domingo, 4 de agosto de 2013

Ámsterdam

La interfaz es el precinto de la narrativa táctil. Las letras acarrean la responsabilidad de transmitir el mensaje y entretejerlo. Esta noche la digitalización es placentera y suave, y transcurre sin esfuerzo. Solo habría que pensar algo y traducirlo al ámbito luminoso de la pantalla. 

El ronroneo de los coches a lo lejos, el salvaje corte en el aire de las motos, la soledad de las calles crean un tapiz sonoro de ecos y vibraciones. Las historias imbricadas en la noche se suceden sin testigos; las risas, los latidos, los viajes y los retornos la pueblan. 

Cada ciudad tiene su ritmo nocturno. En Ámsterdam yo seguía los destellos en el agua mientras pedaleaba hacia casa. Las bicicletas emitían ruidos internos, la calle olía a café y grasa mojada. He echado mucho de menos a Ámsterdam. Sabía dónde estaba. 


 

miércoles, 31 de julio de 2013

Bikes


I can't work out why unattended bicycles swindle into oblivion and decay. It has happened to me with two of my favourite bikes; I left the countries I lived, ground and cycled at, and they slowly lost their sheen and broke and altered their frames, gears and props, as if not wanting to continue, to fight anymore. Their tyres flat, their locks missing, their lights broken as if they'd exploded from the inside out.

They weren't pretty, but their time on the road had turned them solid and fierce, and their basic shapes and styles had become suave and accomplished. We were endangered together and freed at last, and the rain and the reflection of the sky and clouds on the road at night gave us an extra charge of freshness and longing. 

 I still don't get it. I came back to the cities where I'd left them, London and Amsterdam, and there they lied: indoors, outdoors, it didn't matter, they had slowly churned and exhausted themselves. They were bereft of their stickers, metallic coating and identity; pieces were missing, questions unanswered. Their spirits broken, their boldness curtailed and spiked. 

I parted and didn't turn back for a last look, a good-bye of appreciation for old times, for good times. Just like that. 

miércoles, 24 de julio de 2013

Forever be true

Forever me

Forever thou

Forever true

lunes, 1 de abril de 2013

Vintage new


Initially it's not easy, but I've got better at it. Roaming through old thoughts and new revisions, the choices are there. Being is believing. 

The future is bright

brighter

down there

somewhere 

In the vault where the heart reoffends and swirls around like a blooming flower bud on fire. There's plenty of looks and glances directed at me, through to the end. Retake the challenges, I'd say. 

domingo, 10 de marzo de 2013

Slow boot


Time goes on, it's an unlikely sphere of knowledge and ritual. There are many things that make sense in their own way, through the prism of their own thought, but it takes a while for me to envisage the meaning of it all, the entourage and crocheting that took stuff to settle and be. 

I keep on running on long hauls. Life is showing me slowly what I am about. 

domingo, 3 de febrero de 2013

Cartas


Pasan de mano en mano sin ser abiertas, hasta que llegan a ti. Cuando las tienes en tus manos están calientes como el algodón en rama asido a la tierra.

viernes, 14 de diciembre de 2012

Fat buttery words


Llevo tres días escribiendo sin parar. Lo único malo es que me duelen los ojos, pero no tengo más remedio que utilizar el ordenador. Tengo ganas de utilizar de nuevo una máquina de escribir, como hacía a los doce años; o simplemente escribir en folios encima de mi mesa, como cuando tenía siete años. Desconozco si Virginia Woolf escribió con una máquina de escribir Smith Corona; aunque por su diario sí sé que en muchas ocasiones ayudó a Leonard a editar sus libros en su imprenta, la Hogarth Press, letra por letra, pieza por pieza. Llenándose las uñas de tinta mientras preparaba minuciosamente la tipografía, congratulándose cuando avanzaban un par de páginas diarias más. 

Me pregunto cómo sería volver a escribir sin poder retractar(se) tan fácilmente. Llenándote los dedos de Tippex, o creando nubes de anotaciones para cuando fueras a pasar el original a máquina. Cuando hacía esto (y lo hice desde los 6 a los 21 años) el proceso entero llevaba un tiempo que no se me hacía pesado. Cada día era una decena de páginas; cada golpe táctil contra la blandura del papel o la brillantez de la tecla de la máquina de escribir establecía el ritmo, el rumbo, el encuentro con el próximo minuto, la próxima hora, el final del día y la concatenación con el siguiente. 

El teclado escalonado permitía reconocer cada palabra tuya, única, por el ímpetu que supone el choque en seco contra la tecla y el papel almidonado. Hay palabras cortas que requieren una sola mano cayendo en picado desde el aire. Otras, un foxtrot, o un vals interpretado en la máquina a dos manos. Y el golpe de efecto contra el carro al terminar una línea era suficiente para reafirmarte en el espíritu del párrafo anterior, una pausa para tomar aire, un nuevo quiebro de tu imaginación literaria. 

Cuando tenía vacaciones me levantaba por la mañana saltando de la cama con ganas de escribir: era mi pasión, mi trabajo, mi identidad. Escribir y el cine, claro. Durante muchos años llevaba un diálogo personal e interno conmigo misma y mis libros, y llegué a ser muy buena en eso. Me sorprendía incluso cuando podía compartir pasiones, narraciones e ideales (e ídolos)  literarios con otras personas. Y fue en el instituto donde pude expresarlas más cómodamente. Después con mis películas y mis guiones. 

Ahora me siento de nuevo entregada al vaivén de este trabajo, a la pasión, a la naturalidad que en mí radica. Lo que más me gusta es que de repente leer tiene sentido; empaparse de los viajes literarios, como hacía antes, es un proceso natural, necesario, alimenticio. Por fin entiendo por qué me encontraba tan entumecida últimamente en mis lecturas: había perdido el rumbo, la lógica que me permitía el diálogo con el libro, con la autora, el autor, con la literatura encerrada en las palabras. Porque no podía crear esa trayectoria que se retroalimentaba, con la que de alguna manera en la escritura respondía a mis lecturas, y en la lectura imaginaba mi propia literatura. 

He de decir que leo casi exclusivamente en inglés, pero no me voy a atormentar por eso. He pasado la etapa más importante de mi vida leyendo y mezclándome la esencia con todos los libros imaginables en castellano y traducidos, y ahora mi mente bebe y se poliniza entusiasmada con los conceptos, narrativas y rastreos que me proporciona el inglés y la cultura anglosajona e internacional. 

Me siento feliz escribiendo en inglés y en castellano. Es muy diferente. ¿Cuántas vidas posibles puede experimentar la mente? El poder beber de otro idioma me permite explorar miles de puntos ciegos en mi cabeza, imaginarlos y sacarlos a la luz. Y a veces se produce una mezcla pirotécnica de culturas y fuselajes, especialmente cuando intento decir en español algo que diría fácilmente en inglés. 

Me gusta el inglés porque tengo la inmensa suerte de descubrir palabras nuevas todos los días. Mi boca se deleita con ellas, con el sonido, el chasquido, la textura y el ritmo de estas nuevas palabras que inmediatamente enlazo con sus significados, sus sueños, sus quimeras; las mías. 

Es la pasión por las palabras que me hizo atesorar los dos pesados volúmenes del diccionario de María Moliner cuando tenía 16 años. Estos mismos libros han viajado conmigo por el mundo y han saltado de país en país cuando cambiaba mi residencia. No ha sido fácil, pero no podía dejarlos atrás (ellos tampoco querían abandonarme a mi suerte). 

Mi casa está vacía, no sé dónde han ido a parar los cientos y cientos de libros que he leído cuando estaba fuera. Y la mayoría de los que leí aquí, en Madrid, se encuentran atesorados en decenas de cajas en los altillos de la casa de mi madre. Parece ser que mi madre también desmontó mi adorada librería blanca, y guardó las barras y los estantes para que cuando yo pueda vuelva a reconstruir en mi casa. 

Pero el diccionario de María Moliner ha estado siempre conmigo. Es el libro más maravilloso que jamás he podido leer. Y nunca se acaba. 

I like wordshttp://www.lettersofnote.com/


Dear Sir:

I like words. I like fat buttery words, such as ooze, turpitude, glutinous, toady. I like solemn, angular, creaky words, such as straitlaced, cantankerous, pecunious, valedictory. I like spurious, black-is-white words, such as mortician, liquidate, tonsorial, demi-monde. I like suave "V" words, such as Svengali, svelte, bravura, verve. I like crunchy, brittle, crackly words, such as splinter, grapple, jostle, crusty. I like sullen, crabbed, scowling words, such as skulk, glower, scabby, churl. I like Oh-Heavens, my-gracious, land's-sake words, such as tricksy, tucker, genteel, horrid. I like elegant, flowery words, such as estivate, peregrinate, elysium, halcyon. I like wormy, squirmy, mealy words, such as crawl, blubber, squeal, drip. I like sniggly, chuckling words, such as cowlick, gurgle, bubble and burp.

I like the word screenwriter better than copywriter, so I decided to quit my job in a New York advertising agency and try my luck in Hollywood, but before taking the plunge I went to Europe for a year of study, contemplation and horsing around.

I have just returned and I still like words.

May I have a few with you?

Robert Pirosh
385 Madison Avenue
Room 610
New York
Eldorado 5-6024


domingo, 9 de diciembre de 2012

Rosebud


Hay otros mundos posibles, hay multitud de mundos posibles, y sólo se trata de rendirse a lo que es evidente, y dejar de justificarse en un inmovilismo de resistencia. Basta de redenciones, de carencias, de búsquedas desencaminadas. Finalmente me siento capacitada para afrontar con lucidez mis batallas interiores, porque no son daños colaterales sino la materia prima de mi creatividad. 

Este mundo posible al que ya me voy a incorporar sin reservas y con exclusividad consiste en la simple expresión de los sentimientos internos, la observación de estos por medio de mi propia escritura, y también por la lectura señalizada con el puño y letra de aquellas personas que los han plasmado de forma tan concienzuda, inteligente, visceral, testaruda e inasequible al desaliento. 

La expresión literaria puede haber surgido como expresión desesperada, incoherente, desabrida, biliosa, reprensible, rota, fragmentada, incompleta, alcoholizada, alterada. Pero a menudo las maneras rábidas y personales, sin ambages, sin vergüenzas, luchando contra la inhibición de sus impulsos más fieros, plasmaron sus incoherencias y batallas por adaptar y adaptar(se) a este mundo, sin abandonar la fidelidad a su cosmología interna, como perros a su instinto zapador.

Voy a dejar de lado la obsesión por revisar las narrativas de mi historia personal, de esas horas, esos minutos, esos años. Porque no me interesa vivir en el ahora mismo ni en el mañana, y me frustra tener que pensar en el tiempo como una medida de la existencia. No me importa que sea lunes o viernes, que tenga esta edad o haya tenido la otra. Esta versión de la cartografía del tiempo se extingue en ese último suspiro como aquel de mi padre en el que no dejo de pensar. Un último suspiro, breve, sencillo; un adiós sin sufrimiento, tal vez con sorpresa, y toda tu vida se sintetiza, se termina con una exhalación del alma y del cuerpo; y a veces no te queda tiempo de revisar lo que has hecho o lo que has querido hacer, de expresar todo tu esfuerzo. Es un simple adiós al mundo en el que dejas de existir. Carpe diem!

Los sentimientos como estilo de vida, la percepción como necesidad para esclarecer tu lugar en el mundo, para continuar, para respirar, para ser. 

La escritura, la lectura, al fin. 

martes, 27 de noviembre de 2012

Photobooth


Durante un mes he tenido conmigo la compañía de tres mujeres inolvidables que han acudido a mi encuentro para cuidarme. Y ahora han regresado a sus países de origen, también tres. Están lejos, aunque accesibles. 

Ya ahora me encuentro sin ellas, y es una sensación muy extraña, porque cuando estaban aquí todo era conocido, nuestra relación no había cambiado mucho tras estos años, y mi alma y cuerpo vibraban con su inteligencia, belleza y comprensión. Cuando he estado con ellas he sentido como nunca los elementos que conforman mi identidad a todos los niveles: sexual, cultural, artística, y me sentía nadar en mi territorio, que también era el suyo. 

Y el hecho de que me conocieran perfectamente me ha hecho ver que la persona que soy realmente existe. 

viernes, 16 de noviembre de 2012

Héroes


Hoy M. está en Madrid y viene a verme. La recibo expectante y con ilusión porque sé que me va a ayudar a recuperar cierta lucidez que ahora necesito desesperadamente. Viene a escucharme, a hablar y a hablarme de mí. Va a orientarme, hacerme sentir válida en mi simplicidad y en lo complejo. Su mera presencia, su calor humano, su sentido del humor, que le permite reírse conmigo de mis propias bromas, va a servirme de alivio, de rescate. Me siento una náufraga que avista el barco que la volverá a dirigir en ruta con las indicaciones de su antiguo cuaderno de bitácora. 

Me va a echar una mano con la limpieza y orden de la casa; pero eso es más que mera rutina. Mi pequeña Mary Poppins viene al rescate, y el ayudarme con la casa supone el apartar de un manotazo una de los nubarrones más turbulentos, más dañinos, más turbios. 

Significa sacar a Excálibur de la piedra y blandir su hoja brillante para enfrentarse a mis miedos más oscuros y persistentes. Y que lo haga en mi nombre otra persona, alguien que me quiere y me comprende, es llevarme en sus brazos hacia delante cuando mis fuerzas flaquean: es mostrarme la salida, donde la luz me llama para mecerme en su tibia claridad. Es acompañarme y mostrarme el camino hasta que pueda recorrerlo sola. Es protegerme en la retaguardia, mirar por mí; estar preparada a derrotar a cualquier enemigo que intente perseguirme y atacarme por la espalda. 

Y me ayudará a encontrar el héroe que reside en mí. 

Es prometerme en el adiós con una sonrisa esperanzadora y tranquilizante que volverá si vuelvo a necesitarla, que se adelantará a mis tribulaciones, que mis monstruos no volverán a acercarse a mí. Y yo la despediré desde lejos y podré seguirla con la mirada porque su armadura plateada brillará potentemente como si todos los rayos del sol se reflejaran y su destello no se alejara nunca. 

martes, 13 de noviembre de 2012

Vagar

 
Estoy bien, no me encuentro atemorizada por la tristeza, pero me he encallado. Tengo la casa hecha un desastre. Todo comenzó el día después de la muerte de mi padre, cuando tuve que entrar en casa mientras mi hermana me esperaba en el coche camino del tanatorio. Tuve que buscar y coger apresuradamente todo tipo de cosas necesarias: fotos de mi padre, marcos, cargador del gps, hacer un cambio de pantalones, de zapatos, etc. Mi hermana no sabía el camino y estaba nerviosa, y yo no encontraba las cosas, así que me di muchísima prisa y dejé cajones abiertos, otros volcados, perchas sin colgar, etc. Tras su muerte y en el tanatorio yo me encargué de organizarlo todo, hasta en el entierro tuve que encararme con un sepulturero que nos quería echar un segundo después de finalizar porque tenía prisa.


Después pasé casi dos semanas en casa de mi madre durmiendo, cuidando de ella, comiendo, respondiendo al teléfono. Vinieron mi tía y mi tío de Canadá, en compañía de mi prima. Con ella hablé durante muchas horas, compartí el caudal ingente de nuestra melanina, de nuestro adn común: me abrazó, me besó, me escuchó. Pasó el funeral, las comidas en restaurantes, los recibos por pagar, las visitas al cementerio para ultimar el acabado del mármol de la tumba de mi padre.

Y cuando volví a mi casa, cargada con las bolsas de lo que había llevado al hospital (un edredón, una manta, pijamas, etc), y lo que llevé al tanatorio, mi únicos objetivos fueron el ponerme mis pantalones de andar por casa, mi sudadera gris, tumbarme en mi sofá y descargar los capítulos de mis series preferidas, buscando comedias románticas, cine independiente, cine francés, etc. 

Y a partir de aquí tengo poco que contar. Me he ido a la cama a altas horas de la madrugada, dormitando entre capítulo y capítulo, película en película. La casa se ha llenado de objetos amontonados unos encima de otros. No he guardado nada, simplemente he apartado como he podido todo lo que andaba por medio, tan sólo para poner otras cosas en su lugar. Me he dedicado a comer pan con tahini, patatas Pringles, palomitas de bolsa, alguna manzana, alguna naranja, y los envases y restos de comida están encima de mi mesa y de cualquier superficie hábil. Tengo que cerrar la nevera con rapidez porque ahí languidecen unos garbanzos podridos que puse en un tupper antes de que sucediera todo. Abro botes y no los cierro, cojo un plato detrás de otro y los amontono de cualquier manera cuando se ensucian. Cuanto más desastre se acumula, más incapaz soy de impedirlo. 

Al apoyar la cabeza en el brazo del sofá me he causado dolores de cabeza, de cuello, de hombros. Tardo medio día de media en lavarme los dientes, se me ha acabado la ropa interior, no soy capaz de quitar el tendedero medio vacío de en medio del baño. 

He pasado más de diez días en un sopor continuo, no he respondido a ningún mail, apenas me he acordado de los mensajes de texto que me han enviado. He puesto todo tipo de excusas para no ver a mis amistades, y sólo he ido a casa de mi madre unas cuanta veces, incluyendo hoy, para no dejarla sola. 

He pensado en mi padre, me he acordado de aquellos momentos en los que me cogía de los brazos pidiendo ayuda, en los que se emocionaba al verme llegar, en los que estaba en estado crítico luchando por esas horas más en nuestra compañía. 

Me acuerdo de Septiembre y me pregunto por qué ha habido tanto desamor durante tanto tiempo.

También he intentado escribir todos los días, para no alienarme por completo, pero estoy muy harta de la situación. Hace casi un año que no me pasaba nada de esto, a pesar de lo difícil que ha sido todo. Y finalmente he caído. 

He tenido momentos oscuros, pero ahora he pasado a otra etapa en la que en general simplemente me encuentro vaga, desmotivada para las cosas prácticas, bastante incapaz además de hacerlas. Me falta coordinación motriz, mis movimientos son torpes e incompletos, pienso de forma incompleta. Me acuerdo de cuando me movía por casa con todo en su sitio, cuando trabajaba tranquilamente, cuando las tareas cotidianas no eran un esfuerzo tan grande, y recuerdo que en situaciones similares hubo algún momento en el que mi motivación se activó y se mantuvo de forma continua.

Ahora estoy esperando con cierta resignación a que mi cerebro se cargue de los neurotransmisores necesarios para poder movilizarme, aunque guardo la esperanza de que una Mary Poppins pueda ayudarme tan sólo a arreglar la casa, me prepare una comida caliente y me traiga un té a la mesa de montaje. Me gustaría que volviera al día siguiente y al otro para animarme a seguir, para echarme una mano. 

No quiero pedir ayuda a nadie conocido porque tendría que explicar demasiadas cosas y es una situación que requiere intimidad y confianza. Mi hermana está demasiado ocupada. Esta es mi crónica del día. 

Pd: Me acaba de llamar M., mi pequeña de Ámsterdam. Va a venir a verme este fin de semana. Ya ha venido Mary Poppins! 


jueves, 27 de septiembre de 2012

It was, it is


Es tan extraño ... Estoy moviendo la película como nunca, y espero que mi carrera profesional y mi identidad artística vuelvan a su cauce. Pero mi padre está tan enfermo ... Ahora no come y le van a poner una sonda gástrica, que puede infectarse, y con la neumonía podría ser terrible. 

It was the best of times, it was the worst of times ...
Charles Dickens, Historia de dos ciudades 

miércoles, 5 de septiembre de 2012

Un nuevo día



Es tarde, me he liado con unas cosas, pero no quiero irme a la cama sin bajar el ritmo, sin una infusión relajante; quiero vaciar mi cabeza para que mañana sea completamente un nuevo día. 

Es lo que siempre he ansiado: un nuevo día, todas esas veces que las horas de la jornada me han torturado con su crueldad, que mi personalidad se hundía en el fango; cuando, a pesar de todo, tenía esperanza de que un nuevo día existiera, que todo iba a solucionarse, si no ese día, otro cualquiera. 

domingo, 19 de agosto de 2012

Hacia mí



Ya no estoy en Madrid, al menos no del todo. La única forma de resurgir de estos meses tan difíciles ha sido recuperando algo muy preciado que había perdido: yo misma. A veces puedes estar alienada pero no sabes por qué, ni cómo. Yo no me he encontrado en Madrid, más bien me he perdido. Llevo siete años aquí dedicada a mi familia, y ha sido bonito, pero con respecto a esta ciudad he intentando encajar, mezclarme, comunicarme, y no lo he conseguido. A veces no estaba bien, otras no entendía nada, y otras me sentía desplazada o aburrida. Estoy en una sociedad que ya no es la mía y sólo puedo experimentarla sin chocar contra ella, venir de vez en cuando pero no vivir aquí. No he estado mal todo el tiempo: he conocido a gente que me ha hecho aprender mucho y también ver las cosas de otra manera, he disfrutado de amistades de las que llevaba mucho tiempo alejada, mi familia me ha arropado mucho y siento que la he recuperado. Me he llegado a conocer a mí misma mucho mejor que nunca, he indagado muy hondo, y he experimentado lo que se siente cuando eres capaz de sobrevivir con lo mínimo, únicamente tus propias fuerzas. Pero todo esto no me ha llevado hacia mí. 

Así que he emprendido el viaje contrario al que recorría hasta hace sólo tres semanas. Al volver a Londres me he dado cuenta de qué cosas son las que me alienan aquí, y he comprendido lo que me pasaba. Y ahora estoy viviendo como si estuviera de visita, aunque todavía se alargue un poco más. No me estoy centrando demasiado en las pequeñeces ni las rutinas que tengo aquí; sino que estoy ultimando, cerrando asuntos pendientes, preparándome para mi próximo viaje, mi cercana y última parada.

Y me doy cuenta de que ahora tiene sentido montar mi serie porque ya no me importa si se ve aquí o no. Ya ha pasado su tiempo de tener un significado en España. Ahora será mi manera de mostrar lo que he observado y vivido aquí cuando lo enseñe en Londres y otros países. Así que estoy terminando de montarla con la idea de subtitularla lo antes posible, y llevarla conmigo como parte de mi equipaje. Antes era un fin en sí mismo, y por eso perdía fácilmente la motivación. Ahora es tan sólo una formalidad, porque veo claramente y con ilusión todas los otros planes y proyectos en los que debo embarcarme después de esta película.

Lo que me ha pasado bastantes veces es que estaba en mi habitación y miraba desesperanzadamente a mi alrededor, veía todos mis libros de cine, mis guiones, mis fotos de pósters de películas, los pases con mi foto para entrar en los festivales de Berlín, Málaga, Londres ... Y me preguntaba qué había sido de esa persona que había rodeado su casa de lo que ahora parecía memorabilia de alguien obsesionada con un mundo externo del que ya no participa. Incluso se me olvidaba haber estado ahí, haber formado parte de todo esto. Era como una fantasía que me había inventado, como si toda mi vida hubiera sido un sueño ridículo: creer en algo que no ocurrirá jamás.

Y así es cómo he perdido mi identidad. Y así es cómo la estoy recuperando, y no puedo creerlo. Todo esto se inició cuando hablé con M. y le dije que no tenía ni futuro ni carrera profesional. Y ella me replicó con tranquilidad y convencimiento que sí que tenía una profesión, pero que no podía ejercerla en Madrid. Así de sencillo. Una frase. Y de repente se me encendió una bombilla. Ese comentario fue como un par de manos que me recogieron desde abajo y me llevaron hacia adelante, me protegían, me dieron la energía que necesitaba para plantearme quién soy yo y lo que tenía que hacer para volver a serlo. Y luego hablé con mi psiquiatra amigo y en su mirada noté la empatía que necesitaba para creer en mí misma, en que sí: debía marcharme, y tenía que ser ahora.

Es muy extraño, y supongo que soy débil, y me molesta el hecho de que no he podido ser feliz del todo aquí en Madrid. Yo que soy ciudadana del mundo con amplia experiencia de adaptación dondequiera que voy. Y sin embargo no ha sido así. Pero ya no voy a machacarme. Ya está. Todo lo que me ha dado mi familia creo que lo he correspondido, y quiero encontrar una manera de no desaparecer(me), de seguir mostrándoles amor, de seguir ahí con la bebé, mi sobrino, mi hermana, mi madre. Y dar una alegría a mis amistades que han presenciado año tras año mis caídas y mis intentos por levantarme una vez más, cada vez, sin conseguir la seguridad que necesitaba.

Así que aunque estoy en Madrid, prácticamente todos mis planes están orientados a cuando ya vaya a Londres. Y como no puedo estar ahí todavía me dedico a informarme sobre el Londres que no conozco porque es nuevo, las posibilidades, las convocatorias a las que puedo presentarme desde aquí para ir haciendo tiempo. Sé que me iré cuando quiera, cuando esté preparada, cuando termine aquí lo que tengo que hacer. Mi madre debe verme ocupada e ilusionada en estos meses, y sólo entonces le contaré mis planes. Tengo que acabar una serie de cosas para no sentir que huyo de Madrid con el rabo entre las piernas, una vez más la trotamundos que salta de país en país y aterriza rompiéndose una pierna. Esta vez va a ser todo diferente.

viernes, 10 de agosto de 2012

Living




Cuando pienso en volverme a Londres también lo hago en cambiar ciertos parámetros. Por ejemplo, de tipo relacional con la gente. Allí es complicado ver mucho a tus amistades, porque la gente está busy, pero como mis amigos/as están metidas en el mundo del arte, y tenemos muchos intereses en común, a mí me resulta mucho más fácil el ser sociable y compartir mis pensamientos y emociones. 

Quince años en Londres y Ámsterdam viviendo un determinado estilo de vida, habiendo pasado toda mi juventud allí, teniendo referentes por lo tanto también de las experiencias que mis amigos/as han vivido del mismo modo que yo cuando estudiaron la carrera, se enamoraron, iniciaron su vida profesional, descubrieron la libertad y lucharon por las mismas cosas por las que yo luché, es muchísimo. Con mi gente puedo hablar de lo que sucede en el barrio, de personas que conocemos, de proyectos artísticos con tremendo rapport y facilidad. En Madrid no he conseguido hacerl lo mismo, y como resultado me he aislado mucho, y he sentido que era culpa mía, con lo cual me he refugiado más y más en mi gatera. 

Es extraño, porque siendo Madrid una ciudad más pequeña, he sentido tener mucho menos en común con la gente. Es como si no consiguiera centrarme, situarme completamente en las conversaciones, entrar en los entresijos de esta sociedad, incorporar experiencias a mi estilo de vida, a mi bagage, informarme de lo que sucede a mi alrededor. En Londres comparto la sensación de estar en el mismo barco; y la apertura de pensamiento, la curiosidad, las ganas de aprender y experimentar nuevas cosas las echo de menos enormemente. A menudo me encuentro alienada por el tipo de conversaciones y valores que existen aquí. No estoy acostumbrada a escuchar cierto tipo de cosas, tener que explicar y justificar obviedades que ya no son puestas en duda en muchas partes del mundo porque ha habido un avance social, cultural y político. No me enriquezco lo suficiente con mis experiencias personales ni profesionales en Madrid. 

It's time to make a move on. 



Sufrir



Hoy he tenido una crisis muy fuerte, porque Septiembre me ha dicho cosas que me han dolido mucho. Dice que no la interpreto bien, y es muy posible. Me ha dicho que quiere que seamos amigas, y para mí eso es muy doloroso, porque para mí eso quiere decir que ha terminado definitivamente conmigo, y cree que yo puedo olvidarme también de ella con la misma rapidez. Y a lo mejor lo ha dicho porque está intentando como puede el encontrar un punto de apoyo para que ninguna de las dos se quiebre. 

El futuro con ella me parece desolador porque he perdido la esperanza ciega que tenía antes de que lo nuestro al final funcionara. Ahora sólo veo que no depende de mí; y sí, querría hacer lo máximo posible por volver, pero ahora ya no puedo dar más abasto. Este posible reencuentro no está en mi mano producirlo, y, aunque me duela, es ella y sus sentimientos lo que hará que volvamos o no. Va a depender de cómo su memoria y corazón evalúe nuestra relación, lo que he hecho ahora para recuperarla, y cómo se va a encontrar sin mí. Es justo. Yo ya he hecho todo lo posible. Tengo que aceptar la dureza de la separación definitiva hasta nuevo aviso.

Como mínimo me gustaría que dejara de tener esa visión tan negativa y apocalíptica de nosotras y nuestra relación, porque parece que no le he dado nada y que ella no ha significado nada para mí, lo que no es cierto. Además me hace sentirme muy inquieta con respecto al amor que siempre pensé que ella sentía hacia mí. ¿Cómo sería posible si no, estar (o decir) que se está muy enamorada y luego, cinco minutos más tarde, enamorarse de otra persona (o como dice M. simplemente enamoriscarse, aunque esto no lo tengo tan claro) y demostrar que ya no quieres a tu pareja, porque haces muchas cosas contrarias a lo que yo entiendo por amor? Tiene que haber una explicación, pero ahora debo estar ciega porque no la encuentro. M. dice que es la rabia, y que todo volverá a su cauce, y los sentimientos no serán tan traicioneros, que no haga ningún caso a lo que dice Septiembre porque todavía está confusa y dolida, y no ha logrado tener tiempo para pensar. M. me ha dicho que así es la vida: a veces tenemos que escuchar y sufrir cosas horribles que no nos gustan. Ella quiere que sea fuerte y que tenga confianza en que el futuro no va a ser tan desangelado como siento ahora. Yo quiero dejar de sufrir, ya son seis meses, y M. me ha hecho sentirme que es posible acabar ya con esta desesperación. Ya: ahora mismo.

Me resulta muy difícil dejar a Septiembre tranquila. Ella me lo pide a gritos (tiene razón), y sin duda es lo mejor para nosotras; pero no es fácil para mí porque me sigue contactando, y hasta ahora no ha dejado de decirme que me quiere y que no desea perderme. Al final parece que no vamos a vernos en Londres porque sospecho que va a ser demasiado doloroso, aunque, a pesar de haberle dicho ayer que no por el chasco que me llevé con ciertos comentarios, me gustaría verla, darle un abrazo, sentir que la ruptura no ha sido por teléfono, y saber cómo se siente mirándola a los ojos. Todas nuestras conversaciones por mail y teléfono han dado lugar a equívocos, y no quiero quedarme meses y meses con ellas languidenciendo. Para mí no es posible ser amigas en el futuro próximo, como ella sugiere. Yo no podría mirarla a la cara sabiendo que es el amor de mi vida y que la he perdido. Este tipo de cosas para mí tardan mucho tiempo. A veces años.

Sé que la única posibilidad de que las dos estemos mejor (especialmente ella) es el no tener ningún contacto en absoluto para que las aguas se calmen, se estabilicen, la ira y la rabia se aplaquen y desparezcan, y resurja el cariño en la forma en la que esté predeterminado. No sé por qué no puedo hacerlo. Espero que dentro de unos días no tenga que escribir esta frase de nuevo. 

Lo cierto es que, tras luchar contra un tremendo sufrimiento y desesperación todo el día, al final la he llamado porque sentí que ella tenía la obligación de consolarme por lo que había dicho, y yo me sentía terriblemente desconsolada. Y por supuesto ha sido un desastre completo.

Entonces he llamado a M. y finalmente me ha tranquilizado. Hemos hablado de lo que yo sentía, y ella tiene esa manera de escucharme, pensar y argumentar que me ha hecho muchísimo bien. Y me he dado cuenta de que es porque, aparte de haber estado juntas, me conoce muy bien, me quiere con locura, y aprecia mis cualidades. Creo que necesitaba que alguien me dijera que yo he sido una buena novia, que estar conmigo es un placer, y que los problemas que teníamos aunque no se solucionaron entonces, podrían haberse resuelto dándole más tiempo, o sabiendo lo que sabemos ahora. Llevo muchos años de introspección personal, y la ruptura con Septiembre me ha ayudado también a ver lo que he hecho mal y cómo solucionarlo en el caso de tener oportunidad, cosa ahora cada vez más lejana. 

M. también me ha ayudado a cambiar de tema y a hablar del futuro próximo, cuando vuelva a Londres. Me ha dado apoyo, me ha hecho reír, ilusionarme, compartir, hablar de cuando las dos estábamos viviendo allí juntas, y me ha suministrado información nueva sobre lo que está pasando en el barrio, ya que ella ha estado yendo a Londres muy a menudo, mientras que yo sólo he vuelto un par de veces o tres en los ocho años que llevo fuera. Es todo muy esperanzador. También ha intentado hacerme sentir mejor por no ver a mi familia ni poder apoyar a mi madre con mi padre y mi hermano si me voy, porque me ha hecho ver que no va a ser tan complicado ir ahí a menudo; no es tan caro. Realmente esta conversación era la que necesitaba. Y ahora me doy cuenta de que es imposible que Septiembre la hubiera tenido conmigo. Voy a intentar tener presente este hecho todo el tiempo, porque lo que necesito es un recuerdo bonito del pasado, un refuerzo del presente, y una ilusión para el futuro, especialmente a nivel personal. Y M. me ha hecho el precioso regalo de darme todas estas cosas hoy, cuando más las necesitaba, con una dosis mágica de amor cálido, delicadeza y sensibilidad. 

Creo que cuando vaya a Londres la semana que viene va a ser igual. Voy a ver a mis amigos y amigas, y todo el mundo tiene recuerdos bonitos de mí, va a saber cómo hablarme para calmarme, me van a dar muchísimo cariño, y me van a recibir con los brazos abiertos en sus vidas cuando vuelva a Londres. ¿Qué más quiero? Septiembre estará ahí y probablemente no nos veamos; ahora ella no forma parte de mi futuro, no me hace sentirme bien sobre nuestro pasado, y en este momento no ha sabido portarse bien conmigo, no me quiere cerca. Justo todo lo contrario de lo que necesito en este momento, y es por eso, ahora lo entiendo, que me siento tan triste y desesperada cuando hablamos o nos comunicamos. Espero de veras que alcance ese equilibrio y libertad que tanto ansía. Sólo quiero verla feliz. Yo la presiono, la agobio, la malinterpreto, le impido pensar, encontrarse. Piensa que no la respeto y que la estoy intentando manipular y volverla loca, dañarla, cercarla, aislarla. Y aunque no es así, entiendo que lo sienta. No me extraña que me rechace de esta manera tan violenta.

Y ha sido tan positivo hablar con M. porque supongo que lo que más me duele de esta situación es que Septiembre me hace sentir (aunque no sea su intención) anulada ya que no acepta ninguna de los generosos ofrecimientos que le hago para continuar la relación (para salvarla de un pasado frustrado y un inexistente futuro), y me transmite que la vida que he compartido con ella ha sido gris y aciaga, cuando no es verdad. Aunque sólo se refiera a las tensiones finales, yo creo que el motivo de que hubiera había tonalidades grises es porque no se pudieron afrontar los problemas, y eso es exactamente lo que yo quería hacer cuando le pedí que nos tomáramos un tiempo para tranquilizarnos y pensar en la manera en que debíamos solucionar las cosas. Pero ella no quiso saber nada. Simplemente se sintió muy herida de que siquiera mencionara que teníamos problemas, cuando ahora ve este momento como "gris", plagado de ellos. Es muy extraño para mí que la rabia haya tenido más efecto que el amor en un momento en el que no debería haber sido así. Esa es la diferencia entre una relación madura y otra que no lo es. Todo el mundo pasa por baches, y en una relación estable y duradera éstos se superan trabajando en ellos, comunicándose. No simplemente enfadándose y no queriendo saber nada de nada. Si fuese así, no habría relaciones de largo recorrido. No me extraña que tantas parejas acaben antes de los tres años. Así que estos son los sentimientos para los que necesito un antídoto. Y M. lo ha sido. 

Sufrir por algo es muy extraño. Hay veces que para salir adelante hay que destripar los motivos.

lunes, 6 de agosto de 2012

Escénico


No es hasta que me pongo a escribir y transcurren unos minutos, que comienzo a sentirme más acompañada y relajada. Antes de eso, a veces tengo una sensación de alienación con respecto al mundo y a mí misma. Y me alegro mucho de haber decidido recientemente dedicarle más tiempo a mi escritura como terapia para el subconsciente, porque noto que está dándome resultado. Es un reconocimiento cada vez más definido de quién soy y sobre qué bases me sustento, cuáles son las razones del corazón, cuáles son las contradicciones, las disyuntivas. 

Hace mejorar mi espacio mental, emocional e intelectual de forma paulatina, escalando peldaños pasito a pasito, asentándose con fuerza sin hacer ruido, para que realmente el efecto tenga calado y trascendencia, y no sea sólo una explosión fatua de aparatosos fuegos artificiales de bienestar que se apagan tan rápido como aparecen si durante unos días no los enciendo, o si la noche no es estrellada. Como es el caso de tantas cosas que hago que no son suficientes, aunque puedan ocupar mucho tiempo en mi vida.

Cuando estás tan cerca de tu subconsciente, de la armadura de tu soledad, de las yemas de tu mente que exploran y palpan la realidad tal y cómo la percibes, se produce un reconocimiento veraz y duradero de tu verdadera ubicación. Y hay que dedicarle el tiempo: es una actividad intensa que hay que practicarla y perfeccionarla durante toda la vida. 

Me doy cuenta ahora de que me he perdido a mí misma por el camino tras las graves presiones a las que me sometía para ser una versión mejorada de mí misma, para alcanzar la meta de mi potencial y aún más allá, al vivir en algunas de las ciudades europeas que más te exigen a cambio de la gloria, del éxito; cuya contrapartida al esfuerzo era a veces más bien un aderezo que una ganancia en términos absolutos. 


domingo, 1 de julio de 2012

En Septiembre



Me encaramo de nuevo a este rincón y atisbo a ver lo que va a ser de mí en los próximos días, semanas. Cuando analizo mi esfuerzo para conseguir estos sueños y veo cómo se han armado en los minutos y las horas, a veces me parece que están hechos de objetos articulados que se mueven en su propia arena de circo, mojada y sucia, y no de esa realidad etérea compuesta de guirnaldas doradas y destellos de la aurora. Me resulta extraño. La arena se apelmazaría si no se pisara con las plantas desnudas de los pies. 

Tener fe en algo que duele es pagar el precio sufriendo ese dolor. Y quiero hacerme fuerte, porque durante ese tiempo en el que me ignora el destino tengo que sobrevivir al embiste de las jaurías de dudas que me arrasan y me golpean hasta hacerme escocer todo el cuerpo. Tal vez tener fe en que la rabia y los desafíos del miedo no te puedan romper. Eres demasiado débil, pero te están fortaleciendo tus batallas.

No quiero tener que aclarar ni resumir. Ya sabes quien soy, yo sé quien eres. Tengo que saber mirarte, sentirte, percibirte. Demasiadas palabras cruzadas, demasiados mensajes de texto sin ubicación, demasiadas conversaciones circulares. Sólo tú y yo: en estado puro. 

Creo que me vas a entender mejor por mis silencios. 

Recuerdo el momento para ser dos, para hacer fotos en la Parade y mojarnos de lluvia en las bicicletas, sabiendo por qué la otra ríe, y sintiéndonos libres aunque la calle esté oscura y el camino de vuelta sea largo, porque vemos las luces de candilejas por encima de nuestras cabezas, guiándonos hasta llegar a casa. No hay nadie más; la calle está vacía. 


Hace tiempo que no hemos probado a enamorarnos. Tal vez tiene que llegar el otoño. Este verano está crecido, nos ha ahogado como una serpiente pitón. Pero a ti te esperaba Londres, y ya has venido. 





sábado, 30 de junio de 2012

Love letters



PEACE BY PIECES


It struck him as somewhat maudlin, but he wished to himself that he had never written anything. He knew that she was out there, somewhere, disposing of the things that were now too hateful and heavy to keep around. 


He imagined her in different places, pushing memories into the sea, letting feeling deliquesce in the night, trying to let old and outmoded abstractions like love appear in her hands so that she could take them apart piece by piece.


But how do you take back a word that you’ve already written into the world? How do you let it die?


By Charles Warnke


Finalmente la luz me deslumbra, a pesar de haberme sentido casi ciega estos días empañando mi vista al apretar los ojos cuando miraba a la pantalla del ordenador.


Me escondo en el silencio de este momento de la noche; en mi propio silencio también, ya que he acallado mis ruidosas actividades para sentarme y degustar como un sandwich la oscuridad de la noche.


No logro hacer una tregua con mis intenciones de irme a dormir relativamente pronto. La luz del portátil hace las veces de lámpara de aceite, y cualquiera diría que estoy en un lugar muy, muy diferente a mi mesa de cristal. Un lugar más cerca de mi imaginación cada día, cuya tierra sólo se apelmaza en las botas cuando la cruzas con tu escritura. 


Me rindo a la evidencia de que necesito este silencio. No se me antoja solitario ni estéril; es el silencio de la noche cuajado de aire oscuro pero fecundo, una oscuridad que podrías contener entre tus brazos y así sentir cosquillas con un baño en su polvo de estrellas. Parece mentira que las estrellas sigan estando ahí arriba por el día: nadie se da cuenta. 


Me sublimo en un ten con ten con el reflejo fotográfico de las curvas en blanco y negro. Me deslizo por la escalera posada en el muro de mi deseo con la música de Jane Birkin, y me miro las palmas de las manos para observar el calor. 


Mi sobrinita, la niña bebé, ayer me buscó todos los posibles huecos para acomodarse en mi regazo. Y era tan fácil simplemente tocarnos, encontrarnos, palpar nuestra piel y desear besos. Sería tan suave si sólo quisiéramos eso Septiembre y yo, porque ya me he dado por vencida: ya no quiero buscar cosas que hacer, ni palabras que decir. Ya sólo busco regazos y piel amorosa donde (re)plegarme. 


Mientras tanto (porque ahora todo parece un mientras tanto antes de mi encuentro con ella cuando la estación cambie) estaré mirando el paisaje de las formas ocres tostado del otoño que se avecina. Yo no pienso ahora en este verano. Ya es suficiente sentirlo en los pies descalzos, y la deseada brisa nocturna que destila la composta de calor formada durante el día. 


Quiero encontrar el cambio de estación en las hojas de los libros que acaricio y froto con el reverso de mis nudillos. Los que pueda fusionar con el cuero de mi mochila. Los que acierte a encontrar entre el nutrido espectáculo de encuentros fortuitos con la palabra herida que rebulle entre paraísos frutales. Sé que la música nunca se acaba, por eso la quiero encasillada entre mis dedos cuando escribo esto. 


Me pregunto si ya es hora de acostarme. El dolor de vientre que se ha instaurado en mí en la última hora y media, me está suplicando a voces el separarse de mí. Y, sin embargo, no me duelen las yemas de los dedos, no quiero dejar de moverme entre las notas sonoras de las palabras bordadas y escritas en la blancura de la pantalla (página). 


Es como mojarse en bicicleta de camino a un koffie verkeerd en mi cuarto, el que se eleva por encima de las escaleras estrechas de mi casa de Ámsterdam.  

jueves, 28 de junio de 2012

Encuentros



I.B. ya no existe. Me he encontrado su muda tirada en el suelo. Tal vez tenga ahora oportunidad de conocer a esta nueva persona que quiere emerger, y pueda yo ser para ella como la hierba cortada: fresca, nueva y suave. 


Pero yo no quiero dejar mi historia atrás; es muy importante para mí, es completamente esencial. Yo me construyo y reconstruyo; pero no me destruyo conscientemente; para mí eso no tiene sentido. Creo firmemente en la posibilidad de acercarte cada vez más a tu potencial, incluso aquél completamente invisible, ajeno a quien crees que eres ahora. Yo no he sido madre, ni esposa de nadie; y si lo hubiera sido, ahora no sería la misma persona. 


A veces me pregunto qué hubiera pasado si en ese o aquel momento preciso hubiera dado un paso ligeramente hacia la derecha, o hacia la izquierda. Todo hubiera cambiado. Pero lo que realmente me importa es superar mis limitaciones haciéndome un hueco entre ellas. Y disfrutar de mis cualidades, depurarlas en pequeñas piezas minuciosamente cinceladas, tras una ducha de confianza cristalizada en lágrimas y pasión.


Una de las cosas que me ha enseñado la vida es a no dejar pasar la oportunidad de seguir formando parte del camino de alguien cuando su cuerpo ha sido arrasado por el miedo, la emoción desbordante, el cataclismo, el histerismo. Luego he vuelto a ver a la persona, seguía llena de mí en la distancia, y las cosas le han salido bien. Podíamos haber seguido juntas. Ella me lo dijo. Siempre acarreará una tristeza por ello. 


¿Estoy hablando de mí? ¿Quién me falló y no me dio esa oportunidad? En el fondo tan sólo se trata de que crean en ti, pase lo que pase, de forma incondicional. Estar allí, aunque no te dejen. Y a veces la distancia es una forma de seguir estando allí; pero las distancias cortas ...


Lo que me pasa es que tengo que superar el miedo a perderla. Yo no me voy a ninguna parte, no voy a discutir ni dar un portazo, aunque he estado tentada a hacerlo. Pero en el fondo, sólo eran reacciones rápidas y expeditivas debidas al calentamiento que la situación había generado. El hecho de marcharme es sólo la necesidad de retirarme durante un tiempo para volver a recomponer mi ánimo. No suele verse demasiado bien. Pero ¿no es bueno enfriarse un poco cuando la temperatura ha sobrepasado tus propios límites, y corazón te perforaría sus propios ventrículos ? A veces me ha dado la sensación de tener un ataque cardíaco, y me he llevado la mano al pecho con angustia y precisión. Muchas veces me han acusado de salir del terreno de juego. Perdona, no me gusta jugar sucio.


No voy a juzgar, porque eso solamente me hace perder mi preciado tiempo, y no me ayuda a crecer como persona. La única manera de que mi mente se encuentre a sí misma es permitiendo a los demás ser como son y decir lo que quieran. Cuando opino en exceso, cuando intervengo, aparte de perder una energía preciosa, me lleno la mente de ruido, de estrés, de frustración. 


Hoy lo he vuelto a hacer. He estado con alguien y he dado mi opinión, he dado detalles sobre lo que la intuición me decía. Y me ha provocado estrés tener que seguir defendiendo esa línea argumental, cuando en el fondo no quería hacerlo. Me di cuenta demasiado tarde. A veces no sé qué cara me va a poner la otra persona si me callo, o si me voy. 


He perdido a menudo la conexión con mi diálogo interior debido mi propio carácter exaltado. Pero tal vez mi timidez es mucho más prevalente de lo que pienso, y debería aprender a seguir este diálogo también cuando estoy con otras personas. Me gustaría hacerlo, sé que sería mejor. Ahora, sola, lo estoy descubriendo, y me enseña cosas. Por ejemplo, en este blog me ha enseñado puntuación (sonrisa).


Aprendería a ser tolerante si no tuviera que opinar todo el rato sobre las cosas. La energía mental es limitada, y hay tanto en qué gastarla. Muchas veces me duelen en el alma las decisiones de otras personas sobre su propia vida, pero ¿quién soy yo para detener su bronco destino? El destino empuja sin piedad, y nadie puede evadirse de él. 


Pero debería disfrutar más de mi soledad, porque es algo que ansío, pero que luego no sé administrar demasiado bien (aunque es un reto para mí el hacerlo). Y ahí hay una tremenda contradicción. La soledad supone el gestionar bien tu tiempo, tus actividades, tus miedos, tus miradas, tus palabras, tus gestos. A veces se requiere compañía para no sentirse a una misma, o para recibir validación. Esto te hace bien a la cabeza, te distrae, impide que te centres demasiado en ti misma y te satures. Claro. Tiene todo el sentido del mundo. 


La relación con otra persona es un secreto para las demás. Y a veces no se puede compartir. Ni se debe. La gente de Septiembre no quiere que esté a su lado. No entienden que yo no soy la causa de su dolor, y tampoco comprenden lo que tenemos cuando estamos juntas. Debería dejar de intentar explicárselo.