viernes, 23 de mayo de 2025

Seguir

 Estoy aquí, aunque para escribir más tengo que leer más, ayyy. 

lunes, 31 de enero de 2022

Inspiración



Hoy es un día en el que he hecho cosas, pero ya a las 14:30 me parece corto porque tengo que ir a casa de mi madre, que está un poco revolucionada. Así que voy a tomarme todo con tranquilidad y ponerme un ritmo de trabajo diario para así tener la sensación veraz de que estoy haciendo lo que me propongo hacer.

Primero de todo voy a leer una horita lo que me queda por leer de C.: Los Villancicos y la Metamorfosis. Luego iré con mami un rato, y volveré a eso de las diez, supongo, y tendré a gatito con muchas ganas de jugar y de comer, así que tendré que estar preparada para ello. 

Por la noche tendré un pelín de tiempo para ver alguna cosilla, pero no mucho. Ya casi me veo yendo a la cama. Así son las cosas. Mañana voy a comenzar a hacer la animación, que es bastante. Y veré cuánto tiempo puedo estar dibujando, y luego investigando, etc. 

Tengo ganas de leer, de crear y de seguir escribiendo. No pasa nada porque haga el esfuerzo de decirme a mí misma lo que quiero hacer, y, poco a poco ir escribiendo de forma más creativa. Otra posibilidad es ir pasando a limpio todo lo que tengo que volcar al blog, que es mucho, y así trabajar de otro modo. 


domingo, 9 de julio de 2017

Leer, escribir


Estoy un poco perdida con mi escritura, pero me voy a encontrar. El asunto es que no sé muy bien cómo hacer para que mi trabajo sea continuo y seguro de sí mismo. Ya no me vale con decir: "Yo escribo", o de hacerlo sin darme cuenta de que estoy haciendo esfuerzo alguno. Necesito encontrar un proyecto con el que hilar mi angustia de escribir. Porque si ha habido algo continuo y seguro en mi vida ha sido el angustiarme cuando no estaba escribiendo. Eso quiere decir también que conseguiría un gran alivio si simplemente lo hiciera porque me vería a mí misma con la perspectiva adecuada; me sentiría capaz, coherente. 

He intentado todos los trucos posibles para generar una rutina, una tranquilidad. Pero no lo he conseguido todavía. ¿Por qué? Porque me despisto mucho, porque no quiero sufrir, hacer ese pequeño esfuerzo mental de centrarme en leer, porque temo al vacío de mi mente cuando no la siento completamente presente en la lectura. Porque no me siento especialmente inspirada, y parece que viajo más fácilmente, más ligera de equipaje cuando se me ocurre algo fugazmente, y la descarga de dopamina genera una sensación placentera que luego persigo. 

Porque es más fácil no pensar en mí, me da miedo hacerlo. Mi perfeccionismo me hace pensar que voy a escribir algo que no es lo suficientemente literario, que tengo que volver a empezar a mejorar mi expresión, mi soltura con la lengua, con el vocabulario. No me gusta tener que plantearme quién soy y qué debo hacer. Tengo miedo de que mi capacidad cognitiva esté empeorando o que no mejore. Aunque tal vez no me esté dando cuenta lo suficiente de que estoy mejor que antes. 

Y no sé muy bien qué hacer. No me estoy entregando a ningún libro en concreto porque no recuerdo la sensación de ubicarme antes de ponerme a leer. Siento que me voy a meter en un sitio cerrado, inmóvil, donde no puedo expresarme, donde no puedo comunicarme con otras personas. Y los libros no son así, por lo menos no son así siempre. Por otro lado, admiro profundamente la acción de lectura y escritura porque creo que forman parte de los aspectos más nobles e inteligentes de la naturaleza humana. Creo que una persona que lee está haciendo lo correcto, lo más genial, lo más interesante, lo que luego puede implicar en su vida, hacerle comprender mejor a otras personas, hacerse comprender a sí misma. Ahora me doy cuenta de que muy pocas veces he visto a mi madre o padre leer, a mis hermanos, a mi hermana. Yo casi siempre he leído sola en la casa, por lo menos tengo esta sensación. A lo mejor no tengo suficientes referentes, y a veces son necesarios. 

A veces pienso que cuando se lee se va a tener la sensación de que falta mucho más por leer, y de ahí también me viene la angustia. 

Cualesquiera que sean mis miedos, mis vacilaciones, la poca voluntad que me queda, la que no está atrapada en las garras de la angustia, tendría que ayudarme a encontrar una buena solución a la escritura. No me gusta mucho tener que pensar en soluciones a los problemas porque tan a menudo me ha fallado ese procedimiento. Pero no puede evitarse, la vida es una sarta de dilucidaciones y balbuceos, problemas que se presentan y que deben resolverse más o menos dignamente. 

miércoles, 21 de junio de 2017

Reencuentro



Al final me he decidido a escribir de noche. Es mucho más tranquilo ahora. Y el blanco de la página parece engullirme y repelerme luego como el agua al aceite. Antes me encontraba muy a gusto aquí, y ahora el espacio es una pared desnuda a la que hay que llenar de recuerdos, como a los jardines verticales. Rehuyo la soledad, pero al mismo tiempo la ansío. Vuelvo a la casa donde había residido, e intento moverme con soltura para que nadie se dé cuenta, ni siquiera yo. 

Veo que echo de menos el ubicarme a caballo entre la literatura y la página en blanco. Tras este barbecho que a veces se me ha hecho interminable, no sé qué temas saldrán de mis letras. Espero que no sea siempre sobre la aventura de escribir, aunque realmente pensado, tal vez no es tan mala idea. 

(He llegado a la conclusión de que los libros amontonados en columnas están bien. Los míos no son los únicos).

jueves, 17 de septiembre de 2015

Sentir


Vuelvo a escribir, y es extraño, porque siento la necesidad, ese fuego interior, esa sensación de incomprensión, de rebeldía cuando no lo hago, pero no sé qué va a ser de mí en esto, qué va a pasar. Tengo mi vocabulario reducido, como si mi cabeza se hubiera ido de vacaciones, aunque mi cuerpo está sintiéndolo todo y se encuentra incapaz de volcar tanto sentir. 

Quiero expresarme, quiero expresarlo todo. Mi piel vibra, mi postura se ensalza, mis hombros se remontan. Siento los ecos de mi yo interior atrapado en lo que paradójicamente se siente más yo que nunca. Quiero salir, quiero salir, quiero esbozar, quiero marcar mi territorio, quiero repetir en texto las réplicas de la enormidad de sentimientos que me embargan. 

Ya no me siento hecha a medida, revuelta entre costuras, ahora la realidad es otra, es más parecida a la que se capta por los sentidos, la que se retiene entre los roces, la que no se escuda tras las palabras. Y he de inventar un nuevo lenguaje, una nueva expresión. 

Siento fuerza, fuerza, la fuerza del querer, la embestida del corazón, el latido que no cesa de informarnos con su presencia. Todo se contiene en el respirar, en el recuento, en la pisada. 

miércoles, 11 de febrero de 2015

Enduring essential

You cannot name those cut flower stems, they are irredeemable. You cannot count your love affairs by the number of flowers you've cut, you are unrepentant. Your fingers are marred by the scissors but you've only managed to scratch the surface. 

jueves, 2 de octubre de 2014

Maybe she's out there


martes, 12 de agosto de 2014

Fracturas


Tengo los pensamientos fracturados, y los sentimientos emitiendo señales acústicas que un sónar no puede detectar. Continúo utilizando la sonda a ciegas. 

martes, 29 de julio de 2014

Her eyes were watching ...


Ya no puedo escribir por las noches porque estoy rendida. Mañana mi prioridad va a ser escribir, pero de alguna manera me tengo que orientar, y la mejor manera es con la lectura. 

jueves, 10 de julio de 2014

Pensando en e d


miércoles, 28 de mayo de 2014

Last words from a young poet


Here lies One Whose Name was writ in Water ...

jueves, 27 de marzo de 2014

Bildungsroman


I will now be quiet and still in this ambience of populated silence. I now feel ready to express their certainty that there is no beginning nor middle nor end in the howling of the fire illuminating our hearts. There might not be a clear route of escape from the flames, nor a slit in the arteries for us to slip through and join the myriads of oxygenated bubbles that reach the entries and exits of our bodies. 

The despair of non returned love, like a fallen seagull in the poisoned sand, tears us apart. I would love to see the brave and infuriated enamoured sea brawling at last, retrieving and letting go of us sea tourists who lost the way a long time ago, but that's not going to happen; neither will our night time readings dispel from our dreams after incising in our skin the blueprint of their spell. 

She doesn't love you, but you keep on writing this bildungsroman that places her as the centre point of your education. 

viernes, 21 de marzo de 2014

Stendhal Syndrome: give in to the flooding


Yes, I sing her body electric, her passion and doom, her torn blood and light in a vacuum. These comings and goings between the selves. How could I perjure against your favourite writer? Me, who lives immerse in the rapids, the heartbeats of the word and verb and virgo. I thank you for not contesting nor rejecting me for my ignorance about this. My blueprint, my base is my belief in rescuing myself from my memory drifting. I need something alive and burning on the page to shake me and get me out of my constant stupor. An arrow of truth, a speech, a valid ticket to transit towards embodying my alter egos. I have not witnessed enough fear to decide that I'm that person in a parallel world, confronting reality, fighting and ending defeated. My defence strategies are crumbling though as I read. Your books leave me unprotected and expectant.

The calico braids and husk of the words of my new readings shine like the penetrating gaze of the silver fox lost in the urban darkness. The end verb, the nightfall in verse of your books let me discover that I was also blinded, lost after crossing the threshold of the downs, the frontier. I wonder the streets tonight and stop and window gaze in front of closed bookshops. Despite this when I get near yours, I turn around. 

I'm afraid of my inquisitorial delusions, my vagueness as I speak to you. I try to go unnoticed in your bookshop, and zigzag around the floral center that accommodates books that are urgent, those perfectly understated covers, and I head towards the wall shelves, towards safey. I buy your books and take them outside the bookshop, into the street to gather oxygen, to feel the fresh air and stop smelling of new paper pulp, to get their pages intercalated and pressed in the falling rain. 

Verse greengrocers and narrative spiritualists stay outdoors and the night flees. Those who know that books are also written on scraps of paper, words smuggled in jail, over bundles of serpentines, on those exhausted calendars whose pages have been torn and bereft of the endless days and months.

I buy books from the one-eyed man who sells inconceivable literature at one o'clock in the morning. I watch him with a smile of hidden complicity when he suddenly remembers his whereabouts and makes me a list of books that have not sold yet, then sucks his thumb and runs it along their spines (his memory is tactile). His glass eye is pending and chases with stern looks like light beams those book thieves that gather around aimlessly (they are all students), those who skirmish and fuss and leave. 

I relax my shyness instinct and tell him impossible stories and fables, despite retrieving it later when people approach us and I realise that they want to steal my books away from me.

After talking to you I have chosen to browse febrile dystopias that torment me with their violent language cracking the fuselage open and raw. These ideas are pure as the piercing cold in the snow, and writers dump them in literature sprees, widening the spacing of their writings, shooting projectiles as dirty as stained stars falling in their revealing delirium.

Now that you're my bookseller I can not escape. In can't backtrack into the trenches of thought and emotion. You've narrated those poems that I can read in the subway 
without covering the front cover with my fingers, wishing that people read my book over my shoulder instead of pushing my rucksack in unison as they force my body against the metal bars of the train. If they knew what I'm reading they would allow me to travel, to continue my journey as a flaneuresse .

Well, I'm choking on the words, I reflect my gulps on the patina of my coffee, I sink into the couch, and as I read I search for impossible positions to place my body and rest on the page. You are to blame for this.

I took the book you told me about, and let my fears loose; in fact, I forgot them. I wonder why you pushed me in the direction of this dazzling darkness, the misery and desperation and blinding truth of les poètes maudits

Why? Well, I'll have to find out before I am able to get back to you and say something worthwhile ...

La madrugada es hora de vender libros: Carta a mi librera



Querida, 

Te quiero agradecer tu cuidada atención ayer cuando me orientaste, situaste y embadurnaste con aquello que tal vez te inspiré y había errado al buscar. Los libros que amas y que me recomiendas debo leerlos con urgencia, no hay otra manera; así que en mi trayecto de anoche a casa recogí tu poema preferido de nuevo, y también me adentré en las mazmorras de Nâzim Hikmet y Sapienza, sus herrumbres, su pasiones, su perdición y los rasgados de sangre y luz en el vacío. Desde ahora alojaré vivamente en mi memoria mi otro trayecto por tu librería, esas idas y venidas entre los estantes, y tu maravillosa intuición al no rechazar mi ignorancia. ¿Cómo pude perjurar contra tu Goliarda Sapienza y su Art of Joy, yo que vivo inmersa en Djuna Barnes, H.D., Virginia Woolf, Ntozake Shange, Dorothy Parker ...? Bien, cualquier mujer que supera las 500 páginas tiene algo que decirme, algo vivo y ardiente que me sacuda de mi estupor vital. He de decirte que te he traicionado vilmente y que anoche he comprado L'arte della gioia en inglés porque mi vida la traduzco constantemente y mi memoria inglesa de rescata de mi deriva.

Sentí el síndrome de Stendhal al leer a Hikmet, no es extraño cuando encuentras lo buscado o lo que otra persona ha entendido en ti. Una flecha, un discurso, un tránsito de nuevo por mis alter egos (Genet, Quentin Crisp, Djuna Barnes, Romaine Brooks a quienes no leo ni presencio lo suficiente por miedo de haber sido esa persona en otra existencia paralela, quién sabe). Pero ahora me brindas a Hikmet y mis defensas se derrumban. Le leo. Desprotegida y expectante. 

Las flechas y hendiduras en la noche contienen la mirada encendida y penetrante del gato pardo; si lees un libro después del anochecer su magnetismo te ataca, y el famoso virus del lenguaje de Burroughs también torna tus moléculas en portadoras de vaticinios, esclarece el twilight para hechizarte y condenarte a formar parte para siempre de los eslabones de sus cadenas de ADN. El verbo extremo, el verso anochecido, la mirada del zorro también perdido como tú en los bajos fondos de la oscuridad urbana, ciego, extraviado tras traspasar el umbral del parque londinense donde vive, después de cruzar los downs empapados; es él mismo que te empuja a los escaparates de las librerías cerradas. 

Siento decirte que no suelo entrar en librerías. Me abruman, me sacuden, me hacen huir de su energizante ímpetu literario, de las voces que te asaltan al traspasar su umbral. No entiendo a quienes venden libros, y no me suelen entender a mí, a mis delirios inquisitorios, mis vaguedades. Intento pasar desapercibida, y hago zigzag alrededor del centro floral que disponéis siempre para alojar los libros urgentes, y derivo hacia los estantes equilibrados de las paredes. Yo les compro los libros a quienes sacan las librerías a la calle para oxigenarse, a quienes no se cansan de haches intercaladas, prensadas con la lluvia de la calle. A los verduleros de versos y a las espiritistas de la narrativa. A quienes saben que los libros se escriben también en jirones de papel, en asentamientos de serpentinas, y en fajos apretados del borde exhausto de aquellos calendarios que tienen arrancadas todas las hojas de los días y los meses. 

Los compro al hombre tuerto que los vende inconcebiblemente a la una de la madrugada en su puesto trasnochado. Le observo con una sonrisa de complicidad escondida cuando él recuerda y me hace un listado de los libros que todavía no ha vendido, para después chuparse el dedo y recorrerlo por los lomos de los libros de ocasión (su memoria es táctil). Su ojo de cristal está pendiente de los ladrones de libros (todos estudiantes) y sus escaramuzas. Así que mi sorpresa al sentirte cercana me hizo saltarme mi timidez, a pesar de recuperarla a ráfagas después cuando la gente salió y me di cuenta de que no estaba sola contigo y que me querían robar mi libro. 

Hay algo que me atrae en la cárcel relatada por Hikmet y otras literaturas malditas, en las narrativas y las distopias febriles que me atormentan con el lenguaje violento que resquebraja el fuselaje. Transcurrir tiempo en la cárcel y escribir allí en papel higiénico rígido, escribir con las uñas creando relieves en las paredes húmedas en las paredes húmedas que apestan a ceguera y a oscuridad sucia, códigos secretos sin tinta en cintas de papel escaso y escamoteado es en cierto modo un lujo inmerecido y extremo. Normalmente no nos damos cuenta de la prisión que nos rodea en nuestro fuero interno, en el exterior, y quienes viven en la cárcel son perfectamente conscientes de encontrar(se) allí, en una prisión, en cuerpo y alma, formando parte de un enjambre aplastado contra las rejas. Las ideas depuradas que vuelcan en su literatura se extienden por el interlineado de sus escritos, y nos alcanza el proyectil de lluvia de estrellas manchada y sucia con su delirio revelador


Ahora que eres mi librera no puedo escaparme. No hay retaguardia en las trincheras del pensamiento y la emoción. Me has hablado del Pan Desnudo, de Sapienza, de Abdelá Taia, de Chukri, del verso de Hikmet con esos poemas suyos que puedo leer en los vagones de metro sin cubrir la portada con los dedos, ansiando que ojeen el libro por detrás de mi hombro las otras personas que están allí, aquéllas que en mi tránsito por la ciudad subterránea me empujan en unísono la mochila de mi espalda y el cuerpo contra las barras del vagón. Tal vez si leyeran algún verso de mi libro tendrían más piedad y respetarían mi viaje, mi condición de flaneuresse

Bien, me ahogo en la palabra, me reflejo en la pátina del café, me hundo en el sofá y mientras leo busco posturas imposibles. Tú tienes toda la culpa. 

Mañana o el año que viene tal veces descubras por mí a Khadija, a Fátima, a 'A'isha, Halima, Lubaba, Sha'wana, Zuda, Jahanara, Noor. Pero primero tengo que volver al libro del que te hablé y redescubir la literatura de las místicas, santas y descarriadas sufistas. He cogido el libro que te dije que olvidé y ya no le tengo miedo. 

Muchas gracias por tu ayuda y por indicarme el camino de las baldosas amarillas hacia la epifanía y la oscuridad deslumbrante. Quieres que me enardezca con el vacío de Hikmet, Mohamed Chukri y Goliarda, ¿por qué? Bueno, tendré que descubrirlo antes de contarte algo que valga la pena ...

Un abrazo

lunes, 17 de febrero de 2014

dreamin'


I will see you and I'll remember this music made of husky hot air, with the tremor and pattern of sandalwood. It's all going to be like a very intense summer day, with the freshness of the night talking and walking. I'm very quiet today, I hold an oval smile on my face, as in dreamin'.

domingo, 16 de febrero de 2014

The heart, a long distance runner


Try to express the truth. Find your characters. 

lunes, 13 de enero de 2014

It is all

This fragrant vibrancy that overwhelms the sites of my desire and composes the tenets on which I stand.   

domingo, 12 de enero de 2014

Stendhal syndrome


It's the flavour of you inhabited by pain and longing. I'm still here, have not found you.  

domingo, 29 de diciembre de 2013

we loved all this




It's the view what we requested. A simple thing: the view. It was all a desire for refuge, for shelter, for embodiment. And there we were: transient, impulsive, errant, seeking fragrances and sentient lights. We loved all this. 

martes, 17 de diciembre de 2013

I Know That You Know That I Know That You Know