Le advertí a I.B. que al viajar se llevará en las maletas el mismo equipaje que ahora guarda en su casa consigo. Que aunque descubra parajes, gentes nuevas, acogedoras, amantes, su mente regurgitará las mismas andanzas que habían acabado en callejones sin salida, las mismas ideas preconcebidas que no pudieron liberarse, el mismo cofre de insectos enredados como palabras arrejuntadas y enmadejadas. Lo sé muy bien, he viajado mucho y lejos.
Y el truco, la magia, es enfrentarse a ello sin el vértigo creado por el inmovilismo de estar donde siempre, sino surcar el viento con los dinámicos aires de lo nuevo, de lo amigo, de lo excitante y tierno que encuentras siempre en otros lugares que te comprenden, y en los cuales quieres echar raíces, aunque sea sólo durante un tiempo. Y ponerte a trabajar, y hacer el proyecto de tu vida, y recuperar tu vida, renovarte, (re)crearte.
Porque viajar no es lo mismo que ir de vacaciones.
Y yo también estoy viajando en este momento, pero por mis parajes mentales. Son espacios con abundante vegetación pronos al desvío, al detour. Me despisto rápido y vuelvo a encañonarme también con relativa rapidez como en una especie de yo-yo que me marea y no termina de asentarme.
Busco el izar la pica, clavar la tienda de campaña y extasiarme ante el paisaje mientras caliento al fuego la lata de judías. Y que me sepan a gloria.


2 Comments:
Pues viajar con la mente ya es un buen síntoma....no dejes de hacerlo.
Saludos
Nieves
:-)
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