sábado, 27 de agosto de 2016

Dust control (el No II)


Sigo monitorizando el no, y veo cómo asoma todavía de vez en cuando. Por ejemplo, me gustaría hacer ejercicio, y el noooooooo de la molicie se entretiene moviéndose por los rincones de mi mente como una pelota de ping pong. Escaneo mi cuerpo para ver qué hay de físico en todo esto, y veo que me invade un cansancio importante, seguido de una opresión de ansiedad en el pecho por lo que mi mente genera este tipo de pensamientos. Lo peor no es pensarlo, es tener miedo de que voy a seguir pensándolo y no voy a poder hacer ejercicio, que es lo que quiero hacer. Por ahora pienso que todavía podría ganarle la partida a este no, pero no estoy segura de que sea hoy ...

También pude seguirle la pista al no cuando fui a mi casa el otro día. Pude sentir de nuevo la opresión, la tensión torácica al ver cómo mi casa no estaba arreglada, al pensar qué pasaría si todo volviera a ser como siempre al volver, si de nuevo me dedicase a estar todo el día tirada en el sofá dejando pasar el tiempo envuelta en una sábana de angustia. Y entonces me recuerdo que esta semana ha sido muy callada, nadie me ha contactado con respecto a la nueva medicación, y que la semana que viene tiene que comenzar a haber resultados a ese respecto. Eso me calma un poco, y por lo menos sé que ya no se trata de esperar a resultados durante semanas interminables, sino que tal vez este mes realmente haya movimiento y comience a mejorar de verdad.

He notado varias encarnaciones del no, del miedo, pero también he visto cómo consigo liberarme parcialmente y además sin excesiva dificultad. En el último mes y medio las cosas han cambiado, he moderado mis opiniones negativas sobre la gente, estoy abierta a nuevas experiencias y buscándolas activamente. Creo que el no está más o menos controlado.


miércoles, 24 de agosto de 2016

El No


Estoy esta mañana barruntando ideas que comenzaron a deshilacharse ayer también. La idea del no, cuando tu mente te responde que no a todo. Me he dado cuenta de que es muy fácil dar por sentado que tu mente analiza todas las situaciones que se puedan presentar, por muy nimias que sean. Pero en una mente normal eso no es así. La mayoría de las veces la acción precede incluso hasta al pensamiento, y el "no" no se escucha. La mente depresiva no deja pasar ninguna posibilidad de decir no. Es súper extraño, sobre todo darme cuenta ahora, que tengo un pequeño respiro mezclado con la depresión, y soy capaz de ver tanto su sombra como vislumbrar los rasgos de una vida normal. 

¿Es posible decirle que sí a una menta enferma?

martes, 23 de agosto de 2016

Miedo II


Este miedo a la vida veo que acontece cuando empiezo a sentirme mal. Es como una corriente ligera que va colándose por las rendijas y que poco a poco me empieza a afectar. Debo verlo por lo que es: el decaimiento se está reforzando, y allí donde reinaba el optimismo ahora un incipiente pánico comienza a asomar la cabeza: "Y si no fuera verdad que me encuentro un poco mejor...?" Bueno, no voy a pensar en ello ahora, sino ser consciente de cómo a veces los pensamientos preceden al darnos cuenta de cómo se siente nuestro cuerpo. Debería haberlo imaginado al ver que no me apetecía hacer ejercicio, a pesar de haberme puesto tan entusiasta con el comenzar a hacer bicicleta otra vez el sábado ...

La depresión es como una infección en la mente, y así se manifiesta, en verdad. A veces te entra sigilosamente como una excusa para no hacer las cosas que apetecía antes hacer. Tengo que controlar este tema, o por lo menos darme cuenta de ello. Los aminoácidos me han ayudado, pero también me han dado un poco de ansiedad. Voy a tomar un pequeño descanso, además, me duele el estómago con ellos. Hoy voy a intentar hacer ejercicio antes de irme a dormir. Me duele el cuerpo, estoy tensa. 

lunes, 22 de agosto de 2016

Miedo

        nighttime

  • : the time of darkness between one day and the next. The time of day when no light from the sun can be seen

Gracias a los aminoácidos puedo imaginarme destellos de una vida normal, y en esa vida hay actividad, pasan muchas cosas, los pensamientos se convierten en acción y las acciones en hechos. Y me da un poco de miedo. Supongo que se trata de miedo a quedarme de nuevo entre tinieblas, de estar engañándome a mí misma, de no poder terminar lo que me proponga. Miedo de que los planes se esfumen en el aire como si se hubiera producido un desdoblamiento de personalidad, o mejor dicho: un desprendimiento de personalidad. Miedo de encontrarle sentido a la vida para perderlo otra vez. Y lo que se conoce duele mucho más al perderse ...



sábado, 20 de agosto de 2016

Respira


Y continúa el enfrentamiento con la página en blanco, con la página descalza, inmaculada. Y tal vez no es tal enfrentamiento sino una esperanzada espera, la expectativa de poder comunicarse, refrendarse, enfundarse en ese espacio que a medida que se recorre en vez de desaparecer parece desplegarse, mostrar su recorrido y cotejar sus fuerzas con las tuyas. A veces es una amable travesía, y otras un despertar primigenio, entusiasmado a la vida. En cualquier caso se trata de un trayecto anfibio, a mitad de camino entre un encuentro y un marcharse, un hablar y un callar. No sabemos exactamente lo que es.

Por mi parte aspiro simplemente a respirar, a desencallar el buque atracado contra su voluntad, a recobrar un simple espacio para que el tránsito del aire exhalado y su encuentro con el inhalado sea intuitivo y sin esfuerzo. Ahora mismo me cuesta respirar, situarme en el espacio torácico e intercostal. La sensación es la de no llegar al abrazo de la respiración, y al mismo tiempo la de ahogarme por perderme la sístole antes de que repercuta la diástole ...
 

viernes, 19 de agosto de 2016

Piel




Es importante mantener la rutina de escribir, esta necesidad para aderezarla con la justa compulsividad. De hecho ayer me levanté con una frase en los labios, preparada para escribirla. No lo hice, pero la frase sigue en mí. Quería hablar de cómo las sábanas en las que he dormido, y que todavía huelen a mi hermano debido a que compartimos el mismo colchón, son la piel suya que ya no existe. Así que su olor se disemina por mi piel y la envuelve al transpirar durante toda la noche a través de su colchón. Son cosas para las que no te prepara la vida. Y, sin embargo, la vida es esto.

miércoles, 17 de agosto de 2016

Rebeldía


Lo más difícil de la depresión es esta constante rebeldía, la presencia permanente del rechazo hacia ella. Esto hace que el cansancio se vuelva agotamiento, y el agotamiento, desesperación. Y así cristaliza una desesperada rebeldía, una rebelde desesperación que no se reconoce como propia, que no se acepta y que constantemente erosiona todas y cada una de las fibras de tu ser. 

La rebeldía es oponerse a esto, a no poder vivir, a sentirse apartada del mundo de los seres vivientes. No es posible simplemente vegetar, ser una planta, porque al menos las plantas y los árboles tienen un proceso, una intención. Es más bien ser una zombie, un personaje sin autora ni obra de teatro, una intrusa en una representación vital en la que nunca te pasan el libreto, en la que no tienes nada que hacer excepto quejarte, tal vez, esperar y ver como el tiempo pasa sin que las cosas mejoren, experimentando la derrota una y otra vez, la ansiedad de querer y no poder, la futilidad de la existencia. 

Yo no estoy desesperada porque a mi vida le pase nada malo, sin porque mi vida no pasa, porque "esto" es mi vida. Creo que necesito tener más paciencia, porque últimamente ya no puedo más. Soy muy consciente de que se me pasa la vida, de que quiero hacer muchísimas cosas y no tengo la energía física ni mental para siquiera planteármelas. Y no quiero vivir así, me parece una pérdida de tiempo y de vitalidad total. 

Es mi vida sin mí, e intento hacer lo que puedo, llevar a cabo las actividades que me permite la falta de conductividad neuronal, pero veo que me desespero más que antes, y de una manera que no se alivia fácilmente, casi sin consuelo. Antes podía simplemente cerrar los ojos y dormirme todo el tiempo, aunque al dormir no pudiera descansar y simplemente me pasara la mayor parte del sueño luchando contra la culpabilidad que me producía el sentirme tan inútil, el encontrarme tan inerte. Pero ahora se está desarrollando otro tipo de rechazo, de tristeza. Es el saber que podría mejorar pronto, pero que aún tengo que esperar más. Tal vez sea la recta final, y estoy haciendo todo lo posible para que sea así, pero me desespera ver que a pesar de que estoy dándolo todo, aún me queda esperar a que sea puedan pasar las cosar. Y los minutos pesan muchísimo y me agobian como horas muertas. Tal vez ahora soy capaz de ver las posibilidades escondidas detrás de la molicie y desee más que nunca el poder llevarlas a cabo, no sé. 

También me he dado cuenta de que si no escribo, si no puedo escribir, si no tengo la posibilidad de escribir, mi esencia está también perdida. Y estoy harta de no poder escribir. Sé que tengo que volver a leer poesía, y dejar el tipo de lecturas a las que me he entregado en los últimos años, porque no me van a fomentar la creatividad. La vida la veo en las palabras, es los actos, en la frescura del día a día, no en que me la cuenten. Y es una pena, porque durante mucho tiempo había pensado que tenía que leer filosofía para entender lo que estaba pasando. Y tal vez ese tiempo simplemente ya haya pasado, y ahora tenga que volver a mi trabajo, a mi intuición, a mi saber moverme por la literatura, por muy difícil que esto sea. Tal vez es tiempo simplemente de recuperar el trabajo y volver a creer en él, y mientras esperar a que este asunto neuronal se resuelva cuando el mostrenco administrativo dé algo más de sí y se solucione el tema del tratamiento. 

Entre medias por lo menos he de decir que me estoy encontrando a mí misma, quien soy, aunque sea por defecto, aunque sea siguiendo su rastro, persiguiendo su pista. Tengo un laboratorio neuronal defectuoso allí arriba, y estoy cansada de intentar hacer que funcione, pero no tengo más remedio que seguir. Echo de menos que alguien me ayude porque me siento sola en esta contienda. Tengo ayuda de I., pero ella está lejos y aunque suene patético la necesitaría mucho más cerca de mí. Espero sobrevivir estas semanas, está claro que lo haré, pero no sé cuánto sufrimiento más tengo que aguantar. Espero encontrar algún tipo de remedio, de alivio que dure más de unos minutos. Ya no puedo hacer más introspección, estoy muy, muy cansada. 

martes, 16 de agosto de 2016

La vida


Me queda bastante claro lo que es la vida, especialmente porque la veo escapárseme de entre los dedos. Sé que esta enfermedad me impide vivir en el sentido pleno de la palabra. Vivir es emocionarse, sentir, procurarte una buena organización del tiempo, atreverte, querer hacer cosas. La voz interna que dice "no" es una clara evidencia de cómo la depresión anula la vida.

Hay una gran cantidad de cosas que no haces, pero es que ni se te ocurren cuando tienes depresión. De hecho, una de las características de recuperarte, aunque sea durante unos días o unas horas, es la capacidad de generar nuevas ideas, el ver cómo el día se convierte en una marea tranquila de actos, que como olas van acarreándose y persiguiéndose. La depresión lo convierte todo en una calma chicha donde sólo escuchas el chirriante quejido de la ansiedad, de la molicie, del miedo y el rechazo.

Por otro lado, la voz que dice "no" constantemente es la que te recuerda que la vida es un hacer constante, un planear, un conseguir pequeñas y grandes cosas. Y eso lo echo muchísimo de menos. Hacer cosas sin sentir que no, que no puedes, que no quieres, que no es posible. Vivir sin quejarte, sin aplanarte, sin reducirte.

Así que es espero que pronto pueda dejar de jugar al escondite con la vida, porque deseo experimentarla en toda su plenitud.