Es el principio del principio, pero además sucede lentamente. Es un reencuentro injustificado, como un árbol sin abrazar. Por el momento lo único que puedo hacer es seguir y pronunciarme, recuperar cierta cordura y ver qué campo a través lo cruza.
Los atajos no existen; la longitud de la espera se riza como una serpentina, y es aquí donde hay que concentrar la mirada: en la levedad de las certezas, en la materia que conforma la vigilia. Es la necesidad que antes existía y que ahora se materializa; esto es: concluir nuestros planes ensoñados, arriesgarse a comprobar si nuestras intuiciones eran ciertas, si nuestros deseos nos merecían o tú a ellos. Es un momento importante, sin duda. El momento de la verdad.


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