No sé qué voy a escribir esta noche, pero el mero hecho de escribir es muy significativo e importante. Es verdaderamente mágico poder moverme por estas líneas, aunque no tenga mucha fe en estos momentos sobre mi capacidad de expresarme de forma creativa. Y tengo miedo que si sólo expreso mis pensamientos no logre esa unión necesaria entre mi yo interior y mi yo escondido. Hubo una temporada durante la que escribí sin parar durante varias semanas y no conseguí ningún resultado. Me seguí sintiendo muy vacía. Y también ha habido épocas en las que he escrito de forma excelente, pero no lo notaba. Y en otros momentos, simplemente he escrito. Nada más, nada menos.
Creo que se puede prender el pensamiento y la emoción sin sentir tanta angustia. Y si se siente, materializarla, caramelizarla, atraparla. Tal vez muy a menudo no se pueda escribir sin angustia.
Cada vez que anuncio que voy a escribir mi gran declaración se vuelve insulsa. Es cierto que hay ciertas cosas que no hay que contar; es algo muy paradójico.
A veces siento que lo único que me falta es la fe, no la voluntad. Creo que el secreto de la felicidad es la continuidad, la consecución de pequeños objetivos, ver cómo la tranquilidad va surgiendo en algunos momentos y mecerte en ella.
Todos los escritores y escritoras tienen algún vicio o virtud. Yo, si tengo, no soy consciente, no puedo fomentarlos. Y también tienen manías, y rutinas. Y yo no tengo ninguna de estas cosas en este momento. Tengo otras cosas que me molestan mucho. Y carezca de muchas otras. Pero tengo algo de libertad. Puedo escribir todo lo que me da la gana, en principio. Tengo tiempo. A veces me gustaría ser una persona que cuando no está escribiendo, está pensando o pegada a una página. No me gustaría ser nada más, porque hay muchísimas otras cosas que me frustran y que intento una y otra vez. Es una pena que hablemos tanto sobre nuestros fuegos fatuos, nuestros intentos fallidos. Lo que realmente sería interesante sería ver aquellas cosas que sólo puede intuir la escritura. Creo que es lo que buscamos con tanta insistencia. Porque yo hablo constantemente de escribir, y ya me he acostumbrado a ello, soy consciente y lo acepto ahora con benevolencia, pero también me gustaría tener más lucidez.
Con respecto a I., me doy cuenta ahora tras leer algunas entradas de este blog que hay otros momentos en los que he sentido desesperación y desolación. Y tal vez no debería darme tanto miedo la situación actual. Creo que lo que busco en la meditación, en esa aceptación, en ese atravesar las emociones difíciles y disfrutar de las emociones bonitas, es la plenitud humana, la sensorial, la intelectual, la pensadora. Debería darme cuenta de que escribir puede que no sirva para nada, pero es una forma de refrescar y de consolar al subconsciente, lo que llaman canalizarlo. Sentir y sentir, y nada más. Y ahora, sin la balsa de un amor en el que sustentarme, tal vez tenga la oportunidad de mecerme en aguas profundas y salir a la superficie de cuando en cuando.
Mi intelecto y mi creatividad cargan una gran pereza en estos momentos. Creo que además me asalta el sueño y voy a dejarme caer. No sé si estoy a punto de acercarme a un punto de inflexión en la escritura, pero debo tener fe en las palabras que voy a sellar mañana, y esta noche enviar la botella con su mensaje dentro.


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