
He sentido la tentación de escuchar unos vídeos hoy sobre la realidad, pero al final he pensado que soy yo quien lidiar con esos conceptos en momentos solitarios de reflexión, como hago aquí. Y conseguir dilucidar el significado y corporalidad de esos reflejos que no son tanto del intelecto como del corazón.
Y también ejercitar el músculo del recogimiento, aunque no parezcan evidentes sus efectos a corto plazo, que sí lo son, porque al final me provocan ganas de escribir, que es una de las mejores sensaciones del mundo para mí. Respiro libertad y autonomía, y puedo enlazar los pensamientos y emociones durante el día con esa corriente narrativa que intercede con la escritura.
Ahora mismo me está faltando el tiempo. Me quedan apenas 15 minutos para arreglarme y marcharme, así que debo ponerme en movimiento. Pero me alegro de haber estado este ratito, cuando todavía tengo la almohada pegada a la cabeza y me pesa el sueño.












