sábado, 30 de junio de 2012

Love letters



PEACE BY PIECES


It struck him as somewhat maudlin, but he wished to himself that he had never written anything. He knew that she was out there, somewhere, disposing of the things that were now too hateful and heavy to keep around. 


He imagined her in different places, pushing memories into the sea, letting feeling deliquesce in the night, trying to let old and outmoded abstractions like love appear in her hands so that she could take them apart piece by piece.


But how do you take back a word that you’ve already written into the world? How do you let it die?


By Charles Warnke


Finalmente la luz me deslumbra, a pesar de haberme sentido casi ciega estos días empañando mi vista al apretar los ojos cuando miraba a la pantalla del ordenador.


Me escondo en el silencio de este momento de la noche; en mi propio silencio también, ya que he acallado mis ruidosas actividades para sentarme y degustar como un sandwich la oscuridad de la noche.


No logro hacer una tregua con mis intenciones de irme a dormir relativamente pronto. La luz del portátil hace las veces de lámpara de aceite, y cualquiera diría que estoy en un lugar muy, muy diferente a mi mesa de cristal. Un lugar más cerca de mi imaginación cada día, cuya tierra sólo se apelmaza en las botas cuando la cruzas con tu escritura. 


Me rindo a la evidencia de que necesito este silencio. No se me antoja solitario ni estéril; es el silencio de la noche cuajado de aire oscuro pero fecundo, una oscuridad que podrías contener entre tus brazos y así sentir cosquillas con un baño en su polvo de estrellas. Parece mentira que las estrellas sigan estando ahí arriba por el día: nadie se da cuenta. 


Me sublimo en un ten con ten con el reflejo fotográfico de las curvas en blanco y negro. Me deslizo por la escalera posada en el muro de mi deseo con la música de Jane Birkin, y me miro las palmas de las manos para observar el calor. 


Mi sobrinita, la niña bebé, ayer me buscó todos los posibles huecos para acomodarse en mi regazo. Y era tan fácil simplemente tocarnos, encontrarnos, palpar nuestra piel y desear besos. Sería tan suave si sólo quisiéramos eso Septiembre y yo, porque ya me he dado por vencida: ya no quiero buscar cosas que hacer, ni palabras que decir. Ya sólo busco regazos y piel amorosa donde (re)plegarme. 


Mientras tanto (porque ahora todo parece un mientras tanto antes de mi encuentro con ella cuando la estación cambie) estaré mirando el paisaje de las formas ocres tostado del otoño que se avecina. Yo no pienso ahora en este verano. Ya es suficiente sentirlo en los pies descalzos, y la deseada brisa nocturna que destila la composta de calor formada durante el día. 


Quiero encontrar el cambio de estación en las hojas de los libros que acaricio y froto con el reverso de mis nudillos. Los que pueda fusionar con el cuero de mi mochila. Los que acierte a encontrar entre el nutrido espectáculo de encuentros fortuitos con la palabra herida que rebulle entre paraísos frutales. Sé que la música nunca se acaba, por eso la quiero encasillada entre mis dedos cuando escribo esto. 


Me pregunto si ya es hora de acostarme. El dolor de vientre que se ha instaurado en mí en la última hora y media, me está suplicando a voces el separarse de mí. Y, sin embargo, no me duelen las yemas de los dedos, no quiero dejar de moverme entre las notas sonoras de las palabras bordadas y escritas en la blancura de la pantalla (página). 


Es como mojarse en bicicleta de camino a un koffie verkeerd en mi cuarto, el que se eleva por encima de las escaleras estrechas de mi casa de Ámsterdam.  

jueves, 24 de diciembre de 2009

Empresas obligadas


Vuelvo a escribir y a intentar reencontrarme. Me gustaría llegar a pensar que he progresado como persona durantes estos meses. Pero no va a ser real hasta que no retome ciertos caminos y compruebe cómo los vuelvo a recorrer. ¿Cómo me encuentro en este momento? No quiero responder a esta pregunta de forma literal. No quiero ser literal. Quiero ver el trasfondo. No sé lo que voy a hacer. En realidad no me planteo inmediatamente buscar un trabajo tipo Starbucks pero tal vez me vea forzada.

Ahora mismo no me lo imagino. Tengo que imprimir unos CV y llevarlos a ….....

Zzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzz

martes, 2 de junio de 2009


Me gustaría leerme la mente a mí misma para acceder a mis argumentaciones binarias, a mis sensaciones primigenias, a mis fincas privadas intelectuales, a mi ser y mis ideas confitadas. Me gustaría bajar una sonda al fondo de mis profundidades salinas, a mi alma cetácea, a mi espíritu prensil, a mis argumentos convincentes, a mi física y química particulares.

Me gustaría pensar en un repetidor de frecuencias para recoger las ondas desde un receptor de señal y serigrafiar mis objetivos en concéntricas dianas. Me gustaría rebasar el (medio) ambiente que me rodea, y establecerme en un espacio biselado, recesionario, vislumbrado sólo al percibir el holograma, mío, propio, febril e irisado.

Una especie de tiempo muerto con perfil indeterminado de periodos hábiles y fecundos. Un saber estar, una imposición de manos energéticas, de cientos de miles de manos que no me alcanzan, que me visionan en sus radio frecuencias en diferido como un programa emitido desde la vía láctea, pero sin tener que repasar explicaciones, ni reacciones, ni simpatías, si me apuras ni siquiera simpatías histriónicas.

Un espacio entre medios pero no entre medias, un espacio de sinfonías y sincronías varias, un espacio en blanco, un espacio suspendido en el aire y suspenso en meditaciones y en resolutivas dudas, un espacio que puede replegarse y expandirse como un abanico de cinco picos, o un abrazo. Con una corriente alterna electrificada y su alambrada inconsciente y cruel con los tránsfugas y los traspasadores, como un égira y fuga de ideas, de fugas sonoras y embistes inalcanzables, como una imprecisión frágil, como un malentendido.

Porque mis negocios ya no se encuentran en las esferas humanas, ya no saltan a la vista, ya no se retuercen entre las convenciones sociales, ya no se aturullan con la marabunta de las necesidades económicas. Finalmente ya soy libre de pensarme y pensarte como quiera, y eso sólo lo hace el impacto de la luz solar, el abandono de las actitudes ambide(x)tras, el repentino auto convencimiento de que vivir con €300 no es un sinvivir sino la consecuencia de necesitar diez horas de sueño, de la irrepetible y repentina pulsión de recoger las prendas que se han dejado tiradas antaño y que se revuelcan por el polvo acendrado durante años, hasta que se recogen y se investigan.

Como un acercamiento a tu parada de metro, la que está cercana a casa, la que te lleva. Como esos cinco segundos que se alargan y te permiten hacer de todo.

miércoles, 1 de abril de 2009

Libre


Hoy, tras haberme un día libre después de haberme echado la empresa del trabajo el lunes, me siento francamente bien. Recibo los mensajes de alarma de mis amistades que a lo mejor no entienden mis constantes cambios de humor y emociones. No puedo evitarlo, la vida me trae una de cal y otra de arena, y a veces tres de cal y una de arena, y no resto ni sumo, tan sólo reacciono en consecuencia. Tout va bien ...

Es que hoy me siento realmente, verdaderamente libre. Veo cómo transcurren las horas y tan sólo las veo acercarse a la de dormir, es lo único de lo que me doy cuenta. Se me escapan raudas y veloces de forma que parece que cuando me acuerdo de que hay que comer es una o dos horas más tarde de lo que sería lógico. Pero no me importa. Ya no tengo que darle las gracias a los hados por dejarme un par de horas libres para hacer lo que quiero y necesito, porque tengo todo el tiempo por delante. Y de repente no me importan los días, ni las horas que me quedan del día, ni lo que voy a hacer mañana, ni qué día es, o si es o no fin de semana (periodo en el que hay que empacar todo y consecuentemente faltan ideas o energía), que es a menudo cuando el tiempo se enrarece y llueven cats and dogs, porque todos los fines de semana a mí parece que me han llovido lágrimas al no alargarse lo suficiente.

Ya no me importa si es o no vacaciones o festivo, porque seguiré haciendo lo mismo caiga lo que caiga, esto es: los veloces minutos. Y me estoy dando cuenta también que desde que no voy a trabajar estoy ralentizando mis movimientos; ya no es necesario que me dé prisa en hacerme ese bocadillo, prepararme ese té, hacer las cosas que necesito hacer antes de que se me olviden y las tal vez con un poco de suerte las recuerde, o no, en el trayecto del metro hacia la ofi, mi tiempo más fecundo, pero corto, inmensa y desesperadamente corto.

Porque me voy a tomas seis meses para ir a mi ritmo y trabajar en mis cosas. Hoy fui a recoger mi Macintosh G4, muy lejos, a Urgel, a la casa de una amiga que me lo estaba guardando, larga historia. Y ahora me doy cuenta de que la maquinita está en casa, que es donde quiero que esté, conmigo, en su casa. Ya. Así que empecé a cablear y a montar el disco duro aquí y el altavoz allá y a pensar en accesorios (baratos) que todavía necesito para estar más cómoda en el trabajo. Y me di cuenta de que las cosas estaban en su sitio, simétricamente ordenado por mí cuando lo dejé todo pendiente de inspiración. Y me inspira el yo que dejé atrás hace unos meses, escasos, pero suficientes para no acordarme, no acordarme nunca del yo que me precedió a menos que vea los objetos, y las hojas escritas, o me vengan a la cabeza visiones de mí misma haciendo aquéllo que emprendo hoy.

Y me he puesto a limpiar ropa; puse un lavado de sintéticos delicados por primera vez en esta nueva lavadora, y encontré el manual en el sitio adecuado donde yo lo había colocado hace un mes, ya que es un mes el tiempo que ha pasado desde que puse por última vez la lavadora (a excepción de mi día de terapia korto el fin de semana ... ¿pasado?). Luego me dije por qué no, y también limpié el baño y el temible wc que de repente no parecía tan esperpéntico ni nada.

Y me puse a leer y a cotejar y a medir, y saqué la estantería porque tengo que tener los altavoces altos para conseguir más espacio en la mesa, y ya no me atemoriza el polvo que fuese a levantar y que podía acabar en los cabezales de la cámara y estropearla para siempre (para siempre porque no tendría dinero para cambiarlos, son casi €500 entre una cosa y otra). Voy a moverla y además usar el tubo de la aspiradora mientras taladro la pared para calzar el estante de Ikea que me regaló mi hermana hace tres meses y que no he mirado desde que lo puse en un sitio donde su gran tamaño y peso no molestara, y poder olvidarme de él ya que no tenía moral para instalarlo en la pared.

Y también he hablado con mi Ángel de Sonido sobre cómo trabajar juntos y también acerca de facturas e IVAs y otras cosas. Esta mañana de camino a recoger el ordenador he pillado el cocido de mi madre que me dejé en la nevera de la oficina y también mis notas y papeles del trabajo, porque tienen información e ideas que yo he sacado adelante y que no quiero olvidar. La persona que aparezca el lunes para sustituirme lo va a tener muy difícil, porque la documentación que hay en la empresa sobre la red, servidores, ordenadores y software brilla por su ausencia, y entonces se darán cuenta del esfuerzo y talante que puse en su momento al comenzar a trabajar en este sitio. Pero eso ahora es historia.

Por la madrugada y por la mañana de hoy me encargué de enviar unos partes y unos intervention reports (empresa yanqui) del trabajo, pedí mi despido por escrito y llamé por teléfono a E. que me dio todo su apoyo en todo, un encanto de jefe y un buen amigo ahora y siempre. El otro día le llevé al Patio de Maravillas, y a JC a La Boca del Lobo, en Lavapiés. Llevar a mis amig@s (especialmente a los chicos LOL)se va a convertir en un deporte que me haga salir a mí también de casa, ver a gente afín, y hacer cosas que me interesan. No por ir siempre con alguien de chaperón, sino porque así me inspiro también a hacer más cosas por mi cuenta.

Y ahora me encuentro en una casa impoluta, bajándome los últimos capítulos de Roma, la serie, para mi madre, libros por todas partes que estoy leyendo y consultando en multitarea, y estoy comiendo, estoy comiendo bien, mis tres comidas diarias, y a punto de pedir tal vez el último (y muy caro, prohibitivo para mí ahora) pedido orgánico de mi periodo sin trabajo (me doy seis meses para reconstruirme) y cocinar. Por lo pronto ya he organizado las bolsitas de las infusiones en una caja con una serie de compartimentos que me compró mi hermana en Alemania junto con la chaqueta de tejido técnico para correr.

Y cómo me puedo olvidar de correr. En estos días me he dado cuenta de que prefiero correr a ir cansinamente a los sitios, que siempre tengo prisa en la calle, y que me gusta más sentir el viento, ver los objetos, los escaparates y las gentes desenfocadas mientras veloz me separo del suelo y de las distancias cortas. Así que no está lejos el día en el que me ponga la tarjeta rojo corinto y naranja enriquecido, mi mp3 con música del korto, para empezar a inspirarme, probablemente, mis zapatillas nuevas que compré en una tienda especializada en calzado deportivo de chicas enfrente de El Retiro, y salga a correr y entonces no pare. Por lo pronto me voy a jugar al basket con JC la semana que viene, y ah! cómo olvidarme: he quedado el domingo para correr con A. Tengo que empezar a apuntar las cosas, aunque mi memoria va de maravilla gracias al ácido fólico. Estoy esperando mi pedido de Metafolín que envié a S. a su casa en Nueva York y que ella mandará por correo a Madrid, ya que en internet no era posible que la farmacia lo enviara aquí por UPS. El MF es ácido fólico ya metabolizado sin el incordio de la dichosa enzima reductasa que es la que se carga mi Thalasemia Minor (probablemente) y mi trastorno bipolar, ya amansado. Creo que todo esto empezó cuando noté que ya no me gustaba tanto leer después de un periodo de 16 años, de 0 a 16 en mi vida, cuando me costaba más acordarme de la frase anterior, cosa que antes no me sucedía, porque era capaz de encadenar un libro de 600 páginas sin tomar aire. Y ahora me estoy dando cuenta de muchas, muchas cosas. Pero lo que realmente me importa es pasar a libro el cuento que escribí a los trece años sobre un niño que se llama como mi sobrino, y dárselo a mi hermana por su cumpleaños. Y claro, rescatar todos los libros que leí de esa biblioteca interminable que están todavía en mi casa. Porque quiero releer más que leer nuevos libros. Me va a revivir intelectual y emocionalmente. No puedo esperar. Pero esto pasa por ir a Ikea, sobornar a mi madre, pedirle estantes y traladrar toda la casa para colocar cientos de libros que leí y abandoné antes de irme a Londres.

Más vale tarde que nunca. Aún así, aunque mi inconsistencia creativa ha sido demoledora, me las he arreglado para vivir y ser yo misma (más que fragmentada) estos 42 años de existencia, así que tengo una idea bastante correcta de quién soy, y siempre tuve la intución de quién quería ser (porque ya era, pero ...), ya que sabía que mis múltiples problemas y complicaciones no eran un encadenamiento del destino, sino que esos hilos invisibles que me hacían retozar en el mundo como una marioneta no me habían atrapado del todo, no tengo mentalidad de víctima, nunca la he tenido. Y ahora que me siento mejor y veo que puedo trabajar otra vez con toda la ilusión del mundo, entiendo más lo que ha estado pasando. Pero no siento amargura, sino unas ganas tremendas y una seguridad en mí misma que no me dará tregua para comenzar y acabar proyectos creativos que se me vuelven a ocurrir entre horas. No estoy demasiado acelerada como para que se me escapen la suerte o las ideas, aunque tengo que hacerme a la nueva situación todavía. Mi cuerpo está en auge durante el día, pero a partir de las cuatro de la tarde, y debido al insomnio del principo de las últimas tres o cuatro noches, caigo rendida y sólo quiero estar tumbada en el sofá, donde curiosamente me siento intelectualmente más activa que nunca.

En vez de ser la suricata en el próximo test psicológico, que he matizado a lo largo de los años hasta convertirlo en una obra maestra, voy a ser un corcel salvaje, negro, árabe andaluz, lustroso e indomable surcando el viento y sólo alcanzado al ser perseguido por su poderosa alma gemela.

sábado, 29 de noviembre de 2008

Perspectiva III

Hoy, sábado. ¿Qué me lleva pasando toda la semana?

Yo no sé muy bien lo que es tener resaca, pero estas Heineken y su simbología me han dejado el cuerpo hecho unos astrojos. Llevo todos los días de esta semana con dolores musculares tremendos, el estómago hecho unos zorros, teniendo pesadillas todas las noches. Me he levantado estos días como si hubiera sobrevivido mi asesinato y sin haber descansado. Se me ha metido el miedo en el cuerpo con tanta pesadilla y no creo haber pasado de la fase REM del sueño, así que no he tenido un sueño realmente reparador.

Conclusión: me he pasado toda la semana desde el miércoles más o menos hibernando. Bueno, quitemos el menos.

El frío ha llegado a Madrid como si nos hubieran cambiado la espina dorsal por una estalactita, y la gente se ha refugiado en sus casas. Al llegar yo a la mía he ido directamente al sofá y me he puesto a ver películas con una profusidad aberrante. Me he dedicado toda la semana a comer pan con queso y aceite, mi comfort food, de la que viví casi exclusivamente en Londres cuando necesitaba sentirme yo, depurarme, simplificarme, convertirme en la síntesis de mí misma. ¿Necesitaría las grasas después de tanta Heineken este finde?. Mi médico de cabecera me dijo que mis resultados hepáticos no eran normales porque se notaba que no probaba una gota de alcohol, y mi hígado no está acostumbrado a filtrar el agua del caldo de la cebada.

He sentido reumatismo en mis articulaciones y la muy concreta y precisa actitud de no querer hacer absolutamente nada. He confrontado estos días con gran estupor vital y creo que la cosa se consolidó el miércoles después de ver a Bizcochito. Me pasé por el herbolario después de pensármelo mucho porque no había recibido ningún mensaje de texto o esta boca es mía por su parte esta semana. No quería desaparecer del todo pero también me sentía mal por ser yo la que se tuviera que estrellar con las calabazas de frente. Cuando entré no supe qué pensar sobre su actitud. La vi muy nerviosa e intenté disimular. No logramos hablar mucho porque sentí que no iba a abrirse y contarme realmente lo que tenía en mente. La vi muy cabizbaja, frágil, y al final salí apresuradamente de allí, aunque la dejé con una sonrisa que decía algo así como: "Somos amigas, quiero que lo sepas por encima de todo ..." No me extraña que no quiera entablar contacto conmigo. El fin de semana pasado se acercó demasiado al fuego y creo que eso le ha hecho reflexionar. Mi avalancha de mensajes poéticos le habrán puesto sobre aviso. Creo que tiene el derecho de tener una relación con su novio sin que nadie se entrometa. Y también creo que mis sospechas desde que la conocí fueron, aunque intuitivas, fundadas: Bizcochito tiene mucho, mucho peligro.

Así que esta semana mi propio cuerpo me ha servido de centinela y me ha avisado de que debo cuidarme, porque mis escapadas al territorio complejo y desconcertante de las relaciones fluidas no sólo no dan fruto sino que me dejan baldada física y emocionalmente. Las horas transcurridas con estupor viendo cómo mi ropa sucia se acumulaba, los platos quedaban de nuevo sin lavar, la comida sin cocinarse y ni rastro de la peli me hicieron ver al final de estos cuatro días que esto debe acabarse. Es la segunda vez en un mes y pico que caigo sin red y esto no puede convertirse en una costumbre, no gano para sustos y tampoco racionalizo lo suficiente.

He estado observándome y todas estas noches galopantes, retorciéndome por el dolor muscular y de estómago que me ha promovido pesadillas me han hecho procesar mis emociones a un nivel interno muy profundo. He visto como los conatos de una posible depresión eran sofocados por mi matutino Lamictal, y cómo los petardos sin estallar de los pensamientos viles, decrépitos y desahuciantes de la ansiedad se han tenido que volver, ofuscados, por donde habían venido.

Sabes cuándo estás deprimida porque de repente te obsesionas con pensamientos macabros, y debe ser que esta situación con Bizcochito ha hecho que en mi mente vagara la dama desértica, pero gracias a Dios ahora tengo ángeles de la guarda que me protegen. No se ha llegado a materializar ninguna emoción negativa; he comprendido lo de Bizcochito incluso cuando estaba gestándose, y no he llorado casi. Desde el principio de esta crisis me he repetido aquéllo que realmente debería hacer: recomponerme, cuidar de que mis rutinas continúen, no dar tregua a los desengaños y no confiar en la magia exterior hasta que haya dado muestras de ser real.

Ayer terminé el trabajo a las cuatro y media, y desde las cinco y cuarto he estado tumbada en el sofá viendo películas y dormitando, así hasta hoy. No sin haberme ventilado cuatro madalenas y una bolsa de nachos (muy orgánicos pero con sabor a chile, y todavía me arde el estómago, maldito chile en polvo). Esas horas he tenido sueños alimenticios que me han resarcido algo de las pesadillas de la semana. Al final me he levantado como una Lázara y he visto con claridad que tenía que arreglar la casa, escribir, cocinar y volver a la única rutina que me hace sentirme bien, y que es la creativa. Después de eso todo viene rodado.

He tenido una buena, excelente noticia esta semana, y es que he negociado mi contrato en el trabajo y voy a trabajar de autónoma para mi cliente favorito. Esto va a ser un paso hacia adelante importantísimo, porque voy a intentar trabajar una media de cuatro horas diarias y ocupar el resto del tiempo en mis asuntos. No voy a tener que ir a oficinas deprimentes ni aguantar a clientes que te tratan como si fueras infecciosa por ser de la ETT... perdón, la empresa de servicios informáticos. Puedo dejar mi muesli y mi leche de avena en la nevera para desayunar cuando estoy ahí, y tengo mi chiringuito donde trabajo con vistas de décimo piso a Madrid. Además los días son variados y hago muchas cositas; estoy a mis anchas, me divierto y me río un montón con Marcos, me organizo el tiempo como quiero y la gente me respeta. Este año que viene voy a hacer lo que me dé la gana. Impresionante ¿verdad? Sin embargo no he podido procesar demasiado la buena noticia porque tenía el cuerpo asediado y la mente atenazada por la ansiedad que me ha generado la situación con Bizcochito. Supongo que los bipolares somos así.

La verdad es que a pesar de todo he sentido un trasfondo de optimismo y seguridad, aunque sabía que tenían que pasar unos días para poder volver a ser yo misma. Dentro de un ratito voy a meterme de cabeza de nuevo en la peli. Quiero subir los capítulos y dejarme de tonterías. Como siempre, hoy empieza todo.

Perspectiva II

Sigo actualizando lo que no pude pasar esta semana ...

Miércoles

Hoy es la quinta o sexta vez que me levanto con dolor de estómago. Creo que el motivo es que mi cuerpo está hecho polvo de luchar con este súper resfriado y también, el saber que hoy tengo que negociar mi contrato. Llevo varios días leyendo cómo Kakfa desdeñaba los estamentos opresivos de la sociedad y la burocracia feudal, y hoy me quiere ver el jefe de proyecto que ha venido de Barcelona.

En esta empresa están echando a la gente que lleva mucho tiempo y quieren ofrecerles "el paro" sin indemnización . Han echado a personas mayores que llevan más de diez años aquí de la noche a la mañana: coge tus cosas y te vas en una hora. Yo que destesto esta actitud y se me nota en la cara voy a encontrarme con uno de los responsables máximos de esta deshumanización global.

Bueno ell@s echan a gente y yo me quiero ir. Supongo que tenemos algo en común. Ya veremos cómo va.

Hoy me duele la cabeza, el estómago y los músculos. Mi carga de serotonina es pequeña, está a medio gas, pero bueno es pronto todavía. Estoy ilusionada con otro trabajo que me están ofreciendo aunque tal vez sea agobiante, pero podría trabajar de 4 a 10 y tener el resto del día para mí. No quiero ni puedo compatibilizar la formación del nuevo trabajo con éste y aunque tal vez sea humanamente posible hacerlo no puedo soportar trabajar el doble y no tener tiempo para respirar. Sería difícil y me deprimiría.

Ya he cumplido en mi vida suficientes décadas de cross y la verdad es que en estos momentos no creo que deba sacrificarme por nada que no sea mi familia o mi trabajo artístico y avance personal. Soy una floja y lo sé.

Alguna gente encontraría en un trabajo absorbente la terapia precisa para esconderse de una relación marchita, un@ jefe tocapelotas, una familia agobiante ... Yo, sin embargo, siento que este invierno Madrid parece querer hibernar yo estoy en plena forma para crear y lo último que quiero son dos semanas miserables trabajando de 9 de la mañana a 10 de la noche haciendo el mono mileurista sin Kafka, Anäis Nin o George Steiner. Sorry, world! que paren el mundo que me bajo.

Supongo que la gente normal se curaría un dolor de estómago con un tratamiento de choque -véase un café de máquina bien cargado. Si creamos un agujero ardiente en él, el dolor por lo menos será inducido. Yo, sin embargo, lo que quiero es relajarme, seguir en la hinopia, ayudar a mi madre con optimismo. Hoy me ha llamado, la pobre, a primera hora de la mañana hecha polvo porque mi hermano ha tenido fiebre toda la noche y pudiera tener neumonía de nuevo. Mi madre se ha pasado toda la noche en vela mientras mi padre andaba como alucinado, inmerso en una extraña pesadilla babeliana, hablando en varios idiomas, delirando. Poquitos se ha quemado los deditos con un foco en una tienda y yo quiero estar como una rosa para llevarles lo que sé que necesitan en su corazón, sin tener que esconder un olor a fracaso o comportarme como si viviera de incógnito.

martes, 25 de noviembre de 2008

Tuesday

Hoy ha sido un día muy interesante repleto de novedades. En primer lugar, me han llamado para un trabajo de tarde, de cuatro a diez bastante cerca de mi casa. Si me seleccionan será adiós a éste último que ha tenido bastantes altibajos y a cierta libertad que me ha permitido desenvolverme y sentir que podía llevar a cabo mis planes. Ahora vendría la segunda parte.

Bizcochito no me ha llamado ni me ha enviado ningún mensaje en estos dos días. Yo ayer pasé fugazmente a verla para no molestarla demasiado porque sabía, intuía que no le iba a gustar que yo estuviera detrás suya. Tenía la sonrisa un poco congelada; estaba ocupada, pero aunque el herbolario esté justo al lado de mi casa no voy a pasar esta semana hasta que me llame ella. Es bueno que le dé tiempo para aclararse la cabeza, o simplemente para procesar nuestro encuentro. David piensa que no tengo que jugar al escondito; pero no es un juego, es natural que quiera refugiarme un poco. No he sabido nada de ella en varios días tras la noche tan intensa del sábado, así que no tengo más remedio que protegerme un poco (y protegerla a ella también).

Estoy buscando una bola de cristal con nieve dentro. Me la están pidiendo en la tienda de todo a 100 de al lado de casa. Quiero leer más y refugiarme en mi interior, hibernar un poquito, esconderme en la bola. Tengo muy buena energía durante la mañana y luego me empiezo a cansar y al final sólo quiero estar tumbada con las piernas en alto viendo una peli o algo así. No puedo mantener el interés. Esto está pasando únicamente en estos últimos días, debe ser la tónica de la semana.

viernes, 7 de noviembre de 2008

Imprimir el parte del viernes

Estado de shock perturbado

Miro al tendido y me rebusco. El pecho atenazado. El oxígeno detenido en mi laringe, la boca abierta y enfriándose. No entiendo. Hormigueo en los dedos, pesadez en la caja torácica. Pudor. No quiero que nadie vea esto, no quiero contárselo a nadie.

Visualizo unos instantes atrás pero se disipan en mi memoria y el estupor de hace cinco minutos. No sé qué pensar, no pienso. Proceso y claro es un proceso físico.

Comienzo a respirar, creo que respiro. El aire se mueve hacia dentro y hacia fuera como si mi boca fuera una flauta, un fuelle. Trago la saliva congelada y noto las venas pulsátiles en las sienes. Tengo ganas de decir de forma automática: "Todo va bien". Si me preguntasen "todo va bien", si se enfrentaran conmigo: "todo va bien".

Todo va bien.

Estoy escuchando a una mujer en la oficina hablando con el técnico de su caldera. Su madre, pobrecita, no hay agua caliente, no es nada contra ti, te lo juro, es un chico jovencito con una falta de, bueno que claro puede ser, pero así no hay forma, es una falta de eso, por lo bueno que pueda ser, vamos a ver, aunque trabajéis con él, pues te llamaremos, y cuando esté solucionado, pues no sé, siento haberte dado la tabarra,

comonotengootrapersonayaloséestoesdesesperantetellamocuandosepa
algomiraqueyomehabía
enteradoenelforoyhabíaleídocosaspésimasyledijeaEnriqueoyeestoy
espésimo,buenobuenoya,es
quetengomicompañeraqueestálapobretambién,esunadesprotección
yunaimpotenciaabslutaalgo
quevasapagarysepaganohayningúnproblemaalcontadoporqueyodev
erdadquelosientoquetehe
llamadoperoque ...

Detengo el ratón y cierro los ojos para se renueven los conos y los bastones. Ahora ha pasado cuarto de hora - gasnaturalevidentementeellanotieneculpalopasaráa - y no me he dado ni cuenta. Tenía que escribir y tenía que olvidarme y ahora tengo un movimiento extraño que pulsa en mi pecho y creía que el corazón estaba en el lado derecho, pero claro, es el corazón, porque está en el lado izquiero, qué extraño. ¿Es porque no he dormido que vuelvo a sentir el latido acelerado? ¿Debería dormir?

Me tiemblan los dedos sobre el teclado. ¿Qué será lo próximo? ¿Me anticipo? Voy a tomar Rescue Remedy, me ayudará??

Voy a ver a la niña del herbolario, he quedado, bueno, ella me ha invitado, no tengo ni idea de lo que está pasando, estas chicas me buscan a mí ... me quedo paralizada porque de repente cazador cazado no sé cómo reaccionar

Me tiemblan las muñecas pero no entiendo sólo ha pasado un minuto, antes pasaron quince en el mismo periodo de tiempo

-yotevuelvoarepetiresunaimpotenciaunamaneraderesignarte...
yaloséytehasportado
correctamenteyqueclarotienesrazónynolatienesnohaymás
perounadenunciasepresenta
cuandosetienequepresentar -

Tengo que parar, reclinarme, el corazón está como una locomotora silenciosa llevándome a alguna parte completamente desconocida, como los últimos días. Quiero ir a dormir en mi litera y abandonarme al telón de la oscuridad del sueño. Menos mal que es viernes, que me dejan irme antes, que no he trabajado, que estoy en un cliente cuyo línea de negocio desconozco donde -síclarosilosheutilizadoyosi-

Es hora de llamar a alguien porque salgo antes porque no les va a importar si llamo, porque no va a quedar mal, pero no voy a llamar a Bizcochito del herbolario, no ... qué pasa con Madrid 2010, ¿no tenía razón? No sé llamar a nadie en estas situaciones, no sé qué decir ni qué decirme. Silencio

Voy a imprimir el parte y que me lo firmen y me voy a ver a Bizcochito pero no le puedo explicar ...

séquenomevanapasarconestapersonaperopor
lomenosdicesperomiraahíestá

Día de hielo

¿Por qué pienso? Estoy pensando porque aunque la gripe se ha alejado la falta de sueño me hace proclive a pensar que las tristezas pasadas son hermosura

Y lo son, porque son heridas y marcas en el cuerpo cuando eres la amante y ella las encuentra y le dan ternura y a mí también las mías

Voy a imprimir el parte

martes, 4 de noviembre de 2008

Forro polar

Esta semana tiene un sabor extraño. Por un lado me ha tocado trabajar en la empresa donde estuve este verano, el grupo editorial. Es, como siempre, tremendamente anodina y no me apetece movilizarme. La gente aquí está llena de manías y preferiría no estar hoy. En el otro proyecto no me importaba sacrificarme por la gente, y a cambio tenía flexibilidad, además había un trato cordial y cariñoso. Sin embargo aquí se encuentra lo peorcito de este tipo abajo; me siento muy tensa y no quiero moverme de mi silla. Básicamente me quieren para responder al teléfono y punto chitón.

Tengo el festival, lo que va a cambiar de términos la semana, aunque ahora no me puedo imaginar el cambio de ánimo (a mejor) que voy a experimentar estos días. Es increíble la transformación Jeckyl/Hyde que tengo durante el día, como si mi vida no tuviera nada que ver con la que ostento las ocho horas diarias que entrego a ganar dinero. Estoy a la espera de poder permitirme un trabajo de mañana para poder trabajar en mis proyectos de forma productiva y coherente. En Londres no me podía imaginar esta situación, es muy extraño. Soy un pez obligado a salir fuera del agua donde mis bronquios se extralimitan y el entorno no congenia con mi metabolismo.

También ha influido en esto mi incipiente rechazo al clima y cómo me afectan las enfermedades: me vuelven tímida y algo desapegada, me cuesta relacionarme y necesito tiempo para mí. Lo que pasa es que es ahora cuando tengo que desplegar mis dotes sociales y obligarme a hacer un esfuerzo. Aunque no quiero forzarme en demasía porque quiero que la gente me vea como lo que soy: un ser que necesita expresarse pero que se agota al diseminarse por el mundo. Siento que la sociedad me hostiga y me exige ser y no estar.

De todas formas he decidido que cuando te sientes plof lo mejor es concentrarte en ayudar a la gente que te quiere, porque se sentirán y te sentirás mejor. Ayer hablé con Davicito que estaba en Málaga sintiéndose peor que yo; apoltronado como un pollito a las 12 de la noche en el sofá de la casa de su padre sin brasero y ahuyentando una ola de frío gélido. Nos dijimos buenas nochecitas mutuamente desde la cama, postrados. Y también intenté compartir con L., mi madre y mi hermana.

El otro día vi a Poquitos y estaba más rico que nunca. Se le veía ilusionado por verme y un poco híper activo , aunque él también sufría un súper catarro de mocos verdes y fluidos. Desde hace tres días tengo su carita en mi mente, con la ilusión que reflejaba. Además me levanté con él porque terminé durmiendo en casa de mi hermana al perder el autobús de la sierra a Madrid, y se sorprendió mucho de ver mi cara al desperezarse. Qué rico es nuestro bebé, con su pijamita de western y sus ganas de recibir la luz del día como el rocío de la mañana.

Hace ya hace unos días que e sacado mi plumífero. Me encanta, estoy calentita, aunque creo que debería comprar uno incluso más caliente, a pesar de que éste sea para arrinconar el frío de hasta -10C. Soy una friolera y estoy destempladísima. Por la noche me protejo del frío con dos capas de edredones y no permito que ninguna fisura deja penetrar el airecillo traicionero.

Me he dado cuenta de que yo soy de doble forro. Me arropo a mí mista con delicadeza e intento no sufrir demasiado, no padecer. Tengo verdadera alergia a los alicates del sufrimiento arrancándome la carne. Creo que con un hermanillo con VIH avanzado (eufemismo para un SIDA de caballo) y un padre con Alzheimer, ambos al cuidado de mi madre ya tengo suficiente. A veces me siento culpable porque hay tanta gente hecha polvo en el mundo. Me siento miserable porque mi madre está solita y no le podemos ayudar mucho. Creo que es el destino de esta familia. Yo tengo que disipar ese dolor, ahuyentarlo como sea porque si no llegará a la gente alrededor mío y el efecto mariposa que me ha tocado crear debe exorcizar ese sufrir como sea. Poquitos ha nacido para traernos felicidad y esperanza. Bendito sea nuestro bebé.

sábado, 18 de octubre de 2008

Visibilidad en la ofi

Es increíble la cantidad y la calidad de mujeres súper atractivas en interesantes que existen en el mundo, si sólo te paras a mirarlas cuando no tienes pareja. Lo digo completamente lúcida y de veras que me llama la atención la libertad que puedo llegar a tener para compartir momentos íntimos, cálidos con ellas sin la intromisión inoportuna de un plan de acción genial para llevármelas a la cama.

De hecho lo hago de forma inconsciente, y supongo que mi actitud es como si estuviera ligando, flirting, pero ésa no es del todo mi intención. Quiero sentirme libre para integrar en mi comportamiento, mi mirada, mi lenguaje corporal todo aquello que puedo sentir en un momento concreto cuando estoy cuerpo a cuerpo con una mujer que me inspira a adoptar múltiples formas de expresión incluyendo un despliegue de mi sensualidad.

Y la verdad es que también lo hago con algunos hombres porque me gusta demostrar ternura, y cuanto más abiertamente lo hagas y ellos perciban que lo haces con ellos, quiere decirse no con él , más fácil es que te entiendan y te acepten y te quieran.

Pero a veces es más fácil que otras. La niña del herbolario tiene tal vez un atractivo especial que me hace jugar la carta de Jerry Lewis y ser un poco más pato de lo normal, intentar demostrar todo mi atractivo, intelecto, intuición, etc, etc. Y eso es exactamente lo que no quiero ni necesito, pero a veces lo hago y quiero decir YA, para, porque no te hace ningún bien.

Es esa tendencia innata que puedo tener para hacer demostraciones de fuerza derivada sin duda de mis afanes infantiles y adolescentes por hacer mella alguna en mi padre y mi madre, y tal vez toda mi familia, cuando te sientes ignorada. Yo ahora me siento mucho más querida por mi madre, por ejemplo; no sé si es verdad, pero la siento más cercana, más tierna, aunque suele ser tan "madre de la sección femenina" a veces que la distancia que pone entre sus hijas y ella no debería existir y no nos hace nada bien tampoco. Pero cómo puedo quejarme de mi madre, si es un ángel de los pocos que deben existir en el cielo.

Volviendo al tema de expresión de lo que no llamaría inmediatamente sexualidad porque no es sólo eso, estoy analizando y rememorando mi actitud con una chica de la oficina del cliente donde he pasado la mayoría de la semana. Mi comportamiento no debería dejarme la menor duda de que me gustan las mujeres, aunque claro está yo apuntaría que me gustan algunas mujeres. En cuando aparece un pequeño lucero a la vista me calma, me relaja, me hace sentirme mejor y se me despliega una sonrisa resplandeciente en la cara.

No busco mucho más, a veces ni siquiera la cercanía. Lo que pasa es que tal vez a la gente alrededor le gustaría que fueras más generosa con tu elección de persona especial, a quién le dedicas la mejor de tus sonrisas, y tal vez los celillos comienzan a aparecer y estos se deben solventar pensando: "Claro, a mí no me hace caso porque va detrás de ella". A la gente de esta oficina les debo dejar algo fuera de juego porque le tengo unos amores locos a uno de los managers que me recibió desde el primer momento con una gran sonrisa que ha mantenido estos últimos seis meses sin signos de decaimiento. Somos como Pin y Pon, vamos en unísono a todas partes, le cojo del brazo y el del mío y nos liamos mutuamente al intentar solucionar todo el embrollo informático. Yo le llamo con diminutivos delante de todo el mundo, lo que hace girar algún cuello, pero a él no le importa lo más mínimo; por lo menos no me lo ha dicho.


Cuando encuentro almas gemelas no me queda la menor duda, y no me importa que sea un bebé, una persona mayor, un desconocido o una chica marroquí en una tienda de Falafels en Lavapiés; es una sensación muy agradable y placentera, un misterio, algo muy especial.

Tengo varios objetos de afecto que si me piden cualquier cosa en esta oficina dejaría todos los cables que estuviera enchufando en ese momento para acudir al vuelo a su lado y sacarles del de la tempestad informática en la que se hayan metido. Hoy me he quedado hasta muy tarde, he sido la última en salir de la oficina, y gratamente he observado un pequeño goteo de gente que se acercaba a la pecera de cristal donde me encontraba como una hacker dominando el mundo, montando y desmontando ordenadores. Venían a decirme buen finde y hasta luego, no te quedes mucho; no querían entrar en la pecera para no quitarme la concentración y desde fuera agitaban los brazos para que yo saliera de mi absorto estado y me diera cuenta de su saludo. Hoy justo me ha saludado de esta manera toda la gente adecuada, toda la gente guapa, la que no me quiere sólo para que les saque de un jaleo y utilizarme tras después olvidarse de decir gracias. Han venido las personas que me aprecian por ser quien soy, por la actitud que tengo, porque nos comunicamos a veces sin palabras, porque nos gusta estar cerca los unos de las otras. Ha sido muy bonito y me ha gustado mucho.

Aparte de mis chicos, que son unos cuatro o cinco, hay una niña que me encanta encontrarme, que cuando me llama, aunque intenta no molestarme cuando estoy ocupada, me hace feliz en ese instante. Es muy agradable, muy dulce, tiene una risa contagiosa y cuando camina cerca mía parece que está flotando. A veces pienso en ella cuando no estoy en la oficina y simplemente me acuerdo de lo agradable que es encontrármela en el pasillo cuando voy a hacerme una taza de té o pillar unos kiwis para desayunar. No he tenido ocasión de hablar mucho con ella, la verdad; ni yo imprimo ni ella envía faxes, con lo cual no nos vemos mucho, sólo cuando me paseo por su zona de la oficina si paso por ahí. Cuando está cerca la veo de forma que no veo a otras personas, aunque me gusten. Le sonrío y ella me devuelve la sonrisa, cada vez, no importa cuántas veces en una hora; es un acto reflejo que me hace relajar los músculos de la cara, que altera mi equilibrio de dopamina, que me tranquiliza como el Rescue Remedy de las Flores de Bach.

Lo que he observado, curiosamente, es que cuando hablamos se le nota muy tímida, más bien nerviosa, y yo quiero respetar su timidez y no hago ostentación de todos los millones de cosas, chorradas o bromas que podría hacerle con mi mente interactiva.

Ahora me viene a la cabeza que ya debe quedarle claro a todo el mundo, sobre todo a los miles de chicos gay que hay en esa oficina, que soy una súper lesbiana friki porque me paseo con los brazos enrollados en cables de red, y siempre estoy hablando con la gente en lenguaje de datos. Ahora que me he atrincherado en la oficina con decenas de cables, fuentes de alimentación, luces de red brillando por doquier, seis ordenadores y varias torres de cajas lo tendrán muy claro. Desde que me han visto tirada en el suelo ignorando sus miradas, apuntando número de inventario y casando los números de serie con los equipos. Hoy que he dedicado horas a destrozar las cajas de cartón ruidosamente para tirarlas, sin pedir ayuda ni exclamar femeninos y remilgados: "ay, perdona, cuántas cosas de chicos tengo que hacer", supongo que se hacen ya una buena la idea de la naturalidad con la que vivo mi sexualidad.

Y no sé si por eso las chicas me hablan a veces con timidez otras con una sonrisa puesta en la cara casi de satisfacción, y algunos gays intentan competir conmigo. A todo esto ¿por qué no oteo a ninguna otra lesbiana en esta oficina? La verdad es que los chicos pululan por doquier, pero las tías no son tan obvias. Nunca tengo tiempo para estas cosas, pero la semana que viene voy a empezar a planteármelo.

miércoles, 8 de octubre de 2008

Crisis: tú eres la próxima. ¿Qué vamos a hacer con eso? Ser valientes y amar la vida ¡al fin!

Tiene rasgos de sol pirómano y luna desfallecida con contención meticulosa, pero su clarividencia replica los desfases del terraplén y sus grietas taciturnas. La vida, esto es. Repele el salitre y reivindica cúmulos solares por allí por donde se bifurca con placer y corrientes de viento. Suplica un pasado fértil pero como vislumbra la precariedad del plenilunio, lucha por la mera supervivencia, plana e insegura.

Todo lo que creíamos necesitar para ser felices ha desaparecido. Es un hallazgo lúcido que nos dará de pensar y que tiene el potencial de hacernos finalmente lograr el equilibrio que necesitábamos. Mejor no sustentar nuestros planes en mentiras y robos que esquilman continentes enteros, vidas enteras, deseos y peligros, repetidas acometidas y constantes caídas al vacío por nada, absolutamente por nada.

Qué sacamos en claro. La crisis siempre ha existido bajo el felpudo de los insaciables financieros que piensan por ti con el empobrecido y entumecido embrutecimiento bursátil. Debemos responder con miradas oblicuas y resplandecientes de esperanza correspondida. Tenemos que ser nosotras mismas. Siempre, siempre, siempre. Revelarnos la cuenca del océano, el hueso de albaricoque, retirar la pulpa y simular un retiro hacia el auto conocimiento donde yacen las verdaderas ilusiones que no hemos satisfecho por la ceguera deslumbrante del materialismo.

Y no rebuscar en las corrompidas liquidaciones con la avidez de buitres, porque ése no es nuestro estado natural. Ahí es donde nos penetran las humedades hasta carcomer todo aquéllo con lo que podíamos relamernos, el fluido vital, la verde salvia de los momentos que evocamos con fervor, que son en los que vivimos los mejores años de nuestra vida. Pero pueden volver si quisiéramos y lo deseáramos con un toque de tacones y esmeraldas reverberantes.

Mientras, los altavoces distorsiantes mediáticos han dejado la selección de fúbol un lado y se lanzan sin cuartel en especulaciones sobre la economía sin fundamento ni conocimiento con tal de hipnotizar al pueblo y retenerlo en sus casas con un miedo atávico. Son los encargados de provocar terrores nocturnos y llantos por un país que realmente nunca fue lo que pretendía ser.

Las piernas del mundo tiemblan, pero nadie se ha molestado hasta ahora en leer los diarios de Riverbend en Irak, o las crónicas de Jonathan Kaplan en su libro Hospital de Campaña: La Odisea de un cirujano, porque no conviene deprimirse, que es lo que le pasa a la gente que convive con la burbuja glotona e hinchada de lo que llamaban vida. Sin embargo, la empatía, la caridad, las actitudes solidarias con la soledad escondida en el patio de la escalera segunda, primero A de mi casa es la que nos permite subsistir y morir siendo personas cercanas a su humanidad platónica.

Si no nos corta el alma el presenciar la piel deshidrata de las personas ya moribundas que intentan alcanzar nuestras costas será que se nos ha convertido en un sanitario Roca.
La avidez consumista da paso al miedo y la estrategia de defensa hacia el OTRO, la mujer embarazada de bebés de piel oscura o pelo de colores trigueños centro europeos. Hay que buscar culpables, enemigos, cabezas de turco, y resoplar como toros grecoromanos y embestirlos porque la violencia que nos embarga se exorciza con el enemigo en casa, nunca con los hombres y mujeres de traje y medias de diseño.

Pero no seamos simplistas que Madrid somos todos y la civilización se sustenta en nuestras pantallas de plasma y las exageradas fechas que nos caducan los yogures antes de tiempo. La basura sin reciclar somos todas, porque el carburante del egoísmo humano también se cuece en los siete continentes si incluimos la Antártida y el Cono Sur. Vanidad de vanidades. Humano, demasiado Humano.

Entregamos inmediatamente el beneplácito para que reine la rampante barbarie, y callamos como cucos porque somos el último eslabón de la cadena alimentaria y tenemos sed de sangre caliente y carne sacrificada. Pero cuando se tambalea el sistema la situación nos brinda una oportunidad única y cíclica para renovarnos en quienes éramos, repudiar la avaricia, disfrutar de los pequeños detalles y entender con visión lateral lo que nos brinda el día a día.

Me dio un abrazo hasta que me curó.

Los ruiseñores, desbocados, el exhibicionismo, total, el verdor quema con su fino filo de papel cortante y traicionero como un sinsabor de placeres ocultos e inexistentes. Revierte el verdor resplandeciente, lucha por un espacio en la puerta condenada del porvenir y se refugia sin tregua detrás de sus enemigos invasores. La cizaña carroñera y las malas hierbas con sus tallos rugosos e inapetentes, de una simpleza absoluta y parásita que te ahoga, se adueña de tu espacio porque quiere verte morir y sabe cómo expulsarte matemáticamente para tomar tu puesto.

Hojas de periódicos escritos sobre crónicas de literatura francesa del siglo XVII. El País BABELIA 20.09.08 y página ... 23

Miradores impuestos que sobre los techos de su cristalera recogen un futuro relleno de las inseparables promesas de la nada finalmente estallan en mil pedazos. ¡Ya! Mis pulmones inhalan el polvo vítreo y es sorprendente, pero no me afecta. Ya he destrozado las creencias inmundas que me paralizaban y esterilmente ataban de pies y manos con su anestesia fragante. ¿Qué esperábamos conseguir sino esmerados exámenes de lo rutinario? Embelesados sueños futuribles que tan sólo llenaban la sangre de pasta de hidratos de carbono no comestible. Cuidado con el nivel de azúcar y su pornografía barata y escandalosa.

Repito mis palabras. Abandono las prioridades insensatas. y ya no espero ser siempre la que se sienta en el asiento vacante del metro; miro a mi alrededor para localizar a la embarazada, a la persona frágil, a la familia que resiste con ayuda de latas de judías blancas con tomate. Pienso lo que sacamos en claro. No quiero esperar el ser yo siempre la que consigue salir a la superficie por límpidas y verdugas escaleras mecánicas. La vida me impone el dolor de sus inagotables escalones. Y siempre miro atrás para acompañar a quien recoge mis migas.

Me siento en una esquina, en las baldosas húmedas de la calle y espero los cientos de miles de taxis con sus verdes luces iridiscentes.

jueves, 2 de octubre de 2008

O sea que el sueño reparador es una necesidad orgánica.

Que no se termine el sueño REM y se haga paso lo demás que se alberga entre bastidores.

Pérfidos perfiles. Ignominias en los salones de té con sudores y sombras. Hechos relativamente simples y cotidianos que rezuman jungla de lianas y túpidos cubiertas. Caminas o revientas. Saldas tus cuentas con la sociedad con mil sinsabores tardíos; cuentas redondas de colores límbicos y primigenios. Temblores del ocaso presididos, diminutos y múltiples.

Tremendas náuseas incompetentes e inacabadas. No sientes fe pero tienes fe de que el vacío se acabe y la luz recurrente cual vespertinas llamadas de auxilio en la penumbra del ajuar. Destinos cruzados, paradas que te pasan de largo, trenes que no saben recogerte con ternura. Las mañanas tienen bordes roídos, deshilachados, imberbes. Circulo por el borde de la mañana en este vagón de metro renqueante, rodeada de gentes desconocidas que se returcen para pasar sin tocarse.

Ademanes fieros a medida que enderezan los periódicos insulsos multicolores. La pluma no responde entre bostezos acotados y acallados por formalidades en tropel. Desvelos de crisis más anuncios de cosas inservibles que el capitalismo escupe con plásticos de diseño. Mientras tanto llueven las paradas del recorrido como lluvia ácida mientras se suceden las palabras cual gotas de rocía, pero sé que muchas de ellas serán irreconocibles al transcribirlas.

Tengo pensamientos recónditos e intangibles. Tan sólo puedo apresar las dos primeras que me acometen; las demás se antojan difusas e inapresables. No acierto a vislumbrar futuros cercanos ni soy responsable de ellos. Tan sólo me arrastro sin rumbo en esta mañana de octubre mientras el resto del pasaje que me ignora también me observa con el habla y la mirada perdidas.

Los periodistas explotan la crisis como perros hambrientos mientras yo me desplazo tambaleante por los pasillos de metro con una migraña infectada de bisagras aliñadas con pulsátiles pensamientos plisados y estancados.

Relamo los últimos bordes de libertad antes de llegar a la oficina. Primero las náuseas, después cortes afilados que me escucen en las sienes por esta migraña estúpida y considerable aunque predecible y poco común. Yo no suelo padecerlas. Sebastián Moreno, tareas múltiples son sonoros zumbidos embargados en un luminoso apagado a la vuelta de la esquina del trabajo.

Camino por la calle empedrada de balsosas de brillos vítricos ahogados en cemento. Los bebés se suceden en ráfagas con los ojos abiertos, expuestos a la vida, sin saber lo que es el sueño concentrado y atávico que surge a las ocho de la mañana. Los padres tiran de ellos con el mal humor resguardado y pensamientos plácidos de otoño.

Este hombre afable en la oficina ostenta un hoyuelo rasgado y prominente en el mentón, ojillos vívidos y sonrisa permanente. Los demas teclean y esperan a las diez de la mañana con fruicción y masculinas tempestades. Mi día se despliega sin secretos para las hadas de la fortuna.

Sacudo el ratón como un postre sobre su almohadilla de hule como quien abre su coche de forma rutinaria propulsado por el instinto. Windows se está iniciando ... Windows siempre se está iniciando como una ventana ventriculada hacia el pasado. que nos controla, nos altera y suprime las esperanzas rotas.

Mi mandíbula descoyuntada por la falta de serotonina sacude el dolor a sus puntos neurálgicos. Estoy en ayunas y destemplada pero todavía no puedo tolerar un desayuno. Quiero cuajo lácteo derramado y ardiente en mis tostadas de pan de centeno. Las tengo arriba, en la nevera de las chicas. Lo malo es que tengo que sevirme el desayuno con las manos sucias y utilizar subrepticiamente el cuchillo de alguien. Iba a mirar esto en la Rae, pero prefiero mil veces a María Zambrano.

La recepcionista en vaqueros y camisa de caballero irrumpe como un gorrión cantarín pero se va inmediatamente, sin avisar y sin explicaciones sobre su jovialidad. Los hombres suspiran imperceptiblemente, como un rugidito que se revuelca y regurgita en sus nueces de Adán.

miércoles, 24 de septiembre de 2008

Alienación en la oficina, horror, horror

Horror en el hipermercado
Terror en los ultramarinos
Mi chica ha desaparecido
Y nadie sabe cómo ha sido .....
.... ohhhhh noooooo

Desfase difásico, vulnerabilidad lunar y superlativa. Retazos de liberación emocional en cubitos de hielo de colores múltiples. Resabiarse, circularse, embrutecerse con actividad varias para que luego no suceda lo de siempre que es lo impredecible, cuanto más mejor.

Escritura automática despedida a latigazos, buzones cibernéticos esféricos encima de una revista masturbatoria. Pringarse con la radio, salazón de líquido contenido en botellas que sudan por dentro. No saber lo que se dice ni por qué se dice ni a quién se dice para que luego se diga lo que te cuentan por motivos disueltos. "Los mensajes no se quedan en el buzón de dirección ... exactamente, lo que envían lo que reciben y de algún modo lo pueden ver los dos ..."

Qué coño rallas. Me importa muy poko, me parecen inconstantes, insuficientes y recalcitrantes los buzones de correo de los usuarios sempiternos que nunca saldrán a respirar de sus contenedores enfermos en el edificio gris y a punto de venderse, pero nadie lo quiere. Es que no se compra con dinero.

Quiero saltarme las distancias y los buzones y las redirecciones, por ejemplo, para que no haya que formatear la mente y los dedos convertidos en teclas de teclados contra natura. Y las mayúsculas detrás o delante de la arroba, o dónde está la arroba que todo el mundo lo sabe pero aún así se tropiezan los dedos con la maldita Alt Grrrr

Así no se puede observar el mundo mientras se termina de configurar el equipo, y mi botella continúa sudando por dentro y a mí me la suda lo que no se puede hacer desde Windows pero sí desde el servidor de no sé qué cacharro en el disco (D:) de la usuaria X. Al final la firma electrónica del mensaje la firma el diablo.

Me disuelvo electrónicamente y me rebaña el radio star de la canción aua aua radio killed the radio star radio killed the radio star ... a aaa ahhhhhhhh

Hastaluegomecagoenlalecheputamiraquelascosassonfacilesyauna
sinolashacenenviarunmensajeesperaunacosa

soporte soporte soporte y vuelvo a picar, punto y coma, eso se puede ... el correo de mi casa es para que responda mi hija o yo ... demasiadas ......

Paso, paso, paso y paso. Como Manolo o como Patricia. ¿Dónde se queda el mensaje? En su buzón on en el de Patricia??????

martes, 23 de septiembre de 2008

Pantallas a 75 hercios

Partimos de la base de que en una de éstas no lo contamos. Miras preciadas, recuperaciones planas, frentes sistemáticos, elucubraciones varias, banalidades diversas.

Estoy tan cansada que no tengo fuerza para respirar. Noto el cansancio en la base del estómago, una especie de naúsea que flota en un mar de aceite industrial mientras se retuerce. Es una de estas veces cuando pierdo la esperanza durante una micra de segundo de que pueda algún día levantar estos párpados que se me cierran bajo el peso de un telón de acero. Me fuerzo a respirar y a sentir, a comunicarme con los individuos que tengo a mi alrededor. Hoy, después de un día pusilánime donde sólo prima el silencio y las impresoras averiándose, nadie tiene ganas de prosperar y las gente se siente pasada por agua.

No encuentro ninguna simpatía de nadie. Cierro los ojos en el ascensor leno de gente y aprieto los cascos a mis oídos para seguir escuchando la banda sonora del corto para recuperarme durante unos mínimos segundos antes de dar un empujón a mi cuerpo y lanzarme al suelo de la planta de mi oficina tambaleándome y a medio gas. El universo no responde. La botella de agua me da náuseas, el arroz chino que me he comido me da náuseas, el aire enrarecido del cuchitril de sistemas de esta empresa me da náuseas ... Me gustaría estar en lo alto de una región rocosa tumbada para poder dormirme con un alma a mi vera que velase por mi descanso.

Me quedan exactamente cuarenta minutos para largarme de aquí y volver a casa a atender mis ordenadores destripados a ver si regurgitan la nueva copia del dvd de una puta vez. He sido bastante temeraria metiendo mis brazos, mis manos y mis codos en sus entrañas intentando optimizarlos por activa y por pasiva. Pero aunque hubiera metido la cabeza y me hubiera sacrificado como un becerro de oro tras electrocutarme nada hubiera cambiado. La rebeldía se ha colado en el ambiente y la pasividad también y afecta a humanos y cyborgs.

Pero he decir que aunque los PCs están caprichosos se están portando mejor que las personas. Todo el mundo actúa en diferido, con cara de pocos amigos, a su entera indisposición. ¿O soy yo que lo siente porque al rescindir mi energía vital esperaba recuperarla con feedback humano? Como siempre en este edificio de siete plantas he sido yo la primera que se ha puesto enferma con la gripe o lo que quiera que sea que ronda por ahí. Ahora estoy supliendo a un compañero indispuesto, y la gente está cayendo como protozoos en una charca inmunda.

Me quiero pirar, terminar el dvd, marcharme a entregarlo y meterme en la cama sin objetivo, con dos o tres vasos de agua en el estómago hidratándome el sueño y sin lavar los platos. Aunque probablemente cuando me arrastre hacia mi casa me active y empiece a robarle tiempo al sueño desde ese preciso instante.

Tras estos párrafos queda media hora. Debería movilizarme, bajar las seis plantas que quedan y tomar el aire, pero eso es imposible en O'Donnell. Respirar en la calle O'Donnell: imposible.

Hoy se ha puesto gruñona mucha gente que ha llamado a soporte, total, porque les he tenido que decir que no vamos a solucionar su problema en una décima de segundo, sino que tienen que entrar en un portal de soporte y registrar su incidencia. Me querían mandar a la puta mierda como si fuera un jodido menú telefónico.

Ha habido un momento en que he mandado a una tía al puto infierno y a medida que me soltaba borderías la he respondido con una familiaridad despiadada: "No sé" o "así son las cosas" o "déjalo" y al final "(¡Joder, tía, deja de cascar!) ¿No te he dicho que ya iba (¡coño!)?". Antes de bajar, ya estaba tomándome el tiempo prudencial para ponerla un poco nerviosa, me ha vuelto a llamar desesperada como si no me hubiera contado nada antes, tal vez esperando que le cogiera otra persona. Cuando he bajado me he encontrado a una mujer atractiva con una mirada esperanzada y con la soberbia convertida en vergüenza. Yo también he sentido el haber estado a punto de mandarla a la mierda, aunque en el fondo creo que estaba vacilándola.

Se ha sentado muy cerca de mí, casi rozándome, y se ha mostrado muy interesada en lo que yo hacía. Me he dedicado a lanzar pantallas y menús a golpe de teclado mientras mis dedos se movían veloces con el piloto automático. No iba de chula por la vida, simplemente expresaba con mi actitud el agotamiento que me vacía la musculatura de las piernas desde hace una semana y media. Cuando le he dicho que su ordenador tenía un virus me ha preguntado que cómo lo íbamos a arreglar. Le he respondido que con mala leche y ella ha dicho que hoy disponía de mucha. Yo la he mirado asintiendo (que yo también la había tenido y lo sentía). Las mujeres y su increíble atractivo hablando de forma indirecta.

Después de eso nos hemos llevado bien, aunque las dos estábamos cortadas por haber estado a punto de habernos mandado a la mierda mutuamente, aunque en el fondo, nos estábamos vacilando. Luego me la he encontrado en el ascensor y andaba feliz diciéndole a todo mundo que tenía un virus y haciéndoles partícipe de la suerte que tenía porque yo se lo iba a machacar.

Estoy harta de hablar con la gente con la mediación de un ratón, una impresora, un virus, unos altavoces, un teclado o un programa que se desvencija. Yo no puedo decidir a voluntad el colgarme o dar un fallo de memoria, o desconectarme. Después de dos meses aquí entrando de sopetón en todas las plantas y preguntando por mujeres que tienen problemas con ordenadores la población femenina de esta empresa me conoce y me está empezando a saludar. Por supuesto esto de los saludos se multiplica a una velocidad exponencial. Todas estas tías con su power dressing y su pelo liso y plisado, estas jovencitas morenazas y de vibrante mirada inteligente y las cuarentonas con experiencia en esta vida están orgullosas de tener a una informática que lleva tirantes, pantalones negros con manos en los bolsillos, zapatillas destrozadas y camisetas de las que regalan. Supongo que mi esencia bollo friki les provoca inconscientemente a coquetear un poco conmigo.

De vez en cuando en mi departamento me presentan a los tíos que son los jefes súper VIP de aquí o de allí o de acullá. Me importan un bledo, los ratones de ordenador son bastante democráticos a la hora de escoger la persona y el momento en el que jugar con tu paciencia.

La planta de esta cuadrícula sin luz que llaman oficina se ha secado.

sábado, 6 de septiembre de 2008

Cambio de aires

Ayer creo que se me cortó la digestión. Estaba de camino a Majadahonda con mi sobris y mi hermana y tras haberme pasado el día comiendo orgánico y haber ido a Naturasí a comprar lo que me faltaba de mi lista sana, me comí las patatas fritas hidrogenadas del Happy Meal de mi sobrino. Me dieron unas naúseas horribles a base de atender al peque en el coche y no mirar al frente, lo que debo hacer para aminorar mi tendencia a marearme en el coche, y encima había atasco de pre-puente.

A pesar de sentirme hecha una porquerita hice de canguro y al volver mi hermana del cine tuve una penosa vuelta a casa, pensando en mi cama, temiendo el algarabío de los jovencitos y las jovencitas saliendo de Tribunal y esparciéndose por las calles balanceando sus bolsas de plástico con el cargamento de botellón.

Además, he tenido una semanita fina en el trabajo. He intentado por todos los medios el trabajar algo en el corto pero he fallado estrepitosamente. Motivos: lunes, compulsión infinita por comprar juguetes eróticos para bajarme los bajos humos que expreso en el trabajo odiando a la gente y solventar alguna que otra necesidad. Siendo la primera vez en mi vida que los uso, me esmeré a gusto y quedé baldada para el resto de la semana. No, si lo mío no es precisamente la dosificación (ni el sexo??).

Tampoco dormí lo suficiente el domingo ni el lunes ni el martes con lo que acrecenté notablemente mi mal humor en esta semana puñetera en la que me ha tocado el turno de día. Me repatea trabajar por el día con la gente de día y sus buenos días rancios tipo Condoleeza Rice en el ascensor, como si subieran a su planta a discutir asuntos de estado, puajjjjjjjj.

He sido borde con todo Cristo excepto Sergi porque me agobiaba tanta humanidad. La gente maja de la redacción se ha ido de vacaciones y me he quedado con los tipos y tipas con ingentes cúmulos de rarezas, aún mayores que las mías. En la oficina no me hablan ni les hablo y me dedico a hacer indagaciones sobre el por qué de las transacciones fantasma de mi cuenta bancaria, cómo comprar música para la banda sonora de mi corto en iTunes (ahora que me he decidido a comprar música con licencia y usarla de todas formas), y cómo pasar los idióticos archivos para Ipod de iTunes de no sé qué formato a wav. Voy a bajarme la música de Los Ángeles de Charlie para el corto. Total, cuando haya ascendido a la estratosfera siempre puedo cambiar la banda sonora a otra diferente.

Esta semana de principios de mes he organizado mi nevera para cocinar cosas ricas. Tengo miedo de que la nevera se quede abierta como otras veces o le dé por descongelar cuando le vengan los fluses y se me estropee la súper comida. Aunque me pasé bastante en Los Placeres de Lola y La Juguetería he podido comprar cremitas ecológicas, desodorante sin magnesio (que te hace oler a sudor oye al final del día, pero bueno, es tolerable y hasta curioso), limpia WC para que la gota que te salpique del pisecillo no te queme tanto tus preciadas mucosas, etc, etc, etc.

Mi presupuesto no me cubre del todo lo que tengo que ir reponiendo desde la sublimación de mi sueldo de paro esmirriado pero allí voy marchando. Esta semana, debido a la falta de sueño, la mala leche que me ha entrado en el trabajo, con el consiguiente cansancio físico y mental causado por el estrés, y el descoloque general por no haber hecho mi trabajo con el corto, he desbarrado y el piso se me ha puesto como una leonera. El jueves di fin a todo esto, porque me hace daño a los ojos y me vuelca el ánimo. Me pasé toda la poca tarde que me queda tras mi súper jornada de día extendida arreglando cosas y limpiando los platos que ya olían. Creí que iba a abandonar en mitad de la marabunta, pero aunque estaba cayéndome a cachos de cansancio y agotamiento terminé de arreglar la casa, ya que sabía que me iba a traer paz espiritual, y así ha sido.

De forma que el viernes me levanté de mejor humor, decidí dejar de ser borde (aunque tengo que trabajar en la empatía), me propuse atiborrarme a valeriana y espino albar para pasar un poco de la gente del trabajo. Además estaba híper contenta de haber encontrado una leche de avena rica, algo mejor que la Oatly, y tomar mis cereales matutinos Crunchy de espelta y avena, que están divinos de la muerte. Más o menos he evitado el trigo y los lácteos esta semana, aunque he tenido deslices importantes y saludables para no obsesionarme, y me siento mucho mejor.

De repente la gente del trabajo me habla algo; supongo que se han dado cuenta de que voy a mi aire pero soy inofensiva, y les carcome la intriga sobre mí, porque me ven que me visto diferente y me dedico a zampar todo el rato esas cosas cuyas formas y olores no identifican. Además a una chica del trabajo se le ha puesto malo el niño por una alergia, y para mostrar algo de empatía, tras tres días oyendo el niño por aquí y el niño por acá, me enternecí y aconsejé alguna cosilla a la madre del pequeño ya que ella empieza a interesarse por una nutrición equilibrada.

Un gran silencio se armó cuando les hablé del própolis y la miel no trasgénica. Parecía que les estaba hablando en chino mandarín. Me puse en plan petete experta y les solté una parrafada mientras desatornillaba un PC. Ese día y al siguiente la madre del niño empezó a tratarme como un ser humano. No exagero: ha sido la tía más borde que ha parido madre desde que volvió de vacaciones y se encontró allí a otra chica friki apagafuegos informáticos (yo) y me soltó cuatro o cinco borderías inauditas y sin motivo que me hicieron cerrarme como una chirla y mostrarme hermética y seca en su presencia. El jueves hasta me preguntó si quería que me subiera la comida que hago danzar de planta en planta y corrió al ascensor que iba a coger yo al irme y me ofreció una invitación para una premiere de una película que regalaba la empresa. Ahora está intentando ser más amistosa conmigo. ¿Qué pasará con ella la semana que viene? ¿Me sonreirá o no me sonreirá? Misterio.

La otra chica, ya que de repente su amiga con la que parla a palo seco toda la maldita mañana (y no hace más que decir chorradas) decidió interpelarme por puro contaminación ambiental (yo hablaba con la amiga y, claro, tenía que meter baza). Yo andaba a mi bola atacando profusamente el teclado del ordenador haciendo mis búsquedas, actualizando mi blog, y hablando con usuari@s que llamaban con incidencias. De repente escuché que se refería a mí. Esta chica está bastante rellenita y es de Rivas. Estos dos aspectos nos han separado radicalmente, no sé por qué. Será que tengo aspecto de vivir en Malasaña y pasar a tope de dietas. Cuando chupeteo mis ampollas de ginseng y própolis me mira flipando. Tal vez no entiende por qué no me excuso y le explico qué narices estoy haciendo rompiendo el ritmo anodino de la oficina.

Aunque cuando me dijo que estaba haciendo dieta me di cuenta de que es una de ésas que desconfía de las tías delgadas que zampan todo el día, hablan pedantemente y el resto del tiempo dan el mutis por el foro, como yo misma. Hizo alusión a mi leche de avena y me enseñó una dieta hipoalergénica a base de proteínas que le dio el médico. Yo le comenté que la obesidad y las dietas no se llevan bien con los regímenes de Hollywood y que a Jennifer Aniston le debe oler bastante mal la boca. Le di mi opinión: es difícil tener una dieta que adolezca hidratos de carbono sin atiborrarte a cigarrillos y café. La mejor dieta es la que tiene fibra y alimentos naturales y evita razonablemente el trigo y los lácteos. No se trata de hacer dieta, sino de cambiar el estilo de vida. Le pregunté que por qué quería hacer la dieta que le había recomendado el médico. "Joder, porque no quiero ser gorda." Yo le dije que si le habían funcionado las dietas antes; si después de las dietas había mantenido su peso o había vuelto a lo mismo. "No". Entonces ¿por qué hacía dietas?. Si ella comía demasiado era por una mezcla de genética, hábitos de pequeña y la ansiedad del cuerpo por los chutes de azúcar en la sangre de los alimentos refinados.

"Mi médico es experto y sabrá de lo que está hablando. Además el hombre primitivo comía carne." Sí, pero vivía 25 años, además se comía los ojos, las vísceras y los cuernos de los animales, no sólo la carne. Bueno, total, la mujer se levantó algo airada, sobre todo cuando mencioné a Tutankamon, que a los treinta años comenzó a preparar su tumba porque no pensaba que iba a vivir mucho más, y se piró dando por acabada la conversación.

Luego pensé que debo aprender que en la vida no se trata de adoctrinar sino de predicar pacientemente con el ejemplo . Me fastidió el haberle contado mi teoría completa sobre la salud cuando para ello eso era desatar una polémica. ¿Para qué margaritas a cerdos? Además yo sueno algo prepotente si no me conocen, la gente no capta que realmente me importa el tema y estoy mostrando interés por sus cuestiones. No sé si se molestará en hablarme la semana que viene. Pero menos mal que trabajo de tarde.

Llevo toda la semana intentando acarrear mi identidad estética y ser creativa con mi ropa. Normalmente no le hago ni puñetero caso a lo que llevo, pero el domingo vi que podía volver a llevar unos Levi's 501 que pertenecían al cuñado de Mj, mi dulce novia de Ámsterdam. Tuve que cortarle la parte de arriba al pantalón para que no me embutiera el pecho. Creo que no son unos verdaderos 501 porque si no no me lo explico. Mónix me ha dado su ropa de segunda mano este finde. Hacía algo de tiempo que no me ponía ropa ecológica y por tanto no había renovado mi vestuario, y fue un bueno insuflar mi interés por mi ropa. Creo que a pesar del cansancio sempiterno que tengo, no se me termina de ir la vena expresiva y creativa, lo que es buena señal de que el Lamictal y mis pócimas naturistas me protegen contra los bajones.

El martes vino David de Málaga y le obligué a que me acompañara a Malasaña para comprarme una muñequera. No sé por qué se me metió en la cabeza el ansia adolescente de llevar una muñequera. Estaba harta de pasarme el verano con mis huesudas muñecas al aire, y me dio por ahí. De hecho, la muñequera es genial, porque me protege contra el síndrome del túnel carpiano y me amortigua la muñeca cuando ando desmontando carcasas de ordenador con el destornillador en ristre. Además me recuerda a mis tiempos de tenis. Al final encontramos una muñequera en Malasaña, sí, pero en todo a cien por un euro. Chachi, tiene una imagen de fuego eterno tipo Red Bull, aunque siempre pienso en China y los trabajadores explotados cuando compro algo en un todo a cien. Por eso no me compro ropa: boicoteo a la industria textil. Además mi ropa y mi talla me duran décadas.

Creo que hago lo posible para no ahogar mi identidad bollo en el axfisiante ambiente corporativo pelmazo de la oficina. El problema tiene que ver sin duda conque se trata de un edificio gris. Quiero decir gris por fuera. Nunca me han ido bien los edificios de diseño ni los grises ni los ladrilleros sin alma. En realidad yo querría trabajar en una cooperativa artística o algún sitio sano, y no dentro de estos edificios enfermos que infectan a la gente; a mí la primera. Vale, a lo mejor la gente no está enferma (aunque en esta empresa la gente no está muy feliz que digamos, se les nota por la bordería que tiene todo Cristo) y soy yo la que debería acoplarse o largarse.

Le he pedido a mi súper jefe de la empresa para la que trabajo que no me haga volver a una sustituición aquí en diciembre, por favor, por favor. Y le voy a insistir en que quiero un trabajo de tarde, que parece que va a ser la única manera de organizarme para montar el corto y hacer las cosas que equiere mi vida. Creo que no me ha tomado en serio cuando le envié el mail, pero cuando vuelva a la oficina de mi empresa voy a llevarle a desayunar y le voy a comer el coco con ternura y manipulación emocional y de repente verás que sí me va a hacer caso.

Aunque no sé si voy a ir de Matamala a Matapeor y me va a tocar el telecentro de seguros que suena a mierda pura. Se supone que en este tiempo de crisis debería tener algo de cuidadito, pero, la verdad, paso tanto ... Mi vida ha sido una constante crisis, nunca he tenido dinero y cuando lo he tenido me lo he gastado en cortos y material audiovisual. El resto del tiempo mi novia y yo hemos robado papel higiénico de los baños de la oficina donde estaba de becaria, o hemos comido col roja desayuno, comida y cena. Lo que pasa es que siempre hay alguien que se apiada cuando ve mi nevera vacía de artista. Por eso siempre que la tengo llena me preocupa que se estropee la comida: no estoy acostumbrada. Así que paso de la crisis, los ordenadores siempre se van a andar estropeando, la gente no va a hablar nunca bien inglés en este país y tras diez entrevistas al final alguien siempre me ofrecerá un trabajo mileurista basurilla, así que no me preocupo. En último término tengo mis pelis y mis libros de Amazon al rescate para abstraerme.

Además algo increíble ha pasado: mi madre se ha ofrecido a pagarme las deudas (incluyendo la de Londres) si prometo firmemente no endeudarme (nunca) más. Yo le he dicho que sólamente si le puedo ir pagando a ella mensualmente. Prefiero pagarle a mi madre durante dos años y medio, no pagar intereses y tal vez incluso pillar un trabajo a media jornada para no alienarme. Hooray! Curiosamente, cuando te cambia la vida y te da lo que quieres, a veces te quedas un poco igual, como si lo bueno no te afectara tanto como te lo imaginabas ... Es una forma en que la mente te obliga a darte cuenta de que lo que quieres es realmente más skin deep. Bueno, yo sí que sé lo que quiero, más o menos. Y sé a lo que puedo aspirar en la medida de mis posibilidades (mentales y físicas). Últimamente estoy bastante feliz, y cuando me mosqueo simplemente pongo en acción la terapia de choque: corto, comida rica, rica, o series bollos (la temporada 1 de L Word esta semana, ¡qué buena es, oye!), buscar energía femenina dentro y fuera.

Al final de mi jornada del viernes me tocaron varias personas a las que más o menos solucioné sus horrores informáticos y me lo agradecieron durante más de unos segundos, con lo que me sentí algo mejor. Al salir del trabajo decidí que iba a pasar de volver al colegio por la tarde, y que les daría alguna excusa. Tenía demasiado sueño acumulado y todo quisqui en la oficina había hecho pellas durante la semana por un motivo o por otro. El amor de mi compi de la tarde no iba a tener problema con eso porque no dejaba nada colgado, y los cancerberos no iban a estar allí en una tarde de viernes, ya que los que trabajan "para la empresa" se van los viernes por la tarde; los únicos pringados que nos quedamos somos los externos, que tenemos un contrato animalístico. No estaba segura de pirarme por la tarde, así que hice un gesto significativo: le devolví la tarjeta de visitante al de seguridad con chulería y le miré a los ojos prometiéndome no volver esa tarde. Funcionó.

El resto de la tarde ya es historia.

Hoy, tras la indigestión o la cosa rara de ayer, que sin duda tiene que ver también con el cambio de tiempo (y la culpa por no haber montado el corto) me he levantado como la cabeza de estopa. Me he obligado a salir de la cama a pesar de las cumbres borrascosas que sentía en el entrecejo y los dolores musculares que me atenazan todita, y he saltado a la calle para comprarme equinácea y miel y poder hacerme la pócima mágica anti todo. Al salir me dio de frente el sol y vi a la gente con carritos de la compra en plan kamikaze y ritmo de sábado arrollador. Empecé a despertame.

Fui a la Parafarmacia naturista de la esquina y me atendió el bellezón. El otro día me entró una verborrea primal cuando la vi y me dio bastante vergüenza a pesar del interés que ella me mostraba. Me enteré (aunque casi no le di espacio para hablar) de que había vivido en San Diego por un tiempo y yo le hablé de mis viajes y mis pelis. Cuando vas a comprar en estos sitios, si son amistosos, te da por enlazar lo que tomas con cómo te va la vida. Esta niña es muy dulce conmigo y pero su energía no me convence. Yo me he comportado como si me gustara un poquito. La verdad es que estoy frenándome porque la primera que la vi pensé que esos ojos tan intensos acarreaban peligro. Siempre que me encuentro con esta intuición sobre las mujeres termina ser cierto. Quiero decir que detrás de la dulzura se encuentra una personalidad algo psicótica a la que atraigo para completarse, lo que no es del todo recomendable. La niña es muy atractiva, y no sólo físicamente. Tiene unos ojos preciosos y unos labios brillantes e irradia salud.

Lleva una etiqueta de identificación que pone que hace shiat-shu. Sabe lo que vende y cuando entra otra gente por la puerta mantiene la atención puesta en mí sin querer abandonarme. Hoy me aconsejó sobre los diferentes tipos de miel, y hablando tímidamente con la vista semi-caída me decía que si tenía mal el estómago no debería tomar ginseng en ayunas. Suavemente apartó a un lado la tableta de chocolate negro que había comprado dando a entender que nada de grasas si estoy malita. Estuvo de acuerdo conmigo en lo mucho que cuestan las cosas y lo poco que duran, y en general me tuvo bastante en cuenta.

Es enigmática pero creo que a mí también me ve así y tiene mucha curiosidad por lo que hago y pienso, después de mi maratón yo-yo-yo que le di el otro día. De hecho creo que me tocó el dorso de la mano al hablar de los tipos de miel y se acercó mucho a mí, como si yo fuera magnética o algo así. Pero aunque es súper poco probable que yo quisiera enrollarme con nadie de una tienda, por eso de la ética de ser clienta, no pienso ligar con ella más de la necesaria sensualidad que hay que lanzar a este universo para no centrarla únicamente en una persona. Las cosas como están. Pero volveré a la tienda con regularidad porque cada vez tienen más cosas que quiero y no sólo ella sino la otra chica es un encanto.

Así que al volver de la tienda con el ego levitando me preparé una súper pócima contra el cambio de tiempo: própolis, equinánea, miel, zumo de lima, jalea real, polen, gengibre fresco rallado, composor de Soria Natural y una ampollita de Shiitake y otra de Olivo. Tengo síntomas de principio de trancazo, y paso de estar enferma porque sí. Voy a dormir y apalancarme este finde a ritmo de Radio 3, y vale, mañana volveré con el corto (esta semana curro de tarde, así que lo avanzaré bastante, Además me he estado bajando música en iTunes, no lo he dejado abandonado).

Luego me he hecho un súper brunch: patatas, zanahoria, cebolla, ajísimo, calabacín campestre, semillas de girasol, mucho aceite de oliva, huevo y gengibre, todo ello de mi cesta de hortalizas de agricultura ecológica. Mmmmmhhh, me ha encantado. Y además me he pasado el tiempo que cocinaba probando la comida y comiendo chips tortilla de maíz súper crujiente y saladito.

También me he comprado pasas, semillas de calabaza y pipas, y las voy a utilizar para sazonar todo tipo de comidas. Me he dado cuenta de que tengo la piel súper suave últimamente y un aspecto saludable. Tengo que hacer más ejercicio pero todo llegará. Lo que quiero es pensar saludablemente.

Me encanta David Copperfield y me está ayudando a volver a la narrativa. Han llegado de Amazon, tras el jaleo de las compras duplicadas de hace dos semanas (me han dado un refund y un libro gratis, jeje), Memories, Dreams, Reflections, de Jung, A Reader sobre George Steiner y falta el súper libro de Steiner sobre la imaginación. Steiner habla en su libro de cómo no hay que coartar ni editar el material que escribes aunque al revisarlo tras un tiempo te parezca un petardo. Es muy interesante y súper intelectual, fresco, cerebral, espontáneo ... Me deleiteo con sus palabras como si de un rocío literario se tratara. Jung me entusiasma y me extasia con sus viajes por el subconsciente, y Charles Dickens es tierno, sensible, humorístico, observador. No pierdo de vista las 700 páginas de su libro y lo voy a tener que leer más que en las horas muertas del metro, porque a este paso, si me balanceo en cada frase imaginándome el Londres victoriano que tan maravillosamente describe, me voy a despistar y pillar cinco libros a la vez.

Los de 200, 300 páginas me los ventilo más o menos rápidamente, pero a Dickens le leo despacio, deleitándome en lo mucho que me divierte leerle; no voy a poder hacer nada más. La verdad es que sé que la gente lee, pero yo me siento una extraterrestre cuando me enfrasco en Dickens en un vagón lleno de gente que lee best sellers y ADN, 20 Minutos o Metro.

Voy a empezar a leer más blogs de la gente, porque es ahí donde se encuentra la verdadera subversión intelectual y creativa que necesito me aliñe la vida.

jueves, 4 de septiembre de 2008

Tribus urbanas

Ente las pequeñas luchas cotidianas está la de la territorialidad. Es un instinto de los más humano que se puede estudiar antropológicamente y que estoy segura se manifiesta de forma extraordinaria en el socialismo urbano.

Lucha por ser la persona que abre la puerta de la entrada del metro tras dejarte en el intento las rodillas quebradas en las escalerillas. Ser la persona que compra el abono transportes mensual con rapidez, de forma que la de detrás no empiece a impacientarse si no nos entra la tarjeta Electrón a la primera, o el menú de la máquina dispensadora nos envía al principio una y otra vez de manera diabólica: "Operación no disponible", qué coño.

En el vagón de metro empujar conveniente y conscientemente al que quiere salir antes de que tú entres para cazar el asiento que acaba de dejar vacante. Nos ponemos en guardia si tenemos prisa o nos levantamos con sueño bisiesto añorado o de mal humor.

Pillar el semáforo en línea trasversal y hacer mobbing a los coches antes de que te lo hagan ellos a ti. Necesito oxígeno, pero me desaliente la cantidad de CO2 de los coches que pululan y rugen el ralentí de vuelta de las vacaciones. Llegar a la oficina antes que tu jefe. No coincidir con nadie en el ascensor, pero al llegar me meto en él junto con cuatro rubias de bote que no quieren especialmente hacerle espacio a mi mochila y se miran unas a otras como si hubieran visto un extraterrestre. Como estoy en el otro extremo pido que le den a mi planta, y les cuesta. Salen del ascensor en la cuarta con insípidos hasta luegos. A su estatus no le merece la pena la obligación de su memoria temporal a percibirte.

Digo hola a la gente que limpia por las mañanas y que se han levantado antes que nadie. Me saludan de vuelta jovialmente; será que su estatus no se resiente. A veces se observa la vista cansada que ostentan por el madrugón, la tralla y la manera en que la gente de la empresa les ignora e incluso llega a humillarles. He visto como el guarda de seguridad les ha pedido con vozarrón que se echaran a un lado para permitir que saliera la gente "de la empresa" con su tarjeta de seguridad mientras ellos y ellas se acumulaban felices por terminar la jornada, abandonar la soledad por unos instantes y reunirse en masa para salir. Yo sigo pidiendo la tarjeta al guarda cada vez que vengo.

Siento el ácido láctico en el entrecejo, los brazos, las piernas, la zona lumbar, hasta en el contorno de ojos. Está claro mi nivel de acumulación de tensión durante la semana.

Estoy agotada y sufro de una tremenda tensión muscular. Debo calmar mi mal humor que me produce esta oficina y la territorialidad que exhibe la gente hacia los externos: es MI celo, MI grapadora, etc, y aprender a relajarme un poco. Me he asido a un cargamento de valeriana, espino albar, sauce, y voy a investigar qué productos naturales ayudan al relajamiento muscular. Es como si sufriera de una contractura generalizada.

Para colmo de duele la garganta. Pero creo que si me hubiera quedado en la cama me hubiera cansado aún más.

Básicamente no he dormido suficiente, me he tensado de 9 a 2 en la parte cabrona de la jornada laboral, y he desbarrado a partir de ese momento con la libertad tras esa hora, riéndome con el compi y siendo creativa, viendo a amig@s. Evidentemente, tengo que hacer algo sobre el turno de día. Valerianas al canto y ser más conciliadora con la gente de la mañana, aunque no sea de su tribu.

martes, 26 de agosto de 2008

Hombres que trabajan en mi oficina de misterios sublimes



Tras el distorsionante ojo de un anormal carácter, observo cómo el eterno masculino puede crear clones de tamaño cambiante. Estos hombres subsisten en una atmósfera de mayor complicidad cortada como el caujo de queso por cigarrillos Nobel, visitas al estanco y periódicos pero sin frecuentes visitas al lavabo para no deformarse en el cuerpo a cuerpo con espacios abiertos. La
fuerza omnipresente del primer macho alfa percusiona la sinfonía de trabajo diario de cuchitril sin posible salida al exterior en nuestro horario de noche. La disparidad de caracteres se amolda a la necesaria colectividad que existe en un conglomerado minimalista con personas encerradas por pegamento de aire y rodeadas de revistas inútiles por sus contenidos pornográficos.

Jóvenes y viejos, todos rinden culto a la tendinitis cerebral de un grupo de hombres encerrados en un antrillo con un trabajo por hacer y rodeados de botellas de agua de litro y medio. Los monitores desmarcados y las carcasas esquilmadas de PCs ex-renting se acumulan con obvias intenciones de reciclarse algún día en centros de acogida de objetos perdidos e inutilizados.

Finamente la suciedad permeable que planea en el ambiente intenta oxigenarse con el invertido aire acondicionado de una máquina excesivamente potente, como es de esperar en un mundo de hombres. La máquina paleolítica de aire persiste con sus alientos de edificio enfermo y nicotínico en sus intentos por desdibujar las líneas que componen la escena a golpe de borrón grueso y tridimensional.

Sigo buscando despierta en esta realidad virtual en la que descodificar los movimientos de las fuerzas sociales, los cambios de temperatura entre la calle y los establecimientos, las conversaciones envolventes y generosamente filtradas para no revelar el trasfondo masculino pergeñado en infancias intensas.

Intento encontrarle recovecos a la soledad, enfrentarme de cara a ella y ser creativa para ahondar en la inspiración entre sus mallas de peto metálico. Pretendo abandonar el pensamiento concreto y las explicaciones sintéticas inmediatas entre la perturbadora cacofonía del ambiente que me rodea.

Las líneas fluyen y las líneas se cruzan, los egos confluyen, se chocan y se amenazan para mantener su poderío. Intento sumirme en mi universo desfasante hasta el punto de olvidar la mátrix que me atenaza y me columpia. Yo creo que la mayoría de los artistas se sienten como yo y tratan de encontrar puentes entre su percepción y lo que les rodea. A veces tienen la suerte de connectar con el público que les espera entre bastidores.

Pienso en mi película que es como la película sibilante que envuelve el tejido de los húmedos ganglios basales de mi cerebro. Es un trabajo que debe adquirir todo el sentido para mí. Tal vez pueda convertirse en una pieza que por sí tenga sentido. Puedo probarlo para sorprenderme, articularme y recuperar la memoria perdida que insufló la creatividad cuando escribía el guión basada en mi percepción de la realidad.


Hoy me encuentro en una situación ambigua. Como siempre corro al encuentro en los círculos concéntricos de una mejoría anímica y espiritual. Espero que la medicación me sitúe esta vez en mejores coordenadas para morder y prender la aguja en aquéllo que puede realmente rehacerme y devolverme la ilusión.

He vuelto a escribir y eso tiene una importancia fundamental, defectuosa, imprescindible.

A veces cuando miro veo un vaivén de gentes en espacios permeables pero disolutos para mí, por lo que que mi principales objetivos son o evadir el ambiente y desdibujarlo, o ignorarlo. Si la rabia es un sentimiento interno tiene que ser posibledesmontarla y desestructurarla internamente. Sí, sigo en mi regreso de trabajo concienzudo en el montaje de mi película y descubriré su desarrollo agonizante hasta pasar de crisálida a mariposa. Si trabajo duro estos dos meses podría realmente avanzar, aunque a veces pienso que es una pila de basura malísima.

Regodeándose
estremeciéndose
repitiéndote

sinceramente
precisamente
visceralmente
en fluido roce
en frío
visionariamente

Jaque mate

viernes, 22 de agosto de 2008

Minuciosidades cotidianas: los mileuristas también piensan (talento indiscriminado)

Las bicicletas son para el verano y agosto en Madrid parece el mes ideal para sacarlas a las calles y rodar por el ardiente asfalto. Percepción plenamente errónea por parte de la personas parapetadas con bicicletas insulsas y ruedas miserablemente hinchadas.

La gente que conduce un coche sigue siendo en su conjunto verdaderamente gilipollas, o por lo menos así lo piensan l@s ciclistas, incluso cuando su ciclismo es ocasional y cuando de hecho suelen desplazarse normalmente en coche.

Conductores: una panda, una plaga caracterizada por una grave majadería incompetente que se dedica (por deporte?) a abrir alegremente las puertas del lado derecho (a veces incluso todas al unísono) para enviarte a volar por los aires tras la colisión para después aterrizar con los piños incrustados por la acera o desviados de sus encías para siempre.

Claro que todo esto sucede después de haberse estacionado de puto culo de molestarse en 'a qué?absoluto en llevar a cabo el vistazo de rigor por el retrovisor derecho, ¿p'a qué? Que es el derecho.... repetimossss; aquél que cubre la fina y estrecha franja en la que se suelen alinearse l@s ciclistas. Esta maniobra agresiva y gilipollesca obliga al ciclista a lanzarse trasversalmente a su lado izquierdo, de forma harta arriesgada, ya que no ha exisitdo suficiente aviso. Creo que lo he explicado bien (lo he recreado en mi mente, porque a mí me ha pasado, aunque el gilipollas en mi caso era londinense -lo que no quiere decir que haya nacido allí; pero esto último es una digresión.

Sin embargo en Madrid el ciclismo no se considera un actividad de riesgo que precisa de un casco (Londres) o una chaqueta reflectante (Londres, repito -obligatoria) o luces (Ámsterdam, pre- chorizos) yonkis.

Me inundan estas reflexiones que ahora escribo (como no, de camino al curris) y me doy cuenta de que escribir es pensar y pensar es escribir, really.

Me he metido en el vagón del tren y he escogido la parte del final porque así salgo directamente a las escaleras. Cuando comes en apenas quince minutos hay que aprovechar los segundos que puedes amontonar hasta arreglarte para NO llegar tarde.

He diseñado y perfeccionado el arte de la ergonomía urbana al caminar, correr y cambiar de dirección como Robocop. En Londres andaba súper rápido, y cuando bailaba siempre me decían mis compis que la cabeza sigue al cuerpo. No es del todo verdad, eso es válido solo para los giros y las vueltas desmelenadas. Creo que al impulsarte al andar las piernas y las zancadas a golpe de muslo son las que me han ayudado para que la columna mantenga el cuello elongado y visible por encima de los hombros. En España la gente pierde el cuello; se agazapa dentro de la chepa a partir de los trece años, y yo siempre he luchado para que no me pasara a mí a pesar de la escoliosis que tengo.

El baloncesto, dormir en futones duros y no utilizar almohada (porque me da la gana) ayudó. Aún así los años (décadas) sentada frente a la pantalla del ordenador han causado estragos en
mi cuello y columna (espero que no rematadamente irreversibles). A pesar de mi delgadez me temo que me han quitado mi cinturita de avispa característica al comprimir brutalmente las lumbares. Pero pienso que si sigo llevando la misma ropa que compré a los veinticuatro años y que gracias a mi devoción y cuidados de artista pobre e impenitente conservo todavía, será porque mi cuerpo no ha cambiado tanto y el cinturón para los Levi's (ze escribe así??) 501 sigue más o menos en el mismo agujero. Aunque he de confesar que ahora prefiero los pantalones más de cadera que de cintura, a pesar de que odio fardar de ombligo. Parezco mucho más joven que la edad que tengo pero no quiero que me confundan siempre con una becaria, como pasó (otra vez
) el otro día en el trabajo. Se preguntarían: ¿Qué hace ésta sentada ahí?. En fin, lo de siempre; agotador.

Al salir escopetada del vagón de metro (me retrotraigo), después de relamer los últimos segundos en terminar una frase que pudiera no volver jamás del subconsciente, emprendo y piloto la quinta marcha del turbo.Ssubo las escaleras de dos en tres, coloco el capuchón de mi boli Pilot en la boca sin pintarrajearme la cara, lo que forma parte de mi súper adaptación al medio.

Vuelvo a meterme en el ascensor de luz mortecina tipo Blade Runner y me bajo las gafas de sol brevemente en el puente de la nariz para acomodar las pupilas a la luz cuando salga a la calle y evitar el deslumbramiento solar.

Me doy cuenta de que he escrito en el vagón con las gafas de sol. Hoy no he dormido bien y por primera vez voy de rockera que nunca muere (o de italiana, si se prefiere) y tras la prueba del algodón de legibilidad veo que puedo emborronar sin mayor problema otro que la incipiente pero inocua y todavía embriónica vista cansada.

Al salir del ascensor me pregunto como de costumbre si debería saludar a la gente que sale o entra como pasa en California. Decido que sí, como siempre (aunque la mayoría de la gente te ignora) pero me sale la típica sonrisa comprometida que no refleja más simpatía que un cívico aunque lacio: "¿qué ha pasao?". Por tanto con las comisuras consigo poner los labios en presión absorbiendo el aire e inflando los belfos superiores, y me pregunto si vale la pena incluso el arqueo consiguiente de cejas y el derivar instantáneamente la vista a otro lado. Después en el semáforo y agazapada en la sombra, porque a estas horas la formidable solana de las cuatro de la tarde puede achicharrarme, espero a que cambie la luz roja . Esta es la solana mediterránea que se ha forjado con la práctica de enrojecer a los guiris con un tizne rosado que conservan como media seis meses después de haberla sufrido y vuelto a sus países de origen. (Los pegotes de Aftersun nunca ganarán la partida a la sombra).

Veo un chico con un dibujo de unas alas en la espalda de la camiseta. Me acuerdo entonces de que mi dulce ex M. llevaba algo parecido aunque creo que sus alas eran más bien un complemento de su cuerpo.

Charlie me envía un mensaje, su amiga de Myspace ha venido de Nueva York y van a grabar esta noche una canción en el flamante G5 de su ático en Lavapiés. Genial; a ver si puedo pasarme por ahí con mi amiga recién llegada de Londres.

Mientras le respondo pienso que me gusta caminar y enviar SMS porque me revienta, ya lo he contado aquí alguna vez, andar y tardar en llegar a cualquier parte. Casi nunca siento la necesidad de andar a menos que termine reventada y atufada de metro, autobuses y olores recocidos del personal. Así que prefiero la multitarea, cuantas más cosas mejor, para olvidarme de que el aquí ahora todavía no es posible. Si llego al teletransporte con una vejez funcional voy a disfrutarlo enormemente.

Lo siguiente que hago antes de no dar golpe en el trabajo estival e hincharme a DVDs es la típica chorradea inane y anodina, sin interés reseñable alguno que consiste en pedir tarjeta de visitante a seguridad en la entrada (los temporales por obra y servicio que trabajamos en informática siempre somos debutantes); subir las escaleras y llegar ahí con un par de holas que no te devuelven porque saben que la empresa te largará pronto.

Lo mejor hasta ahora ha sido escuchar a una periodista quejarse de que le corrigen los textos y le añaden exclamaciones. Y lo mejor mejor el oír pronunciar la siguiente frase, (nunca la había escuchado antes): "¿Quién habrá hecho esto? Yo qué sé: la madre del topo". Puro genio cómico que me inspirará durante meses.

Lo demás serán horas diletantes antes de salir de este trabajo de verano mal follado.

P.D. Me han movido las cosas no sé qué manos misteriosas. ¿Qué derechos naturales tengo yo aquí? (Timbre de no ganar el concurso). Soy como una putilla que nunca está en plantilla corporativa. Mi nombre de usuaria es "algo Madrid", "cosi rara", "esto o lo otro".

Por favor, ¡los marcadores de Firefox del portátil que sobraba y que me he agenciado temporalmente (esta es la palabra clave en todo) no! Joder, dónde está el ratón. Seguro que no tengo derecho a uno tampoco.

Obviamente alguien ha querido poner la pezuña de su orden en este caos por obra y servicio.

Como las exclamaciones