viernes, 31 de agosto de 2012

Ya es Septiembre


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If I ever lose this heaven .... Yo estuve en ese concierto. 
Sé lo que sentí. Ahora es por ti. 

Espacios de paso


Es un movimiento por un universo extraño, un cubo metálico asustado, reducido, trasquilado, reciente. Lo observo y no voy más allá. Se me han cercado las lágrimas, y aunque todavía algo las impulsa a salir, ya no quieren. 

Emprendo aprendizajes furtivos de nuevas impresiones y sentimientos. Sumersiones para encontrar invenciones enraizadas. Poseo en mi memoria el perfume de las flores incendiadas en el aire de la salvia. 


Lenguajes


Estoy escuchando mucha música porque quiero envolverme en un nuevo lenguaje, y de esa manera, junto con el visual enriquecer mi escritura. Ha estado completamente centrada en mi concepto del amor y en Septiembre durante meses, y quiero cambiar o integrar temas, sentirme más libre. El amor también te apresa y obsesiona, y no quiero que sea así. Quiero vivirlo de forma más natural, al igual que todo. Y necesito airear mi mente. Además debo abstraerme. Si escribo sobre mí es porque he tenido que examinarme, y veo que lo he estado haciendo en círculos, sobre todo porque mis sentimientos han sido tan devastadores que me han quitado la progresión emocional con la que encuentras una perspectiva. Pero esto lo que ha pasado y no puedo negarlo. 

He ido apresando los añicos de este corazón roto, y todos se vinculaban a la matriz, con los que la narrativa era muy parecida. Ahora estoy también encontrándome de nuevo a mí misma y avanzando, recuperando mi ancho mundo, las proyecciones en el futuro, mi olor, mis formas, mi estilo. Estoy intentado verlo desde dentro y desde fuera, sin el filtro de las apreciaciones de Septiembre, que en general han sido bastante negativas debido a una enfermedad emocional autoinmune que le ha hecho rechazar todo su pasado.

Es increíble lo difícil y torpe que es el (re)crearse tras un corazón roto. Es como si las muescas de una espesa ventisca aleatoria lo hubieran arrasado todo y ya no sabes quién eres. Ahora dependo de Serendipity para volver a encontrarme. 


jueves, 30 de agosto de 2012

Tiempos


martes, 28 de agosto de 2012

Ítaca II


¿Qué quedará? ¿Por qué me hizo creer?

Ítaca


Sufro en vano. No hemos existido nunca como hubiéramos querido. No quiero perdernos.

Libertad


 Mi padre está grave pero estable. Espero que salga de esta, pero tengo un mal presentimiento, y me pone alerta, me hace ver el mundo de otra manera. Cuando le acompañé anoche en la ambulancia tuve esa sensación de que iba a ser un momento grabado a fuego en mis recuerdos. Mi padre, que tan mal me ha tratado, sujetándome la mano con total vulnerabilidad, clavándome la mirada confusa fijamente, con un hilo de vida escapándose de su cuerpo por la ventana de la ambulancia, encaramándose en su sirena estridente para por lo menos mostrar su derecho, contagiarse de la vibración sonora, volar con la velocidad vertiginosa a través del aire, viajando como por el océano, las nubes, disfrutando las vistas y respirando profundo la emoción de ser libre. 

Hay momentos en la vida en los que te das cuenta de la cantidad de oxígeno que necesitas, que necesita el mundo para moverse hacia adelante, para asumir las situaciones difíciles, para que te quepa toda la humanidad que ese único instante genera. Cuando lo que sucede es la pura verdad, es la vida sin adornos y aún así bella en su grandeza, bella en tu inanidad, potente porque tú estás allí y él está allí, y todo tu cuerpo se expande y formas parte de algo, no sé el qué, pero de algo.

lunes, 27 de agosto de 2012

Cerebro enfermo


Tenemos motivos para pensar que mi padre podría morir en cualquier momento. Esto siempre ha sido así, pero desde el viernes no puede tragar la comida, se duerme constantemente, sus movimientos son muy difíciles y mi madre dice que tiene arritmia. Aún así ha estado cariñoso en ciertos momentos, atento también, pero cada día pasa más horas ausente. Ayer tuvimos que sacarle toda la comida de la boca porque no la había tragado y no queríamos que se atragantara y pudiera ahogarse.

Esta noche mi madre no ha podido dormir. Pensaba que mi padre se moría. Esta semana y hasta que haya mejoría voy a dormir en su casa. No quiero que pase nada y que mi madre esté sola. 

Me estoy preparando para lo peor, aunque eso nunca es posible. Si mi padre no traga habrá que ponerle una sonda en el estómago, y eso lo estábamos temiendo, porque es un camino que le hará tener cada vez menor movilidad en la boca, en la cara tal vez, y le podría precipitar a ciertos rasgos de un estado vegetativo. 

Sus constantes vitales están todavía manteniéndole, aunque todo está desestructurándose muy rápidamente, y su organismo se descompensa, el cerebro acusa un mayor retroceso, y su cuerpo sufre. No sé qué va a pasar. 

Tengo que ser fuerte, porque sólo el pensar que pudiera morirse ya me pone en un estado de alerta angustiosa, y no quiero deprimirme, porque mi madre no tendría ayuda. Voy a llamar a mi hermana. Hoy hemos hablado y tenía la voz temblorosa. 

Acaba de llamar mi madre: a mi padre se lo llevan en una ambulancia. Voy corriendo.

domingo, 26 de agosto de 2012

Dureza


Estoy trabajando para acallar los aullidos del alma, y siento algo así como una amputación, y el miembro todavía en carne viva, escociendo y estertorando porque se ha separado del cuerpo. 

Sé que tengo que aprender a esperar y dejar que el tiempo decida lo que va a pasar, pero mientras tanto no logro alcanzar a respirar, a calmarme, a que no me cercenen los pensamientos que tengo, las palabras que se hacen paso por mi garganta y claman en mi voz aunque esté andando por la calle. 

Intento caminar por zonas donde no hay mucha gente, hablo sola porque tengo que consolarme, explicarme lo que está sucediendo. Llevo las gafas de sol puestas porque lloro constantemente, y procuro que sea de noche. Y mi corazón herido declama sus pesares, sus miedos más hendidos, sus esperanzas, y de vez en cuando una palabra o una frase que se repite hasta que mi boca ya no es dueña de ella y el corazón rebasado toma el mando exclamándola, y vuelve a decir lo que siente en un eco constante que no cesa hasta que se disuelve en el aire o mi misma inhalación lo traga. 

Y la verdad es que llevo así, de una forma o de otra, desde marzo. Tal vez tengo motivos para lamentar el no poder recuperarme, el tener miedo de las próximas horas, de mañana, de todos esos minutos inacabables en los que tengo que notar la tensión de este dolor, las ganas de encontrar una postura que me calme, consuelo, el no poder parar estos pensamientos que me consumen el espíritu como larvas acechantes. Y los momentos que he tenido de esperanza, de tranquilidad bajo cuerda, de alegría exultante al recibir las migas de algo que era una fantasía, han sido traicionados por la realidad dura y desnuda como una pared ardiendo a las tres de la tarde. 

Sé que tengo que ser valiente, que debo tener coraje, que los próximos meses, o tal vez años decantarán esta situación por una salida u otra, y tampoco es seguro qué es lo que va a pasar. Pero ayer saqué su ropa, la puse de nuevo en mi armario y eché su colonia en mi almohada para sentirme más cerca de ella. Tengo una nota en mi espejo para darme valor, para recordarme que en algún lugar del corazón de Septiembre me encuentro yo y su ilusión pasada, y que la gente tiende a reconsiderar sus decisiones cuando pasa el tiempo, se les baja la fiebre y se sienten solas, cuando la presencia de otras personas no les colma, cuando el mundo parece incompleto sin el antiguo amor que han dejado atrás. 

No puedo creerme que la cosa se quede aquí, que ella tenga derecho a destrozar lo que hemos construido juntas, que sea como las demás chicas que me han abandonado cuando más las necesitaba. Y que sea tan débil como la mayoría de las personas que no soportan estar juntas más de un par de años, que no tienen el coraje necesario para defender aquello por lo que han luchado, que no quieren creer en nada porque no quieren arriesgar nada. 

Aunque hay algo en mí que me dice que espere, que deje atrás las prisas, la necesidad de estar con ella, la seguridad, el cobijo, no puedo encontrarme a mí misma, no puedo relajarme, no puedo dejar de darme mordiscos y caerme al suelo cada cinco minutos lastimándome los músculos y los huesos. ¿Cuándo va a parar esto?

Hoy he salido huyendo de casa de mi madre tras recibir el último mail de Septiembre, tras hablar con ella y escuchar una voz desenvuelta que me dice de forma contundente y lapidaria que tiene un vínculo conmigo pero no sabe de qué tipo es. Que no me ha elegido a mí, y que quiere tener amantes en varias ciudades, que vuelen a buscarla, que le acompañen, que la contacten por mail por Facebook, por teléfono, que la mantengan ocupada mientras ella vive su vida, porque la vida conmigo no le convence. 

Se siente mal porque yo estoy triste, pero responde en alto y sin apuro a la mujer con quien está y que le pide que se apresure para salir y divertirse juntas durante el resto del fin de semana, sin tan siquiera intentar tapar el auricular para que yo no lo oiga. Se ha convencido de que en el fondo está fenomenal, aunque sea a ratos, de que tiene unos planes estupendos, se siente entera y completamente convencida de que yo le impido crecer. Esa dependencia que tiene de evadirse, del sexo, del orgasmo continuado, no tiene línea de continuidad, no lleva a nada. Es el vacío. 

No quiere dejar ningún cabo suelto, no quiere reflexión, no quiere caer en la sombra de la duda, en la estúpida ternura, en la ridícula levedad del amor. Ahora sólo se quiere a ella misma y a quien le siga; el resto de la gente es una carga, pone a todo el mundo en el mismo saco: sobramos.

Ya no está confusa, ya se está haciendo sus composiciones de lugar, ya se está protegiendo de la lluvia de Madrid, ya se ha endurecido. Es dura, es implacable, es Septiembre.

Pero yo la conozco y hay todavía muchas incógnitas por debatir, no es tan sencillo como ella pretende. No puede esconderse todo el tiempo de sus sentimientos, de la variedad de grises. No es la única que ha cambiado. Tal vez se siente poderosa aplastando la oportunidad que nos merecemos, pero más pronto o más temprano se sentirá desnuda, abandonada, sucia, pequeña. Y se dará cuenta de que las dos somos pequeñas, que no pasa nada, que no importa, que ser pequeña es bello, que la vida son las pequeñas cosas, que de lo pequeño surge lo sublime. 

Y además a ella le falta una asignatura pendiente: no me conoce, dejó de intentarlo hace mucho tiempo, se bloqueó para no verme. Y yo sí la conozco a ella ahora, y esto es tan importante en una pareja, tan impresionante, tan especial. Ella tiene la oportunidad de hacerlo, de descubrirme, de avanzar, de crecer juntas. No sabe lo que se pierde. Cuando lo sepa podremos aspirar a ser felices juntas. 

Pero a mí todavía me queda muy cuesta arriba aceptar lo que está pasando, pero si quiero que esto avance debo hacerlo; y lo haré apartando el cinismo, la malicia, el desprecio que te inocula el desamor, la revancha. Tengo que superar que entregue su amor, su cuerpo, su tiempo a otras personas. 

El tiempo, el tiempo, el tiempo. Por qué en vez de contar minutos no los utilizo para salir adelante. ¿Quién me puede contestar? ¿Dónde puedo encontrar ayuda? Tendré que hacerlo en la belleza de mi propia creatividad, en los tiempos del sudor de mi trabajo, en la evocación del amor sin pensar en ella. Si me siento tan mal ahora, si no soy capaz de superar esta etapa y prepararme para la próxima, es porque sufro de una dependencia nociva, no soy capaz de ser yo fuera de este dolor. Y quiero encontrarme en la seguridad de que valgo la pena, de que me recordarán, de que no me va a olvidar tan fácilmente. Tiene la costumbre de hablar de las historias pasadas como inacabadas, como fracasadas. Pero conmigo no le va a pasar eso, porque simplemente no es cierto. 

No quiero idealizarla, quiero recuperarla tal cual es. Este ansia de superación que tengo deshabitada debo ponerla en acción para fortalecerme, para que cuando me busque me encuentre entera, capaz, independiente, en esencia: la luchadora que soy. 

sábado, 25 de agosto de 2012

El perro negro


Me ha costado mucho, muchísimo, y todavía no sé por qué. Al final he conseguido encender los ordenadores y comenzar de nuevo a montar. He tenido que vencer un vértigo insalvable, saber que tenía que hacerlo y que no lo estaba haciendo. Saber que si lo hacía me iba a encontrar bien, y sin embargo prefería dejarme sufrir y quemarme en el infierno en vez de tomar las riendas de mi voluntad. Sabía que era necesario porque es así que la mayoría de la gente se recupera de un cataclismo sentimental y emocional: trabajando, y para mí ha sido siempre esencial. Pero no podía, tenía las manos paralizadas. Era como si los motivos que tenía de estar triste arrasaban todo lo demás, como si no tuviera derecho a dejar de sufrir. He pasado estos últimos dos días llorando desconsolada de una forma que me ha hecho mucho daño. He vuelto a sentir el dolor mucho más fuerte que antes, y me ha atenazado la garganta, el pecho, los ojos, me ha destrozado los nervios. 

Me ha golpeado duro el darme cuenta de que durante los últimos seis meses he sobrevivido a base de fantasías de mi cabeza. Todo lo que me he propuesto lo he visto de nuevo desmoronándose como un castillo de naipes. Voy a tener que comprenderlo todo desde el principio, empezar de nuevo, aunque no sé si sigo teniendo esa oportunidad.

Septiembre me tiene completamente desconcertada, todo paso hacia adelante es tan poco, no parece tener la suficiente energía para desempañar la pena, para alejarla un poquito, para crear algo nuevo que crezca día a día, que nos haga sentir mejor a las dos, que me dé más seguridad en mí misma. Sigo sintiendo las mismas carencias, el mismo puñetazo en la cara cuando algo no va bien. Es todo tan vulnerable, tan esquivo. Busco al zorro que se pierde en la ciudad, sin darme cuenta de que el zorro soy yo.

He sentido muchas veces cómo mi identidad se desvanecía. Es tan fácil que esto suceda. Debo ponerme a hacer mi trabajo artístico para evitar que esto continúe ocurriendo. En estos meses no he parado de escribir, pero he dejado de lado el montaje de la serie que es lo que me pone en contacto con mi identidad profesional y creativa. Cuando me falta miro alrededor de mi habitación: la gorra de beísbol roja, los libros de cine, los posters de Charlot, y me siento una farsante. 

Me gustaría entender por qué siempre dejo de trabajar cuando tengo algún revés emocional. Es como si me hundiera tan profundo que no le diera importancia a ser yo otra vez. Como si en mi tristeza quisiera encontrar el motivo, la razón de esta disolución, el antídoto. Porque deseo verme a mí misma de una manera integral, examinando las partes, dándoles toda mi atención a las zonas heridas. Como si mi conciencia se tratara de un ejército de glóbulos blancos que corren decididamente al auxilio de los boquetes sangrantes en el cuerpo, arriesgando su vida con coraje, entregados completamente a esta misión crítica, ignorando el resto de mi vida. Pero irremediablemente termino bombardeándome la línea de flotación de forma peligrosa, y no hay nadie que pueda rescatarme. Voy a tener que entender en algún momento por qué me resulta tan difícil el separarme un momento del dolor para resguardarme de la lluvia. Creo que me da miedo intentarlo, y que me encuentre con que mi sitio especial donde me cobijo y que es mi única solución, se haya convertido en un lugar húmedo, destartalado, y se haya desvanecido la última oportunidad de salvarme.

El 2 de julio fue el último día que trabajé en la serie. Esto es preocupante. Quiere decir que llevo dos meses con el trabajo aparcado, exactamente unos días antes de irme a Londres. Cuando tengo un problema me deshilacho, pierdo las ganas de ser yo, intento reconvertirme, reinventarme en el dolor, y por supuesto no lo consigo. No soy Schubert o Chopin, no puedo crear cosas bonitas cuando estoy descompuesta. Ojalá pudiera meterme en esa cabezota mía que no puedo dejarme de lado, no puedo dinamitarme, no puedo escurrirme en la ciénaga cada vez que me siento mal o tengo una desilusión. 

Esta es mi gran vulnerabilidad, mi talón de Aquiles. Es un problema muy serio que acecha a cada paso en falso. Septiembre tiene razón: son nuestros monstruos. El mío es el espectro de un perro negro.

Este año por fin me he recuperado de una sucesión despiadada de depresiones aberrantes. Por eso es esencial que venza el vértigo que me supone el sufrimiento, la negación del yo, y no pierda de vista mi identidad creativa porque llevo toda la vida cincenlándola, y se compone de compartimentos estancos muy precisos que he de libar y proteger. Tengo que escribir y tengo que filmar. No puedo marcharme de aquí sin haber conquistado este monstruo, porque no tendré confianza en mí misma cuando esté en Londres. Tengo que empezar ya. Ahora. Es preciso. Es completamente esencial. Forma parte de Ítaca, y no espera.

Oxígeno


He estado con ella y la he querido, y nos hicimos una promesa de amor, comenzamos a construirnos un futuro; le entregué algo muy importante que necesitaba para respirar, y la hice su custodio. Cuando se ha ido me he quedado sin ello. 

Me ahogo. 

viernes, 24 de agosto de 2012

Al basurero


Creo que finalmente he entendido. Hasta ahora pensaba que nuestro futuro existía, ahora estoy empezando a comprender que hay cosas que no pueden ser. Me he empeñado en llamar amor a lo que no es, y creer que es posible hacer surgir algo bello del conflicto, del desamor, del rechazo, de la insatisfacción. No, no es posible. Esto está durando demasiado, y los gestos que necesito tanto y que debería recibir no llegan, y probablemente se ha frustrado la posibilidad de que lo hagan. 

Hay personas cuyas cualidades son realmente compatibles con las tuyas. Yo debo ser una persona difícil, y en esta ocasión me he empeñado en que me aguanten y que me quieran, y para Septiembre esta podría ser una empresa imposible. ¿Por qué me cuesta tanto trabajo aceptarlo? No hay lágrimas en el mundo que puedan impedir esta realidad. Creo que me estoy buscando la ruina invirtiendo todo mi mundo emocional en una quimera. 

Eso no quita para que siga pensando que ella es una persona maravillosa y que se merece todo el amor, tranquilidad y éxito en la vida. Tal vez ella tendrá que buscar estas cosas a partir de ahora, y yo no forme parte de ninguna de ellas. ¿Lo hará? Voy a hacer su proyecto artístico con ella, voy a ayudarle a crecer, a ilusionarse, a ver que lo que soñaba sobre su creatividad, sobre su nueva vida sin dejarse influir por su entorno, por otras personas, es verdadera, y seguirá dando pasos adelante. Pero cuando finalice no quiero que seamos amigas en un futuro. No lo soportaría. Me daré la vuelta y me alejaré cuando llegue el momento. Terminaré con esto de la mejor manera posible, la más dulce, la más sensible, porque no quiero que ella sufra. La dejaré con nuestro anillo. Representa lo más bonito que hemos tenido juntas: una promesa de amor. Una promesa es suficiente, es bella, es la esperanza. No siempre se cumple, pero es un legado bonito. 

A partir de ahora voy a tener que recomponerme, reconstruirme, navegar por este mar tan bravo, encontrar nuevas claves. Todavía no sé cómo estar sin ella, sin pensar en ella, sin soñar con ella. Pero hoy me ha hecho entender que esta terrible cantidad de conflicto existe porque no hay amor, o por lo menos no hay acuerdo. ¿Y qué es el amor entre dos personas sino una promesa cumplida, un acuerdo tácito? Septiembre no se merece sufrir tanto por mí. Debo dejarle tranquila. 

Es una lástima que no tenga cerca la estrategia concreta para desvincularme de estos sentimientos, de este calvario. Sé que estoy muy lejos de aprender cómo hacerlo. Tal vez concentrarme en esas cosas que sí son reales, que están en mi mano, que voy a conseguir, realizar, sea una de las maneras de aceptar este fracaso. 

Es una pena que no hayamos pasado de la marca de los tres años. Nunca habíamos podido construir una lona de protección, de seguridad para que este desastre no sucediera, esa es la verdad. Vivíamos al día, y nuestra proyección de futuro no se estaba cumpliendo porque no estábamos trabajando de forma efectiva en ella. Yo pensaba que sí, yo soñaba en que las cosas mejoraran, pero aguantar no es suficiente. Yo invertí todo lo que pude en intentar comprenderla, en no herirla. Pero falta la lona, las dos lo sabíamos, las dos lo sufríamos. Y ahora esto ha llegado, y ella no cree en el futuro, y no importa que yo sí. Yo soy la que está equivocada. 

Tengo una buena excusa para que no haya funcionado: estaba enferma, estaba en una situación difícil en Madrid. Y ella también: las circunstancias tampoco permitían que se arreglaran las cosas fácilmente. 

Así que otra relación en este mundo se va al basurero. Las personas no han sido capaces de arreglarlo, de querer algo lo suficiente para que suceda. Más adelante quedarán los buenos recuerdos. Qué pena más grande. 

Ahora me pregunto: ¿Cuántas van ya?

Yo seguiré intentándolo, pero ¿de qué servirá?

Faltaba Ítaca, nuestra Ítaca soñada, nuestra Ítaca imaginada. La verdad es que no puedo creerlo. Ahora justo que la tenemos tan cerca que las yemas de nuestros dedos pueden percibir la brisa de llegar a tierra, alguien con una voz impasible da la orden de volver, de no acercarnos, de cancelar el viaje. Sí, estamos en el mismo barco, el de vuelta, el del sueño frustrado, el de la desesperación, el del vacío. Ella buscará su antigua Ítaca, lleva mucho tiempo preparándose, y yo no me he dado cuenta. Y yo estoy por detrás, yo no conozco ni siquiera la cartografía; mis planes eran otros: conseguir llegar con ella. Pero ahora ella no quiere hacerlo conmigo. 

Envidio su determinación, su coraje. Si yo la hubiera dejado en paz ella hubiera podido avanzar, acercarse mucho más de lo que lo está ahora. Me gustaría que me contagiara parte de esa independencia, esa comprensión, ese saber hacer. Sé que ella siente ahora un gran sufrimiento, pero se está alejando de mí, ya está muy lejos. Yo se lo estoy causando ahora. Y yo, que he dado la vuelta completamente a mi actitud, que me he llenado de sueños, de planes para hacer con ella, me encuentro en el mismo sitio, estancada, sin su ayuda, alienada. No sé cómo he podido ser tan inútil. No me extraña que ella me rechace. 

Me angustia que no pueda ser más concreta, que no quiera responder a mis preguntas. Ella simplemente dice que se acabó, que todo ha llegado demasiado tarde, y que no consigue dejarlo claro porque le doy mucha pena, se siente culpable. Pero no quiere decirme nada específico, no tengo posibilidad alguna de asirme a nada, no puedo decirle: "Mira, intentemos hacer esto de forma diferente". No, ya no me quiere, y eso lo dice todo. Si no quieres a una persona, ¿qué importa que te quiera convencer de que todo va a ser diferente? Por supuesto no le debes ninguna explicación, y probablemente ninguna sea pertinente. Con ella no ha sido casi nunca posible el analizar las situaciones juntas, ver en qué fallaban, e intentar ponerles solución. Su platonismo y convencimiento de que las cosas son o no son le ha impedido siempre conmigo el hablar juntas de lo que nos sucedía. Ahora ella lo tiene más claro de lo que siquiera imagina. Yo, que la conozco, debería haberlo sabido. Me he intentado engañar a mí misma y a ella. Al final, la estrategia se ha vuelto contra mí y me ha volado la cabeza. 

Todos mis intentos de acercamiento han resultado fallidos. Sí, probablemente termine recordándome algo mejor que si me hubiera alejado de ella para siempre en marzo, o tal vez no. Ella tiene tendencia a adherirse a lo malo, a lo terrible en sus recuerdos de otras personas. Espero que hagamos su proyecto juntas, y que con él yo encuentre la fuerza que necesitaba para alejarme de ella con dignidad, con la cabeza alta y el gesto amable. De verdad es que ahora no siento consuelo. No sé dónde mirar, ni dónde encontrarlo. Estoy tan desorientada, tan decepcionada. Tal vez la maldita calma chica de esta semana era simplemente el aviso de la tormenta que se iba a producir. 

jueves, 23 de agosto de 2012

Calma chicha


Estoy un poco atontada todavía, y necesito ponerme las pilas. En la casa de mi madre hace demasiado calor y no termino de refrescar la mente. 

Tengo la sensación de que no voy a poder escribir nada interesante por el momento, no sé muy bien por qué. Sólo soy capaz de escribir de forma más poética, precisa y lúcida cuando escribo comentarios en el blog de Septiembre o cuando le envío correos. También he intercambiado mensajes muy bonitos con amistades de Londres. Y sin embargo cuando hablo conmigo aquí parece que estoy demasiado cerca de lo que siento para poder encontrarle el trasfondo, el misterio que ha caracterizado otros escritos míos. 

Sé que sólo es una fase, y que debo seguir dándole oportunidades a mi subconsciente para reorganizarse y comenzar otra etapa cuyas características sólo conoce mi mente. Es una especie de cansancio mental extraño, y me entraría el pánico si no supiera que es estacional. Estoy pensando que debería dedicarme más intensamente a la lectura y refrescar la imaginación con la práctica del senderismo por otros imaginarios. Pero esta semana no he logrado concentrarme lo suficiente para entregarme a ningún libro. Y el único que me apetecía, el diario de escritura de Virginia Woolf, me ha llegado en una edición muy antigua con las hojas amarillas y polvo acumulado en ellas durante más de treinta años (se publicó en 1978) y tengo una alergia espantosa tanto en la garganta como en las fosas nasales. He protestado a Amazon y me van a enviar una copia nueva. Y mientras tanto sigo intentando pillar una hoja aquí y otra allí, pero me empieza a entrar dolor de cabeza, sequedad de garganta y picor en las fosas nasales, y la verdad es que ya no me voy a molestar más hasta que me llegue el otro libro. De todas formas en casa me esperan Baudelaire, Rimbaud y Marguerite Duras. A los que voy a añadir algunos autores pre-punk que nos permitirán a Septiembre y a mí trabajar juntas en su proyecto. Y a mí el conectar más con su espíritu actual. Voy a tener que atacar estas lecturas y otras bolígrafo en ristre, escribiendo notas y reacciones en mi moleskine para rebasar esta línea aturdida de mi imaginación y sondear más profundo.


Creo que esta calma chicha de agosto me está empezando a atacar los nervios, o tal vez el subidón de energía que suelo experimentar a comienzos de septiembre está acechante, y exige que empiecen a pasar cosas. ¡Y no puedo quejarme! Finalmente Septiembre ha dado muestras de querer estar conmigo de nuevo lo que parece una respuesta a mis plegarias, y yo me siento más fuerte para comenzar a reconstruirme, ilusionarme, ganar dinero para ahorrarlo y poder seguir adelante, y crear una nueva vida juntas. Gasto parte del tiempo del día ensimismada, ensoñada, pensando en lo que nos espera, y durante el resto intento estar activa, buscar oportunidades, lanzar proyectos, contactar con gente.

Pero hay veces que las horas se quedan tendidas con pinzas y querrías que pasaran más cosas. También tiene mucho que ver el haber pasado gran parte de la semana en casa de mi madre. Pero me sentía tan culpable por estar pensando en marcharme a Londres y dejarla que he intentado compensarla (aunque ella todavía no lo sabe) acompañándola y dándole cariño y atención. 

Mi madre llevaba unas semanas de un mal humor terrible, de esos que te hacen temblar, y poco a poco lo he horadado y he conseguido que sonría. Además está contenta porque ha conseguido enmadrarme un poco. Me ha dado una reacción rara en la pie al polen?? orugas caídas de los árboles? un mosquito escondido en los pliegues de mis pantalones?? ... y tengo todo el cuello cubierto de granos, como una varicela. También me han salido en los brazos, las axilas, las piernas, la espalda, aunque en menor medida, y pican como si me hubiera asaltado un ejército de mosquitos. Y ella me ha estado persiguiendo por la casa: que si una crema aquí, talco allá, hay que comprar Talquistina, qué tal estás, y así todo el día. Además la piel de la rótula me escuece muchísimo por haberse formado una especie de derrame bastante desagradable por el roce y la presión tras seis meses de uso de la rodillera, y allí también ha encontrado ella un buen destino para sus buenos oficios: cremas, tiritas, compresas, descansa, pon la pierna en alto, no cargues peso, etc, etc. 

Y lo mejor de todo es que he engordado dos kilos en esta semana porque lo único que he hecho ha sido comer sin parar, y he pasado de unos peligrosos e inauditos 47 kg y medio a casi 50 kg (mi peso de hace ... seis meses?), y la satisfacción que tiene es palpable en su sonrisa de lado a lado.

Ahora viene mi hermana con mis sobris, y también sé que desde que he decidido irme cada vez que oigo su voz por teléfono o veo fotos o vídeos que envía mi hermana a mi madre por el Wassup, se me sobrecoge el corazón con un sentimiento de pena profunda al pensar que ya no voy a poder viéndoles tan a menudo como ahora. Ya no me daré cuenta de las nuevas palabras que aprenda la niña, ni de cómo mi sobrino juega cada vez de forma más reflexiva. La verdad es que está visto que no hay nada en la vida que no tenga precio. Y en ese precio está el hacer que tu decisión valga la pena.   

miércoles, 22 de agosto de 2012

Over the moon



Estoy contentísima, porque Septiembre ha decidido darme cabida en su vida. Estoy segura de que está un poco asustada, pero tal vez cuando finalmente nos veamos y se dé cuenta de que no ha dado un paso atrás sino hacia adelante, que se siente cómoda a pesar de todo lo que ha pasado, y que se siente bien sin tener que pensarlo ni proponérselo, podrá relajarse y recuperaremos la tranquilidad. Se sorprenderá de no tener dudas, de no verme como un obstáculo. Se tratará únicamente de una sensación, nada más. Y a ella le gustan las sensaciones, no el tener que reflexionar para convencerse de que tiene que sentirse bien con algo.

Y lo único que me falta es tenerla cerca, estar con ella ahora, porque noto que cuando hablo con ella me enciendo, cuando pienso en ella me derrito, cuando sé algo de ella me encuentro en la gloria, degusto sus palabras, me encuentro más libre, me siento querida.

Y creo que ya nadie me la va a poder arrebatar.

Esta semana creo que me he sentido algo extraña porque el calor me ha afectado a la cabeza. Ayer tuve una flojera impresionante, ese tipo que siento de vez en cuando cuando se me paralizan los músculos y se me nubla el pensamiento, y de hecho me quedé a dormir en casa de mi madre porque no podía movilizarme.

Hoy no me he enterado muy bien de lo que ha sucedido, he estado un poco missing, un poco desligada de mí misma. Y, como el haber tenido el golpe de calor el lunes y la consiguiente flojera el martes me ha dejado deshidratada y cansada, hoy me he dedicado a comer más de lo que debiera, y ahora no puedo concentrarme, no puedo pensar, simplemente noto el estómago lleno.

Es extraño cómo a veces cuando consigues lo que tanto ansías, si no puedes compartirlo con nadie el éxito se experimenta casi más como si no hubiera sucedido del todo. Ojalá pudiera estar en Londres ahora y colarme por la ventana de su casa y meterme en su cama. Ella no me estará esperando pero su reacción sería la de cogerme la mano y dejármela posada en su hombro. Y yo no interrumpiría su sueño; me adormecería muy suavemente, porque mi cuerpo, mi ser completo sabría que estoy en casa con ella.

Hoy ha decidido algo muy importante. Y quiero dejarla tranquila con esta decisión, quiero que se ilusione conmigo y me busque. Que no crea que voy a utilizar esta apertura para invadirla y llevarla por delante, robar su independencia, su oportunidad de expresarse con su creatividad. Voy a participar activamente en su proceso para comprendernos. Ella me va a cambiar.

Momentos


Hay un momento de la noche en el que sólo piensa en ti la persona que te espera. Y este es ese momento.

martes, 21 de agosto de 2012

Rehabilitación


Ya es oficial: tengo la rodilla rota. Llevo meses rondando por ahí sin ser consciente de ello especialmente. Una cosa es la imposibilidad de hacer algo, como andar con normalidad, otra, la rotura. Hay algo mucho más definitivo en una rotura.

Y esto me da de pensar ahora. ¿Cuántos huesos rotos tengo en el cuerpo? Muchos. Y poca gente lo sabe. Cada fractura tiene un significado, guarda un recuerdo imborrable, está relacionada con sucesos dolorosos, inevitables, brutales. Y ahora me he roto la rodilla. Pero esta vez no ha sido nada traumático. Estaba corriendo, y después de 10 km el menisco hizo finalmente chas.

Esta vez el proceso está imbuido en simplicidad. Primero me operarán, y luego vendrá la rehabilitación. Esta vez no tengo que ir a hospitales de urgencia. No se me ha echado encima el coche de un criminal que ha huido. No le tengo que pedir al policía que me preste una moneda para llamar por teléfono a alguien que no está en casa esperándome. No tengo que mentirle a la mujer de admisiones del hospital, que me pregunta por la naturaleza y la causa de la lesión. No me han pegado una paliza y me han tirado a patadas por las escaleras de un autobús. No he gritado de forma inimaginable para mí hasta entonces, porque es así que los animales heridos aúllan tras un ataque cruel, con la impronta en el adn, para ahuyentar al depredador.  

No me ha mentido el policía sujetándome suavemente la mano entra las suyas transmitiéndome su calor, mirándome a los ojos, diciéndome que no estaba rota. No me ha tocado una internista que se pone a dar saltos de alegría delante mío al decirle el médico que lo ha clavado, que es una rotura, mientras yo rompo a llorar sin que a nadie le importe. No me han pegado un puñetazo en la cara y no he tenido que colocarme la nariz desde una posición imposible al otro lado del rostro hasta su sitio en el centro. No he llorado durante meses y he tenido miedo del mismo tipo de tío, que aparecía en todas partes, sin ser él. 

No he ido a la comisaría llorando para hablar con los policías, porque no sentía que nadie más podía entenderme. No se ha sincerado un policía llamado Angelo con rizos de querubín en el pelo, que era realmente un ángel, sujetando mi mano rota y diciéndome que él estuvo en el hospital durante meses porque un gang le había machacado todos los huesos en una paliza brutal una noche en la que perdió a su compañero de visto, y le dieron por muerto. No me tengo que tocar y retocar el callo del hueso en la cabeza desde que se rompió de un impacto seco, como he hecho tantos años, simplemente por costumbre. 

Ahora, no tengo que hacer nada de eso. Ahora tengo rehabilitación. 



lunes, 20 de agosto de 2012

Tonalidades


Todo esto podría ser imprescindiblemente simple. Si supiera cómo resaltar esta idea, cómo hacerla más coherente, más increíble su frescor, prescindiría de cualquier intención de hacerla propia, y se la ofrecería al mundo como un clavel aún en su capullo, cuando las hojas hacen oler a verde ese puñado de pétalos cerrados en su más íntima ternura. 

Golpe de calor


Es como el amor. ¿Se puede hablarlo?

domingo, 19 de agosto de 2012

Hacia mí



Ya no estoy en Madrid, al menos no del todo. La única forma de resurgir de estos meses tan difíciles ha sido recuperando algo muy preciado que había perdido: yo misma. A veces puedes estar alienada pero no sabes por qué, ni cómo. Yo no me he encontrado en Madrid, más bien me he perdido. Llevo siete años aquí dedicada a mi familia, y ha sido bonito, pero con respecto a esta ciudad he intentando encajar, mezclarme, comunicarme, y no lo he conseguido. A veces no estaba bien, otras no entendía nada, y otras me sentía desplazada o aburrida. Estoy en una sociedad que ya no es la mía y sólo puedo experimentarla sin chocar contra ella, venir de vez en cuando pero no vivir aquí. No he estado mal todo el tiempo: he conocido a gente que me ha hecho aprender mucho y también ver las cosas de otra manera, he disfrutado de amistades de las que llevaba mucho tiempo alejada, mi familia me ha arropado mucho y siento que la he recuperado. Me he llegado a conocer a mí misma mucho mejor que nunca, he indagado muy hondo, y he experimentado lo que se siente cuando eres capaz de sobrevivir con lo mínimo, únicamente tus propias fuerzas. Pero todo esto no me ha llevado hacia mí. 

Así que he emprendido el viaje contrario al que recorría hasta hace sólo tres semanas. Al volver a Londres me he dado cuenta de qué cosas son las que me alienan aquí, y he comprendido lo que me pasaba. Y ahora estoy viviendo como si estuviera de visita, aunque todavía se alargue un poco más. No me estoy centrando demasiado en las pequeñeces ni las rutinas que tengo aquí; sino que estoy ultimando, cerrando asuntos pendientes, preparándome para mi próximo viaje, mi cercana y última parada.

Y me doy cuenta de que ahora tiene sentido montar mi serie porque ya no me importa si se ve aquí o no. Ya ha pasado su tiempo de tener un significado en España. Ahora será mi manera de mostrar lo que he observado y vivido aquí cuando lo enseñe en Londres y otros países. Así que estoy terminando de montarla con la idea de subtitularla lo antes posible, y llevarla conmigo como parte de mi equipaje. Antes era un fin en sí mismo, y por eso perdía fácilmente la motivación. Ahora es tan sólo una formalidad, porque veo claramente y con ilusión todas los otros planes y proyectos en los que debo embarcarme después de esta película.

Lo que me ha pasado bastantes veces es que estaba en mi habitación y miraba desesperanzadamente a mi alrededor, veía todos mis libros de cine, mis guiones, mis fotos de pósters de películas, los pases con mi foto para entrar en los festivales de Berlín, Málaga, Londres ... Y me preguntaba qué había sido de esa persona que había rodeado su casa de lo que ahora parecía memorabilia de alguien obsesionada con un mundo externo del que ya no participa. Incluso se me olvidaba haber estado ahí, haber formado parte de todo esto. Era como una fantasía que me había inventado, como si toda mi vida hubiera sido un sueño ridículo: creer en algo que no ocurrirá jamás.

Y así es cómo he perdido mi identidad. Y así es cómo la estoy recuperando, y no puedo creerlo. Todo esto se inició cuando hablé con M. y le dije que no tenía ni futuro ni carrera profesional. Y ella me replicó con tranquilidad y convencimiento que sí que tenía una profesión, pero que no podía ejercerla en Madrid. Así de sencillo. Una frase. Y de repente se me encendió una bombilla. Ese comentario fue como un par de manos que me recogieron desde abajo y me llevaron hacia adelante, me protegían, me dieron la energía que necesitaba para plantearme quién soy yo y lo que tenía que hacer para volver a serlo. Y luego hablé con mi psiquiatra amigo y en su mirada noté la empatía que necesitaba para creer en mí misma, en que sí: debía marcharme, y tenía que ser ahora.

Es muy extraño, y supongo que soy débil, y me molesta el hecho de que no he podido ser feliz del todo aquí en Madrid. Yo que soy ciudadana del mundo con amplia experiencia de adaptación dondequiera que voy. Y sin embargo no ha sido así. Pero ya no voy a machacarme. Ya está. Todo lo que me ha dado mi familia creo que lo he correspondido, y quiero encontrar una manera de no desaparecer(me), de seguir mostrándoles amor, de seguir ahí con la bebé, mi sobrino, mi hermana, mi madre. Y dar una alegría a mis amistades que han presenciado año tras año mis caídas y mis intentos por levantarme una vez más, cada vez, sin conseguir la seguridad que necesitaba.

Así que aunque estoy en Madrid, prácticamente todos mis planes están orientados a cuando ya vaya a Londres. Y como no puedo estar ahí todavía me dedico a informarme sobre el Londres que no conozco porque es nuevo, las posibilidades, las convocatorias a las que puedo presentarme desde aquí para ir haciendo tiempo. Sé que me iré cuando quiera, cuando esté preparada, cuando termine aquí lo que tengo que hacer. Mi madre debe verme ocupada e ilusionada en estos meses, y sólo entonces le contaré mis planes. Tengo que acabar una serie de cosas para no sentir que huyo de Madrid con el rabo entre las piernas, una vez más la trotamundos que salta de país en país y aterriza rompiéndose una pierna. Esta vez va a ser todo diferente.

Esperándote


Hoy iba a casa de mi madre en metro, y cuando subía por las escaleras mecánicas al salir, surgió una tromba suave de hojas secas de olmo que venían de la calle. Se acercaban en mi dirección de forma sincopada y alegre, como polvo de estrellas; eran ocho o nueve, y me hicieron pensar en Septiembre. Y al ser propulsadas por el choque contra el borde de la escalera en movimiento, cada una escogió un rumbo diferente hacia el interior del metro. Y cuando desperté del trance de este momento mágico y silencioso ya se me habían escapado casi todas volando por encima mío, jugando al escondite con mi cuerpo, rozando mis brazos, mi espalda. 

Al final intenté concentrarme y me dije que tenía que venir Septiembre a mi encuentro, que si una hoja se posaba en mis manos recuperaría a Septiembre en cuestión de semanas. Al acercarme a las escaleras empedradas de la calle pude atrapar una que planeaba entre los escalones, dispuesta a seguir a las otras. La cogí en esa interrupción de su vuelo, suspendida en el aire, antes de hacer ese último quiebro o arrebolarse.

Ahora la tengo encima de mi mesa. Ella y yo estamos expectantes. Te esperamos.

What are we gonna do?

Salidas


Yo entiendo a las personas que tras un desengaño se apuntan a un viaje muy largo o a una empresa imposible. He escuchado en una película francesa que mientras haces problemas de matemáticas no te es posible sentir el corazón desahuciado por el desamor. 

Creo que estoy buscando algo parecido. Lo que pasa es que este fin de semana el tiempo está parado en una nube de vapor caliente, y mis sentimientos me pesan como el plomo. 

sábado, 18 de agosto de 2012

En movimiento


Es un sábado bastante solitario, de esos en los que te gustaría apoyar tu cabeza en otra persona y relajarte juntas. Me pregunto si me echa de menos; creo que tiene tanta actividad que no habrá tenido tiempo ni habrá querido. Aunque sólo el hecho de no querer contactarme para cumplir su deseo de tener tiempo para pensar, le hará recordar que yo existo. 


Hoy he hecho una lista de las cosas que creo echará de menos en mí. Seguro que suena infantil e ingenuo, pero he pensado que con que sólo reflexione sobre una de ellas por semana, todavía faltan seis meses antes de que volvamos juntas. O sea, que hasta febrero ella no va a sentir la necesidad de verme, probablemente. De esta manera se cumpliría el año que voy a estar sola, desde el pasado marzo. 


No sé cómo es capaz otra gente de llevar adelante su vida cuando les falta la persona a la que quieren; no tengo ni idea. Pero a mí me ayudan estas reflexiones. Son como ritualísticas, le otorgan sentido a esta espera, explican lo que está pasando. 

Se trata de un proceso por el que subyacen reglas muy sencillas: dejar que ocurra lo que está sucediendo, que termine al transcurrir por su curso natural. Y luego pensar que lo anterior pudiera ser una alternativa de lo nuevo, lo que no ha funcionado, lo que no es suficiente. Y entonces asomarse a ver si el amor de la otra persona te ha seguido, ha continuado estando allí; y darse cuenta de que, si es así, ya no volverá a ser lo de antes, porque la nueva ilusión lo cambiará todo y lo convertirá en algo mucho más bonito: justo aquéllo ansiado, perdido y recuperado. 

Lo que sucede es que ella no piensa así. Sus amores no han seguido estas reglas. Nunca ha vuelto con nadie, sino que ha esperado durante años a que una persona a quien quería regresara a su vida. Por eso está perdida, no sabe lo que va a pasar, lo que quiere, lo que podría suceder. No sirve de nada intentar explicárselo. Ella siempre quiere sentir las cosas, no racionalizarlas. 

Y yo, que tengo el conocimiento de lo que puede suceder, es quien lo está pasando peor, la que la echa de menos terriblemente, la que a cada minuto quisiera coger su mano, compartir una sonrisa, contarle lo que le está sucediendo. Yo soy la que está a la espera, la que tiene por delante mucho tiempo, la que cuenta las horas y los minutos, la que vive con la incertidumbre de si volverá, de si realmente me quiere y me ha querido. 

Porque ha pasado tan rápido de estar conmigo intensamente a no querer vincularse a mi vida, que un abandono me haría darme cuenta de que allí no hubo amor, sino sólo necesidad o inercia. Y que aquello contra lo que yo estaba luchando: la imposibilidad de superar los problemas, era el indicativo de que no teníamos ningún futuro, de que nos escondíamos tras un amor guarecido, un amor que no quería ser examinado, retado. Un amor acorralado, en definitiva. Una mutación de un deseo soñado y transformado en un usurpador, un farsante que clamaba muy alto y muy fuerte para disimular su vacuidad. 

Pero prefiero no pensar en estas cosas, porque en todo caso yo tengo tanta culpa como ella de que esto fuera cierto, o de que hubiera ocurrido, o lo hubiera parecido. El que yo ahora sea capaz de luchar hasta el final no quiere decir que lo haya hecho bien antes. 

Estoy intentando hacer planes, revisar proyectos y sacarlos ahora a la luz, enrolarme en un viaje para alejarme de donde estoy, para poder encontrar una manera de entrar en una pausa alargada donde no sufra por su ausencia y desamor. Acabo de empezar, y tal vez aún no disponga de los ingredientes necesarios. Intento subirme a un tren en movimiento para disfrutar de la luz de la vida, esa luz que se ha apagado cuando me he quedado sin ella.

viernes, 17 de agosto de 2012

Fusibles


Noto que tengo el cerebro un poco fundido, y que sale más que lo que entra. Así es. A veces paso por estos periodos de inactividad creativa, de reflexión roma, de poco pensamiento lateral. Y siempre me pregunto qué debería hacer para remontar. Al final resulta que sólo necesito dormir bien, una ilusión, un poco de cariño, algún tipo de actividad dinámica, una película que me inspire, encontrar un libro que realmente pueda leer, y alguna bebida caliente durante el curso de 72 horas para sentirme mejor. 
 

Do what makes you


Tengo que encontrarle un ritmo a mi vida en el que Septiembre no sea la piedra angular. Un ritmo de anhelos, actividades, movimientos, trayectos. Un saber transitar con tranquilidad, sin ansia, sin carencias. En estos momentos lo estoy construyendo, y creo que voy a ser fiel a mí misma, y trabajar en ello con entusiasmo y seguridad.

Para empezar, tengo que continuar escribiendo. He perdido un poco el hábito de mi escritura; y al tener problemas con Septiembre, toda mi energía creativa se ha volcado en recuperarla, en pensarla, en acercarla a mí. Y ahora tanto ella como yo vamos a encontrarnos en el espacio de la añoranza, echándonos de menos, aunque para ella tal vez no sea suficiente para volver. Pero ya no voy a buscarla de forma activa: ella tiene que darse cuenta de las cosas a solas, enfrentándose a esos momentos de la vida en que ves con claridad que te falta esa otra persona, que quieres vivir con ella y compartirlo todo.

Quiero crear una nueva dinámica en mi vida, y es la de la fuerza y el empuje, la planificación para conseguir lo que necesito y deseo. Trabajar duro en un par de puntos esenciales, y no privarme de querer hacer ciertas cosas por las circunstancias. Desde hace varios años no he podido ni siquiera pensar en lo que podía hacer. 


Y así conseguiré crear la dinámica que deseo: la de tener seguridad en mí misma, y en el futuro, por mucho que le acechen nubarrones. 

He estado hablando con mi hermana sobre Londres, y me ha preguntado cuándo voy a ir, qué voy a hacer, y cosas prácticas que me han hecho pensar. Es muy diferente el estar planeando ir a Londres desde ya: la mudanza, los tiempos, el buscar trabajo. Hablando con ella, y sin buscarlo, estoy empezando a adquirir la tranquilidad de saber que estoy planteándome poco a poco los pasos a seguir. Ha pasado de ser un imposible hace menos de un mes, a una realidad definida. Tengo algo de vértigo, pero es necesario para mi estabilidad emocional y mi futuro. Pero voy a pasar de tener poca actividad a estar en constante movimiento. Mi cuerpo y mi mente van a sufrir una transformación, y estoy segura de que, como volveré a ser como antes (de venir a España), ambos reconocerán una persona que tuvieron tan cerca durante muchos años.

Septiembre


Todo será muy diferente en septiembre.
 

miércoles, 15 de agosto de 2012

Breathe


Ahora va a ser distinto. Ayer le dije que yo seguía aquí o allí, donde ella quisiera. Vamos a estar sin relación ninguna, y ahora nuestro contacto vendrá del corazón. Aunque me va a costar tengo muchas ganas de vivir esta nueva etapa, porque va a ser un momento en el que finalmente se podrán apartar las dinámicas extenuadas de nuestra relación, y serán reemplazadas por lo que siempre debió ser: ella y yo. 

Creo que finalmente se va a dar la oportunidad de pensar en mí fuera del contexto de su imaginario, esa tierra de nadie en la que luchaba contra mí, en la que erigía empalizadas para defenderse de mis ataques. Ahora ya no seré excusa, ni motivo, ni causa; ahora seré yo, con todo lo que supone. 

He intentado explicarle quién quiero ser para ella, y durante toda nuestra relación, quién soy yo. Pero creo que las palabras no han logrado calar en la pez densa que embadurnaba todo. Y ahora tal vez su eco sí se escuche, y nuestras conversaciones se reconstruyan, y ella recuerde las palabras bonitas que debía haber recordado siempre; y no sólo se acuerde, sino que viva las sensaciones, los sentimientos que en lo profundo generaron amor y mantuvieron nuestro compromiso. Porque ahora, aunque me escribe te quiero, cuando le pregunto, me responde que no lo sabe; y tiene un conflicto tremendo entre lo que quiere, lo que sabe y lo que siente. Así que voy a estar lejos para que salgan a la superficie las razones del corazón, y finalmente inhalen oxígeno puro. 

Creo que aunque yo sí me he dado la oportunidad durante estos seis meses de recordarla y verla claramente por quien es y por qué la quiero, ella no lo ha hecho. Por eso me dice que no sabe lo que le pasa, ni entiende lo que siente. Es como si el amor y el conocimiento a veces tuviese que darse en el tiempo, con tiempo, a tiempo. 

Cartas que nunca escribiste: II Cataclismos



Cartas que nunca escribiste: I Sometimes



lunes, 13 de agosto de 2012

Limpio


Dentro de una hora y media salgo para el aeropuerto, y estoy en casa de mi madre, con todo a punto, haciendo algo más de tiempo, con el último café creando una corriente de transpiración alrededor de mi cuerpo, que mezclada con el calor de esta última oleada antes de que decaiga agosto, me hace sentirme un poco fuera de órbita, arrebolada, entre cansada y exultante. 

Tengo muy presente lo que va a pasar mañana, porque lo he imaginado en mi mente muchas veces. Y, sin embargo, no puedo estar segura porque todavía no ha ocurrido; pero como no quiero sorpresas ni desilusiones, estoy planificando lo que voy a decirle y adelantándome a lo que me diga ella. Me gustaría pensar que lo que hago lo hago bien y que va a ayudarnos a las dos.

Antes que nada, y a riesgo de que parezca de muy mal gusto, le diré que prefiero que pasemos por la parte más difícil primero. Le pediré el anillo de compromiso que le regalé, y le devolveré las llaves de su casa. Ése será un mal trago, sin duda, pero siento que no voy a poder pasar los dos días pendientes de ello, porque se llevarían por delante la poca compostura emocional que me queda, y que reservo para mañana. 

El motivo de recuperar el anillo, y ella lo sabe ya, es que quiero ser su custodio. Yo le prometí que íbamos a estar juntas toda la vida, y ella ahora no sabe lo que quiere. Prefiero guardarlo yo y ser la que tenga en cuenta esta promesa, la que sabe que esa promesa se mantiene en pie, la que se mantiene en ella y por ella. No quiero que Septiembre siga llevando el anillo porque no tiene sentido: ella ahora me ha dejado, y ¿por qué habría de llevar consigo la promesa de mi amor, si lo ha rechazado? No quiero que me recuerde por nada que yo le haya dado; eso no ha funcionado lo suficiente. Ha llevado mi anillo cuando ha estado con otra mujer, cuando ha follado con ella, cuando la ha cogido de la mano. Me da asco, me repugna, me provoca pesadillas, y quiero guardar mi anillo para que Septiembre no tenga más remedio que echarlo en falta y darse cuenta de lo está pasando. 

Le devolveré sus llaves porque me ha acusado de perseguirla, de acosarla, y quiero que sepa que no tendré acceso a su casa. En cuanto llegue a Madrid deseo que se lleve todas las cosas suyas que tengo en mi casa. Si se está pensando en volver, que lo haga definitivamente. Y esto sólo lo podrá hacer si guarda sus cosas, porque tendrá que renovar sus votos, querer darme todo eso de nuevo, desear tener su ropa en mi casa, querer lo que ahora ha perdido, echarlo de menos. Y yo no puedo tener sus cosas en mi casa, porque para mí esto también es un comienzo desde cero. No quiero saber que algún día dejó sus cosas aquí y que vendrá a buscarlas tal vez cuando se vaya con otra persona y no piense estar conmigo nunca más. Todo lo que me ha dado lo he tirado, porque no soportaba tener sus muestras de cariño del pasado y no tenerla a ella cerca, no saber de ella, que ella no quisiera saber de mí ni contarme cómo le iba. Va a ser un corte limpio, y de ella surgirá el volver, si quiere; de algún lugar puro de su recuerdo, de su añoranza, de su deseo, de todo aquello que lleve todavía de mí o que haya perdido y que quiera recuperar. 

Después quiero pasar unas horas con ella, sólamente porque no quería cortar por teléfono o por mensaje de texto. También porque cada vez que la echo de menos irremediablemente deseo oír su voz, y es lo único que me tranquiliza. Necesito hacer todas estas cosas para sentirme bien, para dejar todo en su sitio, para no sufrir por el engaño, por el abandono. Quiero que me bloquee en el mail, en Skype, en Facebook, y que me prometa no cogerme ninguna llamada si soy débil y vuelvo a intentar contactarla después de esto. Quiero que tome responsabilidad por lo que nos ha pasado y me ayude a que éste sea un corte limpio, a que ella esté sola sin mí, y yo pueda ver claramente mi vida sin ella. 

Aunque sé que cuando lleve su anillo sentiré más que nunca el compromiso que todavía mantengo y que nos protege a las dos.

domingo, 12 de agosto de 2012

Ansiedad


Me entra una ansiedad tremenda cuando no puedo hablar con ella en todo el fin de semana. Sé que está con esa chica, y me hace muchísimo daño. Septiembre desaparece, y sé que lo haría gran parte de la semana si no fuera porque la otra chica probablemente esté ocupada. No sé cuánto tiempo podré aguantar esto. Es como si habiéndome librado de parte del dolor que sufro durante la semana, cuando llega el viernes por la noche empiezo a ponerme nerviosa, y finalmente siento el pinchazo, el dolor, las lágrimas, el no poder respirar, el no poder dormir. La melatonina me está ayudando a conciliar el sueño, pero siempre lo tengo rodeado por la empalizada de dolor antes de dormirme, luego las pesadillas en las que aparece esta otra mujer, sobre Septiembre, su desamor, y, al despertarme, una sensación de desazón tremenda.

He estado haciendo gestiones para que ella pueda quedarse en Londres trabajando, y eso me ha aplacado la ansiedad ayer y hoy. Mañana voy a ir allí un par de días, sobre todo para verla. No sé, creo que me he metido en una espiral peligrosa, y aunque pensaba que era para mantener la esperanza de volver, tal vez se vuelva contra mí en algún momento; porque el dragón de la decepción, la desesperanza, y el miedo está siempre acechando, duerme conmigo cerca de mi almohada, me empuja fuera de la cama algunas noches, me cerca, me arrincona, me acosa, y tal vez sea una fantasía pensar que voy a vencer frente a él. Y ella es totalmente ajena a esto. 

No sé muy bien qué es lo que consigue entregándose cada vez más a una relación (creo que ya lo es) con esta chica. Ojalá pudiera desentenderme por un tiempo, pero no puedo por más que lo intento. Es muy duro, mucho más de lo que anticipé. Ya llevo seis meses así y no sé: ¿Qué posibilidades tengo de que esto no se alargue más de lo que pueda soportar? Me gustaría saber las claves de su comportamiento, pero creo que cada vez la entiendo menos. ¿Qué busca? ¿Qué quiere? Pedía libertad, pero no parece que la esté ejercitando demasiado ahora que la está rozando. Si quiere liberarse de mí, ya lo ha conseguido, porque la relación la ha ajusticiado. Aún así, me habla de que no quiere desengancharnos, olvidarnos, y no sé si es consciente de que puede estar produciéndole a nuestra relación heridas incurables. 

Mi hermana me ha dicho que esto está completamente finiquitado: lo ve claro y lo cree firmemente. Sin embargo para mí el ahora supone aguantar, simplemente aguantar. Pero aguantar emocionalmente es muy complicado; el soportar la ansiedad continuada, la inquietud, la tristeza, la humillación, la desesperanza es una carga tremenda. Yo sé que no soy una persona fuerte en estas situaciones, aunque muy a menudo he conseguido salir, pero siempre abandonando o abandonada. Esta vez no quiero hacerlo, pero ¿qué puedo hacer ahora con esta sensación que me oprime el pecho, que me entristece porque la echo de menos, que me hiere profundamente? ¿Cómo se aguanta eso? ¿Es que tengo que aprender a aguantar? La mayoría de las veces que pienso en ella durante el fin de semana, simplemente me imagino que están teniendo sexo durante días con esta mujer. Lo que ella siempre había querido. Eso es tan injusto, porque cuando yo estaba con ella no era posible. Sus responsabilidades continuas nos lo impedían. Y ahora esta mujer se está beneficiando de la situación. 

La he llamado ahora, y como siempre no he podido sentir el tipo de emoción que necesitaba reflejado en su voz. Ella se siente mal por mí, pero no puede hacer nada. Ahora sé que la he dejado peor, pero la serpiente que se enrosca en mi tórax y me impide respirar se ha calmado, aunque su volumen me oprime el pecho y me atenaza el corazón como un perro cancerbero. Sé que volverá a despertarse.

La he pedido que pasemos los últimos dos días juntas. La otra vez fui a Londres por diez días porque ella me lo había pedido. Fueron sus términos, todavía no sé exactamente lo que quería. Ahora son los míos. En esta conversación que hemos tenido hace unos minutos le he dicho que tenemos que cortar definitivamente hasta que se decida a volver conmigo. Quiero que me bloquee mi mail para no recibir nunca ningún mensaje mío, si soy débil y la escribo. Le voy a devolver sus llaves y recuperar el anillo de compromiso que le había regalado. Yo seré la custodia de la promesa de amor que le hice. La suya se ha perdido, y por eso me deshice del anillo que ella me entregó con su compromiso de amarme siempre. 

Me tiene que prometer que no cogerá ninguna de mis llamadas ni intentará contactarme a menos que sepa muy claramente lo que quiere conmigo. Y quiero que lo hagamos cara a cara mañana. Lo necesito. 

Sólo necesito aguantar hasta mañana por la mañana cuando la vea. 

sábado, 11 de agosto de 2012

Dormir


Creo que la combinación de estar cansada, de no haber dormido y de estar muy nerviosa estos días me ha hecho sentirme algo más inestable al final del día de hoy. He tenido que ocupar mucho tiempo pensando en cosas prácticas, y el vacío de no tener trabajo ni de saber lo que quiero hacer es agobiante. 

Creo que a estas alturas debería pensar en lo que me gusta como trabajo, en vez de seguir la inercia y hacer cualquier cosa. Es curioso porque de repente pensar en ir a Londres me da vértigo. Es normal, claro. Ya me ha costado bastante encontrar un atisbo de estabilidad en Madrid, y el pensar en ir de nuevo a la aventura me estresa un poco. Pero no lo voy a hacer en cinco segundos. Todo se trata de mantener un cierto equilibrio entre mi mundo interior y el externo, que a menudo es una especie de ventosa que me absorbe y me anula. 

La falta de sueño en estos días me impide poder pensar con claridad. Este fin de semana va a ser algo complicado, porque me voy a preparar para irme a Londres el lunes, y el domingo por la noche tampoco voy a dormir. Y luego voy a enganchar con un día muy lleno: primero Olga, Keyo, Chloe, Bunmi y el combi Heather/Campbell. Un día completo. Al día siguiente sólo voy a hacer las cosas del banco, pero voy a intentar dormir, y luego voy a ver a Bim. No sé si me está haciendo ya efecto la melatonina. 

Voy a dormir. 

Buenas noches, cabeza mía. Mañana tranquila, todo va a ir bien. 

Te quiero