sábado, 18 de enero de 2014

Aero


He estado mirando al mundo desde fuera, como desde un globo aerostático, permitiéndome el lujo de no sentirme demasiado responsable de mis emociones. Pero creo que mañana ya voy a poder enfrentarme a ellas de forma más ponderaba y actuar sobre ellas, actuar en consecuencia, causarlas de una manera más o menos dirigida. Mi vida a veces parece un gran experimento. 

Tengo un desfase horario total, pero a partir de mañana quiero tomar responsabilidad sobre el descontrol e intentar darle algo de lógica a los horarios del día. Siento la cabeza como un holograma, y necesito reorganizar la energía.

Puedo reflexionar. 

miércoles, 15 de enero de 2014

Veracidad


Escucho constantemente mi narrativa interior y me gustaría poder desvirtuarla a veces y reencaminarla. En todo caso resulta fascinante su presencia, su multiplicidad de unidades caóticas que como mariposas blancas salen en estampida cada vez que levanto la cubierta para escuchar qué era ese ruido. Cuando escribes esperas que desde el surtidor de tu mente te lleguen los mensajes de humo. Es muy extraño el depender de esta suma de casualidades, o de que exista en tu mente cierta claridad para poder expresar lo que sientes, lo que piensas. 

He estado pensando mucho en la naturaleza de mi veracidad. Ya no se trata de ser original, de hacer bien las cosas, de luchar por lo que quiero, de sudar y sangrar, sino de ver en qué momentos del día puedo por lo menos sentir una coherencia entre lo que hago, lo que digo y lo que siento y pienso. 

Hoy me he dado cuenta de que lo peor que me pasa es tener miedo, sentir esa multiplicidad de miedos constantes de los que ni siquiera soy consciente. Y me he percatado de que el sonido ensordecedor que a veces me rodea está formado por el tejido de esos miedos. He tenido que hacerme a mí misma unas cuantas aclaraciones. 

Mi cabeza es una regadera enmohecida rellena de tierra entre la que crecen margaritas por generación espontánea, y no puedo fiarme demasiado de la percepción que tiene del mundo de un instante a otro. Me resulta difícil la verdad seguirle la corriente. Creo que aunque a veces tengo miedo de vivir en mi cabeza, mis opiniones sobre el mundo que me rodea, los procesos rutinarios, mis relaciones con otras personas, esa conversación conmigo misma me causa un tremendo cansancio, me siento exhausta ante tanta variación de ánimo, y por esa búsqueda incesante. Todo es un tremendo por qué y cómo, y ninguna solución o resolución resulta lo suficientemente estable como para poder descansar y apoyarme en ella.  

Así que es fácil ver cómo he llegado a examinar y sentir necesidad por guiarme por esa veracidad. Lo veraz en mí que al menos no tengo que explicarle a nadie más, pero que me ayuda a sentir un punto de apoyo. Es algo en bruto, una especie de éxito amañado, una prenda de la que no te puedes desprender. Y en mi caso las explicaciones son engañosas y agotadoras. Todo lo que sea justificar tus motivos y tu presencia ante el mundo es una complicación nata. Las explicaciones tienen una coherencia forzada, mientras que la veracidad está nutrida por su propia existencia. 

Me estoy dando cuenta de que si hubiera escrito esto en inglés hubiera sido muchísimo más fácil que tuviera sentido. 

viernes, 9 de agosto de 2013

Face


My chest is a bulletproof vest with a constant hint of a piercing shot.

viernes, 2 de agosto de 2013

Dead pixels


El cansancio de hoy inmediatamente apuntaba al bulbo raquídeo y ha tentado a las pesadillas. 

lunes, 29 de julio de 2013

Ideas


No provienen de esta ansia, ni se turnan en hileras. Provienen de cientos de momentos diferentes, como la ingravidez de la espuma. Es como querer emular la dimensionalidad virtual de las tundras en verano. 

miércoles, 17 de julio de 2013

Enferma

Estoy realmente enferma y no sé qué hacer. Todo empezó con la regla, me puse peor aunque había conseguido remontar. Hoy me duele el corazón, la vida. ¿Cómo explicarlo? Tengo la suerte de estar en casa, tranquila más o menos, pero me invade una sensación de vacío que no consigo quitarme de encima. Tal vez si tomo Lamictal me encuentre mejor con la combinación entre el Lamictal y el Elontril, pero no quiero que se me caiga el pelo y me afecte al lado cognitivo. 

No quiero leer, bueno, quiero, pero no me apetece mucho. Ni siquiera me voy a hacer un café, ¿por qué? Porque no tengo la motivación necesaria para ponerme de pie, y hacerlo. Y luego no quiero que se me revuelva el estómago. No tengo pan, no tengo comida, no quiero hacerla. Todo esto es muy precario. Vivo en la precariedad mental. No sé cuánto voy a aguantar así. 

Pero detrás de todo esto se esconde un ápice de tranquilidad y serenidad, una capa, una esencia. No sé si es mi alma, mi ser interno. Me gustaría poder hablar con ella, y lo estoy haciendo, de una manera explícita.  

lunes, 15 de julio de 2013

The elephant in the room

Tengo una hora para trabajar en mi escritura. Entiendo por qué la mañana es un buen momento para desplegar las alas del subconsciente. Cuando inicias el día parece que preparas el comienzo de algo, de un abstracto, ni siquiera es necesario definirlo, pero el ciclo vital te lo pone bien claro, y eso es suficiente para que fluyan las palabras desde el principio de la curva con la excusa de una narración por venir.

La narración en sí tiene forma, es una elipsis, un interrogante, un cursor intermitente, una ocasión perdida o ganada. Si te permites avanzar sin pedir permiso, sin rogar, sin miedo, sin ceder a la presión de darle a la tecla de retroceder, esa inocencia de las horas tempranas será la mecha que te haga situarte en un espacio de creación, un lecho para el descubrimiento.

Lo que noto ahora que tengo el ánimo afectado por un valor descendiente es que me planteo mi vida, me hago preguntas, reproches, experimento un tapón en el progreso de mi futuro, echo de menos desesperadamente un plan que funcione. Pero la vida es como narración, un fluir constante whether you like it or not. En ella la calidad ni siquiera es lo que importa, es simplemente un avanzar por los minutos, un devanarse por los espacios del tiempo, un trepar por las inconsistencias del presente, un allanar el camino, un camino que no es menos camino por tener fin.
 

Importas

Durante varias semanas he detenido la tarea de descifrarme. Tal vez haya ahora en mi vida un gran tabú que me envuelve y me impide expresarme. Las aguas en la que nado ya no son multicolores ni están llenas de peces. Tengo que ajustar las herramientas de precisión y soltar diatribas imaginativas, desinhibirme de nuevo, liberarme, volverme porosa, volver a emocionarme con pequeñas conquistas.

Habría que hablar del amor, de cómo en el libro lo hemos descrito tal y cómo lo teníamos grabado en nuestro adn, y tal vez por ello la traición pesa más y hace más daño el no poder haber creado nuestro amor fiel a esa fantasía. Septiembre odiaba que se lo dijera, pero el amor que construyes no hace sino conjurar el deseo de amar y ser amada y lo convierte en un hecho real donde comulgan ambas personalidades, historias y futuros. Cada amor es distinto y por tanto incierto. La traición no es tal. Empiezas de cero, no de cien: tienes que vaciarte, y no solo embriagarte con tu fantasía que es con la que puedes impedir que las almas realmente se reúnan.

De todas formas no tengo ninguna lección que ofrecer, ninguna enseñanza. No tengo amor, y además le temo. Temo que llame a mi puerta y me busque, y comience a hacerme exigencias. El otro día me sorprendí a mí misma porque noté que me gustaba una chica. Fue una sensación vibrante pero irrealizable, y además no del todo deseada.

Hablar de mí en primera persona me resulta extraño. Escribir es diferente, siempre parece que en el fondo es una botella lanzada al mar; no tiene el vértigo de la inmediatez, del desencuentro; ni siquiera el pavor y dificultad de escribir se acerca al de hablar y conversar. Cuando hablas de ti con otras personas tienes que saber utilizar bien la gramática de lo razonado, lo narrado, la apertura, el contexto. ¡Qué difícil! A veces es más fácil moverse en la oscuridad.

Pero claro, el amor romántico se hace con un buen haz de agentes aliados: la pasión, el deseo, las endorfinas, el entusiasmo. Sé muchas cosas sobre el amor, sobre el enamorarse, y esta vez no se me van a olvidar.

El alud

Esta noche voy a intentar enredarme de nuevo con mis palabras. Es a base de perseguirnos y encontrarnos que llego a comprender mi identidad. Hoy quiero escapar y no hablar de lo que me hace daño porque lleva doliéndome todo el día y no quiero darle más espacio. Es tan omnipresente y tan enorme que lo único que puedo hacer es buscar estrategias para contener sus ingentes dimensiones. Al final llego a la conclusión de que no puedes dejar que te importe tanto, que la vida aunque muerda no debe doler, que nuestro deber es mantener el tipo aunque nos intente derribar un alud.

domingo, 14 de julio de 2013

Abrazos rojos

Me estoy encontrando fatal, y lo ideal sería poder confundirme con las horas y dedicarme a narrar alguna historia desprendida de las yemas de mis dedos, pero eso no puede pasar siempre. No sé por qué, pero de nuevo se me ha metido una serpiente de agua en el cuerpo, en el sistema, y aunque intente salir adelante la serpiente me muerde. 

lunes, 10 de junio de 2013

Una pequeña ayuda


Esta mañana no me siento nada fuerte. Si me tomara un café estaría mucho mejor, seguro. Pero no tengo energía para enjuagar la cafetera y el cazo. Me he levantado y me he puesto delante del ordenador, sentada en el sillón en vez de tumbarme en el sofá con el portátil, y eso es un gran avance que tengo que reconocer. 

Me siento físicamente algo floja, y no me importaría si estuviera haciendo un gran proyecto y el cansancio fuera algo heroico y el descansar una recompensa. Ahora no podría decir eso. El estar cansada parece algo ridículo y el descansar tiene rasgos narcisistas. 

Creo que por el momento no voy a poder superar esto sin medicación. Da igual cómo me ponga. La vida está simplemente parada y no valgo para nada en este estado. Me da muchísima rabia porque no soporto la idea de tener la cabeza gobernada por una pastilla. Tal vez cuando tenga pareja y alguien pueda cuidarme y apoyarme en esto pueda iniciar una vida sin medicación, pero por ahora la cosa no tiene perspectiva. Simplemente no tengo dónde aferrarme.

Me he puesto a hacer gestiones de la testamentaría de mi padre y se me ha caído el alma a los pies. No tengo valor para hacer esto sin una pequeña ayuda, así que al final he claudicado. Pero como no sé lo que me depara el futuro continuaré la empresa de mi vida con la ilusión por las cosas bonitas y los proyectos que me esperan. 

Make or break


En esta semana tengo que encontrar sentido a las cosas. 

domingo, 9 de junio de 2013

Frescura


Puedo escribir y sentir la mente fresca y privilegiada. Lo noto también al leer, y es lo que estaba buscando. Necesito que mi cabeza no sea un laberinto de elipsis y zonas ciegas. Necesito notar el tirón de la última palabra de una frase en su orden sin que se evapore al aparecer la siguiente. Ahora tengo sueño pero me gusta dejar esto último para ahora y sentir como las cajas chinas no se están desmoronando. 

A partir de aquí podemos avanzar. 

martes, 4 de junio de 2013

Apatía


Estoy sumida en esta depresión y no estoy haciendo lo suficiente para ayudarme a mí misma. Supongo que de eso se trata la depresión. No es que no quiera ayudarme, es que me gustaría que surgiera de forma más espontánea, sin esfuerzo. Estoy sufriendo de forma pasiva, y sufriendo mucho, pero albergo la esperanza de que todo esto se disperse de forma natural, lo mismo que ha venido. 

A pesar de mis privilegios tengo muchas limitaciones que no tienen otras personas, soy consciente de ello pero intento no pensarlo porque el tema está atado y bien atado. Cada vez que sufro el latigazo de la angustia o la ansiedad me digo a mí misma que debo dejar de sentirla, porque eso es estar deprimida: dejarte vencer por la angustia, por el estrés, por los pensamientos negativos. Y sí estoy luchando contra eso. Cada vez que se me cruza un pajarraco me digo a mí misma que es una ilusión, una pesadilla de la que hay que despertarse. La mente te dice cosas que no son verdad, que son hirientes y que te mantienen fuera de juego. Me he perdonado muchas cosas, todas las que he podido. 

Tan sólo quiero ver con claridad, sin espejismos, sin dolor. En estos momentos tengo el reloj parado y no me exijo nada. Quiero tener muy claro cuáles son mis pasos. 

Mi gran problema ahora no es la ansiedad, porque hago todo lo posible por ignorarla, es la apatía. Detrás de la apatía hay una desesperación subyacente, claro, pero no la estoy alimentando. La apatía es tener poca libertad de movimientos, está todo muy centralizado y haces lo mínimo. Aún así, dentro de esta apatía, mantengo a mi cerebro atento, y estoy esperando al momento en el que poder darle ese aliciente más que prenda la mecha de mayor actividad. Seguramente esto no suceda (aunque sería lo mejor), y finalmente tenga que forzarme a reinsertarme en mi propia vida. Sé que no voy a dejarme irme a perder, no tengo ninguna motivación autodestructiva de la que yo sea consciente, así que es cuestión de días el vincularme de nuevo y salir de esta cueva. Mientras tanto, intento disfrutar de las vistas. 

lunes, 3 de junio de 2013

Canto de cisne


Todo lo que tengo en la cabeza no es más que el resultado de una mente que no procesa la realidad como debería. Quiero decir, de una forma saludable. Tengo que tener esto en cuenta, porque si comienzo a creer que la vida es esta sensación en la que me estoy enganchando, voy a sufrir en vano y darme por vencida. 

Así que estoy observando el vacío en el que me encuentro e intentando no darle ninguna importancia, para así poder salir de él. En el momento que un monstruo no te asusta es ahí donde te das cuenta de que puedes respirar, de que tal vez tienes curiosidad por salir y respirar el aire fresco. Tengo que repetirme una y otra vez que no está pasando nada y que todo es normal. Porque tener problemas es normal y la tristeza también es normal. 

No está pasando nada. Si estuviera tomando la medicación me habría puesto las pilas y estaría haciendo cosas, pero como no tengo esa ayuda química estoy intentando resurgir, salir adelante, abarcar la complejidad de la existencia humana. 

Lo curioso del tema es que cuando estoy bien no me taladro la mente con problemas, con disyuntivas, con ansiedad, con grandes preguntas. Por eso tengo que olvidarme de la ansiedad, las disyuntivas y las grandes preguntas. No vienen al caso. No hay que pensar. Hay que tener valor y luchar sin torturarse. Porque lo que realmente cansa es la tortura mental. 

Ya no tengo miedo a la soledad ni al rechazo. Siempre encuentro una manera de sobrevivir todo. No tengo ni idea de qué va a ser de mí en el futuro, pero no voy a preocuparme por eso ni ahora ni luego. El futuro llega igualmente. Ahora no tengo planes, y espero que se me ocurra algo. Si no es así, lo será en el futuro porque no habrá más remedio.

La medicación te da energía mental para hacer cosas y te quita la ansiedad, así que las cosas no te preocupan, no te hacen el mismo daño. Es como un escudo. Cuando la tomas no averiguas de repente el significado pleno de la vida; simplemente dejas de preocuparte por las cosas, te movilizas, empiezas a tener ilusiones por pequeños proyectos que ocupan tu tiempo, y te sientes más relajada con la gente. 

No puedo creerme que sea tan difícil el hacer lo mismo sin la medicación. Sólo tengo que dejar los miedos a un lado. Está claro que además en este momento tengo la mente un poco recauchutada. Lo noto por la forma de escribir. Es muy simplona. Pero voy a aguantar el estirón. Eso es lo importante. 

Me gustaría estar con alguien que me entendiera. Tal vez suceda alguna vez. Alguien que fuera capaz de darse cuenta de mis cualidades y me quisiera. Qué difícil. Qué difícil que te quieran sin peros.

Así que lo que tengo que hacer es meterme en la cabeza que no pasa nada, que la única "salvación" consiste en trabajar con un proyecto en mente, y todo lo demás simplemente forma parte de la vida. No puedo creerme que al dejar de tomar el Lamictal tres días ya es suficiente para la gran depresión. Creo que se trata de que el cuerpo está intentando nivelarse a nivel químico, así que no le voy a dar vueltas al asunto. Tengo que levantarme y primero de todo ponerme a escribir, y después leer. Eso es lo que tengo que hacer, y ya está. Lo estoy dejando para mañana, lo cual está mal, seguro, pero debo ir hacia adelante, luchar, trabajar, seguir siendo yo. 

No voy a hacer caso de esta voz que me dice que mi vida es un desastre. No voy a hacer caso de esta voz que me dice que mi vida es un desastre. No voy a hacer caso de esta voz que me dice que mi vida es un desastre. Y si tengo la osadía de dejar mi medicación, lo mínimo que tengo que tener es también la valentía de vivir sin ella. Y ahora la voz interna dice que no tengo ninguna valentía, pero supongo que sí la tengo, en realidad. 

Me está empezando a entrar cierto agobio, pero es que llevo todo el día intentando tranquilizarme, y eso cansa mucho. Voy a intentar vez una película y luego volveré aquí. Creo que tengo la cabeza un poco afectada por todo, y ahora de repente me están empezando a entrar ganas de llorar, pero no voy a hacer caso. 

Estoy aguantándolo todo, es increíble. Esta es una enfermedad tremenda. 

Estoy empezando a flojear ahora. Estoy pensando que los peques han sido una parte muy importante de mi vida, y que ahora ya no lo van a ser. También que tengo ganas de llorar. Y ahora es el momento para decir que aunque no sepa cómo todo va a mejorar. Todo va a ir mejor. Es estar encerrada en casa sin nadie con quien hablar, el no arreglarme, el no tener qué comer: todo va a ir a mejor. ¿Cómo? No se sabe, no hay que pensar en todo, no hay que tener una solución para todo, una reflexión. Con un poco de buena voluntad todo va a ir a mejor. El tiempo pone las cosas en su sitio. 

Estoy empezando a pensar que no voy a ver a los niños, que voy a ser una extraña, pero tengo que dejar de pensar eso. Es la enfermedad la que habla, la que me está haciendo daño. No tengo que permitirle que me haga daño, no tengo que permitirle que me haga daño. Voy hacia adelante, a mejorar, a brillar, a encontrarme a mí misma, y este duro periodo que me ha tocado vivir lo voy a pasar, lo voy a superar. Todo va a ir bien, todo va a ir bien, todo va a ir bien. Voy a erradicar todos los pensamientos negativos que tenga en mi cabeza, todo el estrés, voy a decirme que todo va a ir bien, que todo va a mejorar, que estoy bien, y que sólo tengo que descubrir mi verdadera personalidad. No tiene que pasar nada nuevo, simplemente descubrir al exterior mi talento y mi capacidad. Tengo que hacer esto de manera periódica, a otra gente no le sucede, pero no importa, algo sacaré en claro. 

Sacaré que a pesar de todo voy a ser fuerte, y que esa fortaleza que estoy aprendiendo ahora la puedo poner en marcha en muchas situaciones diferentes. En primer lugar: no escuches a tu mente, aprende a escuchar a tu intuición perdida, la necesidad de todo ser vivo de vivir, de sobrevivir, de estar bien. La medicación parece que te sella la memoria, te quita las experiencias negativas y te hace mirar sólo hacia adelante, pero creo que yo puedo, aunque esté rota, sobrevivir también, y salir adelante sola, con esfuerzo y conocimiento interno de quién soy yo. He hecho mucho hasta ahora. He decidido muchas cosas y me he deshecho de muchos miedos y cavilaciones, pero ahora es el momento de poner en marcha mi verdadera fuerza, mi verdadera personalidad que está un poco escondida bajo este manto inmenso de duda. 

Tengo que cambiar mi forma de pensar. Cada vez que piense en algo negativo voy a hacer el esfuerzo de quitármelo de encima. 

domingo, 2 de junio de 2013

La frase que me diga lo que tengo que hacer. 

viernes, 31 de mayo de 2013

Dardos

Siento un desmayo generalizado en todo el cuerpo, y no sé si es por la presión contenida en él, o una tendencia suya de sentir más la gravedad cuando estás apoderada por una gran emoción dolorosa. 

sábado, 5 de enero de 2013

Colores


Desde que murió mi padre, he conseguido encontrarme a mí misma, y me he enfrentado cara a cara con los sentimientos y las emociones que importan, porque mi piel y corazón se desprendieron de las tristezas baldías, adquiridas por la necesidad, la impotencia, la desubicación, el constante mortero de fuerzas que no te permiten ser quien eres (y que en el fondo generas tú). Y mi casa y mis alrededores se han llenado de color; desde hace mucho tiempo quería bañarme en esa luz y color, y necesitaba integrarlas en mi ambiente, en mi respiración, dentro de mis branquias de acero. 

Y ahora noto esa plétora de sensaciones agradables en el refugio ardiente y barítono de la soledad y la escritura, de esta soledad que intentaba guardar y convertir en el seno de mis pensamientos más vitales, más sonoros, más internos, más floridos. Y todo esto ha sucedido por sorpresa. Siempre lo he intuido y lo he buscado, incluso en los rincones más oscuros de mi mente, en los callejones más sórdidos y brutalizados de mis sentimientos y en las travesías por el desierto, por el aullido y la pesadilla. Pero no esperaba ser una Eurídice reclamada; es como si mi alma en realidad se hubiera dejado guiar por sí misma, por su propio y retornado Orfeo, con aquel que puedo convocar cuando el ego y los miedos no se conjuran contra mí. La pesadilla ha terminado. Las cadenas se han roto solas y han caído a mis pies. 

Mi nivel de ansiedad se ha reducido en un 80%, y prácticamente solo salta cuando me anego con la intensidad burocrática de las gestiones de la testamentaría de mi padre, y en algunos de esos momentos lloro incluso ante personas extrañas que finalmente se dan cuenta de que pedir y presentar todos estos papeles de mierda no es un proceso natural e indoloro; la gente suele cambiar el chip para ayudarnos en vez de obstaculizarlo todo con esa chirriante voz impostada, surrealista y monótona que a menudo tienen. 

No lloro para conseguir su atención, simplemente lo que sucede es que comienza a acumularse una presión de tipo cardíaco, como un géiser poderoso que me ahoga y amenaza con reventar mi corazón (como le pasó a mi padre el día que murió tras más de 24 horas con 150 pulsaciones por minuto). Pero el apreciar la belleza de la evocación y reconocer la intensidad de lo que estoy viviendo, o enviar un pensamiento a la estrella del cielo que luce en su recuerdo, volver a sentir la valentía de mi padre y los preciosos sentimientos florecidos al estar con él, finalmente se convierten en una conversación tierna y cercana. Otras veces me guardo la emoción para una momento más íntimo y personal donde esté sola o con mi hermana.  

Así que de repente (y de nuevo, como en la infancia) me dejo mecer por el calor que vibra en mi habitación, por los viajes interiores, por las horas empapadas de trabajo creativo que voy surcando intensamente cada día. Y me implico en otras historias leídas, otros escritores y escritoras que me han precedido, otras personas con quienes finalmente puedo conectar ya que ahora compartimos el mismo estilo de vida. Como siempre, no me lo esperaba. Y sigo haciendo esas cosas que no hace nadie más que yo, esa combinación excéntrica e imposible de vintage digitalizado, birracial, marcado por el trotamundismo, la curiosidad y la nomádica inmersión en tu propio mundo. 

Es increíble cómo puede llegar a ser posible el encontrarte feliz en tu espacio, natural en tu soledad, tranquila y fértil en tu trabajo diario, propusalda por los estímulos de tu entorno personal. No sé muy bien cómo he conseguido dejar de sentirme atacada, tiranizada y presa por esos miedos, esas críticas y presiones interiores y exteriores. Creo que simplemente o las he dejado pasar o las he integrado. No sé si es un signo de madurez, de dejarse llevar por la edad y que no te importe el dolor pasado, de haber sido siempre optimista y haber esperado el momento, mi momento. Una de las cosas que siempre me repetía y decía a otras personas para tranquilizarlas (incluso viéndolo demasiado lejano y fuera de mi alcance en muchas ocasiones) es el bogardiano everything is going to be alright, kid; you'll see

I see.

“...in order for this to happen, your entire frame of reference will have to change, and you will be forced to surrender many things that you now scarcely know you have.” 

James Baldwin 

miércoles, 27 de junio de 2012

Pequeñas cosas



Voy avanzando poco a poco con el montaje. La verdad es que es un poco desesperante, porque tardo mucho. Como estoy rehaciéndolo tal cual estaba, no tengo la libertad de improvisar demasiado, o crear lo que quiera, y esto hace el trabajo más tedioso. Sin embargo, he amasado pequeñas técnicas para hacerlo más rápido, más sincronizado y más automático, y ahora soy bastante buena en pillar un fotograma al vuelo con los ojos semi cerrados. 


Pero el ímpetu, el impulso, la resolución de hacerlo, me ayuda a encontrarme a mí misma. Simplemente apoyar la espalda en mi sillón de montaje me hace recuperar parte de la identidad de la persona trabajadora que siempre he sido. 


Parece poca cosa, pero para mí tiene un enorme significado. Son estas pequeñas pocas cosas. 



jueves, 7 de junio de 2012


Me dedico a beber una taza de té tras otra mientras monto la serie y respondo a las redes sociales que están echando humo tras el evento de series web de ayer en el que participé. Fue mi bautismo de fuego en mi nueva singladura profesional tras este periodo tan largo. Y ya que la medicación funciona tiene sentido que pueda ir conquistando nuevas alturas poco a poco. TVE me ha entrevistado, y como la periodista era un cielo y yo llevaba las preguntas más o menos preparadas, no fue el duro trago que pensé iba a ser. También el hecho de que fuera La 2 me tranquilizaba. Saber que la audiencia de La 2 (aunque repita en el canal 24 Horas) tiene mucho en común conmigo, me ayudaba a no tener tanta vergüenza ni miedo de decir alguna que otra tontería. 


Pero el té (con leche de soja, that's how I like it) es mucho más que una forma de humedecerme. Es sobre todo una manera de volver a mi ritmo de trabajo londinense, mojando los días de trabajo con el brew hora tras hora tras hora. Estoy segura de que la teína tiene un efecto singular en mi cerebro, mientras que la cafeína cada vez me sienta peor ...


Hoy vuelvo a dormir en el sofá, y sé que mis rodillas y mi columna van a sufrir, pero todavía no se han copiado los archivos y el mac sigue rugiendo en mi dormitorio. Ya tengo solución para eso, me he comprado una tarjeta USB 2.0 para el G4 y espero que me lo haga más llevadero la próxima vez. 


Tengo sueño, pero estoy satisfecha. Todo esto tiene efecto acumulativo y cada vez tengo más confianza en mis propias fuerzas.