martes, 25 de agosto de 2020

La tormenta perfecta

 En algún momento de mi niñez se quedó inscrito un circuito mental que aseguraba al subconsciente que ante un problema que me genera una respuesta emocional muy fuerte no se puede hacer nada, y, sin saberlo, a menudo lo vuelvo a regenerar, y me paraliza. Entonces, cuando esto sucede, tengo que ser consciente de que estoy pensando y dejándome invadir por él. Es una convicción profunda, y la depresión me protege contra esa información, pero es ahí donde debo desconectar ese circuito invalidándolo con otras reflexiones extraídas de la realidad, utilizando además la mentalización.

Lo curioso del tema es que normalmente he luchado contra la depresión y no contra el circuito que ha capturado esa idea de indefensión e impotencia. 



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Creo que me siento mejor que ayer y que en estos días. Creo que no voy a tomarme una siesta (por lo menos larga) y que voy a intentar a levantarme pronto y no dormir tanto. 


Si fuera a hablar con Alberto, le diría que me he encontrado con poca energía, queriendo dormir todo el rato y dejando de hacer las cosas que quería hacer. También con miedo a usar la bici con estas chicas, que parece que hacen más MTB que lo que estoy acostumbrada a hacer. 

¿Y él qué me diría? Me diría que es normal descansar cuando no te encuentras bien e ir despuntando poco a poco a medida que te despejas, que ha hecho mucho calor y que es bueno tener el mejor el estómago. También me diría que es normal tener miedo a hacerme daño con la bici y que he de ser prudente. Y me dejaría más tranquila.