lo advirtió. Inciso: pregunta mía - "¿No era un sitio súper deprimente?". Mi madre: respondiendo de mala leche: "No, todo lo contrario. ¿No te estoy contando lo de las ruedas?". De acuerdo, hablemos de las ruedas que es lo importante, no el hecho de haber ido al tanatorio, claro. Le dijeron a mi madre que tal vez habría alguien por ahí que pudiera ayudarle - claro, cómo no me termino de enterar, es de lo más normal que sucedan estas cosas en los tanatorios. Total, el toque magistral de la historia de mi madre (gran naturalidad al contarla) consiste en que durante dos horas estuvieron buscando a mi madre un hombre de por allí y una señora porque iban a ayudarle con las ruedas, y al final, al encontrarla le dijeron: "Señora, queremos arreglarle las ruedas." El final de la historia evidentemente es: le arreglaron las ruedas.

Después de hablar con mi madre me pongo a bajarme varias pelis a toda castaña -se acerca el fin de semana y no quiero que me encuentre con la boca seca. Me bajo Waithnail and I, a sugerencia de sweet Tara, Control, la historia de Joy Division, a petición de Luis The Solvers, Fight Club, de Brad Pitt, no sé de dónde saqué la idea, y alguna más. No va a ser un fin de semana de chicas, más bien de chicos, por lo que parece. Me imagino que este finde quiero sintonizar con mi energía masculina. Siempre que trabajo mucho en la oficina me sale el lado úber bollo: cables, destornilladores, decirle a los tíos lo que tienen que hacer, poner firme a l@s jefes, arreglar todo, ser resolutiva, andar corriendo con la boca llena de comida, hacer de mi rincón un agujero particular, tener a la población femenina de la oficina algo más pendiente de mí de lo normal; no sé por qué, pero es así, será por eso de que escuchan a los chicos llamarme desesperados como niños cuando algún gusarapo les salta por la pantalla del ordenador y al verme ellas les doy moral en un mundo diferente: pasan por detrás mío y me rozan la espalda, me tocan los brazos cuando voy en camiseta, me llaman con diminutivos, me piden ayuda cuando la fotocopiadora hace de las suyas y nos ponemos ellas y yo a soltar tacos inofensivos y chascarrillos con complicidad ... Mi rincón está lleno de comida a medio morder, de informática total; tengo a veces hasta seis pcs haciendo cosas raras y nadie tiene ni puñetera idea de a lo que me dedico. Entro a la hora que quiero y me voy a la hora que me da la gana (Dios mediante), me siento una salvajilla.

Pero no me gusta trabajar tantas horas. A ver si la cosa se tranquiliza y me puedo tomar un día libre para recolectar la información en mi cabeza. Tengo pelos de loca y unas ganas tremendas de darles el tijeretazo, pero todo el mundo me dice que espere hasta el verano. He decidido que en cuanto cobre, porque este mes ya he ganado casi lo mismo en una semana que el mes pasado entero trabajando, voy a comprar el ticket para volar a Lanzarote, quedarme con mi coleguilla del instituto que vive allí, y aprender surf. Es mi regalo de cumpleaños a mí misma. Supongo que también podría prometerme que voy a terminar mi peli bollo y ponerla en Youtube. No me costaría nada prometérmelo, llevo varios años haciendo esto. El año pasado en mi cumple me comprometí a terminar el guión de mi largo. Es divertido hacerme ese tipo de promesas porque suelo cumplirlas. Pues va. De marzo no pasa que ponga la serie bollo en Youtube. A este blog pongo por testigo que nunca, nunca, nunca, volveré a pasar hambre ...

Pero sí tengo hambre, tengo hambre intelectual. Llevo una semana con ganas de leer la información sobre la terapia de Otto Rank a Henry Miller y Anäis Nin, así que me descargo los enlaces e imprimo la primera parte. La segunda parte, un estudio de la terapia de Otto Rank a los artistas que me muero por leer y que me ha costado tanto en encontrar, se convierte en un documento de doscientas páginas. Evidentemente ¿qué hago? Pues me lo envío por mail para imprimirlo en el trabajo, por supuesto ...

Me doy cuenta de que estoy de mala hostia, preocupada por mi sobrinitio cuya mala tía no le ha cambiado el pañal de diarrea esta tarde cuando he pasado un ratito con él. Por eso estaba tan desesperado, y eso que ha sido súper rico, aunque estaba malito ni siquiera ha llorado. Ahora la mostrenca de tu tía ya sabe para qué está el Corte Inglés de Callao. Todo el mundo lo sabe, pensará mi hermana, menos yo, que les puedes cambiar el pañal allí. Bueno, pues la próxima vez lo sabré. Este fin de semana voy a ir a verle y me voy a pasar un día entero jugando, bailando con él, le voy a dar un baño y voy a hacer el chorra como nunca me ha visto para que me perdone. Pero al dejarle en el coche y despedirme el niño me lanzaba besitos con una enorme sonrisa. Pobrecito.

Así que me doy cuenta de que a lo mejor yo también estoy poniéndome enferma. Llevo tres días sin dormir bien porque miro la alarma cada media hora durante la noche. Sueño toda la noche con que tengo que despertarme; después de semanas con el sueño cambiado, me ha costado mucho el volver al horario diurno. Es mucho mejor para mí, pero estoy cabreá. No me gusta madrugar y menos para ir al trabajo, grrrrrrr. Así que me doy cuenta de que tengo que comer algo porque mañana en cuanto me despierte me voy a ir a correr y no quiero estar hecha una piltrafilla. Además, no tengo hambre porque no estoy comiendo mucho, el cambio de horario me ha puesto un poco mucho híper activa, y el trabajo ha sido multitarea a tutiplén, con lo cual estoy con los sentidos excesivamente despiertos. Creo que mi tratamiento a base de súper vitaminas, omega 3 de pescado y gingko biloba está funcionando. El cambio de tiempo a mejor, el que se acerque mi cumpleaños, el tener un poquito más de dinero, etc, me hace todo que pierda el apetito, y no me lo puedo permitir. No sé si voy a pasarme toda la noche con la digestión o si es mejor que no coma nada y me alimente de aire y termine el día con alucinaciones. Decido cambiarme de pantalones rápido otra vez, y aunque me apetece como el culo, bajo al restaurante chino de al lado a comprar algo.

Cuando llego me recibe el dueño con una gran sonrisa y comienza a hacerme él el pedido, pero esta vez no voy a pedir lo de siempre. Ayer, al terminar del trabajo, aparecí allí pasadas las once de la noche. No me había dado cuenta de que era tan tarde y ya habían cerrado. Estaba él y su mujer con una cara de dormidos que te mueres y sin embargo, sin rechistar me abrieron y el hombre se empezó a poner la chaqueta. A pesar del cansancio me sonrió y estaba dispuesto a cocinarme algo. Le dije que para nada, que nos fuéramos los tres a dormir y me quedé sin cenar, comí algo de fruta y ya está. Hoy pido arroz con gambones y verdura con tofu. Querría algo sin aceitazo, como si me lo hiciera yo, pero en fin, no tengo más remedio que comer fuera hoy. No hay restaurantes vegetarianos por aquí ¿para cuándo?. No quiero cocinar y además estoy de mala leche, quiero engullir algo y que se me quite la ansiedad, ya está. En mi restaurante chino no pasa la crisis. Siempre hay alguien, nos gusta comer allí, la verdad, los chamberinos y malasaños vamos mucho aquí porque dicen las lenguas sabias que hacen los mejores fideos artesanales de Madrid. No sé si es verdad pero están muy buenos, y el dueño está todo el día dándole a la masa y recortándola con los flecos de los fideos. Pido mi comida y avasallo a un chico que está ahí despistado con los menús y las evasivas del dueño, que no habla mucho y explica las cosas con menos palabras todavía. Nos decimos perdón mutuamente y al final miramos juntos el mismo menú para llevar, yo con un dedo en una página y él un par de páginas antes. El chico tiene pinta de DJ vasco o asturiano. Calvete con mucha barba, pantalones con cientos de bolsillos (qué envidia), una bolsa de discos de cuero artesanal! y zapatillas tipo Public Enemy. Mientras esperamos me planteo leer. Me he bajado la parte impresa de Otto Rank para leer mientras espero (no puedo esperar sin leer, me pone enferma, va contar mi naturaleza), pero quiero tomar notas de cosas que se me ocurren, así que pillo un lápiz de la mesa donde normalmente se sienta la niña de la familia del restaurante a estudiar música y hacer sus ejercicios de caligrafía china, y escribo en la parte de atrás de las hojas impresas.

En el restaurante hay alguna gente cenando: son grupos de amig@s, más jóvenes de la media, gente del barrio, supongo. El hilo musical del restuarante es muy años 80; ponene la banda sonora de Local Hero o Carros de Fuego, qué sé yo. Me pongo a mirar la pecera rectangular de los peces. Es muy pequeña, casi de juguete, pero han limpiado el agua y me pregunto cómo puede estar tan transparente con peces dentro? y ¿dónde han puesto los peces al cambiarle el agua?. Dicen que los peces dan paz, a mí me dan un poco de grima (sorry, Abutrí ...)

Le recuerdo a la otra camarera, una hembra alfa de mucho cuidado (que sí, C. que sí) que por favor le ponga a mi comida ajo y gengibre extra, pero que no quiero cilantro, me da asco. Ella ya lo sabe, porque siempre les cuento el mismo coñazo, asi que se mete en la cocina y con gran poderío deja claro quien manda ahí. Observo mientras tanto el salvapantallas de Windows XP de la caja registradora, pero sé que la versión que tienen está en chino porque me he fijado en otra ocasión.

Pienso que preferiría comer sin tanta sal, porque yo no le pongo sal a la comida nunca, pero bueno, pedir que no echen sal a la comida en un restaurante chino es, pues ... eso ... Escucho el estruendo que proviene de la cocina. Al chico vasco dj ya le han dado su comida y hace tiempo que se ha marchado. Está claro que la mía la están cocinando de nuevas. Hacen un ruido tremendo con los fogones y las espumaderas, como si estuvieran moldeando metal en una fundidora o jugando entre ellos a Star Wars. Me da moral saber que están cocinando así al fuego, al wok, a lo bestia, todo rock and roll, y que la energía del fuego le llega a mi comida y por ende a mí. Mola.

Subo a casa y me pongo a escribir esto y a comer. La comida no está mal del todo. Me siento mejor, escribo como si tuviera una mecha en los dedos y poco a poco me voy sintiendo mejor, tranquilizando, dulcificando. He hecho bien en bajar a pillar algo de comer. Voy a ver L Word y a la cama. Mañana me tiraré a la calle llueve, truene o granice para comer un poco de asfalto. Me gustan mis nuevas zapatillas.

I look from You to You



I am a fountain. You are my water

Yo soy una fuente, tú eres mi agua.
Pero tú eres yo, porque yo soy mi fuente, y circulo, y yo soy el agua, y resido.

Yo quiero verme a mí misma con la luz con la que me iluminan las demás personas, quiero estimularme para no estar sedienta nunca más, quiero navegar hacia mí lo más lejos posible, para deciros adiós y hasta pronto desde mi embarcación hacia un rumbo cierto. No quiero que bebáis mi agua salada, debo aprender el arte de los mares, perderme un lustro para dejar de anhelarme, hacerme compañera de viaje. Hace mucho que me llamo y no me escucho y ahora he de perseguirme. Esta lucha fratricida conmigo misma ha de resolverse en alta mar, cuando tú me necesites y yo no pueda ignorarte porque sólo estemos las dos.

Podrás sentarte en el otro lado de la embarcación y decidir no hablarme hasta que te aburras, hasta que el tedio te venza o desprecies mi presencia. Tal vez quieras deshacerte de mí y tirarme por la borda en mitad de la noche cuando me pilles indefensa. No me importa, estoy dispuesta a correr ese riesgo, pero no dejará de ser cierto que he venido a acompañarme y ahora ya no puedes esquivarte. Hace demasiado tiempo que me he dejado abandonada y ahora vengo a tu encuentro. Estás asilvestrada, aterrada, no quieres compañía, lo sé. Estás acostumbrada a lidiar con todos tus miedos y requiebros en impune y brutal desamparo. Lo peor ha pasado. No voy a dejarte abandonada nunca más. Eres sangre de mi sangre, mi vida, mi ser, mi yo más profundo y te he vendido. Te he tirado a los perros, te he arrancado de mí cuando éramos pequeñas y te he dejado ligera de equipaje, sin defensas en el duro suelo, a la intemperie porque he sido incapaz de verte(me). Me he olvidado de que eres mi gemela, mi vida entera, mi afán de existir, de soñar e imaginar y he vivido tantos años sin tu espina dorsal, como un filete de pescado, débil, dependiente de las críticas y halagos de todas las personas que se cruzaban en mi camino.

He equivocado mis compañeras de viaje tantas veces. He obligado a tantas otras mujeres a ser mi faro, mi linterna, mi sudor, mi ruedo interno, mi flexión muscular, mi obsesión ... Ellas han encajado el parte como han podido en nombre del amor o de lo que fuera, pero por supuesto mis temibles críticas: "No me entiendes!" han podido con todas y cada una de mis relaciones.

Y ahora busco algo muy diferente, tan diferente de lo que he tenido que me siento de nuevo una niña, una adolescente ante el amor, porque ignoro su composición molecular, porque ya no voy a asignarle la función de protegerme, de ser tú, sino que voy a abrirme a él desde ya mismo. El amor no es un ideal al que hay que acudir en busca de inspiración o de consuelo o de whatever. El amor es astuto y rechaza a quienes mendigan. El amor no se encuentra ni se busca, se tiene. Es un diamante en bruto y existe de forma genuina e independiente. No quiero ser una usurera y buscarlo sólo en las flores carnales, las sonrisas bellas, las fábulas del oeste o las bienaventuranzas. ¡Qué despreciable, comedida y retorcida ilusión! El amor, como la belleza, se encuentra en los rincones oscuros, la sequedad, el caos, las luchas internecinas contigo misma, el desprecio a tus semejantes, el miedo a lo desconocido, el terror a extinguirse. ¡Qué ridícula propensión a diseminarse, propagarse, reproducirse tenemos! Andamos en busca de clones de nosotras mismas, de gentes que sepan de nuestras prisiones, desengaños, pulsaciones, sueños evanescentes ...

Llevo mucho tiempo observándote, buscándote. Para conocerte tengo que olvidarme de mí, destruir quien creo haber sido todo este tiempo, destrozar ídolos recargados, ilusiones baratas y recargadas y posiblemente transcurrir mil y una noches en convalecencia. Ahora entiendo que todas mis crisis me han dirigido hacia ti, que todas las voces clamaban la tristeza de nuestros desencuentros, que mis noches en vela enfebrecidas han sido todas tránsitos hacia ti.


I flow from You to You
I am an eye, You are my light I look from You to You

I am a traveler, You are my road I go from You to you


El poema es de Zeynep Hatun (poeta sufista, Turquía - siglo XV)

martes, 3 de febrero de 2009

Argán


I. Yo

Al final te has decidido a venir, me has sorprendido. Te admiro muchísimo por eso. Déjame que te ayude, suelta la bolsa, desmáyate si quieres, ya has llegado, ya no tienes que fingir que lo tienes todo armado, en su sitio, perfecto. Has decidido venir, llegar, y con eso basta. Déjame abrazarte, no te apures si estás acalorada, necesitas seguir sintiéndote rota y agotada, cubierta de sudor arenoso, viejo que no se evapora porque esta noche debes recordar cómo te has sentido ahora. Esta noche cuando yazcas a mi lado, tras habernos embadurnado el cuerpo de Argán, para que tú veas pasar tu vida en el reflejo de la fina película de aceite de mi cuerpo. Tienes que acordarte, ¿lo harás?, porque ya lo pasado no volverá a formar parte de tu futuro, tan sólo como pedernal para que prendas el más violento fuego a tus dudas y tus desencuentros contigo misma. Tengo tanto que decirte, pero lo aprenderemos juntas, primero deja la bolsa, déjame que la lleve, sube, ya estás, aquí mismo.

Pero no entres todavía. Sopesa lo que dejas atrás, lo que lleva tu sabor, cómo has estado imitando a los demás hasta sentirte completamente vacía. Mira hacia fuera y exhala. Mira hacia dentro e inhala. Tienes que saber lo que dejas atrás antes de abandonar una buena defensa. Hoy como todos los días te has levantando vacía y asustada, sospechando de lo que quieres. Y la sospecha te ha traído hasta aquí, sabes que estarías preparada para huir si tuvieras suficiente fuerza, tal vez mañana mismo. Pero te invito a que te atrevas a quedarte.

II.Tú:

Me he acordado de ti, sin pensarte siquiera, porque ya no me importa nadie lo suficiente para convenceros de que aún anhelo, aún amo. Y me he acordado de ti porque eres la única persona que no se ha empeñado en hacerme llorar, en hacerme sentir. Todo el mundo quiere que reacciones y te des cuenta de la fuerza que reside en tu cuerpo, aunque sea obvio que ni siquiera va a ser suficiente para que puedas levantarte con primor. La gente quiere que te acarrees, que estés en constante movimiento. Tú no me has preparado nunca para resistir el embiste del temporal, de mis ruinas, de mis fracasos. Hace años que sabes donde estoy pero no has venido a buscarme. Me imagino que estar contigo es mucho más silencioso que estar sola, porque tú te sentarás a mi lado, mirando hacia las montañas del Atlas a lo lejos, sumida en tus pensamientos y en los míos, y absorta te sorprenderás de lo que te diga, aunque tu respuesta será tan lúcida como si hubieras estado alerta constantemente. Y pasarán horas así. Con la brisa cálida de la tarde que se levanta lamiéndonos la piel, moviendo las sombras de los perfiles, sin más alimento que el tiempo que transcurre con naturalidad entre las dos. Y también con naturalidad, como si lo hubiera estado deseando, de repente te hablaré de mí. De cómo me partí en dos como una granada madura cuando no supe más cómo apoyarme. De cómo decidí dejar de sentir, de ansiar, de recordar, de planear. De cómo un día caminando por la calle me di cuenta de que ya nada me importaba y que iba a dejarlo todo igual que estaba. Cogería unas cuantas cosas en la bolsa, cerraría la puerta para que alguien encontrase todo igual que entonces, tal cual lo dejé, porque las cosas no me necesitaban para mantenerse en pie, para crear monstruos en la noche que me asustaban. Las cosas se heredaban, pasaban de mano en mano. De cómo me olvidé de acordarme de mi dolor.

Tras muchos días hablándote de mí en pequeñas frases que luego se tornarían historias, regueros, rápidos de agua, y después aguaceros e inundaciones de pequeños detalles, yo sentiría una debilidad extraña entrar en mí. Finalmente me importaría lo que decía y volvería a callar, a medir mis palabras, a buscar musicalidad, a volar con ellas y a llorar.