domingo, 12 de diciembre de 2010

Impresiones entre zancada y zancada



Estoy obligándome a hacer una reflexión esta noche, porque parece que durante el día no paro y no me permito escribirla. 


Intento escuchar en el silencio los rastros de ruidos, y me pregunto si me da miedo todavía la oscuridad. A estas horas de la madrugada es difícil saber quién permanece despierto. 


No he salido casi nada de casa en estos días por miedo a ser descubierta. Los pequeños saboteadores de mi mente han asomado la cabeza, pero yo me he atrincherado en este búnker con la intención de mantener muy alta la empalizada. A pesar del tiempo inactiva, no estoy segura todavía en qué consisten sus estrategias, pero las voy dando esquinazo a medida que me intentan alcanzar. 


En algún momento haremos las paces. Pero todavía no es tiempo. 

jueves, 9 de diciembre de 2010

En marcha



Sigo trabajando, y estoy satisfecha. Voy haciendo cositas que se me van ocurriendo sobre la marcha y eso tiene mucho significado para mí. 


Parece que la cosa va en marcha. Cuando haya preparado completamente el primer capítulo, con las cortinillas, cabeceras y títulos, enviaré el sonido a postproducción, y ya estaré tranquila, porque todas las rutinas de trabajo y logísticas las habré descifrado y puesto en marcha. Estoy siendo detallista, pero a veces, dear, I don't give a damn.


Todavía me falta un paso que elucubrar con respecto a la compresión de vídeo para dárselo a postpo de sonido, pero espero no tardar demasiado, porque, en parte, es el chocolate del loro, aunque me ha dejado sin sueño una hora y media o así esta noche.



martes, 7 de diciembre de 2010

Felicidad cerebral



Me pongo a escribir en los tiempos muertos mientras los efectos se crean en el ordenador. Es increíble que al cambiar de actividad o de ritmo dejas de hacer las otras cosas de la misma manera. Ahora, desde que le estoy dedicando todas las horas del mundo al proyecto, no escribo, no sé qué decir aquí. 

Estoy poniéndome en marcha y es lo que necesitaba, finalmente le puedo dar un sentido a mi trabajo y a mi vida. Parece extremo llegar a esta conclusión, pero empezar de nuevo también quiere decir encontrar tus puntos fuertes, repetir ciertas acciones que llevaste a cabo. 


Concentrarse es la clave, concentrarse en aquello que valga la pena. Me doy cuenta de que centrarte en aquello que eliges hacer en cada momento me ayuda a prosperar y mantener mi estado de ánimo estable. 


Estoy montando la película y estoy leyendo, y me dejo llevar por la rítmica del trabajo envolvente. 


He de decir que he resistido durante años al trabajo absorbente de cine por miedo a que me fagocitara y me desconectara del mundo y así no me permitiera ver lo que realmente estaba pasando. Quería cambiar mi vida con otras creencias, y no tan sólo encontrarme dentro de una dinámica que me provoca ansiedad y me hace llegar a extremos de mi personalidad que no me gustan y que me ocasionan problemas. 


Ahora que me he domesticado a mí misma, me he reencontrado con mis valores y mi creatividad he vuelto al centrifugado cerebral que, por otro lado, me ayuda a ser yo. Es extraño cómo al darte a la actividad, al detalle, logras encontrar cómo funcionan las cosas, cómo funcionas tú, y qué le entregas de tu parte al mundo. Pero tiene que ser la actividad adecuada, hay lugares que no puedo desandar. 


Tengo conocimientos, modos en los que he ocupado el tiempo durante años, sueños en los que solía volcar mi energía, y he tenido que volver a ellos, a esa inercia, tal vez porque al final no conseguirlos, quieras o no quieras, se vuelve algo aberrante. Tanto esfuerzo y tantas claves y elementos en juego durante tanto tiempo tienen que volver a ponerse sobre el tablero de ajedrez para entender de qué pasta estás hecha. Y en eso estoy. Aún así se mezcla con lo nuevo; las antiguas rutinas y las nuevas se mezclan y se confunden. Al hacer algo que hacía antes echo de menos lo que antes me acompañaba. Es extraño. Esto no lo había previsto. 


Me cuesta el explicarme a las personas cercanas, y estoy impaciente por sentirme bien del todo, por volver a mí misma. Me he cortado el pelo, y me doy seis meses para que se sanee, crezca más fuerte y se cubran las partes más deshiladas, más frágiles. Y es algo así lo que estoy haciendo ahora con todo lo demás, supongo. 


Estoy aprendiendo y avanzando, y eso es bueno. 

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Invenciones



Lo que queda es un mundo articulado como un monigote de papel de periódico. Un mundo en salazón, un mundo manido como un objeto de madera tocado y guardado muchas veces en un cajón. Un mundo más cercano.


Un mundo especial, a tu medida, algo evasivo, como un regalo que también puedes colorear y envolver en papel de fiesta en una caja de cartón grande, amplia. Un regalo de esos que se amontonan unos sobre otros, que al agitar suenan. 


Un mundo lleno de objetos, de trozos, de mirillas, de invenciones, de libros, de filigranas, de mesas de estudio y ventanas a la calle, pero sin ruido. 


Un mundo con luz, con rellanos, con madres. Un mundo que puedes llevar como un zurrón, que huele a campo y polen. Un mundo donde lo ves todo y que te deja tener un horizonte al que asomarte. 


Un abarcar lo inabarcable, como con un cubo de metal en el agua. Un mundo donde hay palabras que son cosas, que son tú. 

martes, 23 de noviembre de 2010

Trabajando



Estoy trabajando en LAC, mi película, y espero ponerme a tono y poco a poco, a lo largo de los meses, recuperar la confianza en mí misma y volver, volver, volver a mi personalidad perdida. 


Quiero ser libre, pero no quiero hacerlo a costa de insuflarme, hincharme como un pavo real y perder la perspectiva de la realidad o de mi vulnerable yo interno. Tal vez ahora sea posible crecer con lo uno y sin lo otro. Quiero ser independiente de los efectos de esta enfermedad; no deseo ni la caída ni el fulgurante ascenso. 


He confundido muchas veces la pasión con la razón. Pero la pasión estaba cargada de nitroglicerina.  

jueves, 18 de noviembre de 2010

Primeras sensaciones reveladas



Restándole razones y manteniéndome suspendida en el aire, esperando que un aspa de cambio de rumbo, de situación revele sus intenciones y resida en mí. Surcando la ribera de lo posible y sabiendo lo que significa. 


Recabando informaciones, cédulas de compromiso, placebos naturales. Con tolerancia hacia mí misma, simbólicamente, reduciendo a un mínimo el acuartelamiento de las excusas y las actividades de la periferia. 


Rodeando la síntesis, el imperfecto, las realidades, sintiendo todo el peso específico pendular en mi cuerpo, que contiene tanto el envoltorio como el porvenir. Visibilizando remisiones posibles, encuentros cruzados, influencias mínimas en otras vidas. 


Pensando en la estructura de la familia, la fragilidad de la generación anterior a la tuya y su no tan lejana pérdida. Tu lugar en este mundo y los repuntes de los límites anteriormente marcados, la relevancia de tus pensamientos. Cristalizando los anhelos interiorizados de las vidas y sus espliegos. 


Enfrentándote con imágenes, intentando zafarte del embrutecimiento de sus formas, rebuscando desesperadamente en tus recursos, intentando engancharte con su ritmo ahora reducido para situarte, para enmarcarte, para vincularte o gestionar una separación mutua. 

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Real snow flakes


Repetimos. Es como cruzar un camino de amianto congelado. El aliento se condensa en prismas poliédricos de racimos emanando incienso incierto. Reprimes el sabor duradero de la adrenalina industrial. Renuevas a cada minuto la promesa de paraíso. 

lunes, 15 de noviembre de 2010

Lugares comunes



Retomas las intenciones a mil revoluciones por minuto encendiendo con hábitos mínimos los cientos de luces de candelas. Pasar el tiempo no es extorsionante. Ver pasar el tiempo es sufrir una herida. 


Te gustaría entregar tus armas y hacer un trueque, pero te encuentras indecisa. Albergas un dolor escueto en un costado, y decides alojar en él tus disidencias. Esperas que esto constituya un esfuerzo contra la incredulidad y la falta de fe que te invade. Defiendes las cargas contra tus elefantes blancos y te desvinculas con los restos del naufragio. 


Esperas las réplicas con los dientes como empalizadas, rezumando sensaciones mixtas en turbulencias. 


Hay miradas que hacen más que mirar porque tú las recorres como el fijador químico de un daguerrotipo. Has creado un bosque animado que buscan retinas complacientes a pesar de la falta del paisaje. A veces pruebas cosas y resulta que se te borra la cinta magnética y te enfrentas cada día con el mismo reto.


Los lugares comunes se encuentran en los baches que se superan.

Brea



Me calzo una silla giratoria y detesto las formas impuestas, las imágenes fáciles de olvidar. 


Tienes que ser posible capturar en líneas trasversales lo que circula, todo lo que se transita dentro de un sueño tramitado por el estupor. Mientras tanto la pez te embadurna la boca del estómago como a la madera de los barcos. 

Pasión



Finalmente me encuentro cara a cara con la depresión, y, como siempre, me deja sin coartada. Ya muchas veces he partido de que todo es factible y que puedes recoger un muñeco roto y compensar sus múltiples pérdidas. 


Añoro las tardes ancladas y rechazo el frío. Quiero espacios amplios, noches largas, veladas sin sueño. Quiero conquistar mi propio espacio, olvidarme de las cosas prácticas, de los aludes de objetos, de los exteriores. 


Quiero seguir escribiendo y encontrarme con suficiente suministro de papel. Quiero escribir sin vacilación, sin interrupciones, durante horas seguidas y noches seguidas. Hasta que consiga acallar los lamentos del cuerpo y relegue sus opacidades. Tal vez lo que tenga que conquistar son las distancias cortas y competir con el vacío. 


Poder vivir en inviernos verdaderos donde se trituran las nieves y las sombras al cerrar las puertas de los museos. El mundo exterior en un tormento cuando no te sirves de él como un descanso, como la interpretación de tu trabajo. El trabajo pendiente ya ha caducado y sin embargo me sigo relegando a la tiranía de finalizarlo. 


Cuando la frase y la metáfora se pierden con la descarga de un látigo inmerecido hay que purgar el lenguaje del interior de su magma, del ciclo de maduración de la pulpa. Si los últimos escritos no me encauzan ni me plasman debo permitir el revivirme y el revisarme. Airear todos los pensamientos, incluso los plastificados, los ciegos, los transitorios antes de agarrar las esporas aerobias. 


Es un peregrinaje dentro de la cabeza para rebuscar el ritmo del tiempo, con pocas concesiones al cuerpo. Y esperar el oxígeno mientras se inhala queroseno. Es la única forma de rellenar el vacío y las noches en vela, de recomponer el mapa para luego retirar las circunscripciones. 


Es lo mínimo a lo que debes entregarte con pasión. 

Minotauros

He de pulverizar las nubes de grajos, los pensamientos que anidan en mi mente y que sueltan quejidos y distorsiones mentales. 

Mi cuerpo no reacciona y me resulta difícil exigirle ciertos gravámenes. Me gustaría levantarme con el frescor de sábanas blancas recién lavadas, henchidas por el viento. Fuerte, motivada, valiente, todo perfecto, capaz de enfrentarme a cualquier prueba. 

Es una fuerte lucha contra la confusión. 

Imposibles



Desde aquí buceo hacia mi estación de destino. 


No es posible quedarme con estas recidivas de estupor. Antes a lo mejor me movía la ira a la acción. Ahora ni siquiera es por obligación. Mi movimiento no es el armonizarme en el momento adecuado, que no controlo ya. Es el ponerse en marcha empinada y costosa, y después ser embestida por un paso en falso del ritmo cadencioso de mi imposibilidad. 

Creencias



Te quieres autoconvencer de que todavía existe un trasfondo, un cajón, un escondite de convicción enérgica e impulsos inseparables, innatos a tu personalidad. 


Pero ahora hay, parece, un gran dedo que los difumina como los trazos embarrados de carboncillo sobre papel. 


Tu voluntad férrea de antaño ha perdido fuerza, y yace suspendida en la atmósfera lejana, como un espíritu nonato. 


Lo bueno que tiene un cuaderno es que los espacios en blanco se sitúan hacia adelante y nadie puede decirte a ciencia cierta que tu mundo es limitado y que nunca más harás ciertas cosas, o que no tendrás grandes experiencias, que la voluntad silenciosa no remontará. 


Esa fuerza de voluntad necesita alegatos fuertes y convincentes. O tal vez tan sólo una mecha para resucitar. Su ausencia me mueve a recordar cómo era anteriormente. Por lo menos no se trata de arrancar espiguillas entroncadas para liberarla. Ahora me pierdo en los preliminares, que me producen una salivación profunda, inesperada. 

Búsquedas y resultados permutables


Mis paisajes interiores son imágenes de papel de calco con pátinas troqueladas y brillos generados en la noche.La complicación de su relieve se resuelve interpretando los indicios de su funcionamiento.

Un croquis de las caídas masivas del nivel de azúcar en el caudal sanguíneo de mi cuerpo. Estupor, torpeza, confusión. La vida es un sueño desbaratado en vivo y en directo.

Quiero memorizar con la memoria cinceles, imprentas, trozos de acero que en algún momento fueron piezas, ensamblajes, hierros, objetos indescifrables.
Y se escribe mejor de noche.

Emblemas inacabados



De paquetes de datos consecutivos, ordenados e inminentes. 

Transcurro algo reducida y encerrada, pero aún mantengo el rastro de mis vísperas. Busco las coordenadas exactas de la cartografía de mi llamada a la acción. 

A diferencia de otras personas, yo a veces sólo puedo seguir mis pulsiones rutinarias conjugadas en un plan de ataque premeditado. Me mantengo en la retaguardia, entre bastidores (oscuros y tenebrosos a veces) rastreando mis cosmologías, reencuentros y velcros extraviados.

No reflexiono sólo con el razonamiento pues éste cada vez me falla más sin la absorción esencial de la intuición. Así que me dedico a afinar ésta, huyo y me escondo de plastificados planarios, busco luces internas y tenues de luciérnagas, y arrullos de tréboles que se esconden detrás de la falda de los brotes tectónicos y sus rebordes afilados de roca. 

Es difícil localizar el estampado febril de las sombras, porque son manchas sobre negro. Estos tréboles son reales y no imaginarios. Son metáforas sonrientes de los rocamboles de las fantasías que se negocian durante mis días. Son criaturas que generan las chispas de rocío y que calientan los vapores fríos de la madrugada como carromatos musicales diminutos, flotando como globos aerostáticos. 

Intensidades



Prosiguen los circuitos correderos que persiguen verdades absolutas, las rinconeras donde se acumulan cuarzos de verdades inéditas, respuestas a cuestiones del alma, inversiones del pasado, piedras semi-preciosas reveladas entre las grietas de los movimientos sísmicos. 


Crecen las dudas, las certezas sobre esas dudas, las pérdidas tras esas inversiones de fe. No es sencillo escabullirse a la realidad. Todo esto está gobernado por los alfiles decadentes de la neurología y los peones neurotransmisores. 


Es una lucha constante por el ser activo frente al reducido, por una presencia corporal de tu consciencia interna, de tus eslabones interrumpidos. 


Gastas demasiado tiempo estabilizándote, dejándote llevar por las metodologías sociales y logísticas del día a día, y al mismo tiempo rechazando las convenciones, las imposiciones externas a tus pensamientos tangenciales, las interrupciones y avasallamientos de los que se te antojan sinsentidos, y que siempre lo serán mientras tu esencia no prevalezca. Es un inconformismo que se sustenta en el análisis agotador que desperdicia tu tiempo y tu desgasta tu energía vital. 


Te gustaría encontrar otro modo, aunque antes lo tenías servido en el plato de otra sociedad, otro país. Pero ya no estás en Londres, ya no te rodea la efervescencia creativa sino las imposiciones de una sociedad que es conformista sin saberlo, que se entronca en el esqueleto histórico de una razón jalonada de anquilosamientos, de dejes improductivos, de sometimientos. Para salir adelante y desmarcarse es necesario caminar sobre los márgenes sin marginarte, rebelarte sin cansarte, trabajar a destajo para olvidarte del ruido, de las imágenes, de la fuerza bestial que intenta hacerte pasar por el aro. 


Necesitas toda una vida  pasada por aquí para entenderlo y liberarte tal vez sin esfuerzo. Es posible, pero para eso debes encontrar tu sitio. Un sitio que está mucho más cercano de lo que parece, un sitio a tu lado, para llevarte siempre contigo, para no desvincularte con tu yo, para ser fiel a tu esencia, para no contaminarte con los empellones tóxicos de una sociedad anclada en un pasado polvoriento. 


Es como salir  de una ciénaga, preparada para un baño en un lago de aguas cristalinas serenas y renovadas. La sensación puede venirte a ráfagas o de inmediato. Pero yo siento que acarreo unas cadenas de acero de las que en el fondo me zafo como una ilusionista pero sin salir de la cárcel. 


No quiero sentir en mi piel los reduccionismos de la sociedad en la que vivo como un sello ardiente que me quema y cataloga. 


En el fondo todo es más sencillo de lo que parece, y antes solía lograrlo con cierta naturalidad. Vivía en ese espacio donde todo lo creativo tenía sentido y conformaba y solapaba mi vida. Es un estado indiferente a tus limitaciones, un sentir luminoso pero que sin embargo no ciega con su luz. A veces es plenitud plexo solar, emborrachada, iluminada y contagiosa. Otras es impertinente, impetuosa. Reside en la suspensión en el momento, en el segundo, en el polvo brillante que viaja en el aire, entre líneas, en ensoñamientos de la razón, en emociones innatas que alimentan la pasión por vivir en tu cuerpo y con tu historia personal. 


Echas mano de aquello que de otra forma no sería más que una avalancha de cachivaches inservibles y entrometidos, de la información acumulada, de la inmensidad de tus bifurcaciones y encuentros. No es un hecho externo únicamente, pero sigue tu propio criterio y no se rinde al sentir público, a menos que quiera compartirlo. 

Hábitos

Y sin embargo prosigue esta sinfonía imperfecta y desafinada. El desorden de trastos, cacharros y artilugios articulados con la memoria de debatir tu vida en otro lugares, de seguirle el ritmo a otros espacios, otros sueños y otras proyecciones. 


Todo aquello se mantiene sellado como una cápsula herméticamente cerrada y enterrada bajo el suelo, con la perspectiva de encontrarse quizás en el futuro y admirarse por las décadas venideras de mi vida. No sé. 


Me gustaría que todo tuviera algún sentido pero en el fondo tal vez esto es una gesta imposible. Quizás todo lo que haces, a pesar de la cronología del calendario, no es más que unos encontronazos con eventos, personas y fases biológicas que no se pueden analizar con una lógica cartesiana. A pesar de mi tremenda voluntad para conseguir cosas, el ideal de una vida encajonada es sus etapas alineadas es una fantasía, es como querer estirar o replegar el tiempo como un acordeón, sin darse cuenta de que no es más que una realidad, al parecer, astrofísica. 


Los hábitos e ilusiones son otra cosa. 

viernes, 12 de noviembre de 2010

Más que hoy

Hoy es un día para dejar pasar los minutos zánganos y adaptarse a su silueta. No es momento para forcejeos, reclamaciones, pataletas. Somos un trozo del puzzle de la humanidad, y supongo que otras personas nos molestan e importunan tanto como tú a ellas. 


Si encuentras tu espacio recorre mentalmente sus líneas invertebradas. 


Las explicaciones las pedirás luego. 

Todo fluye

El todo fluye, la nada que realmente se estanca. Te recuerdas en acción, emprendiendo misiones imposibles con urgencia y convicción. Te preguntas si tu situación personal tiene que ver con el dinamismo bloqueado de los últimos años. Hablar de acciones, un tema serio, analizando el tiempo en clave de acción limitada a la producción audiovisual seguro que es impreciso. 


Tus objetivos están asilvestrados, imberbes, mediatizados tan sólo por el ritmo vital y llano de los acontecimientos presentes y futuros. 

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Buscando a Humbolt




Acepto la inexorabilidad del paso del tiempo y observo sus líneas cotidiales, sus reflujos marítimos. Mientras, los ritmos circamerales y ultradianos me remueven los posos de la conciencia. Las gravitaciones de las masas de mi memoria se terminan evaporando y se enfrían, originando la homeostasis en escasos minutos. 


Las aguas superficiales e intermedias de mi corazón se pliegan de cuando en cuando y sus contrastes desaparecen en las profundidades. Es ese momento cuando aprecio un progresivo aumento de la densidad de mis pensamientos a causa de la presión y el hundimientos de mis (inter)acciones. Y encuentro innumerables razones para el desequilibrio irreverente que (me)creo. 


Turbidez que atribuyo a desplomes y deslizamientos de materiales a lo largo de las pendientes en el transcurso de mi vida. Fueron provocaciones sísmicas, agitaciones de los sentimientos que ahora olvido. 


Hundimientos, ascensos, (contra)dicciones, vibraciones y múltiples posibilidades. Se cuadran ambas fuerzas opuestas y se reviven entre sí. Mareas diurnas, mixtas, semidiurnas, retrasos al día de cincuenta minutos perfectos que luego se encarrilan con la exactitud de un cronómetro. 


Acoplamientos internos, aplicaciones erradas, predicciones, disipación, ecologías sistémicas y variaciones de las fuerzas de la marea que sincronizan las amplitudes del ciclo (y el cielo puede esperar). La pleamar dice sí a la entrada en los estuarios. Las olas rompen contra los acerrifes. La circulación de las aguas es más lenta que el aire que se deja escuchar escudado en el rememorar. ¿Dónde está Humbolt y su inefabilidad del raciocinio? En el mío hay sinapsis estrechas, tortuosas, rápidas y volubles. 


Piensas, te remontas. El Hemisferio sur se relativiza con los vientos del oeste, que a su vez entonan índicos saludos y emociones azures. El Pacífico rota con la tierra hacia el Caribe mediando la acquiesciencia de las corrientes antárticas. Los movimientos de compensación me llevna a las aguas cálidas de Kurosivo y sus corrientes automáticas de la consciencia (mi querida Virginia). Apuntalan Brasil y las Agulhas. Me conformo por ahora con palimpsestos de Kurosawa inscritos en la palma de mi mano. No siempre quieres lo mejor; a veces compensa que el cuerpo aguante. 


La irradiación y conducción de estos hálitos de voz pensante hacia la atmósfera y que llegan alcanzar los -2ºC propulsarán la sanilidad de mis impulsos medios. Aquellos que se pierden entre los razonamientos motrices de mi cuerpo en rama. 

Si no hago caso a mi teléfono ...

Impresiones diletantes

Se perfila la reproducción de fonemas sin precisión alguna. Estás prestando atención a los desfases del ánimo, a las inclemencias tempestuosas del vertido industrioso de tus neuronas. 

Calculas certeramente la consecución lógica de esas reacciones en cadena que ya puedes predecir. Hay ciertas cosas que sólo puedes hacer después de un café, de una carrera con la bici, de una ducha, de tumbarte y descansar, de encender el Macintosh, de ilusionarte con un acontecimiento futuro. 

Ya has salido de esto antes, y, aunque perpleja, observas los ritmos tectónicos de tu material adulto, y previenes fracasos y caídas. 

Todavía no te explicas por qué te bloqueas y te es tan difícil empezar, por qué te interrumpen las distracciones puntuales, las urgencias de otras personas que te piden que acudas en su auxilio. 

Parece que la vuelta a ti es una gesta, un enganche que te quiebra las muñecas al intentar recolocarlo en una pulsación interrumpida como un soplo cardíaco. 

Son los sobrevenires que hacen que los años se descerrajen. 

Márgenes fluviales


Las palabras no ventriculares se solidifican en acero fundido sin vertirse en un molde. Durante semanas sin escribir te sitúas en los márgenes de ti misma, en la paulatina sumisión a las conversaciones interiores, apenas musitadas; a la música que hace de arancel embrionario en las comisuras septentrionales. 



Las viscosas intimidades y su sempiterna aspiración a la perífrasis resuenan en una batalla librada en astuta connivencia con la belleza, la sabiduría intuitiva, legible, inmensa, reencontrada en los estuarios fluviales y recovecos circunyacentes. Es un paraíso verdadero, cuadrado pero no cuadriculado, invertido en la niebla en su imagen gemela y borrascosa. 

Tengo que dormir

No quiero que este blog sea sólo sobre preciosismo literario, porque si no al final no escribo como antes: todos los días, cuando me apetece, sin marismas mentales ni agobios. 

Así que voy a volver al espíritu de escribir para mí porque sé que así volveré a tener palabras saliendo de mis dedos constantemente. 

Llevo varios días con unos dolores de estómago rarísimos. Y los huevos me están sentando mal. Es raro. 

Me voy a la cama, más tarde de lo que había pensado, pero me he liado a leer sobre equipamiento para la bici y demás cosas sexys.

No me termino de quitar este resfriado. Pfffff. 

Mi niña tiene mal la manita y me gustaría estar con ella aunque hoy he decidido estar en casa para levantarme aquí y cogerle el pulso a mi vida. 

Me voy a dormir con esta sensación de mareo estomacal. 

jueves, 4 de noviembre de 2010

Preferencias internas

Por donde pasean los sentidos, donde se intercalan y se anegan. En escena, atribuladas, por deferencia al paso de las nubes espaciadas.

Me muevo en ansia acumulativa El mar.

viernes, 8 de octubre de 2010

Salidas


Cuando viajo en metro ya no recorro túneles oscuros y paralelismos con otras personas que viajan diletantes conmigo, sino que imagino y rememoro, reconstruyendo los paisajes que he devorado y conquistado con mis salidas ciclistas.

Mi cuerpo


Ella se expresa sobre mi cuerpo y se demuestra a sí misma las armas de posesión que tiene sobre mí.

Sólo es una bici


Quiero que brille y que sea bonita, aunque sólo sea una bici.

Silencio


El silencio no me abandona, me asedia, me desespera, me recuerda que no escribo, que no plasmo: el silencio literario.

Quiero recorrerme y retirar las musarañas de mi mente. Me he expresado mediante otros objetos: mi bici, mi mural, mis movimientos corporales, mis decisiones, la forma de limpiar mi espacio, de encontrar objetos desplazados, de derrotar monstruosos obstáculos, de atiborrarme de mí, de mis múltiples y mutantes creatividades, de disparar a los blancos escurridizos con salvas, afinando mi puntería, de formar alianzas bioquímicas de largo alcance y alta eficacia.

Ahora he de mantener mi ritmo porque ahora las cosas que quiero hacer son aliadas, no objetivos. Implica una transformación en la percepción que tengo y de mis tablas de salvación, ráfagas. Ya no acepto la idea de dependencia.

Iniciativas frugales


Entretanto me reafirmo como una escapista imaginaria. con sendas miradas tuyas y mías.

Restlessness


Imagining a bright new world within. With its traces and ashes: be one, be self, be free.

Lo sé


No todo el mundo chupa en su lengua y le sabe la realidad de la misma manera.

Somos


Eres una niña y miras a un lado, comiéndote los puños del jersey de punto prieto, hecho a mano. Tu sonrisa baña tu cara mientras tu madre enseña la cara tu hermana bebé a la cámara.


Tu hermanita tiene los mofletes encendidos y su saliva brilla como si estuviera plastificada y radiante. Yo tengo el pelo muy corto, en sortijas de rizo breve, y la línea férrea del cabello se vislumbra en los bordes de mi rostro, como si me lo hubiera recortado un barbero con navaja.

Mi sobrino también tiene ese reborde, como de tinta china que sólo tienen algunos bebés debajo del pelo.

Y estoy mirando a mi madre verdaderamente.

Naranjas cartografiadas


Puedes leer en todas partes, hilvanar búsquedas de parajes y aromas visualizados de naranjas cartografiadas. Te reencuentras con la dinámica del buceo y la sorpresa acolchada en mantas que te ayudan a dormir un sueño especial.

Sentidos


El mundo presenta escenarios diversos aunque cese la imaginación. Por eso todo lo que se contempla, incluso cuando baila delante de tus ojos sin tú moverte, es suficiente para pasar a lo escrito.


Esos múltiples escenarios bebidos o sentidos son los que no traerán las mareas de palabras o de imágenes apalabradas.

miércoles, 6 de octubre de 2010

Exposición


Infiltrada en olores blancos de yeso esmaltado en las amplias paredes de la exposición, y arrumbada por los crujidos nobles de la madera en el suelo.


Cada foto un vergel de sonido llano y exasperado enmarcado en blanco y negro con doseles cuadriculados y marcos célebres.

Ventanas


Sin ventanas no se puede escribir. La luz velada y la persistencia en la memoria de la presencia de oxígeno reciclado, la mirada que vaga expectante, en plena pausa de la concentración cuando la frase se recompone. Es el bálsamo requerido para alentar el alma literaria.


Un fogonazo de luz al recordar todavía los ruidos del viaje en tren, como si se siguiera bamboleando y deslizando el cuerpo en los estuarios y recortes del recorrido.

El sentirse en pleno viaje a pesar de haber atracado en el puerto de secano de una habitación de hotel y la luz mortecina yazca en un telón de pleno silencio. La murga enredada y extensa de ese recuerdo sonoro y muscular se extiende por el talonaje del peso del tiempo.

En el momento en que se frena su rigor será necesario levantarse de la silla. Retozarse en el sopor apenas unos segundos sin permitirse muchos más, lanzar de nuevo las ropas desajustadas en la presión de la vieja maleta (acarreada a mano al vacío del pensamiento para asegurarse de que no se llene mucho y el viaje sea liviano).

Y dejar la puerta abierta de la habitación tras pulsar el interruptor para el próximo residente de la estancia donde dejas rastros de una mente en plena ebullición.

martes, 5 de octubre de 2010

Atrezzos floreados de las cuartillas de Hemingway


Sobrevenires atentos a palabras desmontadas en el pasado. Indiferencia ante la banalidad y transitoriedad de nuestros presentes.


Fumigo las culpas que me produce mi inadaptada y sempiterna aversión a la normalidad embotellada, y observo detenidamente cada detalle del ademán de Hemingway sentado, calado en la arquitectura ósea del escribir, con los labios relajados entreteniéndose en la mueca propia dibujada y estampada por la edad que sobresale entre la barba canosa.

El puente de sus gafas congelado en el tiempo, la gravedad y el descenso superfluo determinado por su peso y propulsado por en deslizamiento provocado por el sudor, sin atreverse a destruir la concentración del escribir.

Cuartillas enrolladas por sí mismas en bucles móviles y atrevidas de las páginas ya escritas y relevadas al lomo del cuaderno vertical.

Imagen en blanco y negro, en toda justicia como debe ser, anexa al sentimiento de profundis al escribir mecido por el vapor de la condensación pegado a las paredes del cuartucho soleado del hotel o pensión de turno.

Una mesa simple y básica de madera con ciertas vetas esenciales ennegrecidas en mates por diversas actividades pasadas en consonancia con el vertido de imágenes apalabradas en la mente del nativo de Chicago.

Las cuartillas nadan en espacios de puntos a rellenar como un formulario rutinario. Deseo la mesa, me ayudaría a escribir sin tapujos. Yo también necesito una silla única, una ventana única. Debo prescindir del mimetismo y no colocar un vaso de whisky barato que multiplicaría la temperatura de mis oídos. La marea caliente que se gesta en el punto álgido de ese aumento de temperatura y acidez creada por el exhalar profundo de los pulmones y fosas nasales conectadas en expiaciones oxigenadas y fuegos fatuos.

El sonido del reloj de manillas convalecientes por la decadencia de su premeditada y agonizante caída al vacío.

Escribir con ruido: qué placer desdoblarse y crear paralelismos y empalizadas con los muros templarios de la realidad. Qué necesidad imperiosa de hacerlo. Ignorar el dolor acumulado durante años en la coraza corporal. Acomodarse en la silla y el bolígrafo que queda después del expolio de cientos de litros de tinta pegajosa y evaporada en grumos a lo largo del turbo de conducción perezosa hacia el rumiado rodamiento de la punta del bolígrafo que como un rodillo aplasta y secciona los átomos del papel.

Suspirar en caso de utilizar una lámpara típica del despacho de un detective en una película basada en una novela negra de los años cuarenta.

Lo esencial para mí es una ventana. Hay que situarla en el lado adecuado para no ensombrecer la cuartilla con la sombra de la pinza formada entre la genuflexión del índice y el pulgar, muestra evolutiva de nuestra vocación Proustiana.

Podría ceder ante la eminencia de los pantalones plisados color blanco corrupto que Heminway arrastraba por medio mundo en sus perneras viajeras. Secuestraba la página con palabras embelesadas con el zumbido y vuelo circular de un abejorro insistente asimilando las retóricas de una mente lúcida.

Sin embargo, el escribir no te hace inmune a las happy depressions, a las nubes borrascosas y amenazantes de los chubascos embestidos por la gota fría que se enquista como una pepita ácida provocando un escozor e indisposición desmedida e infernal. No desestimes las precavidas huidas.

Púrpuras


Y palabras entretejidas incapaces de firmar o fichar su entrada en vigor. Azabaches entregados a su fulgor arrebatado en las vetas impuras de la semi brutalidad orgánica. Ausencia de piedras semi preciosas. Te revuelves en ciénagas de pulpa de mango, entre puntillismos autorizados.

Breeze ...


Una página vertical adormecida esperando. Las ideas se mecen en sus fluidos densos como el zumo de caucho y los sueños son sombreros iniciáticos en ritos circunstanciales y verdaderos.

Índico


Sabidurías ajenas al entendimiento y bravuras reflejadas en el movimiento de cruces y canjes de cierres metálicos entrecruzados ...


Me inspiran las cenizas contenidas y fieles en momentos breves.

Imágenes


Anegan mi visión articular con su despliegue y su veracidad visual dimensiona, su presencia desde lugares ignotos, su pugna por escindirse del papel satinado y llegar a ser oxígeno.

In the mood


Hemingway viajaba para encontrar un escritorio improvisado de sudor de paredes de hotel, sonidos estridentes de bandadas de pájaros exóticos, semi-dioses mitad oníricos con sus letras incendiarias y sus intuiciones bárbaras, afiladas tras milenios de cortes en el aire, vistas desde la amplitud de los cielos donde mora el aire resucitado.

Parábolas


La mente se enrosca a parábolas y explaya sus labores operativas, sus tendencias explícitas, sus movilidades terciarias, sus certezas absolutas de la intuición, sin apenas barreras.


Cruces híbridos entre bravuras e ideas cazadas al vuelo.

(re)Modelaciones


Timbuctú y su río de plata oxidada (Chatwin). Ensoñaciones que me provocan ideas frondosas y ácidas como fresones redondos, incombustibles.


Timbuctú, donde el polvo arrecia y la mente se disfraza ...

Dermorevelaciones


No tecleas y después imprimes,


sino que imprimes antes de terminar de teclear ...

Cry me a river


Raíces desentrenadas, renunciando con su férrea y rechinante resistencia a la desertización del terreno y a su desmembramiento.


También son las salidas del alma las que se resisten a obturarse y reventar el bombeo cardíaco. Sin raíces el cuerpo y su riego se vuelve inapetente, incongruente, desprotegido y revisable, inutilizándolo.

Decluttering


Tengo el pelo enredado y acendrado en sequedad y cedro, arrebatado como una flor de espino rebosante y cercenante en su autonomía por el desasosiego, curtido de estaño y piritas punzantes.


roots - rootlessness
exile - exotic
possesion - renunciation

Salidas escénicas


Una existencia literaria y pajaritas de papel por horas.

La inmediatez del impresionable, de la actividad plena (sumergida) al sopor inalterable.

No sabes gestionar de nuevo la falta de identificación con la veracidad del momento presente, la alienación que experimentas con la inexplicable salida del útero hacia la existencia crónica.

El papel/vivencia literaria siempre ha sido mi cobijo, y la falta de habilidades sociales mi destierro. No he conseguido acertar en el blanco del hueso.

No debería ser fortaleza el reflejo pálido de tu personalidad, sino la introspección expuesta, la empatía con otras personalidades/vidas ampéricas en el pulp fiction diario y sus tigres de papel.

Es una literatura de la veracidad testimonial, y tal vez más allá.

Se podría renovar constantemente con las alternantes reubicaciones, pero para ello he de realizar un esfuerzo temprano con constancia para redistribuir la información resultante y convertirla en un automatismo, en una explicación. Un estilo de vida más adelante lo seguiría para finalmente firmar cada página con un continuará de puntos suspensivos ambulantes.

No estoy trabajando lo suficiente, y en el fondo me está sofocando esta existencia virtual, esta enfermedad mental llamada vida, ese ilusionismo exasperante que me desconcierta.

Así que prosigo a mano alzada en búsqueda de los entresijos de la expiación, rebuscando en baúles polvorientos de electrones burbujeantes que se enredan y chocan mutuamente con un frenesí desesperado, violento, histéricos, eléctricos negociando subidas y bajadas imperiosas de tensión.

Las virtudes narrativas por el momento se reducen a retos de observación llevados a sus últimas consecuencias, hasta agotar las puertas entre bastidores, hasta situarte al borde del vacío que produce vértigo, provocando tu despedida teatral y su escapada de aquel escenario como una debutante inspirada y exultante que de repente se ve invadida por el miedo escénico, por el instinto de supervivencia tan bien entrenado para la huida.

Molestias


El terreno es fértil, aunque tú te resbalas y quemas con sus cráteres esquilmados. Ha habido periodos de desconcierto absoluto, aunque estuviera looking at you in the face.


El pastoreo por los valores neoburgueses y reptilianos, pidiendo permiso o solicitando un perdón ya ha acabado.