miércoles, 28 de mayo de 2014

Route 66


No sé cómo comenzar a contar mi historia. Es una narración desplazada, tórpida y válida sólo para mi recuperación. Escribo para no desaparecer, para reconocerme, para existir. De otro modo tengo la sensación de que no pertenezco a la vida, y que ésta transcurre de forma paralela a mi lado sin compartir experiencias conmigo. Pero hace tiempo que busco sublimar esta alienación realzando, confirmando mi personalidad, mi potencial. 

En estos días he perdido la sensación de sustentarme frágilmente en el suelo. Y vuelvo a las andadas con cierta incapacidad de movilizarme, de hacer aquellas cosas que son importantes, que me devuelven la dignidad. Ahora me he convertido en una persona en la clandestinidad, invisible para el ojo ajeno, incomprendida, tal vez. En estos momentos sólo quiero aliarme conmigo misma. 

Cuando estoy con mi madre la sensación de renuncia es muy fuerte. Renuncia a quien soy, renuncia a ser entendida. Muy a menudo me siento arrinconada, y el otro día lo que sucedió posiblemente es en cierto modo comprensible, porque ella no está al tanto de las cosas que me hieren. Pero no puedo echarle a ella la culpa de lo que me pasa. 

No estoy lo suficientemente dentro de mí para escribir literatura creativa, y esto supongo que pasa de vez en cuando, y tengo que aprovechar los momentos en los que es posible, y el resto de tiempo reservarlo a la reflexión, a la ingestión y asimilación de información, el avance por el terreno creativo que tras el barbecho solicite mi colaboración. 

Pero por lo menos me gustaría describir de forma fidedigna lo que me sucede, porque escribir es simplemente capturar el momento, sudar sangre, y ahora es el momento para que yo lo haga, sin rodeos, sin obstáculos. 

Me encuentro paralizada con lo que parece una tendencia hacia la nada, pero al mismo tiempo esta parálisis está afianzada en una tremenda fuerza gravitatoria que solamente quiere forzarme a estar de brazos caídos, a no llevar a cabo ciertas tareas, alejarme del mundo. Y es una tremenda fuerza, supongo que igual de fuerte que la que compele a vivir intensamente. Es como si la energía motriz se encontrara dirigida hacia adentro y me impidiera actuar. Así que por lo menos tengo que sentirme viva en esta apatía que sí que me está permitiendo, paradójicamente, a absorber y mostrar atención sobre lo que me rodea.

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