No entendéis nada, no puedo contar con vosotros para que me protejáis. Me soltáis vuestras opiniones sin fundamento porque no escucháis lo que realmente está pasando. No necesito opiniones, ni siquiera comprensión. Dejadme en paz.
Quiero pasar de esto:
A esto:
¿Tan difícil es?
Esta situación sólo me da pistas sobre una cosa: voy a dejar de decirle a la gente lo que tiene que hacer, lo que siente, lo que vive, cómo solucionar su vida porque a lo mejor eso es lo que a mí me están haciendo ahora y me machaca, me estrangula, me hace perder la fe en la solidaridad de las personas allegadas.
Es la única lección que puedo aprender de todo esto. Tu dolor difícilmente lo pueden sentir, comprender otras personas. La comprensión exige un abandono del ego, una escucha atenta, la confianza en la persona que te está hablando. Les pedía apoyo pero he encontrado incomprensión y egos exaltados. Me ningunean, ignoran lo que digo, lo que siento. Me lanzan reproches, ultimatums, me hacen chantaje emocional, simplifican, banalizan. Quieren que sienta lo que ellos decidan, porque es más sencillo, menos molesto.
No tengo que dar explicaciones, caí en el grave error de hacerlo vez tras vez, y al mismo tiempo que lo hacía, el mero hecho de contar lo que me pasaba me destrozaba un poquito más. No me esperaba la incomprensión, la cerrazón, la prepotencia, el orgullo de los demás, la manipulación a la que me quieren someter. ¿Qué les cuesta respetar por lo menos las decisiones que yo tome sobre lo que me concierne exclusivamente a mí? No puedo cambiar el pasado, y ni siquiera parece que puedo cambiar el presente porque todavía no ha terminado esta pesadilla.
Ahora lo que necesito es tranquilidad para sopesar por qué estas personas que me quieren, en el fondo me quieren un poquito menos de lo que yo pensaba porque no son capaces de ponerse en mi lugar. No importa, la vida es así, nadie dijo que era justa. Yo también soy egocéntrica, ignorante, imbécil mental. Me resulta imposible desintegrarme y ponerme totalmente en el lugar de la otra persona, siempre quiero llevar la razón y ayudarles a la velocidad de la luz cuando la vida de las personas transcurre a la velocidad del sonido.
Tendríamos que dejarnos un poco más en paz.
viernes, 24 de abril de 2009
Desintegrarte
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miércoles, 22 de abril de 2009
Ciudad del dolor
Entro en el Hospital Clínico. Me pasa una celadora vestida como una gobernanta. Finalmente encuentro el ascensor y me acuerdo que el de la derecha va más rápido. Una persona sube conmigo, tiene una bata de médico parecida a la que usaban mis padres, la que me dejó mi madre cuando yo estaba estudiando primero de medicina.
Al llegar a la segunda planta norte veo por los pasillos a la auxiliar de clínica del otro día. Es preciosa, simpática, dicharachera, lleva gafas de diseño de estilo danés.
Me acerco a su habitación después de tantear varios pasillos y mirar de reojo los quicios de las habitaciones y como van a asear a mi padre no puedeo entrar hasta dentro de unos veinte minutos. En vez de vagar por los pasillos y ver la gente paseando lentamente con sus máscaras de oxígeno y sondas, lo que no es lo que se dice la alegría de la huerta, decido bajar a la calle otra vez.
Cerca de la entrada se acumula la gente que fuma, e inmediatamente me recibe una nube de humo irrespirable. Las hileras de taxis se perfilan hasta el final de la cuesta, y en cada coche hay un hombre de semblante hosco, seguramente pensando en su matrimonio o sus nóminas o sus jornadas excesivas. Los residentes, la mayoría con gafas, chicos muy altos y chicas con cara de listas forman grupitos impenetrables en la calle. Bajo la cuestecilla y veo varias madres llevando niños y niñas de visita hacia el hospital . Una niña está vestida como Pollyana, y un niño arrastra un osito con chupete. Un hombre negro vestido de verde, con casco verde y mono verda corta el césped con una máquina ruidosa. En la calle dos niños chinos están jugando; uno de ellos senatado encima de lo que parece un monopatín y el otro empujándole. El señor de la trompeta sigue en su esquina, tocando de forma bastante decente. Me siento en la acera, a una distancia prudencial de él y tomo el sol escuchando la música.
Tras unos pocos minutos decido volver a la planta. Me pesan las piernas, no estoy animada para ver a mi padre. Al llegar a la puerta G del hospital sigo a una mujer que exhala su última bocanada de su cigarro ya dentro del vestíbulo. Estoy detrás porque no hay mucho espacio, y me trago la bofetada de tabaco, qué asco.
Me lo encuentro sentado en la cama y lo primero que me pregunta es a qué hora se ha ido mamá de aquí. Mamá no ha estado ahí hoy y por lo tanto sé que se le ha difuminado la lucidez que ostentaba ayer a esta misma hora.
Tiene el desayuno a mano y se está tomando el café. No le tiembla la mano como otras veces, y me alegro de que la medicación que toma ahora no le produzca ese efecto secundario. Aún así se mueve muy lentamente. Le seco una lágrima de la comisura de su ojo.
Tras el desayuno, de repente me dice que tiene que hacer pis y yo no sé qué hacer, voy a llamar a la auxiliar pero el me azuza y grita: ¡deprisa, deprisa! y yo corro en varias direcciones sin saber muy bien qué hacer. Él está atado y débil y me dice que le traiga no sé qué con la cara estresada. Y caigo en que le tengo que ayudar con la bacinilla, Dios. La cojo del baño y se la paso, pero él no se puede contener en el último segundo y hay un escape que mancha las sábanas. Me pide con naturalidad que le ayude y yo lo hago, como si fuera yo mi madre. Es muy extraño y embarazoso verle el pene a mi padre, no lo he hecho en la vida, pero ya hemos pasado la barrera de lo embarazoso hace mucho, mucho tiempo. Me pregunto si el pis va a manchar la cama, pero ahora entiendo por qué la botella de cristal tiene esa forma abombada en la base, si se posa en una superficie plana hace que el líquido se contenga en una especie de burbuja y así no se sale. Me da la botella y yo voy a vaciarla al baño. Me doy cuenta de que su orina es muy oscura, con lo que deduzco que es la primera de la mañana, y eso significa que no está manchando la cama, me alegro porque si tiene algo de control no se sentirá tan mal.
- "Mamá, ¿dónde se ha ido?" Le digo que va a venir más tarde.
Hay un impás. Le paso la harmónica sin mucha esperanza de que le haga caso, pero parece que le apetece tocarla. Me preocupan sus labios secos y uso mi tubo de labios para humedecerlos y que resbale mejor la harmónica al pasarla de lado a lado. Se entretiene un poco y yo me empiezo a tranquilizar.
Me pide que use el mando para enderezarle la cama, yo lo cojo y me siento un poco insegura, no quiero catapultarle contra la pared, pero el movimiento es lento y le acomodo. Quiero ponerle bien la manta para que no le hagan daño los talones sobre el metal. Él es alto y las camas no son lo suficientemente largas. Le han hecho una podología y tiene mejor los callos que le producía el jugar al tenis, pero no le han tocado las uñas. Le pongo la bata con cierta dificultad por las amarras que le tienen atado a la cama, pero así tiene mucho mejor aspecto y sé que se sentirá mejor. Además, tiene las manos frías, y aunque nunca dice si tiene frío o calor, tengo que ser avezada y pensar en todo.
Me doy cuenta de que no me está resultando difícil ni caótico cuidarle. Sólo puedo hacerlo cuando está tranquilo y dócil. Por las tardes es imposible; es verme y comenzar a gritarme por todo, cuando no me echa directamente. Algunas mañanas cuando vengo con mi madre también está imposible.
Ahora está desorientado, hablándome como en sueños. Mientras él se echa una cabezada yo leo El País. Obama, Zapatero. Tras incorporarse con aspecto desvalido se espabila rápido y me habla con cierto sentido y yo siento que hoy no tendré que andar de puntillas para no despertar su ira. Le paso el periódico. No lo puede leer pero pasa las hojas y se fija en las caras izquierdas de las páginas.
Viene J.A., el viejillo que estaba antes con él en la habitación. Mi padre le habla con tranquilidad y con cordura. Le dice que está más gordo y que tiene mejor aspecto; es verdad. El hombre se queja de que tiene que estar ahí durante toda la Semana Santa, aunque no es cierto, porque le dan el alta un par de días después. Dice que lo único que hace ahí es comer, dormir y ver la TV entre dolorosas pruebas clínicas.
Se oyen todo el tiempo sonidos de muletas por los pasillos.
Lunes inservibles sumergidos

Irrepetibles y sumergibles; son las ideas que hay que recapacitar, revisar, revolver y sentimentalizar. Son las ideas, son los impulsos, son un cúmulo de afectos insondables e infranqueables, un ángulo de reflexión. Son redobles, inconsistentes, frondosos, con prebendas mutuas como inconstancias presentes, pasadas y futuras, como los ciclos constantes que conquistan las almas y sus corazones tan tergiversados, aparentemente inmóviles.
Se respira deprisa y sin contemplaciones, con ánimo de romper el hielo, se invierten las formas cuadriculadas como chocolatinas en pompas de plástico que queremos reventar con las ocurrencias que propulsan los dedos y así destrozar los enemigos esquivos como placebos.
Las tribus de los lunes inservibles son como placentas vanas que no acarrean vida sino pensamientos de vitalidad e ilusiones de futuro. No dan más.
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Silencio

Un par de días, un par de noches en silencio, en mi propia compañía, para no atropellarme, y hablar como un torbellino sin la angustia inexorable de moverme. Recargar para volver a salir.
Dormir en el momento justo.
Respirar en el momento justo.
Retirarte en el momento justo.
Sin hablar.
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martes, 21 de abril de 2009
Trapecio

Durante el mismo día se puede salir y bajar en una noria, y a veces la peor parte y la más reconocible y dolorosa es el descenso y la permanencia bajo la red de protección de la trapecista, como el payaso gilipollas escondiéndose por debajo, comiéndote una mazorca hinchada y dándote cuenta de que los granos de maíz son tus dientes, son tus ilusiones, son tu futuro, grano a grano, perla a perla.
Y de repente escupes de forma irrefrenable la cascada de perlas y sales de tu refugio, te pegas un par de hostias porque el suelo está resbaladizo y sin previo aviso te ilumina el fogonazo de una luz hiriente y circular, que te ciega y te recorta en mitad de la pista del circo, y una ovación te recibe, un súper chachán y todo el mundo te aclama, eres la mejor, la más guay, la más chachi, la más impresionante, inteligente y formidable, y te pones a hacer malabarismos increíbles y acompasados con una nube de alcachofas que eclosionan con flores púrpura con destellos ámbar, y flores de pétalos cárdenos, verde esmeralda, genciana, añiles, , miel, azafrán, blanco lechoso y negro azabache.
Y te conviertes en una maga con los poderes y la clarividencia de un Merlín, y organizas tu laboratorio a medio camino entre el suelo del escenario y las alturas, donde trajinas con ideas, conversaciones apasionantes e inteligentísimas con tus visitantes. Y escribes manuales de alquimia en tu oficina Acme Dreams Are Oh, So Possible Inc., conviertiéndote en el mismísimo Elekhua, el listo y andrógino orisha del cruce de caminos, con su indumentaria roja, brillante, ceñida y atractiva, sabedora de tu visión de luces largas en la noche, de previsión del largo plazo, enviando a quienes se pierden en el cruce de caminos y decisiones al rincón acolchado y comprometedor de la reflexión.
La plataforma asciende por sorpresa y te suben al trapecio demasiado deprisa; intentas encaramarte y encontrarle el equilibrio pero al final, ante la mirada expectante de todo el mundo, das un traspiés aparatoso y te catapultan brutalmente a la red de la trapecista, de donde te descuelgas sin elegancia con un rebote inmenso y ridículo, por el que te enganchas en los muelles de la la lona, y terminas debajo escondiéndote y pasando frío, ignorada con indiferencia, como el payaso gilipollas con la puta y asquerosa mazorca.
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Viajes II

Éste es otro viaje de un minuto de espera para cada tren. Un minuto que se perfila en el marcador electrónico pero que engaña, porque el tren engaña, ahí agazapado en la sombra del túnel entrante, esperando a que la dinámica mecanizada de los trenes siga creando esa ilusión de efectividad, de interdependencia con el ritmo de quienes viajan, los que pasamos los pósters, y los túneles degradados por la humedad y la falta de aire, y los árboles, y las sendas con la velocidad de una mirada a ras de la superficie de un movimiento rápido de ojos.
En las líneas urbanas de metro se congrega otro razonamiento de viaje: estar menos pendiente de un péndulo, de mecerse; es un viaje dinámico hacia el corto plazo, hacia delante, y no se encuentra suspendido en el aire como los trayectos más largos en los que nadie se pregunta ya más.
Estoy enzarzada en una de esas fluctuaciones que provienen de la falta de encuentro conmigo misma, de estar bajo las férreas y metálicas riendas de mi madre, de prescindir de sabores propios en mi boca, de no poder estirar el tiempo a mi favor. Pero resisto en busca de resurgir en los momentos míos en los que te siento y te veo y te deseo y me meto en un universo en technicolor que me empuja suavemente a rendirme ante quien soy, porque te lo tengo que explicar mientras tú me das todo lo que eres.
Y reconozco este momento en el que tengo que revolcarme y sentirme, y activarme, y reconocer que la libertad que me asedia es una emoción que no vendrá a mí sino que soy yo quien tiene que saldar cuentas yendo a su encuentro con valentía, con decisión, con intrepidez y entusiasmo, con fuerza vital, para que todo lo demás en vez de ser una empalizada de destierros y obstáculos sea un manojo de posibilidades encubiertas, una ilusión de ligeros y fruncidos desafíos de los que al salir victoriosa confesaré que he vivido.
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Frío fuera

Mi hermana era pequeña, muy pequeña, y yo era responsable de ella. Mi padre nos dejó en una cafetería y me dio dinero para pagar, y yo era también muy pequeña, y creo que no hablaba mucho con mi hermana. Ella se sentaba enfrente de mí y el borde de la mesa le llegaba casi por los hombros.
Afuera hacía frío, mucho frío, pero yo le dije a mi hermana que saliéramos, que no podíamos estar en un sitio eternamente sin tomar nada más y salimos fuera, y ella temblaba, las dos temblábamos, el frío mordía y las capuchas de las trencas eran un parapeto de cartón pero no nos calentaban los ojos, ni la boca, ni los oídos, ni la piel sobrecogida.
Vino mi padre y se rio, qué tontas, por qué habíamos salido cuando hacía tanto frío fuera.
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lunes, 20 de abril de 2009
Viajes

Es un viaje distinto a la mayoría de los viajes. Reconozco que mis viajes son pequeños, poca cosa, como mucho viajes que emprendo para evitar andar media hora o poco más. Ahora como tu casa está en la otra punta me encuentro viajando a través del espacio -en 45 minutos para llegar hasta ti, son los sempiternos 45 minutos que he de repetir muchas veces en el futuro hasta que se me hagan familiares, y no tenga que pensar en el viaje y los trasbordos, sino que simplemente decida qué es lo que voy a hacer, decirme a mí misma, qué es lo que va a pasar, porque siempre pasan cosas en un viaje o al menos se te pasan cosas por los ojos.
Mis viajes son alunizajes, son trayectos truncados en un destino, son como estas páginas, como las hojas de los árboles que acabarán siendo pasto del humus vegetal y literario. Son minúsculos torbellinos del entendimiento, de la prisa, de la pretensión de estar en más de un sitio a la vez. Son la medida entre un túnel y otro y una barrera de luces rojas y blancas entre destinos.
Pero yo suelo preferir los viajes cortos, cuanto más cortos mejor. En realidad me gustaría que fuesen tan pequeños que terminara siendo como si no me moviese del sitio, como si simplemente se tratara de tragar aire como un pez y expulsar una burbuja. Como escudos del murmullo de la llegada de un tren, y de repente fuera el de su trasbordo a un lugar cálido, sin esfuerzos, sin reflexión, sin complejos.
También existen los viajes sensuales que para mí son como si la mente te mintiera, y hoy que es domingo te dejaras invadir por esa tragedia dominguera, replegable, pastosa y embaucadora. Los domingos para mí sólo son buenos para conocer a gente. Para llevarles por el viaje de tu vida hacia el doblez de tu identidad, de tu personalidad. Y escapar de la semana anterior, pero también de la que viene.
Por eso más que un viaje es una escaramuza, una palanca para escabullirte por debajo de la cotidianeidad, de la imprecisión, de tu ánimo, de las inquietudes pasajeras, de la circunstancias, las vedas, los insultos, la rabia, el mareo, el tumulto, la confusión, el trajín y la rueda de la ratoncita que, total, no te llevan nada más que a un viaje a ninguna parte ...
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sábado, 18 de abril de 2009
Miembro extraño
Hay veces que las palabras van por su lado y tú por el tuyo, tu cuerpo desligado de todo lo que le pasa a la mente. Y tú no te reconoces en las decisiones historiadas de tu vida, las imprecisiones de tu alma, las narraciones activas de tu cuerpo, que son como llagas endulzadas de historias mínimas.
Hay veces que esta sensación te acorrala y no sabes dónde meterte porque en realidad no sabes dónde te has metido. Hacía un par de días estabas haciendo cosas que no es que no fueran importantes, lo eran, pero te estaban llevando algo más lejos de lo que esperabas, lejos de ti, como si tú y tu circunstancia ya no fueseis valedoras la una de la otra, como si lo que haces es una cosa y lo que eres, vamos a ponerlo así, es otra.
No es que haya una disasociación bicéfala, eso sería fácil de detectar. Es más bien una sensación anodina, algo desagradable que te va invadiendo, que, sí, te termina acorralando, que se apodera de tu cuerpo también, y al final cada parte va por su lado. Y no te identificas con tu cuerpo porque él se cansa o se acelera o come mucho o ya no puedes confiar en él, porque te deja tirada en las esquinas o duerme demasiado o te duele, y, desde luego, cuando llega la tarde, que pudiera ser tu redención, olvídate: se comportará como un caballo percherón aburrido y viejo. Además estarás en el momento incorrecto en el lugar incorrecto.
Y tu mente se ha escabullido detrás del manto de acero del arco iris, que suena muy bien y muy Over the Rainbow, pero en realidad es un martirio, una incierta desgracia, porque esos planes que esbozabas se te han escapado como un sueño sin ovillar, sin atrapar después de despertarte en medio de la confusión de un despertador insolente. Y la historia de tu vida, bueno, de esa sí que olvídate, restriégate los ojos, la piel con un cepillo con jabón de Marsella si quieres, porque se escribe sola, como los cubos de agua y las escobas de Mickey Mouse en el Aprendiz de Brujo.
Y todo esto suena muy onírico y guay y mágico, pero es una mierda, es una mierda, porque no sabes cuál será el próximo golpe de gracia que te va a levantar ya no el ánimo sino la vida desde que te despistaste y la dejaste atrás, como un elemento extraño al que tu cuerpo tiene alergia y rechaza.
Pero de una cosa sí puedes estar segura, al menos, todo cambia, todo evoluciona, no sabes cuáles serán las claves exactas, pero si pulsas las teclas adecuadas, si haces, no aquello que todo el mundo te indica que hagas, sino lo que tu llamita acallada de la intuición te suspira que lleves a cabo, tal vez, sólo tal vez, te dirijas en la dirección justa y precisa hacia un estado de bienestar personal, donde ya no tienes que tener planes ni estupideces por el estilo porque estás volando en la cresta de la ola y ves el mundo un poco por debajo, no a tu merced ni nada de eso, sino de alguna forma amansado, acompasado en parte con tu propio ritmo o al menos en armonía, de ésa que suenan en tu mente y, no te engañes, sólo en tu mente y en tu mente sólo. Y luego resulta que el murmullo y el runrún le llega a otra gente y es beneficioso hasta para la cosecha de bienes, de ruegos y preguntas.
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Todo

Hoy es día de encuentros, de miramares y esfuerzos recompensados.
Especímenes diversos, empresas incandescentes, impropias, encandiladas, interesantes.
No saben atravesar prismas volantes ni reuniones volantes. No presionan las membranas del aire para aniquilar a los insurrectos, ni sazonar la vida de inesperados sucesos febriles, ni desesperanzadas penas. Prístinos y desusados, entrecortados fenómenos infiltrados. Entre tanto surgen las dudas, las prímulas empedernidas, los duelos con los alunizajes, las embestidas de sazonadas e irrecuperables y ansiadas catatónicas salidas al sueño reparador de mallas entrecortadas. Son impresiones tenues de estremecedores y vacíos temblores del pensamiento, que arden en rápidas esquinas como perseguidas entre mínimas y bajas presiones sanguíneas. El tejido entreverado salta a la vista por la entrega común al circunspecto suelo, y la soledad emparentada con la huida.
Quiero blindarme con seguridades, con impuestas y entrevistas rendiciones al sonido hueco y fermentado de las dudas. La atmósfera es incierta, pero no por ello menos real, y los márgenes son páramos interpuestos a la verdad sin cotejar, a la verdad entreverada, a la verdad imprescindible, sincera y sencilla, a la verdad sin matices como un latigazo de cinturón paterno o una bofetada cruzada de plata desvirtuada por la impaciencia materna.
Para transitarla hace falta esperanza, tiento, dedicación y desperezarse del sueño baldío, de la parálisis del ánimo, paralizada por su conversión evitable a la antracita, por su tibia e inalterable predisposición a extinguirse con las pruebas, con la exposición al intemperie, con la retorcida sensación de detención interrumpida y valiente siempre que aparecen señales de abandono. Abandono en aquellas intersecciones con las heridas en la sangre, con la captura en las cápsulas de la hemoglobina, con las manchas de las impresiones en la piel, con la desvaída y gris enternecida presencia del erial de la nada, de la prefectura del golpe de la rabia, de la inactividad, con las manos atadas, con las cuentas claras y vacías, y las arcas extrañas y robadas entre zarandeos y tirones del viento.
Emprender un camino contracorriente entre las sendas de los soplos cardíacos, en las simples remesas de la nada, para entregarte a ti misma y recoger a Excálibur, entre tanto trasiego, entre las brumas de la ansiada soledad y las simples moradas del terror vencido, capturado inane y reventado entre sus propias marismas ininteligibles.
Esas son las oportunidades clave que cambiarán todo, que solidificarán todo, que emprenderán y propiciarán un ávido rapport con todo, que no se entenderán pero que avituallarán todo, impulsarán todo y repatriarán todo en su justa medida, con sus antiguas represalias y favores, con sus escapadas y fugas, con las quejas revisadas y aumentadas sin que se trastee ni se trampee con el inocuo transcurso del tiempo, ensimismamientos rastreados, contrariados mientras cunde el pánico terrestre y se reciclan las tránsfugas trampas que sin duda se retirarán sin dejar rastro.
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viernes, 17 de abril de 2009
Dudas

Principios de tinta. Carruseles viejos de empresas vanas y sempiternas dudas. Inútiles quimeras, que, sin embargo, se persiguen .... Alambradas abandonadas en busca de un nuevo refugio. Emprendo nuevos principios de tinta imbuidos por nuevas esperanzas rescatadas de un ánfora del naufragio. Entretengo mis dudas como una jaula carromato de animales fantásticos y de leyenda. No sé si liberarlas o hacerlas formar parte de un conglomerado bestiario de cuento con sendas encantadas, preñadas de fantasía, inéditas en su primorosa belleza ...
No sé dónde me llevará este viaje submarino de grottos, manfrottos y meteoritos impermeables e impregnados de energía lunar y cera de colores incandescente.
Eres imposiblemente hermosa, dulce, y tu cariño empapa mi resquemor arisco. Yo pensaba ser tierna pero mantengo canciones piratas en mi lucha contra mis inquietos barcos fantasmas. Quiero emprender aventuras ciegas y estratagemas transparentes, impávidas, encendidas, baluartes de valores de amores apasionados en busca y captura de mi Excálibur.
Siento de repente que pudiera estar muy cerca de un destino cierto de amor, protección, ensimismamiento con la vida, a dos tramos de la sinrazón amorosa, por un trago de la pócima nacarina de la fortuna.
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miércoles, 15 de abril de 2009
Reencuentro

A veces, muy a menudo, el día está impregnado de esta sensación de no ser tú. De estar gravitando en algo raro, en un caldo de sabor de goma donde tú eres el pollo. Son momentos puntuales, pero me hacen querer escapar, bajarme
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Fábulas

Tengo que ir a recoger las recetas y el cóctel de medicamentos de mi padre. Puedo disponer de unos minutos para mí. Me he pasado todo el día cuidando de esta bronquitis en casa de mi madre y no he hecho nada más. Sólo empezar el libro Sputnik Sweetheart de Murakami que, por que lo que atisbo, parece que trata sobre el amor verdadero. Me interesaría profundizar más sobre el tema. Desde luego se lee fácil y lo agradezco, aunque secretamente pienso que o M. no es tan buen escritor como dicen o las traducciones del japonés no pueden ser a la fuerza tan exquisitas como el original. De todas formas, esto no tiene sentido, porque lo que yo sé de él y su gran fama viene de sus traducciones ...
Escaneo las calles de camino al ambulatorio. Siempre que ando por aquí me acuerdo de lo que estaba antes. Allí, una mercería, allá, una tienda de comestibles, un pequeño y novedoso híper, una tienda de Benetton. O miro a ver lo que cayó con los años (o con la crisis ...) Recuerdo a mi portero, Adrián, emborrachándose con chatos de vino en el bar "La Amistad".
En el bar en el que me encuentro ahora, cerca de lo que era antes la pastelería La Habana (fuente de sueños dulces infantiles), antes no se podía fumar, justo cuando comenzó la ley anti-tabaco. Y al entrar me choca la cara una bofetada de calor. Lo primero que veo es un tío mayor fumando un pitillo de tabaco negro, mareando con su cháchara de mosca de bar al camarero en la barra. Es un sitio pequeñisimo; nadie más está fumando. Ahora hasta tienen máquina de tabaco.
Me doy cuenta de que el mito de escribir en un café no es tal en mi caso porque para mí hay demasiado ruido en un café, en todos los bares del mundo. Pero la música es agradable. Una señora habla con otra sobre una pareja enamorada que se conoció en Venecia durante un Erasmus. Yo tengo que comprar Súper Glue para pegar el tubo de la aspiradora, recuerdo, para que no se me olvide.
Hoy me he sentido mal todo el día porque mi madre estaba de malas; exige silencio absoluto, y luego vino la chica y cuando está trajinando por ahí yo no me siento cómoda. En realidad debería estar en mi casa donde tal vez me hubiera puesto a hacer cosas útiles: por ejemplo, terminar la copia de seguridad del portátil, montar el otro PC; seguro que me hubiera apetecido después de cuatro meses, y volver a abordar el montaje y sonorización del corto. En vez de eso he estado friéndome de calor en la casa de mi madre, y se me ha caído la piel a tiras por la sequedad de la calefacción central. Encima he comido como una cerda.
Suena el móvil, creí que era Inmortal Beloved y me acuerdo de que sigo sin encontrar el CD de Norah Jones del que sale la sintonía de mi móvil. Tendré que bajármelo. Es mi madre: "¿Te busco?", escribe en un mensaje. Siguen entrando señoras en este bar: "Con el Natrex echas una y se te pone dulce, dulce, dulce. Mientras lo estoy tomando no me gusta." Música tipo Betty Blue. Me tengo que dar prisa con el café. He pedido más leche caliente para diluirlo y no me lo estoy bebiendo. Apenas me quedan unos minutos para llegar al ambulatorio. Le dejo 40 céntimos al chico argentino, aunque el café ha costado €1.50 El chico me ha explicado que la mezcla natural es más fuerte.
Salgo corriendo y paso por el antiguo Musical Argüelles que es ahora el Banco de Santander. Llego al ambulatorio a unos minutos de que salga nuestro médico gafapasta de diseño:
Carlos
Remilde
José Antonio
Alejandro Gómez!!
Lee la lista y me mira cuando dice el nombre de mi padre. Cambié a JC de mi médico al de mi padre. No podía tener a nadie más en su cuota y me di de baja yo, que además me mudaba, para que pudiera tratarle mi padre. Nos hizo un favor. Es un médico riquísimo y se preocupa de la gente.
No veo el folde que llevaba en la mano y luego resulta que lo tengo bien apresado bajo la mano izquierda y el abrigo. Claro que lo tengo, yo no suelo perder nada, pero basta con que sea algo relacionado con mi madre para ponerme nerviosa.
"Conozca a su enfermero/a", "Papiloma Humano". Las chicas guapísimas, jóvenes, en el póster del papiloma humano no dan el pego del todo.
La protagonista de Sputnik Sweetheart piensa que la vida no tiene sentido si no es para escribir. Sí, yo también lo pienso: mi único interés en la vida es escribir y crear. Aunque no haga nada, aunque los minutos sean como hojas de trébol que se desgranan solas.
Este café me ha mareado y me está obligando a sacar fuerzas de donde no tengo. Intenta crear su efecto derrame de adrenalina que es en realidad nitroglicerina. Odio estar en casa de mi madre, no hay redención. Tengo que acordarme de no quedarme a dormir, o llevarlo mejor.
"Hola, Betina. Buenas tardes", dice JC a una viejita escuchimizada. Mi móvil suena a lo bestia en la sala de espera. Mi madre me espera fuera, le escribo que en 10 minutos saldré. Luego suena el de un chico con una mensaje y una sintonía tipo Kill Bill, y es más estrepitoso que mi Norah Jones, relajante y jazzy. Oigo a JC con su ceceo y su voz gutural: "Con razón de más". Es un encanto, un tío especial. Espero que no haya ningún/a médic@ de prácticas en su consulta. Les he cogido manía. Suena otro móvil de alguien y es como el carrito de los helados de Londres.
Estoy súper mareada. He estado dudando todo el día si realmente estaba enferma, pero ahora que siento náuseas me doy cuenta de que soy más que floja. Me pregunto si alguna vez aparte de mis guiones escribiré ficción literaria. IB dice que cuando hablo lo hago de forma fabulada (que no fabulosa). No sé si es verdad ...
martes, 14 de abril de 2009
Cansancio

Miro las luces de los coches a las once de la noche. No me importa otear el deslumbramiento que crea estelas concéntricas rodeadas de noche y aire fresco. Estoy esperando al autobús y no me pasa nada cuánto tarde porque no puedo ir andando y estoy en una especie de trance. Tengo los pulmones rellenos de ceniza y no me queda fuelle.
De repente noto una fuerza motriz extraña que me empuja los hombros hacia abajo. Y me duelen los músculos. Luego una pierna flojea y otra dobla la rodilla. Me pregunto si me voy a desmayar. Sería extraño, en mitad de la calle, enfrente de la farmacia del tío que me vendió Lexatín un día y que cuando yo le comenté que valía apenas un euro con algo me filosofó que hay que dopar al mundo y es sencillo. El hombre cierra la farmacia a las once. No tiene sentido. I.B. estará ya muy cerca de su casa. Quiero que duerma y que su primera clase tras las vacaciones sea maravillosa y lúcida. Menos mal que es la profe y no la alumna. Menos mal que no estoy con una jovencita.
El autobús llega y yo me digo que tengo que ganar algo de compostura.
Llego a casa y caigo rendida en la cama después de hablar con I.B. que me apacigua el alma. Sueño como si estuviera despierta y mi habitación estuviera llena de gente a mi alrededor. Es un sueño intenso, pesado, lleno de gente desagradable. Mi hermana tiene quintilliz@s y se llaman Seat, Dorka, Symphony, Conan, y otro nombre que no me acuerdo. Quiero ir a verlos pero no puedo al final. La máquina secadora de ropa de su casa está estropeada. Estamos en una habitación húmeda y mi madre rastrea los pisos y se da cuenta de que hay agua en los cables y los plomos de las máquinas arriba y abajo se han fundido.
Viene la podólogo por la mañana a ver a mi hermano. Tendría que haber dormido en mi casa, me habría reconocido, habría estado dispuesta a hacer cientos de cosas, recuperarme. pero no he podido movilizarme la noche anterior.
Voy al baño diez veces, ayer comí otras diez. Cenizas, cenizas, cenizas.
domingo, 12 de abril de 2009
Hotel / Hogar

Aceituna Ojiblanca, Picual, no soy refinada, no soy. Pan de centeno mojando, mmmhhh
Papel higiénico con el rinconcito doblado. Toallas dobladas higiénicamente, mármol, todo limpio y resplandeciente, servilletas de papel, de toalla, de tela, con ganchillo, bordaditos ... perfectas, perfectamente estudiadas, dobladas, perfectas, perfectas
Perfecta vitrocerámica, bata de baño de toalla aterciopelada con rayas azules y crema y manga doblada en bolsillo, perchas de madera lustrosas y sólidas, tocador de baño perfectamente todo perfecto, jabones La Toja por todas partes, cajones forrados de papel perfumado, trocitos de jabón que huele a gloria, Gerlain, etc. Brillos, olores perfumados. Libros de arte enjaulados en cuadrículas, Rembrandt, otros, fotos en marcos de plata, sonrisas nuestras perfectas, perfectas, niñ@s perfect@s, que somos, que fuimos, mesas de madera de roble, perfectas, con bordes robustos y suaves, sin olor ya, pero intensamente calan tu sensibilidad a la madera maravillosa, bustos de querubines de bronce negro Fortuny, perfectos, manteles de hilo, perfectos sin migas, todo hasta lo pequeño, lacitos de plástico violeta, dulces de violeta, juguetitos, bisuterías mezcladas con turquesas, perfectassss
La casa de mi madre, tan perfecta, tan imperfecta
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Para llegar hasta ti

Pistolas desenfundadas en meditaciones sanas respirando 7 y exhalando 11 a ritmo de recuento. Sin nada que perder, espejismos iluminados, enterrados en finas capas de arena, como muselinas suaves y resplandecientes de anhelos perdidos como el tiempo y la magdalena de Proust.
Tacitas de té amargo subvencionado con un grifito de leche tibia, porcelanas, manos antiguas, dulces, pastas, labios finísimos de anciana, y niños y niñas con volantes y cuellos de ganchillo y esmeraldas en la mirada.
Historias mínimas, vanas, retruécanos auto-abastecidos, murales entornados, besos robados, misivas extraviadas en locales oscuros, principados bisiestos, esparadrapos que huelen a tela, milongas caramelizadas por largos paseos.
Interrupciones electrificadas de brote fácil, simplezas estriadas, innumerables pausas, tazones de leche humeante y virtuosa. Estacionarios, insoportables silencios entre bastidores de madera que no se acurrucan, que no despiertan, que buscan excusas impresionantes, en eterna lucha y búsqueda de rastros escasos y pretéritas imposibilidades encontradas en aquellos trazos de punta semi-fina, que quiere decir casi gorda, pero suficiente.
Impresentables dudas de luna creciente. Jeroglíficos de minucias, nimiedad y alguna que otra pista perdida.
Tal vez para llegar hasta ti me falta todo.
sábado, 11 de abril de 2009
Deseo de ausencias

Prensados febriles, minaretes falsos, improntas fallidas, encontronazos varios y golpes, golpes bajos. En mi vida, la que fui, recibí su trascendencia con siluetas imposibles de dulces despertares, ausencias improcedentes, bebidas indisolubles, permanencias natas de finitas dulzuras rezumando salvia envenenada de deseo insatisfecho.
Ahora vienes tú y me nombras, como si el olvido comenzara en este segundo y terminara su impronta en el sesenta. Ahora vienes tú y me rescatas del insomnio del amor en vela de deseo confitado, de las tristezas confabuladas y sempiternas, del rayo que no cesa, del mundo sin control y el futuro en espiral.
Por ti olvidaré los orgullos empedrados, los miedos devoradores ya empezados, las noches sin tregua, las llagas infestadas de lágrimas ácimas pero calmantes para dormirme sin la eternidad.
Las aves rapaces se encogen en tu presencia, y los alacranes se retiran aún ufanos. A las nubes las impactan corrimientos de tierras, y el tremendo desgaste de mis alas de ceniza al corporizarse de nuevo impulsan a mi ave fénix a probar a remontarse una vez más, vuelta atrás en el tiempo, como un polluelo torpe nacido en primavera un 9 de marzo. Un día antes que tú ...
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Countdown
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Eras invencible

Felipe II exclama en El Escorial asomado a las ventanas:
Mi amada, mi armada, quemada!!!!
Anclado en genuflexiones,
soñando con galeones
las manos en oración
rodeado de blasones
Boabdil, Boabdil, retorna a Granada, infiel
que ni enemigo navío ni marea ni corcel
se asemeja a lo perdido
que en Bretaña naufragué ...
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viernes, 10 de abril de 2009
A rose is a rose is a rose

Meretrices entregadas de formas arrebat(hadas)
Preciadas y moldeadas por el viento que las ama
Ramilletes inventados
pasiones desenfrenadas
sentidos enarbolados
por el ansia de tus manos
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jueves, 9 de abril de 2009
Laika
3rd November, 1957
Laika lived in Sputnik shines. The terrestrial dog became lunatic, ethereal, orbital, fantastically starry eyed and cathodic. Laika was in 96 minutes and 12 seconds the earthly ribbon, the sound in space, the chasm and chimes of research on universal love. She linked up with the galaxy, surpassed all limits known to those worldly affairs, remade at lightening speed the dreams of orbit cycling. Caught up in the Northern lights to chase a bright cookie stratospheric bone.
She entered the macro-specific, retro-mobile pantheon of repetitive rhythms of the universe. She was and she is as she became immortal and evanescent, as she disintegrated of her earthly body shapes, and expanded as knowledge in rapid flashes of tender primal spheres of being. My shooting star spurting oxygen went sky high and melted pretty in pink with auroral sub-storms.
Estrellas fugaz, asteroide, cometa, Mark Twain, planetario, centelleante, satélite, lluvia de estrellas, meteorito, cráter, lunar, lunático, marciano, atmósfera, Júpiter y Zeus, mercurio, H2O, azufre, oxígeno, vacío, agujero negro, inmensidad, eternidad, Big Bang, espacio sideral, estrella, constelación, polar, antártida, osa mayor, aurora boreal, telescopio, estación espacial, nave, guerra de las galaxias, selenita, blandy blub, telúrico, resplandor, circunvalación y órbita celeste, anillos de Saturno y cápsula espacial.
Todo eres ...
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Gramática
Ayer apareciste, envuelta de sorpresa como en un paraguas su lluvia : Pretérito perfecto
Hoy eres mi dulce e inacabable presente: Presente ... perfecto
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miércoles, 8 de abril de 2009
De Lavapiés a ti en 45 minutos
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martes, 7 de abril de 2009
Eternal Beloved

¿Cómo es que antes sin conocerte te añoraba y ahora que te conozco te espero?
Eras una ficción presentida y ahora te has concretado en un roce completo y la posesión de mi cuerpo.
La mente cuenta más mentiras que el cuerpo.
Escribir es catarsis, pero leer ... es revolucionario.
Escribirte es un sueño ensoñado de día y transido en la noche.
Leer tus sentidos es brillar en la oscuridad, caminar entre lavas sin miedo, superar el instante.
Forever yours Forever mine Forever ours
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lunes, 6 de abril de 2009
Cuore, vendrás

Cuore, vendrás conmigo a una sitio lejano y desierto,
en mi huida de ti
y me ayudarás a escribir algo que me salga del alma
durante ciento un días y cien noches, hasta mi partida
Y luego te abandonaré
porque accederás a apartarte de mi lado
y dejarás de acosarme con tu belleza
No lo sabrá nadie, desapareceré un tiempo
y volveré nueva y radiante
pensarán que huí a Argán
Tiene que ser lejos, muy lejos,
al fin del mundo,
donde no eche de menos que nadie me siga,
porque no podrán seguirme la pista,
porque no podrán dar conmigo
Tengo que tener resguardados los secretos del alma
para que no se me escape mi alma gemela,
ni ninguna mentira
Si quieres saber todo sobre mí,
tendrías que ansiar enamorarte
si la razón da órdenes a tu corazón
no querrás hacerlo nunca
Piensas que soy un iceberg y te gusta hablar conmigo
y es evidente que hay una especie de seducción en todo esto,
te parezco muy y atractiva y muy interesante,
con un halo así como de misterio y una apariencia de suavidad
que parece esconder algo bastante más peligroso,
lo que resulta muy seductor y lleno de magnetismo ...
Te advertiste a ti misma que hay mucho de iceberg en mí
"Escondes mucho más de lo que muestras..."
La seducción encierra un plan o una promesa
que no se puede cumplir,
pero yo no tengo ningún plan, ni nada
En la seducción se encuentra la promesa pero ...
no estás segura de que sea sólo por parte de la seductora,
sino que a veces se carga con los deseos y proyecciones nuestras
más que con lo que pretenda hacer con nosotras
Lo que nos seduce es el enigma...
tras lo cual puede estar la puerta hacia lo que buscamos ...
Pero yo te busco a ti
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domingo, 5 de abril de 2009
Mrs Dalloway
Me levanto pronto, muy pronto, y llamo a mi madre, que me grita. Le aviso de que hoy voy a ir al hospital con ella para ver a mi padre por la mañana.
Estoy híper cansada porque he estado con insomnio a pesar de irme pronto a la cama, he escrito mucho por la noche y por la madrugada, y no consigo descansar; mis biorritmos están alterados. Pero estoy bien de ánimo. Estoy muy contenta con lo que he escrito aunque algo nerviosa por haberme comunicado con Simba. No sé qué pensará ella de todo esto o si me escribirá de vuelta.
Desayuno sin hambre porque me tengo que tomar el Lamictal y el resto de la medicación, y porque estoy perdiendo peso demasiado rápido tengo que hacer un esfuerzo para comer. Estoy muy desganada últimamente, creo que es porque mi cuerpo necesita su poca energía y vitalidad, y a veces comer es un peligro por la energía que consumes en la digestión. Sé que es paradójico, pero esto es lo que me suele pasar cuando estoy muy activa o muy cansada.
Pongo una de las cajas de muesli del trío que mi madre me ha comprado en el Corte Inglés en una bolsa y me lo llevo para tener algo que desayunar allí, porque odio el pan Bimbo blanco y no comer nada de fibra por las mañanas si me toca desayunar en la casa de mi madre, o si no tengo hambre al levantarme y tengo que salir escopetada allí.
Decido que estoy demasiado cansada, me estoy chocando contra las esquinas de la casa, tengo miedo de que se me caigan las cosas por la torpeza. Pienso que debería tomarme un té verde, pero la verdad es que no sé por qué no me lo hago al final.
Me preparo el portátil para llevármelo. Sé que va a ser un largo fin de semana si me quedo en la casa de mi madre y tendré que desconectar periódicamente para soportarlo. El hospital me da a poner fría y enferma. Hace días que no veo a mi padre.
Pienso en la ropa que voy a ponerme, me gustaría alegrar a mi padre con colores bonitos: rojos, azules, pero no sé si quedará mal en el hospital o mi madre pensará que voy hecha unos zorros, aunque desde hace años ya no me critica por lo que llevo o por mi pelo (sólo si lo llevo suelto), creo que le hace gracias. Money Penny, una de mis amigas que vino a ver el corto me dijo que le gusta mi pelo suelto. A mí también, pero se me mete en los ojos porque su onda natural es de flequillo ... rizado! En casa lo tolero más o menos, aunque me harto de echármelo para atrás como una pija. De pequeña quería tener pelo de pija para apartármelo de la cara con un golpe sexy de cabeza, pero ahora me doy cuenta que menudo coñazo. Money Penny me habla a menudo de mi pelo, quiere que me lo deje corto como en la peli. Está un poco obsesionada... Me termino poniendo la ropa que quiero: la camiseta amarilla beige de Cahart de mis rodajes y la blanca de manga larga debajo, muy Generación X. Llevo también los pantalones negros que suelo ponerme para el trabajo para pasar desapercibida y bollo friki. Reflexiono y me doy cuenta de que hay motivos en mi subconsciente para ponerme esta ropa: me quiero sentir cómoda, segura (Cahart es un fetiche de dire) y también eficiente.
Hago la misma reflexion sobre el calzado. Mis zapatillas están todas cayéndose a trozos porque me gustan y además paso del sistema capitalista y comprarme cosas, aparte de que me estresa sobremanera ir de tiendas. Al final me pongo las All Star negras. Ayer todo el mundo que vino a casa a ver el corto llevaba All Star violetas o rosas. Bueno, a ver, dos de tres de las chicas. Hicieron una pequeña familia en el suelo junto con las mías cuando les pedía a las chicas que se quitaran el calzado, silvuple, que mi casa es pequeña y siempre ando descalza con lo que se pisa todo el rato la misma parte del suelo. Eurídice me dice que ella hace lo mismo en su casa. Money Penny y su nueva novia no dicen nada, lo hacen instintivamente al ver todo mi calzado amontonado, apuntalando la puerta de entrada. Como para no verlo.
Cuando estoy cansada tengo que hacer las cosas despacio para no romper o tirar nada y para ahorrar energía, todo muy zen. Me doy cuenta de que no puedo hacer tanta multitarea como siempre, pero que soy incapaz de sólo lavarme los dientes, por ejemplo. Tengo que hacer algo mientras lo hago, otra vez me vuelvo loca de aburrimiento e impaciencia. Así soy yo, y me funciona. Hago más.
Con la ropa y el calzado elegido me decido abrir la ventana del dormitorio-estudio de montaje para que se airee. Y veo a mi vecino de enfrente, que me comenta lo preocupado que está por mí, porque ha notado la luz encendida las últimas dos noches. Le explico lo que he estado haciendo con el montaje del corto y las reparaciones múltiples de equipos. Ya me conoce. Se va a París y yo le digo que si quiere internet wifi le tengo que configurar el portátil. Dice que se pasa en unos minutos y me deja el portátil directamente, está esperando a la casera que va a enseñar el piso a gente porque él ya ha encontrado un piso más barato para mudarse con su novia en abril. Me va a dar mucha pena. Le comento que el portátil suyo estará mejor en mi casa durante sus mini-vacaciones porque yo tengo seguro que cubre material informático. Pone cara de susto y de alivio al mismo tiempo.
Me ducho. Me doy cuenta de que necesito agua caliente, trepidante sobre mis músculos: estoy machacada, es una mezcla de las primeras semanas de Lamictal (hasta que mi cuerpo se acostumbre) y de no dormir en dos noches. Al ponerme agua en la cara noto que está ardiendo y me quema, pero que no me suelo fijar porque la piel de mi cuerpo está acostumbrada al agua casi hirviendo. Dejo que me caliente las lumbares y los hombros, los músculos que recubren la clavícula y del cuello. Hago la reflexión de que tal vez cuando el agua cae desde arriba un par de metros ya está más fría por el frotamiento y el contacto con el aire.
Pienso si quiero hacer pis en la bañera; es una marranada, lo sé, pero a veces supongo que es tu prerrogativa. Me preocupa el sedimento de ácido úrico porque ni de coña voy a limpiar el baño inmediatamente. Me planteo que si dejo correr el agua no pasará nada. Muevo con el dedo gordo del pie el taponcito de agujeros que uso para evitar que los pelos bajen cañería abajo, me pinzo el pubis con los dedos y calculo más o menos cómo dirigir el chorro de pis caliente. Tengo bastante puntería y fuerza, será por mi capacidad eyaculatoria. Hay cachivaches en internet de chicas para poder mear de pie. En los foros hay agradecimientos al fabricante de parte de mujeres que trabajan en ambulancias y mujeres policía. No sé si es cierto, pero Ojitos Verdes, mi novia holandesa, me dijo que ella sabía hacerlo sin nada. En la página web te lo explican cómo sin bajarte los pantalones. Yo, tras hablar con Ojitos Verdes me dio vergüenza ser una ignorante tan grande y haber pasado mi vida adulta sin saber estas cosas que pudieran ser tan útiles en un momento dado de emergencia para que no te pillaran con el culo al aire, literalmente. Ese día lo probé en casa sin aparato, y fue un desastre. Sólo tienes que utilizar los dedos, sujetar, apuntar y controlar el tiro. Hablé del tema con un amigo y él me dijo riéndose pero en serio que los niños aprenden con sus papas y que tampoco es fácil atinar a la primera.
No sé si me siento avergonzada de mear en la bañera o paso del tema, pero a continuación cojo la esponja para limpiarme el cuerpo. Estoy tan despistada que pongo suavizante de pelo en vez de gel de baño en la esponja. Pienso que no es deterioro cognitivo causado por la falta del ácido fólico y la interacción del Lamictal, sino cansancio. Aunque me viene a la cabeza que esta mañana casi vuelvo a poner las bragas en la papelera en vez de en tonel de la ropa sucia, que es el cuádruple de grande y blanca como la leche, enfrente suya. Es mosqueante, pero estoy demasiado cansada para pensar mucho, y además, esta vez no llegué ni a abrir la papelera, fue más bien una especie de acto reflejo. Decido utilizar el suavizante de la esponja y me mojo el pelo, demasiado trabajo el lavárselo, y lo peino con los dedos. Es sábado, mi día de lavármelo. Cuando estaba deprimida no me lo estaba lavando, al igual que los platos, la ropa, el suelo de la casa, etc. Eso es lo que pasa.
Me tira y me hace daño, y continúo haciéndolo sujetándome las raíces con la otra mano. Me pregunto si cuando me lo lave en unos días y me lo peine con el suavizante se caerá mucho pelo por el efecto del Lamictal. Pero no parece. Me congratulo de que el ácido fólico esté haciendo su trabajo. Me alegro mucho y sonrío para mí misma por lo lista que soy habiéndolo encontrado yo solita.
Mientras el calor invade mi cuerpo me pongo a pensar no sé por qué en ser bipolar y en el método Da Vinci de Garret Loporto para bipolares, y en la genial idea escrita en el libro sobre visualizaciones. No visualizo, pero me propongo hacerlo para encontrar soluciones a las cosas que tengo que solucionar próximamente. Se trata de hacer una relajación y dejar la mente suelta, sin forzar pensamientos, pero sin meditar, y fijarte en las imágenes que te llegan. Yo seguí este método en una ocasión y me imaginé a un jefe indio fumando una pipa de la paz con un tremendo coso de plumas de esos de los jefes indios que se ponen en la cabeza. Era una escena antigua. casi sepia. Y me di cuenta de que estaba muy preocupado por mi hermano porque seguía fumando a pesar de la neumonía, y que debía comprarle cigarrillos sin conservantes de ácido sulfúrico, no me acuerdo cómo se llaman, pero tienen la imagen de un indio americano fumando una pipa. Es una imagen tipo cómic. Se los compré pero no sirvió de mucho: no le gustaron, a pesar de ser light son bastante fuertes, y se pasó de nuevo al Camel y al Marlboro light. Pero bueno, yo intenté hacer algo y me di cuenta en ese momento que me preocupaba mucho el que mi hermano fumara y le tuvieran que llevar de nuevo a cuidados intensivos por otro brote de neumonía si no se cuidaba.
Procedo a lavarme los dientes, y pienso en cuánto lo aborrezco por ser un tiempo muerto. Me gusta lavármelos concienzudamente, con hilo dental, líquido natural, cepillo eléctrico, etc. Pero lo odio a muerte, si no tuviera que hacerlo sería feliz. Hay algo en ello que me calienta los cascos y me revienta los huevos. Siempre intento hacer algo más mientras me los cepillo, pero es un desatre porque me mancho la camiseta y el pantalón de pasta mojada, se cae encima de la mesa del ordenador, el suelo y deja mancha. Es odioso. No me queda Sensodyne, que es carísimo, y no sé si lo voy a comprar, tengo que cuidar mi economía ahora que no estoy trabajando si quiero estar varios meses bailando la jota de alegría viviendo de mis ahorros y soñando como Segismundo; bueno, más bien al contrario de Segismundo (de La Vida es Sueño) ¿no? Me acuerdo en este momento que la otra pasta, la natural de bicarbonato del herbolario casi me arranca el esmalte a tiras. Era demasiado fuerte; allá quedaron atrás los años de Arm & Hammer, la mejor pasta de dientes del mundo que compré por primera vez en San Francisco tras aconsejarme una beauty de allí con la que ligué. Esta pasta es muy suave, tiene bicarbonato pero te acostumbras al sabor, es natural y lleva peppermint orgánico. Qué rabia que en España no se venda todo lo que quiero. Pero bueno, siempre puedo pillar cosas por internet (cosa que hago profusamente, sale a cuenta incluso con los gastos de envío, y me proporciona una inmensa felicidad). Mi tía G. siempre llega a casa cuando me estoy lavando los dientes y me grita porque según ella es una horterada y un alarde falso de limpieza el hacerlo. Como cuando me lavo los dientes no puedo estarme quieta mirándome al espejo sino que vago dando paseos por la casa, siempre me encuentra con el cepillo colgando por ahí cuando llega a casa a ver a mi madre e inspeccionarnos a nosotr@s. Es una maldita casualidad que pasa muy a menudo. Mi tía me calenta la cabeza con esas cosas y con que por qué no cojo un trabajo de profesora de inglés, que paga bien, hay vacaciones y no se da ni golpe. No es capaz de escuchar ni de entender mis razones para no hacerlo, se las pasa por las narices y continúa otra vez con la avalancha de críticas. Es muy de mi familia materna. Ojitos Verdes, mi ex holandesa me dijo una vez que echaba de menos el verme por la casa con el cepillo de dientes colgado de un lado del labio. Lo dijo con ternura.
Ya arreglada voy a casa de mi vecino y le aviso de que me voy, y él entra en casa con el portátil suyo. Hablamos, no sé por qué, de hacer deporte. Yo le digo, apuntando a mis zapatillas nuevas y enseñándole que son buenas porque tienen refuerzo en la suela para el asfalto, que voy a volver a correr otra vez. Él me dice que no hace deporte desde hace ... la tira. Le pregunto si desde la última vez que fuimos a correr juntos; me mira con cara de susto y me dice que casi. Puf, eso fue hace casi un año. Le empiezo a hacer un masaje en el cuello porque yo me llevo estirando toda la mañana para contrarrestar los calambres musculares y tengo práctica, y él está lleno de cric crics y tensión muscular. Yo le digo para consolarle que las personas que estudiamos o trabajamos mucho sentados enfrente del ordenador como es nuestro caso (él ha terminado su tesis doctoral en febrero) tenemos problemas de elasticidad si no hacemos ejercicio, se nos carga el cuello y nos machacamos las lumbares de tanto culo quieto encima apoltronado y comprimiéndose en la silla. Él dice que estaba pensando unirse a un club de deporte, hacer tenis, esquiar, y yo le digo que todo eso son chorradas, y que es lo típico que va a retrasar toda la vida y terminar no haciéndo porque no es práctico comprometerse. Le hago la promesa de llevarle a correr al Retiro cuando vuelva de sus vacaciones. Lo voy a cumplir, es también una promesa a mí misa. Tengo ganas de correr.
La casera está por ahí al marcharse D. a su casa y le pregunto a la casera que cuánto pide por el alquiler y me suelta una barbaridad. Estoy pensando en el Hombre Cansado. Me cuenta chirigotas sobre la comunidad y la hipoteca. Nosotros pagamos la comunidad y es una miseria, no es casi nada. Se lo comento y me mira extrañada y un poco avergonzada por la puta mentira. Luego se hace la guay diciendo que si hay buen rollo con la persona a la que interese el piso y está trabajando no le cobraría los dos meses de fianza. Manda huevos.
Digo que me piro y mi vecino dice que él tambien, y decimos adiós a los caseros. el hombre me sonríe sospechosamente, tiene pinta de chulo de playa. Me pregunto que por qué ha habido tanta tensión con la casera en nuestra conversación. No tenía que haberle dicho nada ¿no?, callarme como una cuca y ya está. ¿A mí que me importa esta tía y la barbaridad que quiere cobrar por el piso? Además, los precios están bajando, quiera ella o no. D. y yo tenemos un montón de bolsas de basura. A D. se le caía una de las manos, aunque no era pesada, y se la recogí, y él a cambio me bajó la caja de cartón larguísima de la estantería que desenvolví el viernes y que pienso instalar para los altavoces de montaje (nombre científico: monitores de sala).
Le digo que paso de la prohibición de no sacar la basura hasta que los cubos estén en la calle, él dice que le da igual también (no creo que se lo haya ni planteado). Separa las bolsas para reciclar una de ellas, y yo no digo nada, me callo como una perra, porque estoy demasiado cansada para ir de cubo en cubo, y tengo una bolsita (que ahora no sé cuál es) con unas cuantas latas de atún y unos plásticos, pero las echo todas en el mismo cubo con la excusa del cansancio. No me doy cuenta, pero me dejo la bolsa verde del muesli encima de la caseta de cemento de los cubos.
Fuera están los caseros, esperando a alguien que va a ver el piso. Ya le he dado un beso a Dani y le pregunto si va al metro, me dice que sí. Pero la casera le comienza a liar con no sé qué de las sábanas ... puf, menudo rollo, y me voy. Antes de ir a casa de mi madre tengo que pasarme por el herbolario y recoger mi pedido. Al llegar ahí hay unas señoras horribles contando rollos sobre sus radiografías perdidas, etc. Un señor ha metido un par de perrillos estilo Chamberí, muy cuidados, muy repolludos, etc, ¿Deberían entrar en un herbolario?, me pregunto, me siento diabólica y jorobada porque no quiero esperar y me dan mal rollo las viejas. Una de ellas me está mirando todo el rato cuando habla mal de los médicos. Entiendo el mal rollo por lo que me cuenta la tía con su verborrera verbal, sin importarle si la escuchan o no. Me doy cuenta de que me falta una bolsa, pero ¿cuál?, hago recuento mental y me acuerdo de que la dejé donde los cubos. No me imagino a mis vecin@s robándomela pero salgo corriendo de la tienda para buscarla. Todo el mundo me mira al salir. Me llevo la crema de €20 que tenía en la mano, y me imagino mientras corro a casa que las viejas estarán poniéndome a parir diciendo que la he robado. No soporto una gran cantidad de gente mayor en Chamberí. Es insufrible, orgullosa, arrogante y me suelen tratar bastante mal por eso de que parezco guiri, pero de los países pobres. Siempre se quieren colar, como si yo no existiera, y se les tuerce la boca cuando me escuchan hablar sin acento de ningún tipo. Siempre me miran de arriba a abajo, no consiguen cuadrarme. ¿O serán mis paranoias?
Llego a casa y veo que la casera está algo nerviosa, y el casero al móvil como un poseso un poco apartado de ella. Le digo sin pensar que qué informal es la gente. Que de cinco viene uno, y no avisan de no venir. Me mira con sorpresa pero agradecida de que alguien la entienda. Cojo la bolsa del Muesli que está exactamente donde la he dejado, ahí tiesa, y salgo pitando al herbolario. Cuando llego, el hombre que había venido detrás de mí antes me deja pasar. Pero mientras me están atendiendo una cuerva que está detrás mío no hace nada más que protestar: !Ya está bien, que ya está bien!". El hombre no sabe qué bando tomar. Noto que el Lamictal va bien porque no tengo ganas de estamparla contra la pared, la tía ha llegado después mío, coño! Y encima tengo que aguantarla. Era una grosera integral, y como yo no digo nada, y la niña del herbolario se pone colorada y acelerada conmigo, la vieja se envalentonaba más. Y esto no es la carnicería, tengo que hablar con la nueva niña que ha reemplazado a Bizcochito, que echaron de mala manera, por cierto; me da rabia comprar ahí pero tengo que hablar con la dueña sobre el tema. Ella siempre me ha tratado muy bien, y se ha portado muy bien conmigo. Cuando supo lo de mi padre fue muy tierna conmigo al entrar de repente en su tienda, envuelta en lágrimas, buscando una infusión tranquilizante. Otro día me vio en la tetería de al lado de la tienda y entró sólo para ver qué tal estaba y me dio un beso. Pienso que mi actitud zen con la mujer ésta pesada se debe también al cansancio. Me han pillado en el herbolario un poco mal el pedido: tengo el complejo B, el cardo mariano, los probióticos, el aceite de borraja y el de pescado, pero le digo a la niña que no quiero tanta pastilla y dejo la mitad de las cosas reemplazándolas por extractos. Volveré la semana que viene por el Kefir en vez de pastillas de probióticos. ¡Más pastillas no, por favor!
Como en realidad voy al metro de Quevedo está camino de mi casa, y pensando en lo mucho que me ha puñeteado la vieja y lo pronto que tengo que olvidarla, llego a casa y dejo todo sin quitarme los zapatos. Al bajar hay un hombre que está montándole un pollo a un niño de unos tres años, palabras textuales: "¡Deja de poner el puñetero oso en las papeleras y donde está sucio, que ya está bien!". El niño es pequeñísimo y el hombre tiene la espalda flexionada, el niño se agarra al oso y el hombre le está diciendo todo esto a su cara, de forma agresiva, sujetándole el brazo por si el niño, pobre, se rebelara. No lo veo como violencia hacia la infancia, sino como a un padre estresado diciendo gilipolleces. La madre anda por delante con un carrito, al móvil, y se le escucha decir que a no sé quién le engañaron como a chinos en Zapatolandia. Les paso de largo y giro por la esquina de la calle Olid. No hay mucha gente a pesar de ser festivo. Paso una niña con una comba azul; hace un día agradable, el fresquito soleado me está despertando y dinamizando un poco. La calle está un poco más soleada por Quevedo. Paso una camioneta Carrefour que huele a pescado que te echa para atrás. Las puertas de carga están abiertas de par en par y la camioneta completamente vacía, aunque guarreada de suciedad y agua negra por todas partes, húmeda y pestilente. En fin, el pescado huele. A ver, oler huele. Decido coger un taxi en la esquina de La Caixa, después del semáforo, para ahorrame 30 céntimos por lo que tardamos ahí después de la bajada de bandera, joder, que ya me lo sé. Paso en el semáforo anterior de camino a la esquina a un chico ciego vestido de negro con vaqueros oscuros y bastón blanco. Menos mal que me quedan quince euros!. Es que no sé por qué le tengo tanta manía a sacar dinero del cajero. Odio tener que pedir de €20 en €20 (porque me lo gasto, herencia de no tener pasta por mi vida de artista sin dinero en Londres y Ámsterdam, y sentirme mal al ventilarme el saldo de mi cuenta antes de fin de mes). ¿Por qué no se pueden coger €10 como en Caja Madrid? Siempre envidié a mi ex de Madrid, M., por sacar €10, que en realidad es lo mismo, pero parece que no se siente tanto como una puñalá trapera.
Cojo el taxi pero el siguiente semáforo a unos metros nos frena, grrr. Qué mal he calculado. El taxista sin embargo es majo, y le suelto el mantra automático de cómo llegar a la casa de mi madre. El taxi huele a rancio mezclado con ambientador cutrillo de Todo a 100. Abro la ventana y le digo que qué día más bueno hace. Él llama al antiguo estadio del Vallehermoso por donde vamos a pasar "polideportivo Vallehermoso". ¡Ay! El pobre demolido y dinamitado Estadio Olímpico, perdona, O-LÍM-PI-CO Vallehermoso, qué narices "polideportivo", donde yo entrenaba a los catorce años con los policías que se preparaban para la revisión física, los caimanes que se quejaban de mover el culo.
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Gritos

Mi madre lleva estos últimos tres días comportándose como una madre superiora cuya droga preferida fuera el ácido. Y lleva gritándome de forma constante más de 56 horas. Grita, grita, grita, grita por todo. Grita por las mañanas cuando ella misma me llama y se le pregunta lo que va a hacer durante el día. ¡Gestiones! ¡Tu padre! Etc. No se le puede cuestionar, ni consultar, ni preguntar nada sin que emprenda la escalada hacia el grito. Es agotador y muy estresante. La que más se estresa con esta actitud es fundamentalmente ella, pero para mí esto se está convirtiendo en un sufrimiento y una tortura intolerable, porque si no le llamase o no le cogiera las llamadas no sabría lo que está sucediendo con mi padre, con mi hermano; ella no me podría enviar a hacer los mil y uno papeleos, yo no le podría aconsejar consejos que me tira a la cara con desprecio y desdén y un grito, y que luego tal vez asuma como buenas ideas y resulten soluciones a corto o largo plazo.
El viernes me llevó (se ofreció y si no la dejo hubiera gritado) a llevarme a recoger mi ordenador de la casa de una amiga. Le dije que llevaría el carrito (grito) y que iría en metro (otro grito aún mayor). Así que le dejé que me llevara pero advirtíendola que era muy lejos (grito). También le ofrecí abandonar airosamente su promesa porque si era demasiado tiempo para ella o complicado yo podía ir sin ningún problema (grito), en qué momento le había contado nada.
Así que me llevó. De camino a casa de mi amiga no hacía más que quejarse de que el tráfico iba a ser horrible, horrible iba a ser. Cuando cogí el callejero para orientarla (grito) y darle el nombre de la calle, que no le sonaba (grito), vi que ella se ponía nerviosa por segundos, porque anticipada un tráfico peor (porque realmente no había tráfico casi, pero ella se imaginaba que el tráfico iba a aparecer como una marea súbita de cíclopes y gusanos gigantes y ensangrentados). Se creía que era seguro que cuando el tráfico le paralizara y los pitidos impacientes y horribles de los coches amontonados se volviera infernal, su vuelta sería endiablada, y no le permitiría llegar a tiempo a los otros sitios donde debía ir antes del hospital a ver a mi padre. Allí se debía someter a la tremenda disciplina de no ser escuchada ni valorada ni como médico ni como esposa del paciente por la gente que toma las decisiones sobre el futuro de mi padre, a pesar de que tod@s nosotr@s sabemos muy bien lo que hay que hacer con él: Mandarle al otro puto hospital donde por lo menos hay geriatras, psiquiatras, atención personalizada y no le van a tener atado todo el puto día como un animal.
Mi madre me estresó tanto, y fue tan negativa (como siempre) con todo lo que yo hacía o decía, que noté cómo el estrés ascendía por mi tórax hasta dar con el resorte que me mata, que apuntala el centro de mi pecho, que me dice que no puedo más, que voy a estallar, que me estoy poniendo muy, muy mala, y que hay que parar esto. Se lo advertí y le dije que me dejara salir del coche, que parara porque iba a ir sola porque me estaba matando desde hacía días y esto no podía seguir así.
Cuando finalmente llegamos a la calle de mi amiga, tras llamar ella "rico" a un chico que nos orientó malamente (yo le reproché que por qué a nosotr@s nos llama pandilla de mierdas y a la gente de fuera lindezas de todo tipo) yo le dije que se estaba volviendo papitos. Sí, da miedo cómo (y lo dice siempre ella) todo se pega menos la hermosura, y cómo, para ser más precisos, el abuso mental y la crueldad emocional se propaga como la pólvora.
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Ámsterdam

Es éso que haces cuando te desperezas y recobras tus sentidos después de dormirnos o tras una sesión larga de sofá. Se te aviva la mirada y surgen destellos de piedra semi-preciosa mientras tu cuerpo sale de su resaca ...
Y me miras distraídamente, sin prisa, y te preguntas internamente qué es lo que quieres hacer a continuación; escuchas intuiciones en tu mente como cascadas minúsculas, o choques de barquitos de cáscara de nuez, pero no sabes muy bien qué significan ni a dónde te van a llevar.
Yo te observo sin que tú te des excesiva cuenta. Veo cómo agitas las manos inconscientemente y giras tus muñecas dobladas para espabilarte, reencontrarte o revivir. Y miras a tu alrededor tras unos movimientos informales de tu cuerpo. Tal vez andas un poco por la habitación y me ofreces un vaso de agua, que yo declino, aunque tú sí que te bebes uno con los ojos entornados mirando por la ventana hacia la calle y la parte de atrás de las casas. Y sin abrir la luz del baño haces un pis medio dormida.
Yo no digo nada, y te espero con una sonrisa. Esto nos puede llevar a todo: a salir de casa e ir a patinar, o a jugar al basket; a echarnos un cine, ir a cotillear ropa o cachivaches elctrónicos y analógicos de segunda mano para mí. Coger las bicicletas y salir despedidas cuesta arriba por los canales, o esperar hasta la noche si hay concierto en Paradiso. Podríamos ir al Vonder Park y tumbarnos para absorber los últimos rayos de sol de la tarde y sentirnos en olor de multitud. Tal vez no sea demasiado tarde para una tarta de manzana caliente casera con nata montada a la entrada de Westerstraat. Podrías animarme a llamar a gente y quedar para hablar de mi corto, mi largo o de sus proyectos. O quizá ir a otear las casas barco amarradas en los canales, porque alguien que conoces vive en una.
Yo te sigo esperando sin que te des cuenta con una sonrisa.
Cuando vuelves a acercarte, con semblante hundido en tus cosas y pensamientos, y captas mi mirada fijamente envolviéndote, te agachas y te apoyas sobre mi vientre y me besas en la boca. Algo ha hecho clic en tu cerebro y has decidido hacerme el amor.
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Caballitos de mar
La Piscis medita en la superficie y busca desesperadamente estrellas de mar y caballitos de ojos vivaces y soñadores en las profundidades marinas, inducida por su sueño . Es importante descansar de la educación porque ... "lo esencial es invisible a los ojos" - (el zorro al Principito) Desaprender a desenseñar ...
El poso salvaje de los deltas serenos...¿dónde van? ¿por qué me dijeron que los mares morían en el mar?
A veces con la contradicción de enseñar a aprender... el fondo marino la calma, y le asegura que en vez de educarte hay que aprender a pensarte. Cada día está más lejos del sintagma nominal (le encanta la palabra sintagma)
Me encantaban las clases de lengua: María Moliner, Fernando Lázaro ...
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Tatuaje

No te vas a acordar,
son pensamientos de sueño,
izados al viento de los idus de Morfeo.
Ya no quieres volver a abrir la luz y despertar al intelecto,
abandonar la calmachicha de tu dormitar encadenado
a pompas de sangre caliente y venas en tus manos
bombeando regueros de vapor,
y el latido de pájaro carpintero por tu corazón en tu tórax
tac tac tracatac
Va tan deprisa, que si te duermes de lado se desatan las tempestades
en las venas de tu cuello
tac tac tracatac
No es tan rítmico como debiera por los ecos con el hueso que lo hacen dubitativo.
Esta vez no quieres abrir la luz, dinamitar el conjuro de los hados en tu mente
cansada
cansada
cansad
a ...
Y decides hacerte un tatuaje para siempre
con el bolígrafo de tinta eyaculada
con tus visionados, reciclados, refugiadas
ilusiones y arrebatos
pensamientos y alucinaciones
flores de un día
Un tatuaje azul marino
como la sangre de las olas atrapada por la espuma
No enciendes la luz, no es necesario
Esa mente enfervorecida, enardecida,
entusiasmada consigo misma
la esponja
Y te reescribes a ti misma en la piel suave y frágil de tus muñecas
y te punzas con dolor el dorso de la mano
y te dibujas tus anhelos en los nudillos
y tal vez mañana ...
cuando te levanten los luceros de las proas de los barcos
te preguntes quién te ha pintado en la carne trémula
las cartografías de tu pecho encendido
No te acuerdas?
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sábado, 4 de abril de 2009
Pasión
Ayer me acosté a tiempo de poder levantarme esta mañana pronto para ir al hospital a ver a mi padre, pero cuando estaba en la cama no hacían más que venirme ideas sobre cosas que quería escribir, y terminé encendiendo y apagando la luz constantemente y apuntando las ideas en la Moleskine que guardo arriba, sobre el nivel del agua en mi litera. Tras un buen rato así, me prometí fervientemente no escribir nada más aunque fuese una idea genial porque si no iba a ser la segunda noche que iba a pasar en vela sin descansar, pero en cada ocasión mi impulso era más fuerte que mi voluntad, y forzaba a mi cuerpo a enderezarse y pillar el boli Pilot y la Moleskine una vez más, una última vez, que no era tal.
En estas se me llegó a caer el Pilot al suelo, lo que hubiera sido una excusa perfecta para apaciguarme e intentar dormir, pero a pesar de mi cansancio total, las dos horas que había dormido en las últimas 48 horas, me bajé de la litera y descolgué mi cuerpo para intentar encontrar el Pilot, chocándome con las cosas a pesar de haber dejado todo ordenado y de conocer intuitivamente y al milímetro las dimensiones de mi habitación. La pulsión de pensar, encender la luz, pillar la Moleskine y el Pilot continuó un par de horas más que se me hicieron eternas. De hecho, para quitarme esa sensación, me llegué a levantar y encender el portátil, cuya pantalla lucía reverberaciones azules en la oscuridad, y escribirte una carta cuyo borrador acababa de crear multiplicando la velocidad a la que normalmente escrito en la Moleskine, aprentando la punta del Pilot y tergiversando mi letra por la pulsión creativa hasta el punto de no poder leer muchas de las palabras que había escrito.
Entre estas pulsiones e ideas descabelladas mi mente se hallaba en la más absoluta de las efervescencias. Con los ojos cerrados el cansancio físico y emocional activaban el sueño REM con la velocidad turbo max, y entre los intentos por caer rendida en los brazos de Morfeo yo notaba el movimiento de mis ojos debajo de las pupilas, en un extraño estado de sueño despierto difícil de explicar. En algunos foros de gente que toma Lamictal explican que uno de sus efectos secundarios es el del insomnio y los vívidos sueños. Yo no he sentido insomnio con el Lamictal: mi medio insomnio estaba causado por el cambio forzado de biorritmos que había generado el pasarme casi una noche entera solucionando cachivaches y delitos informáticos en los Macs, el portátil y el router wi-fi, y el cansancio consiguiente tanto físico como mental que a veces no te deja dormir tampoco.
Pero la verdad es que sí que notaba con los ojos cerrados algo así como estrellas fugaces que explotaban y viajaban creando estelas de colores como fuegos artificiales, y enviando con lentitud pero marejadas de ondas de diferentes densidades, gamas de grises y colores pastel que mis ojos enviaban de derecha a izquierda en este sueño inducido por el insomnio y el cansancio.
Una vez estuve casi dos días y medio sin dormir en Londres cuando tuve que exponer mi trabajo de escultura y pintura en la escuela de arte St Martins, en Charing Cross. Creo que es el mayor tiempo sin dormir que he logrado aguantar, no suelo hacer estas barbaridades. Pero la noche anterior y la de antes me la había pasado creando un molde de escayola de los pies de Armel (que salió precioso y perfecto con todos los detalles de sus venas, sus fuertes tendones y su musculado empeine -era la primera que lo hacía), otro molde de cera de sus manos, y una instalación que incluía versos escritos por mí. El molde de escayola era de sus pies y unos diez centímetros por encima del tobillo, y había colocado espigas de trigo seco pintadas de pan de oro saliendo de los ies antes de solidificarse la escayola.
También hice un cuadro con una fotocopia del Cristo de Velázquez y un marco de papier marché tintados de témpera blanca. Completaba la pieza un rojo corazón de Dalí atravesado por las saetas de unas flechas que eran clavos de la cruz del Cristo metidos en una cajita de madera adornada con cuarzos de colores que compré en el mercadillo de antigüedades de detrás de la estación de Angel. El corazón era un nabo con una preciosa forma cardiaca, y lo había pintado de un rojo bermellón encendido, con toques de amarillo en las heridas atravesadas de los profusos y planos clavos de hierro. Un verdadero corazón flameante. Se trataba de una visión muy personal y simbólica de la sangre de Cristo, la pasión, y como siempre de mi vínculo personal con el amor platónico que continúa hasta ahora (esto lo hice a los 23 años)!
La exposición colectiva del alumado de primero, en general fue un éxito pero yo tuve problemas. Estaba con Andrea, mi novieta de entonces, que tenía el mismo color de tez que yo y el pelo muy parecido al mío con sus rizos contorneados, redondos y prietos (tal vez más pequeños que los míos, como la lana gorda al desenrollarse). Su pelo era una melenita longitud corta, unos milímetros por debajo del lóbulo de las orejas. Ella era más alta y más andrógina que yo, una londinense del sur (creo que era de Brixton o Streatham), con sus eternos Levi's 501 y botas Timberland de cuero vuelto amarillo. Yo era más delgada, y ella más fuerte y de huesos más grandes, y la gente falta de imaginación nos preguntaba siempre si éramos hermanas, lo que podía haber sido, aunque mis ojos son marrón miel con unas pintitas que a alguna gente les parecen verdes, y los suyos eran oscuros como el barniz marrón profundo, tan preciosos.
Recuerdo perfectamente que después de hacer el amor se sentaba en la cama y sin perderme de vista suspiraba y se echaba el pelo hacia atrás quitándoselo de la cara, como intentando pillar más oxígeno, o dándose cuenta de la pasión que le había revolucionado todo el cuerpo. Y luego siempre tenía que marcharse porque vivía en casa de sus padres, lo que a mí me chocaba muchísimo entonces en Londres. Mi pelo también se me pone en la cara si no tuviera una banda de punto fino que siempre llevo, aunque en casa lo llevo tal cual me levanto hasta que me pone de los nervios. Por aquel entonces lo llevaba largo y el sol lo había dorado en algunas zonas. Mi madre me ha dicho que desde pequeña cuando me peinaba ella había visto las mismas canas en la parte de detrás de mi cabeza. Al darme el sol tengo donde las sienes unos mechones mucho más claros que el resto de mi pelo moreno, y este efecto contrastaba mucho con el tono miel de mis ojos. Supongo que es el contendiente natural de los highlights que la gente se hace en la peluquería. Ahora como llevo la banda no se me ven tanto.
La mañana de la exposición colectiva de mi año (que yo había encandenado con las dos noches en vela anteriores con sus correspondientes días) perdí la capacidad de enfocar con la vista, y fue crítico porque me faltaba pasar a limpio los versos de la instalación. Una señora del registro de la escuela, ante nuestro pánico una hora antes de que la galería de la escuela abriese sus puertas al público, me dejó usar su máquina de escribir, pero recuerdo que tuve que explicarle que no había dormido y que no veía nada bien: todo se había vuelto gris, el sueño me había invadido el cerebro y mi sensación del espacio y las formas estaba visiblemente alterada. Afortunadamente me creyó, porque me imagino que todos los años habría alumn@s haciendo burradas de ese tipo durante los últimos días antes de la exposición. Esta señora, con una dulzura que todavía recuerdo, pasó ella misma a limpio cuidadosamente y con mucho respeto e interés los versos que le entregué escritos a mano, sin poder yo leerlos, aunque sí que los iba corrigiendo al vuelo. Me alegro de que me creyera y no pensara que estaba drogada o algo por el estilo; en todo caso, su ayuda fue importantísima para mí, porque no concebía mi instalación sin la poesía ni las etiquetas de los objetos,que como un religioso y abigarrado tableaux mexicano representaba los conceptos más pasionales y sacrificados de mi alma.
No tengo ni idea de lo que Andrea pensaba de todo esto. Ella apenas había estudiado y llevaba incorporada al mercado laboral de los 14 años, aunque tenía más o menos mi edad. Me observaba con curiosidad y calma, y me ayudó a caminar y a cruzar las calles y semáforos cuando yo empecé a perder la vista por la falta de sueño, y de forma silenciosa se quedó conmigo todo el día en segundo plano, mientras yo le contaba a mis compañer@s de clase que llevaba cincuenta y pico horas sin dormir (tal vez habría alguna hora perdida por ahí que sí había dormido, no me acuerdo, supongo ...). Cuando le preguntaba que qué le parecía mi trabajo y el de otra gente sonreía incómoda y me decía que a ella ese tipo de cosas no le interesaban mucho.
La exposición fue un éxito, como todas las de St Martins. Los galeristas venían a ver el talento fresco británico y europeo, y, aunque se trataba del alumnado del primer año, los trajes caros, las chaquetas de pana fina y los hombres con pelo engominado peinado hacia atrás con una sonrisa de apreciación e interés abundaban por la sala. De eso si me acuerdo, antes de perder la mayoría de mi percepción visual un par de horas más tarde. Mi instalación no estaba completa hasta encender unas velitas redondas y planas, de las que se ponen flotando en el agua, y la luz dorada que reverberavan sus llamas hacían que mi pieza destacara ligeramente de las demás gracias a ese nuevo elemento: el fuego, que se unía a la sangre, la pasión, el dolor y la vida.
Tuve que salir a hacer algo y cuando volví me encontré conque la gente estaba aplaudiendo y me miraban con interés al acercarme a mi instalación. Del tumulto surgió el conserje con el semblante enardecido y rojo como un tomate. Llevaba un extintor en la mano y tenía cara de malos amigos cuando me reconoció como la alumna que había encendido las velas aparentemente sin permiso, con tan malísima fortuna habían incendiado las espigas de trigo secas y puesto en peligro la seguridad de todo el mundo. Mi instalación se quedó cubierta de algo parecido a las cenizas de Pompeya debido a la espuma oportuna y rápida del extintor que evitó males mayores. Pero curiosamente el cuadro del Cristo de Velázquez con la fotocopia en blanco y negro cubierta de barniz había sobrevivido al fuego y tan sólo mostraba tras la combustión y el sifón de espuma del extintor un ligero reverdecimiento y enrojecimiento de parte del barniz transparente que protegía la imagen. Esto lo atribuí a que el lado mágico y espiritual de mi trabajo había custodiado su protección frente al fuego. Mi Cristo no quiso extinguirse. Y de hecho lo he llevado de país en país y lo he tenido siempre en mi casa desde entonces. El año pasado se lo regalé a mi madre pensando que le haría ilusión como a mí me ha hecho tenerle tan cerca, y creo que lo escondió en algún sitio, como siempre que no quiere decirte directamente que algo no le gusta, y ahora ha desaparecido del mapa. Pero tanto a mis libros como a mi Cristo los recuperaré muy pronto cuando ponga más estanterías en mi casa y diseñe de nuevo el espacio en las paredes.
No estuve mucho más tiempo con Andrea. Nuestra pasión se deshizo como la de mi pieza en St Martins debido a la falta de comunicación entre nosotras a pesar de su ternura, dulzura y belleza. Ella era de otro mundo donde los sentimientos no se expresan más allá de las miradas de deseo de un extremo a otro de un local oscuro donde nos encontramos por primera vez.
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