Debería respetar ese deseo y su necesidad de mirarse en soledad. Tengo miedo que me olvide, pero la verdad es que ya lo ha hecho. Se ha pasado muchos meses sin tenerme en cuenta, haciendo lo mínimo, sin compartir su tiempo conmigo. Tal vez lo necesitaba y no es algo que vaya a durar toda la vida. La verdad es que así no podíamos seguir. Y ella también lo sabía.
Debo tener paciencia, y mientras tanto trabajar en lo que yo necesito, en lo que soy, que he dejado de lado durante mucho tiempo. Tengo menos puntos de apoyo, más soledad, más frío, y no sé muy bien cómo hacerlo.
Hay un punto en el que no hay nada y hay que tener mucha fe para ver el potencial, ver el resultado, ver el progreso. Yo ahora le sobro a I., y si no es así, tampoco puedo saber lo que realmente piensa porque me está evitando. Creo que debo esperar a que me contacte de nuevo. Si lo hace a las once de la noche, cuando le quedan dos minutos apresurados para hablar, es porque lo hace de forma inconsciente, tal vez, pero lo que pasa es que no quiere hablar conmigo, especialmente ahora que ya no inundo nuestro tiempo con mis pensamientos, mis sugerencias, mis consejos, mis narraciones unilaterales.
Ha pasado casi un mes desde que nos separamos. Hace cuatro meses que no he hecho nada con ella. Es normal que haya estallado como hice. Y ella no ha reaccionado. Por eso me encuentro instalada en esta nada con ella. Y como consecuencia también buceo en una ausencia conmigo misma. Hace meses que no puedo confiar en ella para lo que realmente importa, que no he compartido casi nada con ella. Y por eso no sé cómo confiar en el futuro. Con respecto a nosotras está demasiado vacío. ¿Cómo sobreponerse a algo así?
Estar con ella era como pasar una noche en vela, como hacer una travesía en el desierto. Quería ser más positiva al escribir. Quería buscar soluciones. Sigo afectada por esta nada, por este vacío. No tengo información, y me gustaría decir y pensar que es una nada fértil, pero por ahora no lo veo. La próxima vez que hable con I. esperaré a que me cuente cosas sobre ella. Eso sería un vacío fértil en el que una pequeña planta acabara de surgir de su semilla y se tambaleara con ingenuidad y temblor al oxígeno y el viento. Todavía no veo la planta, y no sé si he enterrado o no la semilla. Voy a intentar pensar en esto así. Que hay una semilla, que habrá una planta, que habrá un nosotras.
















