martes, 13 de julio de 2010

Poder


Qué vergüenza no escribir. Pero no quiero o-ír-se.


Pensé que llevaba más tiempo muda, pergeñando remiendos en retazos de tela encerados donde practiqué de niña el coser botones.

Echo de menos los objetos que en mi niñez te impresionaban la retina.

No consigo sobreponerme. Si me quedo así toda la vida será una terrible pérdida de tiempo. Incapaz de comunicar, de ser, queriendo sentir sin poder. Ya no es ser o no ser, es poder o no poder.

Pero debería estar aliviada que esta noche estoy pudiendo más que por la mañana. El no escribir es la parábola también de cómo la vida salta entre mis días y sólo deja su impresión preciada y luminosa entre salto y salto.

Son días en los que podría gozar si pudiera leer. Voy a intentarlo, tal vez no esté todo perdido.

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