sábado, 30 de junio de 2012

Love letters



PEACE BY PIECES


It struck him as somewhat maudlin, but he wished to himself that he had never written anything. He knew that she was out there, somewhere, disposing of the things that were now too hateful and heavy to keep around. 


He imagined her in different places, pushing memories into the sea, letting feeling deliquesce in the night, trying to let old and outmoded abstractions like love appear in her hands so that she could take them apart piece by piece.


But how do you take back a word that you’ve already written into the world? How do you let it die?


By Charles Warnke


Finalmente la luz me deslumbra, a pesar de haberme sentido casi ciega estos días empañando mi vista al apretar los ojos cuando miraba a la pantalla del ordenador.


Me escondo en el silencio de este momento de la noche; en mi propio silencio también, ya que he acallado mis ruidosas actividades para sentarme y degustar como un sandwich la oscuridad de la noche.


No logro hacer una tregua con mis intenciones de irme a dormir relativamente pronto. La luz del portátil hace las veces de lámpara de aceite, y cualquiera diría que estoy en un lugar muy, muy diferente a mi mesa de cristal. Un lugar más cerca de mi imaginación cada día, cuya tierra sólo se apelmaza en las botas cuando la cruzas con tu escritura. 


Me rindo a la evidencia de que necesito este silencio. No se me antoja solitario ni estéril; es el silencio de la noche cuajado de aire oscuro pero fecundo, una oscuridad que podrías contener entre tus brazos y así sentir cosquillas con un baño en su polvo de estrellas. Parece mentira que las estrellas sigan estando ahí arriba por el día: nadie se da cuenta. 


Me sublimo en un ten con ten con el reflejo fotográfico de las curvas en blanco y negro. Me deslizo por la escalera posada en el muro de mi deseo con la música de Jane Birkin, y me miro las palmas de las manos para observar el calor. 


Mi sobrinita, la niña bebé, ayer me buscó todos los posibles huecos para acomodarse en mi regazo. Y era tan fácil simplemente tocarnos, encontrarnos, palpar nuestra piel y desear besos. Sería tan suave si sólo quisiéramos eso Septiembre y yo, porque ya me he dado por vencida: ya no quiero buscar cosas que hacer, ni palabras que decir. Ya sólo busco regazos y piel amorosa donde (re)plegarme. 


Mientras tanto (porque ahora todo parece un mientras tanto antes de mi encuentro con ella cuando la estación cambie) estaré mirando el paisaje de las formas ocres tostado del otoño que se avecina. Yo no pienso ahora en este verano. Ya es suficiente sentirlo en los pies descalzos, y la deseada brisa nocturna que destila la composta de calor formada durante el día. 


Quiero encontrar el cambio de estación en las hojas de los libros que acaricio y froto con el reverso de mis nudillos. Los que pueda fusionar con el cuero de mi mochila. Los que acierte a encontrar entre el nutrido espectáculo de encuentros fortuitos con la palabra herida que rebulle entre paraísos frutales. Sé que la música nunca se acaba, por eso la quiero encasillada entre mis dedos cuando escribo esto. 


Me pregunto si ya es hora de acostarme. El dolor de vientre que se ha instaurado en mí en la última hora y media, me está suplicando a voces el separarse de mí. Y, sin embargo, no me duelen las yemas de los dedos, no quiero dejar de moverme entre las notas sonoras de las palabras bordadas y escritas en la blancura de la pantalla (página). 


Es como mojarse en bicicleta de camino a un koffie verkeerd en mi cuarto, el que se eleva por encima de las escaleras estrechas de mi casa de Ámsterdam.  

viernes, 29 de junio de 2012

Familia



Hoy estaba en la piscina con mi hermana y mis sobris. La niña bebé me estaba haciendo reír. El pequeñín decía palabras grandes. 


La eché de menos a ella. Eché de menos a nuestra familia. 

jueves, 28 de junio de 2012

Encuentros



I.B. ya no existe. Me he encontrado su muda tirada en el suelo. Tal vez tenga ahora oportunidad de conocer a esta nueva persona que quiere emerger, y pueda yo ser para ella como la hierba cortada: fresca, nueva y suave. 


Pero yo no quiero dejar mi historia atrás; es muy importante para mí, es completamente esencial. Yo me construyo y reconstruyo; pero no me destruyo conscientemente; para mí eso no tiene sentido. Creo firmemente en la posibilidad de acercarte cada vez más a tu potencial, incluso aquél completamente invisible, ajeno a quien crees que eres ahora. Yo no he sido madre, ni esposa de nadie; y si lo hubiera sido, ahora no sería la misma persona. 


A veces me pregunto qué hubiera pasado si en ese o aquel momento preciso hubiera dado un paso ligeramente hacia la derecha, o hacia la izquierda. Todo hubiera cambiado. Pero lo que realmente me importa es superar mis limitaciones haciéndome un hueco entre ellas. Y disfrutar de mis cualidades, depurarlas en pequeñas piezas minuciosamente cinceladas, tras una ducha de confianza cristalizada en lágrimas y pasión.


Una de las cosas que me ha enseñado la vida es a no dejar pasar la oportunidad de seguir formando parte del camino de alguien cuando su cuerpo ha sido arrasado por el miedo, la emoción desbordante, el cataclismo, el histerismo. Luego he vuelto a ver a la persona, seguía llena de mí en la distancia, y las cosas le han salido bien. Podíamos haber seguido juntas. Ella me lo dijo. Siempre acarreará una tristeza por ello. 


¿Estoy hablando de mí? ¿Quién me falló y no me dio esa oportunidad? En el fondo tan sólo se trata de que crean en ti, pase lo que pase, de forma incondicional. Estar allí, aunque no te dejen. Y a veces la distancia es una forma de seguir estando allí; pero las distancias cortas ...


Lo que me pasa es que tengo que superar el miedo a perderla. Yo no me voy a ninguna parte, no voy a discutir ni dar un portazo, aunque he estado tentada a hacerlo. Pero en el fondo, sólo eran reacciones rápidas y expeditivas debidas al calentamiento que la situación había generado. El hecho de marcharme es sólo la necesidad de retirarme durante un tiempo para volver a recomponer mi ánimo. No suele verse demasiado bien. Pero ¿no es bueno enfriarse un poco cuando la temperatura ha sobrepasado tus propios límites, y corazón te perforaría sus propios ventrículos ? A veces me ha dado la sensación de tener un ataque cardíaco, y me he llevado la mano al pecho con angustia y precisión. Muchas veces me han acusado de salir del terreno de juego. Perdona, no me gusta jugar sucio.


No voy a juzgar, porque eso solamente me hace perder mi preciado tiempo, y no me ayuda a crecer como persona. La única manera de que mi mente se encuentre a sí misma es permitiendo a los demás ser como son y decir lo que quieran. Cuando opino en exceso, cuando intervengo, aparte de perder una energía preciosa, me lleno la mente de ruido, de estrés, de frustración. 


Hoy lo he vuelto a hacer. He estado con alguien y he dado mi opinión, he dado detalles sobre lo que la intuición me decía. Y me ha provocado estrés tener que seguir defendiendo esa línea argumental, cuando en el fondo no quería hacerlo. Me di cuenta demasiado tarde. A veces no sé qué cara me va a poner la otra persona si me callo, o si me voy. 


He perdido a menudo la conexión con mi diálogo interior debido mi propio carácter exaltado. Pero tal vez mi timidez es mucho más prevalente de lo que pienso, y debería aprender a seguir este diálogo también cuando estoy con otras personas. Me gustaría hacerlo, sé que sería mejor. Ahora, sola, lo estoy descubriendo, y me enseña cosas. Por ejemplo, en este blog me ha enseñado puntuación (sonrisa).


Aprendería a ser tolerante si no tuviera que opinar todo el rato sobre las cosas. La energía mental es limitada, y hay tanto en qué gastarla. Muchas veces me duelen en el alma las decisiones de otras personas sobre su propia vida, pero ¿quién soy yo para detener su bronco destino? El destino empuja sin piedad, y nadie puede evadirse de él. 


Pero debería disfrutar más de mi soledad, porque es algo que ansío, pero que luego no sé administrar demasiado bien (aunque es un reto para mí el hacerlo). Y ahí hay una tremenda contradicción. La soledad supone el gestionar bien tu tiempo, tus actividades, tus miedos, tus miradas, tus palabras, tus gestos. A veces se requiere compañía para no sentirse a una misma, o para recibir validación. Esto te hace bien a la cabeza, te distrae, impide que te centres demasiado en ti misma y te satures. Claro. Tiene todo el sentido del mundo. 


La relación con otra persona es un secreto para las demás. Y a veces no se puede compartir. Ni se debe. La gente de Septiembre no quiere que esté a su lado. No entienden que yo no soy la causa de su dolor, y tampoco comprenden lo que tenemos cuando estamos juntas. Debería dejar de intentar explicárselo.



miércoles, 27 de junio de 2012

Pequeñas cosas



Voy avanzando poco a poco con el montaje. La verdad es que es un poco desesperante, porque tardo mucho. Como estoy rehaciéndolo tal cual estaba, no tengo la libertad de improvisar demasiado, o crear lo que quiera, y esto hace el trabajo más tedioso. Sin embargo, he amasado pequeñas técnicas para hacerlo más rápido, más sincronizado y más automático, y ahora soy bastante buena en pillar un fotograma al vuelo con los ojos semi cerrados. 


Pero el ímpetu, el impulso, la resolución de hacerlo, me ayuda a encontrarme a mí misma. Simplemente apoyar la espalda en mi sillón de montaje me hace recuperar parte de la identidad de la persona trabajadora que siempre he sido. 


Parece poca cosa, pero para mí tiene un enorme significado. Son estas pequeñas pocas cosas. 



martes, 26 de junio de 2012

Serendipity


Incendiada por las esquinas, encontrándome con las paredes, entretenida con lo desasosegado, lo único, lo indefinible. 


Repaso centinelas del pasado, y busco los componentes del dolor sobre los escalones. Rastreo los lugares, los sonidos, los vértigos infranqueables. Tengo que soltar anclas, y el destino es nonato. Veo cómo se invisibilizan los trozos de las cosas, los retales de la conciencia, las entregas sin destinatario fiel. 


Y decido separar lo que se había prendido a mi vida, y recibirlo en el pasado. He roto cartas, fotos, regalos. Había cosas que se rompían en añicos al estrellarlas, otras que se hundían, algunas se doblegaban. Tuve que hacerlo para no volver a pensar que las había perdido; tuve que deshacerme de ellas para olvidarlas, y prepararme a que tal vez en un futuro cercano vuelvan a mi vida en otro formato nuevo y fresco. 


Lloraba por haber perdido, por dejar de tener lo que ella me había dado; pero seguía en mi casa, en mi mente. Ahora todo ha sido retirado. Los chicos de naranja fosforito lo han arrojado al camión sin saber lo que contenían esas bolsas repletas, vivas, encendidas de amor perdido y deseo irreconciliable. 


Ella sigue en mi vida, pero para un nuevo pasado. Vamos a empezar todo desde el principio: pero desde aquí, desde ahora. Sin reproches, ni lugares comunes, ni sentimientos de culpabilidad por lo que hice o dejamos de hacer. Y eso tiene su precio, y su dolor. Ella no quiere volver atrás. Dice que ni siquiera el entonces tenía sentido.


Pero la prensadora del camión de la basura no han llegado a aplastar todo con sus muescas gigantes ajenas al vínculo, la adherencia, los recuerdos anidados, la identificación con las texturas. Ha habido algunos objetos que se han salvado desde el principio. Otros sobrevivieron a la segunda tanda de salvamento involuntario, cuando tuve que rehacer algunas bolsas porque rebosaban de objetos agonizantes querían volver, y finalmente decidí no deshacerme de aquellas pocas cosas que ni siquiera fríamente podía tirar a un destino incierto, en páramos alejados y adustos. 


Y cuando finalmente bajé todo a la basura, y vacié la gran bolsa azul de Ikea que contenía las bolsas llenas hasta los topes, sorprendentemente encontré el pendiente de Ámsterdam, el que había estado buscando al arrepentirme tras volver a pensármelo cuando una nube de vaho caliente se levantó de la superficie del suelo, y me hizo respirar hondo, y recordar y sentir.  


Junto con el anillo grabado con una frase de prometidas, el pendiente fue parte del amor que llevas cerca de tu piel, pulido por el calor de tu cuerpo, con el recuerdo vivo de esa sonrisa que te lanzaron cuando lo adquiriste. Lo buscamos corriendo entre las calles, porque las tiendas cerraban. No entiendo por qué, pero era difícil encontrarlo y que tuviera la talla adecuada. Sólo llevo uno, y lo hago desde los 23 años. Ella se había asignado la tarea de comprármelo al haber perdido el anterior. Y desde entonces cuando me lo he puesto por las mañanas siempre pienso en ella, es un recuerdo diario que perduraba sin amainar. 


Lo había sacado todo de las cuatro bolsas, revisando minuciosamente los espacios entre los trozos, los añicos, pero no lo había encontrado. Y tras resignarme a que algunos objetos, algunos sueños iban a doler más que otros, porque eso tenía que pasar para dejar que el dolor se desprendiera de mi pecho; en el último instante, y a pesar de su ingravidez, apareció el pendiente de circonita en el fondo de la bolsa, entre los restos de tierra de las macetas que había acarreado y depositado en el suelo, porque siempre hay alguien que se lleva las macetas. 


Algunas cosas no quieren perderse. 

lunes, 25 de junio de 2012

Runaway II


En mi pasaporte pone: "Anónima". Pero voy a volar.



domingo, 24 de junio de 2012

Tejer


Quiero empezar a tejer una colcha de lana, para que cuando se me acaben las madejas, y la colcha recubra medio mundo, I.B. entre por esa puerta, nos refugiemos las dos en el calor del tejido, y nunca más nos separemos. 

sábado, 23 de junio de 2012

Sanar



Para sanar(nos) voy a hacer realidad nuestra fantasía. Ya no tengo miedo del vacío. Le he dicho que la quiero. Algún día sabrá que es verdad, y que es suficiente.


Lágrimas



No sé qué puedo escribir hoy. Estoy intentando concentrarme en el trabajo, en seguir, en vivir. Esta vida que continúa, que es mía, y que debo surcar. La vida que con el tiempo como aliado te consuela de todo dolor, de todo pesar, de toda decepción. Que te permite encontrarte a gente nueva en tu camino, abrir de nuevo tu corazón. volver a relatar las cosas que te han pasado, volver a confiar, volver a explicar tus sentimientos, aunque los fracasos sean una mancha de tinta que no se termina de lavar. 


Todo el mundo le dice: "Estás mejor sin ella." 


Ahora mis sentimientos se encuentran en un fuerte con un único boquete: este blog. Aunque escribo y me alivia, el frescor no me dura demasiado, y poco a poco vuelve el malestar hasta crecerse como un río que se desborda. Mis emociones me rebasan, y ni siquiera la sombra lejana de ellos es soportable para el mundo exterior, que me ignora, que se impacienta y me empuja por las escaleras. Mis sentimientos me anegan, y por eso llevo días enteros, mañanas, tardes, noches llorando como un torrente, o conteniendo las lágrimas to no avail. Me despierto y lloro. Me acuesto y lloro. Y entre medias sigo llorando. Lloro en la calle, en el metro, en la luz y la oscuridad. 


Mis ojos ahora se abren con dificultad, porque los párpados se han convertido en un amasijo de capas pesadas de tejido que los cercan. Mi cabeza, tras horas de esto, se infla de tensión y el cerebro no me cabe en el cráneo. Quién sabe lo que estará pensando. Las venas en las sienes se crecen, y contraigo un dolor de cabeza que me impide fijar la vista, descansar, comer. Y al andar siento dentro de la cabeza un péndulo de dolor nervioso que se balancea y me cruje, me marea, me agota, y a veces me obliga a dejar de moverme, a desplazar la cabeza suavemente sobre mis hombros para evitar el latigazo.


Y desde hace una semana tengo un pequeño túnel escarbado por el dolor de mis emociones en el recorrido que circunvala el corazón. Y escucho ruidos que son como pequeñas fugas, y noto las burbujas apretarse contra el estrecho canal que ha conseguido hacerse paso, coger velocidad y perseguirse las unas a las otras en una especie de trayecto cruzado, para finalmente estallar en stacatto y desaparecer para ser relevadas por otras. 


 Es muy extraño, porque la ansiedad que me maltrata el corazón y el pecho ya se había hecho notar desde hace varias semanas, y me laceraba el pecho con su círculo de acero incandescente, obligándome a contener la respiración en vano durante unos segundos más de lo necesario. Ahora, con las burbujas hinchándose y reventando dentro de este pequeño reguero interno de sangre, ya no sé qué pensar, o qué sentir. Por la noche escucho perfectamente este sonido de ritmo irregular. Si no fuera por su rareza, podría ser el sustituto de un teléfono que no llama, de la voz ansiada que no se escucha. Pero no puedes escoger las compañías, ahora estoy sola con este sonido.  


Ahora sigo llorando, resignada, porque no lo hago sin ninguna intención. Pero llega un momento en el que la frustración por sentirme tan débil y desvalida me provoca un torrente de mayor caudal, y tengo que dejar lo que estoy haciendo, esperar a que pare, o que, por lo menos, me alivie el liberar a borbotones este agua salada. 


Vuelvo a trabajo e intento concentrarme, aunque a menudo estoy llorando mientras intento apartar las lágrimas apretando los ojos al fijar la vista en el ordenador, y sé que no estoy rindiendo, pero no quiero abandonar la única cosa que da estructura a mi vida en este momento. Aunque me gustaría que me permitiera olvidarme de esto, pero no consigo evadir la mente más de unos minutos, a veces diez, a veces media hora; pero desearía que fuese un periodo más largo de tiempo para no temer las horas que me quedan en el día, a las que temo después de dar de sí todo lo que puedo montando en el ordenador. Me gustaría poder trabajar durante 18 horas seguidas para poder dormir el resto del tiempo. Pero lamentablemente mi cuerpo cada vez más delgado y frágil, mi cabeza dolorida y retumbante, y mis ojos hinchados no me lo permiten. 


Me duele la piel de la cara porque he adoptado una forma de apartarme las lágrimas de mis mejillas, de rechazarlas con ímpetu, frotando con las palmas de mis manos hacia fuera, apretando los cercos del agua y secándome la cara como un parabrisas. Pero vuelven, siempre vuelven. 


Por eso hoy he decidido intentar aislar aquello que me duele, que me pinza la carne, que me inyecta agujas y me agujerea, que me hiere. Porque creo que el problema es que alienta constantemente mi ansiedad, mi penuria. Y aunque para poder seguir adelante con esta difícil decisión tengo que, tal vez, dejar de lado la esperanza y mis sueños, me gustaría pensar que este dolor, esta inoperatividad, esta forma tan extraña de vivir, de ansiar lo que no llega, de sentirme herida cuando no es suficiente y me maltrata, podría aliviarse somehow. Si no, ¿qué va a ser de mí?


Si supiera cuántas lágrimas me quedan, sería todo más fácil. ¿Cuándo se te acaban?


Voy a intentar volver al trabajo. Se hace tarde.

NADA



Conformarte con poco.
No merecer explicación alguna.
Cerrarte la puerta en la cara cuando preguntas. 


No encajar en las prisas.
Ya habrá tiempo para ti. Espera. 
Otras cosas, otras personas cuentan. 


Ahora pesas 48kg.
Mañana 45.
No ser nadie. 
No valer nada. 

Iceberg



Es mucho más complicado de lo que parece. 
Es mucho más difícil de lo que parece. 
Es mucho más duro de lo que parece. 

Desamor



Esto es un callejón sin salida en la oscuridad, que me atormenta. 


Conoce mis miedos, mis fantasmas, lo vulnerable. Juega con ellos. 


Tápate los oídos. Es demasiado tarde. Déjalo ya.  


Todo va a seguir igual; es más, se repetirá interminablemente. 


En realidad, esa luz no existe. 





I'm undone


viernes, 22 de junio de 2012

Libros



Esta noche no es tomarse un té. No es recordar cómo empezó el día. Porque desde el principio te querías deshacer de él. No era un día para concebir grandes ideas. Querías llamar a tu novia, y de repente no recordabas su número. Eso hizo el día insoportable. 


Luego te das cuenta de que, a pesar de todo, el día continúa. Es un día para tener en la mano un libro de Chester Himes. Mi padre lo tenía. 

Rodar



Tu padre te regaló una cámara de vídeo a los dieciséis años. Aprendiste a utilizarla y te ilusionaste con los proyectos con los que ibas a expresar tanto de ti. Luego te la quitó. 

Desde entonces pensaste que iba a volver a ocurrir otra vez. 

Ahora ya no te importa. 

miércoles, 20 de junio de 2012

Salt



Tal vez llorar sea un pequeño precio a pagar.

Anfibia



Debería estar contenta, porque hago algo que podría funcionar y ser motivo de grandes alegrías y oportunidades, pero están creándose turbulencias en mis alvéolos pulmonares, que finalmente expanden su onda hasta el corazón, y yo no me estoy dando cuenta en absoluto. 


Y el detonante es una tontería, una pequeña frustración, que dentro del conjunto del día debería descartarse, pero se prende a mi piel con saña y me inocula su veneno. 


Me sorprende ver que de repente me duele enormemente, como una flecha certera y astuta, bien dirigida hacia el centro del pecho: el contagio está ya bien extendido. El dolor me dobla y se desborda. Me vuelve a sorprender la virulencia del desbordamiento. Me agita y me desgasta; me angustia en el zarandeo conmigo. Me hace ocupar un tiempo que tenía destinado a otras cosas. Me hace perderlo, me pierdo. 


Me observo y me decepciono una vez más. Estas cosas siguen pasando y no veo claro si voy a poder controlarlas. Me decepciono terriblemente, y me vuelvo a disgustar sólo por eso: por decepcionarme. 


Mi voz interna está ronca por el esfuerzo del disgusto, y siento gomas elásticas anudándose y mezclándose dentro de mi tórax, levantando una estructura angular que lo convierte en un juego de laberintos. Ahora me tira de aquí, y no puedo respirar, y luego me suelta por allá con velocidad, y podría caerme al suelo y sentir cómo se instaura el disgusto hibridando mis genes violentamente.


Herida, débil y a punto de quebrarme como una rama seca, busco una salida de emergencia; algo debería de hacerse, me digo, como en un eco de un discurso reconocible. 


Aunque estoy empapada, anegada, en medio de la tempestad creo un claro minúsculo con los músculos de los brazos y mi fuerza de voluntad que se ha virilizado y se extiende por los nervios como una madreselva; y me intento animar, salir de esta, ahora que puedo, ahora que debo antes de que la irrigación deje secuelas.


Y establezco estrategias lógicas que me ayuden a animarme, a pesar de que estoy tan afectada que siento que apenas podría dar cuatro pasos en una hora, y a aún así tener la impresión de que me he movido todo lo que podido para intentar escapar. 


Y al final todo se mezcla, y tal vez la decepción de mí misma no es tal, ni la pequeña frustración es tan descomunal, ni mi mente está enferma y no puedo dominarla, sino que esto es cómo rezuma todo lo que me está pasando, cómo no lo puedo comunicar, y la única forma que tiene de salir. 


Y aquí estaba, ahogándome en un vaso de agua, aunque la calmachicha deja entrever los restos de un ser, un algo, que no era tan benigno.  


¿A quién se lo puedes explicar? Pero como soy un poco anfibia, estoy intentando salir de la charca, y, tal vez, volar. Pero la charca está salada.

martes, 19 de junio de 2012

Backup



Sí, así es. Back up: el estado que mejor define cómo me encuentro. Me he pasado días haciendo copias de seguridad del portátil y el pc (ahora que lo he resucitado). El pc volvió a la vida porque tenía una copia de antes. Hubo algo mágico en poder restaurar toda la información, como si no hubiera pasado nada. Igual que si se te perdiera tu mochila en la calle o en un autobús, y alguien te la devolviera. 

Ya que de un tiempo largo para acá estoy acostumbrada a que muchos de los logros que consigo desaparezcan como el molde de arena de un cubo de jugar en la playa, ahora que parece que estoy subida al tranvía de la continuidad, me da miedo que de repente me despierte en una casa vacía otra vez, dándole vueltas y vueltas a la cabeza, sin saber muy bien cómo había podido llegar a subirme a un objeto en movimiento. 

Así que voy por la vida como una urraca o una ardilla. Cada vez que consigo terminar algo, me dedico a describirlo para no perderlo en la amnesia que me pudiera volver a arrasar los recuerdos y los hechos. Con los proyectos de Final Cut de la peli hago múltiples copias en todos los discos duros que tengo. El otro día me planteé el hecho de que tengo seis discos duros en el pc, y que la mayoría son copias de copias. Al igual que los discos duros se me estropean constantemente con tan sólo mirarlos (Nacho lo sabe muy bien), lo mismo me pasa con muchos días de mi vida. 

viernes, 15 de junio de 2012

Ligereza



Hoy al final ha sido un día agotador. Mis previsiones no se han cumplido, aunque después de una montaña rusa impresionante de emociones encontradas I.B. me ha dicho que quiere estar conmigo. Estoy ilusionada y al mismo tiempo noto en mi cuerpo un cansancio emocional, si es que es posible sentirlo en la piel, en los ojos ardiendo, en el cuidado que se le presta al movimiento, que es casi ralentizado, en el tórax traspasado por dentro. 


Sólo quiero que todo sea estable, conquistar la tranquilidad, comprender lo que va sucediendo de día en día, y un poco de apoyo incondicional. Ser capaz de amar a la persona sin arremeter, sin privarla de aire, con suavidad. Escuchando más por dentro que por fuera ...



¿Dónde está la superficie?



Voy a relatar cómo poco a poco ha cambiado mi estado de ánimo a raíz de ponerme a trabajar en la edición de mi serie. Tengo que ser capaz de recordarlo cuando haya perdido el ritmo, o me sienta incapaz de trabajar.

1. Enciendo ambos ordenadores y espero a que se pongan en marcha mientras me invade un conocido aire de comodidad.  Sé que tengo que volver a conectar y desconectar unos cables debajo de la mesa, y siento pereza todavía, pero lo haré en unos instantes.

2. Me siento mejor en cuestión de minutos, sobre todo cuando veo que el proyecto en el que estaba trabajando funciona al transferirse de un ordenador a otro. Busco la postura de siempre en el sillón que he recuperado, que es el que usé el verano pasado para trabajar durante tantos cientos de horas sudorosas. Parece que mi espalda ha cambiado, o que mi cuerpo no está tan flexible como antes porque ya no puedo montar en bici. No soy capaz de doblar las rodillas y encaramarme al asiento como antes, pero voy a empezar a hacerlo con cuidado, porque creo que parte de la rehabilitación debe ser el intentar flexibilizarlas suavemente, estirando los músculos que sujetan la rótula en su sitio. Soy incapaz de estar sentada tantas horas seguidas sin hacerlo. Las posturas estáticas no me permiten que fluya la creatividad. 


3. Mientras espero a que el ordenador haga algo que le he pedido me viene a la cabeza pensar que si me rodeara luz de día, si fuera por la mañana estaría más fresca, más dinámica, más en armonía. Y recreo en mi mente las sensaciones que sin duda he de experimentar mañana temprano, cuando me ponga a montar.

4. Veo que voy avanzando, y que casi se me había olvidado que esta última sección estaba casi terminada. Tengo que pasar primero un escollo extraño, de esas malas pasadas que te juega la informática, y que me fuerza a comprobar el capítulo plano a plano, pero no ha habido demasiado destrozo. Termino de arreglarlo y sigo.

5. Noto que estoy demasiado pendiente de las redes sociales y los emails que me van entrando, y, por consiguiente, todas las ideas que me generan (y preocupaciones). Así que decido no ocupar todas mis pausas echando una ojeada al portátil a mi lado; tengo los dos Macs funcionando, así que mientras uno hace una cosa, puedo trabajar en el otro para ir avanzando. Debido a los problemas, pronto tengo que terminar el capítulo en uno y comprobar en el otro, así que la dinámica de cambiar de Mac en Mac me libera de las redes sociales durante un buen rato. 

6. Sigo pendiente de que I.B. me contacte o escriba algo en su blog. Estoy preocupada por ella. Me cuido muy mucho de no darle demasiadas vueltas a esto, porque me resultaría muy fácil entrar en un bucle obsesivo que me impidiera seguir un ritmo mental de trabajo, y disfrutar de los pequeños avances que vaya consiguiendo. Sé que tengo que conseguir un subidón de mi estado de ánimo al próximo nivel para encontrarme mejor mañana, y estar centrada, y atesorar de nuevo la confianza en mí misma es la única forma de conseguirlo. 

7. Vuelvo a montar después de escribir. 


8. Viernes: Anoche no he podido dormir mucho, me fui a la cama tarde después de terminar de montar a las 12 satisfecha pero con un enorme dolor de cabeza. Hasta las 2:30 no terminé de desconectar y bajar el ritmo. Descubrí música nueva en Spotify, y creo que oír música me ayudará con mi creatividad. Así que hoy me he levantado tras unas breves horas de sueño. Vuelvo al trabajo con la curiosidad de ver cómo me va. Si terminara un capítulo entero sería un gran avance, me daría mucha seguridad para volver al ataque la semana que viene, y trabajar duro para hacer lo máximo posible.  

jueves, 14 de junio de 2012

Maquetas


Ahora he hecho un esfuerzo por hacerme algo de comer y arreglar unas cosas pendientes. Lo que quiero es ver en qué estado me encuentro dentro de unas horas, esta noche, cuando escriba después de haber trabajado un poco. 


Voy a describir el estado en que me encuentro para reforzar la idea de que mi trabajo es mi terapia, y poder volver en otra ocasión a este texto y animarme a seguir mi camino, a utilizar las estrategias que tengo a mi disposición, aunque me resulte difícil empezar. 


Ayer escribí sobre esto, pero la verdad es que tengo que volver a aclararme las cosas a mí misma. He decidido dedicarme a mi trabajo artístico de lunes a viernes en horario laborable extendido, si es posible, sin interrupciones. La mañana del sábado también sería aconsejable, pero me gustaría creer que en algún momento tendré a mi lado a I.B., y podré relajarme y compartir las cosas que me pasan, las ilusiones que tengo, nuestra conquista de Ítaca.

Voy a intentar no ocupar mi tiempo indiscriminadamente en ayudar a los demás en cosas que tal vez deberían solucionarse por su cuenta. No quiero movilizarme a menos que se trate de una urgencia o un imprevisible, obligación o ayuda necesaria; por ejemplo, cuando me madre me pide hacer algún trámite, porque ella no puede movilizarse fácilmente, y siempre hay algo que hacer con respecto a las minusvalías de mi padre y mi hermano. 


El fin de semana ayudando a mi padre me resulta un esfuerzo emocional ingente, y llego al lunes anulada, con el ánimo por los suelos. Debería tener claro que no puedo dedicar un instante a pensar el lunes por la mañana cuando me levanto. Tengo que ponerme a trabajar inmediatamente, porque si dejo que mi mente ruja en su oscuridad, su desgaste, puedo inutilizar el resto de la semana y sufrir un colapso nervioso durante el siguiente fin de semana, como ya ha estado pasando. 


Lo que quiero es que la semana me sirva de referente, me nutra de tranquilidad para poder afrontar el fin de semana en casa de mi padre y mi madre con ternura, diligencia, fortaleza y coraje. 


Por otro lado, si trabajo de esta manera dejaré de pensar en I.B. No puedo hacer nada para establecer puentes con ella en este momento. Lo mejor para que vuelva la confianza es el saber que podemos sobrevivir la una sin la otra, que no existe dependencia, sino una verdadera y genuina complicidad, un interés real de ambas en compartir nuestras vidas, en crear modelos, maquetas de simulación de ilusiones, de un futuro por venir que cristalice nuestros sueños. Ella aprenderá que no tengo intención de cambiarla, de arreglarla, que lo único que puedo hacer es estar ahí de forma incondicional, aceptándola como ella es. Y que me gustaría que ella hiciera lo mismo conmigo. De esta forma nuestras diferencias no seguirán siendo una barrera insalvable, un charco de arenas movedizas.


No sé si el escribir esto es triste, porque delata la encerrona en la que estoy metida y de la que no me puede sacar nadie. Pero volviendo a mi interés inicial en escribir esto ahora, simplemente quiero volver dentro de unas horas aquí mismo y comprobar cómo ha cambiado mi estado de ánimo. 

Pero ahora mismo lo que es conveniente es describirlo. Me siento sola e incapaz de expresarlo a otra persona. Tengo un sentimiento de culpabilidad arraigado de nuevo desde el fin de semana, porque no he podido trabajar, y eso me hace dudar de mi capacidad de conseguir lo que quiero. Siento que he sido indulgente, inconstante, lenta, incapaz, errática, emocional, y que me he vuelto a traicionar a mí misma. 

Por otro lado, he conseguido establecer nuevas bases prácticas para mi tranquilidad. He montado dos sillas ergonómicas, una en el salón y otra para editar la serie en mi habitación, y así proteger mi espalda y mis rodillas (a las que le aplico el pack helado todos los días). He arreglado el PC de sobremesa del salón, a pesar de todas las complicaciones que me han llevado horas y horas de montaje, desmontaje, instalaciones de software, pruebas para localizar problemas de hardware, etc, etc. El tener la ventana al lado y una mesa en condiciones me facilitará la escritura. Además, así no tengo la mitad del salón poblada de componentes informáticos destripados, esperando atención, como una muñeca rota.

Todo esto ha de ayudarme a contemplar mi espacio dividido en tres:

1. Trabajo - la mesa de montaje
2. Relax / lectura - el sofá, 
3. Escritura - el salón, con la ventana al lado, mi única testigo nocturna.

En una microcasa estas decisiones organizativas no son un lujo ni una pérdida de tiempo. Corresponden a una necesidad natural de sentirme orientada en el espacio, de sintonizar con cada actividad, verle límites, crear rutinas cómodas de seguir sin esforzarme mentalmente, superponer e intercalar las capas y niveles de capacidad intelectual y física, funcionar a varias velocidades, seguir la dinámica de los ritmos circadianos sin caer en el desfase de abusar del trabajo o de la laxitud. 


En mi cabeza han pasado muchas cosas que han desarreglado completamente mi forma natural de hacer las cosas. Reconozco que no era la mejor, tal vez, pero a mí me valía para estar activa. Ahora, desde que el trastorno bipolar se ha hecho más visible y omnipotente, peco de un exceso de intelectualidad, cuando antes era más impulsiva e irreflexiva. Quisiera establecer un equilibrio que baraje estas dos fuerzas ying y yang, que me permita funcionar, fortalecerme, establecer un umbral más amplio de normalidad entre los dos polos, para no caer en picado tan fácilmente hacia el vacío inerte y dañino, ni propulsionarme hacia arriba y ser alcanzada por la rabia explosiva. 


Creo firmemente que para conseguir esto la artista necesita "su habitación propia" (Virginia Woolf), y la conquista del espacio íntimo pasa por encontrar tu espacio físico. Todo el mundo necesita encontrar y zambullirse en su propia identidad personal. La gente deambula, circula de un lugar a otro, de una noción a otra, en búsqueda de aquello que les identifique con su fuero interno, con las esencias troncales de su comportamiento, de sus gustos, de sus decisiones instintivas, viscerales. El espacio exterior te permite visualizar(te) y desvirtualizar aquello que piensas y existes


Si sigo describiendo el estado en el que estoy incluiría también una distancia creciente entre mí misma y mis objetivos, como entre zanahoria anudada al palo y el borrico. Me falta el ( 氣 ), y me falta porque quiero recuperarlo, porque lo tuve y ahora no sé dónde está, y aparte de desesperación, siento curiosidad sobre su paradero. Me acuerdo siempre de cuando cocinaba y limpiaba sin planteármelo, simplemente haciéndolo; cuando encendía el ordenador para montar sin pensar en el esfuerzo, sin ingravidez, con convicción. Cuando al querer hacer algo, me ponía y lo sacaba porque conocía la mecánica de la consecución. Es cierto que a veces me costaba trabajo, o esperaba a encontrarme con fuerzas, pero no me mortificaba la inacción, sabía lo que venía detrás. 

Lo que sí me sucedía a menudo era no poder imaginar el futuro de forma práctica, adelantarme a él, planear más allá de terminar el primer paso de la operación. Ahí sí sentía vértigo, y cuando llegaba el momento de pasar a una nueva fase, a menudo me quedaba paralizada por el esfuerzo anterior, y no podía encontrar fuerza mental para entender lo que debía hacer a continuación. Era como si se me pusiera la mente en blanco. Creo que pasaba por fases depresivas como quien sale de una gripe muy larga o se recupera de un esguince doloroso. No me enteraba de lo que realmente me estaba pasando. Lo atribuía todo a la mala suerte, mi falta de capacidad, la dificultad de estar en un país extranjero, la ausencia de un mentor, mi incapacidad de comunicación, de sintonía, de sincronismo con la sociedad, la ausencia de puntos de apoyo, de soporte. Pero luego me venía una idea genial que me devolvía la ilusión, la alegría, la energía y nuevas ideas, y me olvidaba de aquellos periodos perdida sola en la oscuridad. Y aunque no podía siempre hacer un suma y sigue, ni a veces establecer estrategias basadas en una dinámica anterior, conseguía la cuadratura del círculo en mi cabeza, y volvía a empezar. 


Total, que ahora me encuentro en estas, y voy a observar detenida y conscientemente cómo se me despejan las telarañas de la cabeza. Ahora, a pesar de todo lo que he hecho hoy y ayer, me siento como he descrito antes, y lo que voy a hacer es llevar el té que me acabo de hacer a la habitación de montaje, y entre pausa y pausa de trabajo voy a relatar brevemente los avances de mi estado de ánimo para poder crear una hoja de ruta que me ayude a pasar por estos momentos en la próxima ocasión que suceda. Porque seguro que esto va a volver a pasar mañana, o el domingo, o el lunes, o el miércoles. En el momento en que me disguste con algo, o me obsesione, o me despiste con otra actividad que me desmonte mis planes y me provoque un desequilibrio inesperado. 

Comprender una mecánica que os aplasta, desmontar mentalmente todo su engranaje, analizar con todo detalle una situación aparentemente desesperada, es una fuente importante de la sangre fría necesaria, de la serenidad y fortaleza de ánimo para poder confrontar la situación. No hay nada que nos asuste más que lo absurdo, lo inexplicable.

Germanine Tillion

Etnóloga especialista en Argelia, con un papel destacado en la resistencia francesa contra los nazis, y presa en un campo de concentración alemán durante la guerra.

Hace años que conservo esta cita escrita en un trozo de papel, porque quiero hacer exactamente eso.


miércoles, 13 de junio de 2012

Reencuentro



He arreglado el ordenador del salón, primero porque estaba sin montar, con todas las piezas desparramadas encima de la mesa desde hace un mes, y segundo porque quiero volver a esa época en la que escribía mi blog de noche, sentada delante de mi escritorio, con la noche de lado. 


Este mes no he escrito cosas muy creativas, así que me he decidido a leer más literatura, reservar un momento del día para hacerlo, y reincidir en mi imaginario al verlo resurgir en la imaginación de quienes leo. 


No quiero dejar de escribir por eso, porque la mente tiene muchas formas de expresarse y el subconsciente brega entre conceptos, recuerdos y acciones, y no hay que forzarlo a decantarse por una u otra vereda. 


Sin embargo entre la semana pasada y la otra no he escrito suficiente, y siempre que me digo esto me gustaría haberlo hecho para seguirle la pista a lo que he estado haciendo y sintiendo. No ha sido pereza exactamente, ha sido desazón y un no encontrarme en el espacio mental adecuado, inmersa en cierto vacío que no tenía sitio para la reflexión del día a día. He sentido presión sobre mis hombros de uno u otro tipo, he tenido ganas de evadirme, temblaba con cierta inseguridad en el sitio donde estaba. 


Y ahora estoy intentando respirar hondo, reencontrándome con este espacio mío de escritura, con el cerrar el día durante los escritos de noche. Es como si la escritura fuese a esperar a la noche para liberarse, y de alguna manera conseguiré de nuevo mirar(me) de frente, sin miedo, con todo el camino por delante.  

Asignaturas pendientes



Me he dado cuenta de que si realmente quiero mantener un ritmo de trabajo y de ilusión, tengo que dejar de ocupar tanto tiempo en asuntos familiares. El corazón se debate porque siento que es mi obligación, pero la cosa no está funcionando y creo que la mayoría de lo que había que organizar ya están en marcha así que pienso que sí podré dedicarle más tiempo a mis proyectos sin causarle un prejuicio excesivo a nadie. 


Para sentir el efecto acumulativo de mis avances, como escribí la última vez, tengo que desligarme de algunas exigencias que me autoimpongo, porque no me hacen bien, me despistan, me distraen y me hacen sentir que mi tiempo no es ya limitado, sino limitadísimo, lo que en el fondo internamente me desespera. 


Así que tal vez tenga que ser dura en ocasiones y no ejercer de salvadora cada vez que me llaman. Voy a dedicarme única y exclusivamente a situaciones urgentes, y a mi padre y mi madre durante el fin de semana. 


En estos días he sentido como me escalaba la ansiedad hasta límites insospechados, aparentemente sin causa alguna. Es cierto que estoy muy decepcionada con el poco contacto que tengo con I.B., pero la situación se ha quedado ahí en standby por su propia voluntad, y yo me siento cada vez más alejada de ella, como si una niebla espesa se hubiera interpuesto entre nosotras dos y disipara el recuerdo que tengo de ella; y al mismo tiempo noto una sensación muy pesada sobre el pecho que me hace sentir vulnerable y prescindible. 


No esperaba esta montaña rusa de sentimientos. No sé cómo equilibrarme, no sé exactamente cómo debo actuar para encontrar una estabilidad. Sé que el trabajo me la da y a eso me estoy dedicando, pero siento que me están dejando de lado como a un mueble viejo o la chapa de una botella que ya no necesitan. Me siento como si hubiera sido una turista en su vida. En estos días han pasado cosas muy difíciles de procesar y aunque todavía conservo el chip de que tengo a alguien a mi lado con quien compartirlas, en realidad esto ha dejado de ser así, y probablemente siga de esta manera durante mucho, mucho tiempo. 


Entiendo que I.B. necesite su espacio, pero para que ella lo tenga yo voy a dejar de imaginarla, porque no me hace nada bien. Tiene mucho que resolver y probablemente yo sea un obstáculo, un estorbo en un viaje hacia el futuro en el que puede que yo no vaya a formar parte. Así que me voy a propulsar al futuro y no querer ni ansiar nada en el presente. Tengo que intentar ni sentir ni padecer, y ser testiga de mí misma, de mis progresos e infelicidades para tal vez así apreciar su significado. No estoy completamente sola. Estoy encontrando nuevas amistades que saben estar ahí sin demandar atención constante y con ganas de apoyarme, y aprecian mi ayuda y conocimiento para empujar hacia adelante un poquito sus propios proyectos. 


Mis fuerzas son limitadas y no tengo más remedio que continuar mi camino sin estar acompañada de cerca. 



jueves, 7 de junio de 2012


Me dedico a beber una taza de té tras otra mientras monto la serie y respondo a las redes sociales que están echando humo tras el evento de series web de ayer en el que participé. Fue mi bautismo de fuego en mi nueva singladura profesional tras este periodo tan largo. Y ya que la medicación funciona tiene sentido que pueda ir conquistando nuevas alturas poco a poco. TVE me ha entrevistado, y como la periodista era un cielo y yo llevaba las preguntas más o menos preparadas, no fue el duro trago que pensé iba a ser. También el hecho de que fuera La 2 me tranquilizaba. Saber que la audiencia de La 2 (aunque repita en el canal 24 Horas) tiene mucho en común conmigo, me ayudaba a no tener tanta vergüenza ni miedo de decir alguna que otra tontería. 


Pero el té (con leche de soja, that's how I like it) es mucho más que una forma de humedecerme. Es sobre todo una manera de volver a mi ritmo de trabajo londinense, mojando los días de trabajo con el brew hora tras hora tras hora. Estoy segura de que la teína tiene un efecto singular en mi cerebro, mientras que la cafeína cada vez me sienta peor ...


Hoy vuelvo a dormir en el sofá, y sé que mis rodillas y mi columna van a sufrir, pero todavía no se han copiado los archivos y el mac sigue rugiendo en mi dormitorio. Ya tengo solución para eso, me he comprado una tarjeta USB 2.0 para el G4 y espero que me lo haga más llevadero la próxima vez. 


Tengo sueño, pero estoy satisfecha. Todo esto tiene efecto acumulativo y cada vez tengo más confianza en mis propias fuerzas. 

martes, 5 de junio de 2012

Same number



Tengo que irme a la cama más pronto, porque estos cambios al estar despierta hasta bien entrada la madrugada están jugando con mi cabeza. 


En este mes de mayo mi escritura ha sido un poco pobre. Mi cabeza estaba dando bandazos e intentando polinizarse. Por otro lado, mi salud no ha sido muy buena. No sé si al finalizar este mes podré poner a prueba mi voluntad de conseguir ciertos retos y objetivos, pero no me cuesta nada intentarlo. 


Estoy pensando mucho en inglés, pero no quiero escribirlo, y tal vez me ocasiona cierta duplicación de personalidad. Mis dos mundos idiomáticos no siempre se complementan, y a veces me siento huérfana de pensamiento y acción. Como si ciertos eslabones estuvieran realmente perdidos, y algunos flecos despeinados. 


Hoy cuando volvía del Carrefour cargada con las bolsas de la compra de primero de mes estaba reflexionando sobre estos días en que me he sentido incompleta, y he intentado decirme a mí misma que "this is it", que no tengo que tener miedo porque mientras sepa lo que significa sentirse así puedo acostumbrarme a cercar el vértigo y levantar el vuelo cada vez más alto, con más seguridad. He estado dando muchos pasos hacia atrás, y mientras consiga por lo menos mantener el tipo durante este viaje, aunque me deje llevar, puede que termine llegando a alguna parte, que de eso se trata. 


Tengo que aprender a estar sola mentalmente y solucionar mis propios problemas. También familiarizarme, saber verme en esta situación porque seguro que las demás personas me verán igual, y como no estaré forzando la imagen que dé de mí espero que me aprecien tal y como soy, y que interactúen conmigo con frescura, abiertas de mente, curiosas por conocerme más. 


Hoy ha vuelto a darme un bajón de ánimo, y he tenido que intentar situarme en el momento, vivirlo con naturalidad, y así he conseguido mantenerme por lo menos en un nivel aceptable de tranquilidad. Tengo que hacer actos de fe diarios para confiar en que las cosas pueden cambiar de un día a otro, porque cambian, y a menudo a mal, con lo que ¿por qué no pensar que mañana puede ser mejor día que hoy? Me acerco al suelo en picado y remonto, me hundo y resurjo, es el leitmotiv de mi día a día.


Mañana, por ejemplo, tengo que levantarme pronto, y volver a trabajar con convicción en lo que estoy haciendo. No puedo decirme a mí misma que voy a montar ocho horas seguidas porque la verdad es que me cansa mucho y me desespera hacerlo. Será mejor ponerme un tope de seis para que el trabajo resulte productivo y me dé tiempo a hacer otras cosas. 


Los descubrimientos y los cambios son paulatinos. He tenido la tendencia de acostarme a las cuatro, cinco de la mañana, porque me daba la sensación de que no había podido conseguir del día lo que necesitaba, y eso voy a tener que dejar de hacerlo. Si no llego a terminar el día con satisfacción tendré que dejar las cosas pendientes para el día siguiente. En ambos hay el mismo número de horas, so ... who am I kidding?

lunes, 4 de junio de 2012

Ella está bien



Y está aquí. 



domingo, 3 de junio de 2012

Te espero


Te espero despierta pero sé que no vas a llamar. Después de un rato ya no espero, ahora quiero ver cómo me despide la noche y me envuelve con su suavidad de neón. Ojalá me pillara leyendo envuelta en una manta encima de un sofá, con la certeza de que en el momento en que el sueño amansara mi mirada oiría el ruido de la llave al abrir la puerta. 

Ahora ese momento de vernos será el único que importe, y no habrá tiempo ni espacio para que quepa la narración de todos los detalles la vida diaria, porque ya no existirá esa intimidad que crea la rutina, habrá que construir una nueva que sólo nos incluya a nosotras viviendo este momento en el que nos sonreímos, nos vemos, nos rozamos.

Nuestra vida juntas consistirá en la suma de estas citas, de estos breves instantes consolidados en los que tendremos la suerte y el placer de pasar un tiempo juntas, de hacer realidad un sueño. Ya no existirá el nosotras sino sólo el tú y el yo. Me escucharás sin impaciencia, conciliadora, atenta sabiendo que lo que te explico, que lo que me pasa no forma parte de tu vida, no te lo he contado antes, no me has ayudado a decidirlo, no puedes intervenir para cambiar su destino, no tiene nada que ver contigo.  

Pudiera tener una nostalgia escondida, pero la sustituye la emoción de un nuevo y espontáneo descubrimiento de nosotras. Tal vez ahora me vuelvas a conocer. No estaré unida a ti, no seré tuya todavía. Tan sólo seré una persona más con una vida con un destino de aquéllas que te cruzas en la calle. Pero este coincidir nos marcará para siempre. Será esa casualidad la que creará un vínculo irrompible entre nuestras vidas, la que nos incluirá en nuestra historia personal.


Pero hoy estoy contigo; me apreciarás por quien soy, no por lo que hago, porque no tendrás suficiente tiempo para saber todo lo que hago, ni cómo me siento al decidirlo, ni cómo me trabo al asustarme antes de hacerlo, ni cómo otra gente me ha apoyado y me ha ayudado y animado a conseguirlo. Ya no tienes derecho a estar celosa porque no contaré contigo para todo, ya no serás el primer puerto donde recabe ni mi primera llamada, ni mi punto de apoyo. Pero esta responsabilidad que antes cargaba en ti se convertirá en una nueva energía que me propulsará a llevar adelante mi vida, una energía que tú verás como algo especial en mí que antes no habías conocido. Ahora tenemos la libertad que ansiábamos, que nos daba miedo asumir. Hey, drop by. Drop in (my life)


Ya no tenemos obligaciones entre nosotras. Ahora si quieres me ves, y si no, no. Mejor que no quedemos para la próxima, ya nos llamaremos. Tal vez también ahora no tenga miedo ni vergüenza de ser como soy. Ya no tengo que darte explicaciones, ya no sabrás exactamente la ropa que tengo de verano o de invierno, y te sorprenderás al verme con una camiseta nueva. No sabrás en qué gasto el dinero, ni cuánto me queda este mes. Tal vez entre cita y cita nos cambie la cara, la expresión, la tez de la piel. Será tan sólo un poco, imperceptible al razonamiento, porque tendremos esa sensación de conocernos pero también la sorpresa e interés renovado que creará ese cambio en nuestra forma de movernos, en una risa que de repente parece nueva y diferente, que te contagie con una emoción que recordarás y te hará querer volver a verme. 


Tal vez nos enamoremos de nuevo, esta vez de verdad. Tal vez no. Pero vale la pena intentarlo, y esta etapa pase lo que pase tiene que durar un tiempo, por favor, que no desaparezca en seguida, no desaparezcamos en seguida. Será un buen recuerdo, será un mejor recuerdo si tuviera que haber pronto una despedida. O quizás se convierta en los cimientos de lo que será una nueva relación impresionante, con nuevas reglas, con un amor arrollador, repleto de deseo y amor. Un amor similar al que intentamos conseguir y que rozamos muy de cerca, que conquistamos pero tal vez sin saber lo que significaba ese regalo, nuestro esfuerzo mutuo, la alegría que nos llenaba el corazón. Continuará nuestra relación aunque haya mutado hacia un destino que ambas desconocemos pero que sin duda se nos revelará a su debido tiempo, cuando estemos preparadas.


El aire fresco de esta noche me roza la espalda, pero me gustaría estar enfrente de la ventana y respirar hondo los indicios de la lluvia que vendrá mañana. Antes de dormir quiero acordarme de tu mirada, de cómo ya no te juzgo sino que te escucho, te veo. Ahora te veo.

sábado, 2 de junio de 2012

Circo ambulante



Mi cabeza en estos momentos es un verdadero circo ambulante de meteorología variable; tan pronto un sol penetrante como un chubasco. Estoy volando por un cielo de ilusiones y con un plus de peligrosidad. 


Necesito la fuerza o inspiración necesaria para forjar unos buenos cimientos que sustenten mi imaginación, mi coherencia, mi fabulosa idiosincrasia. 


Le puedo hablar al aire, puedo escuchar ecos y destellos de piedras preciosas entre las corrientes, de ideas creativas que se pulen en la soledad, esa soledad sonora que no llega.

Screens



Intento construir una explicación sobre los objetos que deambulan a mi lado, que despiertan mi curiosidad a pesar de todo el tiempo que he acompasado transformándolos, envolviéndolos, transportándolos. 


Utilizo sus bordes para crear el territorio en el que habito. Me sustento en el espacio que les rodea y que me cerca. Memorizo sus ángulos y su dimensionalidad, espero en las esquinas donde a veces tengo que apartarlos hasta que les llegue el turno para un recambio. 


Hago trueques entre ellos, busco intercambiar su simbología. Me prestan su permanencia, su esencia libre de enjuiciamiento; ellos no cambian, soy yo, es todo lo que se encuentra a su alrededor, lo que resurge, lo que cambia de manos por su novedad. Y aunque el tiempo les robe protagonismo, les descatalogue, yo les tengo aquí, les utilizo, les guardo un hueco, les dejo asentarse firmes en las superficies de mi casa. 


A veces me sujeto a sus bordes, me apoyo en sus travesaños, y busco una seguridad que no tengo en ningún otro sitio. Mientras tanto los libros siguen amontonados, el aire de la noche siempre huele a lentitud refrescante, las líneas horizontales se suceden a las que se apoyan. 


Me queda la amplitud de su espacio por recorrer. 

Despedidas




Despedidas; con sabiduría. Saber despedirse con el sabor de haberlo intentado. Sin sentir el alejamiento, sin reproches. 


Despedidas con paciencia para aceptar que el amor se sustenta en confiar en la lucha, pero que ésta no puede ser sin cuartel, a granel, a cuchillo. Que la lucha acaba cuando el verdadero amor al que se ha llegado empieza. Porque hay que saber cuándo hay que comenzar algo diferente. 


Cuando la necesidad se evapora, cuando se encuentra el calmante en otro sitio, cuando la duda termina y hay que afianzar las decisiones.