jueves, 31 de enero de 2019

Siete recuentos


Siete recuentos: uno para cada día de la semana. Me encuentro casi sumida en un cansancio programado. Mis emociones son como los hilos de los pelos que se quedan fusionados al gorro que uso para dormir. He leído cosas que escribí probablemente en 2017 cuando pensaba que ya no sabía escribir, y ahora que el diálogo conmigo misma ha vuelto, aunque no creo estar haciendo bien las cosas, siento cierta tranquilidad, y también alegría. Me estoy fundiendo con este sueño que tengo sin saber si voy a poder soñar. Tengo ganas de dormir, pero ni siquiera recuerdo ya quién soy y cómo reencontrarme. 

No sé moverme, no reconozco las acciones de hace apenas una hora. Ahora mismo no podría emular ninguna de ellas. Sí recuerdo mis movimientos, mis paseos por la casa colgando la ropa y aparejos de la bicicleta para secarse, haciéndome una bebida de malta. No sé quién es esa mujer que sigue sus propios pasos. Y ahora intento volver al momento presente, y me encuentro instalada en un cuerpo que se siente mío pero que, como siempre, vacila en el espacio, se tensa y se prohíbe relajarse. Hoy me he dado cuenta de la tensión y el funcionamiento corporal, la desazón de dominar cada uno de mis movimientos. 

Tengo la mente en tensión también; es normal, claro. 

No sé, en algún momento tal vez pueda relajarme un poco, unos segundos cada día, y entender que el mundo es algo más que incomodidad mezclada con luminosidad y un curioso enarbolarse.




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