jueves, 15 de julio de 2010

Formas


Mi cuerpo biselado en una forma nómada opaca al echarte de menos entre mis brazos esta noche.


Tengo la retina ahumada por el pesar. Pero te tengo ...

Tía Nines



Luz velada y empellones intransigentes, fieros. Entregas de viandas a la mujer ciega y cruel que arrebata flores fervientes anhelantes de vida. La dama helada roba capullos de algodón en rama que lloran pétalos cárdenos para que los ríos se remuevan engalanados de guirnaldas y flores nuevas.

Ella débilmente rehúsa la invitación, pero finalmente se deja llevar y la serenidad la invade, la densa niebla del adiós, su vida entera frente a sus ojos. Llamas de fuego le vas a llorar, le llorarán siempre lágrimas de tafetán rojo, inmensas madreselvas, a la nieta del pintor que dulce jugaba y que retorna ahora a la trastienda de su niñez. Y las hermanas la cercan, la abrazan con las manos ancladas en círculo, le arrullan en el último adiós inolvidable, el de la vida al fin marchita pero vivida noble.

Una preciosa nana con celestes brillos, con inmensas ramas, con felices sueños se descuelga de una red de campanillas tiernas colmadas con hojillas verdes recién florecidas de entre sus brotes. Todo el mundo la quiere; los suspiros se enardecen, las semillas de los árboles que plantó son fuertes troncos ya que la rodean en el oasis de un bosque fantástico, lleno de amor impermeable a la muerte que nos la quiere arrebatar.

Mi tía bonita dijo adiós con una leve exhalación del alma.

A mi tía Nines, que murió el lunes pasado

Bosquejar


Entrelazada en sendas borrosas que llevan a bosques desenfocados llenos de presentes y futuros.


Bosquejar

Y haber amado

miércoles, 14 de julio de 2010

Nácar


El destino nacarino nos adelanta en deseo


Lo importante es hacer cosas, lo importante es hacer cosas ...

Lo que el destino pensó antes, ahora sucede

irremediablemente

Si el destino te abandona ....

estás perdida

martes, 13 de julio de 2010

Alveolo


Es una tristeza que se arrastra después de múltiples alveolos de dolor.

Poder


Qué vergüenza no escribir. Pero no quiero o-ír-se.


Pensé que llevaba más tiempo muda, pergeñando remiendos en retazos de tela encerados donde practiqué de niña el coser botones.

Echo de menos los objetos que en mi niñez te impresionaban la retina.

No consigo sobreponerme. Si me quedo así toda la vida será una terrible pérdida de tiempo. Incapaz de comunicar, de ser, queriendo sentir sin poder. Ya no es ser o no ser, es poder o no poder.

Pero debería estar aliviada que esta noche estoy pudiendo más que por la mañana. El no escribir es la parábola también de cómo la vida salta entre mis días y sólo deja su impresión preciada y luminosa entre salto y salto.

Son días en los que podría gozar si pudiera leer. Voy a intentarlo, tal vez no esté todo perdido.