domingo, 29 de septiembre de 2013

Membrana

Cuando te pasa algo tan devastador como la muerte arrebatándote a tu familia, encomendando a la Hyène la tarea de arrancar a tu padre y a tu hermano de tu misma sangre, te preguntas desde dónde va a llegar el siguiente zarpazo. El miedo es irrazonable, pero real, y te sientes nerviosa y y paralizada al mismo tiempo, transida por oleadas periódicas de desesperación alucinada, mutilada en tu capacidad de sentir algo más que ceniza y hiel en tu camino. Tu cerebro te escuece y te desorienta, y tu lógica no logra parar el torbellino que esquilma la pátina de tu piel hasta que te sientes desmembrada, enajenada, ferviente con un calor inquietante que nunca rebaja su temperatura. Parece que nada volverá a ser como antes.

Hace casi un año predije exactamente lo mismo sobre esta mutación hacia lo incierto, aunque el resultado no fue lo que nadie esperaba. La vida ahora nos ha lanzado otro eco de las catacumbas, pero en este momento somos capaces de aferrarnos a la belleza del recuerdo vivo, de esas sombras finas y transparentes que suavemente te acarician el hombro cuando estás a punto de doblar el cuerpo.

Ahora, de nuevo el suelo retumba y la arena se vuelve movediza, y me pregunto cómo conseguiremos volver a una semblanza de normalidad, cuándo volveremos a sentir esa cándida ilusión de seguridad, que al fin y al cabo es todo lo que se necesita y ansía en este lapso entre la vida y la muerte..

sábado, 28 de septiembre de 2013

Hielo


Sin saber entonces que la vida nos los arrebataría tan de inmediato, mi madre y yo cubrimos con hielo el cuerpo de mi padre, y sin cumplirse un año, el de mi hermano, intentando alejar la fiebre de la Hyène en las últimas horas de sus vidas. 

Fueron horas alargadas marcadas por el brillo templado y expectante del alba que deslumbraba la oscuridad contenida en las habitaciones del hospital. Mientras aplicábamos las compresas heladas sobre sus cuerpos, nuestros movimientos circulares alrededor suyo posiblemente calmaban el mordisco de la Hyène, y se mezclaban imperceptiblemente con el sonido del mantra del oxígeno que rugía en sus mascarillas. 

Tenían el pecho y los hombros descubiertos, las piernas abiertas. Era como si antes de entregarles a la eternidad, nosotras, las mujeres, la madre, la hija, la hermana, teníamos que bañarles y rozar su piel con las níveas compresas heladas para aliviarles el fuego de las heridas ardientes de la despedida. Y así, lo mismo que al venir al mundo el recién nacido es lavado por las manos de las mujeres para afrontar la vida al pleno oxígeno cardado en frescor, al marcharse, nuestros hombres recibieron la ternura en su piel, nuestras voces suaves arrullándoles, nuestro silencio en un gesto continuo de amor, en un adiós que sólo esperaba de cierto la tierra que te ve nacer y que te arrebata al morir. 

Edelweiss

Esta semana me ha costado la zambullida en el ordenador; tengo que dormir mucho, me cuesta hablar con la gente; la tensión mental es muy grande, la noto bombear la sangre dentro de mi cabeza, mi mente me sorprende haciendo inventario del pasado y del futuro. Sigo escribiendo, pero he de decir que es más importante el haber escrito durante todo este tiempo, y tal vez ahora me pregunto con urgencia qué decir. Es como si la historia que narraba se hubiera detenido en un cruce de caminos. Sé que estoy agotada físicamente, así que trato de no tomar en cuenta la sensación de alienación. En el horizonte se perfilan nubes que se acercan y que están por llegar muy pronto, y mi madre tiene ahora que encontrarse a sí misma y dejar de lado su identificación plena con la figura de la cuidadora, en incluso de ser sólo madre.

Pero yo no sé qué nos va a provocar como familia todo lo que ha sucedido; las grietas no son sostenibles, el desembarazarse del dolor tampoco. Cada vez que hay una muerte en esta familia parecería también que surge una nueva flor entre las fisuras de la roca. No he encontrado este Edelweiss todavía, pero espero que reluzca de nuevo como lo hizo con mi padre.

viernes, 27 de septiembre de 2013

Futuros

La belleza inesperada de las flores tardías.

Paisajes

En Londres, al caminar hacia mi casa, el sonido acaparador del viaje por la ciudad comenzaba a disiparse a medida que entraba en mi calle. Era una transición a mi espacio interior, a los espacios íntimos, a los recuerdos de esos mismos pasos el día anterior, o el año anterior. El aire se llenaba del dulce olor a hierba del parque cercano, y podías oír las risas infantiles a lo lejos. Son paisajes que acallan los brotes de zarzas y escamas del alma.

Undone

I couldn't write a novel. I can't narrate a unitary story. Can't fall for the tyranny of syncing one truth on paper. I'm a missionary of words, not a prophet of destinies and fate.

Enfrentamientos

La búsqueda de las emociones es como la de las rutas que yo desearía que existieran en los paisajes urbanos, como los recorridos imposibles de autobuses que quisiera que te llevaran siempre al destino al que te diriges, a la puerta misma de tu casa.

La madre

Mi madre hace reflexiones ahora sobre la vida tras la muerte de su hijo, sobre cómo se forma y nace, y se extingue en un suspiro casi inaudible. Son reflexiones aisladas, esporádicas y breves desde su narrativa de historias mínimas compartidas.

Sellado de sentimientos

Los boquetes se pueden condenar y sellar, pero lo nonato, lo perdido, lo nunca expresado necesita de una comadrona para salir al mundo. El anonadamiento no es expresivo, y te hace moverte despacio, en busca de rutinas conocidas en las que se encuentra suspendido el tiempo como una polilla alrededor de la bombilla en búsqueda de su muerte súbita.

Cuando el tiempo se muere, tus sentimientos no encuentran asiento ni parapeto, y se arrastran mutilados, ansiando encontrar la luz para salir de la caverna.

Sellado de acontecimientos

El mundo le está dando nombre a lo que te pasa. A tu hermano lo llama difunto, a su muerte, defunción, a su ausencia, duelo. Su ropa ya no es suya, hay que darla. Su nombre aparece en múltiples documentos que tienes que entregar y que te recuerdan constantemente su muerte.

Y tú no quieres decir que está muerto, sino que ha muerto, que es diferente. Porque todo es diferente para ti de lo que dice y hace el mundo que sigue adelante dejándote atrás.

Apuntes

Algunas cimas parecen inalcanzables por definición. Algunas lecciones son escaleras tumbadas sobre las rocas y te rompen las piernas, te repelen, te fuerzan a pasar noches enteras a la intemperie junto a la montaña viendo cómo te sangran las rodillas, cómo te escuece la piel con la sarna de las ortigas, cómo sigues sintiendo la luz del sol dentro de tus ojos enrojecidos tras la caída del día.

Parece que la vida se ha empeñado en hacernos ver que las personas no son tuyas para siempre aunque las llames tu padre, tu hermano, tu hermana, tu madre. Que su recuerdo vivo en tu piel te recoge las lágrimas cuando ves a tu familia desnuda porque ya sois menos. Cuando alguien se va su espacio sigue lleno y parece que la persona sigue creciendo contigo, te hace ver esto o lo otro, te recomienda comportarte así o de tal manera, te vigila los errores que ha cometido ella y te recuerda que no hagas las cosas como ella erró al hacerlas. O tú lo piensas y lo sientes igual que ella.

Y sigues viviendo, increíblemente, sigues viviendo. Te sigues ciñiendo el cinturón de los pantalones por la mañana, cierras con la llave al salir por la puerta, tus pasos retumban por las escaleras y te cruzas con gente, coges taxis. Todas aquellas cosas que resultan extrañas ahora porque esa otra persona que no se encuentra aquí ya no puede hacerlas, ya no te ve a ti hacerlas, ni a nadie. Y casi nadie sabe que ya no está.

La vida quiere explicarte de forma algo insolente que nada es lo que parece, que morirse es muy fácil porque no se tarda ni siquiera un segundo al marcharse, que ahora me ves, y que ahora no me ves. Que da igual que nadie lo esperara, que vas a tener que arreglártelas, que habrá miles de cosas que se te cruzarán por la cabeza y que no contarás a nadie. Que ya no ves la calle ni lo que se te pasa delante de los ojos de la misma manera, ni siquiera lo percibes igual. Y estás con quien estás, y no puedes elegir lo que te pase. Y todo cambia en un instante, en una semana, en un mes, en un año, como dentro de una turbina centrifugando descerrajada. Y lo que llevas dentro de ti es sagrado, es profundo, es intenso, es verdad.

miércoles, 25 de septiembre de 2013

Pulso

Sí, es difícil de describir porque se apoya en el músculo cardíaco rebotando como un salmón en una red de pesca. Se trata de encumbrarse en un espacio que resulta baldío a primera vista, para luego acomodarse en una mecedora, y reclinarse girando el balance de la silla sobre rocas calcáreas que esconden su historia centenaria sin contemplaciones. Con la garganta seca querrías hablar y lanzarle al eco varias explicaciones afortunadas, pero no consigues seducirle y las palabras suenan como aparejos viejos y deslucidos. Buscas tu Excálibur, como siempre. 

Todo parece que se compone de segundas partes que te tal vez te atrevas a relatar. Sabes que no es suficiente lo que estás contando en este momento: deberías ser más enérgica, más entera, más entregada, más resuelta. La voz debería resonar y mantenerte mientras el corazón se disgrega en pequeños hologramas indivisibles. Tienes que explicar cómo te sientes, lo que te está pasando, y eres tú, no es nadie más, quien debe llegar y emparejarse con el destino. Ya no sabes lo que está bien, ni lo que está mal, te estás permitiendo un exceso de tolerancia hacia tus propios fallos y renuncias. 

En el fondo te estás dando cuenta de que tienes miedo. Coges el pulsioxímetro con el que medías la frecuencia cardíaca a tu hermano y te lo pones tú. Quieres saber por qué late tu corazón. 

Puentes




Saber qué sentir o qué es lo que sientes a veces es un reto. Y ahora que toda la familia se estremece y la tristeza se apodera de mi madre, de mi hermana y de mí, encontrar territorio sólido sobre el cual posar el pie es tarea difícil.

Creo que me encuentro totalmente en shock en estos momentos, y sorprendida de estarlo. El tiempo está suspendido en el aire y sólo corren remolinos de arena que se te mete en los ojos. El proceso normal de la percepción de las cosas está amañado. Ya no sé lo que es la normalidad. Tengo la sensación de que no puedo ser sincera casi con nadie, porque la expresión de mis sentimientos está velada. El mundo, la gente, las conversaciones van a una velocidad y yo a otra. He querido compartir cómo me sentía, pero ahora siento que no tengo tiempo. El poco tiempo que logro cuajar y convertir en mío lo necesito para situarme en este preciso instante.

Estoy muy cansada, me estoy recuperando muy lentamente. Guardo en mi mente y rememoro a menudo varias imágenes. Las miro para extraerles algo de significado, porque van a ser estampas de la vida y la muerte de mi hermano que voy a recordar siempre. Son como túneles del tiempo, como frescos que pueden observarse una y otra vez.

Estoy aturdida y me siento bastante estúpida. Ahora mismo soy una estúpida funcional, podría decirse. Soy una barca a la deriva, y mi responsabilidad es izarme la vela y remolcarme. Estoy remolcando a mi madre, pero ella con su fuerza volverá a darme vida tan sólo viendo cómo logra salir adelante.

lunes, 23 de septiembre de 2013

Narraciones


Ahora yo tengo que seguir encontrando caminos en la mente, puentes y atajos. Aunque las palabras tienen que ser concretas, precisas y fluidas.

Crecer


Cuando se murió mi padre seguí sintiéndome su hija querida y vi claramente el objetivo de mi vida, que era el hacer lo que él hubiera querido para mí: que fuera feliz, que fuera plena, que estuviera bien. Ahora estoy confusa y me siento vacía. No sé qué significado tiene que mi hermano ya no esté. No entiendo su ausencia en su habitación, que le esperaba. Sus zapatillas perfectamente alineadas debajo de su mesa, su medicación en el neceser, sus cientos de dvds de películas. La televisión que le conecté a la antena del patio, sus desodorantes, crema de afeitar, colonias, el reproductor multimedia al que tenía que cargar Las edades de Lulú como me pidió repetidas veces. Creo que encontraré un diario. Siento que llegaré a entenderle mejor si habito en su espacio durante unas horas. Mi hermana y yo bucearemos entre sus cosas y tiraremos aquellas que pertenecen al mundo pasado de su enfermedad. Creo que encontraremos su verdadera esencia.
Tal vez la necesidad que tengo es la del reencuentro, no lo sé.

Tengo la conciencia tranquila, mi hermano siempre ha sido como es. Creo que pudo seguir utilizando el presente de indicativo. La habitación sigue siendo suya, yo llevaré la cazadora que me he traído a casa y que aunque tenga que lavarla llevará su olor y la forma de su espalda. Todavía no sabemos lo que vamos a conservar para llevar a nuestras casas. Me di prisa en el hospital y recogí cosas suyas. Ahora quiero su gorra de béisbol, porque recuerdo como si fuera ayer el día que apareció en la puerta feliz y simpático con las flores que había comprado para mi madre y para mí.

Mi hermana hizo un curso de quiromasaje con él, y él sudaba y sudaba nervioso. Seguro que ella le observaba con ternura y cariño y animaba su esfuerzo. Todo lo que hacías con él se tornaba en un proceso nuevo de descubrimiento porque él casi siempre quería estar solo, ausente, feroz en la protección de su espacio, alejado, con sus obsesiones e ilusiones impenetrables en la cabeza. Era un hombre que nunca paraba de sentir, de vivir sus imaginaciones. Alguna vez me dijo cosas con gran sabiduría, otras habló horriblemente mal de mí siguiendo las consignas de mi otro hermano que algún día reventará de envidia e ira.

Su cuerpo se fortalecía de forma asombrosa y superaba en parte la fragilidad que se cebaba en él. Todo en mi hermano era misterioso: dónde iba, con quién quedaba, qué hacía, si iba a volver, si iba a meterse en un lío espantoso. Y cuando volvía a casa, a mi madre, a su televisión, a su cama, a su habitación, todo era casi un enigma, una especie de regalo, de milagro.

Para mi madre era una persona fundamental en su vida. Cuando la miro, cuando la escucho sé que ella le había conocido como nadie, le había esperado y había temido al mundo que podía hacerle tanto daño. Ella me recordará siempre la figura de mi hermano, porque casi era más su hijo que mi hermano. Él preguntaba quién cuidaría de él cuando mi madre faltara. Nunca tuvimos una respuesta clara a esa pregunta y nos creaba gran angustia, pero cuando cuando toda la familia nos volcamos en cuidarle en el hospital organizándonos como un regimiento, de repente ya no fue motivo de duda para el futuro.

Cuando era pequeño huía constantemente de mi madre, de mi padre. Se refugiaba en sitios cerca de casa porque no podía entender lo que le intentaban enseñar en el colegio. Bailaba solo con la música de la sección de jóvenes de Galerías Preciados. Creía en su ángel de la guarda, ahora lo vamos a poner en el espacio que ocupa, donde yace su cuerpo, donde vamos a visitarle hacia la eternidad. Ahora siempre cumplirá los 49 años, ahora ya no va a tener nunca 50. Ahora, cuando nos hagamos mayores, tendremos las sensación de que era nuestro hermano pequeño que nunca creció. Pero es que él nunca creció.

La ausencia

Tuve un sueño esta noche. Soñaba que mi hermano estaba acomodado en una cama en mi habitación; tenía el oxígeno, las vías y todo lo que necesitaba, igual que en una habitación de hospital. Yo le cuidaba sola, y creo que estábamos en Ámsterdam. Una vez tuve que reanimarle haciéndole el boca a boca y lo superó. Me marché al trabajo y pensé que él estaría bien en compañía de una compañera de piso, aunque mucha gente del edificio era hostil hacia mí y hacia él. Cuando volví no estaba, había desaparecido sin dejar ni rastro y nadie sabía dónde había ido. Entonces me di cuenta de que era una pesadilla, porque todo era verdad.

Words

All the words that she knew and used. All the trouble that she spared within. All the sayings that she had once escaped from. The sea, the creek, the rubble. It all fits perfectly and at random.

Bereavement

Transitory state of the self in which the soul is estranged from the body.

domingo, 22 de septiembre de 2013

Silencios

Hoy vamos al cementerio. No sé muy bien por qué mi madre quiere ir a una misa en la que recordarán a todo el mundo que fue enterrado esta semana. Bueno, sé que tiene que hacer unos pagos y ocuparse de la lápida. Pero cuanto más lo pienso, menos quiero ir. Otra vez sentarse y mirar al suelo, sentir ese caparazón curvándote la espalda. Ya no me espantan tanto las palabras que se refieren a la muerte, al proceso de la muerte, a lo que rodea la muerte, pero creo que me estoy cansando de ciertas cosas. Y hoy me he levantado con una sensación de náusea acarreada en la musculatura de mi cuerpo. Andaba y casi se me doblaban las piernas. Un pensamiento me golpea la mente una y otra vez: antes estaba aquí, y ahora no. Ya no existe porque la enfermedad le ha robado su vida.

sábado, 21 de septiembre de 2013

Cuatro

¿Qué sientes? No lo sabes hasta que te llega la oleada de recuerdos. Cuando bajó el domingo con su gorra de béisbol y volvió sonriente y cantarín con unas rosas para mí por mi santo, y para mi madre por su cumpleaños.

Hay pocas fotos, o por lo menos no te las encuentras por el rabillo del ojo en todo momento como las de mi padre, con ese dolor interno y profundo que te causa verle a mi padre la cara sonriente, el gran cuerpo, sus trajes, sus ojos preciosos. Ahora mi hermano parece más guapo, más fuerte, más vivo en las fotos. Le hemos conocido mucho más en este mes ingresado, le hemos querido mucho más, le hemos escuchado con su mirada. He descubierto su piel, sus brazos, el pelo masculino en brazos y piernas al que he rozado muchas veces con mis dedos. Cuántas veces le he mirado y era papi. Mi madre le llamaba, "venga, papá", sin darse cuenta.

Hoy hemos encontrado unos mocasines de mi padre de piel corinto, preciosos y brillantes bajo la cama. Están nuevos, como la mayoría de su ropa, que parece nueva. Ahora son él y él. Ya no somos seis, somos cuatro. Ya no tengo hermano mayor, y el otro no se merece ni de lejos esa calificación. Ahora mi hermana pequeña se ha hecho mayor. Y mi madre nos necesita más que nunca. Intento no abusar de mi poder sobre ella, porque es fácil apoderarse de su fragilidad, por eso intento mostrar la mía cuando es necesario. Aquí nadie es más fuerte.

El resto del tiempo no sabes qué sentir, la verdad. Con mi padre era todo más sencillo. Encontré su fuerza para seguir viviendo y luchando, para ser feliz y afortunada, para construir, para beber de la vida como de un arroyo manso y tranquilo y entusiasmado, para dejarme refrescar e inundar con mi creatividad, con mi potencial. Pero la muerte de mi hermano no es natural, no es normal, no se sabe, no se entiende. ¿Qué?

No sé qué muestran mis ojos. No lo sé. Se sostienen solos, la musculatura se ha fortalecido con el llorar. Muestro el cansancio, el sueño. Miro desde dentro, macerando mis sentimientos, sellando boquetes.

Mi madre y yo hablamos. Yo le dejo decir lo que quiere; alguna gente nos dice lo que tenemos que sentir. Qué ridiculez. Eso no sirve de nada. Yo le dejo hablar y me cuenta muchas cosas. A veces nos reímos también, a veces hablamos de la ropa de la cuerda, otras de lo que sea. No estamos condicionadas. Hablo con mi hermana y la veo más triste que yo. Está muy cansada, y creo que se siente derrotada. Pero queremos proteger a mi madre: se le caen mechones de pelo, pero finalmente duerme ocho horas de un tirón. La verdad es que duerme, yo lo sé porque paso la noche en la misma cama con ella.

Anteayer en el coche de camino al tanatorio me quedé adormilada y me puse a subirle las barandillas de la camilla a mi hermano. Le daba a los dos botones rojos y las subía y las bajaba como tantas veces para luego ponerle las almohadas como parapeto. Lo comenté a las otras personas en el coche y no dijeron nada.

Mi sobrinito lloraba y corrió a tocar el féretro de caoba brillante cuando empujaban a mi hermano en el nicho. Yo corrí detrás de él, y mi hermana. Las tres manos sellaban su amor encima de la madera.

Mi sobrinita preguntó por qué sellaban el nicho. Yo le dije delante de todo el mundo que para que no tuviera frío mi hermano. Luego me percaté de que arriba suyo alguien había muerto a los 22 años. A la derecha arriba otra persona con 40 y algo. Se lo dije en alto a mi madre mientras enterraban a mi hermano. Ella dijo: "Ahhh". Bueno, así es, algunas personas también se mueren jóvenes. A veces mientras los enterradores se esforzaban en el entierro con el peso del féretro yo miraba hacia los lados, a quienes nos acompañaban; llamé a mi hermana para que se sentara con mi madre y conmigo. Algunas personas me seguían con la mirada. Mi amigo N. me apretaba el brazo con cariño todo el rato. No tenía necesidad de mirarle porque él ya había visto mi cara y el reflejo de mi dolor. A veces se te cambiaba la cara al mirar a la gente. Cuando se te acercaba alguien que había conocido bien a mi hermano es cuando más pena te daba todo.

Mi padre se encuentras a la vuelta de mi hermano, y fuimos para allá. Nuestro querido amigo V. le cogió una mano a mi sobrino y yo otra. Le explicamos que la vida es dura y que qué pena, ¿no? Yo le dije a mi sobrinito que a mi amigo se le había muerto su madre hacía unos meses, y V. le dijo que en la vida sólo existe la felicidad porque existe la pena. No sé qué pensaría mi sobrino, pero él escuchaba y seguro que reflexionaba sobre eso.

Mi sobrinita en el tanatorio corría hacia mí y me decía que no iba a estar triste porque ella me iba a abrazar mucho. Y lo hacía, todo el tiempo. Nuestras amistades y familiares nos miraban con ternura, como esperando a su turno cuando decidieras hablarles. Fui a dar un paseo con mi amigo N. y con mi sobrinita. Recogimos aceitunas y ella se las dio de comer a un galgo hembra, y a la perra le gustó. La niña se pasó todo el día dándonos flores y cosas.

Llama la gente y dices: "Fíjate". "Mira". "En fin". No puedes decir lo que te queda súper claro. Ya no intento proteger a mi hermana, aunque la llamo para intuir cómo está. Ella me cuenta. Mi madre me deja que la apoye y ya no hay estratificación. Antes éramos seis, ahora somos cuatro.

Bright

I'd like to think that the big city is out there, but it isn't. The big city is not encumbered on those bright lights that are clustered like diamonds on top of the skyscrapers and smooth the blackness of the night with their think silk veil of white. The big journey is within and now, and then and everywhere in between, and perhaps not just later.

You look through the slates of the blind that's pulled down the window, and see the towers overlooking the town. But you see everything from the back of the hospital, in this tiny room, and realise that the big city is within, and now, and then, and everywhere in between and perhaps not just later, but not there, not over there.

Just

I break away, just here my voice glossed over on the telephone.

Any

These few moments to myself amongst the whirlwind are just needed, so cherished, they make me be here AND now ...

Poetry

It's poetry. Poetry in words, poetry in movement, poetry in love. What you dare to tell yourself and feel. That's poetry.

Say

These books say to me more than you can ever think.

These few quiet moments to myself mean much more than you can ever know.

That look you gave me feels so much more than you can ever imagine.

Entender la luz

Es lo más extraño. Aquí se ha estado desarrollando la noche con gran esfuerzo, minuto a minuto, hora a hora, observando sus matices, el paso del tiempo en el reloj, el recorrido de las fluctuaciones de la enfermedad que convierte al control de enfermería en el punto neurálgico de este triángulo entre mi silla, la cama de mi hermano y la luz de la puerta que ilumina mi lectura.

Las noches esconden el veneno de un posible broncoespasmo que le ahogaría, una fiebre peligrosa que le aceleraría las pulsaciones al borde de la insuficiencia cardiaca y respiratoria, y que le provocaría, como hoy, delirios.

Las manifestaciones de la Hyène a veces son extrañas: la mirada descompuesta, caquéctica de mi hermano en la que a veces, cuando abre los ojos a medias y los tiene entrevelados, reconozco en ella la última mirada que nos dedicó mi padre antes de morir. Es una mirada rubia, alerta pero espaciada, abierta y brillante. No expresa nada en palabras; me causa una mezcla entre inquietud y afecto, y parece que dura un trozo de tiempo irrecuperable, aunque sólo se trate de un instante en la noche. Me mantiene alerta y se fija en mí con naturalidad y pareciera que ternura. Intento encontrarle significado: ¿Está consciente? ¿Se siente seguro? ¿Es capaz de mantener a raya a la Hyène? ¿A su filo cortante y despiadado? ¿A su avance reptiliano y traidor? Siento un latigazo emotivo hacia él y una sobriedad absoluta.

Estar aquí es una experiencia física para mí y también un intercambio corporal con el tiempo y con la piel de mi hermano, con el avance interno del cáncer en este pequeño ecosistema de infarto, con sus sombras, los perfiles de la acción en la luz fluorescente, el avance de la noche, y la constante decadencia de mi ropa, mi piel, mi postura, mis ojos cargados de sequedad y de la actividad incesante, compulsiva de la lectura.

Aprendes pronto cómo hacer, cómo se desarrollan los acontecimientos y estableces un ten con ten con tu enfermera, con las demás personas, con el cansancio, con el termo de café que vas ingiriendo durante la noche, los minutos que tardas en llegar a la máquina de las bebidas y las almas perdidas y agotadas que te encuentras allí, algunas encajando estas horas entre las cientos y cientos que han pasado ingresadas. Y también te encuentras con la espera, expectación y sustos de las que se compone la atmósfera sólida de la habitación del familiar al que están cuidando.

A medida que se adentra la noche y terminas conociendo el espacio palmo a palmo, te topas con gente en los pasillos, en la frontera franca que rodea el ascensor y que te saca de la actividad de la planta, en los límites del territorio donde las escaleras huelen a tabaco.

Y, de repente, cuando estás en la habitación y llegan las siete de la mañana comienza la actividad puertas afuera, la avalancha de gente y de luz que te ciega porque has estado enfrascada en esos otros momentos en solitario, la emboscada de luz al alba que no entiendes, que no puedes entender.

La soledad

Estoy enfrente del control de enfermería, y eso me hace la afortunada receptora de suficiente iluminación para poder leer durante toda la noche sin tener que tener las luces de la habitación encendidas. Aún así me acabo de mirar en el espejo del baño de mi hermano y tengo los ojos rojos. No sé si es por leer, por la sequedad del ambiente, por mí o por todo.

Será la noche. La noche es larga dicen. Será porque oyes el eco de tus pasos por los pasillos, porque la simple presencia de la sombra de otra persona te sobresalta, porque este sitio parece mucho más grande y cóncavo cuando está vacío y tú rondas sus esquinas. Porque parece que la vida esté de luto por el día que no ha llegado todavía.

Acaba de bajársele la fiebre. Son las seis y media de la mañana, y empezó a las once. Tal vez por eso las noches son largas.

Foregone immensity

I feel the depth in the words and act on it. My travails are intense and my patience sometimes falters. It's all clear to me that I've got to express these tumbling and anxious thoughts unravelled on my skin like tepid grassy tattoos.

The trouble

Petals of gale and sorrow flakes of starch don't scare you. Your wishing well song beguiles that stranger that wants to conquer all of you. Behold unbeknownst to your conscience the treasures that you'll encounter on your way if your attempts to flee were in vain. Don't inflict pain on your intentions; after all, you are just a muse in trouble.

Prerequisites

For your love, none. For your gift, none.

Passionate observer

I'm the passionate observer.

Anything is possible: six million people come to visit the Mona Lisa painting each year. Passionately.

Brother

Getting to know things about him – his sock size 43 – 46. He lies on the hospital bed, life awaiting.

lunes, 16 de septiembre de 2013

Esa hoja suelta del calendario

Aprendes rápido la dinámica de la Hyène, y ahora se quiere colar por todas las esquinas, por todas la grietas del cuerpo de mi hermano y de nuestro espíritu. Por ahora ha conseguido convertirle en un ser ausente, postrado, caquéctico y desganado. Pero para combatirla hemos aprendido a ser como un virus mutando estrategias, turnos y dinámicas de ataque. Antes amenazaba con la fiebre alta, y ahora con la baja, y cree que podrá con nuestro agotamiento. A mí me ha provocado parásitos intestinales, desorientación, lapsus de memoria, dolor y rechinar de espalda y de piernas, migrañas intensas de cabeza, cansancio y embotamiento en los ojos, y un eczema en el cuero cabelludo que intento no rozar con los dedos porque me escuece como si estuviera en carne viva, y que no me he mirado. Casi no me atrevo a que mi madre lo examine, y tal vez pueda ir a nuestro médico de cabecera el jueves. Tal vez... Es que pillas los bacilos al cerrar ochocientas veces los interruptores de la luz, los del ascensor, los mandos de la máquina de bebidas.

Ella avanza pero nuestro equipo está siempre a la defensiva, y aunque no conseguimos arrinconarla se detiene y envía a sus esbirros: bacterias hospitalarias, cucarachas, la amenaza de las escaras, la toxicidad, algunas personas sin experiencia que pinchan a mi hermano cuatro veces su carne quemada antes de conseguir encontrarle la vena para la vía.

No es nada fácil localizar las artimañas de la Hyène y comprender su efecto a corto plazo. Se ríe en nuestra cara; sólo somos insectos para ella, gusanos, una molestia pequeña e incordiante, porque ella siente cómo bloqueamos sus intentonas, y, aunque no nos tema, la hacemos avanzar más despacio. Después de todo, nuestras armas son caseras y rudimentarias: café, taxis, móviles, visitas frecuentes a la máquina de bebidas para hidratarnos, móviles, una armada de medicamentos, la coordinación impecable a la hora de pasarnos la información de forma colectiva. Nos damos moral, compartimos el pesimismo y las malas noticias de forma estoica, con honestidad relatamos la última declaración demoledora del médico adaptándola convenientemente cuando la relatamos a mi madre. Tenemos el control de enfermería al lado y hemos propiciado una relación amistosa y solidaria de doble sentido con las enfermeras, y no nos cabe ninguna duda de que son ellas quienes le mantienen vivo. Ellas forman parte de nuestra primera línea de ataque con su acción rápida y eficaz.

Mientras la Hyène maquina, en nuestra familia estudiamos cualquier gesto suyo, quejido, equívoco; nos informamos y ayudamos mutuamente a todas horas con llamadas cruzadas como un batallón, siempre cargando contra ella. Pero nuestras armas tienen efectos colaterales y van deslabazando el cuerpo de mi hermano. Ella contrarresta nuestros ataques con gran sagacidad, su entrenamiento es impecable. Busca el arponazo final, la debilidad y victoria tras múltiples acometidas mortales, el descorazonamiento, el momento clave.

Nos crea inquietud, ansiedad y desorientación, la tememos y a veces nos desesperamos; yo lloro delante de las enfermeras y mi hermana, pero no delante de mi hermano o de mi madre, y nunca del médico. Nuestra
economía es de guerra y hemos adaptado nuestro modus operandi para saber dónde nos encontramos en todo momento con respecto al avance de la enfermedad.

El mundo tras tu turno contiene y exhibe demasiada luz, demasiada despreocupación, demasiada ignorancia. Está ajeno a todo esto. Yo lo ignoro, pero me zambullo inmediatamente en mi lectura, mi trabajo artístico, la comunicación íntima con esas personas clave en mi vida en estos momentos.

Somos un capullo cerrado que contiene cuatro personas que desde dentro maquinan el último ataque contra la Hyène. No se puede destruirla ni herirla de muerte. Todo parece que lo hacemos a rastras, tarde, con exceso. Debemos reaccionar rápido en esas noches de espanto, pero a veces lo hacemos con retrasos al dar la voz de alarma, hiriendo a mi hermano con esas durísimas intervenciones médicas: le pinchan, le inyectan, le inoculan.

Al estar sola en la casa de mi madre observo que ella sigue pasando las hojas del calendario. En ese momento me entra un escalofrío que me provoca algo así como la sobriedad que le golpea de repente a una persona borracha al pasar algo terrible. Me recuerda cuándo me aprendí de memoria la fecha y la hora de muerte de mi padre, y me pregunto cuándo arrancaremos la última hoja de la vida de mi hermano, y qué haremos entonces.

viernes, 13 de septiembre de 2013

the dark side of the moon ...


No sé qué quiere decirme la luz. 

miércoles, 11 de septiembre de 2013

Unconventional completeness


I'd like to be drunk, intoxicated by the peacock of choice, the lightening of its uterus descending, the beauty and possibility.

Writing to a writer


Writing to a writer with her counterintuitive entrainment; the writing flows and holds its own ebbing, its entrances and exits, its immersions into atonement without a safety net, turning limbo blanks into a room with a view. That is what it is, what it means to write to a writer ... waves of time to match and enclosures with rounded holes and gaps to peruse. Her freshness and gusts fall on your face like petals in rapture, on your reader's bosom, entranced and free to look in.

You are told things and read them with pleasure. She states each sentence anew and drops in and drops out. You follow the steady whirlwind, stacks of backtracking waves surrender and call for many more moments like this. In a language abreast there's no way to tell what will follow next, what will pass you by and stay, what goes. Words are redeeming but also guilty and force you to an unsure redemption. Then all is forgotten without remnants left, like butterflies in stampede, freed cut out shapes on tracing paper. Small is enough to fill the writing in, the page wraps you up when you are written to by a writer. The passionate asunder arrives, and yet ... you are the passionate observer turning from voyeur into flâneur.

Enorme


Me acuerdo de tocarle la cara y recorrerla con mis manos, tenía esa textura especial por donde corría su melanina que también era la mía y la de mi hermana; una piel fuerte, hidratada y enternecedora que me hacía sentirme viva, suya. Sus labios eran perfectos, esculpidos con líneas finas como en una estatua clásica, con un color beige rosado que resonaba en mi memoria, me recordaba sus besos, especialmente los que ahora me podía dar, suaves, blandos, con esfuerzo, acercándose todo lo que podía. Me gustaba tocar también el cuello rígido de su camisa, bien planchado, cercando su fuerte y amplio cuello; parecía vestirse el cuerpo, la piel con su innata elegancia para seguir haciéndonos partícipes de ella. 

Yo le abrazaba los últimos años para sentir su fuerte musculatura, esa espalda que había visto tantas veces, tan amplia, ancha, cruzada de arriba abajo por una línea del grosor del dedo índice, redondeada a los lados y flexible, potente. Y al abrazarle podía contener su espíritu, la tonalidad de nuestra relación, el hecho de cuidarle y querer cuidarle más, el fuselaje de toda su vida en acción, en movimiento, enorme, absolutamente enorme. Sigue siendo mío, y yo su hija.


Dunas



Las certezas siguen levantando la arena. Podría decirlo de muchas maneras. Tengo que alejarme de mí misma esta noche para encontrarme mañana. 

She looked up — and it seemed to her like her own eyes meeting her own eyes, searching as she alone could search into her mind and her heart, purifying out of existence any lie. She praised herself in praising the light, without vanity, for she was stern, she was searching, she was beautiful like that light. It was odd, she thought, how if one was alone, one leant to things; inanimate things; trees, streams, flowers; felt they expressed one; felt an irrational tenderness thus as for oneself.

Virginia Woolf, To the lighthouse

domingo, 8 de septiembre de 2013

What poets feel ...


?

or is it the inner floundering expression of you? I need an igloo, a warm igloo, if you don't mind. 

Unheeded


Writing explores and exudes the confounded and wistful side curtailing those wishing well water currents, the unknown revisited, the inspired and resounding truth that demonstrates your envisions. 

When I'm being conveyed by the belt to Virginia's 1920's and 30's, the speed of travelling is steep and emotionally arousing, so fast and swift, so enthralling that I suddenly find myself involved in a new air, a fresh and intense respite into flow and thought and sensorial fireworks where I rapidly see the light and the right words that delightfully gather me and reflect the cherries of passion gone and present, that sensual feeling I get from postures, faces, poses, how women move around the space, their luscious necks lengthening when turning to look at you, their heads thrown back during laughter. It is being home. 

Will she then choose me?

sábado, 7 de septiembre de 2013

Ella, yo


Veo pequeños gestos y detalles que me hacen notar que mi madre a veces ocupa mi espacio de trabajo, de descubrimiento, de exploración. La almohadilla del ratón tiene un pequeño bolsillo de plástico donde ha metido una nota con la extensión de la habitación de mi hermano en el hospital. Mis libros aparecen montados en columnas encima de la mesa del despacho de mi padre, con las hojas al vuelo creando abanicos, y un billete de diez o veinte euros entre sus páginas para el taxi, dinero que normalmente devuelvo; lo pongo debajo de uno de los dos (y tres) relojes de alarma que tiene mi madre encima de su mueble del dormitorio, alineados en un pequeño triángulo junto con los vasos de agua estática tras toda una madrugada en vela, con un despertar fijado en las agujas de todos los relojes a las seis de la mañana.

El despacho de mi padre donde me refugio y que me he asignado, aunque sin cambiar demasiado las cosas, huele a su dulce colonia que significa tanto ella, su presencia. He arreglado el portátil que mi padre se trajo de la oficina al dejar su puesto en la empresa, y sigo rodeándome de sus revistas y libros de medicina por doquier, sus múltiples fonendos y aparatos quirúrgicos, los ángeles querubines de porcelana de mi madre, los libros de arte de ella, los ocurrentes objetos de oficina regalados por los laboratorios, la mesa de roble imponente y bella para recibir a pacientes de ambos, y los muebles y paredes de madera oscura que hacen de este despacho un clásico en su mobiliario, pero sin el espíritu rancio de otras consultas médicas de los años 60 y 70 que todavía huelen antiguo y despliegan un caduco espíritu abrumador y solemne.

¿Cuándo entra mi madre aquí? No sólo viene para airear el despacho ni llevarse mi taza de café vacía del día anterior, y tampoco para mover mi desorden de sitio. Tal vez nota que mi desinterés en limpiar el polvo de la mesa (no ha llegado a proporciones irrazonables) y mi respeto a todos los objetos de mi padre muestran mi deseo de integrarme en su mundo y no alterarlo demasiado. Los armaritos bajos empotrados en la habitación están llenos a reventar de mis modems, routers y cables, objetos mecánicos e informáticos varios que no están a la vista aunque ocupan espacio, pero eso sospecho que a mi madre le gusta porque le muestra mis múltiples naturalezas, mis excentricidades, mis maneras distintas que ella se ha pasado la vida apoyando y fomentando desde que yo era pequeña y curiosa, resuelta y empeñada en arreglar mecanismos internos, aunque a menudo destruyéndolos (ahora los arreglo de forma intuitiva, casi mágicamente, de manera inconcebible).

Chosen beauty


There is the beauty, the kernel of the prime hour buds, the natural virtue, all encompassed in enthralling awareness and the right chosen words. Won't look back not even to the last sentence spelled out, the prior best. Like a newborn pearl that's sustained by its branches, stout in firmness and wonder, being the last crate of the raw fruits of love.

It's the inner frankness, the way to race forward in the waves, the minimal reason within the wide. Picking it like cherries, warming it up with your hands with a crimson balm, and liking it as your own but letting it out and free in the wild. That's flow.

jueves, 5 de septiembre de 2013

Angry song


Turn normal, if you must
write no more, if you can't
stay bereft
of your own life
if that's what you want

but don't feed me with your loss
don't turn me into a ghost
as I'm easily lost
in your smothering hug

Never ending



Lovers' wanderlust 
into each other's arms
please, never lose it
as life surely won't last

Make it be sparkling dust
a gift not yet received
and treasured like it must
be in never ending land


Regain your baseline and become solid again. Your solitude forces you to pronate your sense of self onwards.


Sellado mutuo


Mañanas precintadas para la escritura sin saber ...

Blow


You write because you so convulsively need to gather and be that semblance of yourself, for that's not only necessary but vital. Otherwise you'd be a trail of bereft cells and reckless thoughts that flow vicariously on some distant land you disassociate yourself from despite being born there.

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Sitios


Me levanto, mis manos en la cintura, intentando ajustar las costillas en la caja torácica y estirar el cuello (es un movimiento innato que ejecutas automáticamente en el hospital). Mi rango de vista es una circunferencia interrumpida a la que le falta una sección. No tendría sentido darme la vuelta porque ahí no hay nada, tan solo la pared de la pared donde si siquiera soy consciente de que se arrumba otra habitación con otra familia, otro drama, otro dolor.

Tienes la mirada entrenada para saber lo que falta, lo que está en otro lugar, lo que puede mejorar; todo es cuestión de sitio, de cerrarse y abrirse, de quitar y poner: toallitas húmedas, vasos, botellitas de agua vacía, blisters de medicación, etc. Yo no sé dónde poner mis cosas, porque las necesito a mano, pero parece que todo está incómodo si le quito el hueco a las cosas que lo necesitan, que estarán aquí durante semanas rezumando este aire metálico e intransitable. Tengo miedo de que mi móvil se caiga cuando mi hermano coja el suyo y mueva la mesita inestable, de que alguien se siente en mi bolsa, de que el armario se agite por dentro y despegue del suelo, haga un boquete en el techo y emigre al espacio en una bola de fuego.

Mientras tanto no sé qué hacer con las zapatillas de mi hermano porque no se las pone. Siempre que miro en esa dirección ahí están las zapatillas. Mi prima vino ayer y creía que podía arreglarlo todo. No conoce el ritmo diario, ni que los objetos se han ganado su sitio y lo defienden desafiadamente. Todo se ve muy fácil desde fuera, pero cuando vives en este espacio recuperado de un campo de batalla (la enfermedad) o te adaptas al medio o no perteneces a él. Todas las pretensiones que ella tenía de cambiar las cosas le devolvían un saldo negativo. "¿Te pones las zapatillas?". "No". "¿Te pongo la botella más cerca." "No". "¿No querrías cambiarte de calcetines, andas con ellos por el suelo?". "No, que está bien". "¿Quieres que te ayude a enderezarte?". "No, no ... deja". Mi prima se pregunta cómo se puede vivir así, con la cabeza fuera de la almohada, el cuerpo a través del colchón en posición fetal desdoblada, la mitad de las piernas salidas de la cama; yo también, pero eso es normal. Ella se va apesadumbrada, ni siquiera su visita la reconforta ahora. Yo me voy para oler aire vivo y traérselo a mi hermano mañana en un frasco de bocas frescas y flores magnetizadas de septiembre.

Hiel


En este hospital la vista se posa en gente diferente todo el tiempo. Nunca sabes quién te va a atender y tú tampoco eres una cara conocida para las personas que trabajan aquí. Somos dos batallones de extrañeza, de recelo mutuo; pero el personal del hospital respira este aire sin dificultad y a mí me quema la garganta.

Libre


Estoy de vuelta en el hospital y su dinámica de termitero. Yo, sin embargo, quiero liberar el cuerpo en este lugar donde revisan y doman los cuerpos continuamente; quiero hacerlo volar y superar cualquier preocupación que no sea la del alma, ignorar la actividad constante de la máquina a mi alrededor.

Mi hermano me busca con la palabra y me obliga a levantar la vista de mis libros una y otra vez para responderle o escucharle. Yo estoy con él, pero no soy de nadie.

Writing


Yes, I write, I do write. I did write, today, I wrote all day today. That's me now, all about writing and all about listening to the sound of the words and the scent of their stay and the rigging of their stature and their tender loving flow. That's all, that's that, in all, at once.

lunes, 2 de septiembre de 2013

Sweet september


Me resisto un poco a escribir en inglés, but I must. El inglés fluye con facilidad e imaginación en este mundo que me ata a Madrid gagging me en esta vida que tengo en la que escribir en Londoner’s own me libera y me reviste de mi yo inicial y tal vez más supremo. Pero sé que escribir en inglés es demasiado fácil para mí (although preemptively so ...), y me atrae lo difícil: leer lo difícil, memorizando la frase anterior para no perder la esencia ni las palabras que me importan tanto. (Dios, ¿cuántos más cafés necesito ahora para poder mantener la cabeza y el cuello erguidos?? Let's proceed once more now).

Y ya sólo leo en inglés (ni siquiera es premeditado), lo que me permite sobrevivir con mis dos identidades de forma saludable. Lo que pasa es que me siento más londinense que madrileña, and that’s a fact, y no sé muy bien qué hacer con esto; buf, no puedo renunciar, obviamente, pero tal vez me desplaza demasiado y me aleja de la oportunidad de una comunicación fluida con gente aquí. No debería ser, pero es.


¿Qué pensará Bunmi de todo esto? La verdad es que voy a preguntárselo ahora (he aprendido las cursivas de Virginia Woolf y Vita Sackville-West (honey), y sí, son las cursivas inglesas!  

domingo, 1 de septiembre de 2013

Sangre


Ya es septiembre, y para mí éste es un mes mágico en el que mis ideas concuerdan y puedo crear, me siento bien conmigo misma; y este año va a ser mejor que otros, mejor que todos, porque soy consciente de lo que puedo llegar a conseguir en septiembre cuando miro y reviso todos los otros septiembres.

No estoy flotando embriagada en ningún ambiente con exceso de oxígeno, ni tengo alucinaciones de éxito y conquista como en tantos otros rodajes; no siento que otras personas son dueñas de mi tiempo, ni que mi vida está empezando o que empieza de nuevo. No es nada de eso: es simplemente septiembre, mi septiembre, cuando no necesito metas porque yo ya soy capaz de hacer sueños y proyectos realidad como he hecho durante tantos otros septiembres: serendipity, intuición, lucidez. Pero no, no vivo en un mundo de fantasía.

Hoy me había olvidado, no me había percatado de que era uno de septiembre, porque tras leer con pasión hasta las cuatro de la madrugada mi madre me ha levantado tres horas más tarde con la tremenda noticia de que mi hermano había pasado una noche aciaga y me ha pedido que llegara allí a las ocho. El destino ha jugado toda la noche a la ruleta rusa con su hijo.

No necesitamos muchas palabras mi madre y yo. Yo no se las pido, no quiero exprimirle su escasa y preciada energía mental y emocional, y siempre hay tiempo para preguntas. No me da muchos detalles, pero tras oír las primeras palabras al coger el teléfono un instante después de estar soñando, mis oídos se agudizan y mi cerebro se despeja rápidamente. Mi hermano ha estado muy mal esta noche, como papá. Bien, sé perfectamente lo que eso significa.

Yo tampoco necesito muchas palabras conmigo misma cuando me lleno el termo de café y decido no ducharme porque quiero saltar en un taxi en cinco minutos; pero no puedo olvidarme de mis galletas porque Dios sabe cuándo voy a poder comer, y tres horas de sueño dan por lo menos para un par de galletas. Entre envolver las galletas en plástico de cocina y salir corriendo sin hacerlo hay cinco minutos en los que mi hermano puede estar muriéndose. Cuando la vida se mueve con esos parámetros yo saco lo mejor de mí misma (es septiembre, lo mismo pasó con mi padre el año pasado) y sé tomar decisiones, sé moverme entre campos de minas, sé orientarme en la total, absoluta y aterradora oscuridad. Mi hermano necesita que yo tenga café con leche de soja, que yo me haya comido unas galletas, que me haya podido mirar al espejo dos segundos más para saber qué aspecto voy a tener cuando me enzarce en batallas campales y siniestras con el equipo médico.

Las cosas pueden llegar a ser muy sencillas. En este caso nada de ello es nuevo, pero el año pasado todo lo era, y, sin embargo, mi comportamiento es muy parecido, aunque ahora cuento con la pequeña ventaja de la anticipación. Pero también conocer la verdad por anticipado a veces pesa como una bola de hierro.

Aquí estamos: la madrugada, el alba, el taxi, la calle desierta, el camino, la llegada, los ascensores en triplicado, la espera, los pasillos, el abrir la puerta de la habitación y entrar y pasar a formar parte de un ecosistema propio, alejado del mundo que ves allá debajo de las hileras e hileras de ventanas de todas las habitaciones.

Mi hermano físicamente cada vez se parece a una versión joven de mi padre, y el tener lo básico: una cama, un pijama azul, una mesita y una silla con joroba, hace que sus similitudes estén todavía más acentuadas. Y mi hermano está enseñando al mundo la misma mirada de zorro plateado.

Hay una cierta normalidad dentro de la estructura de una situación anormal, es como la vida en las trincheras donde los dientes no sólo sirven para comer sino como utensilio de trabajo o incluso moneda de cambio o de estraperlo.

El tiempo pasa volando cuando entablas una amistad imborrable con su compañero de habitación en cuestión de 24 horas si él ha estado presente en las crisis y ha estado a la altura. Y yo sé cómo utilizar el tiempo porque se te afinan los minutos y se te afilan los segundos, y en una habitación los metros útiles se usan al máximo para moverse, para buscar cosas, para colocarlas bien, para rodearle, tumbarle, moverle, sostenerle, circunvalar su aprensión y su mal humor, hasta para escucharle o inspeccionar su respiración cuando duerme. Los matices llegan a ser infinitos y nunca dejas de aprender(te) una nueva lección para los siguientes veinte minutos en los que una situación puede repetirse.

Le acaban de poner un aerosol y parece un astronauta o un viajero de la nave de Star Trek Voyager cruzando el tiempo y el espacio.

La sangre de mi hermano es intensamente roja antes de secarse en la sábana. Bueno, la verdad es que nadie sabe lo roja que es la sangre hasta que la ve en una bolsa. Esta mañana va por la segunda transfusión. Subo la vista hacia el colgador de la bolsa y mi mirada sigue con una lógica geométrica la línea curva del tubo que lleva la sangre a su vía en el brazo. El otro día, en un goteo de sueros, la vía se arrancó y la sangre chorreaba empapando las sábanas debajo de la manta, lejos de nuestra atención. Bien, yo me di cuenta, como siempre te das cuenta de esas cosas, cuando la hyène aparece silenciosa y agorera y cerca a tu padre o a tu hermano, dando vueltas por lo que ya considera un cuerpo perdido o a punto de caer. Es una sensación muy rápida, una fracción de una fracción de segundo, if you blink,  you miss it, y si no hubieras estado allí, cinco minutos es todo lo que se necesita cuando la sangre tiene vía libre.

La sábana y su pijama hoy tienen pequeñas manchas secas y otras más recientes y más rojas. Son como lunares que podrían tal vez cambiar de sitio como fichas del juego de la oca, por ejemplo. Tiene dos vías en los brazos y las conectan a esto o a lo otro constantemente, le pinchan el dedo para medirle la glucosa, le dan inyecciones, y la sangre simplemente mancha. La sangre se ve, es imposible no verla, no reflexionar sobre el hecho de que su lugar no está fuera; es un recordatorio del dolor, de la vulnerabilidad, de la lucha. A él no le importa ni le da miedo. Es más, no se ha percatado cuando yo le pregunto si quiere cambiarse la parte de arriba del pijama. Se busca las manchas por delante y por detrás girando y retorciéndose el cuello con cierta perplejidad. Yo cambio la sábana rápidamente con un golpe de muñeca fuerte cuando él va a la baño. La hyène retrocede, me enseña los dientes, gruñe asquerosamente y se va mezclándose sus patéticas cuatro patas quebradas en la huida.

El calor


Esta noche tengo el calor en el cuerpo, un calor febril, con sabor a pólvora. Recorre mi piel y le recuerda el fuego que arde bajo su superficie. He podido olvidarlo durante un rato, pero antes de dormir me invade de nuevo. 

There is much more to the truth than meets the eye ...