martes, 31 de marzo de 2009

Masturbaciones II: una milésima


He intentado ver una película, más de 3 gigas descargados para nada. Si es una serie tonta, prefería que fuera de chicas y no de tíos colgados.

Se me cruza una idea por la cabeza.

De forma mecánica saco la redecilla, me pregunto por las pilas, ¿durarán, habrá que cargarlas?

¿Los lavo o no los lavo? Están higienizados, no hay problema.

Demasiado cansada? Pudiera ser.

El procedimiento es mecánico: dos toallas, utilizadas ya pero eyaculadas muy suavemente, pueden pasar.

Lavado de manos.

Bajo el estor de la ventana.

Me quito la ropa cadera abajo y mantengo un exagerado montón de ropa por encima. No me importa, no quiero pasar frío, no tengo que hacer las cosas con mucho estilo, nadie me va a ver.

Ordenarlo todo, iluminación difusa y escasa, just as I like it.

El ruido del otro PC descargando series, algo como el mar o una réplica de la nevera o el calentador de mi cocina americana.

Todo premeditado, no sé si es un presagio poco prometedor.

Sacar fotos en el ordenador para devolverme al sentimiento de días anteriores.

Me pregunto si algunas fotos estarían éticamente prohibidas, pero qué ética cabe aquí cuando ...

Inclino la pantalla del ordenador varias veces para focalizar con la iluminación necesaria.

Empiezo por el juguete más obvio.

Se anima la cosa pero después de un primer empujón va lenta ...

¿Nada especial?

Sigo.

Tras un tiempo me doy cuenta de que estoy enfadada, furiosa, energética y me acuerdo del rough and kinky y me observo en esta situación y veo que estoy siendo rough y sin duda kinky.

Tras mucho movimiento, emociones, ups and down escribo un mail en Facebook al alguien que sabe a lo que me refiero.

Me veo como la perfecta friki, pero otra gente coge el teléfono en medio de la movida, me da igual.

Furioso, salvaje. ¿Nunca lo había hecho así?

Cambio de dirección, de posición.

Me decido a ir directamente al grano tras un cambio de juguete.

Notos mis uñas que impiden que se me escape el clítoris por la crema orgánica látex friendly con olor a cocoa butter.

Siento que mis uñas me excitan, y no sé si es la primera vez que a lo mejor lo hago como otros millones de chicas en el mundo, y me veo como una principiante, pero tengo tiempo de perfeccionar. No es mi prioridad en la vida.

Me pregunto si hubiera conocido mi cuerpo bien ¿hubiera sido mejor amante? No lo sé, de verdad.

Sigo contra el dolor, el picor y tal vez eso es la excitación y no lo he entendido hasta ahora.

Una milésima de segundo del mayor placer sentido hasta ahora y en mucho tiempo, pero sólo una milésima de segundo. ¿Es suficiente? Creo que sí, es demasiado preciado, punzante, especial, me ha dejado sin sentido de la vista por una fracción de segundo, me ha dado lucidez, claridad, una conjunción con mi cuerpo y mis sentidos. Una milésima tan sólo.

Persigo la milésima pero sé que ya no volverá, pero ahora sé dónde está.

Continúo y me pregunto si las toallas valen, si son suficientes, veo cómo los juguetes chorrean líquido como un arroyuelo, no los he visto así antes.

Sigo buscando la sensación, el sentimiento en mi vientre que noté atravesar el músculo como un alfiler afilado e hiriente que me obligaba a sujetarme la cintura con los brazos cruzados cuando vi Media hora más contigo en los cines Azul en la Gran Vía a los 18 años con Leslie, la americana de veintipico, pecosa, pelirrojísima de San Diego que me hablaba de tíos españoles, seguratas, hombres guapos, normales, morenos, pero que luego me permitía darle un masaje en todo el cuerpo mientras se ponía boca abajo en la cama de su apartamento. Conocía a poca gente, a casi nadie que no viviera con su padre y su madre.

Y con ella vi dos películas gays en una tanda doble de cine. Y por primera vez noté esa sensación. Que seguí teniendo en Londres con los encuentros fugaces, los one-night stands hasta que ... Y después con sólo un par de chicas más, hasta que vino S. y entonces fue mi verdadera amante, a pesar de tener yo otra a la que traicionaba cada día, cada noche, durante más de cinco años de los siete que duró nuestra relación.

Y después nada.

Y nunca había habido nada por mi parte, en soledad, algún escarceo aburrido que me hizo desistir. Pero cuando decidí no estar con nadie hasta el 2010-2011 me di cuenta de que tal vez necesitaba ir a Los Placeres de Lola y comprarme algo. Fui con una amiga y le regalé algo a ella también. Las chicas nos lo explicaron todo a la perfección con total naturalidad. Era una visita kinky científica, supongo. Al día siguiente en mi break del trabajo y en media hora hice lo que hice, satisfactoria y sorprendentemente. El siguiente día fui a otro sitio en Malasaña y un chico me explicó detalladamente el mecanismo de otro juguete que daba mucho juego. Estaba entusiasmado, sobre todo cuando le comenté que era para mí y no para mi novia. Entusiasmado, pero no me hizo sentirme incómoda, aunque tal vez exageró la eficacia del objeto. No funcionaba de la forma que él decía, por lo menos para mí. No había que seguir instrucciones. En realidad el juego que le dabas no dependía de sus botones ni su programa de vibraciones ascendentes ni su diseño noruego por una mujer, ¡una mujer!, decía él con orgullo, nah, nada de eso.

Me resulta mejor cambiar de tercio. Persigo la milésima de segundo pero me contento con éso: perseguirla sin ansiedad. Me pregunto si estoy demasiado cansada, si el Lamictal me hará menos daño al hígado si sigo eyaculando lo que parecen litros, si beber agua luego será suficiente, si tendré ganas de bajar a pillar un arroz con gambones del chino de al lado para evitar desfallecer.

Pensando mucho.

Me doy cuenta de que en pleno apogeo me suda la espalda y el agua que surge de entre mis piernas casi me quema las manos por su increíble y cálida temperatura. Me alegro de sudar al fin pero me doy cuenta de que por teléfono hacía dos días jadeaba, y que hoy no lo hacía ni por asomo. También constato que en realidad no es the real thing, pero no me preocupa lo más mínimo. Me viene a la cabeza el consejo de C. de relax. No sé si estoy relajada ni si lo estaré luego. Tenso demasiado los músculos. A lo mejor me hago hasta daño en el cuello. Me preparo para la consiguiente migraña. No debe ser tan bueno perder tanto líquido; siempre me pasa.

Se acabó pero lo hago pausadamente. Me pregunto cuándo lo haré otra vez, seguro que hasta dentro de mucho tiempo no me apetecerá. Compruebo las toallas, ahora sí que van directas al tonel blanco de Ikea de la ropa sucia. Envuelvo todo en ellas y dudo dónde ponerlas. Termino dejándolas en el lavabo con los juguetes eróticos entre los pliegues. No tengo prisa por hacer nada, tengo un esterilizador orgánico del que me siento muy segura, y pueden esperar.

Me pongo los pantalones grises de algodón de chándal de los 80 y me siento guay por hacerlo a pelo. Me siento como los tíos buenos que responden a la puerta en calzoncillos o que no se los ponen debajo de los pantalones cuando se van de la casa de su amante.

No hay espaguetis, no hay cocido (me lo olvidé en la nevera de la oficina cuando me echaron ayer del trabajo), tampoco hay hay paella de mi madre. Pillo un vaso de agua, pienso que a lo mejor no me va a apetecer escribir ni pensar mucho en todo esto de forma escalonada y descriptiva, y me bebo tras esta reflexión un par de vasos como si nada. Me acuerdo del ácido fólico, voy a tener que cenar por narices si quiero tomarme las dos pastillas y ser lista y brillante por el efecto de este mineral.

Sorprendentemente hoy ha sido un día raro de cojones. Este mes de marzo ha sido de todo, pero ya he hablado de eso. Por lo menos se me ha quitado el calentón que llevo en el cuerpo desde hace cinco días.

Llamo al restaurante chino de la esquina tras buscar el teléfono en Google. El tío suena raro y difícil al teléfono, no quiere que pida para llevar. Me importa un cojón lo que él quiera, no pienso esperar, la espera prefiero hacerla en casa. Finalmente me pilla como la mitad del pedido porque no sé pronunciar ni decir "col" en chino. Quiere que vaya al restaurante a pedir la comida; parece que tiene demasiada prisa como para escribir lo que pido, memorizarlo o buscar un boli. Ni de coña voy a ir a pedir del menú y perder diez minutos esperando desfallecida y de mal humor.

Me pongo las botas grandes de montaña antes de salir, porque los pantalones son algo largos y si no se arrastra el borde por el suelo. Tengo la moral de un borrego en el matadero. Estoy tan cansada, llevo varios días con insomnio por los problemas y las emociones fuertes que he vivido. Cuando llego al restaurante me replican estupefactos que no hay ningún pedido para llevar. Dicen que yo no les he llamado. El sitio de antes resulta ser el de sus hermanos en Plaza de España que se llama igual. Explicación que yo doy: en internet han puesto mal el número de teléfono, sorry, pero no pienso ir ahí a buscar la comida. Acceden a llamar por teléfono para anular el pedido y les explican a sus familiares la situación, ligeramente de mala gana. Me importa tres pepinos, quiero mi comida, y paso de la tía borde, de la gente agradable normalmente pero estresada, de la niña que un día me insultó por la calle cuando le aconsejé cuidado con los patines sin frenos para no romperse los piños.

Pido mi comida, un montón, pero no quiero pasar hambre como el otro día. Estoy encantada de pedir verdura, por fin; hace un montón que no como, aunque en este restaurante esté saladísima. Mmhh, estoy en paro ¿cierto? Es la última vez que compro para llevar a menos que sea más o menos lo mismo que pagarlo yo. Tampoco voy a ir a restauranes ni sitios caros. Fuera taxis y otras milongas también. Tengo que volver a mis largos periodos artísticos sin hacer dinero. A pesar de todo, mi madre insistirá en darme dinero cada vez que pase por su lado y se pondrá neurasténica si no lo acepto. Me recordará hasta la saciedad que tengo su tarjeta de El Corte Inglés para comprar lo que quiera (yo no se la pedí, pero insistió hasta arrastrarme a atención al cliente para hacérmela). Tiene la extraña idea de que me tiene que pagar por cuidar a mi padre ... le viene bien tener un poco de ayuda. Le tranquilizo diciéndole que mis gastos mensuales con todo incluido (el piso es nuestro y la comunidad es irrisoria -votaron en contra del ascensor) son €350 si me apuras. Tengo para seis meses limpios dedicándome a mi vida conmigo, con mi padre, madre, hermana, sobrino, y arreglando estropicios de los chicos de la casa.

Paso de todo (¿lo he dicho ya?) y me pregunto que cuándo me van a dar la cuenta para largarme de una vez a mi casa, engullir y dejarme dormir en el sofá con una comedia. Con parsimonia me dejan la bolsa en el poyete del bar. El cocinero se fija en mí y me mira largamente, ni idea de por qué. La tía grosera, no la dueña, sino la hermana o cuñada o yo qué sé, que no habla porque no quiere, sólo mira con chulería, me pasa la tarjeta, y por supuesto no me dice gracias ni adiós.

Pago, y yo digo gracias, adiós adiós, un poco huraña. Normalmente soy súper agradable, pero estoy cansada, de mal humor y paso de todo (¿ya lo he dicho?).
-
Voy a ver Kámprack en el portátil. No sé qué hace Windows Vista que me estropea tlodos los DVDs al grabar películas y voy a tener que verlo en el portátil. No puedo molestarme a copiarlo en el otro PC. Me pregunto cuándo me llamará mi madre para el parte o mi hermana (si es que llama) para ver si estoy bien después de haber llorado en su hombro (metafóricamente hablando) esta tarde.

Al volver a casa me doy cuenta de que hoy ha sido un día raro, de que he salido a la calle ahora por primera vez en todo el día, que todo ha cambiado de un día a otro, que yo he sobrevivido y que mañana será otro día, por una milésima de segundo ...

No tengo nadie a quien contarle todo esto.

It just is ...

Es el tierno pesar que nos da densidad al alma ... Es la dulce ilusión de vivir que nos envía viento a las alas.

It's that tender sorrow that gives our soul its weight ... It's that sweet enamour that believes that flight of our wings ...

Tsunami




This month of March has been fucking shit, mate.

I'm just going to dope myself with the first complete season of The Flight of the Conchords and stay in with the sofa and my blankie. That's my solution to cope with the last day of this sodding fucked up month.

There's been a few surprising, enlightening moments but extricated from blood in the guts. Growing is painful. It's been a month of destruction and rebirth, dawn, mayhem and private insights. But you know, the show must go on (thank you, Lisa Minnelli)- or something like that, anyways : Camina o Revienta.

I've come to the conclusion that I sabotage my love life purposefully so that I can be alone in the loony room and get my arse together with my art work (imitating and diverting from life at the same time). Yeah, long live rock & roll and her whore: music and art!



Polka Reid's
Guerrilla filmmaking code of honour
(Circa 2002)

Polka is my twin soul, my alter ego, my dear Cuore poster girl.

- Don't get a proper job: it's useless, you know it.

- Forget you have to eat (someone else will remind you)

- Just make films and show them to your friends (if you've got any)

Vías


Creo que tanto el enamoramiento como la amistad necesitan mucho tiempo para fructificar en algo real, duradero y cierto. Hay que conocer a la persona tanto por lo que dice como por lo que no dice, por sus aciertos y por sus desatinos, y tanto por sus actos como por sus omisiones ... Es poner tu ego en el borde y escuchar atentamente oído en la vía los lejanos sonidos del tren ...

Y hay veces que hay que dejar la ilusión volar ... libre más allá del rainbow


Pasarán más de mil años, muchos más
yo no sé si tenga amor, la eternidad
pero allá tal como aquí
en la boca llevarás
sabor a mí ...


no pretendo ser tu dueña
No soy nada yo no tengo vanidad
de mi vida doy lo bueno
soy tan pobre que otra cosa puedo dar

..

lunes, 30 de marzo de 2009

Pretérito perfecto



Pasado pensado

The longest night

It is, tonight, the longest night. I'm undone.

..

domingo, 29 de marzo de 2009

Papi

Ayer fui a ver a mi padre al hospital. Desde que está ingresado, a pesar de chuparme los días de urgencias, las llamadas, las gestiones administrativas, chillar a su neuróloga de mierda agilipollada, prepotente e inepta, aguantar las paridas de mi hermano y sus amenazas cibernéticas por mis entradas en este blog, el marrón de aceptar el tema residencia, el verle atado y apresado con grilletes y con pañales, sólo había visto a mi padre en planta una vez brevemente con mi madre, sin interactuar con él. Y ése día me había sentido como un submarinista que se estrella contra el suelo marino por una fuerza motriz tremenda, imposible de amansar.

Me había sorprendido su mirada idiotizada (deterioro, Haloperidol), su pérdida de peso, su aspecto empequeñecido y su constante mal humor que me pone los pelos de punta, a pesar de que me miraba (me reconocía, pero ... ¿sabía quién soy yo?), al mismo tiempo que me destrozaba por dentro cómo al marcharme me guiñaba el ojo, muy estilo papi joven y guapo de antaño, y me seguía con la mirada.

Así que ayer me armé de valor después de haber hablado por la noche tiernamente con mi galleguiña y fui para allá. Tiene un compañero de habitación que está aguantando carros y carretas, en particular sus gritos durante toda la noche que le impiden a él dormir. Este viejillo chisposo y nervioso, profesional del gremio de ingresos hospitalarios, sobrevive gracias a la bombona de oxígeno y dos operaciones de pulmón en el que le han reducido más de dos quintos de superficie pulmonar a tajo de bisturí, y tiene problemas varios que palia viendo televisión todo el día (le gusta Cuatro -temas de supervivencia y viajes Kontiki), una cabeza muy entera a pesar de su edad, enseñarle su cicatriz a todo el mundo (tiene una piel muy bonita a pesar de que es puro huesines de pollo), y unas hijas que son como cinco soles, aunque siempre apunta que tuvo un hijo que murió a los treinta. Su señora murió hace tres años; lo sé porque se lo ha dicho a mi madre, a mi padre, y después me lo dijo a mí.

Mi padre estaba allí, sentado en pañales con una camisola de niño de cinco años, ocupadísimo intentando quitar el botón de sujeción de una de sus muñecas girándolo hasta la eternidad (no se quita así, sino con una llave especial, obviamente). Gracias a Dios sólo tenía sujeción en la cintura, la banda de la mano era sólo para tenerla a huevo los auxiliares y paralizarle los brazos si la situación iba a más. Al llegar me empezó a hablar en francés y yo le dije en numerosas ocasiones (casi gritando, porque paso tanto de su maldito francés) que yo NO hablo francés (en concreto porque a él nunca le salió de los huevos el enseñárnoslo de pequeñ@s). Total, que le cabreé y le seguí cabreando, como siempre desde hace 42 años, con todo lo que yo le decía o hacía para intentar ayudarle. Se volaron unas toallitas de papel y me gritó por haber sido indolente y haberlas esparcido por el suelo; luego me gritó por haberle tirado "la carta" (presumiblemente una de las toallitas), y después en general me gritó por todo. Pero le mentí porque sí que entiendo su francés, no sé cómo ni por qué, pero sí, le entiendo. Quiso luego hablarme en inglés y también le dije que no, que no le entendía, leñe (no me apetecíaaaaaa), y al final le tuve hablando en español la mayor parte del tiempo para que se orientase y por lo menos se comunicara con nosotr@s (llevaba DÍAS hablándole en francés a todo quisqui!)

Tras tanto grito a MÍ fue a quien se le puso la mirada perdida y me cogí mi libro de Mejor Platón no Prozac, e intenté leer un poco. Por supuesto no pude concentrame y me sentí como una leona Akuna Matata enjaulada. Entonces se me ocurrió hacerle un masaje, vi que tenía todavía mucho músculo en la espalda y me gustó poder darle un masajito como cuando volvía del tenis. (¿Dónde estaba su cadena de oro macizo que le compró mi madre?) Se resistió mucho pero le gustó, y luego le ayudé a hacer estiramientos. Quiero que se acuerde de ser él mismo. Me repitió como antaño que los masajes se hacen de abajo a arriba, como cuando tenía doce años y le masajeaba la espalda; o me enseñaba a poner inyecciones practicando en almohadas y luego en sus glúteos (le pinché en el hueso y se acabó la lección).

Después se me ocurrió algo mágico: salí del hospital pintando y fui corriendo a casa donde escogí unas fotos, unas pesas suyas y un aparato para fortalecer los brazos (todo pequeño, a ver si se lo tira a la cara a las auxiliares de clínica, o mi madre ... dejé las pesas enormes, el cinturón de cuero de Muhammad Alí que usó durante años y años todos los días a las cinco y media de la mañana) y volví y puse las fotos en la ventana con blu-tac. Se sorprendió mucho, digo yo que se preguntaría dónde estaba. Le pregunté foto por foto quién era quién. Reconoció a mi madre, lo que es novedoso, porque en la vida real se queda muy confuso: reconoce su voz pero no tanto cuando la ve en persona. No se reconoció a sí mismo de joven, dijo que era mi hermano mayor :(. Es cierto que se parece a él pero .... menudo bajón me entró al ver que ya no sabe ni quién es. Luego a mi hermana y a mí nos llamó por mi nombre a las dos, y sí reconoció al bebé de mi hermana y a mis hermanos. Creo que es muy importante para él volver sobre sus pasos familiares y hacer pequeñas cosas que le orienten, aunque su principal interés de ayer fue girar la maldita rueda con la que le atan a la cama y a la silla para que no se escape, la que no se abría al girarla hasta la saciedad, y buscar la carta que estaba escribiendo o que le habían mandado que en realidad era una servilleta blanca e impoluta ...

Fue mucho mejor de lo que esperaba y ahora vuelvo otra vez con mi hermana y Poquitos, y que sea lo que Dios quiera, porque parece ser que está muy rebelde, queriendo escaparse, arrastrando la silla por el suelo porque quiere levantarse y volar hacia la nada infinita, hacia un sitio en su imaginación que nunca encontrará. A veces es su casa, la casa en la que vivíamos hace más de veinte años, otras es una mezcla delirante de imágenes de sueños provocados por su demencia, por las decenas de pequeños infartos que se enredan entre sus neuronas como cráteres carbonizados y que le han destruido el entendimiento y la conciencia de sí mismo.

Y esta noche tuve un sueño alucinante:

Tengo una nueva novia, pero al final no es otra que mi querida Ojitos Verdes de Ámsterdam, la novia que tuve durante siete inolvidables años, y voy a ver a sus padres a un barco donde viven. Sus padres no son sus padres en la realidad, son una especie genérica de padres, y no son agradables conmigo (odio ver a padres y madres de novias, malas experiencias), pero su padre de repente era el padre de mi ex mal encarado conmigo. En la vida real la última vez que lo vi en Ámsterdam en la ceremonia de la tesis de Ojitos Verdes fue muy raro conmigo, aunque no me extraña porque tres años antes había echado a su hija de mi casa por la noche diciéndole por toda explicación que se levantara de la cama y se fuera a la calle, fuera de mi casa. Siempre pienso que si ella hubiera vuelto todo hubiera sido tan diferente, si hubiera dado un giro sobre sus talones y tras salir hubiera llamado a la puerta, hubiera pensado en mí y en nosotras, y se hubiera armado de valor para convencerme de que aún había algo entre nosotras, como seis días antes, antes del rodaje, cuando nos queríamos a pesar de todo. Pero fue al final de un rodaje absolutamente demencial y tras un día en un taxi durante ocho horas (había inundación en la carretera) devolviendo equipo del rodaje, las dos en el taxi discutiendo a voces mientras el taxista sufría por nosotras sin saber qué estaba pasando. Yo había tenido una crisis entonces el día anterior y había despedido a todo el mundo del rodaje y me había liado casi a puñetazos con el chulo de playa del inútil del sonido que tan sólo quería follarse a la actriz principal y estaba en el rodaje sólo para ligar.

Yo había tenido ese día antes de echar a Ojitos Verdes de mi vida una crisis bipolar enorme y estaba en el cénit, justo antes del desplome total. No me he perdonado a mí misma todavía por haberla echado de mi lado. Creo que ella sí, porque a pesar de haberle pedido que volviera durante seis meses, ella decidió hacerlo cuando yo ya había vuelto a España, había tirado el anillo suyo que llevé durante siete años por la ventana, me había liado con una tía en Madrid, y tras ser incapaz de perdonarla porque ella me había ignorado durante meses durante la depresión más grande, feroz y dañina que he tenido en mi puta vida.

En fin, el padre de Ojitos Verdes me miraba mal y de repente mis padres también estaban allí. Mi padre, ágil, despierto y más joven, se andaba riendo. Yo, no sé por qué, tal vez para fastidiarle y dejarle claro que yo quería a mi madre y que no iba a permitir que estropeara todo como siempre, porque él no iba a bailar con ella y mostrarle ternura ni cariño, me puse a bailar tiernamente con ella esta canción de principio a final:





Pasarán más de mil años, muchos más
yo no sé si tenga amor, la eternidad
pero allá tal como aquí
en la boca llevarás
sabor a mí ...

En un momento dado, estábamos atracados en el puerto, y mi padre se subió a un gran camión de reparto de Heineken y se rió en nuestras narices mientras los tíos del camión, ignorando nuestros ruegos desesperados, arrancaron con mi padre riéndose, escapándose en la parte de atrás del camión.

Yo le dije a mi madre que no se preocupara y salí corriendo detrás del camión. Y corrí y corrí y corrí por toda la carretera, entre los coches, subiendo cuestas; se perdió el camión y seguí corriendo, me recorrí toda la ciudad incansable, dejándome las piernas, cayéndome a trompicones casi de tanto tirar de mí misma hacia adelante, siempre hacia adelante. Y de repente llegué a un cruce de caminos, era una mezcla de Madrid y Ámsterdam la ciudad en la que corría, y avisté el camión después de haberlo perdido de vista hacía bastantes manzanas. Entonces logré alcanzarlo con un esfuerzo sobrehumano, y le forcé a parar. Cuando aparcó cogí a mi padre y llamé de todo a los conductores del camión, que pasaban de mí aunque les molestaba visiblemente mi furia.

Cogí a mi padre como cojo a Poquitos y aunque con miedo de que se me escapara me chocó el darme cuenta de que era muy delgadito, muy liviano y que estaba desvalido. Él puso su cabeza en mi hombro y se agarró a mí con las piernecitas enlazadas alrededor de mi cintura. Era como un monito algo más grande que mi sobrino. Y me puse a buscar un taxi como loca. Me pasaban taxis peligrosamente por todos lados porque estaba en mitad de la carretera (siempre estoy cogiendo taxis de madrugada para ver qué pasa con mi padre cuando me llama mi madre porque ha tenido que comunicarse con la policia y el Samur psiquiátrico que se han personado para calmarle ...). Los taxis no paraban y yo arriesgaba mi vida como cuando corría detrás del camión porque los taxis y los coches pasaban por mi lado a gran velocidad, y yo seguía caminando con mi padre por la carretera. Después de un rato interminable y tras meternos en un sitio que era como de mini-cabs de Londres pero que estaba lleno de gente peligrosa, por lo que apreté a mi padre contra mi pecho y salí pitando con él, nos resguardarmos en un restaurante italiano muy elegante. Hasta entonces había estado cogiendo a mi padre como a un peluche, con sus piernas larguitas y de pollito (como le vi en el hospital). Pero de repente él estaba de nuevo de pie, imponente, con un traje caro de Celso García y una corbata de seda, y pidió una pizza al camarero con mucha autoridad y simpatía. Y yo era pequeña otra vez, tenía dieciséis años. Pero no sé cómo le convencí de que nos marcháramos (ante la mirada estupefacta de los camareros), conseguí que me dieran el teléfono de un radio taxi y llamar desde el restaurante, y lo llevé sano y salvo a mi madre que me lo agradeció en el alma con la mirada ...

Ayer mi hermana miraba a mi padre invadida por el silencio y además llevaba un rato sin que yo me diera cuenta. staba sentada en la esquina angular de la habitación, que parecía aún más gris en ese momento, con sus manos desposeídas sujetando la mano de mi padre en el frío aluminio de su cama que se alzaba como una barrera entre él y nosotr@s ... su otra mano caía sobre su propio regazo. Sus ojos estaban invadidos de lágrimas en ciernes y yo sentí su pena profundísima como una saeta que se ensartaba en mi corazón .... Poquitos miraba a mi padre... las enfermeras miraban a mi padre ... y él miraba las fotos de la ventana sin decir nada ... Las miradas hablan más que las palabras.

viernes, 27 de marzo de 2009

Lamictal: ya empezamos


Ya empezamos.

Con los ojos de esparto, sintiendo cuchillas en las palmas de las manos por las mañanas y por las noches, con la sequedad dental, con la piel de la cara tensa y seca como Joan Crawford tras un retoquito más

Ya empezamos

con los lapsus (las bragas sucias van al tonel blanco de Ikea no al WC - aunque eso sólo pasó una vez ;-) pero es preocupante) , con la fotofobia y tener que llevar gafas de sol (no me gusta, ¡que soy italiana! y no quiero perderlas, regalo de mi hermana, son buenas ... bueno si tengo que hacerlo dejaré las Chanel y pillaré unas Rayban Aviador;-), con la pérdida de peso vertiginosa, con el pelo caído a mechones por el desagüe al lavármelo, con los ojos inyectados en sangre tras horas enfrente del ordenador por la sequedad en las mucosas, con el investigar a fondo, empollarme de bioquímica y neurobiología para dar con información que minimice los efectos de la química neuronal, con las ganas de llevar mis anillos romos de planta otra vez, mis muñequeras de tenis, con gastarme una fortuna en la parafarmacia, con conocer a fondo mis neurotransmisores, con querer irme a Barna de fiesta lo antes posible, con sacar la trompeta y practicar, con hacer finalmente el pedido de mi caja de verdura y fruta orgánica por internet y que no me importe que la traigan cuando yo no esté y la dejen en la escalera, sin pensar que un vecin@ me va a robar los huevos de corral

Ya empezamos

con los anglicismos y las dudas con la ortografía y la gramática que antes nunca tuve causados por la medicación, pero espero que contrarrestados pronto con mi nuevo hallazgo del L-metilfolato que ya metabolizado llega inmediatamente a la corriente sanguínea y de ahí al cerebro, de esa forma se mejora el impacto en la función cognitiva y me podría volver lista y todo, con el probar el cardo mariano para la sequedad y la mejora del funcionamiento del hígado, con los pensamientos algo desatados y acelerados, con la rapidez mental, la sumersión en mi mundo, la simpatía y el guapo subido, la impaciencia, la observación y recepción enriquecida del mundo a mi alrededor sin agobiarme por Madrid, los detalles cotidianos, la imaginación sin límites, la capacidad creativa desentumecida, el poder escribir sin forzarme ni trabarme por ser una necesidad vital, el respirar literatura, filosofía, sociología, psicología, ciencias y humanidades y absorber todo a lo bestia y volcarlo luego en mi vida, integrarlo en mis pensamientos, con el bajarme series de internet y películas clásicas de Spencer Tracy y Katherine Hepburn para verlas luego con mi madre, con el comer bolsas enteras de nachos orgánicos de una panzada para matar el gusanillo, con el cocinar con gengibre y tomates secos, con el ponerme ropa diferente del uniforme, sacar mis camisetas de Flat Eric, ponerme unas zapatillas diferentees cada día, con el querer sentirme libre y ansiar correr durante kilómetros y sudar chorros de oro y estirar en el parquecillo de la Plaza de Olavide, con el olerme el sudor retrotrayéndome a mis entrenamientos en el Vallehermoso cuando tenía 14 años

Ya empezamos

con mis actuaciones en plena fluidez, con el volver a escuchar música (recorriendo Radio 3 para levantarme: "Hoy empieza todo", Laura Pausini, Mecano en París, David Bowie), el descargarme todas las pelis bollos que hay en internet, el pasar fines de semanas enteros viendo cinco o seis películas diarias, noches enteras hasta las ocho o diez de la mañana, montando en el Mac mis películas, mis bobinas, mis cortos, mis vídeos de danza, de poesía en escena, con el open mike, con el querer ver a mis amig@s, con el entender mejor a Poquitos (mi sobrino) porque el bebé me recuerda a tod@s nosotr@s en esta bendita familia con sus luces y sus sombras, con la lucidez mental, la descarga de mi inteligencia, con el no saber por qué salida de metro era a pesar de ser la de siempre durante años, con el sudar al calcular las horas de trabajo, el tiempo transcurrido entre las 3:15 y las 19:45 porque me cuesta sumar y restar, ni entender mezclas entre horarios AM y PM y los otros, el llegar tarde a todas partes tras lapsos de tiempo de cinco horas haciendo cosas, leyendo, ensoñada en conceptos intelectuales que no puedo pasar de largo o dejar para luego, imposible parar tiene que ser AHORA, el no darme cuenta del tiempo transcurrido, el volverme más curiosa, dinámica, hiperbólica, despierta e intuitiva, con el trabajar de cachondeo y dejarme querer por las chicas de la oficina, con silbarle a una mánager cuando está buena y se pone el traje de power dressing, con ser híper bollo y reconciliarme con mi lado masculino y mi lado feminino, con el pasar del sexo porque el sexo pasa y el sexo viene y ya me desearán, con mi platonismo en acción, con el pensar antes de actuar o no pensar y sólo actuar, con el ser una mujer de acción, con el querer cortarme el pelo pero sólo hacerlo a la tercera porque a mi madre no le gusta, con convercer a mi madre una vez cortado dejándole pasar la mano por los rizos ensortijados que me salen y que son como en la foto mía en el baño a los seis meses sonriente con el patito y sé que eso la enternece, con alimentarme con algo más que pan con queso y aceite desayuno comida y cena, y tener mono de nueces, tofu, verdura verde y roja, con no sentir yuyu de poner lavadoras o limpiar el baño, es más tener ganas!

Ya empezamos

con el no pensar en cosas raras y en la depresión todo el santo día, con el soltar tacos como jodido esto y puto lo otro otro porque se me suelta la lengua, con el encendido automático, con la impaciencia con la gente perturbada y difícil, la empatía con almas gemelas, el sufrimiento ajeno, mi misticismo, el querer aprender palabras y buscarlas en Wikipedia, en los diccionarios de griego y latín, en María Moliner, con el amar la tos de los bebés, el no cesar en el intento a pesar de las dificultades, el buscar alternativas escondidas y no reseñadas, el comer comida integral y buenos alimentos porque creo en ello, el no importarme tanto lavar los platos, y fregar toda la casa de un tirón, con el hablar cómodamente con gente desconocida, el hombre que limpia el portal y que me devuelve una sonrisa y que me busca cuando está en casa, con el que me ponga el brazo en el hombro con ternura y me enseñe su diente de oro, con el acostarme a las mil y al dormir encender la luz antes de caer para escribir alguna cosilla en mi Moleskine de la mesa de noche, con mi Macintosh a tope y el destornillador en ristre, con el open software y Ubuntu y Linux para este año, con el borrador del guión de mi largo sobre mileuristas, con el llamar a amig@s para que lean mis guiones o vean mis pelis y me den nuevas ideas, con el quedarme después del trabajo en la ofi porque así puedo escribir y estar tranquila con los cuatro gatos, con el gustarme tener cuarenta y algo años que en Europa son los nuevos 30, con el entrar en librerías y centros de arte, con el pensar en ir a NY ya, con el pasear por la oficina con las manos en los bolsillos como un modelo de Calvin Klein

Ya empezamos

con el comprar cosas en internet después de investigar mil historias y no darme por vencida hasta que encuentro lo que busco, a no saber lo que busco pero dar con ello igualmente, con el bollo frikismo - el firmware, el software, mi web 2.0, el vintage, el naturo-frikismo, el médico frikismo, el Apple-frikismo, con el faltarme oxígeno al respirar y notar que me ahogo, con el forzarme a respirar, el intentar relajarme con cds, con mp3s que me bajo de internet, con el estudiar terapia cognitiva, con ser la princesa que lo aprendió todo en los libros, con el enamorarme predeciblemente cada tres meses, con el escribir en foros de internet y comentarios en los blogs y luego responderlos y conocer a gente, con el conectar con la comunidad de bipolares en internet y sentir compañia por lo list@s que son, con el buscar almas gemelas, con el abrir la puerta de la casa de mi madre esta vez con la llave sin llamar para que me abra, con el no poder leer mi letra cuando escribo y al mismo tiempo ando por la calle o subiendo las escaleras del metro, con cepillarme Moleskines de bolsillo en unas semanas con letra apretada, con comprar más bolígrafos Pilot y pensar en micro tamaños de trazo de tinta, con el preferir la tinta fluida a la pegajosa y consistente, con el cuidar de mi pelo con cera de abejas y otros productos afro hair que aprendí de mis novias en Londres y Estados Unidos, con volver a mis productos clásicos de pelo y acordarme cada día de ponérmelos, con dejarme los pelos de punta de vez en cuando por la calle, con reflexionar a menudo que tengo las cejas de mi madre y de mi abuelo, con crear nuevas etiquetas de mi blog y nuevos podcasts con mi voz aunque me dé algo de vergüenza porque me ayudan a clarificar mis sentimientos y apreciar la imagen del espejo

Ya empezamos

A ser yo

Bengalas de trigo

Esperas, tránsitos y esencias.

Canjeo estrazas plisadas de piñata por piedras semi preciosas pequeñas

Vínculos por miradas

Y estratagemas por pegaminas alucinadas (con reflejos suaves tridimensionales).

jueves, 26 de marzo de 2009

Crónica de una batalla II: Deshielo

Voy emparedando las papeles de nuevo con papel de pared luminoso, y los espectros se alejan de las ventanas, los espejos se visten de guirnaldas y mis realidades se vuelven aprehensibles de nuevo.

Comienzo a pensar en cosas normales poco a poco, cosas prácticas, inocuas. Las ilusiones se han liberado como rocío diseminado. Quiero abrir el plumier para pintar mis días con colores de lápices de cedro. Me estoy poniendo en marcha y es muy agradable. He dejado de pasar tanto frío.

Ha sido un mes de sufrimiento pero soy un alma aventajada, y aunque es extraño he sabido sacarle partido. He vuelto a estudiar terapias cognitivas conductuales muy útiles, y he encontrado una forma de solventar el deterioro cognitivo causado por el Lamictal y así también potenciar la actuación del ácido fólico y las vitaminas del grupo B en mi organismo.

De estas semanas he sacado claridad, valentía, esclarecimiento, creatividad, porque a pesar de caminar por el fango, atrapada, he llegado a levitar y se me han prendido en el pelo destellos de purpurina. También he sentido una parte de mí que aunque vulnerable es más parecida a mí de lo que yo creía ...

Le he seguido la pista a intuiciones y he sabido ayudarme y pedir ayuda. Pero también he sufrido lo indecible de una forma que sólo los que padecemos esta enfermedad conocemos, porque durante esos momentos estás convencida de que tu aniquilación es irreversible. Y aunque he aprendido a tener esperanza, en ocasiones mi mente sangraba como una hemorragia abierta incontenible y me sentía tan cerca de la extinción, el vacío, el precipicio, que era como si viviera una pesadilla durante miles de horas seguidas sin poder despertarme.

No me gusta practicar este deporte de riesgo, pero espero que mi entrenamiento me ayude a prevenir futuros episodios.

Gracias a Dios una mano invisible y suave, una caricia, un tierno beso, una voz cálida me ha despertado consolándome, y la pesadilla infernal se está disgregando en el sueño del olvido ...

Serendipity


Hoy todo ha sido pura serendipity. Tanto trasiego y todo al final termina siendo como El Mago de Oz y sus caminos estrellados. Las puertas de la claridad se han abierto, ha entrado el aire fresco, tengo ganas de tener ganas.

Serendipity
Serendipity
Serendipity

Se me llena la cabeza de palabras vestidas de invisible, así que no puedo nombrarlas. Las tendré que mostrar cuando me choquen las serendipities de mañana.

Ahora tengo que dormir. Tengo curiosidad por ver lo que soñará mi imaginación durante toda la noche. Probablemente una película en technicolor sobre el día de hoy con mis ilusiones reencontradas, mis anhelos ventilados que vuelven a emanar perfumes de flores, mis renuentes sueños íntimos. También aparecerán las preocupaciones y las sinrazones que quieren atentar contra mi psique en el camino, diseminando bombas racimo. Pero hoy no tengo miedo. Hoy es azul.

Es que hoy

..

miércoles, 25 de marzo de 2009

Búsqueda


Estoy sacándole todo el jugo al tiempo, todo lo que me está siendo posible. Quiero entender qué es lo que falta, lo que se me escapó de las manos, lo que está entre bastidores, lo que miente y se esconde. ¿Qué qué qué? No puede ser tan difícil explicarte las cosas sobre todo si luego te rondan como urracas y escapan apenas dejando entrever sus sombras.

El psicoanálisis te pide que bucees y te traigas un canto del fondo marino en cada sumersión. La vida te obliga a examinar aquello contra lo que te topas. Y lo que buscas ¿dónde está lo que buscas? ¿Cómo se llama?

A lo mejor no hay que buscar ni encontrar, tal vez vale con secuestrar lo que tienes a tu lado, secuestrarlo a tiempo antes de que te abandone y te quedes para siempre con el déjà vu imposible de que lo que buscas todavía no lo has encontrado.

Incondicional


Ayer vi a mi padre en el hospital. Parecía un madelmán. Era de repente muy poca cosa, se me desgarraba el corazón. Era pequeño. Era bonito. Seguía moviendo las piernas con esa lentitud de quien ha hecho deporte toda su vida y se sabe acariciar la piel. Sigo viendo algo mío en él, a pesar de las tremendas transformaciones que han sucedido en las últimas semanas.

Es esa forma de agarrarse a la vida sin creer en ella que me encoge el alma. Siempre orgulloso de una vida que no era la suya, que no era real, que se había inventado desvirtuando la suya propia. Su vida pudiera haber sido tan especial, tan llena de belleza, vitalidad, esperanza, fuerza. Pero la derrochó por puro orgullo, vanidad, un orgullo mayor que el amor que le hubiera salvado. Pero me reconozco en él porque yo tampoco sé cómo amar incondicionalmente, ni siquiera con motivo. Yo tampoco creo que pueda salvarte.

martes, 24 de marzo de 2009

Departures: tren a San Juan


El de las tres y cuarto

La gata y los tejados de zinc



El mundo desde arriba se ve como almidonado, remendado, cierto, deseado por alguien.

Es una visión diametralmente opuesta a la calle que es una gran araña patas arriba, con sus avenidas sudorosas y sus luces desperdigadas como canicas refulgentes.

En los nervios de la noche se enhebran las ilusiones diurnamente renegadas, y se reconstruyen en sus húmedos reflejos de su azul de tinta china. El aire de la noche es de derrota embriagada, y en sus tejados se prenden las teas de las pasiones fatuas.

Cada ventana iluminada es como un fuego efervescente que limpia la noche de brumas.

La orientación nocturna se basa en apreciar volúmenes, vibrar con las frecuencias de las densidades, calcular distancias. La noche aprecia la velocidad hasta en los movimientos desmontados. Los tejados son el recorrido de su cartografía corporal.

Asomarse a los tejados es ver la noche desde arriba. Y da vértigo poder llorar con tanta inocencia.

lunes, 23 de marzo de 2009

Marzo luminoso


Este mes no entiendo nada, le he vendido mi marzo al trapero en plena borrachera y resulta que ha debido de ser mi alma.

Al volver a Lavapiés ya habían levantado el chiringuito. Más tarde me enteré de que habían montado un circo ambulante pero es volador y no se les puede seguir la pista por tierra. Estoy esperando la sección del marzo ventoso para ir a su encuentro y secuestrar mi alma. Creo que la encontraré atrapada en la cajita de música otomana, en la tienda rosada entre los cirros y los cúmulos.

Me he subido al tranvía de viento más conveniente tras una consulta estratégica con un Juan Salvador Gaviota de lo más particular que se iba a América (cuestión de corazones atrapados). Cuando llegué a la nube pantanosa la feria ya se había marchado. Apenas quedaban rastros de serpentinas adheridas al tejido nublado donde había acampado el circo.

Entré sigilosamente y cargándome de valor en un carromato abandonado porque sentí la clara intuición del presentimiento de que mi marzo se hallaba ahí. Y, efectivamente, me lo encontré atado y amordazado a una silla, inane y articulado como una marioneta de madera.

Respiré hondo y con mucho entusiasmo por el reencuentro y me dispuse a liberarlo, pero de repente me atacó una bandada de hombres rana voladores.

domingo, 22 de marzo de 2009

Crónica de una batalla I: Excálibur


Premuras indivisibles, porque se escapan, se deshacen como briznas de hierba que se seca y se escapa entre tus dedos, tu prisa se deshiela, tu necesidad de acción se disgrega. Tus resortes se desactivan, tus recursos se traban, tus parapetos se derrumban. La piel es tu única protección contra el frío cortante y huyes en la madrugada hacia un paraje infinito. La piel se raya en la huida porque estás desnuda y la noche no se ha levantado todavía, tienes cortes que te escuecen, sientes un pánico flotante, absoluto a desangrarte. Todo lo que parecía imposible o impensable meses atrás se materializa.

Tu mente es invadida por imprecisiones mutuas que se apoyan y replican entre sí. Ojalá tuvieras un ejército como el que se escondió en el Caballo de Troya para permitirte saquear sin piedad las huestes de la bipolaridad en su propio terreno. Pero no ha llegado el momento. Te planteas la búsqueda de apoyos pero se te queda la mente en blanco. Pero la guerra y la destrucción son inminentes y las rapiñas del ser, el escozor inhumano, la intervención brutal de la depresión en tu vida son una realidad. Me niego a aceptar la derrota, pero he caído y me siento inmovilizada e impotente. Más allá, tras la frontera reside la esperanza, la armonía. Me impongo un régimen espartano y frugal para combatir y ganar. Siento dudas, me asedia la sumisión con la que me subyugan. Estoy acorralada y mi confusión no me permite reunir mis fuerzas, cambiar de estrategia, pedir apoyos. Me alcanzan varias lanzas en llamas y me abrasan la piel. Mi travesía en el desierto ha comenzado. Intento rezar para que sea corta pero la enfermedad de mi mente me inhibe las oraciones. No he sido lo suficientemente rápida para repeler la agresión. Me he confiado.

Estoy incomunicada en una habitación blanca y acolchada que conozco bien. Pero no me creo del todo los mensajes de tortura que se desprenden mecánicamente, eficientemente de la megafonía. Lucho con todo mi alma contra esta tortura mental y contra dar por válido el mensaje de hecatombe apocalíptica, de destructuración, de destrucción. Pero sin darme cuenta hay una parte de mi cerebro que ha sido contagiado con el virus y el dolor es insostenible. Te obliga a rendirte, a claudicar, a creértelo todo. Resistir es casi peor. Estoy exhausta.

Las sístoles de esta alquimia aniquilante y entronizada en mi cerebro son muy eficaces. No tienen ninguna intención de promulgar un indulto o adelantar el fin de mi condena. Cómo he podido perder el equilibrio y darme semejante patinazo, yo pensaba que estaba colonizada con una bacteria autoinmune, que si conocía bien al monstruo podía neutralizarlo. Pero nunca puedes conocer al monstruo lo suficiente. Es un cancerbero con múltiples cabezas y apariencias. Qué fácil es dejarle entrar en tu vivienda y permitirle invadirlo todo subretugiamente. Era una eventualidad en cierto modo predecible, pero eso no te proporciona ningún alivio.

Bosquejo fragmentos diafragmados de huidas, lanzo bengalas de cuerpos intensos, rotulados y fugaces a la noche. Ella me replica y escupe rencillas, expulsa planteamientos documentados y reconocibles, reencuentros, palabras escritas en corrientes de aire finas y suaves, pensamientos tránsfugas. Repeles todo contacto irreparable, eres una partícula inmanente y mínima que sufre pérdidas insensatas.

Hay que esperar, rezumar descontento, abortar el delirium tremens con movimientos inesperados. Mi cerebro siente el impacto de un tremendo ataque frontal, un síndrome de abstinencia enérgico y corrosivo que me hace estallar la cabeza. No me merezco esto y quiero que pare. Estoy convencida de que un poco de ternura íntima me impediría caer tan bajo. Pero no puedo aceptarla a cualquier precio. En el fondo de mi ser sé que si sobrevivo a esto sola puede que sea capaz de encarme con el mismo sufrimiento la próxima vez que me asedie, que si veo acercarse al animal le arrancaré las pezuñas con un tajo, que debo encontrar esa espada de Arturo rápido, extirparla de la piedra, que esa piedra está en algún lugar de mi subconsciente, que esa espada es una imagen virtual, un espejismo, un holograma insertado en mi adn. Pero necesito formar parte de esa estampa y desvirtuarme también, dejar de ser carne y neuronas, abrirme paso en el Mar Muerto.

Tengo que registrar todos los momentos impensables y desarticulados, descargar las culpas en las acequias, los aledaños, y beber de las fuentes de los sentidos donde se remueve la salvia, la rabia, la indestructibilidad del espíritu. No sé cómo restaurar el alma caída, como volver a compensar el ánimo dinamitado. Deberían recomponerse los imprevistos, los aludes de pistas escasas, los recorridos romos por el riesgo exaltado. Reevitarse y explorar inciertos pasadizos, impensables rutas, aunque parezcan decadentes malabares. El entendimiento no es previsible, mis impresiones no son infundadas, tan sólo tengo la voluntad precintada, y qusiera ordenar una retirada fulminante. Las excusas no valen porque no existen. Las intenciones son pura vanidad. Hay que ignorar completamente los silencios tácitos.

He de recuperar mi valentía. No se pueden abaratar las decisiones hasta hacerlas inoperantes movimientos en falso. No se puede enjabonar la sed, evaporar la sangre descentrada. Reemprendo embistes acaudalados aunque mis emociones están aletargadas. Es inevitable e insensato, pero sé que esta vez ganaré la batalla aunque en el fondo no crea en mis propias fuerzas. No voy a ir hacia adelante, tomaré atajos, engañaré al tiempo, utilizaré pócimas premeditadas y precipitaré los resultados. Hay algunas acciones que no allanan el camino para sentirse mejor, sino que ralentizan el proceso. Y hay cosas que no se pueden hacer hasta que llegue el momento, y la espera es terrible.

Es posible retroceder pero no sumergirse, ser aprisionada pero no sofocada, recordar los minutos interminables pero no finalizarlos. Son paranoias inconfesables, precisiones inteligentes. Es el ruido del batir de alas de cientos de pensamientos que antes fueron desesperanzas y que vuelan en parejas con las soluciones tan dulcemente esperadas.

Valentía


Para escribir con la tinta de la sangre de tus sentimientos tienes que ser valiente y abrir las heridas del alma y aquéllas resguardadas bajo la piel. Ser honesta contigo misma y recrear las aristas y los embistes del dolor en cámara lenta para poder declamar sus cacofonías, los efectos de la crueldad de sus armas arrojadizas en el esternón, sus inconsistencias, sus pérdidas, sus irreversibles.

Busco intersecciones para encajarme dentro y prosperar. Tengo la agenda llena de silencios inválidos, carentes de control. No he escrito lo suficiente. Sus hojas sudan porque a pesar del escaso peso de mi escritura reciente está invadida de sentimientos que he de liberar. Son los trazos invisibles de témperas en los pinceles tibios de mi imaginación, los enredos triviales de mi inconsciencia, los olores reverdecidos que inspiro en el aire y busco desesperadamente, de forma imbatible. La valentía es un haz de sensaciones deshechas de belleza, cuadros enteros arrebolados e inmensos, irresistibles cruces e imprecisiones.

Retazos


Presiento retazos. Retazos del montón, inservibles para el bien común. Pasajeros e indomables. Retazos enteros con vidas propias y sensaciones extensas. Retazos al filo de lo imposible, entretenidos en el arte de la vida, inconfundibles, innombrables e inpronunciables, resistentes al soborno. Retazos de un azul inmenso que calca el del día. Retazos intocables, con personalidad propia, invencibles y apartados.

Se agarran al milagro, buscan redención, intentan asustar a sus miedos, recogen herencias minuciosamente quebradas pero valientes. Retazos enumerados, suspendidos en inercias encarnadas, en tonalidades imprecisas, sabedoras de sus limitaciones circunstanciales, reabriendo la impresión que causan, a pesar de las operativas fallidas. Retazos que trenzan realidades insostenibles.

Son los partes de mi inspiración, que luchan contra el enjambre de ideas asesinas para recuperar mi valentía.

Gone

Te has ido, me has abandonado durante unos días, semanas, quién sabe cuánto tiempo. Y es una lástima porque ahora apenas puedo escribir, apenas puedo intentar nada. Ojalá mi corazón fuese un trozo de carbón activado para reaccionar con el oxígeno. Te has ido y me he perdido. Y la melancolía no es la música de fondo, es más: no hay música de fondo.

Y ¿quién se ha ido? Se ha ido el renard, se ha ido la cometa, se ha ido el arco iris, la flor del planeta minúsculo. Se han ido todos. Me han vuelto a dejar la casa vacía, sin papel de pared, sin muebles, sin iluminación. Me han dejado el puro suelo como compañero y un bolsillo lleno de pistas para que todo vuelva a ser como antes. Sé que ahí fuera el sol va vestido con una chaqueta de oro.

viernes, 20 de marzo de 2009

Taxi



La noche está enrojecida con los átomos espesos de los semáforos y los haces de luz reblandecida de los coches que se rinden a sus pies. El tiempo corre breve entre las hileras de vehículos y hay algunos viajes que encierran candor, ilusiones, estrenos, reencuentros. Las férreas líneas discontinuas se suceden, la fantasía de este viernes noche enamora el ambiente con su seducción, y captura el espacio entre sonrisas.

martes, 17 de marzo de 2009

El sueño de la razón se llama España


Llevamos meses en búsqueda de una solución para mi padre. El "vuelva usted mañana" se ha transformado en el siglo XXI en trabas burocráticas contradictorias que no llevan a ninguna parte, papeleos que se arrastran por el polvo durante meses y meses, gente incompetente, caprichosa e inútil en puestos de responsabilidad, y mucho sacudirse las pulgas para que el problema se disipe espontáneamente en el aire o le toque a otro las segunda vez que acudes. Qué asco. No hay valentía, ni coraje, ni responsabilidad. No hay soluciones ni información. Sin embargo el ansia de poder no tiene límites ni frenos, la corrupción achanta el camino por donde circula y consigue sus objetivos sin tapujos. Es una locura, ya lo pensó Goya.

Tan sólo hay algunas personas que intentan hacer bien su trabajo aunque la inconsistencia brutal del sistema se lo impide, y gracias a esta gente es posible sumar centímetros como una hormiga contra el sistema y moverse en la dirección en la que quieres ir. Hay que atesorar todo el coraje del mundo y estas personas justas y bellas te lo prenden en el corazón cachito a cachito hasta recomponértelo.

lunes, 16 de marzo de 2009

A corazón abierto


Noches laureadas de encrucijadas y alientos de estíos impolutos. Eternos cantos de sirena en un centrifugado de rimas sin pentagrama y brumas del entendimiento. Caigo rendida y duermo en esta noche sin tregua acosada por desafíos encriptados.

Boots were made for walking


Caminar sin repostar. Maslíbranos el alma.

domingo, 15 de marzo de 2009

Lecciones


Escuchas furtivas, intereses en ciernes, ternura plana. Lecciones de desamor y desamparo en cómodos bricks triangulares. Pero una lección de desamor es una lección oda a la vida, porque al volverla del revés evocas tus mejores momentos.

Esperanza


La esperanza es un canto rodado. No tienes dónde agarrarlo. Es una piedra mansa, plana, gigante sobre la que puedes levitar pero a la que no es posible asirte.

jueves, 12 de marzo de 2009

Dirty Look


Es sólo una mirada. No tiene otro significado que la velocidad, el campo a través. Es desenredar las marañas de cosas, los movimientos encontrados, las pausas difuminadas.

Mazorcas de maíz y razonamientos


Prismas irredemptos, sensaciones febriles, huidizas, redobles de imprecisiones, triglicéridos comunes, extralimitados, impresionables.

Permanentes fisuras en despedidas inciertas.

Razonamientos viles,
encontradizos
solventables
primaverales
turbios
enriquecidos
sopesables
retornables
increíbles
demostrables
pretenciosos
curvos
adocenados
simples
tardíos
raudos
complejos
presionables
dulces
creíbles
encumbrados
rebuscados
caídos
transitados
enervados
insensibles
troceados.

Sin pesares, sin agobios, sin miedo, sin vibraciones, sin tonelaje. Eruditos, perdidos, sopesando las medidas, creyendo a viva voz, a duras luces, sin resquemor, sin dueño. Dentro de cientos de tramos doblados y trasplantados, en busca de nada, por ser todo una enorme, amarilla mazorca de frustraciones con granos de maíz especialmente amarga.

Ensoñaciones


Hoy he visto a un hombre en el metro con una bolsa de una farmacia. La bolsa era de plástico blanco y tenía cruces azules. No sé por qué me he imaginado un manto tipo Juana de Arco con cruces azules, brillantes, sedosas. Cruces azules para envolver el mundo y sofocar el dolor adherido.

La mente dúctil


Mi mente necesita corriente alterna en cantidades industriales para impedir sus fibrilaciones. Se encuentra siempre desmedida; es un tándem continuo entre pasar a la acción y caer a la deriva.

Es odioso.

Pero estoy dedicando todas mis fuerzas a intentar comprender sus plasticidad, sus improntas mecánicas, su fisiología. Pero todo esto va más allá del pensamiento, las emociones, los sentimientos. Es una técnica. Tengo varias intuiciones y estoy poniéndolas en práctica. Entre otras cosas y lo más importante: pasar a la acción (por poco que brille, por pequeña que sea).

Tengo la inmensa suerte de que en cuanto me pongo a trabajar en mis asuntos mi estado de ánimo entra en órbita, pero me resulta fácil despistarme y seguir haciendo elucubraciones sobre todo tipo de asuntos. También sé que mi mente necesita tener una ilusión pendiente, algo que esté siempre presente para orientarse. Me resulta muy sencillo desilusionarme, por eso refuerzo mi mente constantemente con técnicas y pensamientos que me hagan ver cómo muchas veces pongo esa ilusión en manos externas o en circunstancias que están fuera de mi control o que simplemente son fantasías. Estoy empezando a ver la diferencia entre la fantasía y la realidad (a mis años), lo único que lo que para mucha gente es realidad para mí es pura fantasía y viceversa. Este mundo es como una prisión industrial, pero la mente no es Juvenalia, así que hay que llegar a un equilibrio ¿no?

Hoy me ha dicho el vigilante del trabajo que vivo en un mundo paralelo, diferente al del resto de la gente. Creo que ha llegado a esa conclusión por la cantidad de paridas que llego a decirle a lo largo del día. Curiosamente el otro día me llamó "chica 15", porque para él yo soy más que una chica 10. Por supuesto, no me lo creo, pero me resulta entrañable.

Es verdad que vivo en un universo paralelo, me lo dijo K., mi prima canadiense, que sabe leer mi mente. Pero no es un mundo irreal, es totalmente cierto y entero para mí, lo único es que a veces dejo que se llene de residuos o se contamine con ideas que no son fructíferas. Me siento lúcida y veo poco a poco aquellas cosas que tengo que hacer para integrar mi mundo con éste, para entenderlo. Me ha costado mucho llegar hasta aquí. Hoy he intentado explicárselo a mi vecino, pero no he tenido éxito. Él insiste en que abandone mi soledad y me busque novia. Está loco, o qué :-)

miércoles, 11 de marzo de 2009

Sol de justicia


El sol araña hoy y te arranca la piel en sonrisas forzadas. La gente suda en sus corbatas, sus camisetas de manga larga, sus jerseys, sus calcetines. Es un sol caudaloso pero basto, un sol cuyas radiaciones son como eyaculaciones nocturnas involuntarias, profusas y decadentes. Un sol que nadie ha invitado, pegajoso, desasosegante, que no incita al enamoramiento sino a la desesperación.

Un sol revuelto y sudoroso, sol de lava, que recubre mis sentimientos como una manta húmeda y vaporosa.

martes, 10 de marzo de 2009

Mente en blanco


Estoy mentalmente agotada. No tengo energía para pensar, es impresionante. Creo que la cabeza la he debido tener en la turbina de ese avión que me ha traído de vuelta a Madrid.

Voy a cosechar rendiciones intermedias, nocturnas


Estruendos marinos que encajan. Rocas pretéritas y esponjosas con forma de pequeños planetas horadados por alfileres alojadas en espacios reservados. Mantengo tensiones internas con el horizonte que se rinde atento y semi cercano. Tsunamis internos, luchas internecinas contigo misma que producen fallas y movimientos indetectables de antemano, pero que esta vez revelan campos enormes de coral en el fondo marino. Tengo una ventosa de aire canalla pegándoseme en los oídos y voy a intercambiar sentidos para escuchar con las yemas de los dedos.

Presto atención a los rumores tergiversados por las olas espumosas. Estoy en el avión, en un vuelo nocturno, con las luces a medio gas. Me alejo de la isla con fluidez y algún que otro vaivén azuzado por resquemores. Rememoro las escenas de la playa de forma involuntaria con sus primaveras cíclicas impregnadas de circulaciones cartesianas. El agua quemaba teas con crisálidas perfumadas de testosterona sintetizada y sempiterna. El yodo me arrancaba goces y roces que una vez entregados se tornaban irrecuperables, reminiscencias infranqueables. La exquisita arena se encontraba sembrada de flores invernales y de cientos de nociones tambaleantes injertadas en plata.

No sé hablar el lenguaje de las vacaciones ni las transiciones. No va a ser fácil explicar esta ausencia, porque cómo me explico a mí misma los saltos ciegos contra las piedras encaladas ... Entremezclo un exagerado número de ciclones diminutos y remolinos de conos y bastones en mi retina contra los tronos de sirena del paisaje marino. Las posibilidades de alcance de mi aliento adentrándose en las exhalaciones del submarinista son mínimas. Pero aún así respiro en su dirección mientras le veo sumergirse y crear túneles discretos entre el aire y el agua.

Encuadro inclinaciones rotas en la superficie marina. Presiento encuentros intermedios y presentaciones de musculaturas incoherentes con esqueletos de inquietas y atemorizadas algas. Me envuelven los solsticios nutridos de mínimas apropiaciones y soterradas dudas. Recojo entregas privadas de rayos luminosos enardecidos entre los imprecisos espacios hueros de las nubes.

Me sincero a medias contra las cuerdas haciendo de sparring de mi entendimiento. Reanudar tus sueños es duro en un espacio semi plano: no tienes dónde agarrarte. Ardua tarea si las imprevistas turbulencias te hacen rendirte a cada paso, a cada intento. Voy a emprender cientos de caminos con el primer paso para así haber comenzado un número avanzado de travesías y no tener la obligación de apostar por ninguna. Integradas en pleno viaje me impresionan las utilizaciones indebidas de los recursos finitos. Apenas alunizo en espacio internacional llego a la conclusión de que si pudiera revelaría en gran medida los egos intransigentes, la reposición de bienes volcados en el recorrido irrisorio de vuelta. Son estos pequeños peajes de incierta presurización los que alejan la sencillez de su interrogable luminosidad.

Intento saldar cuentas con mis imprecisiones. Podría intentar atar cabos y permitir resurgimientos de sus ramificaciones sólo más tarde, pero no puedo asumir pensamientos y pautas de acción previsibles por más tiempo. Sólo injertos extrauterinos en el tiempo.

Acaba de cambiar la zona horaria e incluyo una hora completa que he atesorado en la memoria desde que emprendí mi viaje. No se me ha permitido ninguna incertidumbre, quería venir aquí y dejarme llevar por la acción, pero el ambiente me ha ralentizado no sólo los movimientos sino mis intenciones. Declaro cientos de apostasías de mis antiguas ideas y teorías, he decidido que tan sólo puedo movilizarme ante declaraciones de principios diminutas de mi intuición. Sigo sin poder aplicar medidas enteras, razonadas, tan sólo tangenciales, mientras huyo de mis temores de antaño y los que consiguen tomar cuerpo. Si reacciono de forma íntima podría llegar a desvirtuarme y tomar forma, congregar mis residuos, imaginar el día y la noche sin rumbo, de forma inmune.

Pero en realidad sufro por la imposibilidad de tomar decisiones en un espacio al vacío, y estoy obligada a ser visceral, realista, interpretativa. La vida probablemente se lo pone fácil a otras personas. Yo soy trashumante en los campos minados de mi conciencia. Mi cuerpo me obliga a respirar, pero eso es todo. Lo que hago lo complico porque mi mente no me da tregua, no me exige únicamente el subsistir sino que me obliga a resistir constantemente cualquier intromisión de perceptos. No me tomo en serio excesivamente, sólo lo suficiente. Sueño con levitar para no toparme con aristas, ni postes, ni protuberancias. Sueño con la paz en rama.

La tierra desde lejos parece un firmamento. Es como si este avión anduviera por tierra y las luces de la ciudad crearan tejidos de Ariadna de luces suspendidas. Vuelvo a Madrid.

lunes, 9 de marzo de 2009

Ver en la oscuridad


Hoy he estado integrada en un pequeño microcosmos donde la gente hacía surf, comía pescado, soltaba a su perro en la playa. Un lugar sin apenas luz a partir de las siete de la tarde. Así que mi cerebro ha tenido que volver a su ciencia atávica y aprender a ver en la oscuridad.

Si hay algo que quiero llevarme de este sitio es eso. No quiero aprender nada nuevo, quiero volver a ver en la oscuridad.

domingo, 8 de marzo de 2009

Siempre


Siempre me atoro antes de navegar a plena vela. Siempre tengo dudas antes de desplegar. Siempre me asusto antes de despertarme y ponerme en camino.

Esto me pasa desde hace algún tiempo, pero me siento como si fuera siempre.

sábado, 7 de marzo de 2009

Rumbo a Ítaca


Estoy buscando ritmos secretos en mi subconsciente que puedan dinamizar comportamientos libertarios. Me dedico a cardar sensaciones íntimas y trabajo con ellas como con quintales de lana virgen. Retorno a los mismos lugares comunes una y otra vez prendada de sus recuerdos pero sin acertar a acordarme.

Quiero volver a casa con mi perspectiva interna desvirgada para no necesitar viajar más si quiero revelarla, para que me asalten sus intromisiones en cualquier momento, en cualquier lugar, acostumbrada ya a sacarle los brillos a mi individualidad.

La tierra volcánica a mi alrededor se despereza con el viento, pero aprovecha las cascadas de sol de entre las nubes y absorbe calor para emanar cadencias como combustible.

Apprivoise-moi, me ruega mi yo interno. Y yo lo intento. Para acercarme a ella le entrego momentos lánguidos donde se encuentre libre. Libre para recorrer millas sin tiento, para resurgir en los cruces de caminos, para entretejer ilusiones.

Mi yo externo, el que escribe esto, está demasiado condicionado por cientos de cosas: la identidad que asumo, el aspecto que muestro al mundo, las frases que me atrevo a pronunciar, la sistemática de mi vida, la suerte que ella me ha deparado, mi torpeza intuitiva, mi débil físico ... Pero mi yo interno, ese otro yo, campa por sus respetos en tierras míticas percibiendo los perfiles de las cosas y sus esencias en sus modalidades más intrépidas. Es mi yo solitario, desabrido, libre, AWOL, el yo mío que no se acerca a nadie, sólo a otros yoes intuitivos.

Ella es solitaria y asustadiza, pero me siento muy bien en su compañía y me identifico con su personalidad. Sin embargo, para tenerla contenta en su mundo virtual a veces tengo que transfigurarme y hacer cosas que la acerquen más a mí. Porque es sólo cuando ella se aproxima y pone la cara contra la alambrada y salimos en nuestra escapada nocturna que yo vivo y disfruto de la vida. Es con ella que yo me atrevo a buscar a Ítaca. Ella apacigua y ahuyenta a los lestrigones y a los cíclopes para que no aterroricen mi alma inquieta repleta de emociones.

viernes, 6 de marzo de 2009

Somewhere over the rainbow


He emprendido mi viaje cumpleaños y estoy de camino a Lanzarote. Es un tiempo que atrapo para agitar (y no remover) sueños dormidos en mi mente. Siempre por estas fechas me siento lo suficientemente viva y ágil para hacerme promesas a mí misma que sé que no se me van a escurrir entre los dedos.

Este aeropuerto se me hace cada vez más pequeño, más inhóspito, más irrisorio. Tal vez no me gusten los aeropuertos como trampolines de un viaje. Hay siempre algo de sintético en ellos, no parecen el justo comienzo de un fabular en vivo. ¿Qué se puede hacer con un retraso indómito?

No nos movemos y preciso de la acción impulsada por furias replicantes, principados esperanzados y los extasiantes resultados de las rondas nocturnas. Hay gente viajando sin moverse, y yo me desmarco anhelando ideas en vez de caras. Me imagino remesas de filas serpenteantes de sueños límbicos primando invisibilidades, brillos en miradores, suplencias mínimas, presencias infiltradas de seducciones por materializar.

Preparo retornos estacionales, prensibles, sistemáticos, entronizando en la noche para propulsar mi elasticidad diurna. Me especializo en el recogimiento, los plenilunios, la reverberación presencial y el resistir en la brecha y sus vetas de piedra semipreciosa. Procedo a planificar entregas e itinerarios asumibles, entendimientos sinceros y sensibles. Menudencias.

miércoles, 4 de marzo de 2009

Viajes borderline


Me meto en el metro para ir al trabajo. Son las cuatro de la tarde y me rodean rugidos de eclosiones subterráneas mientras me entremezclo con un día ya empezado, pero transido de comienzos. Me entretengo en un nuevo trasbordo y sus saltos concatenados con prisa magnetizada. Renuncio al final del camino, y arrastro el puntero del pie para atomizar un poco el instante y que me dure más el viaje.

Y me da por pensar de forma esencialista, como siempre, sobre la calidad del minuto en el que estoy viviendo, sobre las sensaciones embaucando a mis sentidos. Quiero sentir lo que sé y saber lo que siento en cada preciso instante. Deseo entender en qué consiste esto que vivo, este momento aunque sólo sea un sentimiento calado a posteriori.

Y me interrogo. Prefiero una verdad implosiva con periodos de libertad vigilada a una mentira caduca que acabe en tablas arrítmicas. Para inspirarme acudo a la maleabilidad física de una contorsionista de aventuras. Congrego para la tarea mis fijaciones orales, trombas de energía diurna y visibilidad a ras del suelo. Mis elementos de conquista investigadora son:

- Renuncias plenas a reencuentros febriles con renuencias sitiadas y bricoladas

- Catarsis inmediatas en lugares comunes, acequiados, dotadas de invasivas síntesis y renovaciones mutuas

Estoy probando fórmulas de inviernos hormonados antes la inminencia de la primavera. La sensación de libertad que anhelo está hecha de una pieza, con un molde genuino, y retiene muescas de caídas y cicatrices causadas por los empellones de la vida y las sumersiones en polvo de asfalto. Me registro y entreveo las vetas de sangre oxigenada para propulsar mis próximas aventuras solares.

Me esfuerzo con intrépido denuedo en percibir la quintaesencia de los miedos que un día me asolaron y que ahora se desnudan frente a mí. Ni ellos ni yo nos mentimos ahora; queda todo claro en las certezas que me asedian. Son certezas perfectas montadas con piezas automáticas que se esquivan y entretienen mutuamente.

En estos días me reencuentro con ella. Ella soy yo cuando me embarco en rebeldías posibles, cuando renuncio a las rutinas, cuando reescribo las reglas y aspiro a enmudecer de gloria.