Un año, y mi hermano no está. Le buscamos en el sentimiento compartido, en los inicios de este septiembre, en la brisa soterrada de otoño que penetra por el quicio de la puerta de su habitación, que todavía huele a él.
Yo me acuerdo de su piel; nunca la había sentido tan bella como aquellos últimos días en el hospital en los que yo la tocaba, la transitaba al sujetar sus manos y sus piernas como árboles caídos cuando acompañaba a su cuerpo a incorporarse y rayaba su espalda con mis dedos para ayudarle a mantenerse erguido en la cama de hospital.
Cuando el tiempo se hace eterno porque no quieres que corra, no quieres que te sea ajeno durante esas noches de 24 horas, y apoyas la barbilla en el borde de la cama, qué sencilla es la mirada, qué fácil saber que esos minutos son vuestros, qué amable la vida cuando te permite guardar el sueño de tu hermano, susurrarle en el aliento que le quieres, le quieres, le quieres ...
Mi hermana escribió hoy:
Querido Jacquy , todos y cada uno de los días, te echo de menos... A veces se me hace irreal esta situación. Es como si estuvieras en un largo viaje a punto de regresar. Pero la realidad es que no estás, y tu ausencia hace daño...
Sigo en mi interior escuchándote, y esperando verte en cada esquina. Hoy y siempre seguiré pensando en ti, enviando besos y más besos, con el deseo de que alguno se deslice en tu sueño, y te toque... Y mientras, el reloj, sigue marcando las horas, esas mismas horas que hacen eterno nuestro sufrimiento. Tu hermana que te quiere