Son las dos de la madrugada. Llevo desde las once de la mañana delante del ordenador montando, haciendo malabarismos para que el trabajo de los últimos cinco años se ordene y se pueda manejar de un software a otro, se encuentre, se pueda volver a planificar. Está claro que el trabajo, cualquier trabajo, a veces es simplemente excesivo. Me voy a dormir en cuanto se solucione esta última cosa, me digo.
Hay veces que parece que todo a nuestro alrededor conspira (a veces durante años) para no lograr conseguir lo que se quiere. Bueno, básicamente me tengo que imaginar, porque a veces se me olvida, que esto le pasa a todo el mundo, y que la solución es perseverar o cambiar de rumbo cuando un itinerario se bloquea. Saber distinguir entre una solución u otra depende de la sabiduría que hayamos nutrido y desarrollado durante nuestra vida. Y a veces, afortunadamente, otras personas nos guían en la toma de decisiones.
Me gustaría pensar que además de acumular errores y problemas en mi vida también he forjado una serie de estrategias inteligentes para llevar a cabo mis proyectos, e incluso salir victoriosa en algún u otro momento. Sé que en el ámbito personal probablemente no he podido manejarme cómo hubiera querido, porque no sé moverme demasiado bien en grupo, y en la intimidad sólo puedo admitir un número muy limitado de personas, y me agobio si tengo que prestarles atención o cuando me la prestan a mí demasiado seguido.
Así que ahora que veo que no voy tan rápido como quisiera, que no me estoy divirtiendo tanto como quisiera, que estoy agotándome mucho más de lo que quisiera, voy a aceptar que reemprender el viaje hacia la consecución de proyectos personales y artísticos es una labor ardua y prolija, y el tiempo no funciona igual que el del reloj.
Cuando te pones a hacer algo y te dices que lo vas a terminar cueste lo que cueste, el dolor mental y físico se disipan rápidamente cuando se te echa encima a bocajarro un alud de dificultades aparentemente insalvables. Básicamente se te quita la ñoñería de quejarte por cualquier cosilla que no te apetezca hacer o te resulte incómoda, porque te pones las pilas de una manera increíble y se te caen las excusas y las quejas con todo el equipo al finalmente darte cuenta de que el tema no es juego de niños, que ay lo que te queda, si no has hecho más que empezar, y que te tienes que poner a la altura si realmente quieres hacerlo, o si no dejarte de tonterías y marcharte a dar la paliza a otra parte.
Cuando te pones a hacer algo y te dices que lo vas a terminar cueste lo que cueste, el dolor mental y físico se disipan rápidamente cuando se te echa encima a bocajarro un alud de dificultades aparentemente insalvables. Básicamente se te quita la ñoñería de quejarte por cualquier cosilla que no te apetezca hacer o te resulte incómoda, porque te pones las pilas de una manera increíble y se te caen las excusas y las quejas con todo el equipo al finalmente darte cuenta de que el tema no es juego de niños, que ay lo que te queda, si no has hecho más que empezar, y que te tienes que poner a la altura si realmente quieres hacerlo, o si no dejarte de tonterías y marcharte a dar la paliza a otra parte.
Sólo he salido una vez a la calle al herbolario a comprar leche de soja y unas salchicas de tofu frankfurt que me pedía el cuerpo (por supuesto me he olvidado de los huevos, que hubieran sido una excelente combinación). Me ha venido bien porque la chica dueña del herbolario estaba más estresada que yo persiguiendo un pedido con la empresa de transporte tocanarices, con una señora que había ido a la tienda más de tres veces ya (y ya se sabe cómo es la gente borde de herbolario) echada en plancha encima de la encimera
Ya me iba yo rápidamente para no entretenerla y entonces ella me ha mirado con angustia de ¿ya te vas? y me he quedado un rato escuchándola porque antes tenía que poder desahogarse con alguien tras haberse ido la clienta de actitud pasivo-agresiva. Constatar cómo el mundo detrás de tus cuatro paredes también va a cien por hora te da cierta tranquilidad cuando te revuelves en tu silla tras horas de no poder levantarte porque es que no puedes.
Hoy me ha pasado de todo en una especie de pim pam pum emocional que me ha transportado por el día como en una montaña rusa de estados de ánimo: me he sentido ufana, nerviosa, desanimada, alegre, hambrienta (para luego apartar el plato), emparanoyada, impaciente, quisquillosa, resignada ... Y todo ello porque he estado sola trabajando con el ordenador y preocupándome más de lo que debería con otras cuestiones. Pensé que el trabajo me iba a ayudar a desvincularme de este lado emocional que se ha desmadrado, y todavía no lo consigo del todo. Es más, me he dedicado a pensar y obsesionarme con I.B. con lo que parecía crecer con la intensidad voraz de un incendio. Y luego mi mente de nuevo ha visto la luz, casi ahora, al final de mi jornada, y me veo más capaz de desvincularme y tranquilizar mi ánimo. Y ¿quién sabe? tal vez olvidarme de querer estar con ella, darme cuenta de que la cosa ya no da para más, que lo he intentado todo, y que es inútil porque los mismos problemas dan vueltas sobre su cabeza como una tachuela y me siguen haciendo el mismo o más daño que antes.
Ya me iba yo rápidamente para no entretenerla y entonces ella me ha mirado con angustia de ¿ya te vas? y me he quedado un rato escuchándola porque antes tenía que poder desahogarse con alguien tras haberse ido la clienta de actitud pasivo-agresiva. Constatar cómo el mundo detrás de tus cuatro paredes también va a cien por hora te da cierta tranquilidad cuando te revuelves en tu silla tras horas de no poder levantarte porque es que no puedes.
Hoy me ha pasado de todo en una especie de pim pam pum emocional que me ha transportado por el día como en una montaña rusa de estados de ánimo: me he sentido ufana, nerviosa, desanimada, alegre, hambrienta (para luego apartar el plato), emparanoyada, impaciente, quisquillosa, resignada ... Y todo ello porque he estado sola trabajando con el ordenador y preocupándome más de lo que debería con otras cuestiones. Pensé que el trabajo me iba a ayudar a desvincularme de este lado emocional que se ha desmadrado, y todavía no lo consigo del todo. Es más, me he dedicado a pensar y obsesionarme con I.B. con lo que parecía crecer con la intensidad voraz de un incendio. Y luego mi mente de nuevo ha visto la luz, casi ahora, al final de mi jornada, y me veo más capaz de desvincularme y tranquilizar mi ánimo. Y ¿quién sabe? tal vez olvidarme de querer estar con ella, darme cuenta de que la cosa ya no da para más, que lo he intentado todo, y que es inútil porque los mismos problemas dan vueltas sobre su cabeza como una tachuela y me siguen haciendo el mismo o más daño que antes.
Con respecto al trabajo ha habido un momento hoy en el que me he sentido confusa y destartalada, y he odiado el estar haciendo lo que hacía y el dolor de cabeza que me provocaba y que me estaba mortificando. Luego me he dado un voto de confianza a mí misma en un estallido de sentido común y racionalidad, y finalmente todo se ha estabilizado y he recuperado la energía.
Y así hemos llegado hasta aquí. Y ahora ya son las tres y veinte de la mañana. Pero quería desconectar para no llevarme un montón de clips y audios enmarañados e insolentes a la almohada.


2 Comments:
Tómatelo con calma....y de vez en cuando una cervecita o vasito de vino conversado vienen de maravilla....
Saludos
Nieves
:-) Sí, a ver si me sacan de casa ;-)
Besoss
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