lunes, 31 de diciembre de 2012

2013




domingo, 30 de diciembre de 2012



 


Don't shoot the pianist


It's an easy going game. 

sábado, 29 de diciembre de 2012

Pareado


El ritmo de la frase es el de las velas alzadas. 

viernes, 28 de diciembre de 2012

Live from within


Staggering new birth.

jueves, 27 de diciembre de 2012

Encadenadas


La lucha contra la muerte no es una lucha desigual. A la muerte se la vence o se la combate en el campo de batalla. Eres tú o ella. Pero la muerte también te enseña a pelearte por la vida, a sanarla, porque la muerte puede ser muy rápida, muy sencilla, muy elocuente en su brevedad y en el cuerpo a cuerpo, cuando sólo existen las distancias cortas. Te mantiene sensibilizada con el sufrimiento, pero también presente en la ausencia, por su brutalidad, su silenciosa inoculación de la pérdida, de la despedida, del no retorno.

Te inmuniza contra aquello que te impide seguir, enfrentarte, dinamizarte, ganar. Las dudas te las desvela, el dolor lo retrae y te despeja la mente para actuar, para ser tú misma, para no rebelarte, para brillar. 

Hablan de las estrellas como en cuento de hadas. Pero las estrellas existen al igual que las almas. Esa mirada de mi padre en la foto de médico que alumbra mi mesa de escritura, esa sonrisa de estar ahí, de querer vivir, de pensar en el minuto siguiente que ahora no existirá para él, pero para mí sí. Quiero continuar, quiero vivir, quiero olvidarme de esta muerte a la que le arrebatamos minutos, segundos inigualables, momentos de gloria, de exaltación, de felicidad franca y buena. esa muerte que me ayudó a recuperar el valor, que me enseñó a tararear música mientras me desplazo por este tiempo que ya no tiene el mismo sentido, que ya no grita sus huidas, que desvanece las dudas y las réplicas. 

No me das miedo, simplemente me perteneces. Mi padre, como siempre, te habló de tú a tú. Así era él. Así seré yo. 

Safe


He paused, watching me, and then looked down to his cognac. ‘You play it safe long enough,’ he said, in a different tone, ‘and you’ll end up trapped in your own dirty body, forever and forever and forever—like me.” 

—James Baldwin 

Savia


Hay una gran cantidad de palabras que se deslizan en esos cansancios y ni siquiera se difuminan.  

Sobres


Un ornitorrinco. Un camaleón. Un libro. 

martes, 25 de diciembre de 2012

La marea


Esta noche tiene un reflejo mío en la ventana: el rostro orientado hacia la pantalla de un portátil encendido en la oscuridad. Las estrellas están justo detrás de la persiana. 

La calle está sola, los coches que la surcan están solos, las luces que iluminan las aceras están solas; pero todo parece iluminado por chispas de espumillón. 

El calor del aire acondicionado de este pequeño hospital de campaña se arrecia, se levanta y se eleva. Mi dolor de cabeza ruge y se voltea, y no estoy midiendo el tiempo necesario para llevar a cabo acciones improvisadas. 

Esta noche me doy cuenta de que necesito más tiempo para dormir, para escribir, para contar historias, para leerlas. Me gustaría volver a decir buenas noches, es como si me faltaran veces de decirlo. 

El día de ayer se repitió hace un año. Todo era tan diferente ... Mañana tendré tiempo de volver a pensar quién soy yo ahora, y acordarme de que hay personas que se fueron. Se fueron de aquí o se fueron de mi vida, por muchos motivos diversos. Hay cosas que yo también quiero recordar, pero otras dejaré que se alejen. Porque no hay más remedio, porque la vida es así. Ir y venir, vienen y van. La vida es una marea. 

lunes, 24 de diciembre de 2012

No man is an island


Me voy a dormir con mucho sueño y la cabeza bastante cansada de tanto pensar. Estoy llena de palabras, de ideas, de planes, y el cuerpo está sintiendo el peso de la materia gris. 

Me gusta darme cuenta de que estoy cansada. ¡En algún momento tenía que pasar! Me estoy sintiendo muy libre, y a la vez noto el peso de esa responsabilidad. Pero no es un peso pesado, es más bien una nueva etapa, la sensación de estar descubriendo mi fortaleza, mi capacidad de vivir, de soñar. La mente me proporciona una inmensa posibilidad de diversión, de expansión, de recogimiento, de reparación, de conexión. Me está abriendo caminos y construyendo puentes. 

No pensé que iba a ser posible comunicarme de forma efectiva con el resto del mundo. Me sorprende la capacidad de la perseverancia, de ser fiel a tu intuición, de no dejarte despistar ni salir de tu trayecto, cuando finalmente has llegado a ver el horizonte, el arco iris. Parece que cuando sabes lo que quieres, y lo haces con naturalidad, de repente brillas por ti misma, aunque te escondas.

Gracias, Papi. Seguimos contigo, seguimos por ti.

sábado, 22 de diciembre de 2012

Same as writing


I wish to refrain, I wish I could stop borrowing 
somebody else's paper, somebody else's surface 
to slide upon and crash (irretrievably). 

There is no need to use what I don't own.
Why would I not caress and stroke my
own material just because it's not here,
and I know it's not there.

Now, I might just flank of the memory's 
noticeable roundabouts, those disheartening 
realms of unanswerable pain, the rapid 
trepidations of my swollen heartbeat, the very 
unmatchable confusion from which to bleed 
the alert consciousness that I ignored in the past.

And the beat goes on.

I will not serve my past superficial 
immersions iviolent acts, nor the 
antagonistic views that I once held.

And

Wherever the word awaits quietly,
I shall surpass barriers and tread on 
obstacles to chase the writing, to seize 
the day when I finally hollered.

I will not give myself any reassuring promises
of the value of this inner feeling. I will just 
wrack uand scathe the words until they 
are sore, scraped from that fallow land 
no one could claim as theirs ...

Pizzaland


Calor, ocio, polvo y ansia. Y todo con una pizza ... Esta noche solo. 

jueves, 20 de diciembre de 2012

Broken English


It ... broke ...

Behind the gallery


Behind the shooting gallery, in the backyard, 
people lie down quite and peaceful. 
They rally and breathe together.

I-will-achieve-the-prize-and-carry-
water-to-relieve-their-thirst.

I hardly remember what I once felt.
It's a strange feeling, for I usually rewind and 
feel most instances of déjà vu in my rain eyes.
Those memories are burned like wax paper.
The traces are thin and live underground.

It's most unusual for I don't seem to want to go back to those quarters of my memory where I once fathomed feelings, and reiterate the need for oxygen in my lungs at every journey of my breathing.

I wish I didn't have to think about it.
Same memories, same losses,
same disappointing routes and rerurns.

I don't want to feel drained when 
everything matters the same: hardly.

When I feel wetness I give myself the chance for a rebirth, for a celebration of hidden ceremonies, a translation of feelings into actions. 

I don't want to sink in the spirit misunderstood; I would like to grow and regard my past as a signal of cruel beauty, like imbecile pigeons that swallow pearls as bird food.

One day I must encounter the full understanding 
of the path towards uncertainty, drunken by 
achievement and lusciousness.

I still ambition to experiment with sprinting techniques, and then reveal my heart openings, those full body yawns and sexual yearnings; pace myself and rejoice in the knowing that, after all, we have what we are made of, despite irritating and inconvenient interruptions of fate and alarming stakes in fortune.

I would write then, and now I still can


Everyday is a prize
Everyday is a revelation of inspirational vicissitudes
I believe (and always have done) in the ardent light
And the fight of pompous warm air to reach heights and shapes
On
Early withdrawals
Succinct endings
Unparalleled frictions and losses
Tenures, futile attendances

Lost in the fast pace of my life I hesitate to ask you what you care to name yours
what it is you'd like to give me to keep and later own
Memories of you only carry the essence of you

I cannot create anything but quick misunderstandings and 
weak seeds of hope at the remembrance of you

I am not there, as always it seems. There is absolutely no chance to encapsulate my desire, this wish for reassurance and the need for simple love

Some dimensions of you belong to me
I'm trying to meet my expectations with extraordinary impulsiveness
With
Actions that flow over actions as in a stream of non relatedness

We are not convinced that this is what we want
As we are innocent we move with disarray upon the uncertainties

Eventually we'll go back and meet with each other diagonally. In the moment of truth and exhalation a dull pain increasingly grows bursting in my heart. This is it, I regard you as other and lose you in my imperfect calculations ...



Certain, special, lucid



To Essex Hemphill

I am reading you and I am wondering
What the verse does and when and how
You don't betray me with your words
They are piercing
And just a little uncomfortable 
(It's your non pacified rage that surmounts everything)

You wear the essence of frustration up your sleeve
It reminds me so much of James Baldwin
That ambition to reach over and win

You take home trophies and amorphous, gigantic bunches of gift flowers
And overwhelmed by emotion
by other people's searches and falls
collapse and rest by the side of the bed
which always awaits in return

The ambition for success which burns our insides
That quiet success that pacifies our spirits
that drives the mileage of cacophonies away
that works the soil and breaks away starchy weeds 
and allows new seeds to grow in the ploughed and rendering soil ...

New York, 3rd November 1994

miércoles, 19 de diciembre de 2012

Ritmos enlazados



Estoy intentando recuperar un ritmo de sueño y actividad diaria, pero me estoy yendo a dormir demasiado tarde, y tras un corto día, vuelta otra vez. 

El principal motivo es que no quiero irme a la cama sin algo sobre lo que rumiar, con lo que hacer ascender la ilusión de vivir como la espuma. Y si corrigiera el horario, seguramente todo serían ventajas, y al final llevaría a cabo el mismo plan. 

Por lo menos he descubierto que hay varias cosas que puedo hacer ahora con facilidad poniéndome a hacerlas. Ni siquiera hablo de hacerlas, sino de situarme físicamente en posición. Parece que mi mente y mi cuerpo están encantados de recordar hechos anteriores y hacer cosas por rutina, y eso es fantástico. Aunque tenga pereza en hacer esto y lo otro (cosas que deseo y debo hacer, sin embargo algo en mí se resiste), cuando me siento en tal silla, o saco esta otra cosa de la carpeta, finalmente me encarrilo, y mi ritmo se activa con ese pistoletazo de salida para seguir con su tic-tac durante las horas que sea necesario. 

Ahora son las tres de la mañana. Pero se podría decir que le he robado una hora a las últimas dos noches acostándome a las cuatro. Querría seguir escribiendo, pero voy a sacar el cepillo de dientes y dejar esto a medias. Me va a venir bien. Mañana volveré a cambiar mi reloj circadiano una hora hacia atrás, así durante el resto de días de esta semana, hasta que lo más tarde que me acueste sea a la una y media.

Aunque he de agradecerles a mis actividades nocturnas la compra de varios libros muy interesantes, un par de grandes decisiones, y el hacerme socia de un club de lectura, Goodreads.com

Pero mañana quiero sentir que voy alcanzando cierta normalidad, y, además, necesito conseguir subir el ánimo y la energía. Es muy importante. 

martes, 18 de diciembre de 2012

Tonos


Es curioso de qué color se viste la soledad. Depende del día, del momento. 

lunes, 17 de diciembre de 2012

Certezas

 Es extraño, cuando quieres creerte algo, cuando quieres que lo que te imaginas se haga realidad, o, mejor dicho: que lo que haces sea realidad, es necesario convertirte en una dinamo que simplemente lo ponga en marcha y en práctica, sin dudas, sin ponerte a reflexionar demasiado pronto sobre si fue o no una buena idea decidirse; sin querer ponerlo a prueba todavía, sin buscar resultados en seguida, sin dejarte abatir por la sensación de no ser muy buena en lo que haces, porque tal vez por esa falta de talento no vale(s) la pena el esfuerzo y el sacrificio que estás haciendo, o el ilusionarse. 

Tienes que tener muy claro que quemaste tus naves por una intuición, una certeza, una idea válidas, y que ahora no vas a empezar a traicionarte al primer silbido de aire gélido que te destape. Para creerte lo que estás haciendo tienes que hacerlo hasta que sea un hábito, una dependencia, un rasgo de normalidad.

Tienes que convencerte de que el sabor a polvo en la boca es normal, los ojos secos son normales, el cansancio atroz es normal, el perder el tiempo con algo que debería ser sencillo y que se está complicando, es muy normal; la incapacidad de que otras personas entiendan qué y por qué lo estás haciendo, es también bastante normal; que los primeros frutos obtenidos sean chapucerillos, decepcionantes, y el que tu cansancio no te permita darte cuenta de que lo que haces tiene calidad, es así: normal. Que no cumples tus plazos, que lo que haces no parece tener futuro, que no lo estás siquiera planteando como un futuro en el sentido productivo de la palabra, y que eso no importe, es normal, normal, normal.

Tienes que dejar de lado la ideas de esperanza, sueño, ilusión, etc. No del todo apartadas, pero lo suficientemente lejos para que no te acaramelen demasiado el espíritu; para que no pienses que en realidad te estás engañando porque no escuchas de fondo la musiquita de Disney. Si te metes, métete a fondo.

Es lo contrario a esperar.

domingo, 16 de diciembre de 2012

La brevedad de


Hoy, de nuevo, el día ha sido demasiado corto. Ha sido como un día racionado. Un día que se pisaba los pies a sí mismo, que se olvidaba de lo que estaba intentando alcanzar y lo que había conseguido. Que si se alargara, seguiría con esa sensación melancólica de hacerse una interrogación constante: ¿qué es lo que seguía?

Es lo que sucede a veces cuando estás en los umbrales de aquello por lo que estás arriesgando todo. Tu cuerpo es perezoso, tu día no se termina de desperezar, y siente la molicie.

Diciembre sigue cruzando fronteras. 


sábado, 15 de diciembre de 2012

Palabras


Buscando en las palabras como en una montaña de ropa vieja en un rastrillo. Rebuscando en sus significados, haciendo cristalizar tu observación de tipo cubista, tu incompetencia a la hora de resumir la largueza de una emoción, que te obliga a tararear y afinar el timbre y calidez de las frases hasta aceptar el párrafo.

Es que cuentas algo, y frase tras frase intentas volver a decirlo mejor. Y tus palabras crean caracolas, rizomas, redes polinizadas y farolillos. Y al final te das cuenta de que sí, que has conseguido describir al fin ese rojo vibrante, eléctrico y exquisito que tenías en la cabeza y que no sabías pintar con palabras. 

viernes, 14 de diciembre de 2012

Fat buttery words


Llevo tres días escribiendo sin parar. Lo único malo es que me duelen los ojos, pero no tengo más remedio que utilizar el ordenador. Tengo ganas de utilizar de nuevo una máquina de escribir, como hacía a los doce años; o simplemente escribir en folios encima de mi mesa, como cuando tenía siete años. Desconozco si Virginia Woolf escribió con una máquina de escribir Smith Corona; aunque por su diario sí sé que en muchas ocasiones ayudó a Leonard a editar sus libros en su imprenta, la Hogarth Press, letra por letra, pieza por pieza. Llenándose las uñas de tinta mientras preparaba minuciosamente la tipografía, congratulándose cuando avanzaban un par de páginas diarias más. 

Me pregunto cómo sería volver a escribir sin poder retractar(se) tan fácilmente. Llenándote los dedos de Tippex, o creando nubes de anotaciones para cuando fueras a pasar el original a máquina. Cuando hacía esto (y lo hice desde los 6 a los 21 años) el proceso entero llevaba un tiempo que no se me hacía pesado. Cada día era una decena de páginas; cada golpe táctil contra la blandura del papel o la brillantez de la tecla de la máquina de escribir establecía el ritmo, el rumbo, el encuentro con el próximo minuto, la próxima hora, el final del día y la concatenación con el siguiente. 

El teclado escalonado permitía reconocer cada palabra tuya, única, por el ímpetu que supone el choque en seco contra la tecla y el papel almidonado. Hay palabras cortas que requieren una sola mano cayendo en picado desde el aire. Otras, un foxtrot, o un vals interpretado en la máquina a dos manos. Y el golpe de efecto contra el carro al terminar una línea era suficiente para reafirmarte en el espíritu del párrafo anterior, una pausa para tomar aire, un nuevo quiebro de tu imaginación literaria. 

Cuando tenía vacaciones me levantaba por la mañana saltando de la cama con ganas de escribir: era mi pasión, mi trabajo, mi identidad. Escribir y el cine, claro. Durante muchos años llevaba un diálogo personal e interno conmigo misma y mis libros, y llegué a ser muy buena en eso. Me sorprendía incluso cuando podía compartir pasiones, narraciones e ideales (e ídolos)  literarios con otras personas. Y fue en el instituto donde pude expresarlas más cómodamente. Después con mis películas y mis guiones. 

Ahora me siento de nuevo entregada al vaivén de este trabajo, a la pasión, a la naturalidad que en mí radica. Lo que más me gusta es que de repente leer tiene sentido; empaparse de los viajes literarios, como hacía antes, es un proceso natural, necesario, alimenticio. Por fin entiendo por qué me encontraba tan entumecida últimamente en mis lecturas: había perdido el rumbo, la lógica que me permitía el diálogo con el libro, con la autora, el autor, con la literatura encerrada en las palabras. Porque no podía crear esa trayectoria que se retroalimentaba, con la que de alguna manera en la escritura respondía a mis lecturas, y en la lectura imaginaba mi propia literatura. 

He de decir que leo casi exclusivamente en inglés, pero no me voy a atormentar por eso. He pasado la etapa más importante de mi vida leyendo y mezclándome la esencia con todos los libros imaginables en castellano y traducidos, y ahora mi mente bebe y se poliniza entusiasmada con los conceptos, narrativas y rastreos que me proporciona el inglés y la cultura anglosajona e internacional. 

Me siento feliz escribiendo en inglés y en castellano. Es muy diferente. ¿Cuántas vidas posibles puede experimentar la mente? El poder beber de otro idioma me permite explorar miles de puntos ciegos en mi cabeza, imaginarlos y sacarlos a la luz. Y a veces se produce una mezcla pirotécnica de culturas y fuselajes, especialmente cuando intento decir en español algo que diría fácilmente en inglés. 

Me gusta el inglés porque tengo la inmensa suerte de descubrir palabras nuevas todos los días. Mi boca se deleita con ellas, con el sonido, el chasquido, la textura y el ritmo de estas nuevas palabras que inmediatamente enlazo con sus significados, sus sueños, sus quimeras; las mías. 

Es la pasión por las palabras que me hizo atesorar los dos pesados volúmenes del diccionario de María Moliner cuando tenía 16 años. Estos mismos libros han viajado conmigo por el mundo y han saltado de país en país cuando cambiaba mi residencia. No ha sido fácil, pero no podía dejarlos atrás (ellos tampoco querían abandonarme a mi suerte). 

Mi casa está vacía, no sé dónde han ido a parar los cientos y cientos de libros que he leído cuando estaba fuera. Y la mayoría de los que leí aquí, en Madrid, se encuentran atesorados en decenas de cajas en los altillos de la casa de mi madre. Parece ser que mi madre también desmontó mi adorada librería blanca, y guardó las barras y los estantes para que cuando yo pueda vuelva a reconstruir en mi casa. 

Pero el diccionario de María Moliner ha estado siempre conmigo. Es el libro más maravilloso que jamás he podido leer. Y nunca se acaba. 

I like wordshttp://www.lettersofnote.com/


Dear Sir:

I like words. I like fat buttery words, such as ooze, turpitude, glutinous, toady. I like solemn, angular, creaky words, such as straitlaced, cantankerous, pecunious, valedictory. I like spurious, black-is-white words, such as mortician, liquidate, tonsorial, demi-monde. I like suave "V" words, such as Svengali, svelte, bravura, verve. I like crunchy, brittle, crackly words, such as splinter, grapple, jostle, crusty. I like sullen, crabbed, scowling words, such as skulk, glower, scabby, churl. I like Oh-Heavens, my-gracious, land's-sake words, such as tricksy, tucker, genteel, horrid. I like elegant, flowery words, such as estivate, peregrinate, elysium, halcyon. I like wormy, squirmy, mealy words, such as crawl, blubber, squeal, drip. I like sniggly, chuckling words, such as cowlick, gurgle, bubble and burp.

I like the word screenwriter better than copywriter, so I decided to quit my job in a New York advertising agency and try my luck in Hollywood, but before taking the plunge I went to Europe for a year of study, contemplation and horsing around.

I have just returned and I still like words.

May I have a few with you?

Robert Pirosh
385 Madison Avenue
Room 610
New York
Eldorado 5-6024


miércoles, 12 de diciembre de 2012

I've loved you so long


Yes, I did

And that's how I understood why and when, for what. 

It's an invaluable lesson of memories in rerun. 

Unforgettable. 

martes, 11 de diciembre de 2012

Impresiones


Imprecisiones y fallos en blanco, como salvas indecisas para rememorar el tiempo perdido. Sonidos del cuenco de las amapolas para quien atienda a rozar las texturas de madera de sándalo en tu iris, los incisos del alma abierta, el pálido y mesado incendio de tu juventud. 

Lomography


As long as it takes I'll keep on following your steps, and gathering your riveting shapes in my memory into captivating and luscious thoughts. 

Cuerpos



Y el cuerpo ansía al rocío, el tomar parte y lugar, el fusionarse, el dejar de ser pensamiento y convertirse en piel que pueda rumorea a otra piel.

Quiere recoger y envolverse en la decadencia de otros cuerpos y ser ellos durante un instante, antes de abandonarlos a su suerte cuando aceche la eternidad.

Y el calor del verano y las promesas de invierno sólo emanan del cuerpo. El verdor de nuestros brotes se amaga en la intimidad.

Para poder luchar contra la bestia tuve primero que conocer sus infinitos disfraces, tuve que comprender sus poderes reales e imaginarios …

Sin ti no tengo casa, y aunque no llegue, prefiero anhelar volver a ella que alcanzarla y encontrar sus bosques quemados, repletos de cementerios de esponjas marinas calcinadas. 

El zorro perdido en Ítaca III



¿No has visto al zorro? Te mira perdido con sus ojos de plata, suspirando por el amanecer que le enseñe de nuevo el camino a casa. 

El zorro te mordisquea los sueños, pero también los vela. Te secuestra un trozo de tu mirada si la diriges hacia la frontera entre la ciudad y el bosque. 

La mente del zorro es vertical, pero su cuerpo se dobla como el de un pordiosero. No busca, espera. Te recuerda. Encuentra al zorro, y síguelo. Su sonrisa de escarcha, su lengua de humo seduce a las ortigas que mienten en el jardín. 

Ya no puedes volver. Ama, conjuga, afila, lame, aúlla, gime, mánchate. La rabia se desprenderá de ti como la piel de una serpiente. El zorro girará la cabeza y se reirá de su muda ensangrentada. 

Has entrado en casa, y no había nadie. Presta atención al zorro; él no vive en los prismas de un hogar inacabado. Prefiere el hielo. 

No te preocupes. Como el conejo mágico, siempre saldrás del la madriguera. Tus sueños y tus pesadillas conviven juntos. El pasado feliz, el futuro triste. Ahora me ves, ahora no me ves …

Pero, espera un momento ... Lo desgastado brilla!!

Y te preguntas dónde se aloja el dolor del bebé recién nacido que oxigena su piel por primera vez y siente que los días le queman. Si supieras dónde entra esa alegría que discurre como plástico liso por las calles, ese afán por expresar la vida que se te escapa.

Que no te aterre el miedo oscuro, el deseo subterráneo, las vetas y la luz afiladas del lucero del alba. El camino es el barro, es la marca, es la herida. 

lunes, 10 de diciembre de 2012

La ciudad



Los días vacíos, la nada, la hiena, tu corazón delimitado como las aceras alquitranadas, la decoloración causada por el fuego amigo, la nada del cuerpo sin resortes. En la isla finalmente has encontrado las minas que te podrían estallar entre las manos, los miedos a flor de piel que te escupen a ti. 

Ya has dado con las tramas inconexas, con la sangrante hoja en blanco, con las traiciones de los neurotransmisores agotados, con las brumas de la soledad. Y has descubierto en la nada el esqueleto osificado del zorro. La nada del sabor del sueño precario y electrificado que te causa tu miedo a la mediocridad. 

Ya, finalmente, percibes el filo cortante del salitre oceánico que te enfrenta contra las cuerdas tatuadas de tu pasado. Tu pasado torturado y transcurrido, pero pulsátil y durmiente como un virus. 

Buscas un espacio donde no te persiguen las esquinas, donde no te interrogan los armarios, no te identifican los espejos. Donde el frío no te busque, ni las prendas te obliguen a cubrirte. 

Te he leído y releído para encontrar, para entender. Y entiendo esto: el castañeo de dientes lo causan las falsedades precipitadas desde el cielo plomizo de la ciudad-emboscada. Es la nada que a veces nos puebla y nos absorbe como una ventosa sucia y humillante. Y tú siempre reaccionas ante la nada. Pero ahora que te has creado abandonarás el espino de la nada arrebatada. Te veo. Lo sé. 

Londres y su niebla de incienso plateado. En invierno el gris es tan gris, que parece pintado. En verano la ciudad parece su reflejo en el agua. En la ciudad de las mil caras recorrerás mil emociones. La soledad no tendrá ya alternativas. Es una forma de cruzar tus propias fronteras. Al alba, cerca de ese horizonte nuevo donde no incordiarán las notas de la nevera.

El sonido de la caracola errante que conjuga todos los sonidos cuando la noche cae y los niños ya no juegan, se te revelará en los huecos de tus noches en vela. Es un sueño de impronta que se olvida irremediablemente por la mañana. Tras escuchar su oráculo reverdecido, emprenderás el recuento de las imágenes de tu día, y en el recuerdo de tus carencias encontrarás ese amor recuperado. 

Amar no se recuerda. Se redescubre.


domingo, 9 de diciembre de 2012

Rosebud


Hay otros mundos posibles, hay multitud de mundos posibles, y sólo se trata de rendirse a lo que es evidente, y dejar de justificarse en un inmovilismo de resistencia. Basta de redenciones, de carencias, de búsquedas desencaminadas. Finalmente me siento capacitada para afrontar con lucidez mis batallas interiores, porque no son daños colaterales sino la materia prima de mi creatividad. 

Este mundo posible al que ya me voy a incorporar sin reservas y con exclusividad consiste en la simple expresión de los sentimientos internos, la observación de estos por medio de mi propia escritura, y también por la lectura señalizada con el puño y letra de aquellas personas que los han plasmado de forma tan concienzuda, inteligente, visceral, testaruda e inasequible al desaliento. 

La expresión literaria puede haber surgido como expresión desesperada, incoherente, desabrida, biliosa, reprensible, rota, fragmentada, incompleta, alcoholizada, alterada. Pero a menudo las maneras rábidas y personales, sin ambages, sin vergüenzas, luchando contra la inhibición de sus impulsos más fieros, plasmaron sus incoherencias y batallas por adaptar y adaptar(se) a este mundo, sin abandonar la fidelidad a su cosmología interna, como perros a su instinto zapador.

Voy a dejar de lado la obsesión por revisar las narrativas de mi historia personal, de esas horas, esos minutos, esos años. Porque no me interesa vivir en el ahora mismo ni en el mañana, y me frustra tener que pensar en el tiempo como una medida de la existencia. No me importa que sea lunes o viernes, que tenga esta edad o haya tenido la otra. Esta versión de la cartografía del tiempo se extingue en ese último suspiro como aquel de mi padre en el que no dejo de pensar. Un último suspiro, breve, sencillo; un adiós sin sufrimiento, tal vez con sorpresa, y toda tu vida se sintetiza, se termina con una exhalación del alma y del cuerpo; y a veces no te queda tiempo de revisar lo que has hecho o lo que has querido hacer, de expresar todo tu esfuerzo. Es un simple adiós al mundo en el que dejas de existir. Carpe diem!

Los sentimientos como estilo de vida, la percepción como necesidad para esclarecer tu lugar en el mundo, para continuar, para respirar, para ser. 

La escritura, la lectura, al fin. 

The whole scheme of things


Y no quieres escribir porque hay algo que te rebana la consciencia, el faldón superior del vientre, el eje de equilibrio entre tu orgullo y tu vergüenza, la consolidación de tu frágil ego humano. Quieres continuar con esta gran tirada de entelequias imprecisas, para ver dónde te llevan. Y no te (me) culpo. 

sábado, 8 de diciembre de 2012

Yo les compro los libros


Yo les compro los libros a quienes sacan las librerías a la calle para oxigenarse, a quienes no se cansan de haches intercaladas con la lluvia de la calle. A los verduleros de versos y a las espiritistas de la narrativa. A quienes saben que los libros se escriben también en jirones de papel, en amontonamientos de serpentinas, y en los fajos apretados del borde exhausto de los calendarios con todas las hojas arrancadas. 

Los compro al hombre tuerto que los vende en su puesto trasnochado de la feria del libro a la 1 de la madrugada. Cuando él recuerda los títulos que todavía no ha vendido y se chupa el dedo para recorrerlo por los lomos de los libros de ocasión (ya que su memoria es táctil), su ojo de cristal está pendiente de los ladrones de libros (todos estudiantes). 

A la anciana y anciano que cerca del metro de La Latina hacen un top manta improvisado cuidándose mutuamente, con el miedo atávico de la guardia civil todavía calado en sus huesos. El hombre es menudo, y por el privilegio de la edad no tiene reparo en decir las cosas sin decoro. Y ella, la ancianísima camarada republicana, me coge de la mano con la suya, finísima, pálida y arrugada, para contarme que todavía oye enemigos en el hueco de las escaleras, y en el eco de su buhardilla parapetada con cartones para despistar al frío viento y que se marche con su música siniestra a otra parte. 

La madrugada es hora de vender libros. 

Cosas que no sé hacer


Planear esos días libres, pensar que llega mi cumpleaños, saber qué comprar a las amistades por los suyos, hacer fotos en vacaciones, tener a mano la tarjeta de bonificación del supermercado, llevarme el paraguas cuando llueve (a menos que lo tenga dentro de mi mochila durante todo el año), no olvidarlo en cualquier parte si lo llevo, lavarme el pelo antes de salir los sábados. 

Escribir en la cárcel


Escribir en la cárcel mientras te roban las horas
Te escupen los minutos y
Te abrasan los recuerdos de enorme belleza
y de intenso dolor

Te agarras al filo de la hoja de afeitar
Te destrozas los dedos
Pero no caes en el vacío
Con la mente esposada

Y si inhalas tierra
Suspiras flores
Y si recibes golpes
Te enderezas y acunas
Tras producir una lluvia de pétalos

viernes, 7 de diciembre de 2012

Podría ser suficiente, si quisieras



Te encadenas a la esperanza aislada de poder vivir mañana salvajemente . Es como recorrer un puzzle inédito de separaciones y rendiciones. Pero en el otro lado del agua brilla el folio.

Esa única frase podría ser suficiente para salvarte. Falta poco para que lo puedas comprobar.

jueves, 6 de diciembre de 2012

Incógnitas


Se te acaban los libros, y te resulta muy difícil hacerle sitio a otros para que reemplacen el estado de ánimo que ha florecido con el último. 

Estar entre libro y libro es algo más difícil de lo que creías. 

Glue


Te inmiscuyes en uno de esos mundos posibles.
 

Entrantes


Hoy era un día que tenía prisa por encogerse y asustarse. De hecho ha sido un día corto que no ha encontrado su manera de seleccionar los sabores adecuados, o de conseguirlos. Y da algo de miedo retirarse sabiendo que este día no ha podido encadenarse a ningún tipo de sentimiento concreto, a la pequeña revolución que iba consolidándose desde el principio de la semana. No ha replegado el ansia ni la ha satisfecho. Es un día de picores, sed, formas que no terminan de definirse. Un día echado en falta. 

 No me ha resultado posible el atajar las distracciones que tengo, y la vida sigue lanzándome retos que me azuzan diariamente. Esta mañana me levanté con ciertos planes de hacer algo indeterminado a nivel artístico; tal vez leer unos cuantos textos seleccionados, obligarme a trabajar un poco, afianzarme en el nuevo plan literario que tengo para la búsqueda y hallazgo firme de mi identidad. Pero una llamada de teléfono con una mala noticia arrasó con la estructura del día para imponer la suya. A partir de ese momento supe que tenía que desprogramar mi mente durante un buen número de horas y hacer lo que se esperaba de mí, lo que yo hubiera esperado también de mí.

Y luego el día se llenó de imprevistos que lo convirtieron en un colador lleno de agujeros por los que se escapaban los minutos como el agua. Así comenzó el día y ahora está terminando de forma muy diferente a como había empezado, ciertamente.

Y es difícil cuando algo coletea  retrotaerte al principio, como si de alguna manera pudieras influir en el presente que estás viviendo; no sé cómo explicarlo. Pero todas las acciones, sobre todo las pequeñas o las acumulaciones de pequeñas acciones, tienen un impacto en el aire que transpira el tiempo. Y no se pasan de largo, la verdad es que puedes conquistar un par de minutos de tu día, o una media hora, o un poco más, y olvidarte de lo que ha consumido la mayor parte de tu tiempo en esas últimas 18 horas anteriores. 

Hoy pensaba que iba a llenarme la cabeza de lectura, que iba a olvidarme del tiempo, que iba a cruzarlo como en una travesía intensa en la que no atiendes al juego de las manecillas del reloj, para finalmente escribir algo interesante, revelador, o por lo menos valiente. Y no sé si al final, por lo menos esta parte la he conseguido. 

Creative reading



Those words were hardly uttered, but the sense was the same as before.


miércoles, 5 de diciembre de 2012

Sentimientos II


En estos momentos en mi vida hay muchas emociones fuertes flotando por los aires, chocándose, mirándose, esperándose. No sé muy bien cómo reaccionar, y a veces ni sé lo que estoy haciendo, o si lo estoy haciendo bien. También quiero reprimir mis impulsos cuando aconsejo a las demás personas en mi familia lo que hacer o lo que sentir, porque desde ese momento parece que yo también tengo la responsabilidad sobre lo que les está pasando por dentro. Pero en muchas ocasiones me atrevo perfectamente a asumir esa responsabilidad. No me importa el peso y quiero hacerlo.

Otras veces siento el borde afilado de la lucidez que antes no tenía, la que te permite quitarte la venda de los ojos, la que te dice exactamente lo que tienes que hacer. Estoy empezando a escuchar otra voz en mi cabeza que es la que me guía por el precipicio y me para ayudarme a vencer el vértigo me impide mirar hacia abajo. Es una voz valiente, experta, relajada, sincera, y no sabía que existía. Es muy extraño. También hay sentimientos que no he tenido nunca, formas de mirar a otras personas que no existían antes. 

Hay veces que llorar no es opcional, y no pasa nada. 

De repente lo irreversible, lo inevitable, la muerte, la enfermedad, lo práctico, lo ético, lo que falta por hacer planean constantemente sobre nuestras conversaciones. Estoy haciendo otra cosa y me acuerdo del instante en el que mi padre murió. El mundo se ha abierto como una presa, y la realidad ya no exhibe trucos ni mentiras para protegerte. 

Ahora sé cuáles son realmente las heridas que duelen para siempre, y cómo no revalidar las que te hicieron daño en el momento, pero que en realidad no dejan tanta huella como pensaste. También estoy aprovechando la ocasión para establecer mejor mis prioridades. Cuando hay cosas importantes que te han pasado, ya las tonterías te empiezan a parecer tonterías y no cosas relevantes. Estamos luchando por muchas cosas que nos llevan toda la energía, mientras que la verdadera esencia nuestra se queda por el camino. Me digo muchas veces: "Y esto ¿qué me importa? Total ... " Total. Un montón de cosas que ya no importan nada o casi nada. 

Al final no sé en qué persona me estoy convirtiendo. It better be good. 

martes, 4 de diciembre de 2012

What now


So you are sitting there as if you were going to recommend a book to me, when all I want from you is that I was able to mimic your stance, reward myself with the mere glance at you. 

Título de la entrada


Parece que he destruido el vocabulario y estoy rescatándolo de nuevo. Por fin me estoy tomando en serio escribir como un oficio, como una actividad sin recompensa, solitaria, humana, territorial. Su contraste del negro sobre blanco, una letra apareciendo detrás de la otra sin que nadie te legitimice, espere nada de ti, te aúpe, te haga renegar de ti misma, aunque quisieras

Y me doy cuenta de la enorme responsabilidad que supone el llegar a esta conclusión, o a este destino. Se trata de hacer algo quieras o no quieras, sirva o no sirva, te atormente o no, sin esperar a que pase el chaparrón, a que despeje el temporal, porque se supone que es en el clamor del agua anegándote, enfriándote, invadiéndote que puedes comenzar a tener una ligera idea de qué va esto, de adónde vas tú. 

Se trata de pillarle el pulso a esas cartografías literarias y sentimentales en las que navegas, en las que resurges una y otra vez, en las que te pierdes con tus luces y tus sombras, donde ya no importan las equivocaciones porque todo forma parte de las permutaciones posibles de esas narrativas y sus incontables exits o culs-de-sac.

Escribir sin que cuente qué formato se utilice, sin depender de rutinas, de esclavitudes, de vicios, de encuentros felices, de situaciones más o menos esmeradas. Sin importarte si es ahora o luego o siempre o después no, porque ni siquiera eso importa, y tampoco el que te lo plantees porque eso no va a formar parte de la magia ni del dolor, del verdadero dolor que impregnará tu página. 

Aunque siempre te favorezca el silencio. Porque por mucho que quieras no puedes acallar al silencio.