jueves, 5 de enero de 2017

Don't panic!


Estoy trabajando en llevar las cosas de la mejor manera posible: sin dejarme llevar por los pensamientos que pudiera tener sobre la dificultad de algo. La estoy aceptando y asumiendo, simplemente. Por ahora eso me ayuda a concentrarme mejor. 

Esta mañana quería hablar sobre mis emociones, lo que siento, lo que quiero hacer, etc. 

Es una conversación fundamental. 

sábado, 24 de diciembre de 2016

It


Voy a hacer lo posible por escribir, aunque me cuesta, pero es lo que más deseo. Si me pongo estos días va a venirme muy bien, porque así pillo un ritmillo. Estoy pensando en literario todo el día, pero últimamente me ha faltado el encontrar el enganche, el ojal. No es tan complicado, pero requiere cierta perseverancia inicial, luego todo continúa de un tirón. 



Estaba pensando en esta nueva percepción que tengo de las cosas, y de cómo el dolor te guía. En el momento que aparece el dolor, emotivo o físico, es posible plantearse el que ello es una celebración más de la vida, como es el lloro del bebé recién nacido. Ese dolor nos guía para decirnos: "Aquí está", y lo voy a observar sin desear explícitamente que acabe. También me ayuda cuando me planteo que no soy yo la que está sufriendo, sino que al cuerpo le cuesta clavar un clavo o apretar un tornillo rebelde, y observo en ese momento la danza de la vida demostrando de nuevo su intensidad en esa emoción, en ese pequeño instante de vida, como dice I. 

También me he dado cuenta de que mi percepción de la realidad es muy intensa desde que no estoy deprimida, incluso mayor que antes, cuando estaba bien. No estoy utilizando la urgencia, las prisas como arma arrojadiza. Ya no es necesario. Si tengo que hacer algo, me tomo el tiempo necesario, el que quiera el cuerpo, el que requiera el objeto, el que marca la acción. Estoy haciendo esto de forma espontánea, y me ha sorprendido mucho. Es una experiencia muchísimo más enriquecedora de la vida. 

Le he dicho a V. que quiero comenzar de nuevo nuestro diálogo. Creo que tal vez me ayude a conseguir ese empujoncillo extra que necesito para contemplar finalmente la realidad tal y como es. La vida fluye en todo el mundo de manera circular, en permutaciones tan abundantes como seres humanos, y todo el mundo simplemente expresa un pedazo de existencia, de percepción. La única forma de observarlo es desde fuera del pensamiento, sin implicación inmediata, con interés. 

Me he dado cuenta de que mi modus operandi hasta ahora en el mundo era teniendo una conciencia permanente sobre lo que sentía, o emocionándome constantemente de forma positiva, negativa, rechazando lo que veía, deseándolo o ignorándolo. Cualquiera de esas modalidades también puede observarse de todas formas. Creo que este constante esfuerzo psicológico es el que me ha capturado durante tantos años. Creo que ahora estoy en el buen camino. 

lunes, 15 de septiembre de 2014

Esta noche

Supongo que tenía que pasar en algún momento: que me gustara alguien y que expusiera la fragilidad de esta soledad fecunda que habito. Ahora estoy pendiente, y no me gusta. Quiero ser libre. 

Back to the drawing board ...

viernes, 21 de marzo de 2014

La madrugada es hora de vender libros: Carta a mi librera



Querida, 

Te quiero agradecer tu cuidada atención ayer cuando me orientaste, situaste y embadurnaste con aquello que tal vez te inspiré y había errado al buscar. Los libros que amas y que me recomiendas debo leerlos con urgencia, no hay otra manera; así que en mi trayecto de anoche a casa recogí tu poema preferido de nuevo, y también me adentré en las mazmorras de Nâzim Hikmet y Sapienza, sus herrumbres, su pasiones, su perdición y los rasgados de sangre y luz en el vacío. Desde ahora alojaré vivamente en mi memoria mi otro trayecto por tu librería, esas idas y venidas entre los estantes, y tu maravillosa intuición al no rechazar mi ignorancia. ¿Cómo pude perjurar contra tu Goliarda Sapienza y su Art of Joy, yo que vivo inmersa en Djuna Barnes, H.D., Virginia Woolf, Ntozake Shange, Dorothy Parker ...? Bien, cualquier mujer que supera las 500 páginas tiene algo que decirme, algo vivo y ardiente que me sacuda de mi estupor vital. He de decirte que te he traicionado vilmente y que anoche he comprado L'arte della gioia en inglés porque mi vida la traduzco constantemente y mi memoria inglesa de rescata de mi deriva.

Sentí el síndrome de Stendhal al leer a Hikmet, no es extraño cuando encuentras lo buscado o lo que otra persona ha entendido en ti. Una flecha, un discurso, un tránsito de nuevo por mis alter egos (Genet, Quentin Crisp, Djuna Barnes, Romaine Brooks a quienes no leo ni presencio lo suficiente por miedo de haber sido esa persona en otra existencia paralela, quién sabe). Pero ahora me brindas a Hikmet y mis defensas se derrumban. Le leo. Desprotegida y expectante. 

Las flechas y hendiduras en la noche contienen la mirada encendida y penetrante del gato pardo; si lees un libro después del anochecer su magnetismo te ataca, y el famoso virus del lenguaje de Burroughs también torna tus moléculas en portadoras de vaticinios, esclarece el twilight para hechizarte y condenarte a formar parte para siempre de los eslabones de sus cadenas de ADN. El verbo extremo, el verso anochecido, la mirada del zorro también perdido como tú en los bajos fondos de la oscuridad urbana, ciego, extraviado tras traspasar el umbral del parque londinense donde vive, después de cruzar los downs empapados; es él mismo que te empuja a los escaparates de las librerías cerradas. 

Siento decirte que no suelo entrar en librerías. Me abruman, me sacuden, me hacen huir de su energizante ímpetu literario, de las voces que te asaltan al traspasar su umbral. No entiendo a quienes venden libros, y no me suelen entender a mí, a mis delirios inquisitorios, mis vaguedades. Intento pasar desapercibida, y hago zigzag alrededor del centro floral que disponéis siempre para alojar los libros urgentes, y derivo hacia los estantes equilibrados de las paredes. Yo les compro los libros a quienes sacan las librerías a la calle para oxigenarse, a quienes no se cansan de haches intercaladas, prensadas con la lluvia de la calle. A los verduleros de versos y a las espiritistas de la narrativa. A quienes saben que los libros se escriben también en jirones de papel, en asentamientos de serpentinas, y en fajos apretados del borde exhausto de aquellos calendarios que tienen arrancadas todas las hojas de los días y los meses. 

Los compro al hombre tuerto que los vende inconcebiblemente a la una de la madrugada en su puesto trasnochado. Le observo con una sonrisa de complicidad escondida cuando él recuerda y me hace un listado de los libros que todavía no ha vendido, para después chuparse el dedo y recorrerlo por los lomos de los libros de ocasión (su memoria es táctil). Su ojo de cristal está pendiente de los ladrones de libros (todos estudiantes) y sus escaramuzas. Así que mi sorpresa al sentirte cercana me hizo saltarme mi timidez, a pesar de recuperarla a ráfagas después cuando la gente salió y me di cuenta de que no estaba sola contigo y que me querían robar mi libro. 

Hay algo que me atrae en la cárcel relatada por Hikmet y otras literaturas malditas, en las narrativas y las distopias febriles que me atormentan con el lenguaje violento que resquebraja el fuselaje. Transcurrir tiempo en la cárcel y escribir allí en papel higiénico rígido, escribir con las uñas creando relieves en las paredes húmedas en las paredes húmedas que apestan a ceguera y a oscuridad sucia, códigos secretos sin tinta en cintas de papel escaso y escamoteado es en cierto modo un lujo inmerecido y extremo. Normalmente no nos damos cuenta de la prisión que nos rodea en nuestro fuero interno, en el exterior, y quienes viven en la cárcel son perfectamente conscientes de encontrar(se) allí, en una prisión, en cuerpo y alma, formando parte de un enjambre aplastado contra las rejas. Las ideas depuradas que vuelcan en su literatura se extienden por el interlineado de sus escritos, y nos alcanza el proyectil de lluvia de estrellas manchada y sucia con su delirio revelador


Ahora que eres mi librera no puedo escaparme. No hay retaguardia en las trincheras del pensamiento y la emoción. Me has hablado del Pan Desnudo, de Sapienza, de Abdelá Taia, de Chukri, del verso de Hikmet con esos poemas suyos que puedo leer en los vagones de metro sin cubrir la portada con los dedos, ansiando que ojeen el libro por detrás de mi hombro las otras personas que están allí, aquéllas que en mi tránsito por la ciudad subterránea me empujan en unísono la mochila de mi espalda y el cuerpo contra las barras del vagón. Tal vez si leyeran algún verso de mi libro tendrían más piedad y respetarían mi viaje, mi condición de flaneuresse

Bien, me ahogo en la palabra, me reflejo en la pátina del café, me hundo en el sofá y mientras leo busco posturas imposibles. Tú tienes toda la culpa. 

Mañana o el año que viene tal veces descubras por mí a Khadija, a Fátima, a 'A'isha, Halima, Lubaba, Sha'wana, Zuda, Jahanara, Noor. Pero primero tengo que volver al libro del que te hablé y redescubir la literatura de las místicas, santas y descarriadas sufistas. He cogido el libro que te dije que olvidé y ya no le tengo miedo. 

Muchas gracias por tu ayuda y por indicarme el camino de las baldosas amarillas hacia la epifanía y la oscuridad deslumbrante. Quieres que me enardezca con el vacío de Hikmet, Mohamed Chukri y Goliarda, ¿por qué? Bueno, tendré que descubrirlo antes de contarte algo que valga la pena ...

Un abrazo

domingo, 12 de enero de 2014

Stendhal syndrome


It's the flavour of you inhabited by pain and longing. I'm still here, have not found you.  

jueves, 2 de enero de 2014

(re)


I (re)create myself more and more from memory. (This is where I find out all and I write).

domingo, 29 de diciembre de 2013

Fragmentos


Mi mejor escritura la he escrito cuando he podido escribir lo que no era mi mejor escritura. 

lunes, 23 de diciembre de 2013

Typpo


The writing is completely spontaneous, I bought the typewriter to just frantically and unconsciously key in these random, fierce, unknown thoughts that arrive at the beating of the mechanical parts and the rolling of the drum and the bell reminding you of something, not quite what (sic). 

You can pretty much see the line you are typing and nothing more, and the sensation of blankness, whiteness and coherence is all but gone. It's entirely manual and wrong and lucid, and you got to give your little fingers freedom devoid from inhibition. Slowly you notice the blunders and don't care about them, and you decide to sketch in this your primer of ideas, there's no way how wrong it will get. 

So I played with the patchiness of it all and went for a different language, kind of a broken English on a sweaty paper.

domingo, 22 de diciembre de 2013

Snow fittings



Vuelvo a plantearme la escritura del blog como un ejercicio de narración interno. Y he observado que cuando simplemente he escrito diariamente lo que se me pasaba por la imaginación narrativa es cuando he podido escribir también mi mejor material. Y es por no coartarme, no dejar de hablar y no interrumpir la posibilidad de que mi fuero interno pueda regularse. 

jueves, 19 de diciembre de 2013





martes, 10 de diciembre de 2013

Rive Gauche, mon amour

Estoy resistiéndome a escribir porque mi mente está llena de ideas, siendo más capaz de recibir y asimilar información que suministrarla. Y ahora me estoy preguntando qué sucederá con esta plétora de imágenes y sentimientos noveles que las nuevas lecturas vuelcan en mi sensibilidad haciendo que mi mente las visualice. No sé si mi percepción está siendo afectada también por esta nueva manera de procesar información lírica e intelectual. ¿Se afinará y lograré también aprender a expresar mis ideas, mi literatura de esa manera, con esa fluidez y honestidad?

Estoy hablando del modernismo en la poesía y la ficción. Hablo de las mujeres de la Rive Gauche, The Harlem Renaissance, Greenwich Village, las mujeres lesbianas y bisexuales que expresaron su literatura y arte sin tapujos. Ya no estoy simplemente comiéndome las miguillas, buscando a estas escritoras sin encontrarlas. Ahora mi librería en casa está llena de su trabajo; tardaré años en leerlas, en asimilarlas, en encontrarlas a todas e ir integrándolas en mi psique. Porque me hubiera gustado que sucediera antes, pero de todos modos ahora también es un momento especial, esencial, ya que mi propia creatividad está buscando lo que ellas ya habían localizado, y ahora ya me había centrado en expresar la esencia femenina. Por eso me repito cada día que me encuentro en un momento excepcional de mi vida y que puedo seguir siendo escritora, artista, sin cierres, sin obstáculos, en progresión, hacia la eternidad.


Jessie Fauset
Paulette Nardal
Gwendolyn Bennett
Jane Nardal
Suzanne Lacascade
Anita Thompson Dickinson
Suzanne Csaire
Andreacchi
Djuna Barnes
Mei-mei Berssenbrugge
Kay Boyle
Bryher
Maxine Chernoff
Colette
Tina Darragh
Diane di Prima
Rachel Blau DuPlessis
Eva Figes
Janet Flanner
Madeline Gleason
Barbara Guest
H.D.
Gunvor Hofmo
Fanny Howe
Susan Howe
Joanne Kyger
Margery Latimer
Amy Lowell
Mina Loy
Katherine Mansfield
Bernadette Mayer
Adrienne Monnier
Marianne Moore
Hilda Morley
Harryette Mullen
Lorine Niedecker
Alice Notley
Mary Devenport O'Neill
Maggie O'Sullivan
Janine Pommy Vega
Kristin Prevallet
Joan Retallack
Jean Rhys
Dorothy Richardson
Anneli Rufus
Blanaid Salkeld
Gertrude Stein
Diane Wakoski
Anne Waldman
Rebecca West

Last, but not least (alphabetically): Virginia Woolf!!!

lunes, 25 de noviembre de 2013


Esta mañana quiero escribir con las palabras que destilen más intensamente del alma, aunque el cuerpo lo tengo asediado por el presagio del invierno temprano. Y mi conversación es una tanda de fogueo, intento recuperar el recorrido de mi interlocución interna y a veces no recuerdo en qué consiste la desnudez del pensamiento.

Escribir sobre no escribir parece un lujo premeditado. No debería convertirse en un hábito, pero es un paso intermedio que no puede saltarse para acercarte a la lucidez creativa. La ficción es un territorio marcado en busca de un fin, aunque tan sólo se trate de la descripción del personaje y su circunstancia tanto en las historias mínimas como en las épicas. Pero el dulce control de tu vulnerabilidad que estableces no siempre es accesible.

Las mañanas te permiten esa mediación más de cerca, y te esfuerzas a emplazarte a relatar tus intermitencias en un forjado interno. El mero hecho de avanzar en un espacio en la página parece un logro, un redimirse ante tu ansia, un despegue en tu búsqueda hacia la narración de ese castillo, ese ágora, el terreno abonado de tu introspección.

El canto del cisne que se prolonga hacia el infinito es tu meta, tu destino. El perfil de la maquinaria imposible, las emociones inconfesables, ácratas, tu intersección con ellas. Escribir sobre no escribir es la descripción de tu frenar en seco, de tu reacción inmediata, tu integración con la realidad más innata, la sabiduría inusual de aquellas personas que narran, que siempre han narrado.

He explorado el terreno, pero no siempre me resulta familiar porque el territorio es escarpado y el tránsito errante. Intento condensar en reflexión los puntos de apoyo, de permanencia, y esto me permite decir que escribir a veces es un tránsito transparente, un recorrido fluido, pero otras veces es el movimiento seguido a la parada, la permutación de raíces que hay que desenterrar y explorar con las yemas de los dedos hasta llenarte las uñas de tierra, escarbando ante la incertidumbre de tus dudas y preguntas, soportando la intermitencia.

Ahora podría acabar la frase en cualquier momento y retirar la página, pero no debo. Mi mente no encuentra consuelo pero conoce sus obligaciones y necesita emprender la escritura diurna, ya que se encuentra en riesgo de encallarse en la protesta durante el resto del día. Me resisto a pensar que durante todo este tiempo que se ha adelantado al momento actual, estas horas que preceden a este mismo instante, no se haya gestado un movimiento de tierras lo suficientemente intenso para ser detectado por el medidor más sutil y sensible. Sé que he pensado mucho, que me he planteado múltiples cuestiones, que he diseccionado un número ingrávido de sensaciones detalladas, y aunque sólo se tratara de encontrar un objeto de flotación me doy por satisfecha.

Las ficciones se acomodan a tu estado de ánimo, pero también se dejan seducir por el apresto matutino. Éste es el momento en el que mundo gira, bosteza y se despereza en estiramientos, y también el establecimiento de tu plazo de entrega.

jueves, 21 de noviembre de 2013

Inflexiones


La pluma se alimenta de tinta. Ésta se integra en el fluido vascular de la narración y se pega a las paredes contextuales. Luego reanuda sus obligaciones, y sus brillantes palabras se desploman entre sílabas enteras que errabundas emprenden la búsqueda de sentido. 
 

domingo, 17 de noviembre de 2013

Kindred


Gisèle Freund

Typewriter



Me he comprado esta máquina perfecta para trabajar en mi escritura intuitiva. 

viernes, 15 de noviembre de 2013

coup de foudre


Most deservedly. 

sábado, 7 de septiembre de 2013

Chosen beauty


There is the beauty, the kernel of the prime hour buds, the natural virtue, all encompassed in enthralling awareness and the right chosen words. Won't look back not even to the last sentence spelled out, the prior best. Like a newborn pearl that's sustained by its branches, stout in firmness and wonder, being the last crate of the raw fruits of love.

It's the inner frankness, the way to race forward in the waves, the minimal reason within the wide. Picking it like cherries, warming it up with your hands with a crimson balm, and liking it as your own but letting it out and free in the wild. That's flow.

domingo, 1 de septiembre de 2013

Sangre


Ya es septiembre, y para mí éste es un mes mágico en el que mis ideas concuerdan y puedo crear, me siento bien conmigo misma; y este año va a ser mejor que otros, mejor que todos, porque soy consciente de lo que puedo llegar a conseguir en septiembre cuando miro y reviso todos los otros septiembres.

No estoy flotando embriagada en ningún ambiente con exceso de oxígeno, ni tengo alucinaciones de éxito y conquista como en tantos otros rodajes; no siento que otras personas son dueñas de mi tiempo, ni que mi vida está empezando o que empieza de nuevo. No es nada de eso: es simplemente septiembre, mi septiembre, cuando no necesito metas porque yo ya soy capaz de hacer sueños y proyectos realidad como he hecho durante tantos otros septiembres: serendipity, intuición, lucidez. Pero no, no vivo en un mundo de fantasía.

Hoy me había olvidado, no me había percatado de que era uno de septiembre, porque tras leer con pasión hasta las cuatro de la madrugada mi madre me ha levantado tres horas más tarde con la tremenda noticia de que mi hermano había pasado una noche aciaga y me ha pedido que llegara allí a las ocho. El destino ha jugado toda la noche a la ruleta rusa con su hijo.

No necesitamos muchas palabras mi madre y yo. Yo no se las pido, no quiero exprimirle su escasa y preciada energía mental y emocional, y siempre hay tiempo para preguntas. No me da muchos detalles, pero tras oír las primeras palabras al coger el teléfono un instante después de estar soñando, mis oídos se agudizan y mi cerebro se despeja rápidamente. Mi hermano ha estado muy mal esta noche, como papá. Bien, sé perfectamente lo que eso significa.

Yo tampoco necesito muchas palabras conmigo misma cuando me lleno el termo de café y decido no ducharme porque quiero saltar en un taxi en cinco minutos; pero no puedo olvidarme de mis galletas porque Dios sabe cuándo voy a poder comer, y tres horas de sueño dan por lo menos para un par de galletas. Entre envolver las galletas en plástico de cocina y salir corriendo sin hacerlo hay cinco minutos en los que mi hermano puede estar muriéndose. Cuando la vida se mueve con esos parámetros yo saco lo mejor de mí misma (es septiembre, lo mismo pasó con mi padre el año pasado) y sé tomar decisiones, sé moverme entre campos de minas, sé orientarme en la total, absoluta y aterradora oscuridad. Mi hermano necesita que yo tenga café con leche de soja, que yo me haya comido unas galletas, que me haya podido mirar al espejo dos segundos más para saber qué aspecto voy a tener cuando me enzarce en batallas campales y siniestras con el equipo médico.

Las cosas pueden llegar a ser muy sencillas. En este caso nada de ello es nuevo, pero el año pasado todo lo era, y, sin embargo, mi comportamiento es muy parecido, aunque ahora cuento con la pequeña ventaja de la anticipación. Pero también conocer la verdad por anticipado a veces pesa como una bola de hierro.

Aquí estamos: la madrugada, el alba, el taxi, la calle desierta, el camino, la llegada, los ascensores en triplicado, la espera, los pasillos, el abrir la puerta de la habitación y entrar y pasar a formar parte de un ecosistema propio, alejado del mundo que ves allá debajo de las hileras e hileras de ventanas de todas las habitaciones.

Mi hermano físicamente cada vez se parece a una versión joven de mi padre, y el tener lo básico: una cama, un pijama azul, una mesita y una silla con joroba, hace que sus similitudes estén todavía más acentuadas. Y mi hermano está enseñando al mundo la misma mirada de zorro plateado.

Hay una cierta normalidad dentro de la estructura de una situación anormal, es como la vida en las trincheras donde los dientes no sólo sirven para comer sino como utensilio de trabajo o incluso moneda de cambio o de estraperlo.

El tiempo pasa volando cuando entablas una amistad imborrable con su compañero de habitación en cuestión de 24 horas si él ha estado presente en las crisis y ha estado a la altura. Y yo sé cómo utilizar el tiempo porque se te afinan los minutos y se te afilan los segundos, y en una habitación los metros útiles se usan al máximo para moverse, para buscar cosas, para colocarlas bien, para rodearle, tumbarle, moverle, sostenerle, circunvalar su aprensión y su mal humor, hasta para escucharle o inspeccionar su respiración cuando duerme. Los matices llegan a ser infinitos y nunca dejas de aprender(te) una nueva lección para los siguientes veinte minutos en los que una situación puede repetirse.

Le acaban de poner un aerosol y parece un astronauta o un viajero de la nave de Star Trek Voyager cruzando el tiempo y el espacio.

La sangre de mi hermano es intensamente roja antes de secarse en la sábana. Bueno, la verdad es que nadie sabe lo roja que es la sangre hasta que la ve en una bolsa. Esta mañana va por la segunda transfusión. Subo la vista hacia el colgador de la bolsa y mi mirada sigue con una lógica geométrica la línea curva del tubo que lleva la sangre a su vía en el brazo. El otro día, en un goteo de sueros, la vía se arrancó y la sangre chorreaba empapando las sábanas debajo de la manta, lejos de nuestra atención. Bien, yo me di cuenta, como siempre te das cuenta de esas cosas, cuando la hyène aparece silenciosa y agorera y cerca a tu padre o a tu hermano, dando vueltas por lo que ya considera un cuerpo perdido o a punto de caer. Es una sensación muy rápida, una fracción de una fracción de segundo, if you blink,  you miss it, y si no hubieras estado allí, cinco minutos es todo lo que se necesita cuando la sangre tiene vía libre.

La sábana y su pijama hoy tienen pequeñas manchas secas y otras más recientes y más rojas. Son como lunares que podrían tal vez cambiar de sitio como fichas del juego de la oca, por ejemplo. Tiene dos vías en los brazos y las conectan a esto o a lo otro constantemente, le pinchan el dedo para medirle la glucosa, le dan inyecciones, y la sangre simplemente mancha. La sangre se ve, es imposible no verla, no reflexionar sobre el hecho de que su lugar no está fuera; es un recordatorio del dolor, de la vulnerabilidad, de la lucha. A él no le importa ni le da miedo. Es más, no se ha percatado cuando yo le pregunto si quiere cambiarse la parte de arriba del pijama. Se busca las manchas por delante y por detrás girando y retorciéndose el cuello con cierta perplejidad. Yo cambio la sábana rápidamente con un golpe de muñeca fuerte cuando él va a la baño. La hyène retrocede, me enseña los dientes, gruñe asquerosamente y se va mezclándose sus patéticas cuatro patas quebradas en la huida.

sábado, 17 de agosto de 2013

Noches que cuentan



Me preparo para salir. Primero me muevo, luego me detengo. (Pre)sentir.