
Ya no estoy en Madrid, al menos no del todo. La única forma de resurgir de estos meses tan difíciles ha sido recuperando algo muy preciado que había perdido: yo misma. A veces puedes estar alienada pero no sabes por qué, ni cómo. Yo no me he encontrado en Madrid, más bien me he perdido. Llevo siete años aquí dedicada a mi familia, y ha sido bonito, pero con respecto a esta ciudad he intentando encajar, mezclarme, comunicarme, y no lo he conseguido. A veces no estaba bien, otras no entendía nada, y otras me sentía desplazada o aburrida. Estoy en una sociedad que ya no es la mía y sólo puedo experimentarla sin chocar contra ella, venir de vez en cuando pero no vivir aquí. No he estado mal todo el tiempo: he conocido a gente que me ha hecho aprender mucho y también ver las cosas de otra manera, he disfrutado de amistades de las que llevaba mucho tiempo alejada, mi familia me ha arropado mucho y siento que la he recuperado. Me he llegado a conocer a mí misma mucho mejor que nunca, he indagado muy hondo, y he experimentado lo que se siente cuando eres capaz de sobrevivir con lo mínimo, únicamente tus propias fuerzas. Pero todo esto no me ha llevado hacia mí.
Así que he emprendido el viaje contrario al que recorría hasta hace sólo tres semanas. Al volver a Londres me he dado cuenta de qué cosas son las que me alienan aquí, y he comprendido lo que me pasaba. Y ahora estoy viviendo como si estuviera de visita, aunque todavía se alargue un poco más. No me estoy centrando demasiado en las pequeñeces ni las rutinas que tengo aquí; sino que estoy ultimando, cerrando asuntos pendientes, preparándome para mi próximo viaje, mi cercana y última parada.
Y me doy cuenta de que ahora tiene sentido montar mi serie porque ya no me importa si se ve aquí o no. Ya ha pasado su tiempo de tener un significado en España. Ahora será mi manera de mostrar lo que he observado y vivido aquí cuando lo enseñe en Londres y otros países. Así que estoy terminando de montarla con la idea de subtitularla lo antes posible, y llevarla conmigo como parte de mi equipaje. Antes era un fin en sí mismo, y por eso perdía fácilmente la motivación. Ahora es tan sólo una formalidad, porque veo claramente y con ilusión todas los otros planes y proyectos en los que debo embarcarme después de esta película.
Lo que me ha pasado bastantes veces es que estaba en mi habitación y miraba desesperanzadamente a mi alrededor, veía todos mis libros de cine, mis guiones, mis fotos de pósters de películas, los pases con mi foto para entrar en los festivales de Berlín, Málaga, Londres ... Y me preguntaba qué había sido de esa persona que había rodeado su casa de lo que ahora parecía memorabilia de alguien obsesionada con un mundo externo del que ya no participa. Incluso se me olvidaba haber estado ahí, haber formado parte de todo esto. Era como una fantasía que me había inventado, como si toda mi vida hubiera sido un sueño ridículo: creer en algo que no ocurrirá jamás.
Y así es cómo he perdido mi identidad. Y así es cómo la estoy recuperando, y no puedo creerlo. Todo esto se inició cuando hablé con M. y le dije que no tenía ni futuro ni carrera profesional. Y ella me replicó con tranquilidad y convencimiento que sí que tenía una profesión, pero que no podía ejercerla en Madrid. Así de sencillo. Una frase. Y de repente se me encendió una bombilla. Ese comentario fue como un par de manos que me recogieron desde abajo y me llevaron hacia adelante, me protegían, me dieron la energía que necesitaba para plantearme quién soy yo y lo que tenía que hacer para volver a serlo. Y luego hablé con mi psiquiatra amigo y en su mirada noté la empatía que necesitaba para creer en mí misma, en que sí: debía marcharme, y tenía que ser ahora.
Es muy extraño, y supongo que soy débil, y me molesta el hecho de que no he podido ser feliz del todo aquí en Madrid. Yo que soy ciudadana del mundo con amplia experiencia de adaptación dondequiera que voy. Y sin embargo no ha sido así. Pero ya no voy a machacarme. Ya está. Todo lo que me ha dado mi familia creo que lo he correspondido, y quiero encontrar una manera de no desaparecer(me), de seguir mostrándoles amor, de seguir ahí con la bebé, mi sobrino, mi hermana, mi madre. Y dar una alegría a mis amistades que han presenciado año tras año mis caídas y mis intentos por levantarme una vez más, cada vez, sin conseguir la seguridad que necesitaba.
Así que aunque estoy en Madrid, prácticamente todos mis planes están orientados a cuando ya vaya a Londres. Y como no puedo estar ahí todavía me dedico a informarme sobre el Londres que no conozco porque es nuevo, las posibilidades, las convocatorias a las que puedo presentarme desde aquí para ir haciendo tiempo. Sé que me iré cuando quiera, cuando esté preparada, cuando termine aquí lo que tengo que hacer. Mi madre debe verme ocupada e ilusionada en estos meses, y sólo entonces le contaré mis planes. Tengo que acabar una serie de cosas para no sentir que huyo de Madrid con el rabo entre las piernas, una vez más la trotamundos que salta de país en país y aterriza rompiéndose una pierna. Esta vez va a ser todo diferente.