Pierdo la perspectiva y las formas me resultan inabarcables. Asumo que la realidad no es líquida, y trato de resumir en fonemas las posibilidades de éxito que tengo.
Mis circunscripciones son territorios encaramados a los flancos de una enorme falla. Son pequeñas mesetas deslizables en las que se sustenta mi personalidad. Me faltan certezas, y ni siquiera puedo contar con la de saber cuándo va a atacar la próxima rendición de intenciones. Y me toca volver a implantar las alineaciones de alambre que me delimitan en partes separadas para enmendar el enigma.
Las íntimas levedades no encuentran refugio. Me siento mucho más enjuiciable desde el interior, más porosa, más abocada al caos que a la harmonía.
Me gustaría poder entrenar mi mente para impedir estas interferencias, esta incapacidad.


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