Hoy, de nuevo, el día ha sido demasiado corto. Ha sido como un día racionado. Un día que se pisaba los pies a sí mismo, que se olvidaba de lo que estaba intentando alcanzar y lo que había conseguido. Que si se alargara, seguiría con esa sensación melancólica de hacerse una interrogación constante: ¿qué es lo que seguía?
Es lo que sucede a veces cuando estás en los umbrales de aquello por lo que estás arriesgando todo. Tu cuerpo es perezoso, tu día no se termina de desperezar, y siente la molicie.
Diciembre sigue cruzando fronteras.


2 Comments:
Ánimo…
Un abrazo.
Cáceres.
Nooo, todo bien. Aquí en la brecha :-) Besoss
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