miércoles, 9 de enero de 2019

Tiempo


El día de hoy parece haberse acortado. Quería dedicar tiempo para mí, pero no voy a poder hacerlo hasta más tarde. Espero poder hacerlo en el descanso del curso, aunque debería relacionarme más con el resto del curso, estoy evitando un poco a la gente. 

viernes, 4 de enero de 2019

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Me he levantado de madrugada y sabía que me iba a costar muchísimo dormirme otra vez, así que he decidido volver a mi pantalla. Además tengo muchas pesadillas últimamente; mi subconsciente alberga ciertas alertas acuciantes y pegajosas, y me gustaría darles cierta cabida, algún tipo de apertura, de acogida, de espacio. 

Me he planteado hacer mi blog público otra vez, pero siento que estaría condicionada. Es extraño, porque en mi soledad me siento un poco enclaustrada a veces, pero también debo recordar que tengo libertad, una libertad salvaje que es la que nos expresa entre el nacimiento y la muerte. Si no hago uso de esta libertad, seré un alma solitaria pero muda, silente. 

Me apasiona ver cómo en un libro se esconde la verdad y también ese silencio protegido. Pero internet es diferente, y probablemente hago bien en protegerme. De todas maneras, no puedo sustraerme de la aprensión que me causa exhibirme. Siempre me siento expuesta, vulnerable. 

Estamos en un mundo híperconectado, pero, tal vez, las reflexiones hayan cambiado su duración.

miércoles, 15 de julio de 2015

Socotra


Esta noche me siento un poco huérfana de mí. He viajado contigo, y ahora he vuelto a viajar sola durante estas horas, y tengo que acostumbrarme a navegar a espaldas del viento durante esta vigilia. 

Estoy escribiendo muy bien, y ahora debo establecer una rutina aquí también. Creo que mañana puedo sentirme que realmente voy fondeando los puertos de mi creatividad y de mi centro (y el tuyo ...)

miércoles, 1 de julio de 2015

Ayer, antes de que me llamaras

He abierto mi corazón pensando que tenía suficiente espacio para estar cerca de ti sin desearte, y he quedado prendada y dependiente de que me hagas caso. Estoy decepcionada conmigo misma, y sé que tengo que retirarme a esta decepción y observarla sin enjuiciarla, sin sentirme débil o inútil, pero me resulta difícil debido a la desilusión de sufrir por amor otra vez. 

Esta vez me ha sorprendido, porque creí que estaba preparada, que no buscaba a nada ni a nadie, que todo iba como yo quería, que tenía cierto control, y me doy cuenta de que tengo que aprender mucho todavía, y de que estoy más sola de lo que pensaba, porque cuando has aparecido tú, de repente me recuerdas a todas esas cosas que quiero hacer y que ahora me duele no poder hacer contigo. 

También me siento que he metido la pata asediándote, rodeándote con mi marea densa y asfixiante, cuando tú eres un pájaro libre que no busca reposar en mi nido. Ahora me doy cuenta de que sufro mal de amores, y me siento muy poco original. Me he blindado tanto a la desilusión, he evitado tanto esos momentos en los que pudieran rechazarme, que ahora el descalabro es múltiple. ¿Qué ha pasado con mi tranquilidad, mi auto-suficiencia, mi espacio propio inalterable? Debo reflexionar sobre lo que me está pasando, porque en esto se encuentra gran sabiduría. 

Quiero estar cerca de ti, escucharte al oído, palparte con las yemas de los dedos, saber de ti y que confíes. Y te siento alejarte, buscar refugio, excusas, quién sabe. Tal vez mañana me dé cuenta de que estaba equivocada, que nada de esto está pasando, que tu vida te pertenece y que simplemente estás viviendo sus dinámicas.  

jueves, 18 de septiembre de 2014

El borde de la cama

Un año, y mi hermano no está. Le buscamos en el sentimiento compartido, en los inicios de este septiembre, en la brisa soterrada de otoño que penetra por el quicio de la puerta de su habitación, que todavía huele a él.

Yo me acuerdo de su piel; nunca la había sentido tan bella como aquellos últimos días en el hospital en los que yo la tocaba, la transitaba al sujetar sus manos y sus piernas como árboles caídos cuando acompañaba a su cuerpo a incorporarse y rayaba su espalda con mis dedos para ayudarle a mantenerse erguido en la cama de hospital.

Cuando el tiempo se hace eterno porque no quieres que corra, no quieres que te sea ajeno durante esas noches de 24 horas, y apoyas la barbilla en el borde de la cama, qué sencilla es la mirada, qué fácil saber que esos minutos son vuestros, qué amable la vida cuando te permite guardar el sueño de tu hermano, susurrarle en el aliento que le quieres, le quieres, le quieres ...

Mi hermana escribió hoy: 

Querido Jacquy , todos y cada uno de los días, te echo de menos... A veces se me hace irreal esta situación. Es como si estuvieras en un largo viaje a punto de regresar. Pero la realidad es que no estás, y tu ausencia hace daño... 

Sigo en mi interior escuchándote, y esperando verte en cada esquina. Hoy y siempre seguiré pensando en ti, enviando besos y más besos, con el deseo de que alguno se deslice en tu sueño, y te toque... Y mientras, el reloj, sigue marcando las horas, esas mismas horas que hacen eterno nuestro sufrimiento. Tu hermana que te quiere

viernes, 20 de junio de 2014

Sábado

Así que el tiempo es simplemente el situarte en tu actividad y vivir en ella.

domingo, 6 de abril de 2014

Speechless

I search in your eyes and tremble scattered on the reflection of your smile as you pass me by for a flickering second. That was almost an unnoticed instant in the midst of things.  It has left me speechless. 

sábado, 22 de marzo de 2014

Paseando por librerías suecas


Esta noche he podido sentarme un rato después de un día transcurrido como el vuelo de un meteorito. 

viernes, 21 de marzo de 2014

La madrugada es hora de vender libros: Carta a mi librera



Querida, 

Te quiero agradecer tu cuidada atención ayer cuando me orientaste, situaste y embadurnaste con aquello que tal vez te inspiré y había errado al buscar. Los libros que amas y que me recomiendas debo leerlos con urgencia, no hay otra manera; así que en mi trayecto de anoche a casa recogí tu poema preferido de nuevo, y también me adentré en las mazmorras de Nâzim Hikmet y Sapienza, sus herrumbres, su pasiones, su perdición y los rasgados de sangre y luz en el vacío. Desde ahora alojaré vivamente en mi memoria mi otro trayecto por tu librería, esas idas y venidas entre los estantes, y tu maravillosa intuición al no rechazar mi ignorancia. ¿Cómo pude perjurar contra tu Goliarda Sapienza y su Art of Joy, yo que vivo inmersa en Djuna Barnes, H.D., Virginia Woolf, Ntozake Shange, Dorothy Parker ...? Bien, cualquier mujer que supera las 500 páginas tiene algo que decirme, algo vivo y ardiente que me sacuda de mi estupor vital. He de decirte que te he traicionado vilmente y que anoche he comprado L'arte della gioia en inglés porque mi vida la traduzco constantemente y mi memoria inglesa de rescata de mi deriva.

Sentí el síndrome de Stendhal al leer a Hikmet, no es extraño cuando encuentras lo buscado o lo que otra persona ha entendido en ti. Una flecha, un discurso, un tránsito de nuevo por mis alter egos (Genet, Quentin Crisp, Djuna Barnes, Romaine Brooks a quienes no leo ni presencio lo suficiente por miedo de haber sido esa persona en otra existencia paralela, quién sabe). Pero ahora me brindas a Hikmet y mis defensas se derrumban. Le leo. Desprotegida y expectante. 

Las flechas y hendiduras en la noche contienen la mirada encendida y penetrante del gato pardo; si lees un libro después del anochecer su magnetismo te ataca, y el famoso virus del lenguaje de Burroughs también torna tus moléculas en portadoras de vaticinios, esclarece el twilight para hechizarte y condenarte a formar parte para siempre de los eslabones de sus cadenas de ADN. El verbo extremo, el verso anochecido, la mirada del zorro también perdido como tú en los bajos fondos de la oscuridad urbana, ciego, extraviado tras traspasar el umbral del parque londinense donde vive, después de cruzar los downs empapados; es él mismo que te empuja a los escaparates de las librerías cerradas. 

Siento decirte que no suelo entrar en librerías. Me abruman, me sacuden, me hacen huir de su energizante ímpetu literario, de las voces que te asaltan al traspasar su umbral. No entiendo a quienes venden libros, y no me suelen entender a mí, a mis delirios inquisitorios, mis vaguedades. Intento pasar desapercibida, y hago zigzag alrededor del centro floral que disponéis siempre para alojar los libros urgentes, y derivo hacia los estantes equilibrados de las paredes. Yo les compro los libros a quienes sacan las librerías a la calle para oxigenarse, a quienes no se cansan de haches intercaladas, prensadas con la lluvia de la calle. A los verduleros de versos y a las espiritistas de la narrativa. A quienes saben que los libros se escriben también en jirones de papel, en asentamientos de serpentinas, y en fajos apretados del borde exhausto de aquellos calendarios que tienen arrancadas todas las hojas de los días y los meses. 

Los compro al hombre tuerto que los vende inconcebiblemente a la una de la madrugada en su puesto trasnochado. Le observo con una sonrisa de complicidad escondida cuando él recuerda y me hace un listado de los libros que todavía no ha vendido, para después chuparse el dedo y recorrerlo por los lomos de los libros de ocasión (su memoria es táctil). Su ojo de cristal está pendiente de los ladrones de libros (todos estudiantes) y sus escaramuzas. Así que mi sorpresa al sentirte cercana me hizo saltarme mi timidez, a pesar de recuperarla a ráfagas después cuando la gente salió y me di cuenta de que no estaba sola contigo y que me querían robar mi libro. 

Hay algo que me atrae en la cárcel relatada por Hikmet y otras literaturas malditas, en las narrativas y las distopias febriles que me atormentan con el lenguaje violento que resquebraja el fuselaje. Transcurrir tiempo en la cárcel y escribir allí en papel higiénico rígido, escribir con las uñas creando relieves en las paredes húmedas en las paredes húmedas que apestan a ceguera y a oscuridad sucia, códigos secretos sin tinta en cintas de papel escaso y escamoteado es en cierto modo un lujo inmerecido y extremo. Normalmente no nos damos cuenta de la prisión que nos rodea en nuestro fuero interno, en el exterior, y quienes viven en la cárcel son perfectamente conscientes de encontrar(se) allí, en una prisión, en cuerpo y alma, formando parte de un enjambre aplastado contra las rejas. Las ideas depuradas que vuelcan en su literatura se extienden por el interlineado de sus escritos, y nos alcanza el proyectil de lluvia de estrellas manchada y sucia con su delirio revelador


Ahora que eres mi librera no puedo escaparme. No hay retaguardia en las trincheras del pensamiento y la emoción. Me has hablado del Pan Desnudo, de Sapienza, de Abdelá Taia, de Chukri, del verso de Hikmet con esos poemas suyos que puedo leer en los vagones de metro sin cubrir la portada con los dedos, ansiando que ojeen el libro por detrás de mi hombro las otras personas que están allí, aquéllas que en mi tránsito por la ciudad subterránea me empujan en unísono la mochila de mi espalda y el cuerpo contra las barras del vagón. Tal vez si leyeran algún verso de mi libro tendrían más piedad y respetarían mi viaje, mi condición de flaneuresse

Bien, me ahogo en la palabra, me reflejo en la pátina del café, me hundo en el sofá y mientras leo busco posturas imposibles. Tú tienes toda la culpa. 

Mañana o el año que viene tal veces descubras por mí a Khadija, a Fátima, a 'A'isha, Halima, Lubaba, Sha'wana, Zuda, Jahanara, Noor. Pero primero tengo que volver al libro del que te hablé y redescubir la literatura de las místicas, santas y descarriadas sufistas. He cogido el libro que te dije que olvidé y ya no le tengo miedo. 

Muchas gracias por tu ayuda y por indicarme el camino de las baldosas amarillas hacia la epifanía y la oscuridad deslumbrante. Quieres que me enardezca con el vacío de Hikmet, Mohamed Chukri y Goliarda, ¿por qué? Bueno, tendré que descubrirlo antes de contarte algo que valga la pena ...

Un abrazo

martes, 14 de enero de 2014

Coordenadas

Tengo que descansar y organizarme. Mañana va a ser un día en el que continuar reconstruyéndome. No sé muy bien cómo me siento hoy exactamente. Tengo la sensación de huida, de escape, de tampoco saber muy bien adónde ir, la coordenada correcta. 

Hoy he intentado contemporizar, simplemente. Llevo toda la semana fertilizando mi imaginación femenina. Pero hoy además he bailado, he brillado, y he intentado comprender. No he perdido el tiempo. Aún así creo que estoy un poco en un limbo. Y no puedo coordinar la mente demasiado bien. Así que la reconstrucción se hace dentro de una cierta escasez (preventiva). 

Voy a utilizar esta noche para descansar todo lo que pueda. Mañana tengo que volver a las coordenadas adecuadas. 

martes, 7 de enero de 2014

Recogidas


Decisiones en las trincheras. 

lunes, 18 de noviembre de 2013

Apeadero


Cualquier momento es bueno para escribir, incluso aquéllos en los que te falta fluidez y la mente no exterioriza sus líneas tangenciales, sus intentos de encontrar o de evitar coherencias, sus parajes nublados, sus incursiones en lo escondido. 

Estos días, debido a que no estoy dedicando suficiente espacio físico y mental a mi escritura ni a mis lecturas literarias, me encuentro retenida en una falla imaginativa de la que quiero salir cuanto antes. Quiero robarle el tiempo a las precisiones y exigencias de la vida y voy a encerrarme a escribir. 

La vida transcurre al ritmo rápido y exclusivo de sus minutos. La manera de emplazarla es escribiendo. Al hacerlo nunca tengo la sensación de perder el tiempo. Es para mí la actividad más cercana a la respiración. Cada palabra es un paso más hacia la eternidad. Y es cierto que a veces querer escribir es como proponerte sudar. Ahí sentada, la realidad parece obvia, incluso dentro de su resbaladiza resonancia, y no ves la manera de invocarla. Parece insípida, lánguida, muda. Las palabras, las frases no corren a tu encuentro. Miras tus manos, tus dedos, tu pluma con preocupación, con cierta inquietud, queriendo estar consciente, pero sintiéndote detenida en un apeadero. 

jueves, 5 de septiembre de 2013

Sellado mutuo


Mañanas precintadas para la escritura sin saber ...

jueves, 29 de agosto de 2013

Con las manos


Hay días que haces las cosas con las manos porque los ojos te hierven. Quieres tocar, notar, atrapar sin necesidad de hacer ninguna reflexión ni tomar decisiones. 

Me pregunto si alguna vez volveré a sentir la ligereza, la desinhibición, la despreocupación de cuando era niña. 

viernes, 23 de agosto de 2013

Entropía


La fiebre sube. Ahora, a la una de la madrugada.

La noche se contrae, continúa su rumbo, se vuelve impenetrable, desconfiada, y no da ninguna pista sobre cómo van a desarrollarse los acontecimientos. Como siempre obliga a mi madre a estar desvelada, pendiente, preocupada.

Mi hermano quiere una botella de agua fría, pero él está tiritando. Hay una pequeña rutina: si la fiebre sube medio grado se le da una pastilla y se espera media hora más. Si está bajando, entonces se puede esperar con mayor tranquilidad. Mi madre me pregunta si quiero caldo, porque hay mucho en la cazuela hecho de hoy. Es la una de la mañana pero para ella es sólo el comienzo de otro tramo del día.

Hoy no tengo coraje para irme de su lado, no sé si aguantaré el levantarme cada media hora durante toda la noche. Por lo menos intentaré estar despierta hasta que la fiebre baje.

No me gusta esta noche, me resulta baldía, desagradable. No me interesa nada de ella. Dan ganas de darse la vuelta y abandonarla.

miércoles, 21 de agosto de 2013

Indianápolis


Antes de bajarme de la cama, pensé: "Esto no va". Luego intenté recordar que cuando me siento así, a menudo el día simplemente remonta, y el mal despertar me parece algo anecdótico, remoto. 

A medida que iban pasando las horas me daba cuenta de todas las equivocaciones que se habían acumulado en este día, y cómo me estaban haciendo pagar por ello. Aún así, he continuado probando esto y lo otro, porque muchas veces sólo necesito mantenerme ocupada y que me salgan los proyectos para evitar esa sensación de vacío y derrota. 

Después me di cuenta de que no tenía comida hecha, y que tampoco podía picar nada. El día estaba bastante roto y no iba a ponerme a cocinar para presenciar cómo se me escapaban las horas como lagartijas delante mío sin haber podido solucionar lo que estaba pasando. Pero el hambre siempre me pone de mal humor y me causa una sensación de ahogo en el pecho. Por supuesto quise salir adelante con un café, qué prisa tenía, y la cafeína simplemente me reforzaba el hambre y me aceleraba sin que las cosas que estaba haciendo tan rápidamente se solucionaran antes o mejor. 

Es más, empecé a sentir que perdía cierta coherencia, aunque la coherencia si no se deja coger la persigo raudamente, con convicción, y la prendo a la pared para que me siga permitiendo llevar a cabo el plan del día, o por lo menos agarrar las situaciones y solucionarlas, y que luego parezca que el día estaba bien planeado.

Comenzaron a salir las cosas, pero aún así no terminaba de estar convencida, además me había entrado la paranoia debido a varios factores y no pude disfrutar del todo lo que estaba haciendo. 

El día se me escapaba entre los dedos, y no terminaba de entender por qué no conseguía tener esa sensación de miedo ordenado, de saber que aunque lo has hecho todo mal o lo has preparado nefastamente todavía es posible recuperar la sensación de valía, de ilusión, de fortaleza. 

Me ha estado picando la cabeza todo el día, y tengo las uñas demasiado largas. La piel también me picaba por el calor y me la rasgaba con las uñas, cosa que no estoy acostumbrada porque las uñas siempre me las corto, y no es lo mismo rascarte de una manera o de otra, la piel no la sigues igual con las uñas que con las yemas. 

Mi lengua tenía un sabor raro, salado, y he estado exprimiendo saliva con ella y los dientes de forma constante, automática, como hacemos en mi familia. Me he estado frotando las cejas y el comienzo del pelo en la frente hasta que me ha entrado dolor de cabeza. Me he pasado todo el día mirando a las pantallas con los ojos apretados, escépticos, achicados; las cejas arrejuntadas y fruncidas, acercándome cada vez más al monitor y sufriendo fotofobia.

El teléfono ha sonado muchas veces; las cosas se han complicado, luego se han arreglado. Sólo he pasado lo justo al teléfono. 

Tuve que irme de casa y salir de mi propio espacio mental, pero donde fui no me calmó lo más mínimo, es más, salí algo cabizbaja y culpable de haber querido huir. Para entonces ya eran las doce de la noche, y parece mentira que sólo fuera hace dos horas. Porque en estas últimas dos horas parece como que poco a poco las cosas recuperaran su rumbo, aunque siga sin tener suficiente comida en la nevera, o mañana pueda ser un día de excesivo calor y ruido. Por ejemplo: se me ha estropeado uno de los ordenadores, como es natural, y estoy arreglándolo ahora mismo con una utilidad de software que espero funcione, aunque no estoy segura. 

Pero el tiempo que no le he podido otorgar a las cosas que me hubieran calmado esta mañana lo estoy utilizando ahora en esas mismas cosas, y me pregunto por qué no me he organizado desde ese despertar malhumorado de esta misma manera, y si mañana volveré a cometer el error de empezar la casa por el tejado por eso de que a veces te gustaría vivir en el tejado. 

viernes, 16 de agosto de 2013

All these things happen in one second and last for ever (Virginia Woolf)


Sometimes street clocks are wrong, and their inner wheels slide like euphoric conkers issuing a limited and wistful portrayal of time.

martes, 13 de agosto de 2013

Trasiegos lúcidos


Los sueños se encuentran cardados como el algodón en flor; en su enredo de fibras se atrapan los médanos de ausencias y retornos, narraciones inacabadas que siempre perecen deslumbradas con la luz solar, como Eurídice.

Pero no es cierto que los sueños nos permitan volar en libertad, más bien nos atrapan en médanos templados y nos obligan a contorsionarnos con las persistencias de los recuerdos dalinianos. Nos fuerzan a desbordarnos por las líneas sinuosas de un paraje donde crecen profusamente cientos de cajas chinas encajadas en la tierra como en un campo de minas.

Los sueños son obstusos y nos coartan la libertad desplegando sus narrativas inversas donde el tiempo y el espacio son ilimitados, y nos hacen alternar roles entre tripulante y microbio en un laboratorio de observación de historias.

Segismundo, Alicia, el conde de Montecristo vivieron la plasticidad del tiempo y la pesadilla de antes de despertar. La almohada es el lecho de las sombras y las luces de la fragua infernal.

Yo visito estos mundos y estoy abocada a no despertarme nunca; mi destino es incierto porque vivo la amnesia desvelada en el mundo real donde transita la línea de tiempos del nacimiento a la muerte. No se sueña a menos que te arrojen balones de oxígeno para no ahogarte en los meandros que te atraviesan con sus finos alfileres. No puedo sincronizarme y seguir este ritmo vital donde la línea asíntota de mi subconsciente nunca se junta con las líneas curvas que guían la realidad.

Levanto la cabeza de la almohada e inmediatamente me siento acorralada, y no recuerdo dónde dejé el uniforme militar para incorporarme a la rutina que me aprisiona en la esclavitud de los minutos y las tareas diarias perfectamente delimitadas; aquí la variable del error se paga con inoculaciones de ansiedad y escozor en el plexo solar.

A veces perdida, otras lúcida, rastreo en este mundo en busca de interlocutores válidos, sentido y sensibilidad, y me separo irremediablemente de una existencia sensata y ejemplar, donde la gente pudiera depender de mí para trasplantar sus sueños y responsabilidades. Es inevitable pero completamente necesario.
 

domingo, 11 de agosto de 2013

The body electric

En el hospital el tiempo está suspendido en el aire cargado de sudor. Los segundos se mueven como un moscardón ansioso y mareado bordoneando un tubo fluorescente intermitente y ruidoso. La cadencia entre el vuelo circular del insecto y el chasquido del fluorescente al apagarse y encenderse sustituye al rítmico metrónomo del segundero de un reloj barato de pared.

Mi madre se atormenta porque la muerte no juega limpio. Puedes desesperarte y contemplar derrotada e impotente el canto del cisne, o mantener una actitud de vigilancia para encontrar a la enfermedad en una renuncia. 


 

miércoles, 7 de agosto de 2013

Serendipity

How I found my life once I got there.