Me pongo a escribir en los tiempos muertos mientras los efectos se crean en el ordenador. Es increíble que al cambiar de actividad o de ritmo dejas de hacer las otras cosas de la misma manera. Ahora, desde que le estoy dedicando todas las horas del mundo al proyecto, no escribo, no sé qué decir aquí.
Estoy poniéndome en marcha y es lo que necesitaba, finalmente le puedo dar un sentido a mi trabajo y a mi vida. Parece extremo llegar a esta conclusión, pero empezar de nuevo también quiere decir encontrar tus puntos fuertes, repetir ciertas acciones que llevaste a cabo.
Concentrarse es la clave, concentrarse en aquello que valga la pena. Me doy cuenta de que centrarte en aquello que eliges hacer en cada momento me ayuda a prosperar y mantener mi estado de ánimo estable.
Estoy montando la película y estoy leyendo, y me dejo llevar por la rítmica del trabajo envolvente.
He de decir que he resistido durante años al trabajo absorbente de cine por miedo a que me fagocitara y me desconectara del mundo y así no me permitiera ver lo que realmente estaba pasando. Quería cambiar mi vida con otras creencias, y no tan sólo encontrarme dentro de una dinámica que me provoca ansiedad y me hace llegar a extremos de mi personalidad que no me gustan y que me ocasionan problemas.
Ahora que me he domesticado a mí misma, me he reencontrado con mis valores y mi creatividad he vuelto al centrifugado cerebral que, por otro lado, me ayuda a ser yo. Es extraño cómo al darte a la actividad, al detalle, logras encontrar cómo funcionan las cosas, cómo funcionas tú, y qué le entregas de tu parte al mundo. Pero tiene que ser la actividad adecuada, hay lugares que no puedo desandar.
Tengo conocimientos, modos en los que he ocupado el tiempo durante años, sueños en los que solía volcar mi energía, y he tenido que volver a ellos, a esa inercia, tal vez porque al final no conseguirlos, quieras o no quieras, se vuelve algo aberrante. Tanto esfuerzo y tantas claves y elementos en juego durante tanto tiempo tienen que volver a ponerse sobre el tablero de ajedrez para entender de qué pasta estás hecha. Y en eso estoy. Aún así se mezcla con lo nuevo; las antiguas rutinas y las nuevas se mezclan y se confunden. Al hacer algo que hacía antes echo de menos lo que antes me acompañaba. Es extraño. Esto no lo había previsto.
Me cuesta el explicarme a las personas cercanas, y estoy impaciente por sentirme bien del todo, por volver a mí misma. Me he cortado el pelo, y me doy seis meses para que se sanee, crezca más fuerte y se cubran las partes más deshiladas, más frágiles. Y es algo así lo que estoy haciendo ahora con todo lo demás, supongo.
Estoy aprendiendo y avanzando, y eso es bueno.