martes, 10 de junio de 2014

La espina dorsal del tiempo marino


Relumbran con su dorso mate en las oscuras burbujas infectadas de plástico. Es el fondo marino tañido en huecos dormidos, salvajes. Lloran los ojos, quisieras sedales de cristal blanquecino para el olvido.

Llueven partículas en suspenso, miradas tranquilas, frágiles, preparadas para su canto de cisne. Sueños inútiles, serpentinas de muelles, fundidos plateados en acero templado al yunque. 

sábado, 17 de agosto de 2013

Anclas


Estoy en deuda con los múltiples recovecos entre las tiernas dunas, sus rizomas subterráneos, límpidos, y los tallos emergentes que asientan la arena en la humedad amalgamada. Su simplicidad me alienta a conseguir lo mismo.

miércoles, 24 de julio de 2013

Los dos objetos irreconocibles

Quiero llegar al conocimiento por diversos medios, no todos a mi alcance. Pero hay una ruta directa e instantánea, y es la inmersión escenificada, la falta de aire sin pretextos, la mediación de tu lateralidad y la salida inesperada que sin embargo encaja perfectamente.

No quiero rebuscar en la terminología pero la simple exposición a la cuestión sin definir, al intermedio, a la desnudez expresa y los cabos cortados. Para marcar tu ruta es suficiente integrarte y situarte en el lugar adecuado donde suceden verdaderas maravillas.

En el fondo es como sentarte en el camino y esperar sin la capacidad de dudar nunca, sin impaciencia ni prisa. Porque es ahí donde debes estar, donde construirás tu casa y te resguardarás en su sombra, verás las plantas del prado crecer y forjarás tus raíces; ahí, sin mover un dedo en realidad.

Esperas y te lo vas planteando, tu oído se hace cada vez más fino, tus manos más fuertes y capaces, tu cuerpo flexible, tus movimientos precisos. Comienzas a crear tu propio calendario mientras ves cómo la noche gira y seduce al día, y apuntas detenidamente los detalles del cambio de estación. Convives con los climas y recoges las diminutas cosechas que crecen a tus pies mientras el caucho de tus sandalias se hace a tu huella.

Al rozar tu propia piel recorres senderos, retomas ubicaciones, imaginas rectas y curvas y recodos. Al apresar tus palmas recobras la sensación prensil y reflexionas sobre la horizontalidad del aire y la verticalidad del espacio intermedio, y en su conjunto reproduces fácilmente en tu mente la tridimensionalidad del paisaje, de las formas, de las ideas, de los planos temporales, de las ubicaciones.

Sabes que los sabores no son absolutos, que no pretenden capturar tu sentido del gusto, tan sólo evocar momentos y lugares y expectativas e instantes.

No quieres emprender la búsqueda, sería inútil, sería desaconsejable, sería dejarte vencer por la inercia, sería desinformarte, convertirte en un objetivo sin cabeza, ni cuerpo, ni historia, ni recorridos.

Puedes explicarte y explicarlo, pero siempre parecerá poco atractivo o una quimera o una opinión más, y ni siquiera es eso. No es una decisión es una actitud, un reconocimiento a la veracidad de aquello que has contemplado, vivido y sufrido. No pensabas encontrarlo tan rápido. Didn't think you'll find it at all, in fact.
 

sábado, 20 de julio de 2013

Embarcaciones


Me he dado cuenta de que podría escribir muchos espacios en blanco mientras dura esta persecución hacia el epicentro de mi mente y mi lucidez. Podría dejar caer un barquito de papel por cada idea que no se me ocurriera, un sonido por cada ausencia, un temblor a cada recaída. Todo ello habría formado en poco tiempo un grupo nutrido de trabajo, una esmerada dedicatoria, una vivencia. 

domingo, 5 de mayo de 2013

Casi

Empiezo la travesía de nuevo, la senda del corazón, del desvelo, del amor, del sabor huero, la escarcha, el despiece y el ensueño del calor furtivo.

Y rememoro las salidas y entradas en la arena, y el rastro entero del perdón y del adiós.

A menudo me hiero con los pensamientos híbridos de las noches en vela, en plena marcha, en sueños. Un rendirse primitivo al corazón, a los comienzos tímidos que dominan los paisajes íntimos. Y prometerte continuar es sencillo.

sábado, 4 de mayo de 2013

Ítaca ...

Los murmullos estallan como la frescura de la hierba recién cortada, y es difícil encontrar tu sitio si ha habido marejada, si te escondes, si te desguazas a la deriva. 

Te sientes alucinada, perdida, retornada a la oscuridad, a la inactividad, al miedo de no ser nada ni ser nadie. 

No tienes ganas de ponerte de pie, ni de hablar, ni de conversar, ni de estacionarte. No eres nada ni eres nadie. 

No quieres resaltar, no quieres aliarte, no puedes soñar, no quieres moverte, no esperas sentir. Quieres estar fuera de ti, en terreno seguro que no sea peligroso, donde nadie te observa ni te hiere, donde no te dejan para luego ni te hacen rendir cuentas. Donde los días sean lo más largos posible y que no clame el paso de la noche al día con nuevas exigencias. 

Te sentías ilusionada por vivir un nuevo despertar. Ahora lo temes y no quieres que nadie lo sepa. Quieres estar sola, ser libre, escaparte de las responsabilidades, trazar rutas misteriosas donde no te contengan. Y serás una huella en la memoria de otras personas, como la mancha de una impresión lejana. 

No le hablas a nadie al oído, no expresas tu interior, no sabes domar tus demonios. Paulatinamente te alejas de la costa y te mueves a la deriva a la espera de retomar tu rumbo a Ítaca. 

jueves, 25 de abril de 2013

La verdad


Todas estas pausas están buscando su sentido, su significado oculto. Eres una persona a la deriva, y otras antes que tú se mecen en la arena pensando múltiples descansos. No tienes remedio, sabes que debes partir y navegar. Esperas a que se canse el cursor comprometido con las vibraciones del ser, de su presencia innata, de su sabor entrelazado y bisiesto. Pruebas a hacer malabarismos y trueques que más tarde iluminen tus escritos, tus pasos en falso. Todo ello es verdad, sabes que es verdad. 

Llamaradas


Recuerdas otros momentos de bienestar como una égida, e intentas comprender lo incomprensible. Este mundo elástico y su plasticidad, todo te sobra. Estás imbuida en tu esfuerzo y en su terreno. Esperas al paso de la página, al resuello, a lo resuelto. Y poco a poco te vas embrollando más sin ningún esfuerzo hasta que llegas ilesa al final del volumen, y los timbres te hacen saber que debes desembarcar y hacer pie en el agua, apenas encontrar el suelo a tientas. En el fondo es un devenir extraño, encontrarte en suspenso, como en las bambalinas del futuro sin pasado. Adormecida en la escarcha, recogida en tu propio seno, infectada por la rabia de algún animal interno, separada. Todas estas incógnitas se abren sobre ti y te propulsan a parajes nonatos, inciertos, ramificados. No hay ningún recibimiento, ni siquiera fuegos fatuos o encendidos. Todo se vive como una inmensidad, como un eterna pérdida. Y el pago por el tránsito está diferido. 

Las palabras te enzarzan como un escudo y sigues andando sin saber lo que significan. Este mundo se abre en ciernes ante ti. Te desperezas la mañana como si fuera un racimo de salidas que te ocupan, y no sales de tu asombro ante las miradas oblicuas que rindes al silencio, al momento encompasado, al redoble de los dientes de león, a las pulsaciones sonoras que te ignoran pero te requieren reaccionar. De repente notas como tu dedo intenta sacudirse de su anillo. 

Todo tiene un recorrido, una textura, un ventanal al exterior, lagunas destacadas por el hielo, aguas engarzadas en la tierra, reposos eternos en sus cráteres. Recoges la bienvenida en tu ropa y revisas tus recuerdos a pesar de la irritación que te producen esas llamaradas que te esperan. Es tu destino, y perecerás si no acudes a su encuentro. 

sábado, 13 de abril de 2013

Sense(s)


Sentidos y sentimientos. La diferencia entre el sentir recorriendo con tu piel, y el redimir con tu corazón. Me pregunto cómo puedo vivir de esta manera, experimentando la vida de fuera adentro pero marcando los códigos de mi ADN extraviados desde mi placenta. Intento salir y ver más, pero cuando me aburro vuelvo dentro y veo, exploro, siento, me adentro y sueño, transpiro, buceo, desarrollo branquias y permanezco a la espera en el agua sin darme cuenta de que llevo mucho tiempo sin respirar ...

martes, 2 de abril de 2013

I knew it all again


Todo y más, con una preciosa perspectiva. Suave y almendrado como una melodía entregada, sugerente, el inicio de un romance detenido en el aire. 

Caminas un sendero reincidente, no te importa y abandonas parte del equipaje. Esta vez no vas a parar, intuyes un amplio repertorio de ideas, y te siguen cortejos de mariposas blancas. Tienes una frase encaramada a una canción y sabes que puedes repetirla una y otra vez con esa música. 

miércoles, 13 de febrero de 2013

Armed with it


Un timbre sordo y pleno que dura, repica y se estampa. En ese tiempo lo reemplazaría el silencio fácilmente si no se hubiese secado (literalmente) por el calor que hacía. Entretanto la cubierta del barco se entrecortaba, como el vaivén de las vetas trenzadas de su madera blanca. 

No había muchos sitios a los que acudir. La decisión era inminente. 

La luz era sabia y no se desgastaba impacientemente. En el fondo la calma chicha la habían predicho los submarinos. Los peces estaban perdidos y parecía que sus escamas se despegaban como virutas de lágrimas. 

Y la vela se izaba, el ritmo era el justo. La narración de esta historia lamentablemente no tiene final predecible. 

miércoles, 30 de enero de 2013

Salitre roto


Estas últimas semanas soy presa del tiempo. No me organizo bien y lo voy perdiendo en los remolinos de polvo que atemorizan al marco de mi ventana forzándola para entrar. Es como si el tiempo fuera el árbitro de mi capacidad de trabajo.

Creo que es buena señal que no te sobre el tiempo ni te atenace con su vagabundeo angustioso. Las horas me asaltan con múltiples preguntas que tengo que responder. Intento navegar con sextante, pero todavía no he atornillado los espacios huecos de mi bitácora. Mis interpelaciones con las horas no dejan de ser un juego enigmático con el que extraer una hoja de ruta. 

Me he dado cuenta de que esta vez ha sido la gripe la que me ha hecho retroceder en mi viaje y esplendor, pero siempre habrá algo que interrumpa o desvíe tu avistamiento del cruce de los océanos. Estoy impaciente por afianzar el rumbo, pero ahora sé que tengo que estar alerta y ser consciente del impacto de una marea discordante.  

lunes, 28 de enero de 2013

Partir


Estos meses me reencuentro inversamente en las palabras nuevas que aún no existen. Ignoro el ruido, el temblor, el ojo del azabache.

Presiento las vibrantes corrientes de aire que anuncian despacio el cambio de estación. Estoy preparada para partir.

domingo, 27 de enero de 2013

Bucles para liberarse


Me relevo a mí misma de un estado de vigilia incomprensible. 

Todas estas ideas que renuncian a encuadernarse, y el rechazo innato que he adquirido en los últimos días y que me impide negociar la creatividad en el espacio y en el tiempo, tienen el efecto de desubicarme. 

Voy a insistir en trabajar en el mismo texto para no sucumbir de nuevo a la lección bien aprendida de enmudecer y abandonar repentinamente mis sueños más íntimos, acuciada por la desesperación.

El café desgastado y frío no expulsa ni deshace suficientemente el calvario del dolor que te atraviesa las sienes; ese reguero táctil que se extiende como agua manchada en un embarcadero estéril. Sin embargo esta neuralgia inerte que me machaca la cabeza ansía un refugio para reciclarse en oxigenadas correlaciones, en una impresión que te extasiara, en una tentativa para resistirse al vacío, a la nada. Te pertenece y anhelas el desfogado y deslumbrante fervor en el camino, en la encrucijada; la bola de fuego incandescente que brilla sólo al repararla, al apearte y relanzarte en el salto hacia el otro lado del precipicio, ignorando el reloj de arena que se desgrana con desvarío. 

Debo continuar y no detenerme nunca, porque este es el precio de la soledad rica en el perfume transmutable y embriagador de la creatividad, de la vida. No tengo otra salida, no tengo otra manera de embarcarme hacia mi destino ciego. En algún momento siento la impresión de que no consigo alcanzar una salida, reparar mi mente disoluta, pero finalmente aprendo a ignorar el desespero.

Es difícil enzarzarse con la historia de tu propia vida. Separar con tus dedos las piezas de la guirnalda hechas con las conchas descamadas y extraídas de la embarrada muda de esa serpiente que te cerca. Necesito asirme a las plétoras de mi propia mente, de mi incinerado fénix, del cénit de su vuelo para alcanzar a Ícaro. Mis referencias son torpes, mi propulsión ciega, desatinada; y sin embargo sueño con arañar esta indecisión superficial y llegar al paraíso que se me escapa en desvelada y desaliñada locura. 

¿Cuándo me zafaré de este torpor, esta incapacidad, este cadavre exquis, estas imprecisas interrupciones que me aíslan y me apartan de una vida plena? Mi conciencia está libre, lo sé, lo siento. Mis vínculos existen pero no consiguen aunarme del todo a mis pasiones; aunque tengo el potencial de recibirlas en mi regazo, amansarlas con ternura y utilizarlas, sí, utilizarlas como un legado salvaje y libre que me desnude. Pero todavía no retozo en este sueño, aunque lo atisbo; lo quiero domesticar como al zorro, lo percibo cuando duermo, cuando me sofocan las sábanas y sus enredaderas opiáceas y atrayentes como el canto de sirenas.

No debería parar, no puedo permitirme el lujo de no retomar mi existencia aunque se encuentre labrada con miedos absolutos; no puedo cesar la lucha contra esas regencias envueltas en mutismo que hacen que las fuerzas de mi subconsciente pausen y residan en un barbecho eterno e insular. A veces me encuentro aislada, distante de aquellos y aquellas supervivientes que brillan y se aman. Quisiera encontrar mi rincón y asistir a las reuniones de ese grupo de personas creativas que se traicionan en juegos para luego reconciliarse con sus pasiones, sus amantes, creando para no separarse de la eternidad que les espera y sobrevivirá. 

Considero que el tiempo que tengo debo encauzarlo en una promesa para no impedirme la inseminación de la esperanza, de la vida al desnudo, de la duda desarmada por equilibrios y construcciones con herrajes que ascienden al universo. Mi destino si no estaría plagado de picaduras de insectos salvajes, de periodos aniquilantes donde la desesperanza se enquista. 

Sí, debo aceptar esta posibilidad de destrucción; pero aún así cuando las alternativas son vanas y se equiparan a un azar desfigurado que me brutaliza, mi ascenso por el metal forjado con mis manos erosionadas y lastimadas, y las erupciones sangrantes de mi piel valdrán la pena. Mi salvación es inevitable. Atrás quedarán los cadáveres exquisitos, las farsas lúcidas de enajenación dolorosa y extática, las abundantes y recurrentes las pesadillas de tentáculos amordazados, infligidos con púas y espinas. 

La pesadilla indeseable, la extinción coherente y estéril me obligan a replegarme tras la línea de fuego. Pero el destino puede fecundarse en un descuido de la bestia cuando ésta se repliega en la caverna y descansa. Haré lo posible para no inducir su cólera, y conseguiré desvanecer las interrupciones del coito para inducir el parto de mi identidad creativa, el triunfo de la vida sobre la muerte, el ascenso.

Me pellizco la piel para constatar que vivo, que siento, que respiro. Me da miedo entablar diálogo con la miserable, mediocre y maldita tristeza; odio la convulsión que conduce a la desesperanza, a la maldita melancolía que aniquila mi interior. 

Pero de alguna manera no temo mis despertares insultantes; sé zafarme de las garras de la inmovilidad, soporto los calambres en la carne, el estúpido sopor que quiere desarmarme. Ese letargo conduce a la duda, a adentrarse en la oscuridad, al cierre de la galera que activa la mecánica de la reja chirriante desplomándose herrumbrosa a tu paso para precipitar la entrada en la prisión endógena de tu enfermedad. La caída, la parálisis.

Ahora no tengo miedo a la rendición porque se manifiesta de forma interrumpida, y a veces puedo salir a la superficie, nadar en brazadas salvadoras, y tocar tierra olvidándome de las heridas lacerantes en los codos, las rodillas, brazos, torso, y el cráneo al chocar con los rompientes cuando lucho por alcanzar la costa. Lo importante es hacer caso de la luz providencial del faro que te guía por los arrecifes letales. 

Tengo posibilidades de éxito, y cantaré como un pájaro herido pero triunfante tras asentarme en tierra firme para siempre, aunque haya movimientos de tierra, aunque el océano quiera ahogarme con sus olas puverizando las paredes de mi habitación propia, de mi femenino refugio y salvación. Los cimientos de mi casa no se derrumbarán, y resistirán la marea desbordada y el salitre cruel y desbocado. 

Tengo motivos para temer a la marea porque recuerdo cómo en otros tiempos arrasó la tierra excavándola con su plasma infernal, insensible al dolor humano. Tras alimentar los aullidos pavorosos y hambrientos de los felinos marinos, el suelo se calcinó al deshidratarse con el envenenado almizcle de la sal marina. Fue la ira de un Poseidón delirante la que ordenó la amargura de la naturaleza, la invasión de mi mente con pensamientos distorsionados que apuntalaban y recorrían mi carne para despedazarla. 

Pero hoy soy inmune aunque sufra; ya he bebido antes del néctar que me exilió a territorios perdidos. He recibido muchas veces la visita de la muerte para atraparme, y es una sensación con la que me he familiarizado. Puedo sonreírme en silencio, aunque me hiervan las lágrimas; puedo esconderme y escapar por la salidas de atrás hacia la luz ardiente, hacia el calor que no me deshace y que quiere alimentarme y ayudar a liberar ese monstruo que conoce tan bien mi frágil cerebro. Mi espíritu exhausto, libre y fuerte renace y resurge a cada golpe porque ya ha memorizado las trampas del laberinto. 

Pero mi problema actual es qué hacer con un cuerpo ensangrentado y renacido de entre las cenizas. Esta es la gran incógnita de la que siempre escribo al levantarme. A cada despertar me invade una inquietud paralizante y dolorosa que recojo escribiendo mis crónicas urgentes y repetidas para que el olvido no me devore. Suelo relatar lo mismo una y otra vez, porque me vuelve a pasar como un ahora recurrente. 

He sufrido durante años, y el dolor me ha robado parte de mi juventud y de mi pasado; pero no me importa si continúo este rejuvenecer en el tiempo de vida que me queda. Sé que poseo la virtud de sentir júbilo al poder respirar con anchura en mis pulmones. Soy afortunada por poder avanzar, aunque mi cuerpo envejezca. Puedo continuar con él o a pesar de él. Mis canas me ennoblecen, y la aceptación de mi decadencia me honra. Pero tengo suerte de poder abstraerme en la creación solitaria.

Y aunque no sea así avanzo porque he conquistado el pánico, porque he sido siempre inconsciente, juvenil y excéntrica, y he vivido con un regalo escondido en el corazón: el suspiro hondo que desvanece el miedo, el rencor y el dolor sufrido, que alberga el perdón. Nunca me ha abandonado la esperanza escondida en la atávica ánfora que ha escanciado y libado mis afortunados labios, que ha poseído mi útero fecundo y brillante, la esencia intocable de la vida. Porque poseo la pureza de espíritu, inasequible al desaliento, y la defiendo con toda mi energía, aunque caiga presa de la debilidad. Presento el pecho como barrera aunque me lo atraviesen las lanzas de la desesperación, y las cicatrices las lavo con los jugos y esencias de la luz que me encuentro a cada esquina. ¡Avanzo!

Algún día viviré rodeada con ventanas de luz refulgente. 

Puedo esperar. 

jueves, 24 de enero de 2013

Vente


La ansiada mañana se despide tras despertar tus anhelos, y las cintas de plata circulan por tus dedos, las ideas de savia transcurren por tus venas, y ya has recogido el agua salada con el que arreciarás el brillo de la piel en tu cara.

Te encaramas al día como un animal arbóreo y respiras entre hervores de madreselvas. El color nativo comienza a tatuarte las piernas, y asciendes con la misma fuerza con la que las nubes que pierdes terminarán arrastrándote. Es un nuevo viaje que comienza con parar, establecerte, permitir que las sombras encuentren asiento para no perderlas de vista, porque aunque rugen y quisieran levantarte la piel a mordiscos, tú eres la esencia misma del movimiento.

La isla


Piensas que ya se han desviado todas las corrientes, todas las acometidas y flujos de aguas que se desbordaron al abrir la presa. Pero te has equivocado al pensar que estabas en el otro lado. No es así. Eres tú quien navega hacia alta mar. Ítaca es la isla, es la ciudad velero, es la penúltima parada para negociar las exigencias de tu ansiada búsqueda, para tocar tierra, para dejar que tus manos finalmente sientan esa luz que rebota en los muros de las casas, esa energía del sol inflamando tu piel. 

Y los sabores agrios se caerán de tu boca cuando encuentres los diarios de todas aquellas personas que visitaron Ítaca antes de ti, de quienes viajaron en largos abrazos del agua y dejaron todo escrito tras repostar y partir hacia el agua. Es un gran privilegio que cambiará tu vida porque todavía amas los diccionarios recreados, las enciclopedias encontradas y las crónicas de viaje.

No es la última parada porque en ella decides tú.

Todo aquello


Y todo aquello que no queda dicho queda atrás. Se podrían crear nuevos recuerdos, enraizar nuevos árboles, trasmutar su sentido y caramelizar el transcurrir de los días. Pero eso no quiero hacerlo. Quiero arrancarle minutos al papel secante, tránsitos a lo inaceptable, a lo inacabado, a lo que me paraliza. No quiero crear un altar de sus cenizas, ni recogerlas hasta que los dedos sangren. Deseo simplemente desplegar los planos y el sextante, encontrar las coordenadas en las que me equivocaba y me perdía, crear nuevas rutas entre el ayer y el ahora y hacerles paso.

Nadie va a ser testigo de este viaje, de los peces voladores que coletearán en el aire como salmones para recibirme mientras navego. Es una gran viaje en busca de todo aquello que quedó por decir, que se acurruca y reposa como las caracolas encharcadas en la arena, esperando a que beses el borde de su blanca espiral y produzcas un sonido, como el de un faro que te avista y te protege. Menos mal que todavía puedes disgregar con los dedos las decisiones posadas en sus semillas de arena húmeda. Menos mal que es así como quieres vivir tu vida.

jueves, 10 de enero de 2013

Kon-Tiki


Feliz por la brisa, sin acarrear trincheras de acero anegándote el pecho con lluvia apelmazada y sucia como en otras expediciones fallidas. Los caminos interceden por ti y respiras el brío de la aventura. El cielo está abierto sobre su eje y redobla su azur. Te inventas melodías que atesoren el salitre en reductos accesibles y no interrumpan tu destino. Rastreas los idus y las corrientes para recorrer aún más largos trayectos, para emparejar tu vida con el lapso de horas durante las que la mariposa luce y despliega sus alas esplendorosamente. 

lunes, 7 de enero de 2013

Beach Sea Horizon Clouds


No, I never thought I was a boat guy. I never knew I'd be a sandy beach guy. 

martes, 25 de diciembre de 2012

La marea


Esta noche tiene un reflejo mío en la ventana: el rostro orientado hacia la pantalla de un portátil encendido en la oscuridad. Las estrellas están justo detrás de la persiana. 

La calle está sola, los coches que la surcan están solos, las luces que iluminan las aceras están solas; pero todo parece iluminado por chispas de espumillón. 

El calor del aire acondicionado de este pequeño hospital de campaña se arrecia, se levanta y se eleva. Mi dolor de cabeza ruge y se voltea, y no estoy midiendo el tiempo necesario para llevar a cabo acciones improvisadas. 

Esta noche me doy cuenta de que necesito más tiempo para dormir, para escribir, para contar historias, para leerlas. Me gustaría volver a decir buenas noches, es como si me faltaran veces de decirlo. 

El día de ayer se repitió hace un año. Todo era tan diferente ... Mañana tendré tiempo de volver a pensar quién soy yo ahora, y acordarme de que hay personas que se fueron. Se fueron de aquí o se fueron de mi vida, por muchos motivos diversos. Hay cosas que yo también quiero recordar, pero otras dejaré que se alejen. Porque no hay más remedio, porque la vida es así. Ir y venir, vienen y van. La vida es una marea.