martes, 5 de febrero de 2019

Nocturno


He estado escribiendo todos los días, aunque no se refleje aquí. No sé si voy a poder organizarme bien para pasar el material mañana, pero voy a intentar hacerlo, tal vez solo escribiré lo principal, no lo sé. 

Cuando pienso en el espacio de hoy, no tengo muchos momentos de claridad, pero sí algunos. Me he dado cuenta por lo menos de que tenemos cierta transparencia, que podemos aportar nuestra presencia para las certezas de otras personas. Como cuando Marina me pidió que hiciéramos la foto y yo no quería, y al final la hicimos, y yo vi mis objeciones derretirse y hacerse a un lado para resurgir otro tipo de querer que no era el mío, pero que era más poderoso todavía. 

Supongo que todos los días pueden darnos este tipo de información. Ahora, por ejemplo, me duele el estómago desde hace unas horas. Y siento el espacio ocupado por lo incómoda que me siento. Supongo que esa es una forma de notar el espacio lleno, a pesar de que el que parece importarme más es el que se hace a un lado y me libera, me deja algo perpleja, me hace sentir cierta calidez. Es verdad que es una amor a la vida, no a nadie en particular. Es extraño pensar que ese amor puede ser mejor, aunque no debería decirse eso, sino simplemente que es más fácil sentir, que las emociones dejan de ser pesadas y tiránicas. 

El domingo vi varias películas, y hoy he trabajado mucho con el ordenador. Veo cómo mi rendimiento, mi capacidad de estar sola con mis pensamientos se reduce en la misma cantidad que aumenta mi dependencia de estímulos externos. No sé como funciona el mecanismo, pero me imagino que tiene algo que ver con que se reduce la capacidad de atención cuando se consume con la anticipación constante, con el alimento externo, con la avidez. 

Ahora mismo, simplemente por haber escrito estas frases, ya me siento mejor. Confío más en mi propio criterio, experimento la vida que me trae aquí cada segundo. Ya no siento que sea tan raro el no leer la prensa, simplemente me he quitado de encima una sensación negativa. Pero sí quiero seguir experimentando mi propio espacio. 

Con respecto a otras personas, el silencio todavía no lo domino. No he desarrollado la expresión adecuada, la reacción adecuada. El silencio no es solamente dejar de hablar o permitir que el turno lo tenga otra persona. El silencio debe ser una invitación para que se desarrolle la expresión de lo que tenga que mostrarse. En mi caso, mis opiniones en el fondo no son para compartir en una gran mayoría de veces. Por eso puedo permanecer con ellas en mente sin tener que mostrarlas. Veo que muchas veces sólo lo hago para conseguir una reacción de la gente, algo que me tranquilice, que me muestre su apreciación, pero al mismo tiempo me intranquiliza exponerme así. Quiero ser simplemente consciente de esta vulnerabilidad y ver si realmente me interesa tener ese tipo de reacciones. 


jueves, 31 de enero de 2019

Zona horaria


Ahora estoy escribiendo esto y he cambiado la hora, pero no la zona horaria. Creo que al pasar el material que escribí ayer me quedé con las ganas de escribir algo ahora, y ahora es ayer, así que continúo. 

Otra vez tengo que decir que estoy muy cansada. No sé qué tengo que hacer para estar despejada por la noche. Noto una nube rondándome con un dolor de cabeza, y me siento bastante congestionada. Me aburre e inquieta un poco esta situación. Me ha sorprendido últimamente que he podido surcar mi camino pedaleando fuerte en la bicicleta, teniendo en cuenta que no me sentía especialmente bien. Supongo que es una contrapartida de estar en forma. Es gracioso decir que estoy en forma cuando me siento tan arrugada como un acordeón. 

Hoy no sé si he sido especialmente consciente. Sí he tenido momentos en los que la gente se ha sentido tranquila a mi alrededor, y creo que eso pasa cuando yo estoy más centrada en mi sitio interior. Tal vez debería juzgarme en base a eso, y cuando pase, darme cuenta de que estoy relacionándome con la parte más allegada de nuestra existencia. No quiero usar frases ni palabras grandilocuentes, pero encontrar un vocabulario sencillo para estos temas es un reto constante que alguna vez podré completar. 

Me he desconectado completamente de las noticias del mundo, y por eso me olvido de lo que sucede en esa otra esfera del espejo del periodismo. No sé por qué me ha afectado tanto, pero ahora veo claro que la verdadera información, la realidad veraz es ésa que experimentamos con nuestros sentidos. Y esa es un descubrimiento que trae lucidez a mi mente y a mi vida. Ahora podría seguir hablando sobre esto, pero prefiero leer un rato. No me voy a acostar demasiado tarde. 

Tan sólo decir que hoy he cocinado. Ha sido muy básico porque no tenía casi tiempo, y lo he hecho por necesidad. Es bueno hacerlo por ese motivo, espero que pronto sea con naturalidad, sobre todo si me encuentro donde tengo que estar: aquí. Creo que al leer las noticias por internet me situaba en un espacio extraño que me alienaba. Es bueno darme a mí misma la bienvenida. Me sorprende lo fácil que ha sido desconectarme, sólo he tenido que entender que leer las noticias era una adicción, y que las adicciones no se pierden, no se evaporan, simplemente se cortan. A veces por necesidad, y otras, como en este caso, activando la voluntad. Espero seguir por el buen camino sin recaer. Mi identidad se juega la vida en ello. 

Siete recuentos


Siete recuentos: uno para cada día de la semana. Me encuentro casi sumida en un cansancio programado. Mis emociones son como los hilos de los pelos que se quedan fusionados al gorro que uso para dormir. He leído cosas que escribí probablemente en 2017 cuando pensaba que ya no sabía escribir, y ahora que el diálogo conmigo misma ha vuelto, aunque no creo estar haciendo bien las cosas, siento cierta tranquilidad, y también alegría. Me estoy fundiendo con este sueño que tengo sin saber si voy a poder soñar. Tengo ganas de dormir, pero ni siquiera recuerdo ya quién soy y cómo reencontrarme. 

No sé moverme, no reconozco las acciones de hace apenas una hora. Ahora mismo no podría emular ninguna de ellas. Sí recuerdo mis movimientos, mis paseos por la casa colgando la ropa y aparejos de la bicicleta para secarse, haciéndome una bebida de malta. No sé quién es esa mujer que sigue sus propios pasos. Y ahora intento volver al momento presente, y me encuentro instalada en un cuerpo que se siente mío pero que, como siempre, vacila en el espacio, se tensa y se prohíbe relajarse. Hoy me he dado cuenta de la tensión y el funcionamiento corporal, la desazón de dominar cada uno de mis movimientos. 

Tengo la mente en tensión también; es normal, claro. 

No sé, en algún momento tal vez pueda relajarme un poco, unos segundos cada día, y entender que el mundo es algo más que incomodidad mezclada con luminosidad y un curioso enarbolarse.




miércoles, 30 de enero de 2019

Noche y la deuda del día


Esta noche no escribo con tranquilidad. Es como si el día de mañana ya hubiera salido de la caja de truenos y se estuviera apoderando de la creatividad, de las posibilidades de lo que todavía es esta noche. He dejado a mi madre un poco tirada y a mi hermana también. No sé lo que pensarán mañana, por eso el día de mañana está vociferando en mi oído. También porque estoy cansada y no estoy segura de que podré descansar con tranquilidad. Lo voy a intentar. 

A pesar de que este día he protestado mucho y me he atacado con todo tipo de cosas, no es un día menos espiritual que cualquier otro. En el momento que pongo el punto de mira en el presente, en el ahora, ya el día forma parte de la realidad consciente y de mi lucidez. No me gusta utilizar estas palabras, pero no consigo sacar muchas palabras que puedan hablar de esto. Lo que quiero decir es que todos los días son igual de brillantes y de luminosos. Esa luz a veces es cegadora, pero siempre está ahí. Es como una luz que surca los minutos y las horas de forma oblicua, y no se observa a primera vista. Y cuando parece que encalla, es cuando es más brillante entre frecuencias.

He reflexionado mucho hoy sobre lo que supone entrar en contacto con el espacio más real, más directo, más vivo, más acallado, más contenido. Sigo sin poder relacionarme del todo con este espacio, aunque esté en mí y pase por mí, y yo pase por él. Intento hacerme eco de su existencia, y creo que el mejor momento es cuando decido no exhibirme, cuando puedo callar lo que sé, cuando me silencio mínimamente y me digo a mí misma que sí, que sé quién soy, pero que no es necesario que lo lance al mundo. Al hacer esto es como si escuchara una vibración límpida, como una llamada, un cierto aire de seguridad en mí misma o de seguridad en la vida. Es todavía una sensación muy joven, muy fugaz. Pero a veces la siento y me gusta. 

viernes, 11 de enero de 2019

Escuchar


Estoy cansada mentalmente. Llego a este punto de la noche y lo único que quiero hacer es acostarme. Creo que también tiene que ver el ejercicio físico después de dos semanas haciendo bastante poco. Aún así, sigo queriendo hacer trayectos más largos. 

Hoy he estado más o menos tranquila. No sé muy bien qué pensar sobre los próximos días, pero teniendo en cuenta que en esta semana he emergido de las navidades, todo ha ido bastante bien. I. está ilusionada conmigo. Yo la dejo tranquila, no voy detrás de ella. Creo que debe escuchar más todavía. Es lo mejor que puedo hacer. Ahora creo que me escucho más a mí misma, y a veces siento cómo vocifero. Tal vez en eso consiste este periodo. Quiero escuchar más a otras personas, al ritmo de la vida y de la tierra, y de repente soy yo quien ocupa ese espacio que en otros momentos he dedicado a otras personas. Y me escucho y hay mucho ruido todavía. Sigo escuchando. 

miércoles, 9 de enero de 2019

Descanso



En unos minutos podré apagar el cuerpo y resetear la mente. Lo necesito, me pesa todo. 

jueves, 3 de enero de 2019

Vocabulario

vocabulary
/və(ʊ)ˈkabjʊləri/

Escribes mientras vas encontrando, tropezando con el vocabulario. Es curioso cómo la noche de aquí no es como la noche de allí. Cada noche tiene su profundidad, su tono azulado metálico, su evocación y ecos. En esta casa he tenido noches mágicas de palabras trazadas con compás, creativas y sabias, pero no me acuerdo mucho del tono. 

Las noches en mi casa han sido siempre diferentes. Más abiertas, más espaciosas, más silenciosas. Noches de verano y de invierno, ambas a dos producían arcos y descensos, nuevos temas y radiantes pinceladas de emocionantes narraciones. Aquí es todo más sobrio, más lejano a su significado secreto, más monocromo. 

miércoles, 26 de diciembre de 2018

Take shelter


No sé qué voy a escribir esta noche, pero el mero hecho de escribir es muy significativo e importante. Es verdaderamente mágico poder moverme por estas líneas, aunque no tenga mucha fe en estos momentos sobre mi capacidad de expresarme de forma creativa. Y tengo miedo que si sólo expreso mis pensamientos no logre esa unión necesaria entre mi yo interior y mi yo escondido. Hubo una temporada durante la que escribí sin parar durante varias semanas y no conseguí ningún resultado. Me seguí sintiendo muy vacía. Y también ha habido épocas en las que he escrito de forma excelente, pero no lo notaba. Y en otros momentos, simplemente he escrito. Nada más, nada menos. 

Creo que se puede prender el pensamiento y la emoción sin sentir tanta angustia. Y si se siente, materializarla, caramelizarla, atraparla. Tal vez muy a menudo no se pueda escribir sin angustia. 

Cada vez que anuncio que voy a escribir mi gran declaración se vuelve insulsa. Es cierto que hay ciertas cosas que no hay que contar; es algo muy paradójico. 

A veces siento que lo único que me falta es la fe, no la voluntad. Creo que el secreto de la felicidad es la continuidad, la consecución de pequeños objetivos, ver cómo la tranquilidad va surgiendo en algunos momentos y mecerte en ella. 

Todos los escritores y escritoras tienen algún vicio o virtud. Yo, si tengo, no soy consciente, no puedo fomentarlos. Y también tienen manías, y rutinas. Y yo no tengo ninguna de estas cosas en este momento. Tengo otras cosas que me molestan mucho. Y carezca de muchas otras. Pero tengo algo de libertad. Puedo escribir todo lo que me da la gana, en principio. Tengo tiempo. A veces me gustaría ser una persona que cuando no está escribiendo, está pensando o pegada a una página. No me gustaría ser nada más, porque hay muchísimas otras cosas que me frustran y que intento una y otra vez. Es una pena que hablemos tanto sobre nuestros fuegos fatuos, nuestros intentos fallidos. Lo que realmente sería interesante sería ver aquellas cosas que sólo puede intuir la escritura. Creo que es lo que buscamos con tanta insistencia. Porque yo hablo constantemente de escribir, y ya me he acostumbrado a ello, soy consciente y lo acepto ahora con benevolencia, pero también me gustaría tener más lucidez. 

Con respecto a I., me doy cuenta ahora tras leer algunas entradas de este blog que hay otros momentos en los que he sentido desesperación y desolación. Y tal vez no debería darme tanto miedo la situación actual. Creo que lo que busco en la meditación, en esa aceptación, en ese atravesar las emociones difíciles y disfrutar de las emociones bonitas, es la plenitud humana, la sensorial, la intelectual, la pensadora. Debería darme cuenta de que escribir puede que no sirva para nada, pero es una forma de refrescar y de consolar al subconsciente, lo que llaman canalizarlo. Sentir y sentir, y nada más. Y ahora, sin la balsa de un amor en el que sustentarme, tal vez tenga la oportunidad de mecerme en aguas profundas y salir a la superficie de cuando en cuando. 

Mi intelecto y mi creatividad cargan una gran pereza en estos momentos. Creo que además me asalta el sueño y voy a dejarme caer. No sé si estoy a punto de acercarme a un punto de inflexión en la escritura, pero debo tener fe en las palabras que voy a sellar mañana, y esta noche enviar la botella con su mensaje dentro. 


domingo, 10 de junio de 2018

Luego está la literatura



Al final me encuentro con que tengo que retomar la escritura. Me veo envuelta en este magma de palabras sin escribir, y tengo que darles salida sin que vea referencias claras de los aspectos de mi vida y mi subconsciente que debo esclarecer. 

No sé si me afecta reencontrarme con mi soledad, que siendo sonora no es gran problema, o si se trata de socavar los ecos de un vacío entérico, fisiológico y contumaz. He intentado muchas cosas que no han dado resultado, y es normal: las heridas del alma no se solucionan, no dan la cara con resultados ni técnicas. Se trata sólamente de ser, de arrimarse, de estar presente. Luego todo lo demás le va siguiendo la corriente. 

No sé si me he dejado de lado o si me he arrepentido de ser yo misma. De igual modo, nunca lo sabré. Tampoco confío en empezar algo ni en continuarlo, sino de no haberlo dejado nunca. Tal vez transija y permita que mi voz se pertreche y manifieste en su versión de carrera solitaria de fondo. Sí, la palabra es permitir. 

Luego está la literatura, a la que estoy fallándole. Me falta el lado social que me reafirme mientras luego consigo ser lo que soy en la página. No sé qué vendrá primero, la gallina ...

miércoles, 21 de junio de 2017

Reencuentro



Al final me he decidido a escribir de noche. Es mucho más tranquilo ahora. Y el blanco de la página parece engullirme y repelerme luego como el agua al aceite. Antes me encontraba muy a gusto aquí, y ahora el espacio es una pared desnuda a la que hay que llenar de recuerdos, como a los jardines verticales. Rehuyo la soledad, pero al mismo tiempo la ansío. Vuelvo a la casa donde había residido, e intento moverme con soltura para que nadie se dé cuenta, ni siquiera yo. 

Veo que echo de menos el ubicarme a caballo entre la literatura y la página en blanco. Tras este barbecho que a veces se me ha hecho interminable, no sé qué temas saldrán de mis letras. Espero que no sea siempre sobre la aventura de escribir, aunque realmente pensado, tal vez no es tan mala idea. 

(He llegado a la conclusión de que los libros amontonados en columnas están bien. Los míos no son los únicos).

miércoles, 15 de julio de 2015

Socotra


Esta noche me siento un poco huérfana de mí. He viajado contigo, y ahora he vuelto a viajar sola durante estas horas, y tengo que acostumbrarme a navegar a espaldas del viento durante esta vigilia. 

Estoy escribiendo muy bien, y ahora debo establecer una rutina aquí también. Creo que mañana puedo sentirme que realmente voy fondeando los puertos de mi creatividad y de mi centro (y el tuyo ...)

lunes, 13 de julio de 2015

Noche oxigenada


Bueno, hoy quería escribir sobre la hemoglobina, pero voy a tener que hacerlo mañana, y tal vez examine durante la noche cómo se va derritiendo mi sangre al rotar las células sanguíneas en su densidad, cómo poco a poco el oxígeno se va posicionando y soy capaz de respirar con todo mi cuerpo, como cuando estoy contigo ...

martes, 30 de junio de 2015

Calendario lunar




Espero que esta mañana tu piel esté menos acalorada y rendida, y hayas podido descansar esta noche, esta misma noche desde la que te escribo y que acaba de empezar para mí y para ti, aunque tú acaso ya hayas soltado los restos de su lastre. 

Hoy la luna (anoche, para ti ahora) se muestra un 94% visible. Quiero recordarte lo que esta noche ha sido para ti ahora que se prende tan reciente en mí. Esta noche está especialmente aparcada, no da de sí lo suficiente, no espera mucho de la humanidad. La gente está demasiado cansada para agradecer su aparición. No le dan la bienvenida, casi le demandaban con urgencia el cuajar y asesinar el sol mortificante, y ahora su llegada es anodina. Normalmente mi cuerpo se oxigena como las plantas por la noche, pero hoy no logro desasirme del peso sobre mis hombros, de la sordera de mi intuición, y tampoco le he dado la bienvenida a esta noche con salvas como otras veces.  Unas cuantas nubes emprenden escaramuzas en la superficie de su cielo, me pregunto cómo se siente la superficie de tu piel, si puede calmarse esta noche o si por el contrario el tatuaje del sol de ayer la mantiene impunemente prisionera. 

En unas horas tal vez el cielo plomizo de tu mañana sugiera lluvia, y puede también que todo encaje en tu día, pero no podría saberlo yo ahora, aunque tú si lo intuyas en este preciso momento en que me lees, pero no en el que yo escribo. Tal vez siga brillando la botella con agua de manantial, eso sí que sería espléndido. 
Hoy me doy cuenta de algo poco probable: estoy hablando de mañana. Cuando escribo por la noche pocas veces lo hago de forma realista: me imagino el día que sobreviene con total libertad.

Me doy cuenta también de que no puedo enviarte este mensaje, estaría traspasando las fronteras de tu confianza, le estaría pidiendo demasiado a la vida, que me dejara agotar el tiempo contigo; y el miedo que me produce arruinar mis posibilidades de estar juntas me induce a parar ahora, a renunciar a ponerme en contacto contigo. Prefiero seguir soñando, es más honesto, y me sirve de gran ayuda. Debo continuar en estre reencuentro conmigo, aunque sea contigo. Tal vez nunca sepas nada de este momento, y eso estará bien también.

Quiero seguirle la pista a mi calendario lunar, aquél en el que sueño contigo, en el que vuelvo a tomarle el pulso a la precisión, a la certeza de la noche, al mensaje que cifra sobre el día que comienza. Algún día tal vez pueda decir que anoche te escribí, sin sentir vergüenza, sin tener que esconderme. Antes de pensar en el que día que me espera debo entender la textura de la noche que me requiere, que me interpela como tantas otras noches. Así podré darte, ofrecerte el néctar de mi personalidad, y no tan sólo bosquejos de aquello que un día aprendí pero que ahora no recuerdo.

martes, 30 de septiembre de 2014

Nadar


Esta noche me siento fuera del agua. Quiero volver a nadar en la literatura. 

jueves, 18 de septiembre de 2014

El borde de la cama

Un año, y mi hermano no está. Le buscamos en el sentimiento compartido, en los inicios de este septiembre, en la brisa soterrada de otoño que penetra por el quicio de la puerta de su habitación, que todavía huele a él.

Yo me acuerdo de su piel; nunca la había sentido tan bella como aquellos últimos días en el hospital en los que yo la tocaba, la transitaba al sujetar sus manos y sus piernas como árboles caídos cuando acompañaba a su cuerpo a incorporarse y rayaba su espalda con mis dedos para ayudarle a mantenerse erguido en la cama de hospital.

Cuando el tiempo se hace eterno porque no quieres que corra, no quieres que te sea ajeno durante esas noches de 24 horas, y apoyas la barbilla en el borde de la cama, qué sencilla es la mirada, qué fácil saber que esos minutos son vuestros, qué amable la vida cuando te permite guardar el sueño de tu hermano, susurrarle en el aliento que le quieres, le quieres, le quieres ...

Mi hermana escribió hoy: 

Querido Jacquy , todos y cada uno de los días, te echo de menos... A veces se me hace irreal esta situación. Es como si estuvieras en un largo viaje a punto de regresar. Pero la realidad es que no estás, y tu ausencia hace daño... 

Sigo en mi interior escuchándote, y esperando verte en cada esquina. Hoy y siempre seguiré pensando en ti, enviando besos y más besos, con el deseo de que alguno se deslice en tu sueño, y te toque... Y mientras, el reloj, sigue marcando las horas, esas mismas horas que hacen eterno nuestro sufrimiento. Tu hermana que te quiere

martes, 9 de septiembre de 2014

Time unborn


Time that doesn't run, time that crumbles into an inscrutable fixed moment that seems to last forever. It reveals sameness of other minutes and seconds, it's framed similar, but it neither fades nor subsides. 

And I position myself verging in those gaps, those instalments of time that hasn't arrived yet, of unuttered sentences at my finger tips, and become a believer. 

jueves, 7 de agosto de 2014

Las pausas fonográficas

El aire se escarcha con sencillez, sin deformarse, pero generando un cambio significativo en su estructura que lo hace mutar, y lo entretiene sin detenerlo. Una pausa entre sus cierres sería suficiente para crear una salida, un boquete donde el conocimiento tuviera que medir fuerzas con la saturación causada por el tedio, la apatía. 

La belleza se esconde en pequeños paquetes entregados por el camino, como legajos que tratan de mantenerse unidos a pesar de tener su propio peso específico y caer como fardos a cada golpe de viento en el camino.

Sigo errando, pero ahora reconozco los pasos equívocos y no los falsifico. 

viernes, 21 de marzo de 2014

Stendhal Syndrome: give in to the flooding


Yes, I sing her body electric, her passion and doom, her torn blood and light in a vacuum. These comings and goings between the selves. How could I perjure against your favourite writer? Me, who lives immerse in the rapids, the heartbeats of the word and verb and virgo. I thank you for not contesting nor rejecting me for my ignorance about this. My blueprint, my base is my belief in rescuing myself from my memory drifting. I need something alive and burning on the page to shake me and get me out of my constant stupor. An arrow of truth, a speech, a valid ticket to transit towards embodying my alter egos. I have not witnessed enough fear to decide that I'm that person in a parallel world, confronting reality, fighting and ending defeated. My defence strategies are crumbling though as I read. Your books leave me unprotected and expectant.

The calico braids and husk of the words of my new readings shine like the penetrating gaze of the silver fox lost in the urban darkness. The end verb, the nightfall in verse of your books let me discover that I was also blinded, lost after crossing the threshold of the downs, the frontier. I wonder the streets tonight and stop and window gaze in front of closed bookshops. Despite this when I get near yours, I turn around. 

I'm afraid of my inquisitorial delusions, my vagueness as I speak to you. I try to go unnoticed in your bookshop, and zigzag around the floral center that accommodates books that are urgent, those perfectly understated covers, and I head towards the wall shelves, towards safey. I buy your books and take them outside the bookshop, into the street to gather oxygen, to feel the fresh air and stop smelling of new paper pulp, to get their pages intercalated and pressed in the falling rain. 

Verse greengrocers and narrative spiritualists stay outdoors and the night flees. Those who know that books are also written on scraps of paper, words smuggled in jail, over bundles of serpentines, on those exhausted calendars whose pages have been torn and bereft of the endless days and months.

I buy books from the one-eyed man who sells inconceivable literature at one o'clock in the morning. I watch him with a smile of hidden complicity when he suddenly remembers his whereabouts and makes me a list of books that have not sold yet, then sucks his thumb and runs it along their spines (his memory is tactile). His glass eye is pending and chases with stern looks like light beams those book thieves that gather around aimlessly (they are all students), those who skirmish and fuss and leave. 

I relax my shyness instinct and tell him impossible stories and fables, despite retrieving it later when people approach us and I realise that they want to steal my books away from me.

After talking to you I have chosen to browse febrile dystopias that torment me with their violent language cracking the fuselage open and raw. These ideas are pure as the piercing cold in the snow, and writers dump them in literature sprees, widening the spacing of their writings, shooting projectiles as dirty as stained stars falling in their revealing delirium.

Now that you're my bookseller I can not escape. In can't backtrack into the trenches of thought and emotion. You've narrated those poems that I can read in the subway 
without covering the front cover with my fingers, wishing that people read my book over my shoulder instead of pushing my rucksack in unison as they force my body against the metal bars of the train. If they knew what I'm reading they would allow me to travel, to continue my journey as a flaneuresse .

Well, I'm choking on the words, I reflect my gulps on the patina of my coffee, I sink into the couch, and as I read I search for impossible positions to place my body and rest on the page. You are to blame for this.

I took the book you told me about, and let my fears loose; in fact, I forgot them. I wonder why you pushed me in the direction of this dazzling darkness, the misery and desperation and blinding truth of les poètes maudits

Why? Well, I'll have to find out before I am able to get back to you and say something worthwhile ...

Tonight


Tonight I'm me. In this brash edge of the night, tonight I'm me. I get rounded in the corners and straightened at the curves, but tonight I'm me. 

viernes, 21 de febrero de 2014

Segundo día

Bien, estoy descentrada. ¿Qué he hecho en todo el día? La verdad es que no me explico lo que he hecho, he medio roto el ordenador, y no sé cuánto va a durar ahora. No es fácil ponerte las pilas con este tema.

Pero tengo que entregarle a mi día el placer de trabajar en mi escritura y mi lectura, porque no lo estoy haciendo, y sufro en consecuencia. Mañana tengo que poner en práctica todo esto, porque de verdad, sigo estando despistada. He hecho mucho, pero no lo que debería del todo.

Ahora me voy a leer, porque creo que podría hacerlo durante media hora o así. Tengo ganas, aunque me muera de sueño voy a hacer un esfuerzo. Vale la pena y así me sentiré mejor.