jueves, 21 de marzo de 2019

Escucho

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Aquí estoy. Haciendo esfuerzos para no escribir, para no expresarme. Me siento pesada y descentrada. Me gustaría tener todavía una semana para no hacer nada. Se me ha ido gran parte del fuelle que tenía, pero aún así he conseguido hacer unas cuantas cosillas. No sé si tomarme un lexatín y seguir tranquilizándome, o forzarme a leer un poco más y volver a ilusionarme. 

Me hizo mucho bien leer a Etty Hillesum, me sentía identificada, y todas sus victorias se volvían las mías. Ahora me encuentro en otro punto. Vamos a ver hacia dónde me lleva. En estos momentos me siento sola. Hace mucho tiempo que no dejo mis bártulos y me encuentro a alguien en casa que me saluda cuando llego. Tengo a Mami, pero no es lo mismo. Me gustaría vivir esa realidad, pero no lo veo en nada posible. También he decidido querer a Iber y ver cómo se desarrolla nuestra historia y adónde irá a parar. Ella creo que sólo ve la vida pasar, y la llena de actividad. Eso lo tiene claro. Creo que no quiere cambiar su vida en cuanto a compañía o independencia. 

A lo mejor lo que tengo que entender es que quiera o no quiera me meto en estos bucles, y cuando estoy en un buen momento me digo a mí misma que ya he superado la fase mala, y luego esa fase siempre termina volviendo, y me desespero. Tal vez tendría que tener en cuenta que la fase de bajón es parte del baile, y que cuando viene no debo desesperarme demasiado, sino cuidarme y darme cuenta de que la energía que tengo es cíclica. 

Ahora voy a terminar de ver la película Walk with me, y luego voy a volver a escribir. He hecho muy bien en no mirar Facebook ni ninguna noticia. Estoy muy orgullosa. 

También quiero recordarme que debo volver a la fase de la escucha, ya que me había funcionado muy bien, me había sentido satisfecha. Y la escucha empieza por una misma. 

Lo normal cuando me he sentido mal en otras ocasiones ha sido el desesperarme o ver qué podía hacer para encontrarme mejor. Ahora lo veo más como sin descubrir el mundo, viendo de qué manera he cambiado estos ánimos y he reenganchado con otros diferentes. 

Hoy estoy un poco mejor que ayer. He puesto los platos sucios en el lavavajillas y he barrido el suelo. También he hecho una colada y ahora estoy escribiendo. Siento cómo el cansancio va poco a poco invadiéndome, pero creo que todavía puede dar de sí el día. 



miércoles, 20 de marzo de 2019

Papel violeta

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Tengo sueño y estoy un poco desarreglada. He estado mirando cosas interesantes, y me han hecho recapacitar sobre la educación y su poder. También tengo la sensación de que me gustaría que me cuidaran un poquito, que no tuviera que ser yo siempre la que hiciera un esfuerzo de comprensión con el resto del mundo. No tengo mucha energía, voy a dormir un poco y espero poder continuar con la lectura, porque sí me da fuelle y me inspira. 

sábado, 23 de febrero de 2019

Silencio, escucha, cuidados, conexión y espacio


Me doy cuenta de que la introspección es fundamental y que también puede no ser un esfuerzo, especialmente si es honesta, directa y si se inspira en las experiencias de otras personas. Escribir y leer. 

Y para anclarme en el momento presente, voy a reflexionar cómo me siento ahora mismo. Pues bien, tengo algo de sueño, pero no sé si voy a poder dormirme. Quiero hacerle caso a A. cuando me dice que tengo que incluir los cuidados en lo que considero urgente en mi vida, y examinar mis actitudes compulsivas. Y no debo olvidarme tampoco de la idea del espacio que se abre cuando se observa, especialmente dentro del silencio, aunque circulen ideas que parece que quieren hacerse paso y exponerse al mundo (me he dado cuenta de que esto no siempre es necesario ni conveniente). O sea, que cuidados, silencio y escucha, conexión, espacio. Esos son los pilares fundamentales en los que debo apoyarme. Espero no olvidarme.

¿Y cómo puedo enfrentarme a mi trabajo y mis planes y mi día con este planteamiento? Por ahora frenando el ritmo y concentrándome en no desconectarme. Esta es una nueva idea que A. ha puesto sobre la mesa. 


jueves, 31 de enero de 2019

Siete recuentos


Siete recuentos: uno para cada día de la semana. Me encuentro casi sumida en un cansancio programado. Mis emociones son como los hilos de los pelos que se quedan fusionados al gorro que uso para dormir. He leído cosas que escribí probablemente en 2017 cuando pensaba que ya no sabía escribir, y ahora que el diálogo conmigo misma ha vuelto, aunque no creo estar haciendo bien las cosas, siento cierta tranquilidad, y también alegría. Me estoy fundiendo con este sueño que tengo sin saber si voy a poder soñar. Tengo ganas de dormir, pero ni siquiera recuerdo ya quién soy y cómo reencontrarme. 

No sé moverme, no reconozco las acciones de hace apenas una hora. Ahora mismo no podría emular ninguna de ellas. Sí recuerdo mis movimientos, mis paseos por la casa colgando la ropa y aparejos de la bicicleta para secarse, haciéndome una bebida de malta. No sé quién es esa mujer que sigue sus propios pasos. Y ahora intento volver al momento presente, y me encuentro instalada en un cuerpo que se siente mío pero que, como siempre, vacila en el espacio, se tensa y se prohíbe relajarse. Hoy me he dado cuenta de la tensión y el funcionamiento corporal, la desazón de dominar cada uno de mis movimientos. 

Tengo la mente en tensión también; es normal, claro. 

No sé, en algún momento tal vez pueda relajarme un poco, unos segundos cada día, y entender que el mundo es algo más que incomodidad mezclada con luminosidad y un curioso enarbolarse.




domingo, 11 de septiembre de 2016

Chatarra


Los seres humanos vivimos encorsetados a una chaqueta de metal llamada personalidad. Con el tiempo el magnetismo acumulado le hace atraer y acarrear todo tipo de chatarra y residuos que llevamos como si fueran preciadas. Y esa personalidad es bastante aleatoria y poco fiable, pero si la pudiéramos ver y examinar, le daríamos el valor que realmente tiene, el de haber podido llegar hasta aquí. 



sábado, 10 de septiembre de 2016

Partes de ti


Estoy haciendo acto de presencia de nuevo, e intento encontrar ese resquicio de mí misma que me permita liberar de nuevo el subconsciente, vivir la existencia literaria. Es invitar a que acuda esa parte de mí que se mantiene latente y que guarda su expresión hasta que se la evoca. Menos mal que existen partes de ti que no desaparecen, que te esperan.
 

sábado, 27 de agosto de 2016

Dust control (el No II)


Sigo monitorizando el no, y veo cómo asoma todavía de vez en cuando. Por ejemplo, me gustaría hacer ejercicio, y el noooooooo de la molicie se entretiene moviéndose por los rincones de mi mente como una pelota de ping pong. Escaneo mi cuerpo para ver qué hay de físico en todo esto, y veo que me invade un cansancio importante, seguido de una opresión de ansiedad en el pecho por lo que mi mente genera este tipo de pensamientos. Lo peor no es pensarlo, es tener miedo de que voy a seguir pensándolo y no voy a poder hacer ejercicio, que es lo que quiero hacer. Por ahora pienso que todavía podría ganarle la partida a este no, pero no estoy segura de que sea hoy ...

También pude seguirle la pista al no cuando fui a mi casa el otro día. Pude sentir de nuevo la opresión, la tensión torácica al ver cómo mi casa no estaba arreglada, al pensar qué pasaría si todo volviera a ser como siempre al volver, si de nuevo me dedicase a estar todo el día tirada en el sofá dejando pasar el tiempo envuelta en una sábana de angustia. Y entonces me recuerdo que esta semana ha sido muy callada, nadie me ha contactado con respecto a la nueva medicación, y que la semana que viene tiene que comenzar a haber resultados a ese respecto. Eso me calma un poco, y por lo menos sé que ya no se trata de esperar a resultados durante semanas interminables, sino que tal vez este mes realmente haya movimiento y comience a mejorar de verdad.

He notado varias encarnaciones del no, del miedo, pero también he visto cómo consigo liberarme parcialmente y además sin excesiva dificultad. En el último mes y medio las cosas han cambiado, he moderado mis opiniones negativas sobre la gente, estoy abierta a nuevas experiencias y buscándolas activamente. Creo que el no está más o menos controlado.


miércoles, 24 de agosto de 2016

El No


Estoy esta mañana barruntando ideas que comenzaron a deshilacharse ayer también. La idea del no, cuando tu mente te responde que no a todo. Me he dado cuenta de que es muy fácil dar por sentado que tu mente analiza todas las situaciones que se puedan presentar, por muy nimias que sean. Pero en una mente normal eso no es así. La mayoría de las veces la acción precede incluso hasta al pensamiento, y el "no" no se escucha. La mente depresiva no deja pasar ninguna posibilidad de decir no. Es súper extraño, sobre todo darme cuenta ahora, que tengo un pequeño respiro mezclado con la depresión, y soy capaz de ver tanto su sombra como vislumbrar los rasgos de una vida normal. 

¿Es posible decirle que sí a una menta enferma?

martes, 23 de agosto de 2016

Miedo II


Este miedo a la vida veo que acontece cuando empiezo a sentirme mal. Es como una corriente ligera que va colándose por las rendijas y que poco a poco me empieza a afectar. Debo verlo por lo que es: el decaimiento se está reforzando, y allí donde reinaba el optimismo ahora un incipiente pánico comienza a asomar la cabeza: "Y si no fuera verdad que me encuentro un poco mejor...?" Bueno, no voy a pensar en ello ahora, sino ser consciente de cómo a veces los pensamientos preceden al darnos cuenta de cómo se siente nuestro cuerpo. Debería haberlo imaginado al ver que no me apetecía hacer ejercicio, a pesar de haberme puesto tan entusiasta con el comenzar a hacer bicicleta otra vez el sábado ...

La depresión es como una infección en la mente, y así se manifiesta, en verdad. A veces te entra sigilosamente como una excusa para no hacer las cosas que apetecía antes hacer. Tengo que controlar este tema, o por lo menos darme cuenta de ello. Los aminoácidos me han ayudado, pero también me han dado un poco de ansiedad. Voy a tomar un pequeño descanso, además, me duele el estómago con ellos. Hoy voy a intentar hacer ejercicio antes de irme a dormir. Me duele el cuerpo, estoy tensa. 

lunes, 22 de agosto de 2016

Miedo

        nighttime

  • : the time of darkness between one day and the next. The time of day when no light from the sun can be seen

Gracias a los aminoácidos puedo imaginarme destellos de una vida normal, y en esa vida hay actividad, pasan muchas cosas, los pensamientos se convierten en acción y las acciones en hechos. Y me da un poco de miedo. Supongo que se trata de miedo a quedarme de nuevo entre tinieblas, de estar engañándome a mí misma, de no poder terminar lo que me proponga. Miedo de que los planes se esfumen en el aire como si se hubiera producido un desdoblamiento de personalidad, o mejor dicho: un desprendimiento de personalidad. Miedo de encontrarle sentido a la vida para perderlo otra vez. Y lo que se conoce duele mucho más al perderse ...



miércoles, 17 de agosto de 2016

Rebeldía


Lo más difícil de la depresión es esta constante rebeldía, la presencia permanente del rechazo hacia ella. Esto hace que el cansancio se vuelva agotamiento, y el agotamiento, desesperación. Y así cristaliza una desesperada rebeldía, una rebelde desesperación que no se reconoce como propia, que no se acepta y que constantemente erosiona todas y cada una de las fibras de tu ser. 

La rebeldía es oponerse a esto, a no poder vivir, a sentirse apartada del mundo de los seres vivientes. No es posible simplemente vegetar, ser una planta, porque al menos las plantas y los árboles tienen un proceso, una intención. Es más bien ser una zombie, un personaje sin autora ni obra de teatro, una intrusa en una representación vital en la que nunca te pasan el libreto, en la que no tienes nada que hacer excepto quejarte, tal vez, esperar y ver como el tiempo pasa sin que las cosas mejoren, experimentando la derrota una y otra vez, la ansiedad de querer y no poder, la futilidad de la existencia. 

Yo no estoy desesperada porque a mi vida le pase nada malo, sin porque mi vida no pasa, porque "esto" es mi vida. Creo que necesito tener más paciencia, porque últimamente ya no puedo más. Soy muy consciente de que se me pasa la vida, de que quiero hacer muchísimas cosas y no tengo la energía física ni mental para siquiera planteármelas. Y no quiero vivir así, me parece una pérdida de tiempo y de vitalidad total. 

Es mi vida sin mí, e intento hacer lo que puedo, llevar a cabo las actividades que me permite la falta de conductividad neuronal, pero veo que me desespero más que antes, y de una manera que no se alivia fácilmente, casi sin consuelo. Antes podía simplemente cerrar los ojos y dormirme todo el tiempo, aunque al dormir no pudiera descansar y simplemente me pasara la mayor parte del sueño luchando contra la culpabilidad que me producía el sentirme tan inútil, el encontrarme tan inerte. Pero ahora se está desarrollando otro tipo de rechazo, de tristeza. Es el saber que podría mejorar pronto, pero que aún tengo que esperar más. Tal vez sea la recta final, y estoy haciendo todo lo posible para que sea así, pero me desespera ver que a pesar de que estoy dándolo todo, aún me queda esperar a que sea puedan pasar las cosar. Y los minutos pesan muchísimo y me agobian como horas muertas. Tal vez ahora soy capaz de ver las posibilidades escondidas detrás de la molicie y desee más que nunca el poder llevarlas a cabo, no sé. 

También me he dado cuenta de que si no escribo, si no puedo escribir, si no tengo la posibilidad de escribir, mi esencia está también perdida. Y estoy harta de no poder escribir. Sé que tengo que volver a leer poesía, y dejar el tipo de lecturas a las que me he entregado en los últimos años, porque no me van a fomentar la creatividad. La vida la veo en las palabras, es los actos, en la frescura del día a día, no en que me la cuenten. Y es una pena, porque durante mucho tiempo había pensado que tenía que leer filosofía para entender lo que estaba pasando. Y tal vez ese tiempo simplemente ya haya pasado, y ahora tenga que volver a mi trabajo, a mi intuición, a mi saber moverme por la literatura, por muy difícil que esto sea. Tal vez es tiempo simplemente de recuperar el trabajo y volver a creer en él, y mientras esperar a que este asunto neuronal se resuelva cuando el mostrenco administrativo dé algo más de sí y se solucione el tema del tratamiento. 

Entre medias por lo menos he de decir que me estoy encontrando a mí misma, quien soy, aunque sea por defecto, aunque sea siguiendo su rastro, persiguiendo su pista. Tengo un laboratorio neuronal defectuoso allí arriba, y estoy cansada de intentar hacer que funcione, pero no tengo más remedio que seguir. Echo de menos que alguien me ayude porque me siento sola en esta contienda. Tengo ayuda de I., pero ella está lejos y aunque suene patético la necesitaría mucho más cerca de mí. Espero sobrevivir estas semanas, está claro que lo haré, pero no sé cuánto sufrimiento más tengo que aguantar. Espero encontrar algún tipo de remedio, de alivio que dure más de unos minutos. Ya no puedo hacer más introspección, estoy muy, muy cansada. 

martes, 16 de agosto de 2016

La vida


Me queda bastante claro lo que es la vida, especialmente porque la veo escapárseme de entre los dedos. Sé que esta enfermedad me impide vivir en el sentido pleno de la palabra. Vivir es emocionarse, sentir, procurarte una buena organización del tiempo, atreverte, querer hacer cosas. La voz interna que dice "no" es una clara evidencia de cómo la depresión anula la vida.

Hay una gran cantidad de cosas que no haces, pero es que ni se te ocurren cuando tienes depresión. De hecho, una de las características de recuperarte, aunque sea durante unos días o unas horas, es la capacidad de generar nuevas ideas, el ver cómo el día se convierte en una marea tranquila de actos, que como olas van acarreándose y persiguiéndose. La depresión lo convierte todo en una calma chicha donde sólo escuchas el chirriante quejido de la ansiedad, de la molicie, del miedo y el rechazo.

Por otro lado, la voz que dice "no" constantemente es la que te recuerda que la vida es un hacer constante, un planear, un conseguir pequeñas y grandes cosas. Y eso lo echo muchísimo de menos. Hacer cosas sin sentir que no, que no puedes, que no quieres, que no es posible. Vivir sin quejarte, sin aplanarte, sin reducirte.

Así que es espero que pronto pueda dejar de jugar al escondite con la vida, porque deseo experimentarla en toda su plenitud.
 

miércoles, 1 de julio de 2015

Marcharme de aquí


Quiero escribir y no esconder más mis sentimientos, que otras personas me lean y me revisen, pero creo que no voy a hacerlo. Continuaré aquí, en la retaguardia, sabiendo que existo y que me manifiesto, sin miedo y sin reparos. 

Por algún motivo ahora no logro volver a mi estado anterior. Hace una semana dormitaba y ahora estoy más despierta, pero antes era más feliz tal vez. No sé. Ahora estoy sufriendo más y no me gusta, no sé cómo calmarme, o sí sé, pero no domino la técnica. No domino la técnica del sufrir ni la técnica de calmarme. Sufrir no tiene nada de malo. Es normal. Sufro como una obligación cuando debería simplemente sufrir como un requerimiento.

En estos últimos días hay muchísimo ruido alrededor. Parece imposible encontrar un momento de tranquilidad. No sé por qué me siento así, tan alterada, como si mi espacio hubiese sido invadido por una plaga. Y esta vez no veo claro cómo resguardarme, porque la plaga ha encontrado todos mis escondites y me ha perseguido en ellos. 

En la calle se desgañita el temblor estertóreo de una taladradora. En la calle crepita un calor imposible que penetra en todos los rincones. Hay ruido dentro y ruido fuera. Ojalá estuviera fuera de aquí, pero realmente fuera, no sólo físicamente sino espiritualmente. Quiero vivir otro destino, pero, espera, el destino que quiero es el que estoy viviendo. Realmente éste es el destino que quiero y no otro. Creo que lo que quiero no es marcharme sino descansar, que me permitan vivir en mí, que me permita vivir en ellos, y eso no lo voy a conseguir marchándome de aquí.

Sería tan fácil si lo entendiera. Creo que tengo un poco de jaleo mental. Ahora se están cambiando todos los esquemas, y de ahí la confusión. 
 

martes, 12 de agosto de 2014

Fracturas


Tengo los pensamientos fracturados, y los sentimientos emitiendo señales acústicas que un sónar no puede detectar. Continúo utilizando la sonda a ciegas. 

lunes, 16 de junio de 2014

Unbound


The drowning feeling is unbearable, and I've upheld it for too long. What's the nature of this? I wish for a longness that supersedes itself and goes on with ease, a narrative uninterrupted, a life not lost for words. 

I don't mind the pain pangs, the broken dreams: I can face them all, I'm used to it; I can be my own saviour, I can cruise the menacing waves. I just need a little help to fight this curse, this intimidating darkness that assails me when the day is born, not yet alive. I live fast in oblivion, I sense strong, I write long. I can be inspired by the stillness, the caressing light wind, the remnants of the storm as long as I breathe, as long as I'm able to work my thoughts in suspensive dots. 

I learn from touch, stretching along wideness which I seek. If life stops at a halting break, I'm undone like a mechanical failure. A life so ordinary it hurts. 

sábado, 7 de diciembre de 2013

Represión

A menudo presiento de nuevo el improperio, la burla, la dureza y crueldad de mi padre cuando llevo a cabo ciertos actos y me sorprende reiteradamente el que mi madre ahora ya no me dispensa este trato. Pero sigo recordando su eco cuando en solitario hago estas mismas cosas y me invade la extrañeza de la niña al no verse castigada otra vez. Sin la rebelión ni el dolor que conllevaban casi te preguntas si eso que estás haciendo no es erróneo, indómito, incorrecto, rudo y despectivo como te hacían sentir. Es como si se revolviese de nuevo esa envoltura dentro de mi cuerpo y acrisolada en mi carne y yo quisiera dejar atrás el plástico del embalaje sin conseguirlo.

lunes, 25 de noviembre de 2013

The way they went


They left with candour, they left in the same way: silently and present. Both my dad and my brother left together, they left with us.

sábado, 23 de noviembre de 2013

Cansancio / resfriado


Es una noche a la que no he podido permitirle asumir toda la coherencia que debiera haber tenido. Tenía miedo del insomnio y he hecho todo lo posible por evitarlo a base de malas decisiones que, como todas las malas decisiones, tenían sus motivos. 

Ahora voy a dejarme llevar por el cansancio inducido, un cansancio soleado pero sin pena ni gloria. 

domingo, 17 de noviembre de 2013

Inocencia


No sé muy bien quién sería en este momento si no hubiera perdido la inocencia. Con las muertes de mi padre y de mi hermano este año la he perdido.

Perderla quiere decir ver cómo surgen sentimientos dentro de ti, notar cómo se prenden a tu carne, decir adiós a aquéllos que antes te protegían, acoger en tu seno a los que desde este momento han de calentarte cuando haga frío, impedirte caer aunque exploten granadas a tu alrededor, aunque te empujen y caigas por un precipicio.

Ahora sería una persona que tendría un techo sobre su cabeza sostenido por una falsa idea de seguridad. Tal vez alguien con miedo a caer, a sufrir. Alguien más vulnerable pero menos sensible, alguien con menos conocimientos. No sabría lo que sé ahora sobre la permanencia, la pérdida, la fragilidad, lo que se escucha cuando todo es silencio. No sabría parar, frenar. No sabría erguirme cuando tienes que empujar tu cuerpo adelante, levantarte y hacerte cargo de una inmensidad de dolor, responsabilidad, realidad. Y sobre todo no sabría que no es tan fácil rendirse. 

sábado, 16 de noviembre de 2013

Incendios


Los momentos estaban sedimentándose y pugnando por irrigarse en el exterior para absorber oxígeno fresco. De repente ese ritmo y candor cambiaron de sentido.