martes, 24 de abril de 2012

Tiempos



Habría que ver los tiempos estrechados a lo largo, en su distancia de seguridad, con sus días y meses bien ordenados y planchados, con sus necesarios periodos de resolución, en vez de agolpados como la tela de un acordeón por nuestro afán de vivirlo todo ya, deprisa, intencionadamente. 


El mañana debería tener su misterio, sus derroches, su sentimiento de anticipación. Ya que no se puede rebobinar hacia atrás, no deberíamos tener la urgencia de querer saltar hacia adelante y situarnos donde quisiéramos. El olvido tampoco es algo que podamos permitirnos manejar a nuestro antojo, nos muerde si lo intentamos dominar. 


Es un tiempo que vale para planificarte, para dosificarte. Un tiempo en que por una vez tú no eres la protagonista, donde puedes situarte algo desplazada e ir notando el ritmo al soltarse con el paso de los días como las cuentas de un collar. 


Si esperas, si te dejas llevar, si no te fijas constantemente en él, hará todo lo posible por hacerse notar. Te mostrará sus logros que tu percibirás como versos sueltos en déjà vu. Te dejará acercarte y mirar lo que está haciendo, y te explicará cómo habéis llegado hasta aquí. Te ofrecerá lucidez y te enseñará buenos modales con una risa contagiosa. Te dotará de seguridad en ti misma como una armadura reluciente. Te mirará orgulloso mientras cruzas el umbral y te decides a vivir en vez de huir.


Es el tiempo que debes vivir para sufrir la carga de pólvora ardiendo que te supone el sufrir por algo, es el tiempo necesario para cicatrizarte. Es el tiempo que recoges como un paquete envuelto en papel suave cuando estás dispuesta a caminar otra vez. Es un tiempo que te enseña el valor de las cosas, y que tú tenías razón: las recompensas existen, si vas muy deprisa te las saltas como a un obstáculo más. Si observas verás caer los minutos como gotas de lluvia, y tal vez aprendas de una vez por todas a hacer las cosas bien.  

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