martes, 31 de julio de 2012

Miedos



He subido a la cama con el portátil porque tengo miedo de sentirme de nuevo atormentada al intentar dormir, y de este modo por lo menos tendría oportunidad de volver a escribir, de poder pensar en lo que siento. Para no ahogarme, para no extinguirme, para no perderme.


He leído su blog y me siento muy mal por no poder contestarle esta vez, ni las siguientes veces. Porque todo ha cambiado y yo ya no puedo estar en su vida de la misma manera. Pero está en su mano, está en su mano; es ella la que puede cambiar las cosas. Pero es horrible saber que lo está pasando mal y no hacer nada. Tan sólo pensar en ella e intentar de alguna forma protegerla fijando la atención, la vista interna, la mirada. 


Estoy debatiendo entre hacer que el blog esté en privado o público. Me da la sensación de que sería más fácil para mí si no tuviera que dar cuentas a nadie. Porque cada vez me está resultando más difícil escribir con naturalidad, y este espacio es sólo para mí. Tal vez haya pasado ya el tiempo de compartirlo. Si lo tengo para mí sola me voy a sentir más libre, también más aislada, pero qué importa. Ya hay muchísimas cosas que escondo de los demás y que nunca verán la luz. Parece que se me van acumulando. 


Debo darme cuenta poco a poco de que mi espacio privado es necesario, y que tengo que encontrar una manera de darle valor a lo que tengo, a lo que hago, y es siendo yo posiblemente la única persona que lo mire de frente. Y pienso que en un futuro eso hará que me olvide de pensar en esas cosas. 


Acabo de cerrar el blog y todavía me siento bajo la presión de tener que escribir con otra voz, como si eso importase, como si tuviera que preocuparme. Y uno de los problemas que tengo es que soy demasiado consciente de mí cuando estoy en la calle, en un grupo, en la ventana. Y me inunda una extraña aprensión que ha estado conmigo toda la vida y que ahora parece haber crecido. Me resulta muy desagradable sentirla, preocuparme por todo todo el tiempo. 


Por eso es bueno que mantenga la decisión de estar aquí sola y mantener un diálogo interior. Pero no sé por qué ahora parece todo nuevo y diferente, y tengo miedo de que no voy a escribir igual o no lo voy a hacer tan bien. Pero tengo que dejar ese miedo a un lado, olvidarme de él, y permitir que esto continúe, que esto viaje, que me hable, que me ayude, que me dé soluciones. 


La solución está en la lectura y la escritura, no hay otra posibilidad: tengo que creer en ello. Todo lo demás son cosas que me propongo hacer una y otra vez y que sólo tienen efecto temporal: en cuanto tengo algún problema nuevo, una crisis, un golpe, pierdo la concentración y me resulta imposible hacer lo que se supone que tengo que hacer. Se genera una presión que no tiene correspondencia con mi yo más profundo. Es como pensar que sólo te sientes bien si fumas, porque te has generado esa necesidad. Hay algo de fuegos de artificio en todo esto. Y yo me he generado la necesidad de que tengo que hacer películas, montar algo que ya no me gusta, en lo que no creo. 


Quiero comenzar a creer en mí, y no sentir que tengo que dar excusas. La escritura que emprenda en este momento va a ser un recorrido interior en mi búsqueda. Y lo que surja de esto no va a ser simplemente un bienestar pasajero, bajo cuerda, sino una manera de vivir, de sentir, de ser. Podría ser el paso hacia la madurez, finalmente. 

Encarnada




Me levanto y lloro atormentada, desconsoladamente por lo horriblemente mal que ha ido esto. Con lo que yo la quiero. Es un dolor debilitante que me mantiene punzados todos los músculos, que hierve mi aliento antes de anegarse en mis pulmones y me hiere, que me desubica y hace girar mi visión en círculos mareantes que no cesan, y ya no puedo pisar el suelo por la conversión de la gravedad en un espacio estanco. Estoy muy perdida. 


Ya no se trata sólo de lo deforme y tétrico que es que se vaya con gente extraña, que permita la unión de cuerpos, de ansias, de fluidos, de orgasmos, de la intimidad inmensa que hace un hueco en el vacío de la muerte, del tiempo nuestro, del olvido de mí. Es el que me haya abandonado de esta manera, que se haya detenido en la pérdida, que me haya hecho extraviarme a mí en un tiempo muerto, que saquee lo que estábamos viviendo juntas. 


¿No tiene corazón? Pero es que yo sé que ella es todo corazón. No se da cuenta de lo que es cuando dos personas viven el mismo sueño, respiran el mismo aire: se deben la una a la otra. ¿Cómo puede ser que esto sea una trascendencia diferida? ¿Que prefiera volver a nosotras luego, cuando nuestro amor se haya calcinado y consumido con su infidelidad? Ella no lo ve como una deslealtad sino como un desafío a su propia podredumbre, como una salida a sus prisiones, como un despegue de su pasado sangriento y asfixiante. Con la búsqueda que impulsa el instinto animal, la objetivación de su deseo, la caza del deseo ajeno. Y tras la seducción el follar con el útero, con los dientes, con el vientre, con los golpes de los músculos en éxtasis, con el orgasmo y su grito ancestral, atávico y chirriante del eléctrico rechazo a la muerte, y al final la posesión de otra mujer para hacerla prisionera ciega, errante, desposeída, abusada, descontrolada, yonki de su piel incendiada. 


Tras compartir la noche con ella encontrará una salida acompasada en los fluidos de las dos hacia una oscuridad turbada, un golpe ciego, la claridad, el corte en la carne del exceso, el rechazo a las cadenas oxidadas del compromiso, a la sangre causada por las llagas de las heridas abiertas. Un consuelo que se convertirá en un sabor metálico y fluido en su lengua que no parará de salivar, en renovada ansia de éste y otros cuerpos, en droga poderosa hasta el dolor y la obsesión, la emboscada; en la querencia de la posesión y el orgasmo continuo como único idioma y única pertenencia, en el maltrato sádico y la destrucción premeditada. Terminará ebria hasta perder la cordura. Y yo no podré estar ahí para paliarlo.


A pesar de esta siniestra herida todavía puedo verla a ella, y sé que se encuentra en una estancia necesaria. Es un momento para desechar, desbrozar, agotar; pero no estoy segura de que la llevará hacia mí a tiempo, en tiempo suficiente. Porque siempre hay un momento en el que la prisa puede precipitarla a un lugar ajeno a sus verdaderas emociones, en el que la urgencia y el furor debilitarían su voluntad, en el que ella crea ver depositada, encarnada en el cuerpo y la voz de esta otra mujer o ese otro hombre la esencia del alma de su amada, un modelo gemelo y exacto de nuestra ilusión soñada. Y es ahí que se perdería durante un tiempo indeterminado y robado. Mientras tanto yo sufriré, sin verdadero consuelo. Aunque sepa que al dirigirse a esto más pronto o más temprano chocará con la indigencia de este lugar, y el ansia y deseo desaparecerán intermitiéndose con la repugnancia, con la nada. Y al final será abandonada de forma alienante, o abandonará. Yo lo he vivido. 


Pero eso no será suficiente para convencerse de que me quiere, tan sólo se habrá topado con la necesidad de mí. Y eso no me va a parecer real, sino un engaño, una mentira más, una deslealtad. Necesitaré más. El proceso se alargará hasta que recupere mi confianza, hasta que yo pueda sentir algo más que un patético e indeseado retroceso a lo que éramos, hasta que vea en sus ojos reflejado algo mas que un pánico camuflado, el temor a estar sola y sentirse vacía otra vez. No quiero pensar en esto, porque será ella quien tenga que reconstruir, que volver a cimentar con el sudor de sus propios brazos y esfuerzo la armadura del barco, la carpintería de una nueva ilusión, las promesas infectadas por el amor maltratado, por el dolor infligido y su residuo escociendo mi piel, mis mucosas, mis párpados, mi visibilidad, mi imaginación. Habrá mucho por hacer y ella tendrá que ser fuerte y creer en ello. No sé cuándo adquirirá esta fortaleza y entrega para caminar juntas. 


Tal vez prefiera vivir la emoción continua de una libido desbordada y desafiante, del no vincularse, de la cultura del gratis, sin compromiso, sin celo, de una libertad ficticia que esconde la esclavitud morbosa del deseo indiscriminado. Tal vez esto le baste, esto le sojuzgue, esto le atraiga y le vuelva ajena e indiferente a todo lo demás. Una vez la infección se propague, pueden pasar años sin encontrar salida, porque cada vez los encuentros furtivos tendrán menos enganche y encarnarán mayor desilusión, y como con cualquier droga se buscará más, más fuerte, más duro, para fulminar el vacío y la culpa que nunca desaparece del todo y que se vuelve a reproducir a la mañana siguiente. 


Ella cree el amor gira y se deposita a su alrededor, que se encuentra en lugares insospechados que debe sondear. Que los atisbos de su felicidad, las luces de ruta, las encontrará por doquier, incluso tatuadas en el cuerpo ajeno de su nueva amante. Se olvidará de cuándo utilizaba mi espalda como un papiro. Así que ahora, en la infinitud de su búsqueda, el vislumbre y el refugio del calor fuera de nosotras es suficiente. Espero que le sorprenda el darse cuenta algún día lo mucho que yo soy el verdadero contenedor. Está ciega. 


Yo he dejado mi ego atrás y la he seguido, porque realmente no hay nada especial en este ego de la posesión: es fútil y reemplazable. Pero ahora no tengo las herramientas para compartir su todo con ella y seguir entera y sana, porque la cabeza, el cerebro se me están destruyendo.


Sueño con que si compartiéramos una casa juntas yo podría luchar contra esta alimaña del desapego suyo y no dejarla alimentarse de mi carne; me haría más fuerte, conseguiría sentirme fuerte a pesar del sacrificio soportando el desamor, para que ella me recordara en sus salidas nocturnas y esas llamadas furtivas a su móvil que yo tendría que ignorar con un pinchazo en el vientre. Yo sería la depositaria de su futuro y esperaría paciente y desesperada a que ella se diera cuenta. Pero desde lejos el arma solitaria que tengo a mi disposición es el silencio. El silencio es el instante en el que el alma está suspendida en el espacio, y aflora su verdadera naturaleza. El silencio es un bloque persistente, independiente del tiempo en el que se propaga. Es en esta pausa, en esta interrupción súbita de la acción donde germinarán todas las cualidades que ella necesita para enamorarse de mí de nuevo, para ilusionarse, para llamarme, para esperarme. Donde se forjará su confianza en mí, mi atractivo, la visión clara y nítida de nuestra unión. Ahora ella busca la verdad en los cubos de basura, en los residuos de su pasado, en la decadencia y extinguimiento de estos vestigios, de este hedor que la atormenta. 


Yo sé que ella sangrará, y ahora sufre hasta la herida. Teme el abandono y a sí misma. No poder estar ahí para ayudarla y para ser me hace llorar y desesperarme de forma enloquecida. Ojalá no estuviera pasando esto. Yo la espero en el delirio.

lunes, 30 de julio de 2012

Noches en vela



He intentado dormir una siesta pero mi mente está en duelo y rescata y produce imágenes desagradables entre el polvo sucio. Vivo una tremenda dualidad: por un lado quiero que ella empiece a pensar y plantearse desde ahora mismo la manera en que quiere quererme, que se decida, que entienda, que no me atormente. Y por otro la echo muchísimo de menos. 


Sin embargo, estoy sufriendo por lo que ha sucedido. Me siento mal y cada vez que bajo la guardia vuelvo a imaginarme que ella o él la van a poseer en unas horas. Que invitará a su amante a Madrid, y vendrá y ocupará nuestra cama. Y eso es lo que quiere O. Eso es lo que quiere. 

Yo también tengo miedo. Miedo de que se cuelgue a su amante como medalla, y tal vez incluso se enamore. Es posible. Ella tiene mucho miedo que me pase lo mismo a mí. Ahora tendrá que vivir con ese miedo. Con la distancia, con el robo, con la desconexión. unque espero que se dé cuenta de que no soy reemplazable. Si se enamora esto va a ser como un hachazo. Esto durará más de lo puedo soportar.


Pero no creo que pueda olvidarme. Y ya me ha perdonado. Pero no sé nada. Es difícil leerle la mente a otras personas y saber lo que sucede dentro. 



Unforgettable


Transgrede, dinamita, rompe barreras, desátate, encuentra el camino a casa y al amor sin esclavitudes ni imposiciones. No tengas miedo. Es necesario. Te es necesario. Cuando estés preparada para reconstruirnos estaré ahí. Porque tú realmente también estarás: podré apoyarme en ti, confiar, crecer. Ya no eres I.B. ni Septiembre. ¿Quién eres? ¿Cómo seremos? ¿Cómo me querrás? Serás como la amada deseada, la que te encuentra porque te había soñado.

Por la mañana



Me levanto y hago un inventario rápido de la situación. El estar en casa de mi madre no ayuda. Estos lunes por la mañana necesito mi tranquilidad, el volver a mi rutina, aunque hace varias semanas que mi rutina está desastrada y la tengo que volver a conquistar. 

Sé que ella no está bien, lo sé. Y también sé lo que está haciendo: ha dejado que su cabeza se desfase, que su cuerpo se desfase y me ha desatendido, se ha desatendido. Pensar en esto me vuelve a hacerme sentir enferma. Se me encoge el pecho y el estómago se me revuelve. Hay una parte de mí que reflexiona sobre si todo esto merece la pena. Sé que no soy la persona adecuada para vivir esta situación, para gestionarla, para sacarla adelante. De nuevo las horas pesan, y todavía no son una liberación, porque no estoy contando el tiempo que estoy resistiendo, saliendo adelante, sino el tiempo que ella está desaparecida, dejándome atrás. 

Es muy extraño estar en esta situación y ver cómo el mundo es indiferente. El lunes se levanta temprano y prosigue su marcha, y yo estoy atascada y atrapada en este descorazonamiento. Supongo que soy como una rana enlodada en una pequeña charca medio seca rodeada por una enorme y frondosa selva tropical. 

He vuelto a llamarla porque estoy preocupada. Tengo miedo de que su cabeza se descomponga por el exceso, el sexo sin amor, el desarreglo, la desubicación. A ella le gusta perderse en ello, y luego sufre inmensamente. 



Esta noche



Podría probar a dormir, aunque tal vez tenga que volver. No es sólo dormir, lo sé. No podré olvidarla. Si no lo aguanto, huiré de la cama.



domingo, 29 de julio de 2012

Noche larga




Las noches largas no se parecen a ninguna otra cosa. Les falta luz, les falta aire. Te falta la luz, te falta aire.



Inmediato



Tengo que abandonar los lugares comunes. Tengo que hacer cajas y llenarlas de vacíos. Se ha marchado.



Remember



Hablábamos de Ítaca. Hablábamos de nosotras, sobre todo de ella. Hablábamos como si nos pudiéramos ver todas las noches, como si viviéramos juntas, como si estuviéramos cerca.



Silencio



Silencio. Hay silencio. No sé nada. Esta noche todavía estoy en vela. Todavía espero, para no tener que pensar. Hago lo de ayer, para no tener que pensar.



Sueños



Es una noche calurosa y ahora me he dado cuenta de que es domingo por la noche. Que los sueños esta noche serán más cortos. Pero los míos volverán a ser los de anoche.

Igual



Voy a continuar con la rutina, con la costumbre. Por la noche me quedaba hasta tarde y hablábamos, me enviaba mensajes, me contaba su día. Por la mañana leía lo que había escrito de madrugada, cuando yo dormía. 

Ahora mis noches van a ser muy distintas. Van a ser noches donde el sueño no se concilia, donde mi imaginación va a producir de nuevo los mismos monstruos. Pero me quedaré hasta tarde, sabiendo que no hablaremos. Miraré mis mensajes, sabiendo que no habrá ninguno. Por la mañana mi primer pensamiento será hacia ella. Aunque no me quede nada.  

Empty



He vuelto a caerme. He vuelto a resbalar. No quiero hacer a nadie partícipe de ello. No quiero que ella me lea. Quiero ser libre. Tengo sólo este momento. Esta pequeña oportunidad. No dura mucho. 

Ha desoído mi petición de ayuda. La he llamado porque necesitaba hablar con ella; el teléfono se ha colgado. Le pedía ayuda. Luego he vuelto a llamar, no me ha cogido. Es cobardía. Me he pasado toda la tarde llamando, y no me ha cogido. 


Hace dos días me decía que era su esposa, que la esperara, que no la abandonara, que no la dejara sola. Y hoy, después de decir que con otra gente "es sólo sexo", ya no espera, ya no está, ya no estoy. Es sólo sexo, pero le hace olvidar, desaparecer, ignorar.

Hoy es la segunda noche. La segunda noche de silencio, y a partir de ahora quiero acumular los días sin nombre, sin saber de ella, hasta que pueda contarlos y tener un mes en mis manos, y después dos, tres, seis, diez. Serán meses acorazado, meses donde finalmente la verdad rija, y no esta sarta de mentiras bonitas con las que me ha enredado y se ha enredado.

Serán meses solos, meses enteros, meses de vigilia, de lucha, de silencio. Meses de recuerdos sellados en la memoria, meses para aprender a respirar de nuevo. Meses que regresan. 



Salidas



Parece una huida, un desacato a mi determinación, pero ahora quiero que el paso lo dé ella, que ella me libere. Que sea honesta y me pida marcharme, que no me retenga. Que me eche de su casa, de su proyecto, de su vida. Que me eche. Quiero que me eche. 

Refugio



Ya he vuelto a pensar en ella. Ha bastado un mensaje en el móvil (que no me había enviado ella) para saltar como si viniera a mi encuentro, para desenraizarme, para desbocarme, para perder la ruta, para volver a sentir el dolor de no tenerla, de no pertenecernos. Y ahora estoy fuera de nuevo de la serenidad que había adquirido hace unos minutos. Esto no va a ser tan fácil. No va a ser nada fácil. 



Ya vuelven a atormentarme y recomerme las mismas pesadillas hechas realidad, las palabras vertidas, los presentimientos que han resultado ser ciertos.  Y mientras yo estoy aquí sufriendo, ella ignora mi dolor e intenta distraerse, divertirse, exhibirse. 

Ya se me vuelven a destrozar los ojos por las lágrimas de acero, los esfuerzos hechos por no llorar, porque no se note. Ya retorna la imposibilidad de descansar, de respirar a ciencia cierta. Ahora de nuevo toca esperar, esperar con impaciencia a que se dé cuenta, que responda, que se acerque. 

No me quiero sentir así, necesito una salida, un rescate. ¿Por qué estoy aquí? ¿Por qué no puedo huir, esconderme, refugiarme? La tranquilidad se ha desvanecido, el alma la sigo teniendo herida y sangrando. No, no hay salida fácil, no hay tranquilidad, no hay rescate, no hay consuelo. Sólo hay tiempo, pero el tiempo corre en contra mía.

Lejanía




He intentado dormir, pero mi mente constantemente me atormenta con lo que ha pasado. Necesito paz. 

No sé cuánto tiempo necesita la memoria para crear recuerdos más lejanos y apartar el dolor.

Quiero volver a centrarme en mi trabajo, en mi literatura. Estos días he sido incapaz de escribir nada. Estaba sintiéndome sola, muy sola y en una situación confusa, y no he querido acompañarme con mis escritos nocturnos. Pero quiero que vuelvan. 

Tengo muchas horas para escribir sin descanso, y lo voy a hacer. Tengo miedo a mi propia escritura porque últimamente refleja un lado empobrecido de mí, poco profundo, o tal vez conversaciones conmigo misma que en realidad me resultan tediosas. Pero la honestidad no debería sentirse así. El estar sola supone el asumir tus pensamientos, tus faltas, tu humildad, tu ira. Supone dejarte seducir por los objetos que has decidido que te rodeen, que te piensen. 

No me gusta lo que escribo, me siento desnuda. Y no quiero compartirlo más, por lo menos durante un tiempo. Quiero esconderme, estar conmigo, no sentirme que hago y digo las cosas para que me escuchen. Y quiero, sin embargo, guardar mis pensamientos aunque no sabría decir por qué a veces me da vergüenza y decepción el leerlos. ¿Por qué? Porque hay algo de repetición en ellos, porque sigo ciertos patrones de razonamiento que son circulares, que luego no recuerdo; tomo decisiones que después no puedo llevar a cabo. Y me siento impotente, ridícula, vacía, mediocre. 

Pero la única manera de conseguir que mi mente vuelva a escribir sobre lo que importa en este momento y me ayude a dejar de pensar en O. es siendo honesta conmigo misma, reconocer mi mundo exterior, la desvalida sensibilidad con la que defino mi mundo interior. A veces es así. Aunque últimamente he escrito mucho sobre O. porque mi mente, mi corazón, mi cuerpo estaba dedicado a ella, y todo lo demás se veía con colores desvaídos, o simplemente no existía. 


Me gustaría que ahora O. se convirtiera en alguien real, que vive lejos de mí, que no me puebla, a quien no pertenezco. Porque me tiene apresada en sus redes, y si sigo comportándome como hasta ahora no voy a conseguir que me vea desde fuera y quiera acercarse de verdad. 


He sido una amada (no quiero ser amante) dedicada pero maltratada. Y ya no puede ser así, porque me ha herido profundamente y no puedo llorar todo el tiempo, desquiciarme, desesperarme, sentirme vacía, utilizada, rota. Esto no puede seguir así. Tiene que verme fuera de su alcance para valorar lo que realmente significo. No sé si va a recuperar la cordura, no sé qué va a ser de ella ni de nuestro amor. Tengo que dejar de pensar que está en mi mano todo. 

Sin embargo, sí pienso que si estuviéramos casadas, compartiendo un hogar, tal vez no me hubiera hecho tanto daño, porque hubiera supuesto hacerse daño a sí misma. Pero ahora no me ve como parte de sí misma, sino como un fantasma, un cuerpo extraño, y es normal que me maltrate, porque ahora no me quiere. Aunque ella dice que sí me quiere, su verdadero amor está en suspenso. Querer a alguien es no hacerle daño. Lo demás es no haber conseguido amar de verdad, es un sucedáneo, es la mínima expresión del amor. Si alguien te quiere corre a enjugarte las lágrimas, quiere rescatarte del dolor, del daño. 


Quería escribir de nuevo sobre las cosas que me suceden, y termino hablando de O. No sé cuándo va a acabar esto, esta obsesión, este sin vivir. Estoy convencida de que así no se debe querer a una persona, que tiene que haber serenidad, saborear el tiempo, ubicarte, establecer reglas, terms of endearment

Escribo esto con cierta rabia, porque luego no voy a poder acordarme de la mitad de lo que he dicho, y no me voy a comportar de una forma que me proteja. También siento rabia porque el tiempo para mí nunca ha sido un aliado, sino un temor. Ha sido una espera, ha sido un tránsito; quiero conseguir que se convierta en un reconocimiento, un logro, un seguir siendo en vez de un querer ser.

Quiero hablarme y contarme lo que siento, aunque tal vez esté pensando más y sintiendo menos. Y mi pensamiento no es algo que me haya ayudado mucho en mi vida. Más bien ha sido un obstáculo para encontrar la verdad. ¿Cuántas veces he pensado una cosa, imaginado otra, y luego la vida que he llevado no ha tenido la más mínima reminiscencia de mis decisiones? No quiero ser radical, seguro que no ha sido así todo el tiempo, pero sí que ha sucedido bastante a menudo. Y no quiero que pase más. No quiero que transcurra mi vida sintiéndome ajena a la posibilidad de confiar en mi mente. Antes me tenía a mí misma como aliada. Cuando me ha fallado he esperado que mi alma gemela me quisiera por quien soy y me hiciera acordarme de mí, para volver a ser yo. Pero no ha sucedido. Ha sido todo en vano.


Espero que si sigo escribiendo, aguantando la dificultad que tiene el estar aquí sentada hablándole sin parar a mi mente, consiga algún tipo de tranquilidad, de sensación de normalidad. Albergo una pequeña esperanza de que el escribir durante horas me ayude a restaurar los cosidos que han reventado en mi cerebro estos últimos años. Debería probarlo, tal vez podría convertirse en una terapia verdadera. La terapia de escribir, de ser, de terminarte, de no olvidarte nunca, de vagar por tu mente ahora que todo lo demás te ha abandonado, y tus sentidos no pueden respirar y tengan que recuperarse. 


Esta plantilla amiga me hace el tremendo y agradecido favor de guardar mis palabras a cada minuto. Eso es maravilloso, un verdadero lujo, la seguridad absoluta de que a mis escritos no se los llevará el viento, aunque luego sólo persistan en un archivo. 


Tal vez no debería leer lo que escribo, aunque esté lleno de faltas y explicaciones fallidas o hinchadas por la hipérbole. Tal vez debería hacer eso, concentrarme en el momento actual, en el segundo actual, en quien soy, en lo que soy, en lo que esta enfermedad me ha dejado en el cerebro. 

Hay veces que si todo lo demás apesta o te da náuseas y desesperanza hay que saber recurrir a ti misma y hablarte como la extraña que eres, como esa persona que a veces te sorprende ver reflejada en el espejo. Ese personaje que vive año tras año y que te da una lección vital cada día. He pensado mucho tiempo que lo único que me va a dar satisfacción real es escribir. Que lo otro lo he probado y he fracasado, al menos hasta ahora, aunque más tarde me sea posible volver a hacer otras cosas con satisfacción. Pero los primeros años de mi niñez los transcurrí leyendo y escribiendo, y eso ha sido lo que ha forjado mi personalidad. Ahora que mi yo es difuso, está disperso y atomizado, debo volver sobre mis pasos para descubrirlo. 


Odio el exterior, odio las olas urbanas, su paisaje, el sentirme fuera de lugar entre la gente. Vivo en mi cabeza y salir de ahí no me da suficiente satisfacción. 


Debería hacer lo que hace O.: escribir sin parar, dejarse llevar por el subconsciente, intentar encontrarse de esa manera. Ya vuelvo a pensar en ella.



Libertad


Ya no llevo su anillo. Lo he puesto junto con las joyas de mi abuela y de mi madre. También está ahí el pendiente. Quiero ser libre. Hay muchos significados de la libertad.

Veo mi mano poblada de venas, con su color tostado; una mano llena de ímpetu, de acción detenida. Antes veía el anillo muchas veces al día, estaba cerca de mi corazón, latía con él. Ahora veo mis manos, mi cuerpo, mi sencillez. 

Me gustaría ir liberándome poco a poco. Esta esclavitud, esta unión no es buena, me hace daño. Me gustaría ir descubriendo mis señas de identidad, aquellas escondidas detrás de un ego herido, aquellas que seducían. Y ahora mis manos están libres. 

Las horas



Estoy pendiente de mí. Y me espero.



Rendiciones



La tarde está hueca, pero llena de promesas. Son invisibles. Así ha sido durante mucho tiempo.



Love is like a paper moon



Me dicen que el amor es una enfermedad. Que es un vicio. Una ilusión pasajera. Un momento perdido en el tiempo. Una carga. Una obsesión. Un artificio. Un corta y pega. Move on. Hay peces. Está el océano. Pero ella no es un pez. Aunque yo soy una gota más. Una gota salina.

Es increíble la falta de fe, la indefensión. 

Todo el mundo piensa en tu bien. Algún día encontrarás a alguien que te espere siempre, que te abrace, que sea tu océano, que te tenga cerca. Piensa en ti. Olvídala, te está haciendo daño. Te hiere. Te escupe. No piensa en ti en este momento. No lo necesita. No te lo mereces. No te merece. Respira y sigue.  

Claro. Es tan sencillo. No entienden la pasión, el haber abierto los ojos a tus propios sentimientos, el verla entera, querida, el extinguirte, el sentirte perdida, apartada, rechazada, redundante, pero unida a ella por algo más fuerte que tú, el llevar su anillo con una promesa, el esperarla. 


Ella me deja en la tiniebla. En la parte de atrás. Todo está bien en su mundo. Sabe que me duele, pero ahora no puede encargarse de mí, ya lo ha hecho durante mucho tiempo con otras mujeres antes que yo. Su mundo ya no lo tiene para construir, para tener fe, para hablar conmigo, para ver cómo todo cambia y entender lo que nos une. Para entregarse de verdad. Ella cree que puede dejarme en suspenso, en tierra de nadie. No le atormenta porque cree que la vida es un tormento, un dolor no provocado. No quiere hacerme daño aunque sepa que lo hace. Es fuego amigo, no hay más remedio. Prueba su entereza, cree que el tiempo es infinito, o que el presente es lo único que importa.

Ha vuelto a la adolescencia, cuando el tiempo no corría, cuando fluía, cuando nada importaba, cuando no querías saber nada de nada, cuando el poder que tenías sobre la vida es que no te aferrabas a ella, cuando no contaba. Lo único que importa es la música, la expresión indómita, la noche mordiente y enigmática, el frío canalla, el humo del tabaco, la bebida tribal, la recompensa de la droga, la acumulación, el olvido por las mañanas. 


No pienses en que me conoces, en que me has conocido. Ve hacia adelante, sé fría, ya nos volveremos a encontrar. Tú eres mi roca, mi apoyo, la que me espera al final de mi camino, de mi sanación. Pero eres mi freno, mi gente lo dice. Mi obsesión mal ubicada, mi pérdida de tiempo. Quiero que cambie. Esto es lo que quiero ahora. Convéncete. Cambia. Piensa diferente. Adáptate. No sé cómo saldré de esto. No sé quién soy, quién voy a ser. Una parte de mí te entrega promesas, cartas, te dedica canciones. Quiero tenerte ahí porque alguna vez te necesitaré para que me recuerdes quién soy, quién era, quién voy a ser. Hablaré de ti en otoño. Espérame. Espérame. Tal vez te entienda mejor entonces. Me sacrificaré, intentaré creer en ti. No me abandones. Espera. Escucha. Te quiero, aunque no te quiera bien.


Mis sentimientos no importan. Ella no los escucha, son un eco lejano que ahora no tiene trascendencia. Ahora está en una misión. No puede hacerlo conmigo. Tiene que encontrar lo que ella llama amantes en otra piel, otro olor, otra voz. Es su historia. Es olvidar su pasado. Puede ponerle fecha. No creas que el tiempo no existe. Sí existe. Las promesas pierden su fuerza. Las reemplaza el dolor. 

Nuestra historia no corre en paralelo. La mía es prescindible, alienable, invisible. Pero no escuchas, has perdido la capacidad de escuchar. Te olvidas, te pierdes, te anulas. Crees en un algo que no existe, que no existe en mí. Lo forjas en ti. Es una prueba, una cosecha. Acumularás experiencias. Tienes que olvidar que existo durante este tiempo, aunque me recuerdes en las esquinas, en los objetos, en el aire, en el silencio. Pero a lo mejor has aprendido a ignorarme desde el principio y nada va a cambiar. Nunca he existido. Así es el mundo cuando gira alrededor tuyo, cuando el estar aquí, el entender resulta una molestia, una carga, un artificio, un corta y pega, un vicio, una enfermedad, un momento perdido en el tiempo. Lo que aprendas de ti será importante, lo podrás compartir con tus personas aliadas, las demás están siguiendo un guión; tú no, tú eres libre, libre para destruir el pasado, para crear sin proponerte, tan sólo dejándote llevar. Pero no eres responsable de mí.

Lo mejor es no creer en nada. Olvidarse. Cerrarse. Todo el mundo lo dice. En el fondo piensan como tú.


¿No es el amor? Aprende a sufrir: lo vas a necesitar. 

Pero también me dicen que pare, que frenes, que te escuches. Que vivas con amor cerca tuyo, que no dejes que te hieran, que establezcas tú las reglas, que seas tú la roca. Que si el amor pervive, el amor llega. No, no es en septiembre. Ahora ya no existe septiembre. Es demasiado el dolor, el desamor. Te quieren, te sacarán si te hundes. No permitirán que sufras. Vendrán a tu encuentro. Te vestirán, te lavarán las heridas, las manchas, la mugre. Te leerán el latido y te devolverán a ti misma, porque confían en ti, porque te adoran, porque saben que sigues siendo quien eras, porque no van a dejarte caer. Te sanarán.  


Desamor



Todo el mundo entiende. Todo el mundo aleja. Todo el mundo olvida. 

Te entienden. Te alejan. Te olvidan.


Nada



El silencio es útil. Es la ausencia, es la falta de compromiso. Es la nada.


Extrañas



Dices que no piense en ti. 

Que me olvide de existirte.

Seamos extrañas.

Ya no sabré escribirte. Ya no existen las cartas. 




Vuelta a casa



La vuelta a casa desoída. La música atormentada. La soledad insalvable. 

Incierta. 


Perdida



Una carga. Un sueño perdido. Sin compañía.



Comienzos



Siempre al albor. En un presente continuo. Sin futuro. Invisible.

Mi querido esposo mariposo


Mi bisabuela le escribía cartas a Mariano. Las empezaba así. 

Lágrimas



La tristeza tiene un refugio. Soy yo. 

Esta noche


Primero tuve que tirarlo todo. Ahora no puedo pensar en ella. Cada día la vida me roba más cosas nuestras.  


martes, 24 de julio de 2012

Simple



Las historias de cuentan de noche. Las crisálidas se examinan de día. Cada instante, cada hora emprende una historia no desvelada. Hay algo extraño que se mece en el aire. No es un asalto a la imaginación: es la impresión que causa el robo de los minutos.



domingo, 22 de julio de 2012

Inseparables


Cada persona tiene su destino. A veces se cuenta más rápido. 

Quiero arrancar las nubes. 

 

Big Finland


Tus defensas están bajas; la imprecisión tiene un precio. Encontrar espacio cuando tienes que cincelarlo en la ingravidez; indexar tus miles de razones, ansias, deseos, enmiendas, promesas, incertidumbres, intentos en un sentimiento único que se abra camino como un rompehielos. 

Tus iniciativas sufren constantes y periódicos cataclismos que las desbancan y desplazan a otro banco de la memoria. Las rectificaciones son como latigazos en el vaivén entre lo luminoso y lo confuso. 

Pero no consigo determinar si algún día lograré asirme a algún atisbo de normalidad. 
 

Infranqueables


Pierdo la perspectiva y las formas me resultan inabarcables. Asumo que la realidad no es líquida, y trato de resumir en fonemas las posibilidades de éxito que tengo. 

Mis circunscripciones son territorios encaramados a los flancos de una enorme falla. Son pequeñas mesetas deslizables en las que se sustenta mi personalidad. Me faltan certezas, y ni siquiera puedo contar con la de saber cuándo va a atacar la próxima rendición de intenciones. Y me toca volver a implantar las alineaciones de alambre que me delimitan en partes separadas para enmendar el enigma. 

Las íntimas levedades no encuentran refugio. Me siento mucho más enjuiciable desde el interior, más porosa, más abocada al caos que a la harmonía. 

Me gustaría poder entrenar mi mente para impedir estas interferencias, esta incapacidad.

Slow


Siempre se puede escribir algo sobre el día en curso. Sobre las emociones que te deambulan y se deslizan por los toboganes de tus tránsitos sentimentales. A veces se sienten a flor de piel. 

 

Certezas


Y esta noche escribo sin rumbo, con los harpones mellados, y la cubierta encharcada. Siempre me apunto a un nuevo viaje, travelling without moving. Las imprecisiones me rodean, pero las lucho a muerte. No me quiero dar por vencida, tan pronto ...

Cuántas palabras más tendré que buscar para saber quién soy. Cada vez que protejo las raíces de una nueva planta y las sello con tierra fresca y tierna, termino dispuesta a abandonarla a los cambios de estación.

Mis certezas se quedan solas, expuestas a la intemperie. Y cuando veo lo que sucede a las cosas que esperan, me doy cuenta de que cualquier certeza es veraz si resiste bien el paso del tiempo. 

Mis devaneos entre la realidad y no hacer pie son continuos. Soy como una novia a la fuga, incapaz de comprometerme porque demasiado a menudo mi identidad se deshace como un castillo de arena, y vuelvo a los planos, al esquema, a delinear el proyecto: back to the drawing board

Recojo mis capítulos en entregas, y juraría que en el fondo sueño con un mundo más lento, menos osado. Es esta velocidad la que me aleja de mí misma, porque nunca llegas, como el conejo de Alicia, siempre pidiendo perdón por llegar tarde, incapaz de dar una explicación convincente. Los minutos se viven como años, y las horas han perdido la noción del tiempo. Es como no perdonarse lo suficiente por el tiempo interrumpido, malgastado, por la pausa, por la ausencia. El pasado es como tu bolsa de ropa sucia.

Qué fácil sería coser un sombrero cada día, y como en una película francesa recibir cartas y relatos sobre lo que habían vivido sus dueñas durante los días que lo llevaron puestos. Hoy, un baile; mañana, una declaración de amor cerca del río. Tal vez sería igual de fácil vivir para escribir una carta cada día. O recibir o dar un abrazo diario. Dejar de buscarle sentido a la vida, coherencia y utilidad a tus acciones. Vivir lo cierto. 

sábado, 21 de julio de 2012

Nieblas


Es de noche y corre el aire, lo suficientemente entornado en la ventana para cerrar puertas desprevenidas a su paso. Y yo me acerco a este rincón de mi soledad, después de haberla estado evitando toda la semana. 

Es extraño cómo a veces hay que volver a crearse el nido; como si las urracas hubieran llegado y lo hubieran hecho trizas. A mí me pasa demasiado a menudo. Menos mal que parece que recuerdo algo, el bosquejo, que tengo pruebas de mi presencia: una camiseta con la forma de mi espalda tirada allí, sin doblar; una nota manuscrita con mi letra en un lugar ordenado ...

En realidad no estoy buscándome de nuevo, porque el reencuentro conmigo misma en realidad no se produce. No me puedo desdoblar, no puedo recobrarme y decir: "Sí, soy yo". That's not how it goes. Si alguna vez has querido volver al pasado con el conocimiento de ahora, sabes que lo harías sin recordar. 

Es más bien un sentirse cómoda de nuevo, notar la tranquilidad, encontrarme centrada. Repetir ciertos hábitos como si no hubiera habido interrupción. Y olvidar el haberse olvidado, como si el haber estado fuera también se tratara únicamente de los rastros difusos de un sueño.

viernes, 20 de julio de 2012

En roca



Redenciones. La escarcha, los visos, el cielo. 


Descúbrete. 


Imprégnate.



miércoles, 18 de julio de 2012

Renunciar

Para crear, para vivir, hay que mantenerse a veces por debajo de la línea de flotación. Qué tremendo esfuerzo. Pero hay que salir de tu comfort zone, y navegar por un océano tormentoso y brusco que te embosca y te puede con sus olas torrenciales. Quiero conocer los antídotos, saber cuáles son las curas de emergencia. 


Estoy pensando estos últimos días que no voy a poder soportar rodajes estresantes, o que tal vez debería empezar por proyectos pequeños, con apoyo, con la ilusión reforzada de quienes formen la obra conmigo. Una de las cosas que más me estresa (por dentro) es el pensar que todo está por hacer, que tienen que pasar cosas grandes, que tengo que conseguir que se pongan en marcha grandes ideas, cuando en parte yo me quiero quedar con lo pequeño. 


Es esta seguridad de lo pequeño que desenvainaría sin reservas mi potencial. La idea de tener que convencer a medio mundo para que preste atención a mi trabajo es la más estresante de todas. 


Y tengo que centrarme más en la lectura y la escritura. Go back to basics. 


Tengo que negociar espacios conmigo misma, y recrearlos en una zona franca, exenta de peligros y fantasmas de intentos en vano. 


También hay que saber renunciar para que se abran otras puertas, otras rutas, otras alternativas maravillosas que ahora no puedo atisbar. 


Y quiero hacer las cosas sin nostalgia, sin coser y descoser los tiempos, tan sólo salir adelante. Como el día que empieza: descansada, aventurándome en un ciclo que tiene sus ritmos en las horas. 

martes, 17 de julio de 2012

Bicycles



Esta noche es una noche articulada que no rinde cuentas al cielo. Me siento desencontrada, como lejos de mí, y demasiado cerca del suelo, pero deseando flotar. 


Como es natural, al viajar y al volver, el ánimo se (des)envuelve, muta y se desfigura, y hay que recuperar el equilibrio, y permitir que tu vida se encuentre con él y desvele sus incógnitas. 


Yo no sólo he viajado, me he visto. Porque he andado por las calles de Londres, de mi barrio, y al respirar el olor de la hierba cortada, y ver los cielos abiertos por encima de los edificios cortos, me he expandido como cuando me poblaban los sueños, y los brazos y las piernas encontraban el espacio que necesitaba para moverme, para desplazar la expresión vital de mi cuerpo. Cuando yo era una londinense. 


Pero me he dado cuenta de que todavía soy una londinense, y este aire rancio y burgués de Madrid me ahoga. 


Ayer hablé con el cartero. Él vela por mis envíos, y nunca me pregunta qué nuevo libro he comprado: su trabajo es arropar mi casa con las páginas que nunca se acaban. Vive en su mundo interior, y se mueve por el exterior con desparpajo, como el niño y la niña de Londres que recuerdo corriendo con locura, empapados por la lluvia y por el barro, acompasados y protegidos por el calor de su sudor todavía caliente, con el cabello goteando a chorros libertad y juegos en la tormenta torrencial de su verano, en medio de un midterm que nunca se acaba. 


Rápidamente sin tregua, se escurrían como lagartijas, y salían corriendo de nuevo de la casa con el fervor de su tremenda energía infantil para patinar en el agua de la acera del barrio y comer patatas fritas o alcanzar el icecream van para comprar helados blancos deliciosos. Dejaban las bicicletas enlodadas arrumbadas en las esquinas, y ladeaban el cuerpo en el aire y rompían en saltos y carreras que indefectiblemente acababan en colisiones y trombas de risas, cardenales en las piernas, y recuerdos preciosos para el futuro.


Mi cartero es un espíritu libre que silba y empuja su carrito de cartas como si fuera una bicicleta. Acaba de venir y contarme que ha vivido en París 25 años, también en Londres; que cuando se harta se pira fuera a oxigenarse: se va a Tarifa y se resguarda en la lona de una tienda de campaña, o a Santiago de Bahía a vivir en una choza. Se recarga viajando a otro lugares de Europa con sus colegas, pillando trenes, recorriendo sin tregua los kilómetros que unen los lugares a otros


Piensa que Madrid es un cuchitril, y yo le pregunto que cómo sobrevive física e intelectualmente: con la flexibilidad de su trabajo, me dice, entra y sale. Su mente está en continuo movimiento. 


Yo tengo que expresarme hacia fuera, hacia fuera ...



lunes, 16 de julio de 2012

Cartas





Esperar esa carta que viene de lejos, y saber que la escribes tú.





domingo, 15 de julio de 2012

Nueva



He vuelto de Londres con una tremenda nostalgia y un fuerte resfriado. También he vuelto con una ilusión recuperada, una manera nueva de vivir el amor. Una promesa que me he hecho a mí misma, y otra que me han entregado con el olor de racimos de flores nuevas, pero inexpertas. 


Estoy llena de vida. Ahora tengo que ser capaz de vivirla.

jueves, 5 de julio de 2012

Inmediato



Es extraño vivir en un mundo al revés. Terminas desconociéndote a ti misma.

miércoles, 4 de julio de 2012

Intensas





El aire ... el aire. 





Revelaciones



I've got something to say. And it ain't easy. 



martes, 3 de julio de 2012

Clamores



Y es la pasión la que vive en la hojarasca del deseo, la que transpira en los poros de tus ansias ocultas. En tu mirada esquiva se esconden trazas de sueños incandescentes. 


El ansia puebla de espinas tu lecho, y consigue alojarse en ti, aunque quiere domar la rabia exudada por el desamor. 


Una luz tibia emprende retazos de ondas y siluetas. Te circulan y te delimitan, te atraviesan y te guían. 


Y empieza el clamor de lo pequeño, vivir despacio, respirar deprisa. 




domingo, 1 de julio de 2012

En Septiembre



Me encaramo de nuevo a este rincón y atisbo a ver lo que va a ser de mí en los próximos días, semanas. Cuando analizo mi esfuerzo para conseguir estos sueños y veo cómo se han armado en los minutos y las horas, a veces me parece que están hechos de objetos articulados que se mueven en su propia arena de circo, mojada y sucia, y no de esa realidad etérea compuesta de guirnaldas doradas y destellos de la aurora. Me resulta extraño. La arena se apelmazaría si no se pisara con las plantas desnudas de los pies. 

Tener fe en algo que duele es pagar el precio sufriendo ese dolor. Y quiero hacerme fuerte, porque durante ese tiempo en el que me ignora el destino tengo que sobrevivir al embiste de las jaurías de dudas que me arrasan y me golpean hasta hacerme escocer todo el cuerpo. Tal vez tener fe en que la rabia y los desafíos del miedo no te puedan romper. Eres demasiado débil, pero te están fortaleciendo tus batallas.

No quiero tener que aclarar ni resumir. Ya sabes quien soy, yo sé quien eres. Tengo que saber mirarte, sentirte, percibirte. Demasiadas palabras cruzadas, demasiados mensajes de texto sin ubicación, demasiadas conversaciones circulares. Sólo tú y yo: en estado puro. 

Creo que me vas a entender mejor por mis silencios. 

Recuerdo el momento para ser dos, para hacer fotos en la Parade y mojarnos de lluvia en las bicicletas, sabiendo por qué la otra ríe, y sintiéndonos libres aunque la calle esté oscura y el camino de vuelta sea largo, porque vemos las luces de candilejas por encima de nuestras cabezas, guiándonos hasta llegar a casa. No hay nadie más; la calle está vacía. 


Hace tiempo que no hemos probado a enamorarnos. Tal vez tiene que llegar el otoño. Este verano está crecido, nos ha ahogado como una serpiente pitón. Pero a ti te esperaba Londres, y ya has venido.