viernes, 4 de enero de 2019

Nada


No sé muy bien qué hacer con respecto a I. No sé dónde va, pero tengo que decir que he sido yo la que le he dado el último empujón, y ahora está libre para hacer lo que quiera. Y dentro de esta libertad me gustaría que me eligiera a mí. Pero ahora lo único que quiere es estar sola. Habla de silencio, pero lo que yo creo es que quiere estar en su casa, con sus cosas, lamiéndose las heridas, pensando en cómo enriquecerse, en cómo re-crearse. Y yo no le sirvo de inspiración. Quiere hacerlo sola. 

Debería respetar ese deseo y su necesidad de mirarse en soledad. Tengo miedo que me olvide, pero la verdad es que ya lo ha hecho. Se ha pasado muchos meses sin tenerme en cuenta, haciendo lo mínimo, sin compartir su tiempo conmigo. Tal vez lo necesitaba y no es algo que vaya a durar toda la vida. La verdad es que así no podíamos seguir. Y ella también lo sabía. 

Debo tener paciencia, y mientras tanto trabajar en lo que yo necesito, en lo que soy, que he dejado de lado durante mucho tiempo. Tengo menos puntos de apoyo, más soledad, más frío, y no sé muy bien cómo hacerlo. 

Hay un punto en el que no hay nada y hay que tener mucha fe para ver el potencial, ver el resultado, ver el progreso. Yo ahora le sobro a I., y si no es así, tampoco puedo saber lo que realmente piensa porque me está evitando. Creo que debo esperar a que me contacte de nuevo. Si lo hace a las once de la noche, cuando le quedan dos minutos apresurados para hablar, es porque lo hace de forma inconsciente, tal vez, pero lo que pasa es que no quiere hablar conmigo, especialmente ahora que ya no inundo nuestro tiempo con mis pensamientos, mis sugerencias, mis consejos, mis narraciones unilaterales. 

Ha pasado casi un mes desde que nos separamos. Hace cuatro meses que no he hecho nada con ella. Es normal que haya estallado como hice. Y ella no ha reaccionado. Por eso me encuentro instalada en esta nada con ella. Y como consecuencia también buceo en una ausencia conmigo misma. Hace meses que no puedo confiar en ella para lo que realmente importa, que no he compartido casi nada con ella. Y por eso no sé cómo confiar en el futuro. Con respecto a nosotras está demasiado vacío. ¿Cómo sobreponerse a algo así?

Estar con ella era como pasar una noche en vela, como hacer una travesía en el desierto. Quería ser más positiva al escribir. Quería buscar soluciones. Sigo afectada por esta nada, por este vacío. No tengo información, y me gustaría decir y pensar que es una nada fértil, pero por ahora no lo veo. La próxima vez que hable con I. esperaré a que me cuente cosas sobre ella. Eso sería un vacío fértil en el que una pequeña planta acabara de surgir de su semilla y se tambaleara con ingenuidad y temblor al oxígeno y el viento. Todavía no veo la planta, y no sé si he enterrado o no la semilla. Voy a intentar pensar en esto así. Que hay una semilla, que habrá una planta, que habrá un nosotras. 

domingo, 9 de diciembre de 2018

Hablar


Bueno, tampoco se puede decir mucho. Aunque tal vez lo que yo quiero es poder escuchar a quien no sabe qué contar(me). Pero cómo puedo exigirle a alguien hablar cuando yo tampoco sé lo que decir, lo que decir exactamente, la palabra precisa con la voz lúcida que quisiera tener. No tengo paciencia ni herramientas. Es todo muy complicado. Yo tampoco sé cómo decirlo, tal vez no tengo yo tampoco qué contar, esas palabras que dicen mucho sin esconder nada. Muy a menudo no se puede decir casi nada, ni te escuchan ni lo dices. Así se queda la historia. 

Aunque por supuesto, continuará [...]


sábado, 24 de diciembre de 2016

It


Voy a hacer lo posible por escribir, aunque me cuesta, pero es lo que más deseo. Si me pongo estos días va a venirme muy bien, porque así pillo un ritmillo. Estoy pensando en literario todo el día, pero últimamente me ha faltado el encontrar el enganche, el ojal. No es tan complicado, pero requiere cierta perseverancia inicial, luego todo continúa de un tirón. 



Estaba pensando en esta nueva percepción que tengo de las cosas, y de cómo el dolor te guía. En el momento que aparece el dolor, emotivo o físico, es posible plantearse el que ello es una celebración más de la vida, como es el lloro del bebé recién nacido. Ese dolor nos guía para decirnos: "Aquí está", y lo voy a observar sin desear explícitamente que acabe. También me ayuda cuando me planteo que no soy yo la que está sufriendo, sino que al cuerpo le cuesta clavar un clavo o apretar un tornillo rebelde, y observo en ese momento la danza de la vida demostrando de nuevo su intensidad en esa emoción, en ese pequeño instante de vida, como dice I. 

También me he dado cuenta de que mi percepción de la realidad es muy intensa desde que no estoy deprimida, incluso mayor que antes, cuando estaba bien. No estoy utilizando la urgencia, las prisas como arma arrojadiza. Ya no es necesario. Si tengo que hacer algo, me tomo el tiempo necesario, el que quiera el cuerpo, el que requiera el objeto, el que marca la acción. Estoy haciendo esto de forma espontánea, y me ha sorprendido mucho. Es una experiencia muchísimo más enriquecedora de la vida. 

Le he dicho a V. que quiero comenzar de nuevo nuestro diálogo. Creo que tal vez me ayude a conseguir ese empujoncillo extra que necesito para contemplar finalmente la realidad tal y como es. La vida fluye en todo el mundo de manera circular, en permutaciones tan abundantes como seres humanos, y todo el mundo simplemente expresa un pedazo de existencia, de percepción. La única forma de observarlo es desde fuera del pensamiento, sin implicación inmediata, con interés. 

Me he dado cuenta de que mi modus operandi hasta ahora en el mundo era teniendo una conciencia permanente sobre lo que sentía, o emocionándome constantemente de forma positiva, negativa, rechazando lo que veía, deseándolo o ignorándolo. Cualquiera de esas modalidades también puede observarse de todas formas. Creo que este constante esfuerzo psicológico es el que me ha capturado durante tantos años. Creo que ahora estoy en el buen camino. 

domingo, 11 de septiembre de 2016

Ayer, cosas

He tomado una serie de decisiones y creo que esta semana voy a organizarme más o menos bien. Seguiré sintiéndome patito por una serie de cosas, pero espero que las cosas vayan avanzando. Le voy a pedir a Mariano que me ponga al tanto de la situación respecto a la ketamina, no puede seguir la cosa así, tiene que haber ya un avance. Le recordaré que llevo desde finales de julio con ello, y que quiero que haya una resolución antes de tomar pasos yo por mi cuenta. Si es necesario hablaré con el médico catalán y me buscaré la vida.

sábado, 20 de agosto de 2016

Respira


Y continúa el enfrentamiento con la página en blanco, con la página descalza, inmaculada. Y tal vez no es tal enfrentamiento sino una esperanzada espera, la expectativa de poder comunicarse, refrendarse, enfundarse en ese espacio que a medida que se recorre en vez de desaparecer parece desplegarse, mostrar su recorrido y cotejar sus fuerzas con las tuyas. A veces es una amable travesía, y otras un despertar primigenio, entusiasmado a la vida. En cualquier caso se trata de un trayecto anfibio, a mitad de camino entre un encuentro y un marcharse, un hablar y un callar. No sabemos exactamente lo que es.

Por mi parte aspiro simplemente a respirar, a desencallar el buque atracado contra su voluntad, a recobrar un simple espacio para que el tránsito del aire exhalado y su encuentro con el inhalado sea intuitivo y sin esfuerzo. Ahora mismo me cuesta respirar, situarme en el espacio torácico e intercostal. La sensación es la de no llegar al abrazo de la respiración, y al mismo tiempo la de ahogarme por perderme la sístole antes de que repercuta la diástole ...
 

jueves, 17 de septiembre de 2015

Sentir


Vuelvo a escribir, y es extraño, porque siento la necesidad, ese fuego interior, esa sensación de incomprensión, de rebeldía cuando no lo hago, pero no sé qué va a ser de mí en esto, qué va a pasar. Tengo mi vocabulario reducido, como si mi cabeza se hubiera ido de vacaciones, aunque mi cuerpo está sintiéndolo todo y se encuentra incapaz de volcar tanto sentir. 

Quiero expresarme, quiero expresarlo todo. Mi piel vibra, mi postura se ensalza, mis hombros se remontan. Siento los ecos de mi yo interior atrapado en lo que paradójicamente se siente más yo que nunca. Quiero salir, quiero salir, quiero esbozar, quiero marcar mi territorio, quiero repetir en texto las réplicas de la enormidad de sentimientos que me embargan. 

Ya no me siento hecha a medida, revuelta entre costuras, ahora la realidad es otra, es más parecida a la que se capta por los sentidos, la que se retiene entre los roces, la que no se escuda tras las palabras. Y he de inventar un nuevo lenguaje, una nueva expresión. 

Siento fuerza, fuerza, la fuerza del querer, la embestida del corazón, el latido que no cesa de informarnos con su presencia. Todo se contiene en el respirar, en el recuento, en la pisada. 

lunes, 6 de julio de 2015

Abres


Increíble multitud de tempestades - una vez abres la esclusa la poesía lo inunda todo a borbotones. 

domingo, 12 de enero de 2014

Stendhal syndrome


It's the flavour of you inhabited by pain and longing. I'm still here, have not found you.  

viernes, 20 de diciembre de 2013

En blanco


Estoy bastante cansada porque he tenido una noche en blanco, completamente en blanco y debería irme a la cama a descansar. Estoy intentando explorar un poco estos instantes porque por un lado tengo una sensación de satisfacción poco común al haber sacrificado una noche de sueño y un día de lucidez para conseguir finalizar un proyecto; y por otro siento que mi cabeza está demasiado empañada como para jugar conmigo al juego del escondite en el que yo consigo entretenerme en algo que no es funcional y que me impide poder centrarme en lo que realmente debiera.

Cuando me falta un día de sueño no funciono con múltiples coordenadas, sino más bien una muy simple, y en parte es agradable sentirse así. Ahora debería ser dormir, pero tal vez todavía puedo rascar el día un poco más y disfrutar de este estado tan poco mío durante unos instantes.

domingo, 17 de noviembre de 2013

Kindred


Gisèle Freund

viernes, 15 de noviembre de 2013

That there is this possibility at all


6 October 1937

Write to me often, I live by your letters. Write to me truly. I don’t think I am clever enough to read between the lines, or if I think I must, then I read volumes. Write to me truly. Tell me how you are, what your bed is like (I mean, what the mattress is like, the unembalmed mattress). What you are wearing, the colour of your eyes. Tell me the compliments you have, they please me better than they please you, though they may please you too. Tell me what is unpleasant, uncomfortable, annoying, for I shall imagine it anyhow, I would much rather you told me. The best thing you can tell me in any letter is the date, for each date will bring you nearer back. Tell me the date, the hour, whether you are sitting in a straight or a curly chair, whether your window faces east or west.

But most of all, you are so far more than duty to me – tell me how you are, and tell me you take care.


Sylvia Townsend Warner's letter to her life partner Valentine Ackland

jueves, 14 de noviembre de 2013

Shine


That truly special shine from inward, behind the black. 

sábado, 28 de septiembre de 2013

Hielo


Sin saber entonces que la vida nos los arrebataría tan de inmediato, mi madre y yo cubrimos con hielo el cuerpo de mi padre, y sin cumplirse un año, el de mi hermano, intentando alejar la fiebre de la Hyène en las últimas horas de sus vidas. 

Fueron horas alargadas marcadas por el brillo templado y expectante del alba que deslumbraba la oscuridad contenida en las habitaciones del hospital. Mientras aplicábamos las compresas heladas sobre sus cuerpos, nuestros movimientos circulares alrededor suyo posiblemente calmaban el mordisco de la Hyène, y se mezclaban imperceptiblemente con el sonido del mantra del oxígeno que rugía en sus mascarillas. 

Tenían el pecho y los hombros descubiertos, las piernas abiertas. Era como si antes de entregarles a la eternidad, nosotras, las mujeres, la madre, la hija, la hermana, teníamos que bañarles y rozar su piel con las níveas compresas heladas para aliviarles el fuego de las heridas ardientes de la despedida. Y así, lo mismo que al venir al mundo el recién nacido es lavado por las manos de las mujeres para afrontar la vida al pleno oxígeno cardado en frescor, al marcharse, nuestros hombres recibieron la ternura en su piel, nuestras voces suaves arrullándoles, nuestro silencio en un gesto continuo de amor, en un adiós que sólo esperaba de cierto la tierra que te ve nacer y que te arrebata al morir. 

miércoles, 25 de septiembre de 2013

Pulso

Sí, es difícil de describir porque se apoya en el músculo cardíaco rebotando como un salmón en una red de pesca. Se trata de encumbrarse en un espacio que resulta baldío a primera vista, para luego acomodarse en una mecedora, y reclinarse girando el balance de la silla sobre rocas calcáreas que esconden su historia centenaria sin contemplaciones. Con la garganta seca querrías hablar y lanzarle al eco varias explicaciones afortunadas, pero no consigues seducirle y las palabras suenan como aparejos viejos y deslucidos. Buscas tu Excálibur, como siempre. 

Todo parece que se compone de segundas partes que te tal vez te atrevas a relatar. Sabes que no es suficiente lo que estás contando en este momento: deberías ser más enérgica, más entera, más entregada, más resuelta. La voz debería resonar y mantenerte mientras el corazón se disgrega en pequeños hologramas indivisibles. Tienes que explicar cómo te sientes, lo que te está pasando, y eres tú, no es nadie más, quien debe llegar y emparejarse con el destino. Ya no sabes lo que está bien, ni lo que está mal, te estás permitiendo un exceso de tolerancia hacia tus propios fallos y renuncias. 

En el fondo te estás dando cuenta de que tienes miedo. Coges el pulsioxímetro con el que medías la frecuencia cardíaca a tu hermano y te lo pones tú. Quieres saber por qué late tu corazón. 

jueves, 5 de septiembre de 2013

Never ending



Lovers' wanderlust 
into each other's arms
please, never lose it
as life surely won't last

Make it be sparkling dust
a gift not yet received
and treasured like it must
be in never ending land

viernes, 30 de agosto de 2013

Las razones

My own brain is to me the most unaccountable of machinery - always buzzing, humming, soaring, roaring diving, and then buried in mud.

Virginia Woolf

La enfermedad de mi hermano es como una enorme manta de humedad que encharca todo. Empapa mi cerebro y hay algo dentro que queda como inerme, indeciso, paralizado entre encrucijadas.

Hoy he tenido un día en el que me he dedicado en brazadas de tiempo muerto a la cuestión filosófica de cómo justificar la ausencia de productividad. Tenía la cabeza atorada, como un jarrón de flores sucio y desarreglado, y mis ideas eran como sus hojas acorchadas y estremecidas. No me daba cuenta de que el talento no consiste en hacer que las horas fluyan con la tarea justa y se acoplen las unas a las otras como en un perfecto puzzle. La verdadera hazaña y medida del ingenio consiste en sobrevivir a nuestra inoperatividad vital cuando la cabeza no rige o no convence o no ilumina. 

A estas horas de la noche continúo entonando la lastimera letanía por un día desaprovechado, la misma que comencé esta mañana. Y ahora necesitaría una llave inglesa mental para retroceder el destino de hoy. Pero no debería quejarme porque he hecho un poco de todo, aunque no haya conseguido todavía la argucia suficiente que me permita dedicar cuatro o cinco horas a la escritura. 

Este mes de agosto ha sido espectacular por su inmensa fruición y revelaciones. Hoy ni siquiera es viernes todavía, y aunque siento que tengo la mesa a medio poner, la verdad es que mi subconsciente se acerca a una solución definitiva. 

Tengo bacilos hospitalarios circulando por mis neuronas y mis leucocitos, no debería pedirle demasiado a la cabeza, y tal vez sí al corazón. 

martes, 27 de agosto de 2013

Lugares comunes


Es increíble cómo es posible reiterar tus rutinas al volver al hospital. Entras en ese pequeño ecosistema mecánico donde te llaman "acompañante", "familiar", y te reducen a una estructura estanca de la que el personal del hospital se blinda. Eres un resorte para lanzarte frases hechas, consignas de su gremio, respuestas enlatadas con las que ignoran tu reacción: "No podemos facilitarle esa información", "tiene que hablar con su médico", "salga de la habitación un momento, por favor", "ahora le atenderá su enfermera", "no sabemos cuándo se le subirá a planta".

Ayer se infiltraron bacilos hospitalarios en mi cuerpo, al llegar a casa lo he notado. Siento una creciente disipación eléctrica en mis músculos,  un enjambre furioso de diminutas moscas de la fruta detrás de la frente, y una nube de esporas malignas escociéndome los senos paranasales. Me he despertado con esa sensación de desorientación tan típica de levantarse incubando algo. 

Por lo demás el día y la madrugada de ayer fueron un acomodo a los tan bien conocidos momentos de déja vù. Ya sabíamos cómo era la persona aséptica de recepción de las urgencias, las salas nombradas por números donde te hacen el primer reconocimiento, lo brillantemente blancas que son, la actividad frenética que se deja entrever desde el fondo donde se tratan las urgencias, los pasillos semioscuros que engullen los box, la camisola prensada y almidonada que hay que ponerse, la bolsa que contiene la ropa con la que entraste, el saber que eres una persona más, una de muchas que en la tarde-noche de hoy tiene que ingresar en el hospital. 

Conocemos bien lo que es esperar en el box donde entra y sale gente constantemente, donde te preguntan lo mismo una y otra vez; la incomodez de las sillas, congelarse con el aire acondicionado de la habitación, la sensación de esperar durante horas y hacer muchas preguntas que siempre quedan en el aire: "Eso se lo tiene que explicar su médico".

Es una sensación que sería familiar si no tuviera la densidad de un tiempo que se vuelve viscoso, que te incorpora a su naturaleza expansiva, que te retiene durante horas y horas sin avanzar. Sé perfectamente que los kikos de la máquina son duros, que las botellas de agua valen 90 céntimos (pero son más baratas que las de la cafetería); que la gente que está en la sala de espera de familiares te invade con sus conversaciones de móvil sobre la persona enferma, cuánto tiempo llevan ahí esperando, quién tiene que organizar el coche, la casa, los relevos. 

Cuando no sabes dónde mirar se te queda la vista magnetizada a las bolsas de sueros, como si con cada pestañeo cayera una gota más. Cuando te duele el cuerpo de cuadricularlo en la incómoda silla de acompañantes, te levantas y recorres el cuadrilátero obtuso de la habitación para luego concentrar tus músculos y tus huesos de nuevo al espacio inflexible de la silla. 

Es como recorrer el espacio y el tiempo en una correa mecánica que te ha vuelto a llevar al mismo sitio.

domingo, 25 de agosto de 2013

Disappearance of Pacific island intrigues scientists


Algunos territorios se renuevan cada mañana ignotos en la memoria, y deben ser recorridos una y otra vez porque la amnesia les descuelga. Son los territorios más personales, aquellos que no reciben recompensa al pasar por los caminos transitados reiteradamente, marcados desde la niñez. Son los que se evaden a la jurisdicción disciplinaria, aquellos que te proporcionan la libertad pero que no se encuentran en los mapas.  

Esta tierra tuya tienes que fecundarla todos los días con tu propio abono: se nutre de tus inseguridades, de tus derrotas, de tus olvidos, de tus revelaciones, de tu lucidez, tu intuición. 

No los encuentras en los mitos, en las bodegas de la historia, en los libros de cuentos donde ya se conoce el desenlace del relato, la dirección a tomar en ese camino que te lleva a cruzar el bosque tenebroso, las batallas que tendrías que lidiar con los seres encantados que surgirían a tu paso. 

Te despiertas por la mañana a veces con el pánico de haber perdido el norte, no encuentras la brújula ni tus apuntes de bitácora. Te revuelves en tu habitación como un animal enjaulado, y te llueven las dudas encima como el granizo. Sí, estás perdida en un espacio que no aparece en los mapas, y en tus cartografías mentales se ha evaporado. 

Sólo te queda un desconcierto por la noche pasada acobardada con las pesadillas, y apenas unos pétalos de ilusivas certezas que eran reales tan sólo ayer o antes de ayer. 

Es el precio a pagar por encontrarte siguiendo a tu instinto, a tu sexto sentido, pensando en que cada día es oro molido, sin dejarte llevar por las incertidumbres del futuro ni del pasado. 

martes, 13 de agosto de 2013

Trasiegos lúcidos


Los sueños se encuentran cardados como el algodón en flor; en su enredo de fibras se atrapan los médanos de ausencias y retornos, narraciones inacabadas que siempre perecen deslumbradas con la luz solar, como Eurídice.

Pero no es cierto que los sueños nos permitan volar en libertad, más bien nos atrapan en médanos templados y nos obligan a contorsionarnos con las persistencias de los recuerdos dalinianos. Nos fuerzan a desbordarnos por las líneas sinuosas de un paraje donde crecen profusamente cientos de cajas chinas encajadas en la tierra como en un campo de minas.

Los sueños son obstusos y nos coartan la libertad desplegando sus narrativas inversas donde el tiempo y el espacio son ilimitados, y nos hacen alternar roles entre tripulante y microbio en un laboratorio de observación de historias.

Segismundo, Alicia, el conde de Montecristo vivieron la plasticidad del tiempo y la pesadilla de antes de despertar. La almohada es el lecho de las sombras y las luces de la fragua infernal.

Yo visito estos mundos y estoy abocada a no despertarme nunca; mi destino es incierto porque vivo la amnesia desvelada en el mundo real donde transita la línea de tiempos del nacimiento a la muerte. No se sueña a menos que te arrojen balones de oxígeno para no ahogarte en los meandros que te atraviesan con sus finos alfileres. No puedo sincronizarme y seguir este ritmo vital donde la línea asíntota de mi subconsciente nunca se junta con las líneas curvas que guían la realidad.

Levanto la cabeza de la almohada e inmediatamente me siento acorralada, y no recuerdo dónde dejé el uniforme militar para incorporarme a la rutina que me aprisiona en la esclavitud de los minutos y las tareas diarias perfectamente delimitadas; aquí la variable del error se paga con inoculaciones de ansiedad y escozor en el plexo solar.

A veces perdida, otras lúcida, rastreo en este mundo en busca de interlocutores válidos, sentido y sensibilidad, y me separo irremediablemente de una existencia sensata y ejemplar, donde la gente pudiera depender de mí para trasplantar sus sueños y responsabilidades. Es inevitable pero completamente necesario.
 

domingo, 4 de agosto de 2013

Ámsterdam

La interfaz es el precinto de la narrativa táctil. Las letras acarrean la responsabilidad de transmitir el mensaje y entretejerlo. Esta noche la digitalización es placentera y suave, y transcurre sin esfuerzo. Solo habría que pensar algo y traducirlo al ámbito luminoso de la pantalla. 

El ronroneo de los coches a lo lejos, el salvaje corte en el aire de las motos, la soledad de las calles crean un tapiz sonoro de ecos y vibraciones. Las historias imbricadas en la noche se suceden sin testigos; las risas, los latidos, los viajes y los retornos la pueblan. 

Cada ciudad tiene su ritmo nocturno. En Ámsterdam yo seguía los destellos en el agua mientras pedaleaba hacia casa. Las bicicletas emitían ruidos internos, la calle olía a café y grasa mojada. He echado mucho de menos a Ámsterdam. Sabía dónde estaba.