
Quiero volver al placer y la urgencia repentina y diaria de escribir, y eso pasa por poder narrar lo que me sucede cuando me sucede. Por eso mi blog tal vez se convierta en privado a pesar de la cierta soledad en el hospedaje que psicológicamente esto me produzca. Pero es mejor, me dará las alas que necesito para encontrarme, para solidificarme, para verme y resetear mi propia reputación, mi delicadeza, mi equilibrio, mi plenitud, mi serenidad, mi impulsividad, mi ligereza, mi sentido de la trascendencia, de lo necesario, de la certeza.
Antes era capaz de creerme lo que hacía y lo que decía. Ahora no tengo ninguna credibilidad, no encuentro refugio, consuelo o gente en mi familia o en mi entorno que me dé la razón o que por lo menos entienda mis razones. Es un lugar solitario que tiene que tener inmensas posibilidades.
miércoles, 31 de marzo de 2010
Rutinas
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Cuchillas

Busco entrelazada, inerte soluciones ensambladas. Reitero ideas minimalistas, repetitivas, imposibilitadas. Viajes neuronales en el vacío, intereses nulos, imposibilidades presentes y futuras, injustas. Me siento desagradecida al instante, al momento actual que me deriva a la tabla de náufrago marchita. Es un alud con forma de torbellino, me impide cobrar forma y desarrollarme, mis recursos son mínimos.
Antes sobrevivía a base de química y física. Ahora, debido al atropello de objetivos fallidos apenas tengo aliento para la vida, para el sentirte liberada, para las infibraciones intrépidas, para registrarme con mis intereses. Es muy duro, es una semana entregada a las oscuridades del alma, a los fracasos del cerebro y el cuerpo, con apenas apoyo logístico, con fantasmas ahumados, con la irritante y tediosamente dolorosa imposibilidad de recorrer la parte ilusionada de mis ficciones, la lateralidad ciega que pretende hacer la vida bella y ocurrente. La necesidad de amar, de ser amada, de trabajo, de altas latitudes, de impresiones rápidas y consistentes.
Me enfrento de nuevo a un viejo enemigo que ya no quiero derribar. Espero que pase de largo; bastante daño me ha hecho ya. Lo peor de esta travesía por el desierto es que no puedo optar a la redención, a que me devuelvan las habilidades perdidas, a recuperar una vida marcada por las úlceras de la bipolaridad. Puedo olvidarme de los recuerdos vanos, pero al atacarme la crisis depresiva me alcanza la rueca envolvente de la memoria adyacente, la que me implica con mis pasados fracasos, la que me recuerda que he perdido incesantes intereses, obligaciones que ahora no puedo poner en marcha.
Se trata de la fibra y las tripas mismas de la vida: las pequeñas y grandes cosas que te hacen estar pendiente de los minutos que te faltan. Aquellas cosas que te dan funcionalidad en la vida, que te permiten levantarte por las mañanas con arrojo o al menos necesidad práctica.
Ya no soy capaz de limpiar, de llevar adelante un proyecto, de progresar en una carrera profesional, etc. Veo cómo estoy falta de aptitudes, de aquellas cosas que me movilizaban antaño y en las que albergaba esperanzas de triunfar o al menos causar mella en mi propia consciencia. Quisiera recuperarlas porque no he llegado tan lejos, no he experimentado fracasos totales precedidos de amplias miras, reales, acompañadas. He pinchado en falso una infinita multitud de veces y me he perdido oportunidades estrella pero todo ha sido muy rápido, muy pronto, con lo que a veces pienso que todavía podría degustar las mieles de llegar a mi potencial.
Y así me desenvuelvo mínimamente en un mundo virtual que es mío, que quería que fuera pequeño pero que ahora me ahoga con su dinámica centrípeta, que me insufla con los toques de una nada de magma y de espinas petrificadas en hielo. Me repliego y me asusto porque no sé cuánto tiempo lograré resistir. Sigo mi propio consejo e intento no registrar los mensajes distorsionados de mi mente. Pero hay algo que sí sé, y es que mis posibilidades de movilizarme son un porcentaje exiguo de mi potencial.
Hay muchas cosas que debería hacer a las que no puedo dedicar un ápice de esfuerzo debido al barrido generalizado de motivaciones vitales. Es un desastre, pero estoy trabajando en ello creando un espacio mío que finalmente genere de forma orgánica las soluciones para poder llevar adelante mi vida.
Mi espacio parecía funcionar pero en el último año he incorporado elementos exigentes que no tenía controlados, mi operativa ha sido deficiente, no he dado a basto, no he sabido qué hacer en las situaciones que se me presentaban, y he vuelto al espacio nulo al cubo, a un sin vivir, a los devaneos intelectuales con una fantasmagórica inopia, con un silencio inopinable.
Nadie me entiende porque es imposible expresar ni justificar estas ambivalencias, inutilidad, carencias, ruina, dolor, necesidad. Mi única salida soy yo misma, desfilar por las aguas estancadas, la oscuridad, el éxtasis furibundo del dolor, las réplicas cortantes como cuchillas, el desprecio de mi entorno, la acumulación de basura en mi cuerpo, en mi cocina.
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Señas de identidad
Se trata de la pérdida de señas de identidad y de la modulación de mecanismos para la contención de esa pérdida.
Lo que sucede es que no sabes si los tienes controlados, si los puedes poner en marcha. Tienes que tener fe y descerrajar el enjambre de saturninos vampíricos que te roban los instantes y te convierte en el carcass de tu propia persona.
Sabes demasiado sobre los tejemanejes de tu condición. Éste es el tirón brujo de la primavera sobre tu estado de ánimo. Es posible que traiga como colofón unos zurcidos y la vuelta de la marea y la espuma.
Todavía no he se ha producido un deterioro cognitivo notable. Tan sólo un decaimiento corporal fuerte y una falta de actividad grave. Estoy esperando al momento tan esperado de levantar cabeza, pero no llega. Llevo así toda la semana y hoy es jueves. Me pesa muchísimo el paso de las horas.
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Asiento libre

Había un asiento libre rodeado de mucha gente en el tren de hoy. Es una posibilidad oportunista entre cien. Tuve que abrirme paso y ahí estaba: flamante y vacío para poder ocuparlo yo.
Hay momentos escondidos y rodeados de gente que muy a menudo aspiro a insular.
(Atención, en esta bitácora hay muchas palabras inventadas e inusitadas. It's my prerogative). Espero disfrutarlas con todo su jugo exprimido.
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Ilumina(da)das

Prácticos y salientes. Retomas tu visibilidad y rastreas el terreno en pequeños e intrépidos intentos insurgentes. Sabes a lo que te adscribes y a lo que te arriesgas. En pequeñas dosis te improvisas y repartes inmediatez. Retomas la dulzura del polen desarraigado y luciente y sabes que más pronto o más temprano respirarás frescura natural y la verdura irradiada.
No sé lo que quiero del incienso encendido ni del polvo inmediato. Quiero tener la rapidez empezada, no me cuadra el impulso que saldan las horas prensadas. No sé reparar únicamente en dúos aislados, sin las esquinas comenzadas, o el adentrarse en la incesante irrealidad.
Todavía no sé cómo reparar el tejido del olvido.
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domingo, 28 de marzo de 2010
Palomitas de papel

Vivo en un país que es mi propio país. Todavía no sé si es buena idea, pero en mi búsqueda de la salud mental en Madrid, en esta búsqueda por un entorno que no me soslaye ni me embrutezca ni me hiera, lo único que puedo hacer para tener algo de control sobre él es crear mi propio país. Es un país en el que crece la ética, el civismo, el auto-conocimiento, un país de pajaritas de papel contextuadas y rellenas de narrativas de letras diminutas (pajaritas de papel), de ríos de tinta impresionados, de intercambios con creaciones que han perdido su inmediatez pero que mantienen su universalidad.
Un país que no es éste, aunque me encuentre aquí. Pero que sin embargo me permite circular con reducida pero tal vez suficiente libertad para que mi mente discurra en esta búsqueda, esta nueva búsqueda en pos de realidad, de la amplificación de mi potencial.
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jueves, 25 de marzo de 2010
Perdida

Te pierdes pero quieres encontrarte con tus señas de identidad pegadas en los pliegues de la manta que te cubre. Sólo así encontrarás las marcas de tus anhelos, tus tesoros en flor.
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Tal como éramos

Una cosa que no he hecho ha sido mostrar mi lado más humano. Aunque ahora veo el más deshumanizado, si por eso se entiende el encontrarte a medias, en trozos, en bloques que se enfrentan entre sí, buscando piezas que se perdieron hace mucho más tiempo.
Intento simplemente volver unas semanas atrás y veo cómo era. Ahora contemplo una fragilidad y poco ser.
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Mordazas

Tengo algo de tiempo antes de que suene mi alarma. Eso es un verdadero privilegio. Puedo crearme antes de apagarme ...
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Genial si supiera cómo tumbarme pero últimamente no es posible, no puedo llegar al campo

Por lo menos sé que ahora me encerraré en mi escritura, en mi propia creación de mí misma. Me siento menos capaz que nunca de seguir mis propios pasos, pero tal vez pueda encontrar arritmias en las últimas frases publicadas. Propongo que nadie me lea, que todo el mundo me olvide, que me aleje de aquí, que me encuentre con otra persona que se llame como yo, que viva como yo, que se parezca a mí, que pueda mirarme a los ojos y decirme algo que ya no sabía pero que podía ser útil antes de habérseme olvidado.
Pongamos que me vuelvo a encontrar ahí, sin que sea demasiado tarde.
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Fuera de juego

Todo esto es horrible. Me gustaría pensar que viene y va, que el futuro me deparará algo más, pero lo triste de todo es que el futuro ya es esto, no hay futuro, hace mucho tiempo que no tengo futuro, sólo días que salen adelante y formas que se consolidan.
Hubo un momento en el que me sentía que tenía algo de equilibrio, que cabía en mi propio cuerpo, que era capaz de avanzar con lo puesto, pero que eso era suficiente para mí, que incluso podía compartirlo. Ahora ya no me siento así, tan sólo en una encrucijada en la que no sé si podré volver a ser yo misma, a tener esa convicción en mí misma que no era más que saber de qué pie cojeaba y cuánto tardaría en volver.
Llevo varios días en blanco, pero aún así con la horrible sensación de estar pasando por el filo de la navaja de estos días vacíos, estos días que no me dicen nada, tan sólo se permiten el describir el ambiente caótico a mi alrededor. Convierten mi casa en una especie de mini estercolero y no me muevo de entre estos diez metros cuadrados apenas.
Sé que podría sobrevivir en un retiro largo, en una habitación minúscula con tal de que tuviera una ventana.
Tengo las manos amputadas y las piernas y la lengua también. Aquello que expreso apenas tiene ningún sentido para nadie, no me siento escuchada, me están vaciando por dentro.
En estos días en los que mi mente parece un colador y se centrifuga en contacto con el oxígeno, en los que como cualquier cosa y me siento incapaz de cocinarme nada, en estos momentos en los que las personas que me quieren me han metido en un torno que gira a una velocidad infernal, sólo busco la paz, pero no tengo ninguna esperanza de conseguirla.
Se me mancha la piel de imágenes aburridas de mi cuarto de baño, dolores musculares de andar tumbada en mi sillón, la cara la tengo cubierta de las caras de actores y actrices de las películas que me trago. Espero poder escapar de esta sensación, la conozco pero no deja de sorprenderme cuando sucede porque cada vez me ataca con mayor virulencia.
He intentado luchar durmiendo, descifrando mis sueños, dejándome caer sobre ellos como sobre un colchón de plumas gigante. Estoy fuera de juego.
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miércoles, 24 de marzo de 2010
Ya no está

No dejes la bicicleta al lado y te olvides. Te la podrían robar.
Sólo cuesta un segundo y podrías despertar del sueño y olvidarte de ella. Si no te olvidas tal vez tu cuerpo lo haga. Es una sensación extraña, como de no saber dónde vas porque estás bastante parada. Es una sensación que cala en todo tu cuerpo y te manipula, te excreta, te ignora porque lo que le significas tú no es nada sino un cuerpo neuronal que se disipa en cuanto comienza el día o el despertar. Y el sueño se desbalaza, y te olvidas de las manos invisibles que se llevan la bicicleta, y comienzan a sonar timbres y bocinas: el teléfono, el correo, la gente que casi se había olvidado de ti pero que no sabe vivir sin ti (casi).
Y tú sabes que te sigues asiendo a la bicicleta. A esa imagen tan bonita, tan luminosa de la bicicleta afuera de la tienda, la que querías coger y sobre la que querías volar y amansar el dolor del mundo, aligerarte, sincerarte.
Con esa bicicleta blanca llena de escudos y pegatinas de los lugares secretos de tu imaginación donde todavía quieres estar. Cuando llueve sobre ella tú sobrevuelas la acera, cuando la luz la propulsa tú eres su viajera, cuando bates los pedales estás llena de alegría y tu boca y tu sonrisa se vuelven anchas y frescas.
Son esos viajes en bicicleta que añoras. Ahora ya sabes que al abrir los ojos te la van a robar, se va a apagar la luz de la foto, de la imagen. Ya no está, ya no la tienes. Te la han robado. Se ha ido. Es triste pero real. La realidad te golpea en la cara y no hay soluciones a la vista. Sabes que no haces todo lo que puedes, pero poco puedes hacer. Necesitas una pausa, un respiro, un rescate, pero todo el mundo está ocupado, y tu bicicleta ha desaparecido. Por supuesto, la han robado.
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lunes, 22 de marzo de 2010
Imágenes

Quiero comer algo, sabía que me iba a faltar hoy. Necesito organizarme la próxima vez para no tener un hungry heart.
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Auroras

Todo movimiento que hacemos tiene una dinámica, una inercia, una historia detrás que nos permite encontrar cierta paz y tranquilidad en una rutina integral matutina o nocturna, donde nuestro cuerpo se mece en los movimientos múltiplemente estudiados, retribuidos en el trascurso de las horas sin sobresaltos.
Te levantas, tienes la luz, sabes cómo alcanzar la alarma sin mirarla para otorgarte unos minutos más. Haces un recorrido mental de cómo tienes dispuesta la ropa, cómo vas a ahuyentar el sueño, cómo vas a posar las plantas de los pies en la superficie del suelo sin abarcar el frío. Todo lo tienes más o menos controlado, pero hay un problema. No puedes seguir así.
Tienes que crear nuevos recorridos neuronales o por lo menos desarrollar la capacidad de ser flexible ante los acontecimientos, tus propias acciones, si es necesario de forma escénica. Porque si no te encontrarás en lucha contra tus propias tendencias: por un lado eres creativa en tu pensamiento aplicado a tu vida, pero por otro te arrincona la rigidez.
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sábado, 20 de marzo de 2010
Imprevistos

Los minutos transcurren con una dinámica suya propia desde el principio. Lo mismo sucede con los cuerpos terrestres, que no saben dónde están ni lo que hacen ni lo que les depara el día hasta que ya ha anochecido. Pero siguen queriendo saber.
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jueves, 18 de marzo de 2010
Sin pretensiones

Al filo del último beso carnal del café me mezo en esta melan(tonía). Me dejo llevar por los idus de la cafeína hasta sus últimas consecuencias. Esta noche se ha convertido en día, pero los miedos nocturnos no se han alejado.
No estoy tan acostumbrada a la cafeína últimamente, y creo que el tomarla con leche de soja es todavía más intensa. Sé que no es lo ideal, tomarlo, pero una artista sin tomar café de vez en cuando está demasiado lejos de su mortalidad.
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Counterlove
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miércoles, 17 de marzo de 2010
déménagement:

Yo sigo de traslados. Me he revuelto como una mezcla sabrosa de huevos sin batir pero sin freír, revueltos pero no amorosos, con aceite pero no crujientes tan sólo un poco en algunos bordes.
Mi pensamiento se empareja a lo que quisiera llamar respiramiento o pensaración.
Tengo hambre pero no tengo sed. La sed de ti se ha convertido en hambre. Un hambre agradable que se renueva con delicadeza.
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Indexada

Estoy intentando entronizarme en existencias hechizadas donde el suelo tenga una tensión firme, donde no me hunda sino que me ejemplarice. Donde las vibraciones genitales tengan suficiente resuello para crear un grito quedo y acallado que reverbere en mis piernas, que rectifique mis pies y sus suelas y sus epidermis y hasta la escritura quebrada de mis manos.
Donde pueda encontrar algo de comer sin esfuerzo, donde me identifique con mi propia imagen en el espejo de mi cerebro. Donde pueda subir al exterior en una escalera mecánica que me propulse con gentileza. Donde mis pulmones y mi tráquea no tengan miedo de sentirse atrapados a veces.
No importa, siempre habrá tiempo y ganas de respirar, aunque el alma piense.
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6 kg de polvo polivalente

MODO DE EMPLEO:
Quitar el precinto de seguridad.
Te quito el precinto y tu seguridad queda al descubierto. Tal vez sea mejor así.
No apto para tensiones superiores a ...
... observar tu vulnerabilidad, los cambios en el terreno.
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martes, 16 de marzo de 2010
Estamos

Sí, he descubierto que en cualquier momento es posible el recaer, el pulverizarte, el intentar cruzar la distancia y alcanzar el otro lado del puente donde ella está.
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lunes, 15 de marzo de 2010
Realidades paralelas
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domingo, 14 de marzo de 2010
Siluetas recién estrenadas
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viernes, 12 de marzo de 2010
Memorias
Memorias asignadas, (re)yertas. Entonadas, imprescindibles, audibles para quienes se inician en el proceso de considerarlas.
Arribismos varios se alteran y alternan con la metamorfosis de las calabazas. Reencuentros, invasiones, palabras que no terminan de zarandearse, espacios en blanco, misivas de la mente que no alcanzan el corazón, que inhiben el respirar como la yedra a su muro.
Te quiero, sí te quiero verde. Te quiero.
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Cambios

Emprendes deterioros inconstantes de formas y empinamientos variados. El alma te trasnocha y el deseo se poliniza. Intentas controlar los movimientos pendulares apreciados por tu visión indirecta, pero la decisión se pospone.
En cuestión de segundos se apreciarán cambios en tu estado de ánimo.
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Equidistantes

Al final mi intuición me ha dado fuerte y he conseguido trasladarme a otro punto más lejos de lo que estaba. Un punto mejor, más movido hacia adelante, a la derecha y enfrente.
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Sería más fácil si ...

Empieza haciendo frío y después viene la confusión. ¿O es al revés? Los beneficios son exiguos, la entereza se resiente, todo se vuelve lento y pegajoso.
Es una especie de exilio interior donde no tienes que dar explicaciones. Todo sería más fácil si ...
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jueves, 11 de marzo de 2010
El alfiletero

Los ojos rápidos y fieros separan el querer del no querer. Empiezan los momentos como si fueran reflejos de arena a punto de disgregarse. Es pronto pero siempre falta tiempo para continuar y emprender y repasar.
Son segundos suspendidos en la punta de alfileres en alto, como golondrinas de plata que se arriman a los luceros.
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Medianoche al cubo
Un montón de cosas que han cobrado un sentido exagerado, sin darme cuenta; un lugar en un orden exagerado, todos mis papeles, mis requiebros, mis movimientos se han ordenado en una estructura más dura que el granito. Hay una seducción en el sentir que todo adquiere esa forma, que de repente sin habértelo planteado creas una serie de rutinas trasversales. Pero qué miedo de repente el pensar que mientras me olvidaba de mí, se reorganizaba todo este hábitat de metáforas, de pensamientos que me revelan el sentido del mundo pero desde el mundo, lo que no tiene mucho sentido.
Son corrimientos de tierra infinitesimales que poco a poco te van ganando el terreno. Las conversaciones con los demás crean cúpulas de cristal, los acontecimientos se convierten en redes virales en tu propia vida, ese sentido, ese sentido que parece poblar todo lo que tocas antes de convertirte en estatua de sal. Engordas si te comes un paquete entero de patatas. La gente se enfada contigo porque te pones nerviosa. Te pones nerviosa por haberte comido un paquete entero de patatas. A quién se lo quieres explicar ¿a quién? Tienes que ser coherente para ser alguien, ALGUIEN. Todo esto no tiene ningún sentido.
Lo único que lo tiene es darte cuenta de que si te hubieras ceñido al reborde del sobre no hubieras caído dentro y no habrías deseado de repente convertirte en su contenido. Lo único que te interesa es el borde del sobre, que te dejen.
No es fácil vivir con una mente enajenada que no sabe reorganizarse. El Spring Cleaning is near y las amenazas de cambio con él. Lo bueno de levantarse tarde tarde es el descubrir que puedes ser lo más cercano a un topo, a una musaraña, porque al abrir los ojos, o incluso antes de hacerlo, notas que tu boca ha estado traspirando por ese lado de la cama. El olor de las sábanas es aún más fuerte, hasta te escuchas tu propia respiración. Es un placer muy intenso que no te lo puede dar el levantarte pronto por las mañanas.
Pero ay de ti si no le encuentras sentido a la tarde. Si te olvidas de que la tarde no es un día, si enlazas con aquella otra tarea sin pensártelo mucho, esperando que no llegues tarde, porque si no los quince minutos en la ducha son impenetrables, insoportables.
Vas a sumergirte en la muda antigua de tu cama. Tus sueños siguen siendo la moneda de cambio de tu día. No vas a poder lavarte el ceño fruncido con pensamientos rosas. Un buen sueño, un sueño certero, un sueño que te lave la cabeza con Ariel, con las partículas del jabón, que ahora no me acuerdo cómo se llaman pero que suenan igual que las radioactivas.
Todo se trata de andar por la playa sin clavarte las conchas, o de comer paella sin tragarte las chirlas.
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Noctambulismo

Revisas y corriges: espacios, interruptores, barreras físicas, el sentido de las cosas. Mueves y recolocas, trasteas y haces resonar. El mundo te ha equilibrado pero las cosas te han cansado y ya no terminas de entender si deberías tomar aire o exhalar. Y así se han hecho las cinco de la mañana. No podría explicárselo a nadie. Nadie, casi nadie entiende el intentar instalar un programa durante cinco horas en vez de hacer algo útil, a pesar de la demostrada utilidad que tendría que todo hubiera funcionado, si no lo has conseguido hacer no sirve para nada. Mejor esconde la verdad, no se lo intentes explicar a nadie.
El aire se mueve, el tiempo pasa. Piensas. En este momento ya no importa tanto, porque es muy tarde para demostrar coherencia. Tienen que pasar unas cuantas horas. Es más: la verdad es que da vergüenza el decir que estás despierta a estas horas. La gente debe pensar que tienes algún tipo de enfermedad nocturna. Esta vez el ser noctámbulo no ha sido ensayado. Me siento más bien como si estuviera deshilvanándome, rebobinándome. Los últimos gestos del día van a pasar a formar parte de mi sueño, y me estoy resguardando porque no creo que vaya a ser muy entretenido.
He estado sufriendo las últimas horas con el paso del tiempo sin conseguir lo que estaba intentando, con ganas de irme a dormir, sin querer darme por vencida, sin entender nada hasta que estuviera hecho todo, repleta de dudas, llena de esperas sin resolver. Y ahora no me apetece el comenzar una noche que, total, va a enmerengarse con el día. Uno de esos días en los que cuando tú duermes la marea baja y las demás personas emergen mientras que tú te llenas los pulmones de agua, y al pasarse la marea y tú despertarte te extrañas de sentir la quemazón de esa sensación restrictiva en los poros de la piel, las huellas de los dedos, los ventrículos, todo muy adentro con ganas de airearse tras haber sido horadado por la falta de oxígeno.
El oxígeno se esconde, no es tanto como parece ni siquiera suficiente para todas las personas que pueblan esta calle, esta acera. No sé si debería respirar hondo, abrigarme o beberme un trago de agua. Así están las cosas. Tampoco sé si debería poner en marcha la máquina de márketing. Pero eso es un tema de mañana o de cuando sea mayor. Sé tan poco que cualquier cosa que suceda va a demostrarme que estoy haciendo las cosas medio bien, y no tan mal como parece a simple vista, a vista de pájaro en llano, a primera vista, a última vista, de un buen vistazo.
Este es el momento del día y de la existencia en el que más poco claras se ven las cosas, pero al haberse terminado la carta de ajuste poco importa. Nadie va a hacer ninguna pregunta, hay que esperar que vuelvan esos álguienes detrás de los auriculares de los números de teléfono; la mayoría de la gente está besando sus propios besos en manchas húmedas en sus almohadas. Y a nadie le importa, o mejor dicho, a mí no debería importarme. Ni siquiera quiero una amistad en las antípodas, sólo me faltaría eso; otra persona a quien no cuidar lo suficiente.
Ahora tengo frío, un frío evasivo que se restriega por mi cintura. Necesitaría ahí una bufanda. Lucho contra los desaires y desplaceres de mi cuerpo. Quiero desenlazarlo y hacerle olvidar por un momento que el oxígeno quema, y el tiempo envejece, y lo que escribes al releerlo produce menos sequedad visual. Quiero ser consciente del recorrido incesante de mis glóbulos rojos. El aire me falta y ya no me interesa seguir pensando en él. Tendré que resguardarme en el socorrido descanso, pero tengo miedo de mañana, del mañana, de todos los mañanas.
Pero ¡espera! Se me habían olvidado los miedos nocturnos. Ahí está ... la razón por la que ...
Ni siquiera sé lo que digo porque a estas horas, con este sueño retrasado no puedo seguirle ya la pista ...
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martes, 9 de marzo de 2010
Situación comprometida

Rastreo y publico. Mordiendo tiempo, autoconvenciéndome de que es posible. Mintiendo a mis seres queridos sobre mis horas de encuentro. No puedo hacerlo sola. Tengo que hacerlo sola, esto va conmigo.
Me envío besos.
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sábado, 6 de marzo de 2010
No es del todo
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Tristes t(r)igres

Sabes que cuanto menos parece que puedes escribir es probablemente cuando más tienes que decir. El mundo te ha engullido, o la prisa que te paraliza, o te falta el silencio, o los sonidos rítmicos se han aligerado.Tantos imponderables se amontonan que no te permiten pensar, o te atrincheran en la pesadez de tu estómago o en la solidez de esa sensación anodina en tu cabeza y tus pensamientos.
Pudiera parecer que tienes poco que decir, y sin embargo tu mente se muere de ganas de trabajar en equipo con tu corazón. Esperas el momento en que de forma natural se te abra un paisaje florido de esencias insospechadas y fecundas en la cámara oscura de tu visión. Sabes que tu problema es la falta actual de lateralidad en tu pensamiento.Estás demasiado en sincronía con la alienación del momento presente aunque así te sientas cómoda, y no permites que el subconsciente arroje las rayas para colorear la piel de los tigres empapelados de tu imaginación. No tiene que ser tan difícil estar envuelta en los tules de tus sensaciones escondidas, refugiadas y evasivas, aunque se encuentren sepultadas bajo una sensación real de estar presente. Te das cuenta de que deberías estar ausente para estar.
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Rebeliones inusitadas

Es difícil saber cómo atinar en estas situaciones donde todo parece un conjunto de rebeliones inusitadas. Empiezo el día con un sobresalto del corazón. No sé cómo funciona mi sistema emocional, no sé como me ha afectado el naufragio; estoy atorada, impresionada, deshabilitada. Intento reconstruir el espacio, las grietas, las impresiones internas para volver a la certera sensación de precario equilibrio.
Lo resuelto tiene permutaciones infinitas, pero no es fácil sobreponerse a la confusión. Es un momento en el que en una fracción de tiempo el día queda definido y el tiempo se para centrifugado en una regresión. El acto fugado, nonato se retuerce y reduce a la indefensión de no haber podido controlar el momento. Ni siquiera la situación te controla a ti; simplemente te dejas arrastrar por el tsunami de la insumisión frustrada, de la aridez del desencanto y su dolor.
Luego, tras un rato, te sientes capaz de memorizar lo ocurrido, de sintetizar y tratar de sacar el acto del contexto, la explosión de ira del aceite caliente para intentar superar la náusea que te invade. Te entra ternura dentro de la confusión, te invade un movimiento circular que calienta los músculos de tus brazos y los hacen moverse para ensayar un abrazo que no ocurrió.
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jueves, 4 de marzo de 2010
Entereza

Entras en un estado de quieta inquietud. Controlas todos los baremos trapezoides de tus paranoias kaleidoscópicas. Se acaban las cosas, y no terminan nunca y no tienes la sensación privilegiada de poder hacer nada para que vuelva todo a estar bien al día siguiente.
Aunque se acaben no importa, se tiene alguna certeza de combinar
palabras con gestos, acciones con tesón, y precisiones con los desniveles del terraplén. Intento beber agua sin que me restalle el dolor de cabeza de entre las cejas en espinas centelleantes de manivelas de estaño, registrando todo su velocidad en una escala tectónica matemáticamente invernal.
Estoy cansada, agotada, pero no es más que un cansancio cenital, como el del castaño que lleva siglos dando sombra. Quiero recoger las hojas caídas, secas y extraerlas del granito tostado para hacerme un traje de hombre joven con el que pueda recorrer mundo. Llevo días musitando fotos de tonos siena, daguerrotipos de un pasado sin fuerzas; uno, el que se esconde entre las líneas de los libros de fotografía de los años 30. No sé si me lanzo a enviar bengalas de imágenes o lanzas de linotipias y relieves de teclas en una máquina de escribir.
Desconozco por completo las intenciones de mi mente al lanzarse a esos recuerdos imaginados en los que la ropa de abrigo está cosida en tela de saco caliente, y las verduras tienen formas virginales bajo la arcilla seca. Las damas corren en pantalones de rejoneador y el pelo no lleva más lejos del cruce del cuello con la línea de la sonrisa, pero parece más fácil observar desde cerca.
No tiene en principio nada que ver con los castaños, pero todo parece más honesto y más posible.
Probablemente la tristeza de haberlo perdido sería la misma.
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miércoles, 3 de marzo de 2010
Sombras

Mi cuerpo biselado explora las forma nómadas, opacas y anónimas de la oscuridad al echarte de menos entre mis brazos esta noche.
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Underwood 1930s

Gente válida, con una vida coherente, llena de ampollas y sentires, con la sangre negra de las amapolas en caldos irreverentes. Gente válida, que me permite creer en mi propio campo de batalla, mi perfil inconsciente, mi retiro incesante e imperfecto. Gente válida a la que admiro y tal vez no llegue a conocer nunca, tan sólo por sus crónicas a pie de guerra, al borde del desfile maquiavélico de la acción, en futura tergiversación de los diálogos con sus demonios.
Gente amarga pero sincera, sin la amargura de esa impostada actitud del escepticismo global por la vida ni la queja continua. Gente en constante investigación criminal de su propia vida, sin una visión distorsionada del entorno, ahuyentando creaciones cenagales de mediocre complacencia.
Gente válida, que disminuye su luz cenital por ideas extrovertidas y lúcidas, repletas de pasión, entusiasmo, lucidez, energía, inmediatez; de rápidos ligeros como luceros, de salvia renovada e impactante, de luz insensata y deslumbrante. Gente válida, que no juzga su vida por externos resquemores, que vierte en su paladar sabores amargos, rosas, aceites y esencias para seguir viviendo.
Gente válida que me inspira a proseguir, que me da fuerza para revisar las altitudes sin miedo a la caída. Gente que me impulsa con un paracaídas volador que me desplaza para más tarde fundirse con los últimos rayos y líneas del horizonte y su amanecer.
Gente intrépida en el sentido quimérico de la palabra, gente imberbe de corazón, preciosa de veras, ruda e insospechada. Gente de ímpetu arquitectónico que escribe, fotografía, viaja pertrechada con experiencia y cantimploras de sed a la espalda, que escribe sus pensamientos y habla con frases y palabras y fonemas indistintamente. Gente sin prisa, que te habla sin rodeos, que examina el vértigo y se sitúa en su borde. Gente ciega y clarividente que no vive el mañana, quién sabe si aquél llegará, a quién le importa, si todo es un continuo presente. El pasado lo recitan los muertos en sus vidas. Camina o revienta. Novela.
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Billete

Viajes pasteurizados. Con iluminación pretérita, dolor de motores por vistas. Olores recauchutados, y entregas desesperadas en el ambiente. Reproducción de velocidades con un resultado de silencio y retirada. El recorrido se viste de vigas y empedrados y pilones eléctricos.
Las miradas vagan por los asientos, y su olor empacha el todo. La gente se entretiene con el crepitar de las bolsas de plástico que acarrea. Yo parapeto el ordenador y me voy al fondo del vagón para que no me asalten las dudas de si debería enseñarlo o no.
El tren deambula cansado, insomne entre su maquinaria, revelador en su veloz rutina uniforme. El viaje debería despertarme sueños lineales y quimeras narrativas, pero mi pregunto si un cercanías llega hasta tan lejos. Las líneas asíntotas de la geografía de la sierra deberían tal vez reciclar mis ansias de libertad mental, las ondas cerebrales que inducen a la creatividad. Pero hoy ya he reciclado esa urgencia. Ya he participado en esa celebración durante unos minutos y he agotado tal vez su suministro por hoy.
No sé si nos acercamos o nos alejamos, pones tu suerte en las manos de quien conduce tu tren. Las puertas se retuercen y el aire comprimido las cierra. Las luces amarillean la oscuridad, y no existen fuegos fatuos esta noche. La verdad se resbala por la realidad, la velocidad sobre las curvas y zarandeos, es un viaje gris de asientos grises y pensamientos inválidos. Mi bufanda pugna por retorcerse encima de mi plumas. De vez en cuando el tren suena a tren, a vagones que se empujan los unos a los otros, a aventura, pero por muy poco.
Cualquier viaje comienza con la compra de un billete. Cualquier fuga necesita la entrada en un vagón y la propulsión mecánica de una inmediatez que nunca volverá a ser como antes. Cualquier crónica necesita un destino, cualquier descripción su motivo, su ansia de vivir. No quiero retroceder con el carro de esta imaginaria máquina de escribir, de esta máquina de contar cuentos. No quiero dejar de contarlos. A veces tengo prisa por redimirlos, y no debería ser así; quisiera contarlos perfectos, arreglados, con traje de los domingos. Y no inciertos, irreconocibles, empezados. Es un ten con ten con la realidad y al final no sabes lo que te depara.
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Referéndum

Repulsas el presentimiento de que la regionalidad de tus sentidos no sepa incorporar un gran sentimiento. No es verdad, es más bien un intento de saber lo que te afecta, lo que no conoces bien, lo que te intercepta debido a una simple corriente intencional que no te recuerda al túnel de lavado, los coros de la impaciencia más estival.
Ese silencio, esa turba incesante, ruido y silencio al fin. Empachada de viajes cortos que se emprenden y alargan inmediatamente. Tengo que aprender a recuperar el instinto de evitar un Verdún.
Se refuerza la sospecha de que las viejas artes del viaje no son específicas, son renuentes, son impecables pero resbaladizas, como suricatas, como lagartijas inmensas pero invisibles que dejan rastros mínimos para no recuperar la vida humana.
En torno a su visibilidad realizan conjuros de pulpa de papel de novelas de ficción baratas, y no saben organizar recepciones de gran boato para aquellas personas que visitan sin rango, y sin intención de redimirse. La lagartija es como una salamandra que ignora al mundo que quiere entronizarse, a las personas que le buscan los tres pies al gato, o a la gata nocturna parisina de tejado que lame la luna a kilómetros de distancia, solitaria, mal llamada egoísta, mal llamada así porque todo el mundo quiere asirse a su humanidad y despeñarla a la calle, a la tierra donde no le corresponde transitar. Mal llamada egoísta como yo únicamente por buscar la paz, la tranquilidad, el encuentro conmigo misma del que hablaba Jung.
Para mí los tejados son como volver a entrar en la marisma, el interior blando y circular que resiste los empellones del olvido y vive para siempre porque ya vivió desde el principio.
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Lluvia

No sabes si lanzar una página a su nuevo hogar y continuar con la próxima es una nueva estrategia. Como el café recién filtrado y aún hiriente en tu estómago. No sabes si en este momento prefieres las comidas sin grasa o el placer del presente. Desayunar en París, almorzar en Tokio, cenar en Nueva York, despertar en Lisboa. Son sueños mansos que te anegan y permiten diseminar tus confusos anhelos. Y sigues aquí, en Madrid, sin saber si realmente tienes fuerzas o ganas de marcharte.
Te parece incoherente no escribir, como no oler la lluvia recién caída desde tu ventana de habitación de convaleciente.
A veces terminas el día con el pelo cardado de experiencias, y cuando te preparas para el letargo nocturno tu mente salta poblada de luciérnagas. De repente te percatas de que hay sonidos ajenos al mecanismo de tu mente, a que el viento va por libre, las contraventanas, las persianas, los cerrojos y la ropa tendida (porque mañana no llovería) y tienes tiempo de observar el silencio de tu pareja y su individualidad, el peso de los minutos de tres en tres al golpe del trasegar de las páginas de su libro.
"¿Me pasas mi taza?". Y ella te sonríe ausente, pendiente también de que no interrumpas la lectura de los famosos últimos capítulos de su libro con una reflexión de última hora.
Breakfast
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Experiencias

Se te caen encima cientos de sillas rotas, como una avalancha de conceptos innecesarios y dañinos. Una experiencia pl(e)gada de inquietudes.
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(In)decisiones

Es una sensación que te almidona la mente, te eterniza la indecisión, te invoca tus demonios.
Y ves que dura mucho más lo que eres capaz de soportar. Otras veces parece que puedas movilizarte, porque de manera asombrosa se provoca la chispa de la iniciativa y logras poner en marcha la maquinaria.
Nadie quiere escuchar esto y debo esconderlo y amortiguarlo con cientos de palabras. Si el carácter pudiera medirse por el número de palabras que vierte querría consolidarlo escribiendo sin parar, aunque no parezca real este sueño de prolífica actividad, aunque sea forzada, porque es un salvavidas, un objeto lanzado al horizontes que finalmente existe porque no te pasas el tiempo preguntándote el por qué.
Existen grandes dudas en el horizonte sobre ti, y no sólo las creas tú.
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Puentes

Es desesperante e impreciso cómo la tranquilidad puede cernirse sobre ti sin avisar. Tú que siempre estás soñando con la tranquilidad que siempre la deseas, la ansías, la rememoras, y sin embargo qué fácil te huye y se ausenta mientras tú herida de muerte en un combate que no tuvo lugar te quedas sentada en tu silla sin mucho que decir.
Es todo tan esperpéntico, tan aleatorio y tan imprevisible. Podrías sudar tinta escribiendo sobre las heridas de tu carne y los naufragios continuos. Y lo haces.
Cuánta gente sucumbe ante la imprecisión total de los pensamientos ajenos. Esos que ten envuelven cuando te despiertas y no eliges el paisaje sonoro en el que te encuentras. Es un tapiz esponjoso y poblado de vetas y sobresaltos en el puente entre ambos lados del espejo: el soñado y el vivido.
La rapidez con la se escapa el momento ...
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Saber

No sabes si lanzas una página a su nuevo hogar y continuar con la próxima es una nueva estrategia. Como el café recién filtrado y aún hiriente en tu estómago. No sabes si en este momento prefieres la comida sin grasa o el placer del presente.
Desayunar en París, almorzar en Tokio, cenar en Nueva York, despertar en Lisboa. Son sueños mansos que te anegan ni permiten diseminar tus confusos anhelos. Y sigues aquí en Madrid, sin saber si realmente tienes fuerzas o ganas de marcharte.
Nana

Es la vuelta a una sensación repetidamente extraña, como un simple y repentino recorrido que comienza marcha atrás.
Entretengo cientos de anónimas cartas mientras recojo los secretos de esa carrera vertiginosa vivo y sueño envuelta en entregas y desvelos.
Las líneas se entretejen y los botones del suelo relucen y sobresalen. No tengo casi ninguna vista lateral, todas son desde el frente, todas las formas se infligen sendas heridas en contacto con el aire. A base de miradas inesperadas retiro las barreras que me alejan del suelo, que me nublan la vista con chaparrones de púrpura y miel.
Mi presencia se difumina en compañía de otras. Reflejo a veces sobre esas tenazas que pugnan por quebrarte a presión la caja torácica. Siento cuchillas en la masa esponjosa del pulmón, y rocas intensas con mi irritabilidad. Son momentos en los que me resulta difícil y confusos por cualquier decisión, cualquier además.
Me gustaría emprender viajes calientes, anhelantes, escribir en mapas lejanos y perseguir las líneas retratadas en los perfiles de los grabados. Quiero acaramelar trozos de papel con mis escritos, y recrear los relieves de mis sueños infantiles con las punzadas de añil suave de las nanas escritas de mi almohada añorada.
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Encima
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Réplicas

Recibo réplicas extrañas en mi cabeza y acudo rauda y veloz a su circunscripción. No puedo retener recuerdos mayores que mis propios tránsitos, ignoro el resurgir de las plazas de inscripción, donde me pierdo.
No quiero ser una versión excedente de mí misma, ni una resabiada recepción de mis propias fábulas.
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Misantropía

Me gustaría que me dejaran en paz y no me juzgaran, ni que me exigieran que les dijera lo que quieren oír. Las personas no se quedan satisfechas tomando de ti la parte honesta que les quieras entregar.
Te exigen un exagerado amaneramiento, no es civismo, lo llamaría civilidad forzada. No lo entiendo, una sonrisa debería ser suficiente para acomodar las necesidades de comunicación. Siempre me lo dicen: me doy mucho al principio y luego quieren demasiado de mí. Tal vez ese gran vacío.
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Rápido

El café me tomé como rehén, me esclavizó. Mis ojos estaban enroscados en su sortija y el abdomen suspendido en la intemperie. Finalmente me quedé dos noches sin dormir ni descansar, y mis días fueron poblados por tremendas dosis de misantropía.
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