sábado, 31 de marzo de 2012

Luces del norte shooting stars



Estás sobre un campo de minas, en el tiro al plato, encima de un paisaje de cráteres lunares, en el núcleo atómico de la narrativa de tu compulsividad metálica.

Quieres dejar de jugar tu propio juego que consiste en sumergirte hasta la apnea por esa necesidad obsesiva de tocar con la palma de tu propia mano en el fondo marino. 

Pero no creas que están ahí sólo las lovely, oh, so lovely estrellas de mar. Ahí residen los tritones, las serpientes míticas que se retuercen y cameleónicamente te embaucan y semejan campos de arena hasta que te tienen en el centro de su curvatura colectiva, en su núcleo. 

En el núcleo cierto del campo de maíz, con su amarillo insoportable, sobresaturado y cegador, que no debería ser la pesadilla con la que te atormentan, sino tu sueño ilusionado. En el centro mismo, en un sinsabor constante de sordidez, con la boca seca, con tentáculos atractivos que se hunden en tu garganta como cuchillas si intentas cualquier amago de tragar, con erizos malditos prendiéndose más adentro, en tus pulmones cada vez que intentas desesperadamente salir a la superficie a respirar, explosionando tu caja torácica, como un montaje mecánico aplasta los pulmones a cada replegar, los esclavizan y encadenan a la forma de un fuelle gigante y carcomido que tarde siglos en movilizarse, que en vez de proporcionarte balones de oxígeno te los niegan al succionarlos en su aprisionamiento estanco.

Y tú quieres sobrevivir, que para ti no es sólo estar ahí soportándolo, sino que siempre es algo más, porque la música que escuchas en tu cabeza pero que no puedes tararear porque te falta el oído, te falta el espacio, te falta el aprecio pero no el deseo, la música que sabes que debería ser la partitura del resto de tu vida, y en cuyo espinazo se sustenta toda tu razón de ser, y digo tu razón de ser porque tú no eres especialmente razonable, tú eres de instinto, de polvo de arcilla húmeda siempre, y necesitas mezclarte orgánicamente con el carbono 14 de la tierra y no puedes diluirte en las piritas y los cuarzos fotofóbicos, en las lavas petrificadas de una existencia sin ti y por hacer, sin hacer pie, sin la partitura que escuchas desde que estuviste en el vientre, de tu propia densidad y fortuna, desde allí, desde siempre. 

No puedes vivir sin escucharla, porque vives, sí, y las demás personas te ven, sí, pero estás esperando a que suene la música, a que escampe, a que las rayas del sol escancien su atómica energía sobre los campos de lirios límpidos y los trigales lúcidos donde se mecen las formas mordientes que desde el aire como en una coreografía perfecta de cirros y cúmulos de ilusiones todo encaja, donde el éxtasis no es tan siquiera necesario, porque la llama sólo tiene que calentar livianamente, nadie quiere que abrase, porque sólo quieres sentir la presencia de ese micronésima de melanina en tu piel, de tu biracialidad, y tus venas azules pulsando arreboladas en su superficie con un tap tap, y la forma redondeada inacabadamente del borde de tus uñas biseladas, y los pliegues de tu piel en las articulaciones cartilaginosas, y la presión con los contornos perfectos de tus dedos de moreno tostado al sujetar el bolígrafo que se desliza por las hojas lisas de borradores redondeados, de espacios inmensos sin miedo al blanco liso inacabable que te invita a soñar, un blanco que parece color cuerda, crema, ligeramente beige even, que no te ciega, que no es estridente, que se sustenta en la armonía de la partitura que es de una cálida cualidad de aroma de jazmines, que es pure blackness, tu Love Supreme, que desde que has vuelto a Madrid your pure blackness no la has podido compartir, pero es más fuerte que nunca porque te detienes a sentirla y no a exhibirla o consumirla. 

Es tu blackness essential tu adn, tu olor dulce de lactancia en la sudadera, los ojos ovalados y atrayentes de tu bebé, cuando te llama tu sobrino a voces empuñando sus pequeños y fuertes pulmones en esa llamada desde el otro lado de la calla para que estés con él, que no es más que una llamada de la sangre nuestra, del querer que tú estés contigo, que tía Paloma esté bien, y me sujete de la mano caliente como ella podría al tumbarse en la cama y descansar al fin. 

No necesitas el fervor mamífero de despertarte con otra cabeza en tu almohada, otra mirada de recién levantadas, no ansías esto por las mañanas, porque para ti ellas, tus mañanas, son cuando te despiertas derrotada y rota y aún así saltas o te arrastras fuera de la cama para hacer esas cosas que soñaste en el sueño, que dejaste de hacer ayer, que te prometiste que harías hoy, que te hacen saltar de la cama con una sonrisa preciosa que enamoraría porque sabes que se te ha inundando la habitación y el corazón de luz caliente, porque las sábanas y los forros polares que velaron tu sueño te han protegido durante la noche, porque antes de que despertaras ya habían comenzado la partitura de luz danzando por tu habitación y caldeando el aire para tu llegada, como una madre que se levantó antes de ti, te miró y te besó calmadamente un beso y con ternura posó su mano en tu frente, y preparó la casa con esencia de café para cuando tú llegarás en ti. 

Porque alguien confía en ti. Porque tienes y tienen fe en ti. Porque tú le dices a otras personas: Confía en mí, ten fe, porque vas a salir del foso, porque vas a amanecer, porque vas a ser tú y entonces os vais a reír esplendorosamente, echando la cabeza hacia atrás y con enorme alegría, porque no importa cuánto tiempo hayáis esperado a este momento. Porque el momento es hoy y ya no tienes que esperar al cartero porque viene el lunes y hoy es sábado y te levantas saltando de la litera, te sujetas y ayudas a bajar del foro polar, te dice so long porque te espera esta noche como una bella novia para volver a abrazarte y velar por tu sueño de agua dulce, y vas al salón y abres la puerta con las ventanas abiertas y las cortinas blancas henchidas de luz dispersando el agua que se evapora como si fueran sábanas tendidas, y correr a abrir la puerta de la calle, y salir fuera donde te esperan para poder hacer todo aquello que había estado tactando ayer mientras escuchabas el sonido del aeroplano al planear, y olías el cuero caliente del gorro de la aviadora, como si Amelia Earhart viniera a buscarte y tú fueras tú su copilota, como si estuvieras ahí arriba con ella. Confía en mí, tan sólo confía en mí. No pases frío, no pienses en mí, no te preocupes, no me desees, no me esperes. Sólo confía en mí. Y en su último viaje te lanza un so long, baby con la bufanda surcando el cielo desde su cuello como una serpentina.

Deshielo


Esta noche no podía dormir, tenía una ansiedad desbocada, incapaz de dejar de llorar, asustada de volver a ponerme enferma. Son las seis de la mañana. 


Hoy vino mi sobrinita, la bebé, mi hermana y mi sobrino a buscarme. Mi sobrino de cinco años subió a mi diminuto piso para que yo me cambiara porque bajé a la calle prácticamente en pijama sin saber que eran ellos, y me dieron una sorpresa, porque habían venido a sacarme de casa, a animarme. Se sentó en mi sofá como un caballerete, sus botitas sin tocar el suelo, mirándolo todo. I.B. llamó, él supo que era ella aunque le mentí, y hablaron de la Wii de Mickey Mouse. Antes de terminar él le pidió que no colgara, yo cogí el teléfono y hablé con ella unos segundos.


Fuimos a un restaurante de comida orgánica y la bebé se echó encima el zumo de manzana. Le quité los pantaloncitos y le puse mi sudadera polar gris encima, pasándole las piernecillas por las mangas, y abrazándole el cuerpo con el resto de la tela suave y amorosamente arropada. Ella ha estado feliz con este apaño, corriendo como la hormiga atómica por el restaurante, cayéndose en el parque, bailando, comiendo patatas en la silla con las piernecitas regordetas enfundadas en mi sudadera favorita, cantando conmigo entre patata y patata, entre sorbito y sorbito del zumo de manzana. 


También ha pasado algo extraordinario. Mientras íbamos al restaurante a un chico en moto le dio un golpe en coche y cayó al suelo. Yo le estuve sujetando la mano durante media hora mientras venía el SAMUR, su mano estaba congelada, en ningún momento se quitó el casco, y sólo le vi los ojos verdes tristes.  Durante todo ese tiempo mi sobrinito me llamaba desde el otro lado de la calle para que fuera con ellos. Los policías le dijeron al chico que no llamara a nadie. Yo me enfrenté a ellos. 


Le dije mi nombre antes de correr hacia mi familia, y él me dijo que se llamaba Carlos. El SAMUR no había llegado, los policías seguían de pie, él seguía tirado en el suelo, otra chica le sujetaba la mano. El conductor del coche estaba de pie hecho polvo, con los ojos húmedos todo el tiempo. A Carlos le dolía la cabeza y estaba en shock, pero le hice que siguiera mi dedo con los ojos, no le tocamos el casco. Le estiré los brazos para que los apoyara en su regazo, le dije que estirara las piernas porque las rodillas estaban flexionadas. Quería que se relajara, que se olvidara. Se había dado un golpe muy fuerte en un muslo. Le sujeté la mano raspada por el polvo del asfalto. Se la calenté. Volvió a estar fría cuando me iba. 


Hoy no podía dormir, mi ansiedad me mataba, no podía dejar de llorar, me revolvía atormentada en la cama. Son las seis de la mañana. He bajado de la cama, he cogido la sudadera que huele a bebé, a dulce lactancia, a polvo de correr, a sus piernas, a mi hermana, a mi sobrino, a nosotros. He cubierto mi almohada para que el olor me rodee. Estoy durmiéndome, mis ojos se cierran, finalmente está empezando a ir todo más lento, el calor del día se ha levantado del suelo de la calle y ha entrado en mi habitación por la ventana. Ya no me despertará el latido desaforado de mi músculo cardíaco. 

Sabor a mí (bolero)


Es extraño, ahora oigo canciones de amor y mi cuerpo me frena seco, se me enciende una orquídea ardiente en el tórax, las sienes de mi cabeza parpadean, y se me obliga a escuchar. Pero llevo años sin música. ¿Por qué ahora la puedo oír?


Lloro sin haberme preparado un pañuelo y es como si mi corazón, que se había hecho hielo durante todo este tiempo, de repente se descongelara ahora como la leche vertida.


Llevo mucho tiempo sin dejarme sentir, y ahora que todo ha acabado mi cuerpo me habla.


El amor es extraño. 


Ah, ahora lo entiendo. Vamos a estar en soledad él y yo, pero nos haremos compañía, por fin. 


Might be that the love I need is in hiding in my bedroom.

Missing you



Algunos sueños son para quedarte dormida. Otros te mantienen despierta para que durante el día puedas vivirlos intensamente, y hacer que tu vida no descanse en el fertilizante oscuro de la realidad, para que no necesites fertilizante, para que tu humus se coteje con tus entrañas y puedas aspirar a la felicidad. 


Yo sigo aquí tendida, como suspendida en un hilo narrativo de metáforas de oxígeno, que me obligan a respirar mis propios pensamientos, para que me endulce el antídoto del olvido, y no me muerda esa culebra que te impide ser tú misma, que te arroja un saco encima de la cabeza para que no veas los reflejos internos de tu propia retina. Para que no te asomes al ventanal abierto del mundo de tus sueños, de aquéllos que te rescatarían de un futuro sin salvia, sin razón, sin fluidos, sin flexiones musculares ni salidas, ni jirones ni alambradas en tu piel al escaparte hacia tu libertad. 


Te busco para madurar, para continuar, para recoger lo sembrado, para mirarte a los ojos y ver lo que has empujado hacia adelante, ver que tu mirada está en calma, tus manos vivas. 


Y te ves. Te ves a ti. A veces se te olvida tu rostro y puedes mirarte desde otro lugar, desde donde eres libre, desde donde ves a alguien a quien quieres conocer despacio, escuchar con atención, rozar con tus manos calientes, sostener el brazo mientras caminas a su lado, reírte echando la cabeza hacia atrás como haces en los días cálidos, cuando la ropa es traslúcida a la luz y los bordes de tu camisa flotan con un blanco cuajado e intenso. 


Cuando te ves así es cuando te observas y puedes cerrar los ojos al darte cuenta de que has dejado de sentir miedo, que tus temores nocturnos finalmente te han abandonado, cuando tu historia la puedes contar sin un punto final, cuando al hablar con otras personas ni siquiera tú sabes lo que vas a decir, pero te sorprendes porque dices exactamente lo que sientes y con exactitud lo que quieres sentir, con bifurcaciones, con permutaciones, y sabes que nunca va a acabar, que mientras sigas respirando tu vida será como un biplano rodando al viento, transportando sacas de telas, de folios escritos que quieren volar de tu lado y planear mientras tú rodeas las sombras de los campos, de las cordilleras, de los montes y los árboles. 


Tu futuro ya está aquí, no tienes que pedir que te explique ya nada. Entiendes lo que haces y ya no puedes frenarlo, ya sólo puedes ser genuina, beber del líquido que la melanina de tu piel remansa para darte confianza. Ya no puedes retroceder, los muros no existen pero la gravedad te sostiene. Puedes detenerte a descansar cuando quieras, y eso te ayudará a reponerte y continuar. Ahora tal vez no sepas ya lo que es el desengaño, la decepción, ni siquiera te acuerdas. 


Finalmente, todo me encaja. He fabricado a mano una caja de lápices donde tengo mis ideas, mis sueños, mis planes, donde me encuentro y desde donde salto. Y me acompañan las imágenes, las puedo elegir y las puedo traspasar, y visualizo historias indispensables, nutridas en las que soy feliz y libre. Tan feliz como he sido y seré en la eternidad.

viernes, 30 de marzo de 2012

Sal con una chica que no lea, de Charles Warnke



Sal con una chica que no lee. Encuéntrala en medio de la fastidiosa mugre de un bar del medio oeste. Encuéntrala en medio del humo, del sudor de borracho y de las luces multicolores de una discoteca de lujo. Donde la encuentres, descúbrela sonriendo y asegúrate de que la sonrisa permanezca incluso cuando su interlocutor le haya quitado la mirada. Cautívala con trivialidades poco sentimentales; usa las típicas frases de conquista y ríe para tus adentros. Sácala a la calle cuando los bares y las discotecas hayan dado por concluida la velada; ignora el peso de la fatiga. Bésala bajo la lluvia y deja que la tenue luz de un farol de la calle los ilumine, así como has visto que ocurre en las películas. Haz un comentario sobre el poco significado que todo eso tiene. Llévatela a tu apartamento y despáchala luego de hacerle el amor. Tíratela. 


Deja que la especie de contrato que sin darte cuenta has celebrado con ella se convierta poco a poco, incómodamente, en una relación. Descubre intereses y gustos comunes como el sushi o la música country, y construye un muro impenetrable alrededor de ellos. Haz del espacio común un espacio sagrado y regresa a él cada vez que el aire se torne pesado o las veladas parezcan demasiado largas. Háblale de cosas sin importancia y piensa poco. Deja que pasen los meses sin que te des cuenta. Proponle que se mude a vivir contigo y déjala que decore. Peléale por cosas insignificantes como que la maldita cortina de la ducha debe permanecer cerrada para que no se llene de ese maldito moho. Deja que pase un año sin que te des cuenta. Comienza a darte cuenta. 


Concluye que probablemente deberían casarse porque de lo contrario habrías perdido mucho tiempo de tu vida. Invítala a cenar a un restaurante que se salga de tu presupuesto en el piso cuarenta y cinco de un edificio y asegúrate de que tenga una vista hermosa de la ciudad. Tímidamente pídele al camarero que le traiga la copa de champaña con el modesto anillo adentro. Apenas se dé cuenta, proponle matrimonio con todo el entusiasmo y la sinceridad de los que puedas hacer acopio. No te preocupes si sientes que tu corazón está a punto de atravesarte el pecho, y si no sientes nada, tampoco le des mucha importancia. Si hay aplausos, deja que terminen. Si llora, sonríe como si nunca hubieras estado tan feliz, y si no lo hace, igual sonríe. 


Deja que pasen los años sin que te des cuenta. Construye una carrera en vez de conseguir un trabajo. Compra una casa y ten dos hermosos hijos. Trata de criarlos bien. Falla a menudo. Cae en una aburrida indiferencia y luego en una tristeza de la misma naturaleza. Sufre la típica crisis de los cincuenta. Envejece. Sorpréndete por tu falta de logros. En ocasiones siéntete satisfecho pero vacío y etéreo la mayor parte del tiempo. Durante las caminatas, ten la sensación de que nunca vas regresar, o de que el viento puede llevarte consigo. Contrae una enfermedad terminal. Muere, pero solo después de haberte dado cuenta de que la chica que no lee jamás hizo vibrar tu corazón con una pasión que tuviera significado; que nadie va a contar la historia de vuestras vidas, y que ella también morirá arrepentida porque nada provino nunca de su capacidad de amar.


Haz todas estas cosas, maldita sea, porque no hay nada peor que una chica que lee. Hazlo, te digo, porque una vida en el purgatorio es mejor que una en el infierno. Hazlo porque una chica que lee posee un vocabulario capaz de describir el descontento de una vida insatisfecha. Un vocabulario que analiza la belleza innata del mundo y la convierte en una alcanzable necesidad, en vez de algo maravilloso pero extraño a ti. Una chica que lee hace alarde de un vocabulario que puede identificar lo espacioso y desalmado de la retórica de quien no puede amarla, y la inarticulación causada por el desespero del que la ama en demasía. Un vocabulario, maldita sea, que hace de mi sofística vacía un truco barato. 


Hazlo porque la chica que lee entiende de sintaxis. La literatura le ha enseñado que los momentos de ternura llegan en intervalos esporádicos pero predecibles y que la vida no es plana. Sabe y exige, como corresponde, que el flujo de la vida venga con una corriente de decepción. Una chica que ha leído sobre las reglas de la sintaxis conoce las pausas irregulares –la vacilación en la respiración– que acompañan a la mentira. Sabe cuál es la diferencia entre un episodio de rabia aislado y los hábitos a los que se aferra alguien cuyo amargo cinismo countinuará, sin razón y sin propósito, después de que ella haya hecho las maletas y pronunciado un inseguro adiós. Tiene claro que en su vida no seré más que unos puntos suspensivos y no una etapa, y por eso sigue su camino, porque la sintaxis le permite reconocer el ritmo y la cadencia de una vida bien vivida. 


Sal con una chica que no lee porque la que sí lo hace sabe de la importancia de la trama y puede rastrear los límites del prólogo y los agudos picos del clímax; los siente en la piel. Será paciente en caso de que haya pausas o intermedios, e intentará acelerar el desenlace. Pero sobre todo, la chica que lee conoce el inevitable significado de un final y se siente cómoda en ellos, pues se ha despedido ya de miles de héroes con apenas una pizca de tristeza. 


No salgas con una chica que lee porque ellas han aprendido a contar historias. Tú con Joyce, con Nabokov, con la Woolf; tú en una biblioteca, o parada en la estación del metro, tal vez sentado en la mesa de la esquina de un café, o mirando por la ventana de tu cuarto. Tú, la que me ha hecho la vida tan difícil. La lectora se ha convertido en una espectadora más de su vida y la ha llenado de significado. Insiste en que la narrativa de su historia es magnífica, variada, completa; en que los personajes secundarios son coloridos y el estilo atrevido. Tú, la chica que lee, me hace querer ser todo lo que no soy. Pero soy débil y te fallaré porque tú has soñado, como corresponde, con alguien mejor que yo y no aceptarás la vida que te describí al comienzo de este escrito. No te resignarás a vivir sin pasión, sin perfección, a llevar una vida que no sea digna de ser narrada. Por eso, largo de aquí, chica que lee; coge el siguiente tren que te lleve al sur y llévate a tu Hemingway contigo. Te odio, de verdad te odio.


Para Olga, I.B., mi amor, la chica que me leía y que me ha escrito.

Run track


run track

run track

be there where are you are needed by your own self
sail the air as if you were good enough to siss

in your inner self you know that 
it's damned hard work to stay put 
and heal your damaged heart with ointments extracted 
from dry leaves under your feet

it's dawn 
just seconds after the moon cracks and breaks open
in no time you could exhaust your oxygen blows 
like a dog laps

you're mistaking in for out
busting the bubbles inside your ears with empty cracks
it's still dark, it really is still dark
light hasn't warmed up yet
you feel lightbulbs flare in your consciousness 
and painful burning pins inside your head
between your eyes

you feel lightheaded as if in a gaussian blur
everything spinning slowly around your eyes
and you still jumping with them wide opened
as if flying
with dust and mud sprinkles forming a distinct layer 
over you
over your hair
the whiteness of your tshirt
your sweaty legs

run track
get lost in that vacuum
sure to win
somewhat
somewhere

run track
until your lungs give up before giving in
like the moon cracking
just seconds before dawn
on your trail salty with tears of joy this time




Running on empty



El dolor se prende al cerebro como un virus de cilios filiformes y se acantona. 


El dolor no se seca ni se absorbe. El dolor se olvida. 

Realismo sucio

Me ha faltado asomarme al realismo sucio. Dejarme manchar, tocarlo sin aprensión, ser libre en él. Pero no he podido explicarle por qué. Por qué las bacterias aerófagas me acorralan cuarteando mi oxígeno, y los olores fuertes me revuelven el estómago hasta hacerle chirriar. 


Por qué las alergias húmedas me detienen y me vuelvo víctima de una debilidad extorsionante, y el miedo a la puerta de la calle persiste.

jueves, 29 de marzo de 2012

Un año sola



Te propongo como mínimo un año sola. Sin pareja, sin amor, sin conocimiento, sin romanticismo ... Porque necesitas estar convencida de que tú estás bien siendo quien eres. 


Daño colateral? Fuego amigo?


Concentrarme, reconstrucción, mi vida conmigo, mi creatividad, mis razones.


Oxígeno, espacio, silencio.


Una isla desierta.


Equivocarme sola. 


Necesito ...

Mar helado


Esta noche es un poco de trapo. No logro dónde acurrucar mi cabeza, dónde encontrar un resquicio para entrever el cielo oscuro y los destellos de las estrellas. No entra el aire ni sus murmullos. Estoy dentro de lo más parecido a una elegante caja de zapatos.

Por lo que veo claro que esta noche debería estar leyendo, entrando en otras dimensiones, y provocando el deshielo de mi pelo congelado.

La ruta del bálsamo



Estoy sudando la camiseta y el suéter que me he puesto para no pasar frío. La temperatura de mi cuerpo esta semana ha oscilado constantemente. 


Esta noche misma se ha reservado para acompañarme, ya que el día no ha sabido hacerlo demasiado bien conmigo. 


Y contra todo uso de razón son casi las cinco de la mañana y yo sigo aquí, intentando mecerme en la oscuridad y utilizar el movimiento y el silencio como bálsamo del alma. 

miércoles, 28 de marzo de 2012

Escribirle al viento



Aunque nos hemos hecho tanto daño ... aunque nos haríamos tanto daño aún, te quiero. Y esto te lo escribo a ti como si se lo escribiera al viento, o a un papel escondido, porque probablemente acabe sin leer en la papelera de tu correo. Y aún así, porque no interesa a nadie más que a mí, porque no tengo vergüenza y no tengo que explicárselo a nadie, finalmente me lo he podido decir a mí misma: que te quiero.

Aunque no podamos estar juntas porque no nos entendemos. Te quiero, aunque no nos acerquemos, aunque no nos veamos o nos volvamos a ver, aunque tú me hayas olvidado como tu gran amor y pronto tengas otro, yo te quiero. Porque para mí es imposible no quererte. Aunque me dolía cuando no quería verte, te quise. Aunque te pedía que no me escribieras, aunque no me escucharas, te quise. Aunque no pudiéramos entendernos, te quise. Y te quise cuando no podía hablarte por miedo al rechazo, te quise cuando me alejaba de ti, te quise cuando te hacía llorar, te quise cuando me hacías daño, te quise cuando me rechazabas, cuando no me aguantabas, cuando tenías todo que reprocharme, cuando no quería estar allí, y no quería estar en ninguna parte.

Y te quiero por esas manos fuertes con las que me hacías pan. Por esas veces que pensaste en mí cuando me hiciste algún regalo. Por esas veces que me mencionabas en tus conversaciones con otra gente y me incluías en tu mundo con naturalidad para contarles que yo era parte de tu vida, por encenderme el corazón al perderme en tu pelo crespo y moreno. Te quiero por querer a los míos, por quererles tan fuerte, con un amor luminoso que les ha hecho rendirse a tus pies y pensar en ti en tu ausencia.

Y te quiero aunque le escriba al viento, te siga desde lejos y algún día me entere, muy pronto, de que has encontrado otra persona (aunque siempre dijiste que no podrías volver a enamorarte) con quien puedas, podáis quemaros por tu pasión. Porque tú no puedes vivir sin pasión, porque yo no pude ser la pasión tuya.  

La fuerte

Esta noche me he sorprendido a mí misma llorando y todavía no puedo parar. Quiero cortar las emociones pero supongo que se mueven dentro de ti sin que si quiera te des cuenta, y de repente el vaso se rebosa y te anegas. No es posible ser una autómata, cortar por lo sano, desvincularte, pensar de forma sensata, intentando recordar todo lo tierno y bello que tuvo. No es posible. Sigues sufriendo igual aunque creas que lo estás superando. 


Ni el hablar ni el no hablar del tema te ayuda en estos momentos, porque te has chocado con un meteoro y aunque no lo has sentido sin saber cómo notas cierta humedad en la camiseta, y al mirar te encuentras un boquete del que se desborda la sangre, que tal vez quiere hablarte y hacerte sentir al fin, hacerte comprender. 


Me he pasado varios años sin poder mostrar mi sensibilidad, teniendo que ser la fuerte siempre, incluso cuando no tenía fuerza ninguna. Siempre la fuerte para el exterior, la familia, la gente cercana, incapaz de no decir no a esa obligación que me imponía, ayudando a todo el mundo. Y todo el mundo se lo ha creído y me ha dejado sola, hablándome sólo de sus cosas, la fuerte, contándome todos sus problemas, la fuerte, sin escuchar una palabra de los míos, la fuerte, y yo, la fuerte, siendo incapaz de pedir lo que necesitaba, por eso de ser fuerte, y sin saber ni cómo hacerlo. 


Y ahora me tengo a mí misma, y los últimos años parecen un castillo de arena cuya base ha cedido, se han desmoronado los minaretes y ya no queda ni rastro. Tanto esfuerzo para ser la fuerte y contener algo que se tambaleaba, trabajando en los cimientos para arriba, ignorando mis propios sentimientos sin que nadie se haya dado cuenta, porque lo que ella piensa es que he sido egoísta y no he querido trabajar lo suficiente, siempre he hecho lo que he querido, que ha sido ella la que lo ha dado todo, y yo haciéndome la fuerte. 


Y los demás parece que tienen la memoria de los peces, no me preguntan, no les interesa, porque yo soy la fuerte, y si muestro mi debilidad lo único que se les ocurre decir es que lo hice mal, que debía haber seguido siendo la fuerte, y que ahora, como soy fuerte, no nos cuentes lo que te ha pasado porque de todas formas no lo entendemos. 


Y ella que está herida tampoco puede ni quiere saber nada de esto, porque yo soy la fuerte, y tú lo has causado, qué te crees, ahora encima quieres algo. Lo que te di durante todo este tiempo lo di porque eras fuerte y ahora no vayas a hacerte que no lo eres, incluso lo que has hecho al herirme lo has hecho porque eras la fuerte de las dos, y yo soy la débil, a la que tan injustamente has tratado, no me creo que puedas tener sentimientos y si los tienes no me interesa que me los cuentes, que bastante has hecho ya. ¿Qué pretendes? ¿Aplastarme con tu fuerza porque sabes que soy débil y tú tan fuerte, encima te aprovechas? Ha sido un plan totalmente premeditado por tu parte, lo has diseñado paso a paso para que al final pasara lo que ha pasado que era lo que tú querías, tú has implantado las reglas de la más fuerte. ¿Te aprovechas y quieres jugar conmigo al juego de las fuertes que tan bien conoces? Ahora todo lo que te di ni me hables de ello porque tan pronto te lo di te lo retiro, y ahora no significas nada para mí, no vengas cerca. ¿No te quisiste hacer la fuerte? Pues ahora, ya, lo has conseguido, tú lo has querido así. ¿No ves como lo has estropeado todo? No me interesa nada de lo que me tengas que decir. 


Y yo me he quedado sola siendo la única que lo entiende, y parece que mientras no rechistaba, mientras seguía el guión todo iba bien para los demás, pero ahora no están preparados para verme fuera de la escena. Y estas personas que estaban tan involucradas, que han dado tanto, aparentemente, y que ahora han perdido tanto, porque yo se lo he quitado, han cortado el grifo y siguen pensando que como soy fuerte no tienen que ocuparse de mí, que bastante han hecho, ¿no ves lo que hemos hecho contigo?, y ahora no nos vale para nada, bueno, van a hacerle un favor a la fuerte, olvidémoslo. 


Y así no han aprendido a ver cómo durante tanto tiempo he estado prendida de un hilo, sólo en pie y a salvo por mi propia fe en mí misma, sin especial cuidado por su parte para recogerme y ponerme en un lugar seguro, sana y salva, siendo la fuerte ya se sabe. Y me han acusado de ser poco comunicativa, las fuertes lo son, es que ellos no tienen que saberlo todo, tendría que habérselo dicho, incluso ahora que hago amago de decirlo, como en su día lo intenté sin resultado, tengo que seguir siendo la fuerte. 


Al final ya no sé quién soy y se extrañan de que quiera estar sola para aprender a ser diferente, a no ser la fuerte, aunque sigo sin poder contar las cosas, y porque soy fuerte por lo menos voy a intentar decírmelas a mí misma para entenderlas. Y no voy a comenzar a hablar ahora, a hablar por los codos, por los brazos, por los suelos, con gestos, con necesidad, con compulsividad, como hablan las personas que no son tan fuertes, porque no sabrían qué hacer, ni qué decir, cuando lo hago hay un gran silencio y desconectan, o simplemente se olvidan de lo que he dicho en la frase anterior, o me hacen reproches de lo mal, lo mal que lo he hecho, que una fuerte tiene que saber encajar. 


Y por eso me he sentido tan presa de esta carga, y me he intentado liberar, y nadie lo entiende porque las fuertes dejan que la otra gente esté a su alrededor haciendo que las cuidan, aunque no les cueste mucho porque la fuerte aguanta todo sobre sus hombros. 


Y nadie me pregunta, como hacen con las niñas, qué tal estás, qué sientes, qué piensas, sino que parecería que soy un niño al que no le preguntan nada, sino que le exhortan qué bien estás, y se impacientan si en su mundo absorto no da con las palabras. Y al final deciden que es mejor que no tenga muchas palabras, mientras vaya a ser fuerte no necesita las palabras, nosotras se lo diremos, es mejor. 


Y vuelven a pedirme favores, porque soy la fuerte, o tal vez es que sólo piensan en sí mismas, como siempre ha sido. No puedes culparles, oye, todo el tiempo intentando acortar distancias con la fuerte, haciendo recorridos circulares, pinchándose las rodillas con las esquinas picudas del cuadrilátero en el que la fuerte se esconde y se refugia, no hay manera de llegar a ella, lo hemos intentado, y además ¿qué se supone que vamos a hacer cuando es ella la que pregunta antes, o responde a nuestras preguntas con otra pregunta? Es imposible, es muy cansado intentar que hable la fuerte, así que al final le hacemos un favor y hablamos nosotras.


Y es así como me siento, porque aunque no sea verdad, (sé que esto es una pesadilla de mi corazón herido), como simplemente estoy mostrando una tremenda debilidad, siendo la fuerte tengo que entenderlo y seguir adelante como si no hubiera pasado absolutamente nada. 

martes, 27 de marzo de 2012

Radio Galena



Palabras en clave, oído a tierra. 


Sintonízame el espectro, entronca con la frecuencia. No soy to medicina, soy tu antídoto. No te vayas. No vares.

Ave Fénix



Ella vuela y se desangra con su propio resplandor, porque busca sangrar, busca un boquete por el que rebelarse a su materialidad, su mortalidad, su necesaria limitación de horas, sus imposibles exigencias insatisfechas. Y deja brotar la sangre oscura, la sangre azul empapada en oxígeno como una tinta emergente, su dolor entero por las cuchillas del viento. 


Busca explosionar, sentir el polvo de dinamita escocer sus abrasadas heridas, hendir más profundas sus imprecisiones en la carne, descarnar su frescura para castigarla por no ser un manjar de olor que extasíe. 


Pero como Fénix nunca disfrutará del vergel del arte, porque lo hará cenizas como a un burdo objeto de consumo, no podrá llenar su ansia tras la herida inoculadora del deseo dependiente, de la droga que siempre exige más, que engancha y desviste también la encarnadura, que de nuevo desangra, desangra sin poder disfrutarla. 


El arte es la vida, la vida es el arte. No hay que buscarla más. Es todo. La vida es una enfermedad mental que te hechiza mientras respiras, antes de abandonarte brutalmente sin ningún motivo tras provocarte la decadencia más insostenible. 


La vida es la verdadera Ave Fénix, la que te catapulta hacia tu final, la que ignora tus alaridos para aferrarte a lo imposible. La que se precipita al vacío y te destruye, te desintegra por la velocidad de su movimiento en picado.


Pero tú no eres ella, tú eres tu propia Excálibur, tu escondite de oro, tu primavera de abriles desbocados; tú eres Immortal Beloved, tú eres única en tu fragancia, no necesitas pedir permiso, ni volverte zombie tras el mordisco podrido de la muerte en vida. 


Adelante, vuela, vuela. Tus zapatillas de Mercurio te asisten al planear. Utiliza tu vista de águila para encontrar tu sitio, y materializa las cartografías del terreno en tu alma. Tu vida vale un armamento entero de abriles inacabables. 

Siderurgias


Desde muy cerca asoman en el horizonte los garfios de la compulsividad que se dejan ver como trazas del pasado muy reciente. Estoy adelantándome a un posible desastre y hoy voy a dedicarme a observarme y tomar pequeñas decisiones con la escuadra a mano para que al final del día me haya encarrilado. Todavía puedo.

Simple


Es como si ahora le estuviera tomando el pulso a la vida, y me estuviera dando cuenta de cómo es en realidad con la cara lavada. 


Parece como si hubiera estado siempre buscando algo fuera, o justificando mis impulsos, mis decisiones, formalizándolas, consolidándolas, cuando eso lleva muchísima energía. 


Y ahora me doy cuenta de que esta vida que transcurre conmigo, hombro con hombro, es un amplificador de mis pensamientos, una compañera silenciosa que me mira siempre con una cierta dosis de extrañeza en sus ojos. Porque la vida me querría más ávida y menos ansiosa; más fuerte, pero menos enérgica. Igual de soñadora, pero más leve, más ligera, más cierta.


Para ser una buena compañera de viaje has de querer recorrer el sendero, marcarlo con tus huellas interpuestas, sudar, y luego recogerte, encontrar el momento. 


Y yo ahora estoy dando con las claves, y parece que duele, aunque, si existe algo parecido, diría que son lágrimas de agua dulce. 

Que no cesa



Me encuentro difusa y encajada en una soledad de preguntas abrumadoras. A veces son como serpientes que me desdibujan. 



Latitude


Fierce energy, high, quick intelligence, a sandbox of thoughts, a mountain of quests. 

Engraved in tenderness.

lunes, 26 de marzo de 2012

Herramientas


Escribir. Herramienta de resolución. 

Es una décima de segundo. En una décima de segundo se anega tu mente de un fango que luego rebrota como el cólera. La destrucción es cíclica, certera. Latente en la sombra. 

Luz. Más luz. 

domingo, 25 de marzo de 2012

Domingo, madrugada



Parece que en estas últimas horas estoy consiguiendo algo de paz. Es una paz bajo cuerda porque la tormenta no termina de amainar. De vez en cuando, muy a menudo, me quedo con la mirada perdida, o me acuerdo de algo sin que haya saltado ningún resorte, o siento un calambre en la memoria y me vienen imágenes, conversaciones, pensamientos de decepción ante lo que pudo haber sido, sobre lo que fue.

Y esto me pasa sin que recuerde que me haya sucedido antes, aunque seguro que sí me pasó pero no logro evocarlo con esta intensidad. Es como en mi subconsciente se aloja una cordillera gigante que alberga sensaciones, palabras, recuerdos, imágenes de las que no soy consciente, y las echa al vuelo para que pasen el umbral de lo consciente sin que yo tenga ninguna constancia de haberlo provocado.

Me estoy dando cuenta de que lo que necesito es relajar este ceño permanentemente fruncido, desempañar la caja torácica y soltar la bola de fuego, hacer otras cosas, ocuparme. Pero aunque lo intente, en el momento en que mi mente tiene una décima de segundo para perder de vista la tarea o pensamiento que me ocupa, aparecen estas evocaciones de lo que ha sido mi amor fallido, todos estos meses de estos años juntas, compartiendo cosas, hablando sin cesar, pensando en ella, organizando mi día y entendiéndolo en una estructura que se acomodaba a la suya: cuándo tiene libre para hablarme, cuándo habrá hecho esto y aquello y por lo tanto me lo contaría, cuántas horas habrían pasado desde que la vi por última vez y por tanto qué preguntas hacer, qué sorpresas tendría, qué nueva información para añadir a mi registro de cómo se encontraba ella podía recoger.

Porque si hay algo cierto es que yo pensaba en ella constantemente. Me he pasado tres sólidos años pensando en ella, hablando por teléfono, viéndola, preocupándome por su salud, por su estrés, por sus decepciones, por sus alegrías. Y ahora sigo con esta tendencia pero todo es un futuro truncado, una pregunta sin respuesta que me intento contestar: ¿Cómo estará? ¿Quién la cuidará? ¿Quién estará con ella e ignorará sus puntos vulnerables, sus necesidades más profundas, su ambigua personalidad, sus momentos de debilidad y tristeza, las bromas que sólo nosotras entenderíamos porque formaban parte de nuestro contexto y que ahora seguro que no encuentran lugar ni esas risas que sabíamos se decantarían de inmediato al recordar de nuevo las cosas que a nosotras nos parecían graciosas, esa complicidad que, quieras o no, no se repite exactamente de la misma manera?

Y yo sé que ella no escribe sobre mí, ni habla sobre mí, e intenta no pensar en mí, y o se habrá deshecho de mis fotos o las habrá escondido. Y sé que las rupturas son así, tal vez, pero yo no he roto por desamor sino porque yo casi ya no existía, y esa tercera persona, la relación, había invadido todo y estaba al mando sin que yo pudiera participar, sintiéndome siempre inadaptada, no bienvenida, hablando a deshora, diciendo cosas que me iban a reprochar, que no me iban a entender, que tendría que dejar sin terminar porque no habría tiempo o cualquier otra cosa tendría más importancia en ese momento, en todos esos momentos, porque casi no había una rendija para mí, y yo me sentía completamente aprisionada y finalmente inexistente y sin poder de decisión alguno.

Esto es muy triste, lo sé, pero supongo que la mayoría de lo que pasaba era culpa mía. O debería volver a componer esta frase. Siempre sentía que la mayoría de las cosas malas que nos pasaban eran al fin y al cabo culpa mía. Por ser tan poco proclive a comportarme como la mayoría de los mortales enamorados harían en una relación, sin llegar nunca al mínimo exigido, sin que mi modelo pudiera encajar, siempre sintiendo que mis esfuerzos iban a la papelera porque eran incomprendidos o simplemente prescindibles. Y yo sentía un cansancio mortal, un peso sobre los hombros tremendo, una sensación de asfixia insuperable. Y me convertía en esa persona que en vez de vivir la relación vagaba sin rumbo por ella.

Así que no voy a volver a decirme por millonésima vez que todo era por mi culpa, ni siquiera el ser incompatible con una persona maravillosa cuya risa me hacía soñar. Mejor decir que yo por ser yo that was the problem.

sábado, 24 de marzo de 2012

A love supreme



Blackness

Thorough, complete, fragile.

Lusciously standing.

Rabidly blue. 

Unique. 

Irrepetible

Reality bites



Este devenir enlazado de las horas y los días tan intenso. Y la necesidad manifiesta de decidir las nuevas bases pronto y bien. Y ver cómo progresas con facilidad, sin imponerte metas excesivas, agachada, con el oído escuchando la tierra. 


Y estas distancias cortas entre la realidad y tú, sin que te sientas que tienes obligación de explicar o demostrar a los demás que lo que haces tiene sentido, motivo, interés. Y por lo tanto sin necesidad de sensibilizar, ni motivar, ni interesar. Porque la vida no siempre te muestra su sentido, y no entiendes los motivos por los que pasan ciertas cosas, y tienes que luchar por hacer las cosas que te interesan, porque si no se te pasa la vida sin hablarte, sin ecos, sin recuerdos bonitos. 


Y ahora estoy bajando el ritmo porque tengo que avanzar en la noche sin que se vuelva día, porque hoy no voy a permitirme el ir a descansar demasiado tarde. Sólo quería pillarle el pulso al día, que ha tenido su dosis de absurdo y también de predictibilidad. 


A lo mejor ya he superado los picos y caídas de hoy y estoy apuntada al fin de semana, sin haber tenido tiempo de llegar a ninguna conclusión acerca del día. Por otro lado hay un par de asuntos no resueltos que como siempre me pasan a mí. 


Soy experta en encontrar soluciones cuando ya se había perdido toda esperanza, pero el precio que pago tal vez sea demasiado caro, porque transcurre mucho tiempo y doy pasos en falso enlodada. 


No voy a avergonzarme en exceso porque en esta ocasión no voy a dejar esta sinfonía inacabada colgada en el aire con lo que parecen despropósitos. Ya que me encuentro bastante estable emocionalmente y los pequeños reveses de las últimas semanas han sido superables y no se me han atrincherado. Tengo un punto de mira y otro de apoyo y siento que la depresión no acabará con todo esto otra vez para que durante y después de ella no me pueda acordar de nada: de los logros, de los pasos, de los caminos abiertos, de nada. Y luego todo sea un volver a empezar o a arreglar o a clausurar o a desenmarañar.


Y tengo mucho interés en ver qué va a pasar con estos meses encadenados sin que se apague la radio, sin que deje de sonar la música, sin que se vaya todo al garete como siempre. Tengo ganas de ver lo que suele pasar detrás de la trinchera, lo que siempre se me ha negado, lo que no he podido experimentar. Para saber en realidad de qué va mi vida, y cómo el esfuerzo que hago tiene sentido dentro de mi cosmología, y de alguna manera entender finalmente los procesos en los que me involucro, en vez de desconectar de repente, de caerme por la fosa, de no hacer pie, resbalarme de la red protectora y despeñarme. 


Puedo decir por lo menos que esto que digo es la verdad. Puedo decir por lo menos que tengo mucha ilusión por sacar adelante proyectos, hacer mis cosas, que son como proyectos, porque hasta cocinar cada día es un proyecto, y todo tiene un efecto acumulativo sobre tu autoestima, la confianza en ti misma, la calidad de lo que haces, la satisfacción que adquieres al finalizar o progresar en algo. Todas aquellas cualidades de la vida que no he podido disfrutar hasta ahora porque siempre saltaban los plomos, se quemaban los fusibles, desaparecía la música, el color, y las ballenas volvían a vararse. Pobres ballenas. 



jueves, 22 de marzo de 2012

Imprescindible



Todos estos pequeños acontecimientos inesperados de tu propio cuerpo, el paso de las horas con planes y ritmos telúricos a los que sólo puedes subirte por los pelos, como a un tranvía que se marcha sin esperarte. Esas interacciones de tu cuerpo con el mundo en movimiento, la gravedad invertida, la energía electromagnética envolvente, la necedad de los olores, acaban siendo reflexiones que te haces para entender algo. 


Te dices que por lo menos esta vez las horas vienen solas, y tú te dejas llevar por su ritmo a veces frenético como una ducha en la que no quieres gastar agua, y a veces indeciso, lo que te sorprende, porque tus horas son un ejército de minutos completamente abastecido y disciplinado, que marcha con firmeza, con los talones hincados sobre el tiempo. 


Últimamente te dejas llevar, incluso aunque se te acumulen las impresiones como piedras que se amontonan las unas sobre las otras en tu cerebro y te aturden con el ruido al producirse la avalancha. Los ecos de este sonido son como pistones ardientes que te trituran la cabeza y te crean un amasijo de pensamientos estancos en una cápsula cubista. Sabes que están allí, pero tienes que esperar a que se te pase este impresionante dolor de cabeza para hacerlos madejas y estudiarlos en detalle. Por supuesto, para ello tienen que pasar un mínimo de diez o doce horas de descanso.


Hoy me he dado muchos cabezazos involuntarios contra la mesa al trastear debajo de ella con los ordenadores, las linternas, los cables, los ventiladores para enfriar el procesador que me cuelga el ordenador. Eran iniciativas vueltas del revés a las que su buena voluntad las convierte en baches.  

Saber quién eres




Recopilas las páginas de tu biografía como si de lágrimas se tratara, las sensaciones, las emociones disipadas que sin embargo han dejado su impronta, las danzas y bailes por las hojas en busca de un interlineado donde orquestar tu futuro. 


Lo que tienes entre manos sorprende por su fecunda frescura y vivacidad, y te sientes de repente colmada de ganas de vivir, y te asomas a esa vida como a una ventana donde se presencia un paisaje maravilloso de vibrantes verdes y suaves naranjas, de caminos de agua y montañas de guijarros. 


Finalmente te das cuenta de lo que es la vida. Y la vida eres tú. Estás mirando a tu propio rostro. 

lunes, 19 de marzo de 2012

Soluciones de emergencia

Conexiones que te interiorizan, que te galvanizan, que te exponen sin descanso, sin aliento, sin tregua. 


Cansancio.

sábado, 17 de marzo de 2012

Nueva entrada

Sin salir del sueño, encaramándote a la mañana. Con un beso que te refresca del rocío que ya ha deshelado. 

Demasiado tarde


Demasiado tarde para reencontrarse con el tiempo y decir que te has adentrado demasiado en la noche, que no querías rozar la madrugada.

Take care

No digo nada. No cambio nada. No pienso nada. 


Sólo el tiempo lo sabe. 

Objetos



Esta noche es muy difícil establecer el momento de sellar la actividad y volver mañana. Ha sido sólo durante la última media hora que he sentido cómo bajaba el ritmo y el resplandor de la rapidez con la que he pasado más de diez horas seguidas como en una carrera de fondo,  dejando atrás obstáculo tras obstáculo.


Es ahora cuando escucho el sonido del reloj circular en mi pared, que puedo oler las fragancias mezcladas de los botes del baño, que puedo sentir mi cuerpo moviéndose con facilidad, en vez de en plena actividad, buscando cosas, utilizando las mismas una y otra vez, evitando pisarlas, patearlas o perderlas. 


Es difícil explicar a la gente lo que supone trabajar con máquinas. Si dices que son ordenadores la cosa parece muy sobria. Si explicas que se trata de Macs, entonces ya tu caché sube un poco. Si finalmente explicas que estás haciéndolo para un proyecto creativo, de alguna manera la gente puede ponerse a tu altura y le parece encomiable lo que haces. 


Pero lo que no sabe nadie es que yo me muevo entre máquinas. Las escucho, las curo, las huelo, las respiro. No me dan miedo sus cables, su temperatura, sus puertos, sus apagones, sus reinicios, sus sofocos. Siento un gran placer cuando las mimo, cuando me miman, cuando las miro y las veo allí, sin moverse, sin irse a ninguna parte, siempre en su sitio aunque te vayas y luego vuelvas. 


A veces se esconden, una y otra vez. Se esconden los tornillos, los destornilladores, se confunden las tarjetas gráficas, las de red, las buenas con las malas, las compatibles y las que no lo son. La linterna se apaga, se despega la cinta americana, los ventiladores de los procesadores hacen un ruido extraño, el ordenador se calienta como nunca y casi esperas que se funda, y no sabes qué harás en verano. 


Me equivoco, acierto, vuelvo a acertar y a equivocarme. Aunque hoy ha habido más aciertos que meteduras de pata. Y cuando consigo que algo funcione, a pesar de tener que arreglar los flecos del problema durante la siguiente hora y media, finalmente recojo todo del suelo, pongo todo en su lugar, con especial atención a los detalles, a donde no se perderán las cosas o yo las encontraré por intuición. La misma caja de cartón de mi primer Mac que compré en 1999 me ha acompañado durante múltiples mudanzas por Europa, y sigue teniendo un lugar, y una función, y las cosas que tiene dentro están archivadas en mi cabeza, porque todo tiene su sitio, y sin eso la verdad es que todo este esfuerzo no vale nada. 


Son imágenes, son volúmenes, son mecanismos, son oportunidades. Se usan los dedos, la cabeza, los silencios, los músculos, los espacios, la planificación, la impaciencia, la expectación, las luces, las pausas, los orificios, la presión, la sorpresa, la fuerza, las superficies, la atenuación, la mirada, los sonidos y la espera. 


No me seducen las novedades, siento que las nuevas necesidades pueden ser cubiertas con la utilización imaginativa de lo que ya se tuvo y se guardó, aún cuando no había uso para ello en su momento. 


Y tal vez me resulta difícil comunicar esto a nadie de mi entorno excepto a mis dulces amigos y amigas que comparten este tipo de comportamiento conmigo. Pero sé que podría habérselo explicado a mi tío abuelo que arreglaba todo, que lo reciclaba, que era capaz de crear los más increíbles objetos, que tenía muchas cosas que todavía valían, que utilizaba, que seguían teniendo un uso porque él se le daba. Y lo mismo le valían una navaja para pelar madera que una cuchilla para hacer bordes finos y perfectos en plástico cubierto de fieltro. Un lápiz de mina o un rotulador cilíndrico. 


Amaba las cosas, y yo también. 

Wonderful, wonderful


Sé que no debería escribir a estar horas, que no debería estar despierta a estas horas. Supongo que es como dejar de fumar, cuando lo que quieres es reducir el consumo de la noche entre tus dedos, y dejar las cosas para luego, más tarde, cuando sea de día. 


Cuando me acostumbro a vivir de noche, el día me deslumbra. Me provoca fotofobia, y una sola salida a la calle es suficiente para aplacar la necesidad mamífera de encontrar tu lugar en el mundo, sobre el terreno. 


Y al final me he rendido a la evidencia que tendré que escribir de noche, no necesariamente tan tarde, pero de noche, antes de dormirme, como hacía antes, porque durante el día la vida no parece tener mucho sentido escribirla. 


Y tengo tantos pensamientos que corren como surtidores en mi cabeza, tantas nuevas y viejas emociones, tantas preguntas, recuerdos ... Es como si un péndulo que multiplicara la fuerza de la gravedad se magnetizara sobre mi cabeza. A veces no sé dónde me lleva, pero siento vértigo y una pesadez tremenda, sin escorzo, sin imagen; porque si por lo menos llegara a imaginarme entre arenas movedizas, o hundiéndome, o no pudiendo levantarme quedaría claro. Pero esta pesadez es una rueda de moler, un sedimento de metal pesado que empapa y pringa mis cavidades pulmonares y a veces me gustaría tener ayuda con un aparato de respiración asistida.


Hoy, sin embargo, me he sentido más ligera. Pero cuanto más liviana mi día aparece, más responsabilidades conlleva. Tengo tanto tiempo que recuperar que intento hacerlo todo. Todo. Y la lista en interminable. Es difícil cuidarse, arreglar la casa, hacer tu trabajo, reparar máquinas que se niegan a colaborar, relajarte, estimularte, leer, hidratarte, pensar, parar, levantarse. 


Pero tengo que racionalizar el ritmo, establecer barreras, incorporar reglas, sintetizar los movimientos, reaccionar ante lo sutil, utilizar mi intuición.