miércoles, 31 de julio de 2013

Bikes


I can't work out why unattended bicycles swindle into oblivion and decay. It has happened to me with two of my favourite bikes; I left the countries I lived, ground and cycled at, and they slowly lost their sheen and broke and altered their frames, gears and props, as if not wanting to continue, to fight anymore. Their tyres flat, their locks missing, their lights broken as if they'd exploded from the inside out.

They weren't pretty, but their time on the road had turned them solid and fierce, and their basic shapes and styles had become suave and accomplished. We were endangered together and freed at last, and the rain and the reflection of the sky and clouds on the road at night gave us an extra charge of freshness and longing. 

 I still don't get it. I came back to the cities where I'd left them, London and Amsterdam, and there they lied: indoors, outdoors, it didn't matter, they had slowly churned and exhausted themselves. They were bereft of their stickers, metallic coating and identity; pieces were missing, questions unanswered. Their spirits broken, their boldness curtailed and spiked. 

I parted and didn't turn back for a last look, a good-bye of appreciation for old times, for good times. Just like that. 

miércoles, 24 de julio de 2013

Culminaciones

Se acumulan en mi mente frases desbandadas como esas bolsas de la compra que guardo en la cocina, todas apretadas las unas contra las otras formando puzzles tridimensionales con el absurdo, el absurdo al que encontrarle sentido y destino.
 

jueves, 25 de abril de 2013

Llamaradas


Recuerdas otros momentos de bienestar como una égida, e intentas comprender lo incomprensible. Este mundo elástico y su plasticidad, todo te sobra. Estás imbuida en tu esfuerzo y en su terreno. Esperas al paso de la página, al resuello, a lo resuelto. Y poco a poco te vas embrollando más sin ningún esfuerzo hasta que llegas ilesa al final del volumen, y los timbres te hacen saber que debes desembarcar y hacer pie en el agua, apenas encontrar el suelo a tientas. En el fondo es un devenir extraño, encontrarte en suspenso, como en las bambalinas del futuro sin pasado. Adormecida en la escarcha, recogida en tu propio seno, infectada por la rabia de algún animal interno, separada. Todas estas incógnitas se abren sobre ti y te propulsan a parajes nonatos, inciertos, ramificados. No hay ningún recibimiento, ni siquiera fuegos fatuos o encendidos. Todo se vive como una inmensidad, como un eterna pérdida. Y el pago por el tránsito está diferido. 

Las palabras te enzarzan como un escudo y sigues andando sin saber lo que significan. Este mundo se abre en ciernes ante ti. Te desperezas la mañana como si fuera un racimo de salidas que te ocupan, y no sales de tu asombro ante las miradas oblicuas que rindes al silencio, al momento encompasado, al redoble de los dientes de león, a las pulsaciones sonoras que te ignoran pero te requieren reaccionar. De repente notas como tu dedo intenta sacudirse de su anillo. 

Todo tiene un recorrido, una textura, un ventanal al exterior, lagunas destacadas por el hielo, aguas engarzadas en la tierra, reposos eternos en sus cráteres. Recoges la bienvenida en tu ropa y revisas tus recuerdos a pesar de la irritación que te producen esas llamaradas que te esperan. Es tu destino, y perecerás si no acudes a su encuentro. 

sábado, 13 de abril de 2013

Entendido



Resurgir de las cenizas y empujar, improvisar, rellenar, trazar todo aquello complicado y resistir el tedio de la urbe. 

Formas parte de un plan magistral que es como recuperar el ganado perdido, la fuente prometida, la retirada en sucio. Cuando salta el refugio por los aires y queda muy poco en su posición, una marca aguda de arena satinada que apenas ofende los sentidos, el olor de la brisa mojada se disipa con el de los lirios recién cortados. 

En la frescura del día se acierta a recuperar la transición hacia la verdad, desoyendo la mentira de aquellas señas de identidad. Estoy contigo y sin ti, no espero para redimirte ni para redimirme. Y dentro de tu sal encuentro la apertura para llegar al otro lado. 

Me reencuentro con tu impresión sobre las gotas de lluvia que tan sola me han dejado. Reitero esta pérdida, no tengo nada que arrinconar, que despeinar, que sincronizar. El periodo de desespero se ilumina fulminantemente y se acaba. No existen paraderos desconocidos. Se sigue adelante por la pura inercia de la caída del polvo del camino, por el sinsentido, la náusea, el reflejo de los días venideros. Todo esto es fácil compartirlo. Este reflejo no es inane: tiene transparencia y sinceridad. Juega con tu percepción, tu sentido de la realidad. Los temas importantes surgirán en unos breves instantes, no hay prisa, ni miedo, ni entrega de llaves. 

Todo esto incluye una muy certera rebelión contra el mutismo y la aprensión, todo difuminado de forma poco sofisticada, de manera aberrante dentro de la lógica amansada que se presupone. Y en plena barbaridad oteo al horizonte y me rebelo contra las contrariedades que el presente me brinda. Parece que estoy hablando mucho para no decir nada, pero el dolor de la nimiedad y de lo insustancial que podrías apreciar en mis irrelevancias no evita catástrofes. ¿Entiendes?

miércoles, 3 de abril de 2013

Flowing overflown


It is perhaps for the water that you keep on climbing up. An unnoticeable event that helps you break even with it all. Suppose for a moment that you should infiltrate in the reverie, in the cottony revisions you make on your own pillow when you ascend to the surface in that earnest way you do. It should be enough to mend your troubles, your worries away, the turn outs that went wrong and all those insufficient things that you carry in your air pockets at night. 

That's it. Transits, refills, insights, mellowing of all sorts. Transcend, just transcend. 

sábado, 9 de marzo de 2013

Aurora


La dedicación es total, pero es como la fiebre. Tal vez lo más cercano a la aurora boreal: bella pero inmensa. 

miércoles, 13 de febrero de 2013

Tintura


La amalgama de aire cobrizo lo unificaba todo. Y todo pesa, todo movimiento cuesta, como si la mismísima deriva estuviera sincronizada. 

Ah, falta poco por decir. Esta vez la historia no se repite ni se gesta en el horizonte como los mitos de abordajes de sirenas embadurnadas con la luz lechosa de la luna. Todo está dicho y allí me encontraba yo, y puedo testificarlo. Me perdí pero no me dejé llevar: ignoré el paso de los días, el azote de las corrientes cruzadas, los calambres musculares que debido a la debilidad y la falta de movimiento me hacían temblar. 

Dormía sin parar como en un delirio callado, hipnótico, y así conseguía que los minutos se rezagaran aún más. Es que no quería pensar en nada, sólo en encontrar ese momento en que me olvidara de mí, dejar de darle vueltas a las cosas para desembarazarme del tren de recuerdos y olvidarme del futuro. 

Estaba preparada únicamente para volver a empezar. 

jueves, 24 de enero de 2013

La isla


Piensas que ya se han desviado todas las corrientes, todas las acometidas y flujos de aguas que se desbordaron al abrir la presa. Pero te has equivocado al pensar que estabas en el otro lado. No es así. Eres tú quien navega hacia alta mar. Ítaca es la isla, es la ciudad velero, es la penúltima parada para negociar las exigencias de tu ansiada búsqueda, para tocar tierra, para dejar que tus manos finalmente sientan esa luz que rebota en los muros de las casas, esa energía del sol inflamando tu piel. 

Y los sabores agrios se caerán de tu boca cuando encuentres los diarios de todas aquellas personas que visitaron Ítaca antes de ti, de quienes viajaron en largos abrazos del agua y dejaron todo escrito tras repostar y partir hacia el agua. Es un gran privilegio que cambiará tu vida porque todavía amas los diccionarios recreados, las enciclopedias encontradas y las crónicas de viaje.

No es la última parada porque en ella decides tú.

Suena el teléfono y todo queda paralizado

Es para ti.

domingo, 5 de abril de 2009

Mrs Dalloway

Me levanto pronto, muy pronto, y llamo a mi madre, que me grita. Le aviso de que hoy voy a ir al hospital con ella para ver a mi padre por la mañana.

Estoy híper cansada porque he estado con insomnio a pesar de irme pronto a la cama, he escrito mucho por la noche y por la madrugada, y no consigo descansar; mis biorritmos están alterados. Pero estoy bien de ánimo. Estoy muy contenta con lo que he escrito aunque algo nerviosa por haberme comunicado con Simba. No sé qué pensará ella de todo esto o si me escribirá de vuelta.

Desayuno sin hambre porque me tengo que tomar el Lamictal y el resto de la medicación, y porque estoy perdiendo peso demasiado rápido tengo que hacer un esfuerzo para comer. Estoy muy desganada últimamente, creo que es porque mi cuerpo necesita su poca energía y vitalidad, y a veces comer es un peligro por la energía que consumes en la digestión. Sé que es paradójico, pero esto es lo que me suele pasar cuando estoy muy activa o muy cansada.

Pongo una de las cajas de muesli del trío que mi madre me ha comprado en el Corte Inglés en una bolsa y me lo llevo para tener algo que desayunar allí, porque odio el pan Bimbo blanco y no comer nada de fibra por las mañanas si me toca desayunar en la casa de mi madre, o si no tengo hambre al levantarme y tengo que salir escopetada allí.

Decido que estoy demasiado cansada, me estoy chocando contra las esquinas de la casa, tengo miedo de que se me caigan las cosas por la torpeza. Pienso que debería tomarme un té verde, pero la verdad es que no sé por qué no me lo hago al final.

Me preparo el portátil para llevármelo. Sé que va a ser un largo fin de semana si me quedo en la casa de mi madre y tendré que desconectar periódicamente para soportarlo. El hospital me da a poner fría y enferma. Hace días que no veo a mi padre.

Pienso en la ropa que voy a ponerme, me gustaría alegrar a mi padre con colores bonitos: rojos, azules, pero no sé si quedará mal en el hospital o mi madre pensará que voy hecha unos zorros, aunque desde hace años ya no me critica por lo que llevo o por mi pelo (sólo si lo llevo suelto), creo que le hace gracias. Money Penny, una de mis amigas que vino a ver el corto me dijo que le gusta mi pelo suelto. A mí también, pero se me mete en los ojos porque su onda natural es de flequillo ... rizado! En casa lo tolero más o menos, aunque me harto de echármelo para atrás como una pija. De pequeña quería tener pelo de pija para apartármelo de la cara con un golpe sexy de cabeza, pero ahora me doy cuenta que menudo coñazo. Money Penny me habla a menudo de mi pelo, quiere que me lo deje corto como en la peli. Está un poco obsesionada... Me termino poniendo la ropa que quiero: la camiseta amarilla beige de Cahart de mis rodajes y la blanca de manga larga debajo, muy Generación X. Llevo también los pantalones negros que suelo ponerme para el trabajo para pasar desapercibida y bollo friki. Reflexiono y me doy cuenta de que hay motivos en mi subconsciente para ponerme esta ropa: me quiero sentir cómoda, segura (Cahart es un fetiche de dire) y también eficiente.

Hago la misma reflexion sobre el calzado. Mis zapatillas están todas cayéndose a trozos porque me gustan y además paso del sistema capitalista y comprarme cosas, aparte de que me estresa sobremanera ir de tiendas. Al final me pongo las All Star negras. Ayer todo el mundo que vino a casa a ver el corto llevaba All Star violetas o rosas. Bueno, a ver, dos de tres de las chicas. Hicieron una pequeña familia en el suelo junto con las mías cuando les pedía a las chicas que se quitaran el calzado, silvuple, que mi casa es pequeña y siempre ando descalza con lo que se pisa todo el rato la misma parte del suelo. Eurídice me dice que ella hace lo mismo en su casa. Money Penny y su nueva novia no dicen nada, lo hacen instintivamente al ver todo mi calzado amontonado, apuntalando la puerta de entrada. Como para no verlo.

Cuando estoy cansada tengo que hacer las cosas despacio para no romper o tirar nada y para ahorrar energía, todo muy zen. Me doy cuenta de que no puedo hacer tanta multitarea como siempre, pero que soy incapaz de sólo lavarme los dientes, por ejemplo. Tengo que hacer algo mientras lo hago, otra vez me vuelvo loca de aburrimiento e impaciencia. Así soy yo, y me funciona. Hago más.

Con la ropa y el calzado elegido me decido abrir la ventana del dormitorio-estudio de montaje para que se airee. Y veo a mi vecino de enfrente, que me comenta lo preocupado que está por mí, porque ha notado la luz encendida las últimas dos noches. Le explico lo que he estado haciendo con el montaje del corto y las reparaciones múltiples de equipos. Ya me conoce. Se va a París y yo le digo que si quiere internet wifi le tengo que configurar el portátil. Dice que se pasa en unos minutos y me deja el portátil directamente, está esperando a la casera que va a enseñar el piso a gente porque él ya ha encontrado un piso más barato para mudarse con su novia en abril. Me va a dar mucha pena. Le comento que el portátil suyo estará mejor en mi casa durante sus mini-vacaciones porque yo tengo seguro que cubre material informático. Pone cara de susto y de alivio al mismo tiempo.

Me ducho. Me doy cuenta de que necesito agua caliente, trepidante sobre mis músculos: estoy machacada, es una mezcla de las primeras semanas de Lamictal (hasta que mi cuerpo se acostumbre) y de no dormir en dos noches. Al ponerme agua en la cara noto que está ardiendo y me quema, pero que no me suelo fijar porque la piel de mi cuerpo está acostumbrada al agua casi hirviendo. Dejo que me caliente las lumbares y los hombros, los músculos que recubren la clavícula y del cuello. Hago la reflexión de que tal vez cuando el agua cae desde arriba un par de metros ya está más fría por el frotamiento y el contacto con el aire.

Pienso si quiero hacer pis en la bañera; es una marranada, lo sé, pero a veces supongo que es tu prerrogativa. Me preocupa el sedimento de ácido úrico porque ni de coña voy a limpiar el baño inmediatamente. Me planteo que si dejo correr el agua no pasará nada. Muevo con el dedo gordo del pie el taponcito de agujeros que uso para evitar que los pelos bajen cañería abajo, me pinzo el pubis con los dedos y calculo más o menos cómo dirigir el chorro de pis caliente. Tengo bastante puntería y fuerza, será por mi capacidad eyaculatoria. Hay cachivaches en internet de chicas para poder mear de pie. En los foros hay agradecimientos al fabricante de parte de mujeres que trabajan en ambulancias y mujeres policía. No sé si es cierto, pero Ojitos Verdes, mi novia holandesa, me dijo que ella sabía hacerlo sin nada. En la página web te lo explican cómo sin bajarte los pantalones. Yo, tras hablar con Ojitos Verdes me dio vergüenza ser una ignorante tan grande y haber pasado mi vida adulta sin saber estas cosas que pudieran ser tan útiles en un momento dado de emergencia para que no te pillaran con el culo al aire, literalmente. Ese día lo probé en casa sin aparato, y fue un desastre. Sólo tienes que utilizar los dedos, sujetar, apuntar y controlar el tiro. Hablé del tema con un amigo y él me dijo riéndose pero en serio que los niños aprenden con sus papas y que tampoco es fácil atinar a la primera.

No sé si me siento avergonzada de mear en la bañera o paso del tema, pero a continuación cojo la esponja para limpiarme el cuerpo. Estoy tan despistada que pongo suavizante de pelo en vez de gel de baño en la esponja. Pienso que no es deterioro cognitivo causado por la falta del ácido fólico y la interacción del Lamictal, sino cansancio. Aunque me viene a la cabeza que esta mañana casi vuelvo a poner las bragas en la papelera en vez de en tonel de la ropa sucia, que es el cuádruple de grande y blanca como la leche, enfrente suya. Es mosqueante, pero estoy demasiado cansada para pensar mucho, y además, esta vez no llegué ni a abrir la papelera, fue más bien una especie de acto reflejo. Decido utilizar el suavizante de la esponja y me mojo el pelo, demasiado trabajo el lavárselo, y lo peino con los dedos. Es sábado, mi día de lavármelo. Cuando estaba deprimida no me lo estaba lavando, al igual que los platos, la ropa, el suelo de la casa, etc. Eso es lo que pasa.
Me tira y me hace daño, y continúo haciéndolo sujetándome las raíces con la otra mano. Me pregunto si cuando me lo lave en unos días y me lo peine con el suavizante se caerá mucho pelo por el efecto del Lamictal. Pero no parece. Me congratulo de que el ácido fólico esté haciendo su trabajo. Me alegro mucho y sonrío para mí misma por lo lista que soy habiéndolo encontrado yo solita.

Mientras el calor invade mi cuerpo me pongo a pensar no sé por qué en ser bipolar y en el método Da Vinci de Garret Loporto para bipolares, y en la genial idea escrita en el libro sobre visualizaciones. No visualizo, pero me propongo hacerlo para encontrar soluciones a las cosas que tengo que solucionar próximamente. Se trata de hacer una relajación y dejar la mente suelta, sin forzar pensamientos, pero sin meditar, y fijarte en las imágenes que te llegan. Yo seguí este método en una ocasión y me imaginé a un jefe indio fumando una pipa de la paz con un tremendo coso de plumas de esos de los jefes indios que se ponen en la cabeza. Era una escena antigua. casi sepia. Y me di cuenta de que estaba muy preocupado por mi hermano porque seguía fumando a pesar de la neumonía, y que debía comprarle cigarrillos sin conservantes de ácido sulfúrico, no me acuerdo cómo se llaman, pero tienen la imagen de un indio americano fumando una pipa. Es una imagen tipo cómic. Se los compré pero no sirvió de mucho: no le gustaron, a pesar de ser light son bastante fuertes, y se pasó de nuevo al Camel y al Marlboro light. Pero bueno, yo intenté hacer algo y me di cuenta en ese momento que me preocupaba mucho el que mi hermano fumara y le tuvieran que llevar de nuevo a cuidados intensivos por otro brote de neumonía si no se cuidaba.

Procedo a lavarme los dientes, y pienso en cuánto lo aborrezco por ser un tiempo muerto. Me gusta lavármelos concienzudamente, con hilo dental, líquido natural, cepillo eléctrico, etc. Pero lo odio a muerte, si no tuviera que hacerlo sería feliz. Hay algo en ello que me calienta los cascos y me revienta los huevos. Siempre intento hacer algo más mientras me los cepillo, pero es un desatre porque me mancho la camiseta y el pantalón de pasta mojada, se cae encima de la mesa del ordenador, el suelo y deja mancha. Es odioso. No me queda Sensodyne, que es carísimo, y no sé si lo voy a comprar, tengo que cuidar mi economía ahora que no estoy trabajando si quiero estar varios meses bailando la jota de alegría viviendo de mis ahorros y soñando como Segismundo; bueno, más bien al contrario de Segismundo (de La Vida es Sueño) ¿no? Me acuerdo en este momento que la otra pasta, la natural de bicarbonato del herbolario casi me arranca el esmalte a tiras. Era demasiado fuerte; allá quedaron atrás los años de Arm & Hammer, la mejor pasta de dientes del mundo que compré por primera vez en San Francisco tras aconsejarme una beauty de allí con la que ligué. Esta pasta es muy suave, tiene bicarbonato pero te acostumbras al sabor, es natural y lleva peppermint orgánico. Qué rabia que en España no se venda todo lo que quiero. Pero bueno, siempre puedo pillar cosas por internet (cosa que hago profusamente, sale a cuenta incluso con los gastos de envío, y me proporciona una inmensa felicidad). Mi tía G. siempre llega a casa cuando me estoy lavando los dientes y me grita porque según ella es una horterada y un alarde falso de limpieza el hacerlo. Como cuando me lavo los dientes no puedo estarme quieta mirándome al espejo sino que vago dando paseos por la casa, siempre me encuentra con el cepillo colgando por ahí cuando llega a casa a ver a mi madre e inspeccionarnos a nosotr@s. Es una maldita casualidad que pasa muy a menudo. Mi tía me calenta la cabeza con esas cosas y con que por qué no cojo un trabajo de profesora de inglés, que paga bien, hay vacaciones y no se da ni golpe. No es capaz de escuchar ni de entender mis razones para no hacerlo, se las pasa por las narices y continúa otra vez con la avalancha de críticas. Es muy de mi familia materna. Ojitos Verdes, mi ex holandesa me dijo una vez que echaba de menos el verme por la casa con el cepillo de dientes colgado de un lado del labio. Lo dijo con ternura.

Ya arreglada voy a casa de mi vecino y le aviso de que me voy, y él entra en casa con el portátil suyo. Hablamos, no sé por qué, de hacer deporte. Yo le digo, apuntando a mis zapatillas nuevas y enseñándole que son buenas porque tienen refuerzo en la suela para el asfalto, que voy a volver a correr otra vez. Él me dice que no hace deporte desde hace ... la tira. Le pregunto si desde la última vez que fuimos a correr juntos; me mira con cara de susto y me dice que casi. Puf, eso fue hace casi un año. Le empiezo a hacer un masaje en el cuello porque yo me llevo estirando toda la mañana para contrarrestar los calambres musculares y tengo práctica, y él está lleno de cric crics y tensión muscular. Yo le digo para consolarle que las personas que estudiamos o trabajamos mucho sentados enfrente del ordenador como es nuestro caso (él ha terminado su tesis doctoral en febrero) tenemos problemas de elasticidad si no hacemos ejercicio, se nos carga el cuello y nos machacamos las lumbares de tanto culo quieto encima apoltronado y comprimiéndose en la silla. Él dice que estaba pensando unirse a un club de deporte, hacer tenis, esquiar, y yo le digo que todo eso son chorradas, y que es lo típico que va a retrasar toda la vida y terminar no haciéndo porque no es práctico comprometerse. Le hago la promesa de llevarle a correr al Retiro cuando vuelva de sus vacaciones. Lo voy a cumplir, es también una promesa a mí misa. Tengo ganas de correr.

La casera está por ahí al marcharse D. a su casa y le pregunto a la casera que cuánto pide por el alquiler y me suelta una barbaridad. Estoy pensando en el Hombre Cansado. Me cuenta chirigotas sobre la comunidad y la hipoteca. Nosotros pagamos la comunidad y es una miseria, no es casi nada. Se lo comento y me mira extrañada y un poco avergonzada por la puta mentira. Luego se hace la guay diciendo que si hay buen rollo con la persona a la que interese el piso y está trabajando no le cobraría los dos meses de fianza. Manda huevos.

Digo que me piro y mi vecino dice que él tambien, y decimos adiós a los caseros. el hombre me sonríe sospechosamente, tiene pinta de chulo de playa. Me pregunto que por qué ha habido tanta tensión con la casera en nuestra conversación. No tenía que haberle dicho nada ¿no?, callarme como una cuca y ya está. ¿A mí que me importa esta tía y la barbaridad que quiere cobrar por el piso? Además, los precios están bajando, quiera ella o no. D. y yo tenemos un montón de bolsas de basura. A D. se le caía una de las manos, aunque no era pesada, y se la recogí, y él a cambio me bajó la caja de cartón larguísima de la estantería que desenvolví el viernes y que pienso instalar para los altavoces de montaje (nombre científico: monitores de sala).

Le digo que paso de la prohibición de no sacar la basura hasta que los cubos estén en la calle, él dice que le da igual también (no creo que se lo haya ni planteado). Separa las bolsas para reciclar una de ellas, y yo no digo nada, me callo como una perra, porque estoy demasiado cansada para ir de cubo en cubo, y tengo una bolsita (que ahora no sé cuál es) con unas cuantas latas de atún y unos plásticos, pero las echo todas en el mismo cubo con la excusa del cansancio. No me doy cuenta, pero me dejo la bolsa verde del muesli encima de la caseta de cemento de los cubos.

Fuera están los caseros, esperando a alguien que va a ver el piso. Ya le he dado un beso a Dani y le pregunto si va al metro, me dice que sí. Pero la casera le comienza a liar con no sé qué de las sábanas ... puf, menudo rollo, y me voy. Antes de ir a casa de mi madre tengo que pasarme por el herbolario y recoger mi pedido. Al llegar ahí hay unas señoras horribles contando rollos sobre sus radiografías perdidas, etc. Un señor ha metido un par de perrillos estilo Chamberí, muy cuidados, muy repolludos, etc, ¿Deberían entrar en un herbolario?, me pregunto, me siento diabólica y jorobada porque no quiero esperar y me dan mal rollo las viejas. Una de ellas me está mirando todo el rato cuando habla mal de los médicos. Entiendo el mal rollo por lo que me cuenta la tía con su verborrera verbal, sin importarle si la escuchan o no. Me doy cuenta de que me falta una bolsa, pero ¿cuál?, hago recuento mental y me acuerdo de que la dejé donde los cubos. No me imagino a mis vecin@s robándomela pero salgo corriendo de la tienda para buscarla. Todo el mundo me mira al salir. Me llevo la crema de €20 que tenía en la mano, y me imagino mientras corro a casa que las viejas estarán poniéndome a parir diciendo que la he robado. No soporto una gran cantidad de gente mayor en Chamberí. Es insufrible, orgullosa, arrogante y me suelen tratar bastante mal por eso de que parezco guiri, pero de los países pobres. Siempre se quieren colar, como si yo no existiera, y se les tuerce la boca cuando me escuchan hablar sin acento de ningún tipo. Siempre me miran de arriba a abajo, no consiguen cuadrarme. ¿O serán mis paranoias?

Llego a casa y veo que la casera está algo nerviosa, y el casero al móvil como un poseso un poco apartado de ella. Le digo sin pensar que qué informal es la gente. Que de cinco viene uno, y no avisan de no venir. Me mira con sorpresa pero agradecida de que alguien la entienda. Cojo la bolsa del Muesli que está exactamente donde la he dejado, ahí tiesa, y salgo pitando al herbolario. Cuando llego, el hombre que había venido detrás de mí antes me deja pasar. Pero mientras me están atendiendo una cuerva que está detrás mío no hace nada más que protestar: !Ya está bien, que ya está bien!". El hombre no sabe qué bando tomar. Noto que el Lamictal va bien porque no tengo ganas de estamparla contra la pared, la tía ha llegado después mío, coño! Y encima tengo que aguantarla. Era una grosera integral, y como yo no digo nada, y la niña del herbolario se pone colorada y acelerada conmigo, la vieja se envalentonaba más. Y esto no es la carnicería, tengo que hablar con la nueva niña que ha reemplazado a Bizcochito, que echaron de mala manera, por cierto; me da rabia comprar ahí pero tengo que hablar con la dueña sobre el tema. Ella siempre me ha tratado muy bien, y se ha portado muy bien conmigo. Cuando supo lo de mi padre fue muy tierna conmigo al entrar de repente en su tienda, envuelta en lágrimas, buscando una infusión tranquilizante. Otro día me vio en la tetería de al lado de la tienda y entró sólo para ver qué tal estaba y me dio un beso. Pienso que mi actitud zen con la mujer ésta pesada se debe también al cansancio. Me han pillado en el herbolario un poco mal el pedido: tengo el complejo B, el cardo mariano, los probióticos, el aceite de borraja y el de pescado, pero le digo a la niña que no quiero tanta pastilla y dejo la mitad de las cosas reemplazándolas por extractos. Volveré la semana que viene por el Kefir en vez de pastillas de probióticos. ¡Más pastillas no, por favor!

Como en realidad voy al metro de Quevedo está camino de mi casa, y pensando en lo mucho que me ha puñeteado la vieja y lo pronto que tengo que olvidarla, llego a casa y dejo todo sin quitarme los zapatos. Al bajar hay un hombre que está montándole un pollo a un niño de unos tres años, palabras textuales: "¡Deja de poner el puñetero oso en las papeleras y donde está sucio, que ya está bien!". El niño es pequeñísimo y el hombre tiene la espalda flexionada, el niño se agarra al oso y el hombre le está diciendo todo esto a su cara, de forma agresiva, sujetándole el brazo por si el niño, pobre, se rebelara. No lo veo como violencia hacia la infancia, sino como a un padre estresado diciendo gilipolleces. La madre anda por delante con un carrito, al móvil, y se le escucha decir que a no sé quién le engañaron como a chinos en Zapatolandia. Les paso de largo y giro por la esquina de la calle Olid. No hay mucha gente a pesar de ser festivo. Paso una niña con una comba azul; hace un día agradable, el fresquito soleado me está despertando y dinamizando un poco. La calle está un poco más soleada por Quevedo. Paso una camioneta Carrefour que huele a pescado que te echa para atrás. Las puertas de carga están abiertas de par en par y la camioneta completamente vacía, aunque guarreada de suciedad y agua negra por todas partes, húmeda y pestilente. En fin, el pescado huele. A ver, oler huele. Decido coger un taxi en la esquina de La Caixa, después del semáforo, para ahorrame 30 céntimos por lo que tardamos ahí después de la bajada de bandera, joder, que ya me lo sé. Paso en el semáforo anterior de camino a la esquina a un chico ciego vestido de negro con vaqueros oscuros y bastón blanco. Menos mal que me quedan quince euros!. Es que no sé por qué le tengo tanta manía a sacar dinero del cajero. Odio tener que pedir de €20 en €20 (porque me lo gasto, herencia de no tener pasta por mi vida de artista sin dinero en Londres y Ámsterdam, y sentirme mal al ventilarme el saldo de mi cuenta antes de fin de mes). ¿Por qué no se pueden coger €10 como en Caja Madrid? Siempre envidié a mi ex de Madrid, M., por sacar €10, que en realidad es lo mismo, pero parece que no se siente tanto como una puñalá trapera.

Cojo el taxi pero el siguiente semáforo a unos metros nos frena, grrr. Qué mal he calculado. El taxista sin embargo es majo, y le suelto el mantra automático de cómo llegar a la casa de mi madre. El taxi huele a rancio mezclado con ambientador cutrillo de Todo a 100. Abro la ventana y le digo que qué día más bueno hace. Él llama al antiguo estadio del Vallehermoso por donde vamos a pasar "polideportivo Vallehermoso". ¡Ay! El pobre demolido y dinamitado Estadio Olímpico, perdona, O-LÍM-PI-CO Vallehermoso, qué narices "polideportivo", donde yo entrenaba a los catorce años con los policías que se preparaban para la revisión física, los caimanes que se quejaban de mover el culo.

sábado, 4 de abril de 2009

Jazz in motion



Dribble, hey. Pass it, reck it, bust a move, stretch, interestingly, bend the circle above your head and surpass all limits. Scent of salty dust in your mouth, on your finger prints; your back bent, your eyes fixed, your soul transfixed, sloooow, shhhh, you're thinking.

Bang! It was just that fraction of a second, everyone is watching, confused, you tap the ground with your feet, you crack it, you reck it, you bust a move, stretch, interestingly bend the circle above your head, and they crown the top of it with their arms, the side of their bodies frozen in the air for that split second, their fear, their sweat and enthusiasm.

But you dribble and jump and pass the ball to her who nets it right before you crack up laughing and fall on the floor, and keep on laughing and sweating and feeling fresh and cool like when you were fourteen.

domingo, 29 de marzo de 2009

Papi

Ayer fui a ver a mi padre al hospital. Desde que está ingresado, a pesar de chuparme los días de urgencias, las llamadas, las gestiones administrativas, chillar a su neuróloga de mierda agilipollada, prepotente e inepta, aguantar las paridas de mi hermano y sus amenazas cibernéticas por mis entradas en este blog, el marrón de aceptar el tema residencia, el verle atado y apresado con grilletes y con pañales, sólo había visto a mi padre en planta una vez brevemente con mi madre, sin interactuar con él. Y ése día me había sentido como un submarinista que se estrella contra el suelo marino por una fuerza motriz tremenda, imposible de amansar.

Me había sorprendido su mirada idiotizada (deterioro, Haloperidol), su pérdida de peso, su aspecto empequeñecido y su constante mal humor que me pone los pelos de punta, a pesar de que me miraba (me reconocía, pero ... ¿sabía quién soy yo?), al mismo tiempo que me destrozaba por dentro cómo al marcharme me guiñaba el ojo, muy estilo papi joven y guapo de antaño, y me seguía con la mirada.

Así que ayer me armé de valor después de haber hablado por la noche tiernamente con mi galleguiña y fui para allá. Tiene un compañero de habitación que está aguantando carros y carretas, en particular sus gritos durante toda la noche que le impiden a él dormir. Este viejillo chisposo y nervioso, profesional del gremio de ingresos hospitalarios, sobrevive gracias a la bombona de oxígeno y dos operaciones de pulmón en el que le han reducido más de dos quintos de superficie pulmonar a tajo de bisturí, y tiene problemas varios que palia viendo televisión todo el día (le gusta Cuatro -temas de supervivencia y viajes Kontiki), una cabeza muy entera a pesar de su edad, enseñarle su cicatriz a todo el mundo (tiene una piel muy bonita a pesar de que es puro huesines de pollo), y unas hijas que son como cinco soles, aunque siempre apunta que tuvo un hijo que murió a los treinta. Su señora murió hace tres años; lo sé porque se lo ha dicho a mi madre, a mi padre, y después me lo dijo a mí.

Mi padre estaba allí, sentado en pañales con una camisola de niño de cinco años, ocupadísimo intentando quitar el botón de sujeción de una de sus muñecas girándolo hasta la eternidad (no se quita así, sino con una llave especial, obviamente). Gracias a Dios sólo tenía sujeción en la cintura, la banda de la mano era sólo para tenerla a huevo los auxiliares y paralizarle los brazos si la situación iba a más. Al llegar me empezó a hablar en francés y yo le dije en numerosas ocasiones (casi gritando, porque paso tanto de su maldito francés) que yo NO hablo francés (en concreto porque a él nunca le salió de los huevos el enseñárnoslo de pequeñ@s). Total, que le cabreé y le seguí cabreando, como siempre desde hace 42 años, con todo lo que yo le decía o hacía para intentar ayudarle. Se volaron unas toallitas de papel y me gritó por haber sido indolente y haberlas esparcido por el suelo; luego me gritó por haberle tirado "la carta" (presumiblemente una de las toallitas), y después en general me gritó por todo. Pero le mentí porque sí que entiendo su francés, no sé cómo ni por qué, pero sí, le entiendo. Quiso luego hablarme en inglés y también le dije que no, que no le entendía, leñe (no me apetecíaaaaaa), y al final le tuve hablando en español la mayor parte del tiempo para que se orientase y por lo menos se comunicara con nosotr@s (llevaba DÍAS hablándole en francés a todo quisqui!)

Tras tanto grito a MÍ fue a quien se le puso la mirada perdida y me cogí mi libro de Mejor Platón no Prozac, e intenté leer un poco. Por supuesto no pude concentrame y me sentí como una leona Akuna Matata enjaulada. Entonces se me ocurrió hacerle un masaje, vi que tenía todavía mucho músculo en la espalda y me gustó poder darle un masajito como cuando volvía del tenis. (¿Dónde estaba su cadena de oro macizo que le compró mi madre?) Se resistió mucho pero le gustó, y luego le ayudé a hacer estiramientos. Quiero que se acuerde de ser él mismo. Me repitió como antaño que los masajes se hacen de abajo a arriba, como cuando tenía doce años y le masajeaba la espalda; o me enseñaba a poner inyecciones practicando en almohadas y luego en sus glúteos (le pinché en el hueso y se acabó la lección).

Después se me ocurrió algo mágico: salí del hospital pintando y fui corriendo a casa donde escogí unas fotos, unas pesas suyas y un aparato para fortalecer los brazos (todo pequeño, a ver si se lo tira a la cara a las auxiliares de clínica, o mi madre ... dejé las pesas enormes, el cinturón de cuero de Muhammad Alí que usó durante años y años todos los días a las cinco y media de la mañana) y volví y puse las fotos en la ventana con blu-tac. Se sorprendió mucho, digo yo que se preguntaría dónde estaba. Le pregunté foto por foto quién era quién. Reconoció a mi madre, lo que es novedoso, porque en la vida real se queda muy confuso: reconoce su voz pero no tanto cuando la ve en persona. No se reconoció a sí mismo de joven, dijo que era mi hermano mayor :(. Es cierto que se parece a él pero .... menudo bajón me entró al ver que ya no sabe ni quién es. Luego a mi hermana y a mí nos llamó por mi nombre a las dos, y sí reconoció al bebé de mi hermana y a mis hermanos. Creo que es muy importante para él volver sobre sus pasos familiares y hacer pequeñas cosas que le orienten, aunque su principal interés de ayer fue girar la maldita rueda con la que le atan a la cama y a la silla para que no se escape, la que no se abría al girarla hasta la saciedad, y buscar la carta que estaba escribiendo o que le habían mandado que en realidad era una servilleta blanca e impoluta ...

Fue mucho mejor de lo que esperaba y ahora vuelvo otra vez con mi hermana y Poquitos, y que sea lo que Dios quiera, porque parece ser que está muy rebelde, queriendo escaparse, arrastrando la silla por el suelo porque quiere levantarse y volar hacia la nada infinita, hacia un sitio en su imaginación que nunca encontrará. A veces es su casa, la casa en la que vivíamos hace más de veinte años, otras es una mezcla delirante de imágenes de sueños provocados por su demencia, por las decenas de pequeños infartos que se enredan entre sus neuronas como cráteres carbonizados y que le han destruido el entendimiento y la conciencia de sí mismo.

Y esta noche tuve un sueño alucinante:

Tengo una nueva novia, pero al final no es otra que mi querida Ojitos Verdes de Ámsterdam, la novia que tuve durante siete inolvidables años, y voy a ver a sus padres a un barco donde viven. Sus padres no son sus padres en la realidad, son una especie genérica de padres, y no son agradables conmigo (odio ver a padres y madres de novias, malas experiencias), pero su padre de repente era el padre de mi ex mal encarado conmigo. En la vida real la última vez que lo vi en Ámsterdam en la ceremonia de la tesis de Ojitos Verdes fue muy raro conmigo, aunque no me extraña porque tres años antes había echado a su hija de mi casa por la noche diciéndole por toda explicación que se levantara de la cama y se fuera a la calle, fuera de mi casa. Siempre pienso que si ella hubiera vuelto todo hubiera sido tan diferente, si hubiera dado un giro sobre sus talones y tras salir hubiera llamado a la puerta, hubiera pensado en mí y en nosotras, y se hubiera armado de valor para convencerme de que aún había algo entre nosotras, como seis días antes, antes del rodaje, cuando nos queríamos a pesar de todo. Pero fue al final de un rodaje absolutamente demencial y tras un día en un taxi durante ocho horas (había inundación en la carretera) devolviendo equipo del rodaje, las dos en el taxi discutiendo a voces mientras el taxista sufría por nosotras sin saber qué estaba pasando. Yo había tenido una crisis entonces el día anterior y había despedido a todo el mundo del rodaje y me había liado casi a puñetazos con el chulo de playa del inútil del sonido que tan sólo quería follarse a la actriz principal y estaba en el rodaje sólo para ligar.

Yo había tenido ese día antes de echar a Ojitos Verdes de mi vida una crisis bipolar enorme y estaba en el cénit, justo antes del desplome total. No me he perdonado a mí misma todavía por haberla echado de mi lado. Creo que ella sí, porque a pesar de haberle pedido que volviera durante seis meses, ella decidió hacerlo cuando yo ya había vuelto a España, había tirado el anillo suyo que llevé durante siete años por la ventana, me había liado con una tía en Madrid, y tras ser incapaz de perdonarla porque ella me había ignorado durante meses durante la depresión más grande, feroz y dañina que he tenido en mi puta vida.

En fin, el padre de Ojitos Verdes me miraba mal y de repente mis padres también estaban allí. Mi padre, ágil, despierto y más joven, se andaba riendo. Yo, no sé por qué, tal vez para fastidiarle y dejarle claro que yo quería a mi madre y que no iba a permitir que estropeara todo como siempre, porque él no iba a bailar con ella y mostrarle ternura ni cariño, me puse a bailar tiernamente con ella esta canción de principio a final:





Pasarán más de mil años, muchos más
yo no sé si tenga amor, la eternidad
pero allá tal como aquí
en la boca llevarás
sabor a mí ...

En un momento dado, estábamos atracados en el puerto, y mi padre se subió a un gran camión de reparto de Heineken y se rió en nuestras narices mientras los tíos del camión, ignorando nuestros ruegos desesperados, arrancaron con mi padre riéndose, escapándose en la parte de atrás del camión.

Yo le dije a mi madre que no se preocupara y salí corriendo detrás del camión. Y corrí y corrí y corrí por toda la carretera, entre los coches, subiendo cuestas; se perdió el camión y seguí corriendo, me recorrí toda la ciudad incansable, dejándome las piernas, cayéndome a trompicones casi de tanto tirar de mí misma hacia adelante, siempre hacia adelante. Y de repente llegué a un cruce de caminos, era una mezcla de Madrid y Ámsterdam la ciudad en la que corría, y avisté el camión después de haberlo perdido de vista hacía bastantes manzanas. Entonces logré alcanzarlo con un esfuerzo sobrehumano, y le forcé a parar. Cuando aparcó cogí a mi padre y llamé de todo a los conductores del camión, que pasaban de mí aunque les molestaba visiblemente mi furia.

Cogí a mi padre como cojo a Poquitos y aunque con miedo de que se me escapara me chocó el darme cuenta de que era muy delgadito, muy liviano y que estaba desvalido. Él puso su cabeza en mi hombro y se agarró a mí con las piernecitas enlazadas alrededor de mi cintura. Era como un monito algo más grande que mi sobrino. Y me puse a buscar un taxi como loca. Me pasaban taxis peligrosamente por todos lados porque estaba en mitad de la carretera (siempre estoy cogiendo taxis de madrugada para ver qué pasa con mi padre cuando me llama mi madre porque ha tenido que comunicarse con la policia y el Samur psiquiátrico que se han personado para calmarle ...). Los taxis no paraban y yo arriesgaba mi vida como cuando corría detrás del camión porque los taxis y los coches pasaban por mi lado a gran velocidad, y yo seguía caminando con mi padre por la carretera. Después de un rato interminable y tras meternos en un sitio que era como de mini-cabs de Londres pero que estaba lleno de gente peligrosa, por lo que apreté a mi padre contra mi pecho y salí pitando con él, nos resguardarmos en un restaurante italiano muy elegante. Hasta entonces había estado cogiendo a mi padre como a un peluche, con sus piernas larguitas y de pollito (como le vi en el hospital). Pero de repente él estaba de nuevo de pie, imponente, con un traje caro de Celso García y una corbata de seda, y pidió una pizza al camarero con mucha autoridad y simpatía. Y yo era pequeña otra vez, tenía dieciséis años. Pero no sé cómo le convencí de que nos marcháramos (ante la mirada estupefacta de los camareros), conseguí que me dieran el teléfono de un radio taxi y llamar desde el restaurante, y lo llevé sano y salvo a mi madre que me lo agradeció en el alma con la mirada ...

Ayer mi hermana miraba a mi padre invadida por el silencio y además llevaba un rato sin que yo me diera cuenta. staba sentada en la esquina angular de la habitación, que parecía aún más gris en ese momento, con sus manos desposeídas sujetando la mano de mi padre en el frío aluminio de su cama que se alzaba como una barrera entre él y nosotr@s ... su otra mano caía sobre su propio regazo. Sus ojos estaban invadidos de lágrimas en ciernes y yo sentí su pena profundísima como una saeta que se ensartaba en mi corazón .... Poquitos miraba a mi padre... las enfermeras miraban a mi padre ... y él miraba las fotos de la ventana sin decir nada ... Las miradas hablan más que las palabras.

sábado, 7 de febrero de 2009

Planesss


Me voy a ir a la camita, estoy destrozzzzzzzzzzzzzzzzzzadaaaaa. Me están pasando cosas raras; por ejemplo: noto como pequeñas burbujas de cansancio eclosionando en las encías de las muelas como si fueran flemones. ¿Qué diablos es eso? Y al respirar me duele el pecho. Estoy algo jorobada porque hoy con el trabajo y todo no he ido a correr. He salido de la oficina a las 11 de la noche porque quería terminar algo y que la semana que viene no empiece como si me hubiera de poner un cohete en el culo el lunes por la mañana. Esta semana me ha puesto las pilas pero bien, mare mía.

Bueno, lo que quiero hacer este finde es dormir como un cerdo, ver a Poquitos, nuestro bebé, ir a correr sábado y también domingo para gozar en la lluvia dorada de bienestar que siento al hacerlo (espero no estar malita este finde porque entonces no podria y me daría mucha pena no salir a correr) y ver las pelis que me he bajado. Quiero ver a mis amig@s, salir por Malasaña y por Chueca (Chueca siempre lo digo y luego no lo hago), tirarme en el sofá de mi hermana con el bebé y comérmelo a besos y ... bueno, también iré a ver a mami. He comprado un billete para ir a Lanzarote a hacer surf en mi cumple ¡biennnnnnnnnnnn! Ahora es importantísimo comer bien para estar fuerte y empezar a entrenar, porque si sigo con estos bracitos de nada me van a tragar las olas.

No están mal mis planes, teniendo en cuenta de que también quiero meter los doscientos folios que imprimí esta noche sobre Otto Rank y su terapia para sacar la neurois de la psique del/a artista. Otto Rank basa su teoría sobre el psicoanálisis que diseñó para el arte en que cuando una persona es neurótica es porque no expresa su personalidad, está frustrada, se la deja dentro o la enmascara. La persona artística es alguien que se acepta en su totalidad, con sus fobias y sus manías, pero se acepta y se sublima.

Más mañana, porque estoy empezando a ver relámpagos y chirivitas. Estoy tan agotada ...

jueves, 5 de febrero de 2009

Mi lado úber bollo


Llego a casa y me quito los pantalones de la calle como quien se desenfunda un traje de buzo, con muchas, muchas ganas de estar cómoda, venga ya de una vez. Tengo ganas de estar en mi casa. Estoy híper cansada, pero cansada de no haber dormido, lo que se traduce en cansada cabreada, if you know what I mean.

Saco a toda prisa el borrador del IRPF de este año (no he pagado, en paro un año entero y quieren que les pase seiscientos y pico euros? De qué van. Pero tengo que darle los datos a mi madre porque está pidiendo la minusvalía de mi hermano mayor y figuro que vivo con él. Yo ahora estoy viviendo en su casa desde que mi madre le sacara de aquí el año pasado, literalmente antes de que fuera demasiado tarde.

La llamo y le doy los datos. Me cuenta que ha estado en el tanatorio porque se ha muerto la mujer de su tío. Esto me hace pensar que no es alguien con quien ella tuviera tanto trato, pero bueno, al final le consigo sacar que era una tía suya que sí les traía juguetitos a las niñas y demás, pero en fin, tenía noventa años y no, no se veían mucho (yo no la conocía). Como todas las historias de mi madre inmediatamente pasamos al lado surrealista. Al llegar al tanatorio una persona que trabajaba allí se dio cuenta de que las ruedas de mi madre (del coche de mi madre, se entiende) estaban mal, y se lo advirtió. Inciso: pregunta mía - "¿No era un sitio súper deprimente?". Mi madre: respondiendo de mala leche: "No, todo lo contrario. ¿No te estoy contando lo de las ruedas?". De acuerdo, hablemos de las ruedas que es lo importante, no el hecho de haber ido al tanatorio, claro. Le dijeron a mi madre que tal vez habría alguien por ahí que pudiera ayudarle - claro, cómo no me termino de enterar, es de lo más normal que sucedan estas cosas en los tanatorios. Total, el toque magistral de la historia de mi madre (gran naturalidad al contarla) consiste en que durante dos horas estuvieron buscando a mi madre un hombre de por allí y una señora porque iban a ayudarle con las ruedas, y al final, al encontrarla le dijeron: "Señora, queremos arreglarle las ruedas." El final de la historia evidentemente es: le arreglaron las ruedas.

Después de hablar con mi madre me pongo a bajarme varias pelis a toda castaña -se acerca el fin de semana y no quiero que me encuentre con la boca seca. Me bajo Waithnail and I, a sugerencia de sweet Tara, Control, la historia de Joy Division, a petición de Luis The Solvers, Fight Club, de Brad Pitt, no sé de dónde saqué la idea, y alguna más. No va a ser un fin de semana de chicas, más bien de chicos, por lo que parece. Me imagino que este finde quiero sintonizar con mi energía masculina. Siempre que trabajo mucho en la oficina me sale el lado úber bollo: cables, destornilladores, decirle a los tíos lo que tienen que hacer, poner firme a l@s jefes, arreglar todo, ser resolutiva, andar corriendo con la boca llena de comida, hacer de mi rincón un agujero particular, tener a la población femenina de la oficina algo más pendiente de mí de lo normal; no sé por qué, pero es así, será por eso de que escuchan a los chicos llamarme desesperados como niños cuando algún gusarapo les salta por la pantalla del ordenador y al verme ellas les doy moral en un mundo diferente: pasan por detrás mío y me rozan la espalda, me tocan los brazos cuando voy en camiseta, me llaman con diminutivos, me piden ayuda cuando la fotocopiadora hace de las suyas y nos ponemos ellas y yo a soltar tacos inofensivos y chascarrillos con complicidad ... Mi rincón está lleno de comida a medio morder, de informática total; tengo a veces hasta seis pcs haciendo cosas raras y nadie tiene ni puñetera idea de a lo que me dedico. Entro a la hora que quiero y me voy a la hora que me da la gana (Dios mediante), me siento una salvajilla.

Pero no me gusta trabajar tantas horas. A ver si la cosa se tranquiliza y me puedo tomar un día libre para recolectar la información en mi cabeza. Tengo pelos de loca y unas ganas tremendas de darles el tijeretazo, pero todo el mundo me dice que espere hasta el verano. He decidido que en cuanto cobre, porque este mes ya he ganado casi lo mismo en una semana que el mes pasado entero trabajando, voy a comprar el ticket para volar a Lanzarote, quedarme con mi coleguilla del instituto que vive allí, y aprender surf. Es mi regalo de cumpleaños a mí misma. Supongo que también podría prometerme que voy a terminar mi peli bollo y ponerla en Youtube. No me costaría nada prometérmelo, llevo varios años haciendo esto. El año pasado en mi cumple me comprometí a terminar el guión de mi largo. Es divertido hacerme ese tipo de promesas porque suelo cumplirlas. Pues va. De marzo no pasa que ponga la serie bollo en Youtube. A este blog pongo por testigo que nunca, nunca, nunca, volveré a pasar hambre ...

Pero sí tengo hambre, tengo hambre intelectual. Llevo una semana con ganas de leer la información sobre la terapia de Otto Rank a Henry Miller y Anäis Nin, así que me descargo los enlaces e imprimo la primera parte. La segunda parte, un estudio de la terapia de Otto Rank a los artistas que me muero por leer y que me ha costado tanto en encontrar, se convierte en un documento de doscientas páginas. Evidentemente ¿qué hago? Pues me lo envío por mail para imprimirlo en el trabajo, por supuesto ...

Me doy cuenta de que estoy de mala hostia, preocupada por mi sobrinitio cuya mala tía no le ha cambiado el pañal de diarrea esta tarde cuando he pasado un ratito con él. Por eso estaba tan desesperado, y eso que ha sido súper rico, aunque estaba malito ni siquiera ha llorado. Ahora la mostrenca de tu tía ya sabe para qué está el Corte Inglés de Callao. Todo el mundo lo sabe, pensará mi hermana, menos yo, que les puedes cambiar el pañal allí. Bueno, pues la próxima vez lo sabré. Este fin de semana voy a ir a verle y me voy a pasar un día entero jugando, bailando con él, le voy a dar un baño y voy a hacer el chorra como nunca me ha visto para que me perdone. Pero al dejarle en el coche y despedirme el niño me lanzaba besitos con una enorme sonrisa. Pobrecito.

Así que me doy cuenta de que a lo mejor yo también estoy poniéndome enferma. Llevo tres días sin dormir bien porque miro la alarma cada media hora durante la noche. Sueño toda la noche con que tengo que despertarme; después de semanas con el sueño cambiado, me ha costado mucho el volver al horario diurno. Es mucho mejor para mí, pero estoy cabreá. No me gusta madrugar y menos para ir al trabajo, grrrrrrr. Así que me doy cuenta de que tengo que comer algo porque mañana en cuanto me despierte me voy a ir a correr y no quiero estar hecha una piltrafilla. Además, no tengo hambre porque no estoy comiendo mucho, el cambio de horario me ha puesto un poco mucho híper activa, y el trabajo ha sido multitarea a tutiplén, con lo cual estoy con los sentidos excesivamente despiertos. Creo que mi tratamiento a base de súper vitaminas, omega 3 de pescado y gingko biloba está funcionando. El cambio de tiempo a mejor, el que se acerque mi cumpleaños, el tener un poquito más de dinero, etc, me hace todo que pierda el apetito, y no me lo puedo permitir. No sé si voy a pasarme toda la noche con la digestión o si es mejor que no coma nada y me alimente de aire y termine el día con alucinaciones. Decido cambiarme de pantalones rápido otra vez, y aunque me apetece como el culo, bajo al restaurante chino de al lado a comprar algo.

Cuando llego me recibe el dueño con una gran sonrisa y comienza a hacerme él el pedido, pero esta vez no voy a pedir lo de siempre. Ayer, al terminar del trabajo, aparecí allí pasadas las once de la noche. No me había dado cuenta de que era tan tarde y ya habían cerrado. Estaba él y su mujer con una cara de dormidos que te mueres y sin embargo, sin rechistar me abrieron y el hombre se empezó a poner la chaqueta. A pesar del cansancio me sonrió y estaba dispuesto a cocinarme algo. Le dije que para nada, que nos fuéramos los tres a dormir y me quedé sin cenar, comí algo de fruta y ya está. Hoy pido arroz con gambones y verdura con tofu. Querría algo sin aceitazo, como si me lo hiciera yo, pero en fin, no tengo más remedio que comer fuera hoy. No hay restaurantes vegetarianos por aquí ¿para cuándo?. No quiero cocinar y además estoy de mala leche, quiero engullir algo y que se me quite la ansiedad, ya está. En mi restaurante chino no pasa la crisis. Siempre hay alguien, nos gusta comer allí, la verdad, los chamberinos y malasaños vamos mucho aquí porque dicen las lenguas sabias que hacen los mejores fideos artesanales de Madrid. No sé si es verdad pero están muy buenos, y el dueño está todo el día dándole a la masa y recortándola con los flecos de los fideos. Pido mi comida y avasallo a un chico que está ahí despistado con los menús y las evasivas del dueño, que no habla mucho y explica las cosas con menos palabras todavía. Nos decimos perdón mutuamente y al final miramos juntos el mismo menú para llevar, yo con un dedo en una página y él un par de páginas antes. El chico tiene pinta de DJ vasco o asturiano. Calvete con mucha barba, pantalones con cientos de bolsillos (qué envidia), una bolsa de discos de cuero artesanal! y zapatillas tipo Public Enemy. Mientras esperamos me planteo leer. Me he bajado la parte impresa de Otto Rank para leer mientras espero (no puedo esperar sin leer, me pone enferma, va contar mi naturaleza), pero quiero tomar notas de cosas que se me ocurren, así que pillo un lápiz de la mesa donde normalmente se sienta la niña de la familia del restaurante a estudiar música y hacer sus ejercicios de caligrafía china, y escribo en la parte de atrás de las hojas impresas.

En el restaurante hay alguna gente cenando: son grupos de amig@s, más jóvenes de la media, gente del barrio, supongo. El hilo musical del restuarante es muy años 80; ponene la banda sonora de Local Hero o Carros de Fuego, qué sé yo. Me pongo a mirar la pecera rectangular de los peces. Es muy pequeña, casi de juguete, pero han limpiado el agua y me pregunto cómo puede estar tan transparente con peces dentro? y ¿dónde han puesto los peces al cambiarle el agua?. Dicen que los peces dan paz, a mí me dan un poco de grima (sorry, Abutrí ...)

Le recuerdo a la otra camarera, una hembra alfa de mucho cuidado (que sí, C. que sí) que por favor le ponga a mi comida ajo y gengibre extra, pero que no quiero cilantro, me da asco. Ella ya lo sabe, porque siempre les cuento el mismo coñazo, asi que se mete en la cocina y con gran poderío deja claro quien manda ahí. Observo mientras tanto el salvapantallas de Windows XP de la caja registradora, pero sé que la versión que tienen está en chino porque me he fijado en otra ocasión.

Pienso que preferiría comer sin tanta sal, porque yo no le pongo sal a la comida nunca, pero bueno, pedir que no echen sal a la comida en un restaurante chino es, pues ... eso ... Escucho el estruendo que proviene de la cocina. Al chico vasco dj ya le han dado su comida y hace tiempo que se ha marchado. Está claro que la mía la están cocinando de nuevas. Hacen un ruido tremendo con los fogones y las espumaderas, como si estuvieran moldeando metal en una fundidora o jugando entre ellos a Star Wars. Me da moral saber que están cocinando así al fuego, al wok, a lo bestia, todo rock and roll, y que la energía del fuego le llega a mi comida y por ende a mí. Mola.

Subo a casa y me pongo a escribir esto y a comer. La comida no está mal del todo. Me siento mejor, escribo como si tuviera una mecha en los dedos y poco a poco me voy sintiendo mejor, tranquilizando, dulcificando. He hecho bien en bajar a pillar algo de comer. Voy a ver L Word y a la cama. Mañana me tiraré a la calle llueve, truene o granice para comer un poco de asfalto. Me gustan mis nuevas zapatillas.

martes, 3 de febrero de 2009

Correr


Fui a correr, y sigo corriendo, parece que no voy a dejar de correr nunca. Quisiera estar corriendo ahora. Mañana por la mañana iría a correr. Pasado también.

El pelo se volvió incandescente, se me ha enderezado la columna, se me llenó la cabeza de champán y la garganta de orujo, las caderas han perdido la sensación de gravedad que les irritaba tanto.

No me acordaba de cómo usar mi Mp3, en qué mano sujetarlo; se me había olvidado que antes miraba a la gente, tan absorta estaba. Ya no me importan los semáforos. Llevo todo el invierno pasando frío y hoy respirando directamente en mi bufanda de tejido polar mi cuerpo respondía al mi ritmo de respiración con vaho caliente que subía hasta la garganta como notas musicales. He notado el espacio entre la ropa y mi piel y el trayecto del vapor entre ambas.

No recordaba los estiramientos, estaba torpe, confusa, pero al dejar de correr sí sabía que iba a tener esos cinco minutos de absoluta gloria, de fuego en la cara, de luz infinita en la mirada con los ojos cerrados mientras la velocidad se colapsaba en mi cuerpo parado para no hacerme daño, para poder saltar mañana o pasado igual, otra vez, desde mis ansias más profundas de libertad, para seguir siendo mortal pero probarlo una vez más.

Fui a correr y parece que no hubiera dejado de correr nunca.

viernes, 14 de noviembre de 2008

Los platos de los cojones III

Sudar y expectorar. A un lado la calefacción a tope, el calentador exhumando polvorones de vapor ardiente, y al otro la papelera con la desafortunada bolsa del VIPS que va a hacerme de escupidera. Está claro que no voy a poder desligarme de este virus malo a menos que no lo expulse a golpe de H2O y sustancias salinas de mi cuerpo.

Escribo esto después de haberle hecho caso (a medias) a la dueña del restaurante chino de al lado de casa. La que ya sabe el tipo de arroz frito que me gusta: arroz frito con huevo, gengibre, ajo y sin cilantro. Me vio cuando entraba en el portal ayer hecha una piltrafilla pero feliz después de haber acompañado a Bizcochito al autobús y me preguntó que qué tal estaba. Yo no le dije lo exultante que había sido la compañía de Bizcochito, pero con una sonrisa le expliqué que tenía la cabeza gacha por el virus malo. Con un montón de erres que eran eles me dijo que debía cocer un porrón de gengibre con ajo y bebérmelo antes de irme a la cama. ¿Y miel también? Le pregunté yo. Nooooo, nooooo, miel no. Azúcar rojo. ¿Rojo? Rojo. Pero moreno? No, rojo, lo puedes comprar en todas partes. Todavía me pregunto qué es eso del azúcar rojo, pero al final le he puesto miel.

Sudar y expectorar. Empecemos el plan de acción. Un súper baño con la recién encontrada táctica de calentar el agua del baño con la calefacción encendida. Guay, funciona! Después, llevarme el brevaje recién preñado junto con un menta poleo para ahuecar el canal buco faríngeo pulmonar. Bien. Por supuesto la habitual dosis de própolis, Echinácea, miel, jarabe de arce, polen y Remedio Rescate de flores de Bach. Bien. Desde que Bizcochito me cuida yo me estoy cuidando más. Es como una lección sabida. Me meto en el baño con el té y me hundo hasta el fondo, sólo permito que mis manos estén fuera. Me llevo una ejemplar de la revista 2 Deux para calentar algo más que mi piel ... Es una revista de estética les con unas fotos que te suben la temperatura, aunque otras no tanto, por el rollo sado (con respeto) Bien.

Me embadurno el cuerpo de arriba a abajo y de abajo a arriba con aceite Johnsons para que la película fílmica que se adhiera a mi piel impida que el calor quiera subyacer y hasta el sudor se atrape. Cool.

Y ya sé que sería mejor una sauna, pero no tengo ninguna en casa y no me terminan de convencer porque siempre me quemo la piel aunque salga y me tire a una piscina de agua helada, así que por ahora voy a continuar con mi plan maestro. Salgo de la bañera y rápidamente me pongo el betacaroteno, el aceite de Rosa Mosqueta que me dio Bizcochito (vuelvo a pensar en ella y lo adorable que ha sido hoy cuando he vencido mi timidez y he ido a verla a la tienda junto con David, mi amiguito malagueño al que hoy le he regalado un sombrero de fin de siecle y estaba mono, mono; ir con alguien siempre parece menos psicópata, y David piensa que somos una parejita muy mona y que algo hay, aunque luego hemos hablado los dos de lo bonito que es todo lo que nos damos mutuamente ahora ella y yo, y que tal vez si hubiera algo más se disiparía el hechizo y la belleza que estamos creando entre nosotras ...) Bien ... Le he llevado a Bizcochito un bizcochito de esos italianos más duros que un ladrillo, porque le he dicho que es eso a lo que me refería con llamarle Bizcochito y por supuesto me ha regalado un par de besos deliciosamente puestos en mi piel ansiosa por sus labios. Hmmmm.

Ahora me he puesto en el sofá con todo los forros, pijamas, calcetines polares que tengo y la manta forro de Ikea encima, la calefacción a tope y el calentador, y para colmo el gorro de lana. Estoy chorreando de sudor y tengo que secarme las manos a medida que escribo esto. Me corre el sudor por las mejillas, los ojos, entre los pechos y viaja hacia el vientre; sale del cuero cabelludo y espero que en este reguero de sudor salga el horrible virus que me ha invadido en esta última semana. ¡Virus fuera!

Voy a tener que bajar el calentador y la calefacción en unos minutos pero voy a aguantar todo lo que sea posible y si es necesario me voy a cambiar de ropa. Por la noche voy a ponerme encima todos los edredones posibles, porque no le voy a dar tregua a esta gripe pulgosa, simplemente la voy a dinamitar, me la voy a cargar, la voy a carbonizar y petardear y si puedo cañonear de forma canalla, canalla. Ya está bien de encontrarme mal, de estar siempre enferma. Será muy dulce presentarme malita delante de Bizcochito, que obviamente ha funcionado porque le he despertado el instinto maternal y ella es muy tierna, pero no quiero que me vea así siempre, sin dormir, hecha un asco. con el pelo gacho como las orejas de un perrillo pulgoso. Que no.

Por otro lado estoy tan bravucona porque finalmente he limpiado los platos, y de repente la vida tiene otro color y hasta otro significado. Tengo que recordar lo importante que es para mí el tener los platos limpios en mi pequeño piso; ya sé que la gente no puede entender mi fobia y mi traumas con este tema, pero es lo que hay y tiene simple solución, ya lo sé, pero es que si no eres yo no puedes entenderlo. Se lo explicaré alguna vez a Bizcochito si tengo ocasión a ver qué piensa. Probablemente me diga que se trata de energía contenida (sudor chorreando como lluvia encima de mis hombros!) y tendré que pedirle que me lo explique hasta dos o tres veces porque aunque soy admiradora del Tao y de Lao Tse creo que se llama no termino de enterarme de este tipo de cosas. Me resisto a pensar que somos sólo energía, aunque yo sé que a veces mi energía atrae y seduce o resiste y ahuyenta. Es así.

Hoy Bizcochito me ha dicho que tenemos una cita el viernes que viene y que le vaya a buscar a la tienda al cerrar. Me he quedado patidifusa y por supuesto he preguntado con insistencia que de qué se trataba. Ella me ha mirado con una sonrisa pícara y segura de sí misma y yo me he callado y he dejado de fastidiarle la sorpresa con sugerencias gilipollescas. Luego me he llevado a David con su nuevo sombrero por Malasaña, hemos hablado de Bizcochito, porque anteriormente habíamos hablado de su amor en Venezuela, y luego me ha llevado a la nueva sede de IU en mi barrio (a dos pasos de casa!) donde me ha presentado a sus camaradas y he encontrado otro huequito para presentar la peli, montar festivales de teatro, de web 2.0 de lo que se tercie. Para mí es muy importante no tener que moverme de mi casa, que ya he cabalgado lo suficiente por el mundo. Hasta se me han ocurrido ideas para embarcar a un chico muy majo que llevaba el sitio, con un nombre absolutamente precioso, un nombre de árbol, nada menos, y filmar mi largo sobre mileuristas en un futuro que se antoja cada vez más cercano. Sigo sudando, bien, bien.

Esto marcha, seguro que tendría que ir a correr y volver a elastificar mis cartílagos, pero eso es otra cosa que dejé de hacer tras mi depresión en Montreal, antes de tomarme de nuevo el Lamictal, y sí, estoy convencida de que es como los platos, se trata de diez minutos que tardo en ponerme la ropa y las zapatillas (que a propósito, son nuevas y casi no las he estrenado, la primera vez que me compro unas zapatillas caras para correr y ahí están muertas de asco ...) pero como los platos se trata de un terror atávico a algo que no sé muy bien qué es. Es algo así como hacer algo que sé que debería hacer, probablemente todos los días de mi vida, como comer o dormir, cosas que también a veces me dan miedo, es como si no pudiera soportar el hecho de comprometerme conmigo misma a hacer algo a largo plazo. De hecho muy a menudo hasta dejo de respirar, es cierto, yo soy la única que lo sé. Contengo la respiración por largo rato, para subsistir en caso de morirme, de dejar de respirar, es así, no lo entiendo, pero así, así es. Supongo que es un retazo de las veces que he estado deprimida y he tenido pensamientos macabros, de cuanto de pequeña tenía que dormir con la luz abierta por mis miedos nocturnos sin resolver. Es así y no sé por qué pero no puedo hacer nada al respecto.

Si durmiera alguna vez con Poquitos y mi hermana seguro que el bebé nos haría sudar. Mi cuñado no duerme con mi hermana desde que el bebé nació y alguna vez hemos estado mi hermana, Poquitos y yo en la cama, esa cama que crean los bebés con sus mamás con el calor fetal, los olores suaves y la ternura flotando por todas las esquinas.

Mis miedos nocturnos se alivian increíblemente hasta casi desaparecer cuando duermo al lado de una mujer. Ahí es nada. Y si no necesito explicárselo y ella me abraza. Dormí con Cuore únicamente un par de veces, pero todavía recuerdo cómo me abrazaba toda la noche. Me apretaba contra su pecho, su espalda, sus brazos, su piel, su cabeza de una manera que nunca .... Fue absolutamente maravilloso. Y como yo soy friolera no me importa en absoluto. Es como volver a nacer. Aunque luego ella decidiera que no era buena idea continuar, mejor dejarlo ahí, y yo también sabía por qué, pero no, yo no sabía por qué exactamente, pero no le dije nada porque en esas ocasiones te quedas sin habla y se te agolpan las lágrimas en la garganta y crees que te van a salir los pulmones por la boca, se te agolpa el aire y toses como si expectoraras, así que no, no sé muy bien por qué mejor dejarlo ahí y no continuar, Cuore, explícamelo tú.

domingo, 15 de junio de 2008

Un pie detrás del otro

Ayer me recorrí el Monte del Pilar en Majadahonda subiendo y bajando caminitos de tierra y rodé y troté durante una hora y cuarto al ritmo de Ana Torroja estableciendo un nuevo mini récord desde que he vuelto a correr. No me costó nada, no hice prácticamente esfuerzo y mis pulmones se llenaron de vapor de pinos y tierra pulverizada. Es porque estaba sola y el límite lo imponía yo, no tenía distracciones y me sentía fuerte. De forma innata supe volver al principio del recorrido a pesar de que mi sentido de la orientación es bastante pobre.

Al volver a casa de mi hermana, Poquitos me estaba esperando a la puerta con una sonrisa de bebé agradecido por haber vuelto y al darle un beso híper sudorosa se quedó sorprendido, notó la enorme energía con la que me había recargado y me miró con curiosidad. Tuvo que esperarme un rato mientras estiraba en la terraza bajo las estrellas. Es increíble la tremenda paz y satisfacción que encuentro en esos momentos. Intento aprender de ellos para recobrar en su simplicidad el equilibrio emocional, físico y espiritual que necesito el resto de mi tiempo. He llegado a la conclusión de que lo que más me satisface es competir contra mí misma y ganar en conocimiento. Si correr es simplemente poner un pie detrás de otro de forma rítmica, ¿por qué es tan difícil vivir si tan sólo se trata de desgranar un minuto detrás del otro?

Cuando corro vivo el momento preciso, el golpe preciso del cuerpo contra el suelo, la línea recta, o la curva previsibles, el concentrarse en lo que se está haciendo sin ansiedad, con la seguridad de que al llegar al final acabará el dolor y el ánimo recibirá un impulso hacia arriba impresionante. Adoro la simplicidad de poner un pie detrás del otro y hacer un recorrido de principio a final con el convencimiento de que al hacer la misma ruta de nuevo lo revisitaremos como los clásicos la literatura: como una nueva experiencia pero con un sentimiento de familiaridad.

Quiero experimentar la vivencia de mi vida de esa manera: simple, rítmicamente, de forma personal, un continuar constante.

martes, 3 de junio de 2008

Muy bien

Hoy me levanté como una patata frita, pero la veleta estaba más o menos bien orientada, y he conseguido pequeños logros sin proponérmelo casi. El día no prometía en exceso pero aún así todo ha venido rodado, aunque algunos cantos han tardado en encarrilarse. Me he dado cuenta de que si otorgo pequeñas parcelas de tiempo a diversas actividades poco a poco me enriquezco y logro no agobiarme con tanta facilidad.

Logros de hoy:

- Me he cortado el pelo. Un poquito, pero suficiente para mejorar y además me he dado cuenta - que el ejercicio le va de maravilla al cuero cabelludo.

- He escrito nada más levantarme ... para encomendar el día a la satisfacción de los deseos del subconsciente. He encendido la mecha muy pronto y el resto del día él me ha estado guiando. He de decir que ha sido todo un éxito.

- He visto a sobris. Tiene una energía muy curiosa, básicamente hay que dejarle que haga lo que le da la gana pero apoyarle cuando se mete en dificultades. Es un amor y cada día está más guapo y simpático, aunque esté con la etapa del no, no, no, nooooo, nooooo, nooo. ¡Madre mía, qué pasará cuando tenga dos años (la etapa oficial del no a todo)!

- He investigado una tabla para aliviar el dolor lumbar. Estoy harta de ser un alfeñique con dolores. Me está costando mucho porque sigo floja y encima ahora mi cuerpo está creando hemoglobina y la broma es que te sientes fatal mientras dura el proceso. Aún así cuando me he sentido más fuerte he pillado por banda la máquina de step (que he tenido que arreglar llave inglesa en mano) y las pesas de chica, y me he hecho un cacho work out.

Desde que he arreglado la habitación puedo hacer ejercicio delante del espejo, y eso ayuda mucho a tener una buena postura. Voy a combinar el step, los estiramientos lumbares y el correr para ponerme fuerte y repoblar mi cerebro de serotonina y modulaciones a la carta de dopamina.

He tenido pequeñas epifanías que no llegaban a ser déjà vu, pero me han hecho acordarme de mi época atlética, antes de volverme sedentaria, y de repente mi cuerpo está exigiendo mayores niveles de ejercicio y cuidado, y me gusta. Estoy más fuerte y se me está poniendo carucha de deportista. Además, el ejercicio me obliga a comer bien porque con eso no puedo jugar. Espero tener la fuerza de voluntad de continuar. Por ahora llevo un mes como un reloj y simplemente me siento como volviendo a ser la misma de siempre. Hay tantas cosas que estoy haciendo para volver a ser la persona que he sido que me estoy preguntando cuándo me desmarqué y por qué lo hice. Siempre que he buscado en la vida cosas de fuera he perdido el norte.

El sudor me recuerda cómo se movía mi cuerpo y qué cosas se atrevía a hacer. Hace mucho tiempo que no sudaba. A medida que el cuerpo se vuelve eficiente, veo cómo sudo más. He estado tan enferma y frágil estos años que mi cuerpo tenía pánico a deshidratarse, a perder energía, a disiparse, y ahora se está dando un pequeño respiro y creo que me agradece el esfuerzo que estoy poniendo para fortalecerle. Mi lema este verano es Mens Sana in Corpore Sano. ¿Cómo he podido olvidarlo tanto tiempo?

Tengo muchas ganas de ir a Canadá a final de mes para pasar tiempo con mis tíos y mis primos allí. Es la primera vez y estoy entusiasmada porque voy a encontrarme con el lado positivo de la familia de mi padre. Mi tío es la antítesis de mi padre y me tiene ya especial cariño, aunque sólo nos conocimos el septiembre pasado. Ayer me enteré que a sus sesenta y pico años va a correr casi todos los días en un parque cerca de su casa. Esto se está poniendo cada vez mejor. Finalmente conseguiré integrar mi espíritu con un rol masculino positivo en mi entorno familiar. Es como un sueño hecho realidad. Los hombres de mi familia por ambos lados no me han transmitido casi nunca positividad; son un desastre, iones negativos en la vida de esta familia. ¿Qué dice eso de las mujeres? La mayoría les ha elegido y han decidido compartir (y a menudo malgastar) sus vidas con ellos. Su auto estima ha debido de ser muy baja o la confianza en el futuro inexistente.

Mi tío es un ser bello, fuerte y dulce. Tiene una energía marina, fibrosa, repleta de vida, intensa y sabia. Su vida no ha sido un parque de atracciones, no ha necesitado sublimarse para encontrarse a sí mismo. Ha tenido una vida sencilla en la que ha conseguido situarse y disfrutar de las pequeñas cosas. Es bastante autosuficiente y muy creativo de una manera práctica. Tiene en sus genes muchos rasgos de mi padre y por tanto míos, algunos de ellos no tan nobles, sin embargo aunque es metal no necesita machacar al contrario para conseguir lo que quiere o convencer a los demás con su férreo puño. La bondad gravita alrededor de esos ojos brillantes, y desarma por ser una combinación tan sabia entre espíritu libre y agent provocateur

Otras cosas que me recuerdan a mí mis es la escritura automática, que rememora la actividad tan personal que tenía mi mente siempre. El arreglar pequeñas cosas me ayuda a verme a mí misma centrada en algo, y de repente olvidándome por completo del paso del tiempo, de mis obsesiones, de mi ineptitud con ciertos temas, y simplemente todo va como la seda.

- He estado logando las cintas de la peli. Mi destreza visual se afila y aunque me está costando, porque soy muy impaciente y es mucho trabajo, veo como se va perfilando un plan de acción. Oigo muchos cric cric de sonido en las cintas. Espero que sea sólamente la reproducción por la placa base. Tendré que hacer algunos tests mañana.

Otra bloguera súper creativa ha decidido ocupar parte de su tiempo hoy dándome ideas geniales y comenzando a crear una conexión artística entre nosotras. Las mieles saben mejor cuando no te las esperas. ¿Lograré una coherencia comunicativa? Este blog no es un intento de comunicarme con el mundo, sino con mi mundo.

- Hasta parece que pudieran llamarme de algún que otro trabajo porquerita, anda que no lo estoy necesitando.

En fin, voy a llamar a mi tío en Canadá, porque ayer hablé con mi tía y seguro que él está penoso.
¿Qué me pasará mañana? Mis planes son cada vez más sencillos: insight, insight, insight.

sábado, 17 de mayo de 2008

Joé, qué mielda


Pringadaaaaaaaaaaa, pringadaaaaaaaaaaaaaa, bueno, no tengo la culpa de querer escribir. Ya se me quitará la fiebre y me dedicaré a otra cosa.

Al final fui a correr con el vecinito, que aparentemente piensa que mi vida es ideal porque aunque él ha roto con su novia y tiene otra pero, fallo logístico, la nueva tiene novio y además en Parla. Yo pensé que los jeroglíficos interpersonales sólo eran lesbianos, pero mira tú por dónde. En fin, saber que en heteroworld también se sufre asquerosamente puede ser un consuelo para alguna. Decidimos dedicarnos un tiempo mutuamente y le regalé el ancho de banda que le dé la gana (total tengo 12 megas inutilizaos). No tenía internet y me ha mirado con ojitos, que los tiene muy bonitos, oiga, porque se quiere ir a Nueva York con beca y tal, pero él ya sabe que seguiré dándole la murga para que me centrifugue la ropa, porque mi lavadora chingó en el pumpen (es alemana) y desde hace un mes sólo mueve el tambor a la velocidad que quiere. Por lo menos parece que sí que restriega.

En estas que le dije: "Oye, ¿quieres venirte a correr?", porque me tocaba y se estaba haciendo tarde. Él pensaba que hablaba en plan genérico y mira tú por dónde que le lié al muchacho y le eché a la calle a hacer mi proverbial recorrido. Cuando corro con chicos siempre me siento culpable por lo lenta que voy, aunque sé que les puteo justo al final, porque lo mío no se acaba nunca, que ahora voy por 40 minutos de media.

Yo marcaba el ritmo y el estilo y él decía que iba bastante fresquito, lo que no sé si es exactamente verdad o era relativo, porque a mí me costaron las dos últimas vueltas. Cuando le dije: "bueeeeno, al final vamos a hacer un sprint", el hombre se fue echando humo como si huyera de un rotweiler y no hubo manera de atraparlo; lejano estaba cuando llegué al final de los doscientos metros. Pero bueno, los chicos son así, competitivos, aunque yo lo soy también a pesar de que ya me he resignado a no llegarles a la suela del zapato (físicamente, se entiende) desde que me he pasado los últimos dos años con la maldita bipolaridad a tope, tumbada en el sofá en horizontal, meditanto. Vecis me dijo que se acordará de mí mañana, pero espero que no porque le obligué a estirar mucho y torpedear ese ácido láctico. Hoy estaba relocha, me había pasado varias horas escupiendo saliva de Alien, así que me imagino que es normal que me costara más que a él. Lo cierto es que me obligué a salir un poquillo porque mi cuerpo se estaba comportando como un perro al que no quiere que le muevan, y me asustaba un poco el perder mi motivación.

Tuve una conversación muy chula con mi vecino. Es un niño encantador. Hablamos de cosas interesantes que sí se animan a hacer los chicos con los que me gusta hablar (y alguna chica de las que me gustan pero que pasa de hablar conmigo): hacer surf, submarinismo, caída libre (en Madrid y Toledo por €170 tronk, no está mal ¿no?), comprar una lámpara amanecer, comprarla en el Corte Inglés sólo para probarla (que son €100 y él ahora tiene que pagar el piso entero solo) y devolverla. También me explicó que los pájaros tienen en botón de luz diurna del metabolismo y el inicio del consumo del glucógeno y nosotros lo hemos obstruido con la carnecilla del entrecejo o algo así. Es que es biólogo, por eso le pregunté que por qué hay que ahorrar agua, ya que la duda me corroe y aunque parezca increíble no lo encuentro en Google. Finalmente ya entiendo eso de los pantanos y las depuradoras. Se me ha quedado una duda, ya le preguntaré más ...

Y me encanta eso de tratarle tipo vecina: "Hola qué tal, puedo centrifugar mi ropa?, vale-gracias,-me piro-adeu". Sin explicaciones interminables como las que hay que dar cuando se trata con mujeres. Bueno, miento, con mi hermana hablo igual. "Hola, paissa, puf, en el sofá, no, durmiendo no, ¿qué hay?, ke tal el peque, qué ha hecho, desde luego, joer, otra vez *se ha pegado un zuriagazo* pobre bebé, la vida es dura, tía hasta pa' bebés, buas, la entrevista unamierrrrrrrda, na, soy un desastre, piensas que soy un desastre, jo, gracias, qué rica, nadie tiene un put duro ..., sí, en principio sí *puedo ayudarte al final de la semana*, si no me llaman de la otra kaka de sitio para que empiece, una mierrrrr con dos horas de pausa para comer, qué mierda es esa? y en el puto fin del mundo, Parque de las Naciones, no sé dónde súper lejos qué asco, joer, ya ves, oye ... que me voy a dormir ... " Y ella me avisa de que Pocos está haciendo otra maldad y me tiene que dejar. Bueno, la conversación era más larga que con el vecino, pero podía abandonarla en cualquier momento sin marrones mentales de ser la peor novia del mundo o la peor amiga del mundo por querer colgar el puto teléfono porque me duele el brazo de sujetarlo tanto rato y me hacen anillos los ojos, ya no sé qué más decirrrr, coññññ

Tengo personalidad compulsiva, que no adictiva. Por eso se me olvida la motivación y los motivos de hacer las cosas. En realidad lo que se me olvida es la vida. Mis neuronas son tipo Memento y no es por hacer la gracia, ES CIERTO, ya lo tengo más o menos asumido. Un día tengo una idea genial que me inunda el cerebro con el equivalente a la oxitocina maternal y al día siguiente si te he visto no me acuerdo. ¿Qué mierda es esa? Todos los días tengo que encontrar entretenimiento para echarle leña a mi cabecita. Es agotador. Por ejemplo ... ¿qué hacer mañana? A ved, a vedddd. Charles quiere que vaya a escuchar música por ahí. Pero no sé si tendré energía o crearé energía o querré estar encerrada esperando a que Cuore no me quiera ver tampoco mañana. Debería leer, poner los Crisolines en eBay para ganar algo de pasta, darle fuerte al Séneca de Zambrano, a ver si me entero de algo ya, por qué no tengo pasta para comprar las cartas de Marsilio Ficino, miel, no quiero tener otro sábado rollo. Debería darle al Macintosh, deszipear el archivo de grandes éxitos de Mocedades y Cecilia que me bajé del Emule y llorar a moco tendío, ver alguna peli, que ver Al Otro Lado me ha dejado compungía ya pa'l resto de la noche y la semana. Diosssssssssssssssssss, están llegando los correos de Infojobs alerts a pares. Es superior a mis fuerzas. Es hora de ir a la cama ...

viernes, 16 de mayo de 2008

O de día, pero deseando que fuera noche


Entrevista ... puf. Trabajo de ejecutiva algo agresivilla, para mí no. Trágame tierra, vuelta por Plaza Castilla (¿a alguien le gusta Plaza Castilla?) de marronazo. Cuore me envía mensajes que me hacen pensar que la importo y me descoloca un poco. Me escribe sobre mi entrevista y sobre cómo debería coger algún trabajo porque ella piensa que me estabilizaría. La respondo dándole a entender que me importa y seguro que la descoloco mucho. Con lo que no sé dónde esconderme. Creo que le doy pena o se piensa que soy un desastrillo. No sé por qué, no le he dado suficiente información para pensar que me van mal las cosas, pero ella intuye algo de lo que ni siquiera yo soy consciente.

Tengo ganas de ver películas de Jack Black todo el día. Es más me las voy a bajar ahora mismo. Quiero ser como él, pasar de todo y vivir a tope, todo rock and roll y energía pletórica. Cuore tiene razón. Debería trabajar y amasar pasta para pirarme a hacer surf o irme a visitar a Shazia a Nueva York. Necesito una inyección de energía y novedad. Cuore no sabe una cosa que también es cierta: estoy muy bien. En serio; leo, sueño, planeo, corro. Quiero que se seque mi rodillera (casi está) para irme a correr cuando haya recobrado la entereza que esta noche de sueño destapado me ha robado. Debería irme a Pinar del Rey. De camino a Majadahonda he avistado un trayecto por los pinos que parece ideal. Lo que pasa es que A:) La tierra estará mojada y no quiero romperme los piños, B:) No sé si me voy a movilizar lo suficiente para ir hasta allí. Pero si no voy hoy lo haré el domingo. Me gustaría llevarme a Charles pero él le da una caña que no veas y quiero sentirme bien, no mal.

Los viernes suelo ser bastante prolífica pero he dormido muy mal con esto de la entrevista soñando y despertándome porque tenía que plancharme los pantalones y de alguna manera esto me traumatizaba (el tener que prepararme para algo que puede cambiar mi futuro y romper mi rutina de estar en las nubes todo el tiempo).

Estoy hecha unas bragas físicamente, no estoy durmiendo bien o me estoy acostando demasiado tarde. Cuando te acuestas tarde tienes que hacer algo para movilizarte. La próxima vez intentaré ir a correr aunque no me toque tan solo para hacer correr la sangre por los músculos.

He estado leyendo el diario de Wendy (http://wendy.motime.com/) comparada con ella, yo soy una ameba. Admiro la gente tan activa y creativa. Para mí el tiempo va mucho más despacio que para el resto de la gente: me muevo más despacio, tardo mucho con todo, hago menos cosas, me paso todo el día preguntándome qué he hecho y qué voy a hacer.

Espero que esto no lo lea nadie, nadie, nadie porque en vez de estirarme, tumbarme a una siesta o callarme me dedico a escribir esta entrada. Aunque para eso está un blog ¿no?

Acabo de hacerme un té verde con poleo para levantarme el ánimo. Yo que pensaba que estaba súper instalada en Madrid, pero la verdad es que en momentos así me doy cuenta de que noto que he estado fuera de España toda mi vida adulta y mi vida social se resiente. Aunque a lo mejor lo que se me resiente es el hecho de haber tenido novia casi toda mi vida adulta y pocos periodos sin pareja. Había decidido que iba templar el carácter con cientos de días en soledad, para aprender de ella. Cuando tienes pareja es como tener un colchoncito en el que refugiarte cada noche. Por lo menos, por las noches. M. se ha ido ya hace más de un mes y la casa todavía recoge ecos de ella. Pero ha desaparecido de mi vida totalmente, con eso de que no puede quedar conmigo porque duele. Se ha arrojado a los brazos de su nuevo amor pero estoy segura de que echa de menos todo aquello que ella no puede darle y que yo recreé cuando estábamos juntas. Yo no sabría decir cuáles son esas cosas, pero seguro que hay alguna que otra. En algo debemos ser diferentes los unos a las otras en esta masificación de vida.

Una amiga comentaba sin sorpresa tras decirle que había roto cómo es normal que la mayoría de las parejas de chicas corten tras tres años juntas. En este caso yo creo que había amor pero no enamoramiento por lo menos a partir del año y medio ... y yo no lo quise ver. Espero tener más ojo en el futuro, y resignarme a estar sola el tiempo que sea justo. Además estoy dispuesta a aprender del platonismo, me apetece mucho. Es ridículo es aspirar a tener a alguien dedicada a ti. Deberíamos mostrar más cariño y expresar más cariño y no reservarnos para esta única preciada persona especial. Clown es multiamoroso y me ha estado explicando las delicias de su pensamiento. Sin embargo, cuando salimos por la noche el otro día estaba obsesionado por ligar. ¿Qué sentido tiene ser poliamoroso si luego te sigues sintiendo que te falta algo o alguien?

Tengo las manos frías porque sigo destemplada. Voy a ver la peli de Vin Diesel y me voy a quedar sopa en el sofá. Cuando despierte me iré a correr y a la vuelta me pillaré otra peli. Este finde voy a intentar activarme y terminar de arreglar el Mac para montar la serie de internet.

Me parece que voy a quitar el blog de Myspace y de Chueca.com y concentrarme sólo en Blogspot, si no no me voy a sentir lo suficientemente anónima para explayarme en mis batallitas ...