miércoles, 21 de junio de 2017

Cambios


Estoy haciendo todo tipo de cosas para conseguir sentirme bien. Al final, la energía que tenía ha demostrado que todavía le quedaban coletazos de actividad, conseguí hacer un par de cositas y arreglé la cama y preparé el camino para hacer Hanna Somatics mañana (espero). Aún así, quiero todavía poder leer con tranquilidad hoy, y también escribir un poquito más. 

Tal vez mañana pueda limpiar la mesa, aunque eso implicaría quitar todas las imágenes de la pared, y no sé si tengo energía mental para eso. No sé si quiero quitar todas las fotos y pósters. La verdad es que se refieren o bien al pasado o a cosas que tendría que hacer, y todo ello me provoca un poco de tristeza y desasosiego. Otras fotos son para recordar momentos bonitos con mi familia, los peques y amistades. Está habiendo muchos cambios en mi vida, y creo que ando procesándolo todo poco a poco. Esto también me cansa, todo hay que tenerlo en cuenta. 

martes, 4 de agosto de 2015

Mareas


Tengo muchísimas cosas nuevas de las que hablar, aunque mi voz está ligeramente humedecida, enmudecida. Proceso las emociones y sensaciones de un modo diferente, me siento tranquila, aunque expectante, y hay conatos de brasas encendidas y fuegos fatuos brillando en mi subconsciente. Mañana me voy a hacer una meditación en silencio de diez diez días, y creo que va a cambiar todo, aunque ya está cambiando todo. 

Quiero vivir mi vida de forma diferente, la estoy viviendo ya así, pero quiero consolidarlo. Se trata de sentir cada brizna de aire en mi corazón, cada cambio en la presión atmosférica de mis emociones, del ritmo de la vida con consciencia y con amor. 

No estoy completamente centrada en mí, me siento alejada de mí misma, y a veces me percibo como un cuerpo extraño, como un guijarro en el zapato. Tengo muchas cosas que contar y que contarme, a veces siento que si continuara con esta narración entevería muchísimas cosas, capas, infiltraciones cuya presencia simplemente intuyo. Mi subconsciente se mece con la fuerza de tremendas mareas, and this is just the beginning. 

miércoles, 1 de julio de 2015

Marcharme de aquí


Quiero escribir y no esconder más mis sentimientos, que otras personas me lean y me revisen, pero creo que no voy a hacerlo. Continuaré aquí, en la retaguardia, sabiendo que existo y que me manifiesto, sin miedo y sin reparos. 

Por algún motivo ahora no logro volver a mi estado anterior. Hace una semana dormitaba y ahora estoy más despierta, pero antes era más feliz tal vez. No sé. Ahora estoy sufriendo más y no me gusta, no sé cómo calmarme, o sí sé, pero no domino la técnica. No domino la técnica del sufrir ni la técnica de calmarme. Sufrir no tiene nada de malo. Es normal. Sufro como una obligación cuando debería simplemente sufrir como un requerimiento.

En estos últimos días hay muchísimo ruido alrededor. Parece imposible encontrar un momento de tranquilidad. No sé por qué me siento así, tan alterada, como si mi espacio hubiese sido invadido por una plaga. Y esta vez no veo claro cómo resguardarme, porque la plaga ha encontrado todos mis escondites y me ha perseguido en ellos. 

En la calle se desgañita el temblor estertóreo de una taladradora. En la calle crepita un calor imposible que penetra en todos los rincones. Hay ruido dentro y ruido fuera. Ojalá estuviera fuera de aquí, pero realmente fuera, no sólo físicamente sino espiritualmente. Quiero vivir otro destino, pero, espera, el destino que quiero es el que estoy viviendo. Realmente éste es el destino que quiero y no otro. Creo que lo que quiero no es marcharme sino descansar, que me permitan vivir en mí, que me permita vivir en ellos, y eso no lo voy a conseguir marchándome de aquí.

Sería tan fácil si lo entendiera. Creo que tengo un poco de jaleo mental. Ahora se están cambiando todos los esquemas, y de ahí la confusión. 
 

domingo, 6 de abril de 2014

Libélulas

Beben de las fuentes de las marismas, y mueven las alas con trepidante deseo y ávida emoción. 

domingo, 1 de septiembre de 2013

El calor


Esta noche tengo el calor en el cuerpo, un calor febril, con sabor a pólvora. Recorre mi piel y le recuerda el fuego que arde bajo su superficie. He podido olvidarlo durante un rato, pero antes de dormir me invade de nuevo. 

There is much more to the truth than meets the eye ...

viernes, 30 de agosto de 2013

Las razones

My own brain is to me the most unaccountable of machinery - always buzzing, humming, soaring, roaring diving, and then buried in mud.

Virginia Woolf

La enfermedad de mi hermano es como una enorme manta de humedad que encharca todo. Empapa mi cerebro y hay algo dentro que queda como inerme, indeciso, paralizado entre encrucijadas.

Hoy he tenido un día en el que me he dedicado en brazadas de tiempo muerto a la cuestión filosófica de cómo justificar la ausencia de productividad. Tenía la cabeza atorada, como un jarrón de flores sucio y desarreglado, y mis ideas eran como sus hojas acorchadas y estremecidas. No me daba cuenta de que el talento no consiste en hacer que las horas fluyan con la tarea justa y se acoplen las unas a las otras como en un perfecto puzzle. La verdadera hazaña y medida del ingenio consiste en sobrevivir a nuestra inoperatividad vital cuando la cabeza no rige o no convence o no ilumina. 

A estas horas de la noche continúo entonando la lastimera letanía por un día desaprovechado, la misma que comencé esta mañana. Y ahora necesitaría una llave inglesa mental para retroceder el destino de hoy. Pero no debería quejarme porque he hecho un poco de todo, aunque no haya conseguido todavía la argucia suficiente que me permita dedicar cuatro o cinco horas a la escritura. 

Este mes de agosto ha sido espectacular por su inmensa fruición y revelaciones. Hoy ni siquiera es viernes todavía, y aunque siento que tengo la mesa a medio poner, la verdad es que mi subconsciente se acerca a una solución definitiva. 

Tengo bacilos hospitalarios circulando por mis neuronas y mis leucocitos, no debería pedirle demasiado a la cabeza, y tal vez sí al corazón. 

jueves, 22 de agosto de 2013

Lejos de aquí


Indianápolis está bastante lejos, y es muy cansado seguir allí. 

jueves, 8 de agosto de 2013

Dead wood


What's the 411? It's a rabid number that shows initiative, zeal, immense hope and no fear. The tolls ahead race through your head but as long as you find solace in your whereabouts, your orientation, your wisdom at staying put in your goal, you'll achieve the brain fitness needed to surpass hidden rots. 

Life roars, retrieves its rummages, speeds up in sprees, retreats into buckles, and I keep my eye on the moleskine that will lead me to the waiting cursor, the untold noun, the euphoric term that will best serve my soul travails. That unnamed eternal sunshine of the spotless mind, now defined and thoroughly raw, ready for the taking. 

martes, 6 de agosto de 2013


Agosto errabundo

Seguimos intentando la revolución inteligente de las tundras en verano.

Luego el siguiente paso sería hablar de la realidad, que es lo más extraño que hay, y yo hoy me encuentro en una realidad paralela. Me estoy situando en un plano prendido al presente para poder operar con mayor libertad. Es un sitio interesante para la observación.

He estado explorando otros sitios y otros semblantes. En estas vidas se reúnen los cuatro tiempos de un compás. Es llevadero, es absoluto, es contundente, es impredecible. Tal vez dé confort la retahíla de incompatibilidades surgidas al ritmo, alrededor, impresionantemente.

domingo, 4 de agosto de 2013

Soundtracks

Some raw, some thin, some riotous and unending. The noise and ruckus in the mind, in the street, some intimate, domestic; some bare, others ironed up.

Soundscapes all around us.


miércoles, 31 de julio de 2013

Bikes


I can't work out why unattended bicycles swindle into oblivion and decay. It has happened to me with two of my favourite bikes; I left the countries I lived, ground and cycled at, and they slowly lost their sheen and broke and altered their frames, gears and props, as if not wanting to continue, to fight anymore. Their tyres flat, their locks missing, their lights broken as if they'd exploded from the inside out.

They weren't pretty, but their time on the road had turned them solid and fierce, and their basic shapes and styles had become suave and accomplished. We were endangered together and freed at last, and the rain and the reflection of the sky and clouds on the road at night gave us an extra charge of freshness and longing. 

 I still don't get it. I came back to the cities where I'd left them, London and Amsterdam, and there they lied: indoors, outdoors, it didn't matter, they had slowly churned and exhausted themselves. They were bereft of their stickers, metallic coating and identity; pieces were missing, questions unanswered. Their spirits broken, their boldness curtailed and spiked. 

I parted and didn't turn back for a last look, a good-bye of appreciation for old times, for good times. Just like that. 

miércoles, 24 de julio de 2013

Ruidos acondicionados


Este ruido es inevitable porque no es en absoluto narrativo, ni pertenece a objetos que circulan surcando el viento o cambian de forma, no es transeúnte ni pasajero, ni es de ida y vuelta. Es simplemente una odiosa turba de sonido, una grosería entre cuatro tornillos, un aspa afilada que arremolina las ilusiones para cortarles el dorso.

No es un sonido que llena, es un sonido que revienta; no es un ritmo que puedas seguir, sino un freno a la armonía. Hay ruidos que más valdría la pena destruir.

lunes, 15 de julio de 2013

Agua


Hoy llevo todo el día oliendo como si me acabara de mojar. Es el desodorante, pero también la humedad que desprende mi cuerpo y que me embriaga. Me emplaza en un tiempo de verano donde las horas las puedes contar porque no pasan tan deprisa como los días normales.

No creo estar lo suficientemente lúcida para hablar sobre el verano. Sólo sé que quedan bastantes meses todavía para que se acabe. En verano dejo de pensar en las ganas que tengo de que haga calor y andar en camiseta por la casa. En verano vivo la situación de una forma un poco más directa. En verano mi cuerpo absorbe sol y luz y a veces se hincha y no puede devolver lo que inspira.

Este verano casi podría afirmar que la creatividad se ha replegado y se ha escondido para que yo la busque y escudriñe si quiero encontrarla porque es preciso llegar un poco más lejos esta vez.

A lo mejor es por eso que mi cuerpo le está robando más agua a la naturaleza.

viernes, 12 de julio de 2013

El libro


Tengo la piel elástica, los ojos como candados. El corazón reprimido y tardío. Cruzo las palmas de mis manos sin encontrarlas, podría colgarme de las cejas y saborear las dimensiones de un erizo de mar en mi estómago. Quisiera huir de mí misma, de las marismas de amianto que trenzan la curva de mi espalda, de la lluvia de electrones que chirría en mis sienes. El aire se mezcla con el sinsabor de mi boca donde la lengua, los dientes y la saliva se toleran y se han arrinconado. Podría inflar decenas de globos con una aire seco, interno, áspero y acerado. 

Este libro tiene las páginas pegadas por aloe, y no viaja. 

martes, 2 de julio de 2013

Imprescindible


Ese amar a los cuerpos tranquilos. 

lunes, 1 de julio de 2013

Underwater designs


Imprecisa, pero valiente. 

martes, 4 de junio de 2013

Apatía


Estoy sumida en esta depresión y no estoy haciendo lo suficiente para ayudarme a mí misma. Supongo que de eso se trata la depresión. No es que no quiera ayudarme, es que me gustaría que surgiera de forma más espontánea, sin esfuerzo. Estoy sufriendo de forma pasiva, y sufriendo mucho, pero albergo la esperanza de que todo esto se disperse de forma natural, lo mismo que ha venido. 

A pesar de mis privilegios tengo muchas limitaciones que no tienen otras personas, soy consciente de ello pero intento no pensarlo porque el tema está atado y bien atado. Cada vez que sufro el latigazo de la angustia o la ansiedad me digo a mí misma que debo dejar de sentirla, porque eso es estar deprimida: dejarte vencer por la angustia, por el estrés, por los pensamientos negativos. Y sí estoy luchando contra eso. Cada vez que se me cruza un pajarraco me digo a mí misma que es una ilusión, una pesadilla de la que hay que despertarse. La mente te dice cosas que no son verdad, que son hirientes y que te mantienen fuera de juego. Me he perdonado muchas cosas, todas las que he podido. 

Tan sólo quiero ver con claridad, sin espejismos, sin dolor. En estos momentos tengo el reloj parado y no me exijo nada. Quiero tener muy claro cuáles son mis pasos. 

Mi gran problema ahora no es la ansiedad, porque hago todo lo posible por ignorarla, es la apatía. Detrás de la apatía hay una desesperación subyacente, claro, pero no la estoy alimentando. La apatía es tener poca libertad de movimientos, está todo muy centralizado y haces lo mínimo. Aún así, dentro de esta apatía, mantengo a mi cerebro atento, y estoy esperando al momento en el que poder darle ese aliciente más que prenda la mecha de mayor actividad. Seguramente esto no suceda (aunque sería lo mejor), y finalmente tenga que forzarme a reinsertarme en mi propia vida. Sé que no voy a dejarme irme a perder, no tengo ninguna motivación autodestructiva de la que yo sea consciente, así que es cuestión de días el vincularme de nuevo y salir de esta cueva. Mientras tanto, intento disfrutar de las vistas. 

jueves, 25 de abril de 2013

El último verano

Apenas un descanso. 

lunes, 7 de enero de 2013

Beach Sea Horizon Clouds


No, I never thought I was a boat guy. I never knew I'd be a sandy beach guy. 

viernes, 14 de diciembre de 2012

Fat buttery words


Llevo tres días escribiendo sin parar. Lo único malo es que me duelen los ojos, pero no tengo más remedio que utilizar el ordenador. Tengo ganas de utilizar de nuevo una máquina de escribir, como hacía a los doce años; o simplemente escribir en folios encima de mi mesa, como cuando tenía siete años. Desconozco si Virginia Woolf escribió con una máquina de escribir Smith Corona; aunque por su diario sí sé que en muchas ocasiones ayudó a Leonard a editar sus libros en su imprenta, la Hogarth Press, letra por letra, pieza por pieza. Llenándose las uñas de tinta mientras preparaba minuciosamente la tipografía, congratulándose cuando avanzaban un par de páginas diarias más. 

Me pregunto cómo sería volver a escribir sin poder retractar(se) tan fácilmente. Llenándote los dedos de Tippex, o creando nubes de anotaciones para cuando fueras a pasar el original a máquina. Cuando hacía esto (y lo hice desde los 6 a los 21 años) el proceso entero llevaba un tiempo que no se me hacía pesado. Cada día era una decena de páginas; cada golpe táctil contra la blandura del papel o la brillantez de la tecla de la máquina de escribir establecía el ritmo, el rumbo, el encuentro con el próximo minuto, la próxima hora, el final del día y la concatenación con el siguiente. 

El teclado escalonado permitía reconocer cada palabra tuya, única, por el ímpetu que supone el choque en seco contra la tecla y el papel almidonado. Hay palabras cortas que requieren una sola mano cayendo en picado desde el aire. Otras, un foxtrot, o un vals interpretado en la máquina a dos manos. Y el golpe de efecto contra el carro al terminar una línea era suficiente para reafirmarte en el espíritu del párrafo anterior, una pausa para tomar aire, un nuevo quiebro de tu imaginación literaria. 

Cuando tenía vacaciones me levantaba por la mañana saltando de la cama con ganas de escribir: era mi pasión, mi trabajo, mi identidad. Escribir y el cine, claro. Durante muchos años llevaba un diálogo personal e interno conmigo misma y mis libros, y llegué a ser muy buena en eso. Me sorprendía incluso cuando podía compartir pasiones, narraciones e ideales (e ídolos)  literarios con otras personas. Y fue en el instituto donde pude expresarlas más cómodamente. Después con mis películas y mis guiones. 

Ahora me siento de nuevo entregada al vaivén de este trabajo, a la pasión, a la naturalidad que en mí radica. Lo que más me gusta es que de repente leer tiene sentido; empaparse de los viajes literarios, como hacía antes, es un proceso natural, necesario, alimenticio. Por fin entiendo por qué me encontraba tan entumecida últimamente en mis lecturas: había perdido el rumbo, la lógica que me permitía el diálogo con el libro, con la autora, el autor, con la literatura encerrada en las palabras. Porque no podía crear esa trayectoria que se retroalimentaba, con la que de alguna manera en la escritura respondía a mis lecturas, y en la lectura imaginaba mi propia literatura. 

He de decir que leo casi exclusivamente en inglés, pero no me voy a atormentar por eso. He pasado la etapa más importante de mi vida leyendo y mezclándome la esencia con todos los libros imaginables en castellano y traducidos, y ahora mi mente bebe y se poliniza entusiasmada con los conceptos, narrativas y rastreos que me proporciona el inglés y la cultura anglosajona e internacional. 

Me siento feliz escribiendo en inglés y en castellano. Es muy diferente. ¿Cuántas vidas posibles puede experimentar la mente? El poder beber de otro idioma me permite explorar miles de puntos ciegos en mi cabeza, imaginarlos y sacarlos a la luz. Y a veces se produce una mezcla pirotécnica de culturas y fuselajes, especialmente cuando intento decir en español algo que diría fácilmente en inglés. 

Me gusta el inglés porque tengo la inmensa suerte de descubrir palabras nuevas todos los días. Mi boca se deleita con ellas, con el sonido, el chasquido, la textura y el ritmo de estas nuevas palabras que inmediatamente enlazo con sus significados, sus sueños, sus quimeras; las mías. 

Es la pasión por las palabras que me hizo atesorar los dos pesados volúmenes del diccionario de María Moliner cuando tenía 16 años. Estos mismos libros han viajado conmigo por el mundo y han saltado de país en país cuando cambiaba mi residencia. No ha sido fácil, pero no podía dejarlos atrás (ellos tampoco querían abandonarme a mi suerte). 

Mi casa está vacía, no sé dónde han ido a parar los cientos y cientos de libros que he leído cuando estaba fuera. Y la mayoría de los que leí aquí, en Madrid, se encuentran atesorados en decenas de cajas en los altillos de la casa de mi madre. Parece ser que mi madre también desmontó mi adorada librería blanca, y guardó las barras y los estantes para que cuando yo pueda vuelva a reconstruir en mi casa. 

Pero el diccionario de María Moliner ha estado siempre conmigo. Es el libro más maravilloso que jamás he podido leer. Y nunca se acaba. 

I like wordshttp://www.lettersofnote.com/


Dear Sir:

I like words. I like fat buttery words, such as ooze, turpitude, glutinous, toady. I like solemn, angular, creaky words, such as straitlaced, cantankerous, pecunious, valedictory. I like spurious, black-is-white words, such as mortician, liquidate, tonsorial, demi-monde. I like suave "V" words, such as Svengali, svelte, bravura, verve. I like crunchy, brittle, crackly words, such as splinter, grapple, jostle, crusty. I like sullen, crabbed, scowling words, such as skulk, glower, scabby, churl. I like Oh-Heavens, my-gracious, land's-sake words, such as tricksy, tucker, genteel, horrid. I like elegant, flowery words, such as estivate, peregrinate, elysium, halcyon. I like wormy, squirmy, mealy words, such as crawl, blubber, squeal, drip. I like sniggly, chuckling words, such as cowlick, gurgle, bubble and burp.

I like the word screenwriter better than copywriter, so I decided to quit my job in a New York advertising agency and try my luck in Hollywood, but before taking the plunge I went to Europe for a year of study, contemplation and horsing around.

I have just returned and I still like words.

May I have a few with you?

Robert Pirosh
385 Madison Avenue
Room 610
New York
Eldorado 5-6024