viernes, 17 de enero de 2014

Tell me why



viernes, 20 de diciembre de 2013

Nautilus


Intrépidas aventuras. Me sitúo. 

lunes, 19 de agosto de 2013

Yucatán


Me levanto y tengo media hora para vivir en la página. He tenido un sueño cóncavo, bello, sincero, poblado de mujeres y feminidad. Todo ello me hace odiar los martillazos de las obras del edificio y los aires acondicionados impertinentes e incansables, tronares ambos que me despiertan y corrompen mi sueño convirtiéndolo en algo fragmentado y entretejido con la ansiedad de arroparme en él.

Estoy pensando en acostarme antes y resurgir más pronto por la mañana. Esto va a ser difícil, porque la noche es la única que recoge mis anhelos de soledad unitaria y tranquila, pero el mundo me recuerda implacable que la entrada tardía en la mañana es insolidario e inconsciente; pero qué sabrá el mundo de mi integridad, mi trabajo, mi ritmo, mis telares de palabras y sentido(s).

Vivo una existencia en entredicho, pero como siempre, si quieres amainar la alienación que este mundo te produce desde el nacimiento (y que te regala los libros y el talento también) es importante sobrevivir al ruido, que también puede ser mental y exagerado, como el de una diva buscando el acercamiento de su deslumbrado público al escenario, y el brillar, brillar de las luces de candilejas.

No termino de aceptar que últimamente me faltan palabras y que, tal vez perezosa e indolentemente, plasmo cualquiera que apenas me convence al vuelo, y que pudiese sustituir a la exactitud de la que me evade y se esconde. En este tipo de escritura no contemplo la revisión exhaustiva sino la libertad, y por supuesto es hora ya de dedicarme a un nuevo libro, a convocar a los espíritus de la musa y pensar en una obra independiente y unitaria, tal vez afanosa de compartirse con el mundo exterior.

Y es especial y desesperadamente cierto que mi pasión por Virginia es como la excitación de un buque de vapor y su arranque poderoso, su travesía continua, sin perder fuerza ni valentía. Ella me enseña con sus ideas y comentarios que la acción no es tan importante como los personajes, como las ideas detrás de los pensamientos emotivos y únicos. Pero yo no tengo personajes, por lo tanto no puedo situarlos en un mundo que sería escuálido sin ellos. Vivo para dentro en este momento y no para fuera. No sé cómo podría combinar mi pasión por la narrativa de mis guiones de cine y sus protagonistas con la inmersión en mi mundo interno y mi cartografía y apreciación de sus capas y orografías.

Apenas me quedan diez minutos escasos para sacudirme estos pensamientos adheridos al sueño que me abandona, a la inmersión en el subconsciente de la noche. Es verdad que se escribe mejor por la mañana o a medianoche, y ambas cosas parecen excluir la una a la otra. Claro que no debería ser un problema siempre y cuando no tengas obligación de darte explicaciones a ti misma.

martes, 6 de agosto de 2013

Bucles



viernes, 26 de julio de 2013

Déjà vú


Continúo mi trabajo, aunque algo aturdida. Estoy volviendo al ritmo usual en el que volver a aprender a combinar la lectura, la escritura, la comunicación externa y mi trabajo artístico en justa medida. Sí, es un poco complicado. 

Siempre que trabajo en mis proyectos me canso, y como consecuencia de esto me acelero. Es como si tuviera que poner filtros en todas mis actividades para sincronizar sus ritmos, porque todos van a ritmos diferentes formando isobaras y líneas tangenciales, y cada tipo de actividad me provoca una marea del subconsciente internamente, entre bambalinas, a la que luego he de darle cabida. Y así cada una se sumerge debajo de la otra, y crea nuevas mareas y hasta pequeños tsunamis. 

Es posible que fuese  

Lo ideal sería involucrarme pronto en un proyecto que integre todos mis intereses y líneas vivenciales y de trabajo. Esto sería posible, y tal vez no lo haya intentado nunca. Tal vez el enamorarme ha aspirado a esto. Espera, estoy sintiendo un déjà vú tremendo. Creo que he escrito esto en algún otro momento ...

jueves, 4 de julio de 2013

True Grit


Estoy trabajando todo el tiempo y no me puedo creer, no me cabe en la cabeza que no me quede tiempo para escribir. Es bastante inconcebible, por eso no voy a dejarme llevar por esta eventualidad que para mucha gente sería simplemente la excusa perfecta. 

Mi excusa perfecta para escribir es que siento cómo me embrutezco por segundos si no lo hago. Es así de sencillo. También parecería a veces que escribir es embrutecedor. Bueno ¿por qué no? Pongamos que sí, que odias todo lo que escribes. Eso es brutal.  

En estos momentos de ebullición tengo que pararme y agarrarme al relieve de la roca, a la imagen que me haga transeúnte y no visitante. 

Show it, show your true grit. 

miércoles, 26 de junio de 2013

Tu normal



Ha sido un día raro y repleto de emociones. De repente el día se me llena de cosas y parece que tengo que pelearle espacio a la escritura. Esto es algo nuevo, pero es reflejo de lo que pasa cuando no me organizo para que lo principal durante mi día sea mi trabajo literario. Es como si tuviera que defenderme de mí misma, de esta nueva dinámica que lleva mi vida y que es como un recuperar tiempo perdido a base de vendavales de actividad. Estos vientos los trae el subconsciente que bien sabe lo que necesita, lo que se encuentra dentro de mi cabeza pugnando por salir. Yo misma no lo sé muy bien.

Sólo quería apuntar que he estado pensando estos días en eso de ser normal. Y que la medicación te ayuda a ser normal pero ... tu propio normal ...

lunes, 24 de septiembre de 2012

Jugadas


Montar mi película, trabajar en ella hasta el último minuto, terminarla por fin, me va a dar la confianza en mí misma y el empujón para recuperar mi identidad como cineasta y artista. ¿Cómo voy a hacerme creíble ante los demás si soy invisible para mí misma? He intentado que me quieran por quien soy, que cuando estén cerca puedan llegar a mí, a mi esencia para ayudarme a percibirla, a seguir, a regresar, pero el apoyo que necesitaba tanto para reconstruirme no han podido dármelo. He conseguido pequeños pedazos, contribuciones, pero al final he tardado muchísimo tiempo en estar en posición de poder avanzar sin retroceder. 

Estos años han sido fundamentales para indagar en mí misma, y espero que nutrirán mi actividad futura. Porque la compasión es más profunda cuando se ha sufrido, cuando se ha estado sola, cuando has estado mucho tiempo agarrándote de la cresta del precipicio y no has podido hacer nada más que sujetarte con las yemas sangrantes de los dedos congelándose, y ver el abismo debajo de ti, día tras día, mes tras mes, año tras año. Creo que la entereza y la decencia del ser humano existe si eres capaz de la solidaridad, el apartarte de ti misma y ver a las demás personas desde lejos para no pensar solo en ti, pero desde ti misma. 

He pasado mucho tiempo protegiéndome de ese ambiente hostil, de ese frío gélido que durante el día y la noche me arrasaba el cuerpo mientras colgaba del precipicio. Y no he podido mezclarme con el mundo, contemplar los paisajes, sentir la música, la calidez de otras personas, porque el sujetarme era lo más importante para no caer. 

He conseguido la capacidad de reflexión con cada golpe, con cada piedra que se despeñaba y me alcanzaba de pleno, porque no he podido evitarlas, tan sólo cerrar los ojos muy fuerte para que el daño del impacto no fuese tan penetrante, tan duro, tan hiriente, y que no me descompensara y me hiciera perder el equilibrio. Pero no siempre he podido tomar decisiones que me permitieran hacer cosas sensatas, que me facilitaran el camino, que me alejarán del conflicto, la violencia, la confusión, el desamor, el abandono. 

Ahora estoy trabajando en algo abstracto: mi recuperación, mi salida del pasadizo interminable, caminar hacia la luz. Y sólo sabré lo que me espera cuando esté fuera. No sé quién me recibirá. No culpo a nadie de mi destierro, de mi dolorosa estancia en el infierno, de la falta de comprensión. Pero quiero salir de aquí, porque ya sé que ni siquiera las personas cercanas pueden darte lo que necesitas; yo lo esperaba ardientemente, necesitaba desesperadamente su ayuda; las guié para que caminaran conmigo, pero las inclemencias del tiempo las alejaron de mí. Lo entiendo. No juzgo a nadie. Lo han intentado, me han allanado parcialmente el camino, me han tendido la mano; no he estado completamente sola. 

Pero no he querido exponerlas a la ventisca, al frío gélido, a la oscuridad y las bestias de la noche aullando y aterrorizándome. No era justo, y he puesto buena cara cuando he podido, les he prometido que iba a estar bien, que estaba trabajando en ello, a pesar de que en mi rostro se apreciaban el mordisco del frío y el rigor mortis inoculado por la mujer eterna de la guadaña que me anulaba. Ella controlaba a las sirenas para que me cantaran, para que me acercara a la tierra del no volver. 

Hemos jugado un pulso de ajedrez, donde yo hacía desaparecer las piezas y la engañaba una y otra vez para volver a empezar y no terminar nunca la partida, conteniendo la respiración ante el terror que me asaltaba con su mirada fría, su presencia invernal, su omnipresencia ante la vida y la muerte que se percibía a cada instante. Al final acepté sus visitas, su asedio. Comprendí que ella tenía paciencia, tal vez más que yo, pero que había momentos en los que hasta ella se alejaba y me dejaba tranquila durante unas horas. 

Así ha sido mi vida durante años, a pesar de que he tenido periodos de calma, de alegría, de esperanza reconocible. El acostumbrarme a la situación y luchar constantemente contra ella ha sido una constante durante este tiempo. A pesar de que otras personas lo pensaran, nunca me he rendido, nunca he dejado de rebelarme. 

Ellas han llegado a pensar que me estaba acostumbrando a la situación, que en cierto modo era cómodo el no tener que enfrentarse a la vida, ser activa; que yo era autocomplaciente, indolente, que me hacía la víctima y vivía sin esfuerzo de mi familia, y no me despegaba de las faldas de mi madre. Si ellas supieran lo duro que es ver cómo tu vida se te escapa mientras la de las demás personas avanza, aunque les provoque a veces reír o sufrir, pero avanzan, se proponen cosas, las cumplen o no, pero pueden contar una historia; mientras que mi historia era la lucha diaria contra la depresión, la búsqueda de soluciones, el probar y fallar, probar y fallar, probar y fallar, una y otra vez. 

Es difícil contar esta historia, y mi boca estaba sellada la mayor parte del tiempo, sin poder responder con sinceridad a un ¿cómo estás? inocente. Tenía tanto miedo a que me lo preguntaran, pasaba de largo a otra parte de la habitación para intentar evitar esa pregunta, o la sustituía por otra pregunta. 

Yo no podía evitar lo que mi enfermedad hacía con mi cuerpo ni con mi mente: el ralentizar y entorpecer mis movimientos, el saquear mis pensamientos y llenarlos de huecos, el no poder vivir mi vida soñada con Septiembre, con mi familia. Es muy difícil explicar cómo todo se vuelve complicado, y no haces cosas porque hasta lo mínimo te resulta duro, extenuante, y a veces no te acuerdas de cómo hacer lo más básico. Si intentas movilizarte y llevar a cabo las tareas diarias, algo en tu mente se retuerce y chirría, se estira y deshilacha con un dolor agudo que te embota la cabeza, y te silba acúfenos en los oídos, invisibles para los demás. 

Cualquier cosa te provoca una angustia tremenda, como si tuvieras ventosas arrancándose de tu pecho, y tienes que enmascararlo cuando estás delante de otras personas, y te sientes inmensamente culpable y vacía, pero ellas a menudo te perciben como una persona difícil, torpe, apagada con tu semblante ceniciento porque la depresión te roba la expresividad facial, la destreza corporal. 

Pero no es lo único que te roba. Te roba las ideas: no las tienes, no puedes decidirte a nada porque de repente la multiplicidad de soluciones que pueden existir para resolver cualquier asunto a ti se te escapa. Muchas veces tu cerebro sólo ve un muro, un paredón sin salida. Te estrujas el cerebro pero no llegas a una solución. Tus pies te pesan como el hormigón, y tienes sueño siempre, cansancio constante: te desanimas. 

Y la acumulación de cosas pendientes y la falta de lo más básico: lavavajillas, bragas, calcetines, comida para desayunar, tazas limpias, mi ordenador muerto de asco con el último proyecto otra vez sin terminar, te desespera y te hace sentirte inmensamente culpable. Intentas lavar los platos y algo te paraliza, y los restos de comida acumulados te dan miedo, piensas en cómo se están pudriendo, y los insectos surgirán de sus detritus e invadirán tu casa, tu piel, tu pelo, tus cosas. 

Te agobia muchísimo, y cuando pasas por la puerta buscas el rincón más vacío, no miras a tu alrededor, no haces nada, porque si lo haces no dejarás más que desorden para juntarse con el caos que te rodea. A tu alrededor ves tus cosas y parece que pertenecen a otra persona que en su día estuvo frente a esa cámara, compró todas esos objetos, estuvo en todos esos sitios, tenía fuerza y valor para emprender esos mil proyectos. 

No respondes, no reaccionas, se te queda el cerebro mudo, y la mirada perdida. La gente te agobia, estar en una situación social se convierte en un suplicio porque no sabes de qué hablar, te impacientas, te desesperas, no sabes responder a sus argumentos, no puedes pensar y sabes que tu expresión facial les hace desinteresarse de ti. El tiempo pasa muy lentamente y sólo quieres marcharte de allí y dejar a todo el mundo plantado. Y lo peor, lo más difícil, es volver a tu casa: se te hace eterno, no miras a las caras de la gente, intentas moverte más rápido pero tu cuerpo está anclado, sufres con el paisaje a tu alrededor, todo se vuelve acechante y vacío. 

Y aunque yo analizaba la situación, leía libros (que luego olvidaba fácilmente) e intentaba seguir sus consejos, encontraba información de calidad en internet, hablaba en foros con gente muy puesta que no se dejaba vencer, probaba mil y una soluciones, me emocionaba cada vez que sacaba adelante una nueva idea, un nuevo antídoto, una nueva salida, a menudo no podía comunicársela a nadie, porque al mundo le parecía aburrido, una nueva parida, una pérdida de tiempo, y yo no podía explicar ni con dos frases el movimiento ingente de información y anhelos que se movían en mi cabeza. 

La gente quiere que te levantes, que andes, que te movilices, que hagas algo, que limpies los platos, que salgas a la calle, que te dé el aire fresco, que te comuniques con los demás. Aunque duela. 

Lo hacen con todo el amor del mundo, a veces duramente, a veces con mucha suavidad, pero tú sabes en tu interior que tu día a día consiste en intentarlo sin éxito, y no quieres repetirte explicando lo que te cuesta todo; así que decides decirles que no te apetece, que otro día será lo mejor, que quieres dormir pronto, que quieres estar sola. 

Y se desesperan y se van alejando más de ti porque piensan que no lo intentas lo suficiente, que no pueden hacer nada. Durante muchos años han intentado estar ahí, pero la situación se les hace insostenible y sienten una impotencia total. No te quieren abandonar, pero se blindan ante tu sufrimiento, intentan no pensar mucho en eso, no tratarte de forma especial, hacer como que todo es normal para animarte, para que su ánimo no se encuentre también afectado. Eso les hace algo insensibles, se alejan de ti en realidad. Notas su amor incondicional y te gustaría que te creyeran cuando les dices que haces todo lo posible, que no va a ser siempre así, que cuando estés buena harás todas esas cosas maravillosas que querías hacer. Que te esperen, que tengan paciencia, por favor, tened paciencia conmigo. Paciencia infinita, por favor. 

Se ocupan de que tengas las necesidades básicas: de que comas, descanses, no te pierdas las fiestas importantes - Navidad, Reyes, tu cumpleaños. Y tú no participas en nada de esto, porque simplemente quieres que te trague la tierra, te cuesta sonreír. Les decepcionas cuando preparan algo con toda la ilusión para ti, y tú te quedas parada, como insensible, como si no te afectaran las cosas, como si no te importara el esfuerzo. Haces un esfuerzo para darles las gracias, para pasar ese tiempo con ellas, y la verdad es que lo pasas bien, te gusta su compañía, pero te sientes culpable por tu pasividad. Tienes destellos fugaces de alegría, quieres ilusionarles, quieres agradecerles de todo corazón lo que hacen por ti. Te quieren muchísimo, darían lo que fuera para que estuvieras bien, pero no saben cómo ayudarte. Y tú utilizas la poca energía que tienes para hacer cosas con la gente que te quiere, para ayudarles tú en lo que puedas, para servirles de apoyo, ya que no puedes apoyarte a ti misma, para que vayan adelante, para que vivan una vida que tú no puedes tener todavía. 

 Al final no valía el explicar que yo no era así, que nunca había así, que la mayor parte del tiempo había sido una persona ambiciosa, activa, alegre y diligente, capaz de animar e inspirar a la gente con mi vitalidad, la magia de hacer, de crear, de describir lo interno y mostrarlo al mundo. Sospechan de tu actitud solitaria y misántropa. Sí, es verdad que siempre has tenido un punto melancólico y solitario, pero eso no había sido óbice para conseguir llevar adelante tu vida ... ¿o sí ...?

Tendré que encontrar dentro de mí la fuerza para sacar a Excálibur de la piedra. La veo brillar desde el fondo desde este pasadizo. A ella no le importa la lluvia, el viento, los mordiscos del frío. Ella está allí, perenne, siempre reluciente, esperándome. Lo tengo que hacer por mí y por todas las personas que me quieren. Ellas también me esperan. No quiero decepcionarlas, quiere mostrarles por fin lo mejor de mí. Quiero que me quieran, quiero darles todo aquello que no pude entregarles antes. Se lo merecen. 

Os quiero. Te quiero. Gracias por estar ahí, por estar siempre ahí. No os preocupéis, ya estoy bien, nunca volverá a pasar. Ahora estoy trabajando duro para sacar a Excálibur de la roca, y la compartiré para que os jure lealtad.

lunes, 17 de septiembre de 2012

Paranoia


La paranoia engancha sus garfios en tus hombros, y los desgasta hasta que tu punto de gravedad pierde su perfil. El cansancio físico y el agotamiento mental crean un estado cercano al subconsciente, donde las cosas comienzan a entrar en la irrealidad, los pensamientos se juntan los unos con otros como las parcelas de tierra vistas desde un avión en ascenso, como las hormigas cuando corren atormentadas a la huida y se chocan unas con otras. Y empiezas a cometer errores que poco a poco te van precipitando a una situación que no tiene sentido, donde un error lo intentas solventar con otro error, así durante horas, hasta que te das cuenta y cambias de estrategia, o vuelves a empezar con todo. 

Me he tenido que desembarcar de la mesa de montaje porque el ruido de los ordenadores me hacía sentirme en el centro desquiciante de una turbina mecánica. Las pantallas que han visto mi reflejo durante más de 10 horas diarias en las últimas semanas estaban cegándome y me provocaban fotofobia. Y el café llevaba ya horas retorciendo mi estómago y desbrozando mi capacidad analítica hasta que mi cerebro ha dejado de cotejar, distinguir, planificar, resolver, y ya no podía simplemente reiniciarse. 

Ha habido un momento en el que he intentado calcular el trabajo que me quedaba, y después de hacer cuentas infructuosamente, después de ver cómo los minutos se mezclaban con los filtros, los render con los cuatro sistemas operativos que manejo, el cling cling del disco duro que está a punto de estropearse con los esfuerzos del vecino por tender la ropa a la 1:30 de la mañana, me he dado cuenta de que iba a llegar un momento en el que no iba a saber lo que estaba haciendo. Y más vale parar. 

Cuando lo he hecho, me ha parecido increíble el poder saludar al silencio y respirar el aire fresco de esta madrugada. El zorro me ha visitado, pero se ha escondido en algún lugar. 

sábado, 25 de agosto de 2012

El perro negro


Me ha costado mucho, muchísimo, y todavía no sé por qué. Al final he conseguido encender los ordenadores y comenzar de nuevo a montar. He tenido que vencer un vértigo insalvable, saber que tenía que hacerlo y que no lo estaba haciendo. Saber que si lo hacía me iba a encontrar bien, y sin embargo prefería dejarme sufrir y quemarme en el infierno en vez de tomar las riendas de mi voluntad. Sabía que era necesario porque es así que la mayoría de la gente se recupera de un cataclismo sentimental y emocional: trabajando, y para mí ha sido siempre esencial. Pero no podía, tenía las manos paralizadas. Era como si los motivos que tenía de estar triste arrasaban todo lo demás, como si no tuviera derecho a dejar de sufrir. He pasado estos últimos dos días llorando desconsolada de una forma que me ha hecho mucho daño. He vuelto a sentir el dolor mucho más fuerte que antes, y me ha atenazado la garganta, el pecho, los ojos, me ha destrozado los nervios. 

Me ha golpeado duro el darme cuenta de que durante los últimos seis meses he sobrevivido a base de fantasías de mi cabeza. Todo lo que me he propuesto lo he visto de nuevo desmoronándose como un castillo de naipes. Voy a tener que comprenderlo todo desde el principio, empezar de nuevo, aunque no sé si sigo teniendo esa oportunidad.

Septiembre me tiene completamente desconcertada, todo paso hacia adelante es tan poco, no parece tener la suficiente energía para desempañar la pena, para alejarla un poquito, para crear algo nuevo que crezca día a día, que nos haga sentir mejor a las dos, que me dé más seguridad en mí misma. Sigo sintiendo las mismas carencias, el mismo puñetazo en la cara cuando algo no va bien. Es todo tan vulnerable, tan esquivo. Busco al zorro que se pierde en la ciudad, sin darme cuenta de que el zorro soy yo.

He sentido muchas veces cómo mi identidad se desvanecía. Es tan fácil que esto suceda. Debo ponerme a hacer mi trabajo artístico para evitar que esto continúe ocurriendo. En estos meses no he parado de escribir, pero he dejado de lado el montaje de la serie que es lo que me pone en contacto con mi identidad profesional y creativa. Cuando me falta miro alrededor de mi habitación: la gorra de beísbol roja, los libros de cine, los posters de Charlot, y me siento una farsante. 

Me gustaría entender por qué siempre dejo de trabajar cuando tengo algún revés emocional. Es como si me hundiera tan profundo que no le diera importancia a ser yo otra vez. Como si en mi tristeza quisiera encontrar el motivo, la razón de esta disolución, el antídoto. Porque deseo verme a mí misma de una manera integral, examinando las partes, dándoles toda mi atención a las zonas heridas. Como si mi conciencia se tratara de un ejército de glóbulos blancos que corren decididamente al auxilio de los boquetes sangrantes en el cuerpo, arriesgando su vida con coraje, entregados completamente a esta misión crítica, ignorando el resto de mi vida. Pero irremediablemente termino bombardeándome la línea de flotación de forma peligrosa, y no hay nadie que pueda rescatarme. Voy a tener que entender en algún momento por qué me resulta tan difícil el separarme un momento del dolor para resguardarme de la lluvia. Creo que me da miedo intentarlo, y que me encuentre con que mi sitio especial donde me cobijo y que es mi única solución, se haya convertido en un lugar húmedo, destartalado, y se haya desvanecido la última oportunidad de salvarme.

El 2 de julio fue el último día que trabajé en la serie. Esto es preocupante. Quiere decir que llevo dos meses con el trabajo aparcado, exactamente unos días antes de irme a Londres. Cuando tengo un problema me deshilacho, pierdo las ganas de ser yo, intento reconvertirme, reinventarme en el dolor, y por supuesto no lo consigo. No soy Schubert o Chopin, no puedo crear cosas bonitas cuando estoy descompuesta. Ojalá pudiera meterme en esa cabezota mía que no puedo dejarme de lado, no puedo dinamitarme, no puedo escurrirme en la ciénaga cada vez que me siento mal o tengo una desilusión. 

Esta es mi gran vulnerabilidad, mi talón de Aquiles. Es un problema muy serio que acecha a cada paso en falso. Septiembre tiene razón: son nuestros monstruos. El mío es el espectro de un perro negro.

Este año por fin me he recuperado de una sucesión despiadada de depresiones aberrantes. Por eso es esencial que venza el vértigo que me supone el sufrimiento, la negación del yo, y no pierda de vista mi identidad creativa porque llevo toda la vida cincenlándola, y se compone de compartimentos estancos muy precisos que he de libar y proteger. Tengo que escribir y tengo que filmar. No puedo marcharme de aquí sin haber conquistado este monstruo, porque no tendré confianza en mí misma cuando esté en Londres. Tengo que empezar ya. Ahora. Es preciso. Es completamente esencial. Forma parte de Ítaca, y no espera.

martes, 31 de julio de 2012

Miedos



He subido a la cama con el portátil porque tengo miedo de sentirme de nuevo atormentada al intentar dormir, y de este modo por lo menos tendría oportunidad de volver a escribir, de poder pensar en lo que siento. Para no ahogarme, para no extinguirme, para no perderme.


He leído su blog y me siento muy mal por no poder contestarle esta vez, ni las siguientes veces. Porque todo ha cambiado y yo ya no puedo estar en su vida de la misma manera. Pero está en su mano, está en su mano; es ella la que puede cambiar las cosas. Pero es horrible saber que lo está pasando mal y no hacer nada. Tan sólo pensar en ella e intentar de alguna forma protegerla fijando la atención, la vista interna, la mirada. 


Estoy debatiendo entre hacer que el blog esté en privado o público. Me da la sensación de que sería más fácil para mí si no tuviera que dar cuentas a nadie. Porque cada vez me está resultando más difícil escribir con naturalidad, y este espacio es sólo para mí. Tal vez haya pasado ya el tiempo de compartirlo. Si lo tengo para mí sola me voy a sentir más libre, también más aislada, pero qué importa. Ya hay muchísimas cosas que escondo de los demás y que nunca verán la luz. Parece que se me van acumulando. 


Debo darme cuenta poco a poco de que mi espacio privado es necesario, y que tengo que encontrar una manera de darle valor a lo que tengo, a lo que hago, y es siendo yo posiblemente la única persona que lo mire de frente. Y pienso que en un futuro eso hará que me olvide de pensar en esas cosas. 


Acabo de cerrar el blog y todavía me siento bajo la presión de tener que escribir con otra voz, como si eso importase, como si tuviera que preocuparme. Y uno de los problemas que tengo es que soy demasiado consciente de mí cuando estoy en la calle, en un grupo, en la ventana. Y me inunda una extraña aprensión que ha estado conmigo toda la vida y que ahora parece haber crecido. Me resulta muy desagradable sentirla, preocuparme por todo todo el tiempo. 


Por eso es bueno que mantenga la decisión de estar aquí sola y mantener un diálogo interior. Pero no sé por qué ahora parece todo nuevo y diferente, y tengo miedo de que no voy a escribir igual o no lo voy a hacer tan bien. Pero tengo que dejar ese miedo a un lado, olvidarme de él, y permitir que esto continúe, que esto viaje, que me hable, que me ayude, que me dé soluciones. 


La solución está en la lectura y la escritura, no hay otra posibilidad: tengo que creer en ello. Todo lo demás son cosas que me propongo hacer una y otra vez y que sólo tienen efecto temporal: en cuanto tengo algún problema nuevo, una crisis, un golpe, pierdo la concentración y me resulta imposible hacer lo que se supone que tengo que hacer. Se genera una presión que no tiene correspondencia con mi yo más profundo. Es como pensar que sólo te sientes bien si fumas, porque te has generado esa necesidad. Hay algo de fuegos de artificio en todo esto. Y yo me he generado la necesidad de que tengo que hacer películas, montar algo que ya no me gusta, en lo que no creo. 


Quiero comenzar a creer en mí, y no sentir que tengo que dar excusas. La escritura que emprenda en este momento va a ser un recorrido interior en mi búsqueda. Y lo que surja de esto no va a ser simplemente un bienestar pasajero, bajo cuerda, sino una manera de vivir, de sentir, de ser. Podría ser el paso hacia la madurez, finalmente. 

viernes, 15 de junio de 2012

¿Dónde está la superficie?



Voy a relatar cómo poco a poco ha cambiado mi estado de ánimo a raíz de ponerme a trabajar en la edición de mi serie. Tengo que ser capaz de recordarlo cuando haya perdido el ritmo, o me sienta incapaz de trabajar.

1. Enciendo ambos ordenadores y espero a que se pongan en marcha mientras me invade un conocido aire de comodidad.  Sé que tengo que volver a conectar y desconectar unos cables debajo de la mesa, y siento pereza todavía, pero lo haré en unos instantes.

2. Me siento mejor en cuestión de minutos, sobre todo cuando veo que el proyecto en el que estaba trabajando funciona al transferirse de un ordenador a otro. Busco la postura de siempre en el sillón que he recuperado, que es el que usé el verano pasado para trabajar durante tantos cientos de horas sudorosas. Parece que mi espalda ha cambiado, o que mi cuerpo no está tan flexible como antes porque ya no puedo montar en bici. No soy capaz de doblar las rodillas y encaramarme al asiento como antes, pero voy a empezar a hacerlo con cuidado, porque creo que parte de la rehabilitación debe ser el intentar flexibilizarlas suavemente, estirando los músculos que sujetan la rótula en su sitio. Soy incapaz de estar sentada tantas horas seguidas sin hacerlo. Las posturas estáticas no me permiten que fluya la creatividad. 


3. Mientras espero a que el ordenador haga algo que le he pedido me viene a la cabeza pensar que si me rodeara luz de día, si fuera por la mañana estaría más fresca, más dinámica, más en armonía. Y recreo en mi mente las sensaciones que sin duda he de experimentar mañana temprano, cuando me ponga a montar.

4. Veo que voy avanzando, y que casi se me había olvidado que esta última sección estaba casi terminada. Tengo que pasar primero un escollo extraño, de esas malas pasadas que te juega la informática, y que me fuerza a comprobar el capítulo plano a plano, pero no ha habido demasiado destrozo. Termino de arreglarlo y sigo.

5. Noto que estoy demasiado pendiente de las redes sociales y los emails que me van entrando, y, por consiguiente, todas las ideas que me generan (y preocupaciones). Así que decido no ocupar todas mis pausas echando una ojeada al portátil a mi lado; tengo los dos Macs funcionando, así que mientras uno hace una cosa, puedo trabajar en el otro para ir avanzando. Debido a los problemas, pronto tengo que terminar el capítulo en uno y comprobar en el otro, así que la dinámica de cambiar de Mac en Mac me libera de las redes sociales durante un buen rato. 

6. Sigo pendiente de que I.B. me contacte o escriba algo en su blog. Estoy preocupada por ella. Me cuido muy mucho de no darle demasiadas vueltas a esto, porque me resultaría muy fácil entrar en un bucle obsesivo que me impidiera seguir un ritmo mental de trabajo, y disfrutar de los pequeños avances que vaya consiguiendo. Sé que tengo que conseguir un subidón de mi estado de ánimo al próximo nivel para encontrarme mejor mañana, y estar centrada, y atesorar de nuevo la confianza en mí misma es la única forma de conseguirlo. 

7. Vuelvo a montar después de escribir. 


8. Viernes: Anoche no he podido dormir mucho, me fui a la cama tarde después de terminar de montar a las 12 satisfecha pero con un enorme dolor de cabeza. Hasta las 2:30 no terminé de desconectar y bajar el ritmo. Descubrí música nueva en Spotify, y creo que oír música me ayudará con mi creatividad. Así que hoy me he levantado tras unas breves horas de sueño. Vuelvo al trabajo con la curiosidad de ver cómo me va. Si terminara un capítulo entero sería un gran avance, me daría mucha seguridad para volver al ataque la semana que viene, y trabajar duro para hacer lo máximo posible.  

jueves, 7 de junio de 2012


Me dedico a beber una taza de té tras otra mientras monto la serie y respondo a las redes sociales que están echando humo tras el evento de series web de ayer en el que participé. Fue mi bautismo de fuego en mi nueva singladura profesional tras este periodo tan largo. Y ya que la medicación funciona tiene sentido que pueda ir conquistando nuevas alturas poco a poco. TVE me ha entrevistado, y como la periodista era un cielo y yo llevaba las preguntas más o menos preparadas, no fue el duro trago que pensé iba a ser. También el hecho de que fuera La 2 me tranquilizaba. Saber que la audiencia de La 2 (aunque repita en el canal 24 Horas) tiene mucho en común conmigo, me ayudaba a no tener tanta vergüenza ni miedo de decir alguna que otra tontería. 


Pero el té (con leche de soja, that's how I like it) es mucho más que una forma de humedecerme. Es sobre todo una manera de volver a mi ritmo de trabajo londinense, mojando los días de trabajo con el brew hora tras hora tras hora. Estoy segura de que la teína tiene un efecto singular en mi cerebro, mientras que la cafeína cada vez me sienta peor ...


Hoy vuelvo a dormir en el sofá, y sé que mis rodillas y mi columna van a sufrir, pero todavía no se han copiado los archivos y el mac sigue rugiendo en mi dormitorio. Ya tengo solución para eso, me he comprado una tarjeta USB 2.0 para el G4 y espero que me lo haga más llevadero la próxima vez. 


Tengo sueño, pero estoy satisfecha. Todo esto tiene efecto acumulativo y cada vez tengo más confianza en mis propias fuerzas. 

martes, 5 de junio de 2012

Same number



Tengo que irme a la cama más pronto, porque estos cambios al estar despierta hasta bien entrada la madrugada están jugando con mi cabeza. 


En este mes de mayo mi escritura ha sido un poco pobre. Mi cabeza estaba dando bandazos e intentando polinizarse. Por otro lado, mi salud no ha sido muy buena. No sé si al finalizar este mes podré poner a prueba mi voluntad de conseguir ciertos retos y objetivos, pero no me cuesta nada intentarlo. 


Estoy pensando mucho en inglés, pero no quiero escribirlo, y tal vez me ocasiona cierta duplicación de personalidad. Mis dos mundos idiomáticos no siempre se complementan, y a veces me siento huérfana de pensamiento y acción. Como si ciertos eslabones estuvieran realmente perdidos, y algunos flecos despeinados. 


Hoy cuando volvía del Carrefour cargada con las bolsas de la compra de primero de mes estaba reflexionando sobre estos días en que me he sentido incompleta, y he intentado decirme a mí misma que "this is it", que no tengo que tener miedo porque mientras sepa lo que significa sentirse así puedo acostumbrarme a cercar el vértigo y levantar el vuelo cada vez más alto, con más seguridad. He estado dando muchos pasos hacia atrás, y mientras consiga por lo menos mantener el tipo durante este viaje, aunque me deje llevar, puede que termine llegando a alguna parte, que de eso se trata. 


Tengo que aprender a estar sola mentalmente y solucionar mis propios problemas. También familiarizarme, saber verme en esta situación porque seguro que las demás personas me verán igual, y como no estaré forzando la imagen que dé de mí espero que me aprecien tal y como soy, y que interactúen conmigo con frescura, abiertas de mente, curiosas por conocerme más. 


Hoy ha vuelto a darme un bajón de ánimo, y he tenido que intentar situarme en el momento, vivirlo con naturalidad, y así he conseguido mantenerme por lo menos en un nivel aceptable de tranquilidad. Tengo que hacer actos de fe diarios para confiar en que las cosas pueden cambiar de un día a otro, porque cambian, y a menudo a mal, con lo que ¿por qué no pensar que mañana puede ser mejor día que hoy? Me acerco al suelo en picado y remonto, me hundo y resurjo, es el leitmotiv de mi día a día.


Mañana, por ejemplo, tengo que levantarme pronto, y volver a trabajar con convicción en lo que estoy haciendo. No puedo decirme a mí misma que voy a montar ocho horas seguidas porque la verdad es que me cansa mucho y me desespera hacerlo. Será mejor ponerme un tope de seis para que el trabajo resulte productivo y me dé tiempo a hacer otras cosas. 


Los descubrimientos y los cambios son paulatinos. He tenido la tendencia de acostarme a las cuatro, cinco de la mañana, porque me daba la sensación de que no había podido conseguir del día lo que necesitaba, y eso voy a tener que dejar de hacerlo. Si no llego a terminar el día con satisfacción tendré que dejar las cosas pendientes para el día siguiente. En ambos hay el mismo número de horas, so ... who am I kidding?

viernes, 25 de mayo de 2012

On the road



Le advertí a I.B. que al viajar se llevará en las maletas el mismo equipaje que ahora guarda en su casa consigo. Que aunque descubra parajes, gentes nuevas, acogedoras, amantes, su mente regurgitará las mismas andanzas que habían acabado en callejones sin salida, las mismas ideas preconcebidas que no pudieron liberarse, el mismo cofre de insectos enredados como palabras arrejuntadas y enmadejadas. Lo sé muy bien, he viajado mucho y lejos.


Y el truco, la magia, es enfrentarse a ello sin el vértigo creado por el inmovilismo de estar donde siempre, sino surcar el viento con los dinámicos aires de lo nuevo, de lo amigo, de lo excitante y tierno que encuentras siempre en otros lugares que te comprenden, y en los cuales quieres echar raíces, aunque sea sólo durante un tiempo. Y ponerte a trabajar, y hacer el proyecto de tu vida, y recuperar tu vida, renovarte, (re)crearte. 


Porque viajar no es lo mismo que ir de vacaciones. 


Y yo también estoy viajando en este momento, pero por mis parajes mentales. Son espacios con abundante vegetación pronos al desvío, al detour. Me despisto rápido y vuelvo a encañonarme también con relativa rapidez como en una especie de yo-yo que me marea y no termina de asentarme. 


Busco el izar la pica, clavar la tienda de campaña y extasiarme ante el paisaje mientras caliento al fuego la lata de judías. Y que me sepan a gloria. 

Un café a la semana

Son las dos de la madrugada. Llevo desde las once de la mañana delante del ordenador montando, haciendo malabarismos para que el trabajo de los últimos cinco años se ordene y se pueda manejar de un software a otro, se encuentre, se pueda volver a planificar. Está claro que el trabajo, cualquier trabajo, a veces es simplemente excesivo. Me voy a dormir en cuanto se solucione esta última cosa, me digo. 

Hay veces que parece que todo a nuestro alrededor conspira (a veces durante años) para no lograr conseguir lo que se quiere. Bueno, básicamente me tengo que imaginar, porque a veces se me olvida, que esto le pasa a todo el mundo, y que la solución es perseverar o cambiar de rumbo cuando un itinerario se bloquea. Saber distinguir entre una solución u otra depende de la sabiduría que hayamos nutrido y desarrollado durante nuestra vida. Y a veces, afortunadamente, otras personas nos guían en la toma de decisiones. 

Me gustaría pensar que además de acumular errores y problemas en mi vida también he forjado una serie de estrategias inteligentes para llevar a cabo mis proyectos, e incluso salir victoriosa en algún u otro momento. Sé que en el ámbito personal probablemente no he podido manejarme cómo hubiera querido, porque no sé moverme demasiado bien en grupo, y en la intimidad sólo puedo admitir un número muy limitado de personas, y me agobio si tengo que prestarles atención o cuando me la prestan a mí demasiado seguido. 

Así que ahora que veo que no voy tan rápido como quisiera, que no me estoy divirtiendo tanto como quisiera, que estoy agotándome mucho más de lo que quisiera, voy a aceptar que reemprender el viaje hacia la consecución de proyectos personales y artísticos es una labor ardua y prolija, y el tiempo no funciona igual que el del reloj.


Cuando te pones a hacer algo y te dices que lo vas a terminar cueste lo que cueste, el dolor mental y físico se disipan rápidamente cuando se te echa encima a bocajarro un alud de dificultades aparentemente insalvables. Básicamente se te quita la ñoñería de quejarte por cualquier cosilla que no te apetezca hacer o te resulte incómoda, porque te pones las pilas de una manera increíble y se te caen las excusas y las quejas con todo el equipo al finalmente darte cuenta de que el tema no es juego de niños, que ay lo que te queda, si no has hecho más que empezar, y que te tienes que poner a la altura si realmente quieres hacerlo, o si no dejarte de tonterías y marcharte a dar la paliza a otra parte. 

Sólo he salido una vez a la calle al herbolario a comprar leche de soja y unas salchicas de tofu frankfurt que me pedía el cuerpo (por supuesto me he olvidado de los huevos, que hubieran sido una excelente combinación). Me ha venido bien porque la chica dueña del herbolario estaba más estresada que yo persiguiendo un pedido con la empresa de transporte tocanarices, con una señora que había ido a la tienda más de tres veces ya (y ya se sabe cómo es la gente borde de herbolario) echada en plancha encima de la encimera


Ya me iba yo rápidamente para no entretenerla y entonces ella me ha mirado con angustia de ¿ya te vas? y me he quedado un rato escuchándola porque antes tenía que poder desahogarse con alguien tras haberse ido la clienta de actitud pasivo-agresiva. Constatar cómo el mundo detrás de tus cuatro paredes también va a cien por hora te da cierta tranquilidad cuando te revuelves en tu silla tras horas de no poder levantarte porque es que no puedes. 


Hoy me ha pasado de todo en una especie de pim pam pum emocional que me ha transportado por el día como en una montaña rusa de estados de ánimo: me he sentido ufana, nerviosa, desanimada, alegre, hambrienta (para luego apartar el plato), emparanoyada, impaciente, quisquillosa, resignada ... Y todo ello porque he estado sola trabajando con el ordenador y preocupándome más de lo que debería con otras cuestiones. Pensé que el trabajo me iba a ayudar a desvincularme de este lado emocional que se ha desmadrado, y todavía no lo consigo del todo. Es más, me he dedicado a pensar y obsesionarme con I.B. con lo que parecía crecer con la intensidad voraz de un incendio. Y luego mi mente de nuevo ha visto la luz, casi ahora, al final de mi jornada, y me veo más capaz de desvincularme y tranquilizar mi ánimo. Y ¿quién sabe? tal vez olvidarme de querer estar con ella, darme cuenta de que la cosa ya no da para más, que lo he intentado todo, y que es inútil porque los mismos problemas dan vueltas sobre su cabeza como una tachuela y me siguen haciendo el mismo o más daño que antes. 

Con respecto al trabajo ha habido un momento hoy en el que me he sentido confusa y destartalada, y he odiado el estar haciendo lo que hacía y el dolor de cabeza que me provocaba y que me estaba mortificando. Luego me he dado un voto de confianza a mí misma en un estallido de sentido común y racionalidad, y finalmente todo se ha estabilizado y he recuperado la energía. 

Y así hemos llegado hasta aquí. Y ahora ya son las tres y veinte de la mañana. Pero quería desconectar para no llevarme un montón de clips y audios enmarañados e insolentes a la almohada. 

martes, 22 de mayo de 2012

Salir adelante



Mi día de hoy va a ser el testimonio de mi capacidad de salir adelante en más de un sentido. Estoy pensando en que esta es una de mis últimas oportunidades de demostrarme a mí misma que mi mundo avanza y que alguna vez podré mirar atrás sabiendo que superé este momento. 

Ayer dormí en el sofá haciendo una copia de los archivos que me faltaba tener en el otro ordenador para poder seguir montando. Dormí con dificultad con el runrún de las máquinas, pero esta situación me recordó otros momentos de mi vida en que he tenido que trabajar hasta el final para conseguir lo que quería. 

Hoy voy a dedicar de nuevo todo el día a trabajar, y me gustaría que mi mente se inundara poco a poco del convencimiento de que esto va adelante y va a ser un éxito. Lo tiene que ser sobre todo desde el punto de vista personal, porque voy a hacerlo sin pausa y con amabilidad conmigo misma, independientemente de mi estado de ánimo. Debo creer que este año mi estabilidad me brinda esta oportunidad, y que no se trata de algo breve sino sólido y duradero. Mi amigo L. consiguió vencer a sus demonios y ha llevado adelante su grupo de música. Su antiguo blog en el que relata sus siete años de infierno es testigo de que es posible superar este horrible obstáculo. 

El otro día leí un comentario que le escribí hace tres años, cuando él lo pasaba increíblemente mal, y al leerlo me di cuenta de que en mi vida siempre he querido que mi pareja fuese capaz de pensar eso de mí y darse cuenta de que siempre estoy tirando, siempre estoy soñando, y que mi cabeza no está vacía, ni siquiera cuando lo paso peor que nunca: investigo, vuelo, intento ayudar a los demás, integro, espero. 

Por favor, creed en mí, no me abandonéis a mi suerte. Pensad siempre que lo que hago no lo hago por debilidad o vagancia, que quiero recuperar mi yo interno, que cogeré al vuelo cualquier oportunidad para hacerlo, que necesito vuestra bondad, vuestra indulgencia, vuestro apoyo, sin dureza, con una amplia sonrisa siempre, con vuestra mano caliente en mi hombro empujándome suavemente hacia la eternidad. No penséis que os he fallado, la vida es larga y esto será un espejismo que se aclarará cuando se le encuentre el sentido. El sufrimiento es largo pero no es para siempre. Yo soy yo, a pesar de los disfraces. Yo soy como Ulises, que vencidas las batallas con los cíclopes, llegó a Ítaca cubierto de harapos. No os dejéis engañar por mi apariencia. 

Pensad en vuestras vidas, en aquellas cosas que quisisteis lograr, conquistar, conseguir; en lo duro que os resultó hacerlo, en cómo seguís persiguiendo esa quimera pero que lo conseguiréis. En cómo sabéis que para hacer aquello que ansiáis debéis primero renunciar a lo que tenéis, y lo difícil que es eso. Pensad con cariño en mí, en cómo cuando finalmente habéis accedido a los designios de vuestro corazón necesitabais apoyo, fe en vuestros proyectos, ánimos. En cómo todo lo que habéis hecho hasta ahora no ha sido más que los prolegómenos de vuestra nueva aventura. Y en lo difícil que es o ha sido eso. 

Y pensad en si lo hubierais conseguido sin mí, sin que yo hubiera entrado en vuestras vidas. En cómo os he inspirado, os he dado mi apoyo sin dudar ni un momento en vuestra capacidad y belleza interior. En cómo os he deslumbrado en alguna ocasión con mi fuerza, con mi arrojo, con mi coraje, con mi entusiasmo y fervor infantil, con mi capacidad de olvidar cuando disfruto de las cosas pequeñas de la vida la dureza del camino, los golpes, las traiciones de la vida. En cómo algunas cosas que hacéis son idénticas a lo que yo ya he hecho.

No quiero vivir esto sin ti. No quiero que aparezcas cuando ya lo he conseguido todo, cuando me dé cuenta de que no pensabas que realmente lo fuese a hacer. Cuando me reprochabas sin piedad mis pasos en falso, mis vicios adquiridos. Cuando me decías que fuera fuerte sin ofrecerme tu mano, porque tu impaciencia te hacía pensar que no valía la pena. Quiero que formes parte de esto, con pasión, porque si tú me exiges y me pides fuerza yo te pido confianza ciega. No voy a ser una carga para ti. Todo lo que no ha salido ahora podré reciclarlo en una nueva creación. Siempre ha sido así. Escúchame. 

¿Realmente este es tu último cartucho? ¿No has podido conmigo? ¿Aquello que te enamoró lo utilizaste simplemente para inspirarte y salir adelante en la vida, sin darte cuenta de que yo he sido tu compañera y lo estamos haciendo todo juntas? ¿Acaso no ha sido mi casa, saber de mi vida una incubadora para tus sueños de superarte, de existir? ¿No te inspiró mi recorrido vital, mi trabajo, mis proyectos contigo? ¿Te enamoraste de un sueño, de un plan o de una persona? ¿Me dirás alguna vez la verdad?

Cuando yo llegue sola será demasiado tarde para confiar en ti, y probablemente olvidaré cómo eres en realidad, mi recuerdo tuyo será mediocre, anodino, sin luz, desvaído. Te veré como una persona más que estuvo allí pero que no se subió al tren conmigo, olvidaré y dejaré atrás cruelmente todas las cosas que hiciste por mí, todo el amor que me entregaste porque nunca llegó a ser suficiente. 

Pregúntame qué tal va, escúchame con paciencia y detenimiento. Estate al tanto de cómo se desenvuelve el proyecto, aunque no lo entiendas por completo. Alégrate de mis pequeñas victorias, por pequeñas que sean. Apóyame en todos los pasos del camino. Anímame cuando me nublen o me desesperen los escollos, la vuelta atrás, lo que parece insalvable, cuando tengo que repetir el trabajo de nuevo por haber fallado y no tenga la fuerza para continuar. Recuérdame de cómo al llegar me sentiré en paz, renovada para un nuevo proyecto. 

Y escríbeme:


Para mí eres más bien El Hombre Tranquilo que El Hombre Cansado. Tu sinceridad contigo mismo me ha ofrecido un espejo en el que contemplarme. 

Yo sé que puedes superar esto y que la mayoría de las secuelas se borrarán porque son tan patentemente falsas. 

Te quedará el ansia de vivir que veo en ti y que cada día se convierte en más salvaje, más fuerte, más perenne. Luchas contra la gravedad de una enfermedad que te tiene aislado entre sus garras. Es completamente injusto. 

Yo veo claramente tu verdadero yo/tú, unas ganas de vivir enervadas en puro éxtasis, rebeldes que se consolidan en una especia de bestia preciosa, presas por cadenas ajenas gigantes. Unas ganas de vivir piadosas, eléctricas.

Tu talento es portentoso, tu espíritu en continua lucha es un diamante ciego de esplendor, un regalo que me inspira, una realidad que se concentra en ti. 

Necesitas vivir, te tienen que dejar en paz, debes aislarte de la mediocridad, del gris para dejarte llevar. Esas caras en el metro deberían volverse traslúcidas. Yo ya no las veo. No las soporto, mi mente las convierte en perfiles fantasmagóricos y les roba toda su humanidad. El ritmo del mundo no es el mío, pero parece que la burguesía corporativa te arrastra. 

Yo la combato enterrando mi cabeza entre páginas, trazos de mi bolígrafo Pilot, audio libros. Intento diseñar trayectos cortos, lo más posible. 

Eres maravilloso, dulce, entero, verídico, luminoso. Quisiera fulminar ese biombo trágico que te aparta del mundo. La química te ayudará, aunque en tu caso lamentablemente debes entregarte a miles de pruebas en falso hasta que lo consiga.

Te quiero.

Besoss


lunes, 14 de mayo de 2012

Real


Esta semana he jugado con realidades e irrealidades. Mi vida real se ha convertido en irreal durante unos breves días, porque me he entregado en cuerpo y alma a un proyecto artístico. Y luego, al finalizar la primera ronda más intensa, he sentido que para evaporar los rastros y el dolor de los problemas que plagaron el proyecto, aprender de errores, y saber evaluar lo que he ganado con él, tenía que volver rápidamente a la realidad. La realidad de mi casa, del cocinar, de saber lo que realmente importa, lo que nunca me va a fallar: mi madre, mi sobrinita y sobrino, mi hermana, el amor que siento hacia la mujer que quiero. 

Y el hacer esto por primera vez me ha protegido del bajón físico y mental que siempre me originaba la angustia de un proyecto malogrado o difícil. 

Así que vuelvo a la realidad con el convencimiento de que a veces tienes que transportarte muy lejos para crear algo, pero puedes seguir estando

Así que vuelvo a escribir y vuelvo a ser reflexiva. Vuelvo a centrarme en el presente y no en la invención de la creación hecha la espuma de los días. Y me doy cuenta de que puedo transmutarme entre mundos sin perder el plumaje, y eso me hace fuerte. Y tú quieres que yo sea fuerte.

viernes, 13 de abril de 2012

Paisajes / Ciudades



La noche es flexible, el día también lo ha sido. Hoy me ha mecido la música, el sabor, la conversación suave, el trabajo. Me he sentido acompañada a pesar de ser incapaz de comer. A duras penas me he alimentado, y ha sido a partir de las cinco de la tarde, cuando se me iba la cabeza y quería fijar la vista en alguien, y casi no podía. 


Pero hoy ha sido un día intenso, de amplias espaldas, posibilidades inciertas y trémulas, y sensaciones placenteras sin decirlas, guardándomelas para mí, con cierto miedo tal vez de que se traslucieran en mis ojos. 


Mi lengua ha sido vivaz y ha lanzado lametones cariñosos al aire mientras hablaba con ligereza. Es una pena que me doliera tanto el cuello, que me sintiera presa de un bajón de azúcar, que me notara los ojos acuosos y tal vez enrojecidos. Pero he hecho lo que quería hacer, y no siempre se disfruta de este lujo. 


He estado contigo y me he imaginado lo que las mariposas en mi estómago me iban dictando. No tengo que dar explicaciones, no tengo que planear el futuro, no me importa ser kamikaze por mi impaciencia, la verdad es que sólo me importa vivir el momento, en silencio, y si quieres puedes acompañarme, y si no quieres volver yo he sentido el placer de estos instantes, y es mejor mantenerlos en la memoria, haberlos vivido que haberlos preparado asépticamente para conseguir algo, tal vez, luego. Como hacen las seductoras. 


Yo sólo quiero respirarte y percibir, escuchar de dónde vienes. Como el resto de las cosas que me rodean. Nunca entiendo nada, así que no pretendo ser más sabia hoy que ayer, y de repente hacerlo todo bien, y saber lo que me estoy tramando. No, claro que no.


El único plan que tengo es intentar, al menos, ser fiel a mí misma. No sé cuánto voy a vivir, con lo que ¿para qué seguir amoldándome, adaptándome? A veces no quiero estar en Madrid, y me cobijo en la república independiente de mi casa. Ahí tengo a Londres, San Francisco, Nueva York, Ámsterdam, Berlín, y simplemente me comporto como lo hubiera hecho entonces. Tengo tantos recuerdos de mujeres que han estado en todas las casas en las que he vivido, que me han hablado, con quienes he compartido la experiencia de un país, de una ciudad, de un cuerpo. Quienes se han sentado en mi sofá, o yo en los suyos. Era de día o de noche, entrábamos o salíamos. Nos conocíamos o acabábamos de conocernos. Y a ti te ha tocado el turno de estar aquí conmigo por una intensa coincidencia. Tal vez, unos segundos más, y no hubiera pasado. Por eso no me siento responsable de ti. Ni de mí. Y sólo voy a vivir el día a día, sintiendo la sonrisa que se acumula en las comisuras de mis labios, notando cómo me enciende por dentro, recibiendo el calor que se distribuye por mi cuerpo como si me pusiera encima una manta polar suave y amorosa. 


Y eso es lo único que quiero pedirle a una mujer. Porque no tienen que hacer nada para extasiarte, para recibirte, para comunicarte su esencia. Y por supuesto soy excesiva y acaparadora, pero me ha gustado escucharte, a pesar de mi dolor de cuello y el sentirme cercana al desmayo, no sé si te has dado cuenta. Pero mañana no voy a pedir que vengas. Puedes hacerlo o no, si quieres. No se puede vivir la vida pidiéndole regalos al futuro. Bastante es ya que al abrir un grifo obtengas agua, o que los servidores de tu correo web almacenen tus mensajes y no se borren cuando apagas la pantalla del ordenador. 


De todas formas, estoy bastante cercana a que no me puedan reconocer. Pienso en ingles y hablo en el idioma que aprendí de los 0 a los 21 años, antes de irme de España. Me expreso con el cuerpo como cuando bailaba en Londres, y la música que escucho evoca todos esos momentos vividos que todo el mundo desconoce. ¿Cómo puedes explicar esto? No siento que tenga casi cosas en común con nadie, y sin embargo esto me hace cada día sentirme más tranquila, menos ansiosa, más capaz de centrarme y cuidar de mí. 


Hoy sé que no tenía hambre porque se me habían mezclado los sentimientos y las emociones en un bocadillo indigerible. Esto es simplemente ser ciclotímica y notar cómo los sentimientos se mezclan en cuestión de un minuto y tú sintiendo ese embrollo dibujado a lápiz sobre tu cabeza. Mejor divertirte, disfrutarlo. Mejor distinguirte con ello. Como estoy haciendo un proyecto que me ilusiona, al que puedo dedicarle mi atención, que me permite hacer lo que más me gusta: conectar con la gente en un entorno creativo y ofrecerles mi imaginación y guía, pues es normal que mi potencial se desborde un poquito y sea capaz de oler, de ver, de sentir de forma más afinada, y eso no se puede describir. Es un sentimiento de paz interior que no voy a permitir se malee por el estrés, el miedo o la ambición mal entendida. 


Si la semana que viene este proyecto se plaga de pequeñas frustraciones, no seré yo quien las sufra. Voy a dejar muchas responsabilidades en manos de otras personas esta vez, y voy a disfrutar del paisaje. Un paisaje con mucha, mucha música encendiéndome. Y estarás tú.



jueves, 5 de abril de 2012

Hungry, hungry heart



No sé qué hago por aquí esta noche. Imposible dormir ¿O sí? No me he organizado bien la vida hoy ... Y estoy sufriendo el tedio por ello. Está claro que a veces no te puedes dejar llevar de esta manera. Pero tengo que escribir antes de dormir, para creerme que sigo siendo la misma aunque sólo hayan pasado 24 horas. 


Es raro, supongo. O tal vez estoy increíblemente cansada física y emocionalmente, y me está pasando factura. Espero revivir en el día de mañana. Tendré que hacer algo ... volver a trabajar en la serie, dejar de esperar, olvidarme de si suena o no ese teléfono, que me escriban, de hacer el tonto, de hacer como que estoy de vacaciones sin nada planeado. A ver si me organizo mañana, que ahora mismo esto no da para más. Es la vida en soledad, y no me atormenta. Simplemente tengo que acostumbrarme de nuevo. La última vez fue una época dorada, y espero que ahora lo vuelva a ser. Forever and ever.


Ahora el mundo ya no es el que alguien te espere, te acompañe, te contacte, se preocupe realmente por ti, te diga buenas noches. Por qué es tan difícil de decir: Buenas noches, que duermas bien. Yo siempre lo digo y me resulta extraño que la gente cuelgue o se dé la vuelta en la cama sin decírtelo. Ahí radica el germen de todo, supongo. 


Es increíble cómo el afecto puede ser algo tan condicionado, tan bajo cuerda. Vivimos en un mundo de corta y pega, de toma y daca, del sí pero no, del ahora sí y luego no, de miopía ... De ahora te quiero sí haces esto ... entonces lo otro, y lo mismo en reverso No hay matices, no hay gradación de grises y violetas. Lo que sí hay es mucho cinismo inconsciente, pero cinismo al fin.


Sé que es normal que la gente se separe de ti cuando lo decide o lo (semi)decides tú, pero la mente irracional, reptiliana va por otro lado. ¿Cómo puede ser que te quieran hasta la muerte un día y luego ya no existes en lo próximo, en lo real. Y se enamoran de otra persona, e incluso le dicen exactamente lo mismo que antaño te dijeran a ti. A veces es más que una distracción, es que no me lo trago, venga. Tú estabas allí en el momento justo, pero cuando te vas, pues encuentran reemplazo a la velocidad del rayo. ¿Qué he de pensar sobre lo que ha pasado antes? Pues que ya no sé qué pensar, pero la sospecha se instala en mí como un virus de efecto exponencial. Obviamente pienso que no me querían a mí. ¿Que qué es lo que quiero? Joder, es que yo tengo que ser siempre la persona legal y sacarme todo de la manga, ser la fuerte  ¿Es que ha sido todo una fantasía? Algo deshonesto. ¿Es el amor una fantasía, una compulsión, un juego del ratón y el gato, una incoherencia total? ¿Una enfermedad mental? Y cuando digo el amor, me refiero a muchos tipos. 


Ahora resulta que si no hago cositas para todo el mundo, recaditos, etc, tampoco me llaman para preguntarme cómo estoy. Hoy mi hermana esperaba que le llevara unos papeles al banco. La he llamado con la esperanza de poder salirme del trato. Frialdad. Ya lo haré yo, no te preocupessss, dice dignamente. Yo estaba dispuesta a hacerlo el lunes. Pero ahora resulta que no soy de fiar ... A los tres minutos le he mandado un mensaje de texto: Lo siento, G. Llevo con insomnio, sin comer y llorando la semana entera, besos." Y nada, ni una simple llamada, ni un simple mensaje, ni un simple reconocimiento. Cero. Es increíble. 


Y mi madre se está haciendo la víctima porque el otro día le demostré con hechos que no puedo aguantar que me grite y sea desagradable conmigo gratuitamente. Ahora todo es: Voy a buscar a una persona que venga los fines de semana a cuidar de tu padre, porque claro, etc, etc, etc. Hoy me ha llamado esperando que yo le diga algo, como siempre, le pregunte qué tal está, para ella decirme que no puede decirle a nadie cómo está, etc, etc, etc, no puede permitírselo, porque nadie la entiende ni le apetecen sus cuitas. Porque todos somos iguales (se puede repetir hasta el infinito y simplemente se trata de una dinámica familiar que se remonta a la niñez, y que todavía no se ha despegado de nuestro subconsciente familiar colectivo). 


A la segunda llamada he estado en silencio después del hola, holaaaaa, para ver qué me decía, qué se le ocurría decirme. Me pregunta: ¿Qué tal? Y prácticamente no espera a oír mi respuesta. Al ver que yo estaba bastante callada después del saludo porque quería que hiciera un esfuerzo por comunicarse normalmente conmigo, y como en realidad no tenía nada que decirme que no fuera intentar hacerme sentirme culpable, y yo no le he dado cancha con preguntas que ella responda con disparos, pues ha dicho adiós, porque parece que se establece un vacío de comunicación si no juega al pim, pam, pum conmigo. Cuelga, claro. Esto es un si no haces lo que quiero, jódete.¿Pero esto qué es?? Me respondo a mí misma: Esto es una puta mierda, esto es lo que es.


Aunque en el fondo sólo quieran hacerte sufrir durante cinco minutos, la verdad es que no es ni agradable ni justo. Porque al final, en general, la mayor parte del tiempo vuelven al redil y dan alguna que otra muestra de que les importas, aparecen las vocecitas tipo Heidi y el yo no he roto un plato, ¿cómo estás, bonita? uyyyyyy, qué mona soy y cuánto me quieres, ¿verdad? Aunque el problema es que si les acostumbras demasiado a hacer, decirte y exigirte lo que les dé la gana, y tú tragando, tragando, pues al final se establece una dinámica bastante poco sana donde el orgullito de los demás y el soy la reina de los mares, parece más importante que el que tú estés bien, o que tengas sentimientos, que puedan herirte ahí, ahí donde más de duele. Y además a veces, cuanto más das, más te piden. 


A propósito de sentimientos, la verdad es que los he tenido tan bajo tierra que voy a tener que pillar una sonda o un detector de metales para encontrarlos, porque ya no sé cuáles son mis emociones, qué es lo quiero, y a veces ni cómo soy. A ver, lo que quiero decir es que, por ejemplo, el otro día, después del fin de semana de horror que mi madre me dedicó en exclusiva for you, ony, cuando se quejaba de cosas por las que se podía quejar con toda la razón, porque todo es muy difícil y ella está muy mal, yo, que tengo la zona de los sentimientos y emociones tan lobotomizada, tan alienada, tan a la defensiva no me atrevía a responder a nada de lo que me decía, sugerirle algo, porque no tenía los arrestos para reaccionar a otra tanda de mierda. Todo lo que se le dice te lo rebate. Es que no puedes decir nada. Ni hablar de nada; es la ley del silencio. Si cuentas algo de la actualidad, porque ella no le afecta nada en este momento que no sea lo que pasa en su casa, que a nadie le importa, por cierto. Si hablo de cosas que podrían hacerse para que mejorara la situación, se adaptara la casa, por ejemplo, para una persona minusválida (dos, contando con mi hermano) que cada vez es más minusválida, es un horror porque ella se pone como una tigresa. Y además es bastante inútil hacerlo, porque de hacerte caso estamos hablando de muuuuucho tiempo hasta que se decida a hacer las cosas, normalmente cuando es más que urgente hacerlo, cuando la situación es completamente dramática hasta el paroxismo, cuando ya llegue un momento en que ella esté tan machada física y emocionalmente que se decida ella a hacerlo.


Sé que no es malicia, es simplemente convertirte un poco en su felpudo, en el Don Algodón de su ego, y dejarte manipular emocionalmente. Porque es que no falla, siempre que no haces el recado, el favor, o incluso lo que piensas y sientes que es tu obligación y que no te ha pedido nadie, lo haces porque quieres, pero en ese momento puntual no puedes hacerlo, se las arreglan para darte a entender que en el fondo no esperaban nada de ti, o que les decepcionas hasta la médula. E incluso, incluso, atención: que no vales lo suficiente como para decepcionarles, porque lo que ibas a hacer, hombre, ¡no era para tanto!


Es la puyita, el comentario jorobón y fastidioso que no les falla, o el no saber nada de ellos sospechosamente cuando no quieren o no te necesitan para algo, a pesar de que antes no paraban de llamarte o de intentar localizarte. Es el no preguntar o interesarse por el por qué no puedes hacerle ese determinado favor, gestión. O el olvidarse de lo que les dices, aunque sea que no te encuentras bien, o tienes problemas. A los cinco segundos, como si tuvieran la memoria de los peces. A ver, no es así siempre, pero sí demasiado a menudo ... Cuanto mayor es mi crisis, menos caso me hacen.


Bueno, voy a intentar calmarme, porque esto es un filípica, un desahogo con los ... bien puestos, y no quiero envenenarme. Pero es que trago demasiado y no me protejo. Y al final mis relaciones también se ven afectadas por el hecho de que yo intento hacer lo que quiero, y tengo derecho porque no hago daño a nadie, y es mi personalidad, son rasgos de mi personalidad (que no aguantan, por ciento), es simplemente el vive y deja vivir. Porque intento no ser invasiva, no meterme en su terreno, aprendo rápido (o tal vez no tan rápido ...) Pero el hecho es que me dedico a disculparme constantemente o a sentirme mal y culpable, o simplemente me siento ignorada cuando eso que yo hago en lugar de etc, etc, etc, se lo pasan por el forro, se la refanfinfla, o volvemos otra vez al tema de la memoria de los peces. 


Tengo que saber leer entre líneas de esta mente emocional que está llevándome por delante. ¿Dónde estoy? ¿Quién soy? No puedo esperar a que alguien me lo diga. Y tampoco me lo creería ... ¿Quién me conoce? Y ahora me acusan de que soy poco comunicativa, that is the problem. Manda huevos (sorry). La verdad es que en esta ocasión, aunque normalmente soy reacia a eso, me aburre y desespera el contarle (cargarles) a mis amistades con mis problemas. Tengo verdadera aprensión. Pero esta vez me he abierto, y he dejado que me cuiden un poquito, les he dado a entender que estoy un poco, digamos, diferente a otras veces, y me ha resultado muy sano el verles y contarles. Aunque he notado también que no estoy tan acostumbrada, que no soy así, que no puedo acostumbrarme a cierta periodicidad, la verdad, y que me resulta más fácil escribir. O leerles incluso lo que escribo. Tras un par de horas, o una hora y cuarto de verles, me canso, y me entra una desazón, me gustaría irme. No puedo ver a la gente durante más de ese tiempo, lo siento en el alma, me descorazona ver su buena, maravillosa intención de sanarme, de que me apoya en ellos porque saben lo difícil que me resulta, las veces que he desaparecido, la multitud de veces que me he arrepentido de quedar y he cancelado una y otra vez, en serie, nuestras citas. Y no se han enfadado conmigo por eso. Vive y deja vivir. Me quieren, lo entienden? Me lo permiten, me dan tiempo, espacio, pero están ahí en el momento que les necesito. Qué gente más especial. 


Es gente estable, pero no sé por qué no puedo continuar el contacto mucho tiempo, dos veces seguidas me ahogan, me saturan. Qué persona más difícil soy.


La verdad es que ya es hora de que integre en mi vida personas que me ayudan a mantener la estabilidad aunque me resulta difícil el mantener el contacto, y no el camino de espinas y bombas racimo durmientes por el parece que transito. He de repetírmelo como un mantra, hazlo, hazlo, y si no encuentra algo mejor, no lo compre, aunque parece que lo olvido a menudo. No sé si hay mucha gente así. Lo repito, mejor: no hay mucha gente así en mi vida. A lo mejor atraigo a la gente equivocada. Pero la familia no la puedes escoger. Últimamente sólo me resulta realmente fácil el quedar casi cada semana con mi nuevo amigo J.L., un hombre mayor de algo más que 80 años. Es una de las personas más creativas, más increíbles, más interesantes y con quien he tenido más sintonía en los últimos años. Puedo tener intimidad con él, que es lo que no puedo hacer con mis amistades, con la mayoría de la gente. Sólo he podido hacerlo cuando estaba algo hipomaníaca, al hacer un proyecto de cine. Es una persona joven, que me da cosas a leer que tendría que haber encontrado hace años, pero que ahora han venido en el momento preciso. Por ejemplo: No salgas con una chica que no lee. Este escrito me ha cambiado la vida, y continuaré empapándome en los años venideros. Quiero que este escrito me empape, que me trasponga, que me inspire, que me intervenga, que me penetre en toda su sustancia: que forme parte de mí para siempre. ¿Cómo lo ha encontrado? ¿Cómo lo ha hecho? No es artista, era oftalmólogo. Pero ha hecho de su vida una aventura, un arte. Se lo he leído a algunas personas, pero no he podido comentarlo, tal vez necesitaban masticarlo, volverlo a leer, les ha pillado por sorpresa, o lo integrarán en sus vidas, o se convertirá en un lejano recuerdo. Pero no hemos podido hablar mucho sobre ello.


Ayer pensaba que la vida va a ir más despacio, que de nuevo los minutos serán minutos y las horas, horas. Porque algunas personas ya no me van a estar invadiendo constantemente, tenerme ocupada constantemente. Ya no les intereso lo suficiente para querer darme la lata, incluso. Es natural y es un cambio de chip para mí. La verdad es que, sin decirlo directamente la mayor parte del tiempo. es lo que les estoy dando a entender ... La soledad es un camino a conquistar, es un nuevo ritmo que te tiene que atrapar, encandilar ... Vive y deja vivir. No puedo forzarlo, pasará de todas formas. Sé que pasará. Por favor, que sea pronto. No sé lo que necesito, but it better come soon. 


Supongo que, en el fondo, estoy en medio de una maldita crisis bipolar, reaccionando demasiado emocionalmente, pero la razón, mi determinación por estar bien, mis decisiones que he tomado las últimas semanas, la manera en que he podido mantener cierta actitud sana, la nueva medicación (Elontril) y la vuelta al Lamictal, viejo y querido amigo, la ilusión del nuevo psiquiatra de izquierdas, comprometido, experto en la relación entre la bipolaridad y la creatividad, la forma en la que me quiere escuchar, el hecho de que le he buscado y encontrado yo, y la manera en que me trató en el primer breve encuentro y la primera vez que tuvimos una sesión el mes pasado (le voy a ver la semana que viene otra vez, y estableceremos las bases de nuestra nueva relación), mis lecturas, mis escrituras, la práctica callada de mindfulness. mi nueva necesidad de abrirme a la gente y de conocer a gente nueva en igualdad de condiciones, sin dejarme vampirizar,  me han ilusionado y me han reforzado la veracidad de que ahora voy a estar bien, tal vez por primera vez en muchos, muchísimos años. Ahora lo que tengo que hacer es volver a trabajar en la serie. 


Así que ... Sayonara, baby.