Ahora va a ser distinto. Ayer le dije que yo seguía aquí o allí, donde ella quisiera. Vamos a estar sin relación ninguna, y ahora nuestro contacto vendrá del corazón. Aunque me va a costar tengo muchas ganas de vivir esta nueva etapa, porque va a ser un momento en el que finalmente se podrán apartar las dinámicas extenuadas de nuestra relación, y serán reemplazadas por lo que siempre debió ser: ella y yo.
Creo que finalmente se va a dar la oportunidad de pensar en mí fuera del contexto de su imaginario, esa tierra de nadie en la que luchaba contra mí, en la que erigía empalizadas para defenderse de mis ataques. Ahora ya no seré excusa, ni motivo, ni causa; ahora seré yo, con todo lo que supone.
He intentado explicarle quién quiero ser para ella, y durante toda nuestra relación, quién soy yo. Pero creo que las palabras no han logrado calar en la pez densa que embadurnaba todo. Y ahora tal vez su eco sí se escuche, y nuestras conversaciones se reconstruyan, y ella recuerde las palabras bonitas que debía haber recordado siempre; y no sólo se acuerde, sino que viva las sensaciones, los sentimientos que en lo profundo generaron amor y mantuvieron nuestro compromiso. Porque ahora, aunque me escribe te quiero, cuando le pregunto, me responde que no lo sabe; y tiene un conflicto tremendo entre lo que quiere, lo que sabe y lo que siente. Así que voy a estar lejos para que salgan a la superficie las razones del corazón, y finalmente inhalen oxígeno puro.
Creo que aunque yo sí me he dado la oportunidad durante estos seis meses de recordarla y verla claramente por quien es y por qué la quiero, ella no lo ha hecho. Por eso me dice que no sabe lo que le pasa, ni entiende lo que siente. Es como si el amor y el conocimiento a veces tuviese que darse en el tiempo, con tiempo, a tiempo.


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