lunes, 30 de abril de 2012

Runaway



Unravel those lashes that thrill the cracks in the air. Return to the runaway. 


Slip as if written with fast ink over the pages, and button up those intentions and vows. 


I pretend that none of this matters, but it's certainly not true. I am the queen of concealment and transformation, so I'll be there, where it all begins. 

sábado, 28 de abril de 2012

Calor


Tengo calor. Quiero perderme en los escalofríos. Si hoy estuviera escribiendo una novela, hablaría del sudor condensado que exuda el papel, de cómo la página errónea eleva la tensión en las sienes. Hablaría de las carencias escondidas entre líneas, de los deseos insatisfechos en la sombra que no se pueden narrar. Hablaría de cómo la carne deja de ser trémula y se convierte en papel de estraza retorcido y se pule a sí misma. Hablaría del querer. De ese querer. 

Tengo fiebre, y mi lucha por que el sueño la calme sería en vano. Hay momentos en que me gustaría leer una novela de Chester Himes, y perderme en la pulpa de ese papel de los años sesenta, blando y profundo, casi maleable, y en su prosa capaz de capturar mi estado de ánimo y sublimarlo para permitirme al fin descansar un poco.

Calor. Maldito calor.

viernes, 27 de abril de 2012

Volar sola



Ya he llegado la hora de volar sola. Sin ataduras que me ahoguen, sin promesas que me encadenen, sin compromisos. Lo había dicho antes, pero ahora finalmente me siento completamente libre para hacerlo. Ni siquiera yo voy a permitir atarme a ras de suelo, ni voy a vincularme con nadie tanto como para sentirme responsable. Es un alivio sentirse liviana, aunque a veces parezca que la brisa más leve, cualquier corriente de aire que se levante y que apenas desplace un poco de polvo pueda desequilibrarme. 


Ahora voy a volar en solitario y tripular mi cabina en mi monoplaza, pero volaré en paralelo y en rasante en compañía de mi tribu, de mis semejantes, de mis creyentes, de las personas que me inspiran, de otras personas aventureras, ebrias por el reto. Vamos a compartir datos y reseñas de nuestras cartografías personales, apoyándonos las unas a los otros con convicción y amor a la libertad. No me han podido encontrar porque probablemente me había escondido y volcado demasiado en una relación, en la dedicación a mi familia, en el localizarme, recomponerme, rehacerme, medir mis fuerzas. Me he dedicado durante los últimos años a releer mis textos e imágenes de cabecera, a reciclar mi equipaje internacional y crearme mi propio espacio aquí sin apenas referentes. He organizado la mudanza de mi bagaje de vida y experiencias en tantos otros países, comunidades y gentes donde me forjé como mujer y como artista. 


Debo dar gracias a las personas que me han iniciado, que me han compartido, que me han animado y acompañado, que me han apadrinado con mimo y cariño, que han apostado por mí aunque vieran muchas veces con tristeza y angustia que la parálisis me atenazaba, que han sabido esperar con la misma calma que me han transmitido tantas veces. Su confianza en mí se ha mantenido firme, sin decaer, y me han mostrado el camino, la luz al final del túnel, me han recordado quién era, me han tarareado nanas para que viera con lucidez la consecución futura de mis sueños y proyectos. 


También les agradezco a aquellas personas que me han rechazado, me han desvinculado, que me han echado. Las personas que ya no quieren viajar conmigo han sido generosas, porque han conseguido explicarme por qué, y yo las respeto. 


Ahora reservaré mi compulsividad para que mi trabajo nunca decaiga, para que mi descanso sea salvaje, para que mi tiempo me cunda y pueda ser mío, para que me sobre y pueda colaborar con otras personas como yo. Necesito mi capacidad de emoción y trabajo para calibrar los riesgos, para revisar las rutas, avistar las ventiscas, maniobrar en las nieblas, soportar las turbulencias con coraje y aplomo. No voy a perseguir a nadie, tan sólo a un ideal; no voy a anegar a nadie, voy a nadar en la abundancia de mi potencial. Voy a guardar mis sueños para mí y no voy revelarlos demasiado pronto. Verán su consecución en mi sonrisa, en mi tranquilidad, en mi energía. Los sueños no se cuentan: se viven. 


No tengo nada que demostrar, ya no tengo nadie a quien salvar; es una sensación gratificante, y realmente me he ganado la plaza en este viaje que me emociona. Voy a concentrarme en mis proyectos artísticos y volcarme en la responsabilidad que suponen. No voy a perder la fe en ellos aunque otras personas la pierdan en mí. Llueva, truene o amanse, aunque me pesen los huesos y sienta terribles calambres en los músculos, yo seguiré fiel a mi viaje y a mi bitácora de ruta, cuidando de mi única tripulación, surcando las dificultades y los vientos del norte, dejándome mecer por los del sur. 


Es un gran sentimiento que llevo labrando un tiempo y que finalmente va a cuajar. Me doy la bienvenida. 

miércoles, 25 de abril de 2012

Principios



Diariamente venzo mis miedos, el asedio continuo de la costumbre de fracasar. Arremeto de una forma desorientada y ciega contra las alambradas que me cercan, el agotamiento crónico, la náusea interna. 


Diariamente. 


Diariamente recelo de esta persona llamada yo que me conduce periódicamente al sueño de ser mía, de pertenecerme, de libarme. Y a veces este desdoblamiento me ha aniquilado, pero hoy voy a ser valiente, voy a ser libre, voy a ser fiel a mi pócima secreta, a mis sentimientos reencontrados, a la labor de no cesar, de no hundirme, de no dejarme vencer. 


Mi primera sensación del día es la de recoger esa toalla tirada al suelo durante mis pesadillas, durante la mordida nocturna de la serpiente que me mantiene en vela con la resonancia de sus cascabeleos malintencionados. 


Los monstruos de arena sin apelmazar me persiguen segundos después del alba, cuando ya deberían haberse desplomado. Pero cuando desciendo de la cama mis pies descalzos se contraen con los granos de arena derramada que quieren embarrarme con la humedad del vómito de mi náusea. Vigilan mi tesón, mi disposición y determinación de superarme, y quieren convencerme de que no hay nada que hacer. 


Y piso las brasas, y la arena busca en los huecos hueros un resquicio de duda para inocularme el veneno paralizante en caso de flaquear. Quiere que abandone y que no renueve mis intenciones de seguir, quiere dejarme sin retaguardia, al desnudo y sin red. 


Diariamente me deshago y vuelvo a imaginarme. Debería dejarme guiar por los movimientos internos y reflejos que me pueblan como transeúntes nocturnos, que me transitan para reforzarme, para que ensaye escapadas rápidas e inadvertidas. 


Inhalo y exhalo y emprendo el paso. Es un principio.  

martes, 24 de abril de 2012

Tiempos



Habría que ver los tiempos estrechados a lo largo, en su distancia de seguridad, con sus días y meses bien ordenados y planchados, con sus necesarios periodos de resolución, en vez de agolpados como la tela de un acordeón por nuestro afán de vivirlo todo ya, deprisa, intencionadamente. 


El mañana debería tener su misterio, sus derroches, su sentimiento de anticipación. Ya que no se puede rebobinar hacia atrás, no deberíamos tener la urgencia de querer saltar hacia adelante y situarnos donde quisiéramos. El olvido tampoco es algo que podamos permitirnos manejar a nuestro antojo, nos muerde si lo intentamos dominar. 


Es un tiempo que vale para planificarte, para dosificarte. Un tiempo en que por una vez tú no eres la protagonista, donde puedes situarte algo desplazada e ir notando el ritmo al soltarse con el paso de los días como las cuentas de un collar. 


Si esperas, si te dejas llevar, si no te fijas constantemente en él, hará todo lo posible por hacerse notar. Te mostrará sus logros que tu percibirás como versos sueltos en déjà vu. Te dejará acercarte y mirar lo que está haciendo, y te explicará cómo habéis llegado hasta aquí. Te ofrecerá lucidez y te enseñará buenos modales con una risa contagiosa. Te dotará de seguridad en ti misma como una armadura reluciente. Te mirará orgulloso mientras cruzas el umbral y te decides a vivir en vez de huir.


Es el tiempo que debes vivir para sufrir la carga de pólvora ardiendo que te supone el sufrir por algo, es el tiempo necesario para cicatrizarte. Es el tiempo que recoges como un paquete envuelto en papel suave cuando estás dispuesta a caminar otra vez. Es un tiempo que te enseña el valor de las cosas, y que tú tenías razón: las recompensas existen, si vas muy deprisa te las saltas como a un obstáculo más. Si observas verás caer los minutos como gotas de lluvia, y tal vez aprendas de una vez por todas a hacer las cosas bien.  

lunes, 23 de abril de 2012

Helio


La gran incógnita es cómo ponerse en movimiento, encontrar la creatividad para soltar los balones de oxígeno contenidos en tus días.

domingo, 22 de abril de 2012

Barbecho


Hay un punto en el que sientes un tapón ubicuo que circunvala tu torso, y parece que el expresarte tendrá cierta dificultad. Y es esa expresión fundamental que tienes que lanzar como una lancha de primeros auxilios que navega independiente y en paralelo con el buque de tu vida, protegiéndole el casco, velando por su seguridad, inspirándole un afán de ser tú misma. 


Esa lancha, que ruge libre con el viento y el frescor del sudor marino, confía en ti y no se separa del buque, monitorizando su pulso y su respiración, imprimiendo con fuerza planchas de papel continuo con una precisión y una cadencia telegráfica en su febril seguimiento de tus constantes vitales. 

Y si alguna vez el buque la pierde de vista y navega solo, tal vez se sienta a la deriva, a merced de las corrientes y los seres marinos, inmersa en duda, con las olas invadiendo su superficie como dunas. 


La lancha es la poeta maldita, la pinacoteca de tus sentimientos más labrados, la marca de tus huellas dactilares en el resplandor de la luz; no busca un itinerario ni la dirección de un destino con desembocadura, se pierde y exhala. 


Si se desorienta y los cierzos la despojan de su imaginativa apariencia para volverla frágil, si la desligan de sus agarraderas y se tambalea en los picos de las olas espumosas con las velas marchitas por la incertidumbre, ajadas como totems destronados, no vacilará en su avance cortando el filo de la ola. Aunque los tendones que sujetaban el mástil quedaran sueltos a su suerte, con las riendas ensortijadas como serpentinas, no le importará, y encaramará su pecho al viento, sin miedo a su suerte.

Con las certezas destronadas, la siembra de ideas esquilmada por la escarcha, qué va a ser de ella. Qué va a ser de ti. Si te olvidas de la estructura que te sustenta, si te suplicas a ti misma no perecer bajo el territorio empapelado por los cantos de sirena, que esta vez piden prudencia, continuarás la marcha a ciegas pero lúcida, porque en algún lugar del corazón sientes con fuerza latir la fe en ti misma. Te distraes y haces lo posible para no atender al desgaste, y mantienes la vista concentrada en las agujas inmóviles de la brújula, sin dudar de que algún día se activarán con el pulso rítmico e inacabable que surca tus arterias. 


Los objetivos de tu rumbo trasnochado se mecen bajo la luz lechosa de la luna, en calma chica permanente ajena a los vaivenes de la eslora. La melaza intransigente de la lentitud no te extingue ni te inmoviliza aunque pretenda estrangularte con sus tentáculos de adormidera, sino que en silencio recuperas el ansia de existir, gota a gota, grano a grano.

Calles


Hay días en los que te invade la sorpresa de que tras hoy se suceda mañana. Porque mañana no tengo mucha idea de lo que voy a hacer. Sé que estaré aquí, pero no tengo claro mi propósito, no estoy del todo preparada. 

Me levantaré y estiraré el cuerpo, tendré que lavarme, comer algo, hablar con los demás, seguirles la conversación, ser amable, atenta, intuitiva. Pero a nivel personal no sé muy bien qué es lo que tengo que organizar, o planear, o qué madejas se asentarán al relajarme. 

Esta noche tengo una sensación muy extraña de desdoblamiento. No me siento coherente, ni en ruta, ni recogida, ni fuerte. Estoy cansada y mi mente no quiere retomar lo que he dejado pendiente. Qué sensación tan extraña. 


Es la soledad de no tener testigos de tu mundo interior. El que nadie esté en la avanzadilla y pueda guiarte, espolearte, nutrirte de ternura. 

Creo que es lo que pasa cuando enciendes un nuevo ciclo, cuando ya no actúas para reforzar una identidad compartida, cuando en tu cerebro hay algo nuevo que todavía no entiende. Es este nuevo existir en el que tengo que seguir caminando aunque se me hayan olvidado los nombres de las calles.

viernes, 20 de abril de 2012

Indicios



Qué vas a decir. 


Estás ahí, como flotando en la situación, como si no formaras parte, pero, sin embargo, de pie, presente, impregnada. 


Qué fácil es decir que no a todo. 


Como si pudieras negarte a beber de la fuente intrépida, como si pudieras abstraerte tanto que no hubiera forma humana de que alguien te encontrara. 


Qué tienes que saber.


Que estar no es lo mismo que no estar. Que vivir no es lo mismo que no vivir. Que empezar no es lo mismo que terminar. Que recoger no es lo mismo que sembrar. No voy a hacer una regla de tres ni un rompecabezas. Con que sepas pocas cosas, lo suficiente, ya está bien.


Quién te debería escuchar. 


Nadie. Nadie tiene la obligación de saber lo que estás pensando, lo que quieres, a quién amas, lo que te pasa. Puedes pensar que no es así, pero estarías equivocada, y además sufrirías. 


Qué tendría que suceder. 


Nada. Estar ahí, simplemente, y verlo pasar. Poco más. Por mucho que intentes diseñar tu vida siempre vamos a contar con lo inenarrable, lo inesperado, lo tremendamente, empecinadamente transformador, la dinamita pura. 


Cuándo nos vamos. 


Cuando quieras. Pero vamos a quedarnos un ratito más aquí. Para ver amanecer. Por favor, sólo un ratito más. 

jueves, 19 de abril de 2012

Libro de cabecera



Rilke. 
Mañana. 
Para siempre. 
¿Entiendes?


... pues los poetas hacen mal en quejarse en vez de transformarse, duros, en palabras como el cantero de una catedral se transforma en la calma de la piedra. 


Cartas a un joven poeta (1903-1908)
Rainer Maria Rilke 

Levando



Hay veces que me presento ante la página en blanco sin miedo, tan sólo indecisión, sin poder precisar exactamente dónde posar el ojo interno. Desde ayer he tenido una transición. He estado con mis sobris y eso siempre me encauza. Además estoy desarrollando una manera de comunicarme con ellos que es muy imaginativa y muy genuina, y no tiene precio. Me siento muy cómoda con ellos, y sobre todo una parte de de ellos, y eso tiene mucha importancia para mí, ya que a menudo me he sentido desarraigada. 


Hay veces que mis reflexiones me parecen más mundanas, pero tienen igual de importancia que cuando se me abre el corazón como una sandía y las pepitas brillan. Es lo mismo. Soy la misma persona. No necesito hacer siempre literatura. Todo empieza con contemplar el día al haber transcurrido, y pensar en el siguiente. Es una disyuntiva, un momento ideal para reflexionar, para dejarte llevar por la magia del momento cambiante. 


Ayer pensé que no iba a relacionarme con nadie hoy, y al final ha sido lo contrario. Pero ha ido bien, porque me he dado cuenta de que estoy bajando el nivel de ansiedad, de exceso, de descontrol, y, aunque me ha entrado una astenia formidable, me siento más entera. 


Hoy a habido una emergencia, y como siempre, la verdad hay que decirla, he estado a la altura de las circunstancias y he solucionado. Me gustaría de dónde procede esta habilidad, y si puedo utilizarla en mi propia vida, en las pequeñas emergencias, cuando haces aguas. Me gustaría tener la misma capacidad de respuesta innata. Pero yo creo que esto me viene del adn de mi madre y mi padre, médicos. Me resulta sencillo, es como si cuando todo el mundo pierde la cabeza, yo tengo claro que alguien tiene que estar en la avanzadilla. Otras veces, en situaciones mucho más triviales, reacciono en exceso. Voy a comenzar los sincronismos. Ojalá pudiera llevar un reloj de competición para sincronizar mis movimientos, para entrar en esa zona de lucidez cuando lo necesite. Tal vez a mí me pudiera resultar más sencillo de lo que me parece. Supongo que en esos momentos me sitúo fuera de la situación y la observo con objetividad. Sólo tengo que encontrar la manera de hacer esto conmigo misma. Tiene todo el sentido. 


Hay algo que estoy intuyendo y es que debería esperar menos de mis interacciones con la gente. A veces me expreso simplemente para arrinconarme más, y, sin embargo, tal vez el guardarme mis ideas y mis impresiones para mí pudiera crearme una mampara de protección. Tal vez sería una manera de no dispersarme, de poder escuchar esas sensaciones y esos pensamientos en mi cabeza y darme cuenta de lo que siento y lo que pienso, en vez de decirlo y recibir una respuesta inmediata de la gente que suele ser invariablemente indiferencia o resistencia, y esto me mella poco a poco, y no me permite ver la valía de mis emociones. Esto me pasa muchísimo en España, y es algo de lo que tengo que ser consciente. 


No sé cómo va a ser el día mañana. Creo que me he dado cuenta de que estoy cansadísima, posiblemente como respuesta a la locura de ritmo que llevé la semana pasada. Y será bueno el descansar y relajarme. Debería dejar pasar un día con tranquilidad y curiosidad por cómo va variando la meteorología. 


Una cosa queda claro. Ningún día es igual al otro. 

miércoles, 18 de abril de 2012

Centauros



En estos días ha habido un baile de identidades. Una especie de embarramiento de mi identidad, y he permitido juzgarme por cómo otras personas me veían. Parecía casi que era un experimento; pero no, ha sido una realidad que ha durado un número inmenso de horas, y que, espero, haya llegado a su fin. 


Ha habido unos días inconclusos en los que he necesitado hablar y he terminado explorando mi vida con personas desconocidas. Esto ha tenido un resultado previsible: me he saturado y me he afianzado en el camino de vuelta. Ahora casi no me reconozco en la persona que he sido en los últimos días. También he de decir que estoy haciendo un esfuerzo por tranquilizarme, porque he estado muy nerviosa y yo misma me he sorprendido con detalles poco edificantes y explosivos. 


Así que aquí estoy otra vez, navegando de vuelta a puerto, o saliendo de nuevo a la mar, no sé. Pero lo que sí es cierto es que vuelvo a adentrarme en mi vivero de señales, de imágenes y comodines. Mis bestiarios, mi imaginario, mi cartografía personal. Y como siempre que sufro algún tipo de traumatismo, de detour, parece como si me (re)conociera a mí misma otra vez, de forma primigenia, con tentativas. 


Y mañana voy a intentar el mínimo contacto con gente, palabras y declaraciones, para dar la vuelta a la esquina y volver a recabar donde estábamos. 


Ahora voy a dormir, que me estoy cayendo de sueño. 

martes, 17 de abril de 2012

Prisa



Esta noche tiene prisa por hacerme descansar. 

lunes, 16 de abril de 2012

Hot


Hace mucho calor. Estoy intentando respirar suave pero profundo para animar a mi cuerpo a exudarlo. 

No consigo encontrar apoyo para mi espalda, y no quiero simplemente tumbarme y apoyar toda la espalda en la cama. Llevo dos días intentando ver de qué manera puedo estar despierta y sentir mi espalda fuerte, empinada, sosteniendo mi cuerpo y mi pensamiento. 

Hoy hemos tenido que sujetar a mi padre porque no tenía fuerza para mantenerse en pie. Y ha sido muy difícil. Y aunque me he hecho daño en la espalda, hay una parte de mi cuerpo que está recibiendo oxígeno, que estaba dañado y que ahora demuestra su entereza. 

Es el oasis de mi tranquilidad interior.

domingo, 15 de abril de 2012

Reposos

Los dedos me tiemblan, la mente no está certera, veo mi pie a lo lejos encima de la mesa mientras tengo el ordenador parapetado entre la cama y la cadera. Un poco más lejos están todas las fotos de mi familia. Estoy en casa de mi madre y mi padre, como todos los fines de semana. Y voy a dormirme pronto. Y este estar es diferente a mi estar. Aquí el suelo tiene alfombras y el aire circula en círculos concéntricos en dirección inversa a mi casa.

Aquí me digo que tengo que escribir. Voy a escribir que ya sé exactamente lo que haré el lunes por la mañana. Oiré a mi madre levantarse pronto e ir a la cocina. Ya no me despierta porque sabe que voy a dormir un poco más. Pero a partir de ese momento ya estoy pendiente de si llama el hombre que cuida de mi padre y ella está todavía en la ducha, porque tendré que abrirle yo.

Luego probablemente, efectivamente, dormiré un rato más. Aunque me sentiré mal porque no me gusta que el hombre me vea salir de la habitación tan tarde, y que él se haya levantado mucho antes para trabajar. Es una tontería, pero es así. Cuando hay gente en casa ya no estoy cómoda, siento que no tengo libertad, que me observan, o que como mínimo se fijan. Escucharé en el último tramo de sueño mal tirado cómo duchan a mi padre, y cómo el hombre, cantarín, le dirá cosas agradables a mi padre, como si fuera un niño, pero un niño al que se le quiere. Y yo sé que no lo hace sólo porque mi madre le escuche. Le escucho yo, y no sé si él es consciente, pero creo que ni se lo plantea. A mi padre no le oigo, alguna vez parece que dice hmmm? o mmmmhh! y eso es todo. Pero me lo imagino, tengo clara en mi mente su mirada, su piel reluciente enjabonada, su largo cuerpo recibiendo la ducha con la cara algo sorprendida, como si no supiera lo que iba a pasar después. Sé cuál va a ser el olor que dejará en el baño y que yo notaré cuando entre luego a ducharme. Es una mezcla de jabón y sal. Y sudor lavado.

Después, me iré a tomar un café en la cocina. El hombre me mirará sorprendido de verme, como todos los lunes de los últimos meses, no sé muy bien por qué. Por qué la sorpresa. Creo que ya ha debido darse cuenta de que me levanto rota y mi habitual personaje dicharachero brilla por su ausencia, y en vez de eso se encuentra con alguien que anda despacio, como si todos los músculos le pesaran, le miro y le hago un gesto simpático, pero con toda la tragedia que pueda reflejar en mi mirada, porque no le puedo mirar directamente, porque no puedo mirar a nadie directamente a los ojos por la mañana. Si mi padre está ya en la mesa, le daré un beso en un lado de la cara, y antes de ir hacia la vitrocerámica le mesaré el pelo duro, rizado y gris muy fuerte con la mano, una manera de darme a mí misma los buenos días. Él lo notará a su manera. Pero sé que lo hace.

sábado, 14 de abril de 2012

Futuros



Entradas y salidas. De un punto a otro, de una persona a otra. De un día a otro, como si lo que hubieras hecho el día anterior no acumulara. Y al final hoy casi no he oído nada de música. 


Mañana iré a la casa de mi madre a cuidar de mi padre otra vez, como todos los fines de semana. Y esto es bueno porque estructura mi semana en cierta medida, aunque a veces sea emocionalmente agotador. 


Sé que durante el finde tengo que pensar en él, y en mi madre, que no voy a quedar con nadie, que voy a escribir, ver películas, comer bien, vivir en ese otro mundo que se llama el presente. El de coger una cuchara y mirarle fijamente a los ojos mientras él mira fijamente a los tuyos, y esperar el momento en el que quiera abrir la boca para tomar otro bocado. El del tacto: el de saber la postura exacta en la que él no se caerá o estará incómodo, mientras tú miras por no hacerte daño, y que al mismo tiempo tu madre tampoco se lo haga cuando le movemos.


Es el presente. Porque mi padre es puro presente. Tal vez mañana deje de hacer algo importante, como cuando dejó de hablar de un día a otro, o cuando le compramos la silla de ruedas y ya nunca más le vimos andar solo. Así que cuando estás con él siempre es como el principio de la historia, y cuando te vas, el final de la historia. Que tal vez se repita mañana o tal vez no. Y me hace reírme de la obsesión por el futuro que existe en nuestra sociedad, cuando a veces no puedes hacer nada más que vivir el presente, sin presentir el futuro caer en tu regazo.

viernes, 13 de abril de 2012

Paisajes / Ciudades



La noche es flexible, el día también lo ha sido. Hoy me ha mecido la música, el sabor, la conversación suave, el trabajo. Me he sentido acompañada a pesar de ser incapaz de comer. A duras penas me he alimentado, y ha sido a partir de las cinco de la tarde, cuando se me iba la cabeza y quería fijar la vista en alguien, y casi no podía. 


Pero hoy ha sido un día intenso, de amplias espaldas, posibilidades inciertas y trémulas, y sensaciones placenteras sin decirlas, guardándomelas para mí, con cierto miedo tal vez de que se traslucieran en mis ojos. 


Mi lengua ha sido vivaz y ha lanzado lametones cariñosos al aire mientras hablaba con ligereza. Es una pena que me doliera tanto el cuello, que me sintiera presa de un bajón de azúcar, que me notara los ojos acuosos y tal vez enrojecidos. Pero he hecho lo que quería hacer, y no siempre se disfruta de este lujo. 


He estado contigo y me he imaginado lo que las mariposas en mi estómago me iban dictando. No tengo que dar explicaciones, no tengo que planear el futuro, no me importa ser kamikaze por mi impaciencia, la verdad es que sólo me importa vivir el momento, en silencio, y si quieres puedes acompañarme, y si no quieres volver yo he sentido el placer de estos instantes, y es mejor mantenerlos en la memoria, haberlos vivido que haberlos preparado asépticamente para conseguir algo, tal vez, luego. Como hacen las seductoras. 


Yo sólo quiero respirarte y percibir, escuchar de dónde vienes. Como el resto de las cosas que me rodean. Nunca entiendo nada, así que no pretendo ser más sabia hoy que ayer, y de repente hacerlo todo bien, y saber lo que me estoy tramando. No, claro que no.


El único plan que tengo es intentar, al menos, ser fiel a mí misma. No sé cuánto voy a vivir, con lo que ¿para qué seguir amoldándome, adaptándome? A veces no quiero estar en Madrid, y me cobijo en la república independiente de mi casa. Ahí tengo a Londres, San Francisco, Nueva York, Ámsterdam, Berlín, y simplemente me comporto como lo hubiera hecho entonces. Tengo tantos recuerdos de mujeres que han estado en todas las casas en las que he vivido, que me han hablado, con quienes he compartido la experiencia de un país, de una ciudad, de un cuerpo. Quienes se han sentado en mi sofá, o yo en los suyos. Era de día o de noche, entrábamos o salíamos. Nos conocíamos o acabábamos de conocernos. Y a ti te ha tocado el turno de estar aquí conmigo por una intensa coincidencia. Tal vez, unos segundos más, y no hubiera pasado. Por eso no me siento responsable de ti. Ni de mí. Y sólo voy a vivir el día a día, sintiendo la sonrisa que se acumula en las comisuras de mis labios, notando cómo me enciende por dentro, recibiendo el calor que se distribuye por mi cuerpo como si me pusiera encima una manta polar suave y amorosa. 


Y eso es lo único que quiero pedirle a una mujer. Porque no tienen que hacer nada para extasiarte, para recibirte, para comunicarte su esencia. Y por supuesto soy excesiva y acaparadora, pero me ha gustado escucharte, a pesar de mi dolor de cuello y el sentirme cercana al desmayo, no sé si te has dado cuenta. Pero mañana no voy a pedir que vengas. Puedes hacerlo o no, si quieres. No se puede vivir la vida pidiéndole regalos al futuro. Bastante es ya que al abrir un grifo obtengas agua, o que los servidores de tu correo web almacenen tus mensajes y no se borren cuando apagas la pantalla del ordenador. 


De todas formas, estoy bastante cercana a que no me puedan reconocer. Pienso en ingles y hablo en el idioma que aprendí de los 0 a los 21 años, antes de irme de España. Me expreso con el cuerpo como cuando bailaba en Londres, y la música que escucho evoca todos esos momentos vividos que todo el mundo desconoce. ¿Cómo puedes explicar esto? No siento que tenga casi cosas en común con nadie, y sin embargo esto me hace cada día sentirme más tranquila, menos ansiosa, más capaz de centrarme y cuidar de mí. 


Hoy sé que no tenía hambre porque se me habían mezclado los sentimientos y las emociones en un bocadillo indigerible. Esto es simplemente ser ciclotímica y notar cómo los sentimientos se mezclan en cuestión de un minuto y tú sintiendo ese embrollo dibujado a lápiz sobre tu cabeza. Mejor divertirte, disfrutarlo. Mejor distinguirte con ello. Como estoy haciendo un proyecto que me ilusiona, al que puedo dedicarle mi atención, que me permite hacer lo que más me gusta: conectar con la gente en un entorno creativo y ofrecerles mi imaginación y guía, pues es normal que mi potencial se desborde un poquito y sea capaz de oler, de ver, de sentir de forma más afinada, y eso no se puede describir. Es un sentimiento de paz interior que no voy a permitir se malee por el estrés, el miedo o la ambición mal entendida. 


Si la semana que viene este proyecto se plaga de pequeñas frustraciones, no seré yo quien las sufra. Voy a dejar muchas responsabilidades en manos de otras personas esta vez, y voy a disfrutar del paisaje. Un paisaje con mucha, mucha música encendiéndome. Y estarás tú.



jueves, 12 de abril de 2012

This is how I feel today



Así es cómo me siento hoy ...

miércoles, 11 de abril de 2012

Presenciando el sueño de verano



Todos los sueños se encumbran en un doble sentido que requiere prestar tu atención a las hojas en blanco de tu vida. Son pérdidas y tesoros reverberados que traslucen el significado de la valía y sus misterios más profundos. Recogen aquellas salidas de tono del mediocre día a día, y los oros escondidos en los recovecos terrestres.


Su radio de acción es insospechado, la niebla misma admira su arrojo y fuerza contenida. Serían más frugales sus intenciones si no se empeñaran en pasar desapercibidas. Ellas son tales que no resisten la mirada estudiosa del paso del tiempo, y brillan entre restañadas y extasiadas. 


En bandejas de estrellas escojo mis enojos, que perdidos se encuentran, y raudos se congregan. Me niego a verlos desaparecer sin un último destello de fulgor invernal. Escojo mis momentos de reflexión con ardua y fastidiosa minuciosidad, milímetro a milímetro. Escancio mis deseos y me deshago de mis debilidades, que son trituradas. 


Los ánimos versan en idiomas inexplorados por las narraciones. Entretanto las pasiones vitales saltan de poeta en poeta para coronar a quienes gimen placeres extasiantes con el terreno cubierto por un manto de rosas. Las plumas estilográficas ejecutan una poderosa coreografía de sombras. Es ámbito de reinas y Taifas que apenas apuran el combustible de la noche y ya se rinden inquietas ante tan grave concierto de romanticismo perdido. 


Refuerza los lados infranqueables de la simiente, germen de la verdad, si pretendes amoldar con su fuego el futuro y el pasado. Aborda la coronada efigie con su burda palabrería y rechinar. Todo esto simplemente fortalece el calor híbrido que todavía bombea por tus venas esta noche de julio, este julio caliente y sensual. 


El sueño, ese temor nocturno desangelado que me desequilibra, me tiene prisionera en una interminable vigilia. Recuerdo sus tintas y sonidos cuajados de placer impropio. Es simple y sencillo: una humilde pasión de necedad invariable. Lo rápido se hace permanente, y el mínimo posible es realmente insuficiente para disfrutar de la vida, de esta vida en vilo. Me arde la frente, el vientre, las sienes, e intento refrescarme el cuerpo. Sujeto cubitos de hielo contra mi cuello hasta derretirse  mientras me aflojo la camisa. La ventana susurra ligeras corrientes de aire que me alivian. Así propongo quedarme. Esperando. Gozando del momento, tan solo del momento. ¿Qué hay si no?


Tengo que rendirme ante la majestuosidad de la noche si quiero vertirle el antídoto para que aparte la obscena mediocridad de los días repetitivos sin inspiración, para que respire al fin. Fuerza esta noche para que anhele los alvéolos sexuales del verso recorriendo ruborizada cada una de estas páginas. Sin apenas tiempo de masturbarse hasta el orgasmo en esta carrera contrarreloj. Roza la noche con las yemas frescas y suaves de tus dedos. 


Estas noches ardientes acumulan miles de cuentas pendientes con la eternidad. Aquélla que habla en símbolos desde su oráculo, y que renueva sus votos de honestidad con el pasar de cada cuarto creciente de la luna. Allá lejos, donde dormita el coloso piadoso que salva vidas humanas a cambio de relojes de arena. El cónclave urbano de rabia contenida y los verdugos de los minutos caídos apenas retornan al mundo interior de los sentidos. En la calle la oscuridad hace una reverencia a los seres complejos que sobreviven en esta inmensa farsa de pies y manos y sombras chinescas animadas en la oquedad de los teatrillos vespertinos. 


Hay tonos de hielo en esta noche cerrada que no redime sus anacronismos. El frío es tan agudo que silba afiladamente por los cajones sastre en perfidia sublime, para acorralarnos en el vacío.


Revela las semillas y la hojarasca de cáscaras fértiles hasta nuevo aviso (yo te avisaré si quieres). Nadie quiere llorar, queremos reír, aunque sea participar del tremendo circo urbano de sabios de aceras mojadas y promesas con bocas pequeñas. En esto estamos y en ellos nos convertiremos. Si no es pronto será más tarde cuando nos quede un último vestigio de dignidad. Para retomar los grandes sueños colectivos que perdimos al argumentar y acometer, como si de una acción escénica y desnuda se tratara. 


Andamos seguras de que nadie pueda reconocer ni un simple vestigio de nuestra vidas secretas en esta revolución sin sentido. Llevamos como escudo nuestros anhelos y nuestro ideal especular con la moral destripada mientras nos rodeamos de sinfonías envueltas en trágicos cantos de cisne. Realmente un espectáculo digno de encerrarse en una cajita de cristal donde se agita la nieve, para reflexionar sobre las ondulaciones de su movimiento y sus cáscaras de espuma. 


Agonías nocturnas con los ojos semi cerrados en ciernes, escasez de horas de sueño, que no pueden limpiar tu espíritu trasnochado.


Esta indiferencia se entiende que es implícita. Es parecida a un estado febril, una acumulación embrutecida. Se nutre de un hastío irreverente, y aspira a desvanecerse no sin antes haberse impuesto una tarea, ahogando sus destartalados segundos de ocio. Me impongo un régimen estricto para prosperar y cimentar mi recuperación. 


Dopamina: nivel cero.


Ganas de llorar: sentimiento en flor, ligeramente invalidado.


Brillo exterior: deslucido (con posibilidades de cambio, variable).


¿Qué puedo hacer ahora en este preciso momento para sentirme mejor? Planear quimeras iluminadas para luego.


Este día tiene un tono plomizo que engaña. No es amenazador, es de no pasar nada. La vida de las ideas te despierta a cada instante con un estallido de satisfacción. Arrebátaselo.

Perdona ...


Y cada día es tanto un comienzo como un reencuentro. Una frivolidad y un trascendente suspiro. Cada día alberga la simiente que expande la maravilla, el horror, el resplandor ciego de la libertad, el letargo acurrucado de la oportunidad de oro. 


Y nosotros, somos recipientes inconexos, perecederos, no fiables, y seguimos la sarta de personitas de papel para unirnos a ellas, las piñatas cluecas rellenas de estrellas como piñones, y las viviendas de sueños for sale ...

martes, 10 de abril de 2012

Cartas enviadas a una joven poeta


Cartas enviadas a una joven poeta con la certeza de lo hablado. Distante, ves los objetos. Una silla, una carta, una ventana. Y necesitas hilvanarlos en un todo continuo que te asiste a flor de piel pero que no te define. 

Cautionary tales

Madness. Want(ing). Don't explain, be free yesterday. Don't say it. Breathe. 

Mensaje en una botella

No expliques
No digas
Siente


Para I.B.

Encendida


Me temo y me acojo a partes iguales. No sé si confiar en mis comportamientos, mis reacciones, mis metas soñadas. Pero intento agarrarme a mis certezas como la montañista al filo del peñasco del que depende su caída al abismo o la subida y entrada en la cumbre sublime. Sin el cómo ni el por qué; tan solo sé que debo anclarme y ascender por la estructura de alambre que se magnetiza y vincula a un forro acolchado. A la cadena de luces engarzadas que alumbra la noche estrellada con una melodía agradable tal vez desafinada. 

Y el escribir y recorrer(te) no siempre es fácil. El recogerte en partes y situarlas en cajas, y resumirte en esos puntos fijos que serán tus soportes, es una labor que supera toda fe. Te supone un arraigamiento profundo con lo evocado entonces y la interpretación del espacio suspendido en el aire líquido que te contornea alrededor. 

Y saber no es lo mismo que hacer, y te pides hacer y luego saber. Y eso es tremendamente arduo y descabellado. Es como entonar un himno siendo apátrida, o aislarte sin que quede ya nadie. Es igual que tomar decisiones a contraluz, tras el polvo levantado por la estampida en la noche, y continuar llevándolas a cabo aunque llueva y enfermes o el sol te deslumbre. Es recabar en un silencio que se carda de aullidos, y ensordecerte con el aloe vera que rezuma del ficus. O mancharte de tinta con una hoja en blanco, y recordar un camino no recorrido con todos los detalles.


Es lo incierto, lo nonato, la selva, el encuentro difuminado con la maravilla.

lunes, 9 de abril de 2012

Cortavientos



Estoy observando las tiras de sensatez refrendada en mentiras que se han desvelado muy pronto. Esa sensatez de no vivir entera, de ser un tropiezo de ti misma, de que el tiempo te narre y no tú, encontrándotelo.


¡Ah! Esa sensatez. Intransigente y falsa. Como la nieve nueva. 


Está sostenida en la farsa que has descubierto ahora mismo entre la maleza, al aligerar el paso. Y tu viaje es verdadero, tiene la velocidad acordada, con certezas intermitentes y revuelos planeando sobre el terreno. 


Sin red, sin sueño, sin miedo, sin precaución. Dándolo todo pero primero esperando que ocurra. 


Y la tinta acude rauda para acompañarte, y tal vez reanudas el paso impresionada. El tránsito por este terreno abonado te saca de tu letargo, de tu no saber, del barbecho de tus emociones más básicas. No sabes adónde ni quién te acompaña. 

Soy yo, es ella



Necesito la tranquilidad de la intimidad en el roce, y la turbina, la emoción cuando te das cuenta de que has conectado con ella

Realizas lo creativo, encuentras la escritora que eres en las palabras que dices. La lista continúa, seguramente ...

Escribir y releer. Observar desde dentro. Inspirar. Deslumbrar los procesos del corazón al leerte, escribirse, mirar. Busco y ansío las distancias cortas. Distancias entre personas, cuerpos, sitios. La vida retro, segundas manos. 

Los libros se reescriben, ella te los presta. Cuando ella aparezca. 

Estoy subida a la realidad por ser el único tren, pero siempre mirando atrás, las rutas, el rastro de ... 

Podría decir más. Que recuerdo los sabores y las imágenes mas que los nombres. Y entonces tengo que escribir para renombrar.

La pasión lo es todo. La certeza, también. Debe hacerse, no importa cómo, no sabes cuándo. Esa pasión por el conocimiento y los mundos interiores que aflorar en círculo. 

La lentitud. Ese tiempo que se suspende en la finura del aire. Tener tiempo. Tener todo el tiempo. 

Tranquilo, cómodo, aquí. 

domingo, 8 de abril de 2012

Acuática


Tengo un cansancio subterráneo, de mujer escafandra, de buceo (sub)marino entre algas de deseo sin explorar. Siento las corrientes profundas que fluyen y se desplazan por doquier, de hemisferio en hemisferio, sin saber de reglas ni coordenadas. Sin ser sumisas ni abanderadas, tan sólo libres, en consecuencia. Retoman a su paso los pétalos de la conquista, de la interrogación, de la pregunta al vuelo que se responde sola en revelaciones subacuáticas. 

No pretendo unirma a ellas, tan sólo admirar su moción, su atrevido albedrío donde el cansancio no cuenta, ni el pecho debe rogar por su ansia de oxígeno, porque el agua podría anegarlo. 

Habría que abrirse camino entre las rayas del agua y su cuchillas de hidrógeno afilado. Para ser libre hay que conquistar la libertad desde dentro y extirparla como a un quiste maligno que te contamina de rebeldía virulenta. Indexar sus células laceradas y seccionarlas con precisión clínica hasta valerte del trozo que aún respira, que huele a carne. Sanará y te proveerá entonces de claves para arriesgarte. 


Es una libertad sin contrapesos ni beneficios. Una libertad entera, basal, granulosa, sin refinar; y tomarla significa desposarte, la combustión del presente, el renacer.

Poesías


Me retiro a un sitio especialmente creado a mi medida para demostrar mis reincidencias. Con el pulso plano y la mirada exasperada que produce la aplicación de una técnica perfecta, de un sobre sin remitente y un destino incierto donde transitan las flores del mal recién redimidas. Y así recupero la inocencia de una mente incendiada por la impaciencia de pensamientos en forma de dunas. 

Recuerdo el arco del sol de esta tarde y reflexiono sobre si su luz nuclear ha de desintegrar la melancolía y recoger las cenizas de la suerte. 

Busco la simpleza, las sublimes incoherencias, la salvia integradora, la liberación al fin. El pecho henchido y el aliento libre.

Location



Quick rerun, quick rerun. 

Poetry.

Websters



I missed your call. 

I'm still disassembled. Still trying to taste the flavour of intimacy in thought.

When poetry


Clutching a sweaty piece of written paper with the utmost certainty that a part of you, of your life goes along with it. If you had it chewed up in your mouth you could taste your own reality, and the ink would query your intentions. 

Some things are not meant to be transcribed.

sábado, 7 de abril de 2012

Reválidas


I'm not planning on becoming an adult anytime soon.

I am not just saying it to justify my misdemeanors, to find an easy way out of my responsibilities. It's just that if I'm an adult I don't want to have to think about it, practice at being one.

When my dad is on his wheelchair and we go for a walk around the neighborhood, I see how all these grown up adults try to avoid him, can't stop to say hi to him. That look on their faces says that they can't bear seeing a grown up adult becoming a child again.

jueves, 5 de abril de 2012

Aullidos



Me entretengo con mi vida aquí, pero debo regresar. Debo volver al estado vivíparo, arraigada a mi esencia, porque no me compensa estar diluida, entregada a integrarme en esta realidad prefabricada. Debo disipar los vapores de la contienda y volver donde todo tiene un sentido bajo la tierra mojada, entre los granos de trigo dorado y los alféizares indomables en andas con las flores de las enredaderas voladoras. Ahí es donde pertenezco; no en el solar, la respiración asistida, la lucha fingida del pulmón mecánico. La vida siguiendo a la máquina, la que no me alimenta, no me sostiene y apenas me ve.


No es fácil. A veces reincido en esa necesidad primigenia de volar libre por el asfalto, de recuperar mi perfil mundano, de ser lo más humanamente normal, y de pasear por las páginas del libro narrado y la historia perfilada de mi futuro. Porque en realidad no soy capaz de ejercer el funambulismo, no me compensa entrar y quedarme. Porque tan sólo se trata de una visita circunstancial, independientemente de los años en los que me masturbé con ella. 


Debo volver, implicarme con un sentido nuevo que me ayude a vislumbrar mis puntos ciegos, que no me regrese a la ira, sino allí donde yo pertenezco. 


Encuentro que una vez que he salido de la trinchera y me he desgarrado con las alambradas en mi huida, toda la dificultad, todo el polvo sucio que me atormentaba, todo el silencio amoratado se desvanece, y yo aparezco. El precio a pagar es la soledad, pero ¿acaso no lo ha sido siempre? Ese no pertenecer, ese no contactar, ese no poder conversar sobre estos sentimientos que parecen existir en un mundo paralelo, y que sin embargo están imbricados en las entrañas del verdadero ser que soy yo. Este ser al que no juran fidelidad ni las personas más amadas. Porque no suele pasar. Sólo me vislumbran en la niebla, cuando me acerco al ocaso o al precipicio, y aún así no pueden llegar a mí. Emprendieron el viaje demasiado tarde. 


Y esas conexiones no tienen cobertura, no tienen futuro porque no se pueden mezclar dos mundos en uno, ni las dendritas se conectan en entornos cavernosos, y cada persona tiene que caminar descalza sobre el prado, arrancar las margaritas con lágrimas, porque la belleza se induce, se arranca, se prostituye, y todo el mundo piensa que sólo tienen que dejarse llevar por un arrebato de poseer, de poseerte para después verte marchar después de haberte abandonado. 


(Y) en el amor todas las frases se empiezan con una y griega, con un atropello, como un tanque que se hace paso en la base estructurada, al que no pude ver entre la espesura del imaginario falso que me poseía, que me impregnaba de forma voluntaria, pero ciega. No supe ver el peligro de muerte que me acechaba impetuoso y distante. Me iban a triturar como a la carne revuelta. 


No me puedes tener porque tú no te tienes a ti misma; no confías en mi, porque no confías en ti misma. No sabes quién soy y aún así te acercas a mí con lo esperanza de que te descubra los meandros de sangre licuada de tu subconsciente en los que no se conoce con precisión el punto exacto en donde nacen. Aquellos que recorren la mente de forma subterránea y que ignoran la visión diurna. Es sólo cuando los expones, cuando los intuyes, que corren y se incorporan a la luz cegadora del día, a la del sol que te calienta las venas de tu cuerpo erecto, donde el cansancio no te repliega, y la energía no te recubre. 


Quieres encontrar tu creatividad, tu vida entera. Tus dragones de invierno, tu ser más cierto, más certero, el prado de flores blancas extendido hasta lejos. Tu ser reflejado en ti misma, en las ciénagas, en los claros, en los estíos, en tus recuerdos de cuando eras feliz, de cuando eres feliz, de serlo. De extasiarte con tus ideas como al beber racimos de uvas, como al nadar con los pulmones abiertos, como al respirar el ardor de esa frescura que está dentro de ti y dentro de ella. Porque ella, yo, vivirá contigo, te comprende, nunca te abandonará. Tendrás la intimidad, primero contigo, primero con ella. El mundo será tuyo: lo escribirás. Te leerán, verán tus cuadros y los meandros de pinturas vivas, de pinceles cargados y goteando rocío de azucenas blancas y reflejos de bermellón, de amarillo lechoso, de la mezcla de la pasta dúctil y húmeda, y verla expirar vaho pegada al lienzo que despliegas como una sábana, delante de ti, como el folio primigenio, sin escribir. No quieres abandonar esto. Lo arriesgarás todo, lo abandonarás todo por esta libertad sin límites, fiera, como hacer el amor, como ese sexo que recuerdas durante todo el día, al andar, al comer, al volver a ella, y comenzarlo otra vez. 


Del despertar con tu amada cerca, antes que ella, devorar la blanca mañana, con el deseo revelándose en esa pequeña rebelión de tu piel desnuda. Mirando sus manos y deseándola, queriéndola a ella. Es cuando escribes; ella no te mira porque duerme, pero está contigo. París. La buhardilla. El olor a pan recién hecho. La vida bohemia sin peligros, ni escapadas. 

Y no cuentas las horas, cuentas los días y los regresas. Te sientes fuera del holograma. Decides seguirme a ciegas y dedicar tu vida a la melancolía, al crear, al ser distante con ese mundo material, a no dejarte atrapar, a ser coherente contigo misma, a volver a ser tú. Te sientes creativa, libre al fin, pletórica, con ideas como torrentes de lluvia sembrándote por dentro, emanando historias, anhelos. Quieres crear, sacar fuera de ti ese alambre enredado, convertirlo en crines de un pura sangre, y verte reflejada en su destello de cabello de ángel. Quieres ser artista, vas a renunciar a todo lo demás, vas a ser, vas a escucharte, vas a expectorar. No te importa si lo que escupes es oscuro y rancio, esperarás a que se depure. Si tienes que enfrentarte a tus miedos lo harás y les harás frente, aunque te arrinconen, aunque te hagan volverte contra ti misma. Quieres vivir de otra manera y yo dejo un rastro sobre el terreno que quieres seguir, quieres alcanzarme y andar juntas.


Pero esto no dura mucho, porque la realidad ruge, intenta hacerse camino brutalmente, aporrea la puerta del castillo amenazando con destruirlo todo, con llevarse al Hades tu cuerpo desollado, tu propiedad más preciada dándole la espalda y convirtiéndola en una estatua de sal. Y te escocerá y abrasará mordiendo y creándote llagas por las que exudarás un pensamiento: mi último suspiro escapará, y al morir no podré expirarlo y avisar de mi inminente salida, extinguiéndome sin compañía ninguna. Esos 21 gramos.


Y te entra el miedo, porque la creatividad duele, porque no es fácil oponerse al salvaje viaje, porque te enfrentas a todo y a todos, y sobre todo a ti misma, a tus totems, a tus apotemas, al precipicio; y eso duele. Porque sabes que tendrás que abandonar tus deberes, tus responsabilidades, dejar caer la plata brillante de tu sustento, de tu futuro, de tu vejez, si hay vejez. Y si te quedas estarás en enfrentamiento continuo contigo misma, con tu mediocridad, con tu polvo fermentado y podrido, con la mezcla brutal entre la vida y la muerte, con el acercamiento al no existir porque ya no puedes escribir, no sabes crear, porque estás exhausta y tienes miedo a dormir, y porque no crees que al despertar haya nada, que te robarán los muebles mientras duermes, las mantas, el calor. Que pasarás frío, y es cierto. Que te abandonarán. No habrá arte. El vacío. La nada.


Y tienes miedo, pavor, porque yo te digo que es especialmente cierto, porque no te ofrezco una salida fácil ni probada, ni un procedimiento ya ensayado, porque tendrás que entregarte, ser su puta, sin posibilidad de redimirte ni dar ejemplo, ni beber del néctar de otros, porque estarás sola contigo, y esto te produce un terror inimaginable. Y es que en el fondo te odias, me odias, y me despreciarás, me harás temblar y convulsionar hasta que me anules, así te demostrarás a ti misma que esto ha sido una equivocación, que a ti también te herirán, que hay que tomar el pasaje en el tren antes de que sea demasiado tarde y la estación se convierta en fantasmal. Y ni tú misma te reconocerás al andar. 


Así que emprendes la tarea maldita de destrozarme, de destruirme, de vanagloriarte de que mi amor es basura, para abandonarme, porque tú tampoco quieres que te destrocen, porque me odias infinitamente por ser la chica que lee, y tú quieres leer tan sólo extasiándote, corriéndote, nada más. No quieres ser una poeta maldita, ni ser poseída por los estertores de la tuberculosis. Preferirás estar al otro lado de la balanza, olvidarme, qué estúpida fui, no quedará ni rastro de mí en tu memoria, te emborracharás cuando vuelvas a tu casa y te la encuentres oliendo a una fragancia de flores, y te encontrarás a todo el mundo con los brazos abiertos, te han echado tanto de menos, y por qué te fuiste con ella, se reirán de mí en todas las fiestas, intentarán seducirte: Te follarán en nuestra habitación, porque tú pagaste lo muebles, tú me la ofreciste y yo la desprecié como un objeto inútil, de carne y hueso y yo me creo que soy de otro mundo. Qué prepotente fui, tus orgasmos ya no serán míos, nunca lo fueron, dirás: te lo creíste todo. Todo. Mancillarán mi nombre, saben que es fácil emparanollarme, te dirán que te olvides de mí, y tú mentirás sobre mí y me humillarás en la distancia, no responderás a mis llamadas, ni a mis mensajes ni a mi eco que se mezclará con tu carcajada. Ya lloraste demasiado, ya fuiste pellejos y hueso, ya a mí no me importaste. Ya sentiste bastante mi desprecio, mi abandono sin sentir lástima por ti. Te arrojaste al suelo, te golpeaste con él, te tiraste contra mis piernas, te agarraste a ellas. Hubieras estado dispuesta a arrastrarte por mí por los fluidos corporales de otros, desgarrarte y crearte cicatrices imborrables, estar rota durante mucho tiempo para que yo te reconstruyera en pequeños trozos, a mi ritmo, mientras caminaras a mi lado como un cadáver viviente, con la mirada perdida, dispuesta a hacer todo lo que te pidiera. 


Pero ni pensarlo. Yo soy como todas las otras; pero desengáñate, dices, a mí no me esperarás durante años, no me amarás para siempre. Tu vida corre, y tú la has alcanzado. Yo soy inútil y patética. Con mi delgadez, con mi cobardía, con mi estúpida incapacidad para amar. Soy como un perro patético engullendo su propio excremento en la mitad de la calle. Ahora ha llegado tu momento. 


Y volverás a leer y a admirar al poeta maldito, al suicida, que te da ideas para rebelarte y decirle a todo mundo que quieres morir joven, como Jim Morrison o Jack Kerouac. Porque Virginia Woolf fue una pobre mujer a la que no se le ocurrió nada mejor que ahogarse con piedras en los bolsillos. Qué imbécil, qué maldita imbécil, que mujer más estúpida. Ahogarse, vaya manera de morir, sin sangre, sin brusquedad, sin dolor, sin heroísmo. Ahogándose al mundo pasivamente, atragantándose como un viejo con un trozo de comida, una muerte inútil que nadie admirará por su cobardía. Y despreciarás a Marguerite Duras, esa alcohólica estúpida que ni siquiera se molestó en escribir nada imborrable, que seguramente se prostituyó porque si no no hubiera sido incapaz de escribir. El Amante, qué historia más estúpida, más imbécil, más patética. Claro que tú también lo hubieras hecho, pero no como ella. Lo hubieras hecho en tus sueños más sucios y recónditos como Genet, un dios al que no tendrías que acercarte, porque no quieres ensuciarte, pero que sin embargo leerás con pasión, masturbándote, aunque harás luego lo posible por ignorarle. 


Y me olvidarás por el odio que te corroe y del que soy responsable, y me habrás dejado casi sin posibilidad de recuperación, y te emborracharás la circulación sanguíneas con drogas extasiantes, y follarás sin medida, y estarás orgullosa de los fluidos estallando en tus sábanas, atravesando tu colchón otrora impoluto, pensando que eso es valiente, y brutal y desmedido. Y eso lo puedes hacer porque al final podrás pararlo tras liberarte, tendrás el control, no tendrás que presenciar mi repugnante mirada juzgándote. Mi mirada; al final ya no miraría al frente sino al suelo, como una retrasada repugnante. 


Te olvidarás de mi luz, de mi entrega, de los momentos en los que fuimos felices, sé que lo fuimos, pero tú en el fondo pensabas que te abandonaría, y no valdría que me clavaras las uñas en la carne, porque mi sangre se reabsorbería, porque mis lágrimas no valen nada ni tanto como las tuyas, porque no me histerizo, porque simplemente me aparto y huyo, y esto es lo único que tendría el valor de hacerte. Me odias, dios mío, cuánto me odias. Me dijiste que me querrías hasta la muerte, pues ahora me odiarás hasta la muerte, o por lo menos lo dirás para que me sienta culpable y me sienta morir, porque en el fondo me ignorarás con indiferencia antes de caer en el cubo ensuciado por tu olvido.


Buscarás desesperadamente a alguien que te recuerde a mí, pero sin mis defectos, y tampoco lo reconocerás ante nadie. Que te hinche el estúpido orgullo y el lacerante vacío que tu estancia conmigo provocó. Qué asquerosa soy, me creía ser diferente pero soy un payaso, cualquiera podría imitarme sin dificultad, y sería más genuino que yo, que soy imbécil, que soy recalcitrante, egoísta, misántropa, ridícula, egocéntrica, maniática y ciega a la más simple realidad, que, oh!, ¿no te das cuenta? es necesaria para vivir. imbécil, mentirosa, estúpida, sí otra vez estúpida, para siempre estúpida, insulsa, Desagradecida, me creo indomable pero no soy un pura sangre sino un caracol que se esconde, podrías resquebrajarme si quiseras, con tan sólo hacer estallar esas vesículas rellenas de baba, esos residuos inútiles. Bah, ni siquiera vale la pena pensar en mí, ni atormentarme. Mi ridiculez hará el trabajo por ti. 


Hay tanta gente emocionante, excitante, sin reparos para follarte duro, fuerte, hasta hacerte llorar y gemir, que es lo que te gusta. Y es fácil dominarles, llevarles por donde tú quieres, enseñarles lo que quieras que sepan, para magnetizarles, para esclavizarles, para que nunca te dejen, o si lo hacen que lo hagan con una vergüenza absoluta. Porque encontrarás a alguien con todas las cualidades importantes, que te haga llorar al hacer el amor pero que también te sujete las malditas bolsas de la compra, a quién puedas gritar hasta explotarle los oídos con tu estresante charla, con quien te puedas pelear para hacer el amor después de forma salvaje. 


Porque yo siempre me daba la vuelta y me iba. Qué patética soy, piensas. Porque quieres a alguien a quien puedas perseguir por la calle cuando huye de ti, a quien puedas alcanzar y hacerle engullir todas tus exigencias sin que se pueda desembarazar de ti, a quien puedas hacer llorar o hacerte dueña de su dureza y amalgamarla en un charco de la calle. Quien te pueda despreciar pero en el fondo te ame de forma sucia, que es lo que te gusta, lo sucio, lo sublime, el aullido, la sencillez de ser amada desesperadamente, inútilmente, como una droga, enganchados los dos, felices y atormentados. Eso es el amor, imbécil, nunca te diste cuenta, me dirás. 


Nunca me di cuenta. Qué imbécil fui, qué estúpida. Lo sé. Lo siento. Te quiero.