Llevo muchas semanas sin escribir, y no sé exactamente por qué. Tal vez ha sido que no he querido mirarme a mí misma y decidir, averiguar lo que estaba pasando, sino que cuando he entrado en la vorágine del mundo he permitido que pasara por mí lo que era impulsado por la vida y las circunstancias, y no he querido analizarlo de forma íntegra y consciente. He hablado de lo que me pasaba con otra gente, pero no lo he hecho con ecuanimidad ni con total apertura. Espero volver a escribir, a ser testiga de los devenires de mi mente y mi situación. No me gusta centrarme demasiado en mí misma, y hoy de madrugada una voz me ha despertado diciendo que debo salir de esa espiral obsesiva en la que sólo pienso en mí, y dejarme a mí misma en un segundo plano, más proyectada hacia el exterior, más acallada desde lo interior. Ese pensamiento me ha ayudado a sentirme mejor. De hecho, cuando antes incluso de despertarme del todo, me he dicho a mí misma que me sentía mejor que ayer, y experimento ahora un conato de energía hacia adelante, un leve impulso para mejorar mi situación y volver a un equilibrio.
Ahora tengo que enfrentarme a un miedo atroz a salir a la calle y llevar la bicicleta a arreglar. Llevo desde el día de ayer preparándome, espero poder hacerlo. Estoy practicando la respiración y la relajación para hacer las cosas sin pensarlas, sin sufrir en exceso. Vamos a ver qué tal se me da. Espero volver esta noche a seguir escribiendo.