Sigo monitorizando el no, y veo cómo asoma todavía de vez en cuando. Por ejemplo, me gustaría hacer ejercicio, y el noooooooo de la molicie se entretiene moviéndose por los rincones de mi mente como una pelota de ping pong. Escaneo mi cuerpo para ver qué hay de físico en todo esto, y veo que me invade un cansancio importante, seguido de una opresión de ansiedad en el pecho por lo que mi mente genera este tipo de pensamientos. Lo peor no es pensarlo, es tener miedo de que voy a seguir pensándolo y no voy a poder hacer ejercicio, que es lo que quiero hacer. Por ahora pienso que todavía podría ganarle la partida a este no, pero no estoy segura de que sea hoy ...
También pude seguirle la pista al no cuando fui a mi casa el otro día. Pude sentir de nuevo la opresión, la tensión torácica al ver cómo mi casa no estaba arreglada, al pensar qué pasaría si todo volviera a ser como siempre al volver, si de nuevo me dedicase a estar todo el día tirada en el sofá dejando pasar el tiempo envuelta en una sábana de angustia. Y entonces me recuerdo que esta semana ha sido muy callada, nadie me ha contactado con respecto a la nueva medicación, y que la semana que viene tiene que comenzar a haber resultados a ese respecto. Eso me calma un poco, y por lo menos sé que ya no se trata de esperar a resultados durante semanas interminables, sino que tal vez este mes realmente haya movimiento y comience a mejorar de verdad.
He notado varias encarnaciones del no, del miedo, pero también he visto cómo consigo liberarme parcialmente y además sin excesiva dificultad. En el último mes y medio las cosas han cambiado, he moderado mis opiniones negativas sobre la gente, estoy abierta a nuevas experiencias y buscándolas activamente. Creo que el no está más o menos controlado.


0 Comments:
Post a Comment