jueves, 31 de enero de 2013

Absolutely


Barely disquieting, supple, lovingly displaced. I could take you there, but I'm not sure that you'll like it ... Actually, I know you won't. 

Ten thousand words


That to me is the biggest challenge. It's like Arcadia in the blazing sun. 

The further you are ...


I am wondering lately that the further you are from people, the closer you feel. 

This has come to me as a very strong realisation, and I must think about it a little more. 

miércoles, 30 de enero de 2013

Pages matter


Pages matter, but words can stop at anytime. 

Íntima


El aire es  rápido y fiero, pero inmune al ruido. Miré a la tarde furtivamente y me di cuenta de que esos destellos dorados en las hojas relataban el comienzo de la retirada vespertina. La tarde iba a acabarse pronto y la luz moriría extasiada. 

And that was all, she explained, drinking her tea.

Salitre roto


Estas últimas semanas soy presa del tiempo. No me organizo bien y lo voy perdiendo en los remolinos de polvo que atemorizan al marco de mi ventana forzándola para entrar. Es como si el tiempo fuera el árbitro de mi capacidad de trabajo.

Creo que es buena señal que no te sobre el tiempo ni te atenace con su vagabundeo angustioso. Las horas me asaltan con múltiples preguntas que tengo que responder. Intento navegar con sextante, pero todavía no he atornillado los espacios huecos de mi bitácora. Mis interpelaciones con las horas no dejan de ser un juego enigmático con el que extraer una hoja de ruta. 

Me he dado cuenta de que esta vez ha sido la gripe la que me ha hecho retroceder en mi viaje y esplendor, pero siempre habrá algo que interrumpa o desvíe tu avistamiento del cruce de los océanos. Estoy impaciente por afianzar el rumbo, pero ahora sé que tengo que estar alerta y ser consciente del impacto de una marea discordante.  

lunes, 28 de enero de 2013

Bird's eye view


All the same.

Surgen


Hay que de alguna manera depositar la fe en la enredadera, en el ahogo, en la inclemencia, para inducir el parto con el dolor del trabajo que prende de las yemas, del superarse en brazadas bravías. El espacio yermo es como el fuego de la fragua indeleble: locura de amor no correspondida, un sabor de sílice amargo que reta a la cordura.

Debes capturar una ilusión para liberar las mariposas derrotadas.

Sujeto tus manos y seguimos hablando


La muerte de mi padre ha causado un vacío insondable. Yo me sumerjo en su búsqueda. No es una despedida. 

Tatuajes


He tatuado la arena, y el sol la ha sellado con su luz ardiente. Luego he encontrado esas promesas hiladas en mi piel con tinta azur.

Partir


Estos meses me reencuentro inversamente en las palabras nuevas que aún no existen. Ignoro el ruido, el temblor, el ojo del azabache.

Presiento las vibrantes corrientes de aire que anuncian despacio el cambio de estación. Estoy preparada para partir.

Presencias El vibrar


Mensajes innatos que sueñan con volar, como luciérnagas en la oscuridad.

Mitos apasionados


Un paso al frente para recuperar el siguiente instante, recorriendo de nuevo el amado camino que invade la noche con el olor de las espigadas verbenas.

Las horas brujas, la ciencia reñida con las insolaciones y la fiebre. Todo aquello en lo que creíamos debe resolverse en algo nuevo para no perder la alegría, el rejuvenecer, el continuar. Guirnaldas de estrellas mecen tus ensoñaciones, y aprendes a no contar los días. Mirar hacia arriba es no mirar de frente, es no recurrir a las batallas libradas con el viento para brindar tu vida de ilusiones en ciernes. Descansa.

El verso se apodera del verbo, y el sueño de estío liba las pasiones nocturnas. Los sueños incendian la oscuridad para estremecerse con los destellos de las estrellas fugaces mientras tú te acercas.

domingo, 27 de enero de 2013

Insuperable: James Baldwin, Just above my head



The summer ended. Day by day, and taking its time, the summer ended. The noises in the street began to change, diminish, voices became fewer, the music sparse. 

Daily, blocks and blocks of children were spirited away. Grown Ups retreated from the streets, into the houses. 

Adolescents moved from the sidewalk to the stoop to the hallway to the stairs, and rooftops were abandoned. 

Such trees as there were allowed their leaves to fall - they feel unnoticed - seeming to promise, not without bitterness, to endure another year. 

At night, from a distance, the parks and playgrounds seemed inhabited by fireflies, and the night came sooner, inches in closer, fell with a greater weight. 

The sound of the alarm clock conquered the sound of the tambourine, the houses put on their winter faces. The houses stared down a bitter landscape, seeming, not without bitterness, to have resolved to endure another year.

Bucles para liberarse


Me relevo a mí misma de un estado de vigilia incomprensible. 

Todas estas ideas que renuncian a encuadernarse, y el rechazo innato que he adquirido en los últimos días y que me impide negociar la creatividad en el espacio y en el tiempo, tienen el efecto de desubicarme. 

Voy a insistir en trabajar en el mismo texto para no sucumbir de nuevo a la lección bien aprendida de enmudecer y abandonar repentinamente mis sueños más íntimos, acuciada por la desesperación.

El café desgastado y frío no expulsa ni deshace suficientemente el calvario del dolor que te atraviesa las sienes; ese reguero táctil que se extiende como agua manchada en un embarcadero estéril. Sin embargo esta neuralgia inerte que me machaca la cabeza ansía un refugio para reciclarse en oxigenadas correlaciones, en una impresión que te extasiara, en una tentativa para resistirse al vacío, a la nada. Te pertenece y anhelas el desfogado y deslumbrante fervor en el camino, en la encrucijada; la bola de fuego incandescente que brilla sólo al repararla, al apearte y relanzarte en el salto hacia el otro lado del precipicio, ignorando el reloj de arena que se desgrana con desvarío. 

Debo continuar y no detenerme nunca, porque este es el precio de la soledad rica en el perfume transmutable y embriagador de la creatividad, de la vida. No tengo otra salida, no tengo otra manera de embarcarme hacia mi destino ciego. En algún momento siento la impresión de que no consigo alcanzar una salida, reparar mi mente disoluta, pero finalmente aprendo a ignorar el desespero.

Es difícil enzarzarse con la historia de tu propia vida. Separar con tus dedos las piezas de la guirnalda hechas con las conchas descamadas y extraídas de la embarrada muda de esa serpiente que te cerca. Necesito asirme a las plétoras de mi propia mente, de mi incinerado fénix, del cénit de su vuelo para alcanzar a Ícaro. Mis referencias son torpes, mi propulsión ciega, desatinada; y sin embargo sueño con arañar esta indecisión superficial y llegar al paraíso que se me escapa en desvelada y desaliñada locura. 

¿Cuándo me zafaré de este torpor, esta incapacidad, este cadavre exquis, estas imprecisas interrupciones que me aíslan y me apartan de una vida plena? Mi conciencia está libre, lo sé, lo siento. Mis vínculos existen pero no consiguen aunarme del todo a mis pasiones; aunque tengo el potencial de recibirlas en mi regazo, amansarlas con ternura y utilizarlas, sí, utilizarlas como un legado salvaje y libre que me desnude. Pero todavía no retozo en este sueño, aunque lo atisbo; lo quiero domesticar como al zorro, lo percibo cuando duermo, cuando me sofocan las sábanas y sus enredaderas opiáceas y atrayentes como el canto de sirenas.

No debería parar, no puedo permitirme el lujo de no retomar mi existencia aunque se encuentre labrada con miedos absolutos; no puedo cesar la lucha contra esas regencias envueltas en mutismo que hacen que las fuerzas de mi subconsciente pausen y residan en un barbecho eterno e insular. A veces me encuentro aislada, distante de aquellos y aquellas supervivientes que brillan y se aman. Quisiera encontrar mi rincón y asistir a las reuniones de ese grupo de personas creativas que se traicionan en juegos para luego reconciliarse con sus pasiones, sus amantes, creando para no separarse de la eternidad que les espera y sobrevivirá. 

Considero que el tiempo que tengo debo encauzarlo en una promesa para no impedirme la inseminación de la esperanza, de la vida al desnudo, de la duda desarmada por equilibrios y construcciones con herrajes que ascienden al universo. Mi destino si no estaría plagado de picaduras de insectos salvajes, de periodos aniquilantes donde la desesperanza se enquista. 

Sí, debo aceptar esta posibilidad de destrucción; pero aún así cuando las alternativas son vanas y se equiparan a un azar desfigurado que me brutaliza, mi ascenso por el metal forjado con mis manos erosionadas y lastimadas, y las erupciones sangrantes de mi piel valdrán la pena. Mi salvación es inevitable. Atrás quedarán los cadáveres exquisitos, las farsas lúcidas de enajenación dolorosa y extática, las abundantes y recurrentes las pesadillas de tentáculos amordazados, infligidos con púas y espinas. 

La pesadilla indeseable, la extinción coherente y estéril me obligan a replegarme tras la línea de fuego. Pero el destino puede fecundarse en un descuido de la bestia cuando ésta se repliega en la caverna y descansa. Haré lo posible para no inducir su cólera, y conseguiré desvanecer las interrupciones del coito para inducir el parto de mi identidad creativa, el triunfo de la vida sobre la muerte, el ascenso.

Me pellizco la piel para constatar que vivo, que siento, que respiro. Me da miedo entablar diálogo con la miserable, mediocre y maldita tristeza; odio la convulsión que conduce a la desesperanza, a la maldita melancolía que aniquila mi interior. 

Pero de alguna manera no temo mis despertares insultantes; sé zafarme de las garras de la inmovilidad, soporto los calambres en la carne, el estúpido sopor que quiere desarmarme. Ese letargo conduce a la duda, a adentrarse en la oscuridad, al cierre de la galera que activa la mecánica de la reja chirriante desplomándose herrumbrosa a tu paso para precipitar la entrada en la prisión endógena de tu enfermedad. La caída, la parálisis.

Ahora no tengo miedo a la rendición porque se manifiesta de forma interrumpida, y a veces puedo salir a la superficie, nadar en brazadas salvadoras, y tocar tierra olvidándome de las heridas lacerantes en los codos, las rodillas, brazos, torso, y el cráneo al chocar con los rompientes cuando lucho por alcanzar la costa. Lo importante es hacer caso de la luz providencial del faro que te guía por los arrecifes letales. 

Tengo posibilidades de éxito, y cantaré como un pájaro herido pero triunfante tras asentarme en tierra firme para siempre, aunque haya movimientos de tierra, aunque el océano quiera ahogarme con sus olas puverizando las paredes de mi habitación propia, de mi femenino refugio y salvación. Los cimientos de mi casa no se derrumbarán, y resistirán la marea desbordada y el salitre cruel y desbocado. 

Tengo motivos para temer a la marea porque recuerdo cómo en otros tiempos arrasó la tierra excavándola con su plasma infernal, insensible al dolor humano. Tras alimentar los aullidos pavorosos y hambrientos de los felinos marinos, el suelo se calcinó al deshidratarse con el envenenado almizcle de la sal marina. Fue la ira de un Poseidón delirante la que ordenó la amargura de la naturaleza, la invasión de mi mente con pensamientos distorsionados que apuntalaban y recorrían mi carne para despedazarla. 

Pero hoy soy inmune aunque sufra; ya he bebido antes del néctar que me exilió a territorios perdidos. He recibido muchas veces la visita de la muerte para atraparme, y es una sensación con la que me he familiarizado. Puedo sonreírme en silencio, aunque me hiervan las lágrimas; puedo esconderme y escapar por la salidas de atrás hacia la luz ardiente, hacia el calor que no me deshace y que quiere alimentarme y ayudar a liberar ese monstruo que conoce tan bien mi frágil cerebro. Mi espíritu exhausto, libre y fuerte renace y resurge a cada golpe porque ya ha memorizado las trampas del laberinto. 

Pero mi problema actual es qué hacer con un cuerpo ensangrentado y renacido de entre las cenizas. Esta es la gran incógnita de la que siempre escribo al levantarme. A cada despertar me invade una inquietud paralizante y dolorosa que recojo escribiendo mis crónicas urgentes y repetidas para que el olvido no me devore. Suelo relatar lo mismo una y otra vez, porque me vuelve a pasar como un ahora recurrente. 

He sufrido durante años, y el dolor me ha robado parte de mi juventud y de mi pasado; pero no me importa si continúo este rejuvenecer en el tiempo de vida que me queda. Sé que poseo la virtud de sentir júbilo al poder respirar con anchura en mis pulmones. Soy afortunada por poder avanzar, aunque mi cuerpo envejezca. Puedo continuar con él o a pesar de él. Mis canas me ennoblecen, y la aceptación de mi decadencia me honra. Pero tengo suerte de poder abstraerme en la creación solitaria.

Y aunque no sea así avanzo porque he conquistado el pánico, porque he sido siempre inconsciente, juvenil y excéntrica, y he vivido con un regalo escondido en el corazón: el suspiro hondo que desvanece el miedo, el rencor y el dolor sufrido, que alberga el perdón. Nunca me ha abandonado la esperanza escondida en la atávica ánfora que ha escanciado y libado mis afortunados labios, que ha poseído mi útero fecundo y brillante, la esencia intocable de la vida. Porque poseo la pureza de espíritu, inasequible al desaliento, y la defiendo con toda mi energía, aunque caiga presa de la debilidad. Presento el pecho como barrera aunque me lo atraviesen las lanzas de la desesperación, y las cicatrices las lavo con los jugos y esencias de la luz que me encuentro a cada esquina. ¡Avanzo!

Algún día viviré rodeada con ventanas de luz refulgente. 

Puedo esperar. 

sábado, 26 de enero de 2013

Brighter writer


Take shelter ...

viernes, 25 de enero de 2013

Zeppelin


Without us thinkers this office would be clean and spotless.

The warm air that slips into the room teases the others like the shadows of a magic lantern, with its waves of images from the outside passing along and across the view. 

The wait at this office is endless, as if the day could do well with some clarity and then stretch fully to let us now that we are welcome. 

I don't want the ink to dry. 

jueves, 24 de enero de 2013

Líquido


No pasa nada porque hables de aquello que no recuerdas en esencia, porque hayas olvidado los jirones en las hileras del calendario. 

Tiene ternura, tiene fuerza, tiene sentido. Anhela.

Vente


La ansiada mañana se despide tras despertar tus anhelos, y las cintas de plata circulan por tus dedos, las ideas de savia transcurren por tus venas, y ya has recogido el agua salada con el que arreciarás el brillo de la piel en tu cara.

Te encaramas al día como un animal arbóreo y respiras entre hervores de madreselvas. El color nativo comienza a tatuarte las piernas, y asciendes con la misma fuerza con la que las nubes que pierdes terminarán arrastrándote. Es un nuevo viaje que comienza con parar, establecerte, permitir que las sombras encuentren asiento para no perderlas de vista, porque aunque rugen y quisieran levantarte la piel a mordiscos, tú eres la esencia misma del movimiento.

La isla


Piensas que ya se han desviado todas las corrientes, todas las acometidas y flujos de aguas que se desbordaron al abrir la presa. Pero te has equivocado al pensar que estabas en el otro lado. No es así. Eres tú quien navega hacia alta mar. Ítaca es la isla, es la ciudad velero, es la penúltima parada para negociar las exigencias de tu ansiada búsqueda, para tocar tierra, para dejar que tus manos finalmente sientan esa luz que rebota en los muros de las casas, esa energía del sol inflamando tu piel. 

Y los sabores agrios se caerán de tu boca cuando encuentres los diarios de todas aquellas personas que visitaron Ítaca antes de ti, de quienes viajaron en largos abrazos del agua y dejaron todo escrito tras repostar y partir hacia el agua. Es un gran privilegio que cambiará tu vida porque todavía amas los diccionarios recreados, las enciclopedias encontradas y las crónicas de viaje.

No es la última parada porque en ella decides tú.

Suena el teléfono y todo queda paralizado

Es para ti.

Todo aquello


Y todo aquello que no queda dicho queda atrás. Se podrían crear nuevos recuerdos, enraizar nuevos árboles, trasmutar su sentido y caramelizar el transcurrir de los días. Pero eso no quiero hacerlo. Quiero arrancarle minutos al papel secante, tránsitos a lo inaceptable, a lo inacabado, a lo que me paraliza. No quiero crear un altar de sus cenizas, ni recogerlas hasta que los dedos sangren. Deseo simplemente desplegar los planos y el sextante, encontrar las coordenadas en las que me equivocaba y me perdía, crear nuevas rutas entre el ayer y el ahora y hacerles paso.

Nadie va a ser testigo de este viaje, de los peces voladores que coletearán en el aire como salmones para recibirme mientras navego. Es una gran viaje en busca de todo aquello que quedó por decir, que se acurruca y reposa como las caracolas encharcadas en la arena, esperando a que beses el borde de su blanca espiral y produzcas un sonido, como el de un faro que te avista y te protege. Menos mal que todavía puedes disgregar con los dedos las decisiones posadas en sus semillas de arena húmeda. Menos mal que es así como quieres vivir tu vida.

The last lonely war


Así que por ahora todo aquello que se está buscando es simplemente algo que poco a poco podría ignorarse y esconderse tras la línea de fuego, aquella cresta en el horizonte que se repliega detrás de la línea que llega a alcanzar nuestra vista, donde yacen las lágrimas como parte indispensable de la escarcha que se trocea de madrugada sobre la hierba rota. Y dentro de este ciclo de sentimientos circulares que se enrabian con la tierra roja, la que tiene resquicios de cobre y deshielos.

Mi pluma se deja tiznar por el peso de las múltiples heridas trabadas, de la única recolección de ideas que me queda, y de los bordes expuestos y decantados de las cicatrices que se mantienen en pie. Y ahora sé que no tengo otra tarea que sobrevolar su pasado, su significado en estos días que huelen a papel quemado, crujiente, resuelto, impregnado de los momentos que no he encontrado todavía. Y me entrego a la real y verdadera injerencia en la calma del tiempo en suspenso, de la ciénaga al descubierto, del silencio incendiado.

Me doy cuenta de que lo mejor es continuar, no dejarse tan sólo llevar por la bruma de las burbujas, sino por la autenticidad del pensamiento emocionado, de la búsqueda, de lo que pesa tanto como la sinrazón sin ser realmente parte y trozo del hueso, de aquello que tiene tanto significado, tanta fuerza, tanto interés, tan grande y grave es su espera y su trama entrelazada, poblada de envergaduras y turnos y sonidos de espesuras insólitas. De aquello que se puede solidificar y no se hace, pero que por ahora no importa.

Me gustaría mucho saber un poco más en qué se convierte la frase cuando se estira y se dehilacha y se busca y entrebusca la palabra. Es todo muy diferente cuando se hace así. No debería pasar ningún día sin pensar en una palabra, sin olvidarse de una palabra, sin dejar de preocuparse por aquella palabra. Esa palabra pequeña, envalentonada, que se raspa y parece que todo queda dicho. Espero que la tinta no manche demasiado la verdad.

Todavía no tengo que hacer ese serio inventario de la pluralidad de pinchazos de esta pluma. Y no debo enfadarme si la hoja se empapa por el líquido y el papel se trasluce por la tinta. Qué desastre sería eso, alejarme.

martes, 22 de enero de 2013

Sentidos


Siempre vuelve.

lunes, 21 de enero de 2013

Esta noche


Hoy voy a hacer un esfuerzo para irme a la cama pronto (relativamente). Y esto me obliga a superar el vértigo que siento cuando me pregunto si el día ha dado de sí todo lo que podía, si tengo derecho a interrumpirlo con el sueño, si estoy programada correctamente. 

Sé que todavía estoy enferma con esta gripe, pero me sorprende hasta qué punto me ha afectado el estado de ánimo, y con él mi relación con mi mundo interior y exterior más cercano. Es como si hubiera caído una bomba de relojería y yo me distanciara del cráter con curiosidad, como si la cosa no fuera conmigo a pesar de las heridas causadas. No quiero saber nada de este bajón en el estado de ánimo, porque esta vez simplemente espero a que concluya el descenso y la salud me ayude a superarlo y remontar de nuevo. 

Estoy haciendo recuento de esa seguridad que tenía en mí misma hace tan solo una semana, e intento acordarme de que nada ha cambiado. He jugado con fuego yéndome a la cama demasiado tarde durante los últimos dos meses y medio, y me está pasando factura. La una tiene que ser mi tope, aunque eso suponga dejar esta entrada del blog sin terminar, o simplemente darme por vencida esta noche y comenzar la elaborada tarea de conciliar el sueño. 

Por lo menos tengo un entretenimiento para la próxima media hora. Qué va a ir pasando por mi cabeza cuando me voy a acostar, teniendo en cuenta que si fuera por mí seguiría un buen rato más exprimiendo la madrugada. 

Y publico esta entrada sin haberla completado, sin imagen, etiquetas, con un título que no es el definitivo, simplemente porque la esencia de esta semana ha de ser el ir superándome diariamente, hora tras hora, perseguir una meta y ver cómo tras un tiempo se consolida, comprobar que se ha vuelto real aunque al principio no había nada, sólo el germen de un éxito. 

sábado, 19 de enero de 2013

Through the looking glass


Escribo los títulos de las entradas de mi blog en inglés porque leo en este idioma constantemente. Sí que pienso que me ayuda a pensar en los conceptos y adjetivos de forma universal, con el paralelismo de emoción e impresiones generado al balancearme por el cable de acero que hace de puente entre los dos idiomas. Aunque a veces me pregunto si tendría más fluidez escrita tras leer en español. No me preocupa pero a veces me lo planteo. 

En todo caso el dotarnos de una identidad lingüística no es sino escanciar una impresión en el tiempo, tras destilarla y mineralizarla. El efecto se atrapa, pero no es más que un relámpago imaginativo, o una manera de nombrar lo que se escapa o lo que permanece. 

Leo el diario de escritora de Virginia Woolf y me entronizo en un sitio post-victoriano de su propia cosecha. Aunque en realidad me interesa más su mente; sus encuentros, sus refugios y recesos, y su relación con Vita, la que yo no tendré nunca con nadie. Virginia, la arquitecta de esta relación, y Vita la protagonista. 

jueves, 17 de enero de 2013

En alta mar


Esta gripe ha sido un enemigo traicionero que desde su posicionamiento de campaña me ha socavado por sorpresa las líneas de flotación. Se ha aprovechado de mi debilidad y ahora me siento menos segura de mí misma, obligada a emprender un proceso de reconstrucción mental y psicológica que espero sea breve. Me resulta injusto porque me encontraba muy bien, muy centrada, muy cómoda y segura, y ahora lo veo todo con un velo de polvo y ventisca que han sido provocados por la fiebre, el malestar y el atontamiento. No sé cuánto voy a tardar en salir de aquí, y si en mi caso el proceso va a ser más difícil. Espero que no. Mi mente es muy vulnerable porque los neurotransmisores se desequilibran y sus vínculos se modifican, y tienen que normalizarse con un proceso fisiológico que no es tan rápido. 

Tengo que tener en cuenta que el sábado, a pesar de estar ya tocada por la fiebre y el baile de dolores musculares, pensaba en positivo, me encontraba ilusionada con mis proyectos, y fui incluso capaz de comunicarlos a mis amistades que vinieron a verme. Y desde el lunes la sombra de la noche la ha traído el halcón de este desierto, y veo el futuro bastante más inestable. De todas formas llevo dos días levantada y leyendo, y me he puesto un plan de acción más engarzado para no quedarme al aire. Entre ayer y hoy he hecho pequeñas cosas de manera espontánea para enraizarme en mi espacio, y me he propuesto continuar donde lo dejé antes de esta tormenta virulenta. Estoy mejor. Pero quiero volver a mi proyecto y vivirlo con normalidad de nuevo. 

Todo esto me ha hecho reflexionar sobre la fe ciega en tu trabajo, en tus planteamientos personales que no han sido testados en aguas ajenas. La decisión de entroncarse en un estilo de vida redimido por la soledad interrogada y la inmersión completa en tu mente y tu intelecto. La constante búsqueda en la materialidad de lo abstracto que te obliga a definirte de nuevo a cada instante, pero también te reencuentra en el tiempo y en el espacio. 

Ahora tengo que situarme de nuevo en ese eje paralelo fuera del transcurso de los minutos y ajeno a la rutina; donde se encrespan y entremezclan las emociones y los sentidos, donde se piensa entre líneas en una búsqueda por la verdad fugaz que transluce en una palabra, y si no se prende antes de despegar tras un destello, ya es inalcanzable si vuelves a intentarlo. Puedes seguirle la pista y el rastro desesperadamente, pero su impronta se deshace como la arena desmenuzada tras la brisa del movimiento. 

Aunque he de decir que, el diario de Virginia Woolf y el de otros escritores y escritoras, me está haciendo ver en qué consiste el diálogo interior, el endometrio y la vascularización de la narrativa, y la intensa determinación por el trabajo diario, las cinco páginas, la lectura compulsiva, la visión del mundo de dentro a fuera; la exaltación tras el recogimiento. Cada libro es testigo de esta labor, de esta singularidad, de este volcarse y desbordarse, aunque existan momentos de duda, de dolor, de cansancio y destierro.

La fe en este trabajo no es más que la desesperación al encontrarte fuera de contexto sin ... un texto.

Palabras y la lluvia


Los momentos bastan. 

miércoles, 16 de enero de 2013

Dolor



Qué horror. Cuando tienes gripe te duele todo. Hasta tu vida. 


lunes, 14 de enero de 2013

Gripe


Fiebre, tos, debilidad. Y la cabeza no está feliz. 

domingo, 13 de enero de 2013

Ángeles caídos


En este año que acaba de empezar parece que la muerte se ha fortalecido. Me llegan noticias de demasiada gente, amistades, personas jóvenes y mayores que no pueden resistir el ímpetu de su gélida adormidera, los espinos de su espíritu victorioso ante nuestro dolor. Tengo que prepararme. 

Pero prepararse a ver la muerte no es del todo posible. Para mí no ha sido nada de lo que imaginaba, ni aquello que tanto temía. No es la ausencia: es la presencia. No es la tristeza: es el cáliz de las emociones más profundas. No es la huida: es la solidaridad, el acercamiento, el recoger la mano querida en la calidez de la tuya. No es la soledad: es el silencio que te habla. 

Aunque las lágrimas canten y parezcan zafiros, sabes que la muerte no podrá nunca arrebatártelas. 

viernes, 11 de enero de 2013

Nebulizaciones


Tengo un catarro formidable que me hace ver el mundo tras una cortina de humo. Si no fuera por el dolor de cabeza que me ataca las sienes con alfilerazos nerviosos, podría pensar mejor en cómo se ve el mundo cuando estás en un universo paralelo. Oigo el ruido de la calle esta noche y me lo imagino como saliendo de una turbina o el ventilador de una fuente de alimentación. Casi todos los órganos de mi cuerpo que perciben los sentidos están afectados por el entumecimiento, la inflamación, o los dolores musculares.

No he podido creer en la inmanencia e inteligencia interna de la mente, así que cuando veo cómo tantas cosas limitan su alcance y su percepción simplemente se refuerza mi idea de que en la cabeza cada minuto es diferente, y el ego es flexible: eres como te sientes.

Y a mí me funciona que en periodos de los que parecen largos barbechos donde los registros creativos están purgando sus mudas, tengo que seguir doblegándome al teclear de los dedos o al punzamiento del bolígrafo, y continuar registrando el cambio de las mareas y las nuevas rutas transoceánicas.

Voy a ver si puedo dormir sin toser demasiado y despertar a mi madre. Creo que voy a dormir bastante mal, aunque a lo mejor el trancazo me aísla del mundo lo suficiente, y hasta descansar sea posible.

jueves, 10 de enero de 2013

Kon-Tiki


Feliz por la brisa, sin acarrear trincheras de acero anegándote el pecho con lluvia apelmazada y sucia como en otras expediciones fallidas. Los caminos interceden por ti y respiras el brío de la aventura. El cielo está abierto sobre su eje y redobla su azur. Te inventas melodías que atesoren el salitre en reductos accesibles y no interrumpan tu destino. Rastreas los idus y las corrientes para recorrer aún más largos trayectos, para emparejar tu vida con el lapso de horas durante las que la mariposa luce y despliega sus alas esplendorosamente. 

miércoles, 9 de enero de 2013

Un día como hoy


Sin poder predecir. Sin saber escuchar. 

martes, 8 de enero de 2013

Mars


Estamos buscándonos y encontrándonos como galaxias interplanetarias que ignoran los millones de años luz de distancia entre ellas; y todo el mundo busca su localización perfecta para acercarse a una zona cálida que les entone, prefiera y no interrogue. 

Da un poco de miedo pensar que en esa búsqueda nos vamos a dejar la piel, o tal vez fracasar el número de veces necesarios para sentirnos personas inadecuadas y rechazadas en el amor. 

Aunque la búsqueda continúe o cese la espera. 

lunes, 7 de enero de 2013

Beach Sea Horizon Clouds


No, I never thought I was a boat guy. I never knew I'd be a sandy beach guy. 

Relatos luminosos



Noches ciegas como ojos de ágata, con rumores cambiantes de rugidos internos. Te ensimismas y no los quieres oír.

sábado, 5 de enero de 2013

Colores


Desde que murió mi padre, he conseguido encontrarme a mí misma, y me he enfrentado cara a cara con los sentimientos y las emociones que importan, porque mi piel y corazón se desprendieron de las tristezas baldías, adquiridas por la necesidad, la impotencia, la desubicación, el constante mortero de fuerzas que no te permiten ser quien eres (y que en el fondo generas tú). Y mi casa y mis alrededores se han llenado de color; desde hace mucho tiempo quería bañarme en esa luz y color, y necesitaba integrarlas en mi ambiente, en mi respiración, dentro de mis branquias de acero. 

Y ahora noto esa plétora de sensaciones agradables en el refugio ardiente y barítono de la soledad y la escritura, de esta soledad que intentaba guardar y convertir en el seno de mis pensamientos más vitales, más sonoros, más internos, más floridos. Y todo esto ha sucedido por sorpresa. Siempre lo he intuido y lo he buscado, incluso en los rincones más oscuros de mi mente, en los callejones más sórdidos y brutalizados de mis sentimientos y en las travesías por el desierto, por el aullido y la pesadilla. Pero no esperaba ser una Eurídice reclamada; es como si mi alma en realidad se hubiera dejado guiar por sí misma, por su propio y retornado Orfeo, con aquel que puedo convocar cuando el ego y los miedos no se conjuran contra mí. La pesadilla ha terminado. Las cadenas se han roto solas y han caído a mis pies. 

Mi nivel de ansiedad se ha reducido en un 80%, y prácticamente solo salta cuando me anego con la intensidad burocrática de las gestiones de la testamentaría de mi padre, y en algunos de esos momentos lloro incluso ante personas extrañas que finalmente se dan cuenta de que pedir y presentar todos estos papeles de mierda no es un proceso natural e indoloro; la gente suele cambiar el chip para ayudarnos en vez de obstaculizarlo todo con esa chirriante voz impostada, surrealista y monótona que a menudo tienen. 

No lloro para conseguir su atención, simplemente lo que sucede es que comienza a acumularse una presión de tipo cardíaco, como un géiser poderoso que me ahoga y amenaza con reventar mi corazón (como le pasó a mi padre el día que murió tras más de 24 horas con 150 pulsaciones por minuto). Pero el apreciar la belleza de la evocación y reconocer la intensidad de lo que estoy viviendo, o enviar un pensamiento a la estrella del cielo que luce en su recuerdo, volver a sentir la valentía de mi padre y los preciosos sentimientos florecidos al estar con él, finalmente se convierten en una conversación tierna y cercana. Otras veces me guardo la emoción para una momento más íntimo y personal donde esté sola o con mi hermana.  

Así que de repente (y de nuevo, como en la infancia) me dejo mecer por el calor que vibra en mi habitación, por los viajes interiores, por las horas empapadas de trabajo creativo que voy surcando intensamente cada día. Y me implico en otras historias leídas, otros escritores y escritoras que me han precedido, otras personas con quienes finalmente puedo conectar ya que ahora compartimos el mismo estilo de vida. Como siempre, no me lo esperaba. Y sigo haciendo esas cosas que no hace nadie más que yo, esa combinación excéntrica e imposible de vintage digitalizado, birracial, marcado por el trotamundismo, la curiosidad y la nomádica inmersión en tu propio mundo. 

Es increíble cómo puede llegar a ser posible el encontrarte feliz en tu espacio, natural en tu soledad, tranquila y fértil en tu trabajo diario, propusalda por los estímulos de tu entorno personal. No sé muy bien cómo he conseguido dejar de sentirme atacada, tiranizada y presa por esos miedos, esas críticas y presiones interiores y exteriores. Creo que simplemente o las he dejado pasar o las he integrado. No sé si es un signo de madurez, de dejarse llevar por la edad y que no te importe el dolor pasado, de haber sido siempre optimista y haber esperado el momento, mi momento. Una de las cosas que siempre me repetía y decía a otras personas para tranquilizarlas (incluso viéndolo demasiado lejano y fuera de mi alcance en muchas ocasiones) es el bogardiano everything is going to be alright, kid; you'll see

I see.

“...in order for this to happen, your entire frame of reference will have to change, and you will be forced to surrender many things that you now scarcely know you have.” 

James Baldwin 

Camera


Eres ese sentido que despega su sombra de mí. 

viernes, 4 de enero de 2013

Libros


They'll be reading themselves ...


jueves, 3 de enero de 2013

Libres


Estos meses sin excusas me han sacudido el cuerpo y el espíritu en una trenza de truenos, de corrientes eléctricas, y han hecho que las cosas superficiales se cayeran de mi cabeza como pensamientos alienados, insignificantes, nieve que se deshace de forma redundante y que nadie echa de menos. 

Lo que pasó el año pasado por estas fechas ya no tiene casi peso alguno. Mi vida ahora ha cambiado mucho. Me he encontrado a mí misma; ya no estoy perdida. Sé que lo estaba: no podía respirar por el corazón. Es muy extraño cómo los recuerdos de entonces se han borrado de mi mente. ¿Qué pasó el 25 de diciembre, el 30, el 1 de enero? Sólo me acuerdo de haberme hecho daño en la rodilla el día 31 en la carrera, y de darle los regalos de Reyes al niño y la bebé. 

El año pasado fue muy impersonal, fue casi como que no me había pasado a mí, y no he podido siquiera comparar estas fechas con las de entonces porque la hospitalización y la muerte de mi padre lo han rodeado todo, le han dado significado a todo, me han hecho sentirme viva, cercana a mi madre y a mi hermana. He entendido el valor de la vida, el estar y el marcharte, la ternura, la realidad, y el ser tierna y real. Que las críticas de otras personas no sirven, que los reproches no valen, que el rechazo no existe. Yo no soy lo que quiero, ni lo que no tengo, ni lo que perdí, ni lo que no me dan, ni aquello en lo que no me entienden. No, todo esto no tiene nada que ver!!  

Y durante estos últimos meses mi ser se ha estremecido por el voltaje de la emoción, de cada recuerdo que no volverá a repetirse, de cada imagen en mi mente en la que mi padre me sonríe o sufre el dolor en silencio, con valentía; o me lleva de la mano de pequeña, en los años 70, o nos metemos en su coche, el Dogde americano azul celeste, como de película, y nos vamos de viaje con una casette de la Chica de Ipanema siempre sonando a petición mía. En recuerdos de cómo me pierdo en el marrón mate de su piel, o le sujeto la mano en la ambulancia, o le bajo la fiebre de la infección impenitente con una toallita gélida. 

Ahora es el momento de acordarse de todo eso; y las imágenes y las voces lejanas, como en sueños, acuden a mi memoria sin darme cuenta, sin apenas evocarlas, porque ya no tienen dueño, ya no están pendientes del tiempo ni de la asignación de cuentas, ya no forman una línea continua, ahora son libres para mecerme, para enternecerme. Son libres. 

Excuses for a long, long journey


Hurry, hurry, runaway. 

Entonces


Es el principio del principio. 

miércoles, 2 de enero de 2013

Atajos


Es el principio del principio, pero además sucede lentamente. Es un reencuentro injustificado, como un árbol sin abrazar. Por el momento lo único que puedo hacer es seguir y pronunciarme, recuperar cierta cordura y ver qué campo a través lo cruza. 

Los atajos no existen; la longitud de la espera se riza como una serpentina, y es aquí donde hay que concentrar la mirada: en la levedad de las certezas, en la materia que conforma la vigilia. Es la necesidad que antes existía y que ahora se materializa; esto es: concluir nuestros planes ensoñados, arriesgarse a comprobar si nuestras intuiciones eran ciertas, si nuestros deseos nos merecían o tú a ellos. Es un momento importante, sin duda. El momento de la verdad. 


martes, 1 de enero de 2013

Tulips in Spring


I should count tulips as I stroll down the pathway. Plenty of them, like hearts in a deck of cards.